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Monografias | La economía de la educación en el PerúLa economía de la educación en el PerúResumen: Influencia de la economía en la educación. Relación entre economía y educación. Características de la economía de la educación peruana y otros países latinoamericanos. Situación de la economía educativa actual. Entidades que apoyan la educación. Dificultades que enfrenta. Indice Para los que se preocupan por los problemas educacionales, es
significativo que en toda América, espíritus dominados por un ideal generoso y
grande, están laborando por hacer de la escuela un estadio de vida serena para
el niño, y de la educación una función humana por medio de la cual el hombre
se eleva y se perfecciona, denominando progresivamente sus instintos. Pero el
hecho tiene su explicación en el anhelo común americano de forjar una cultura
y de incorporar nuestro continente con una nueva vida a la obra del progreso. Capítulo I: influencia de la economía en la
educación 1.1) Relación entre economía y educación Una grave distorsión en el desarrollo de las naciones en vías de desarrollo
ha surgido como consecuencia de los estilos de crecimiento aplicados en las últimas
décadas. El fenómeno del crecimiento sin empleo del que da cuenta el Informe
sobre el Desarrollo Humano del Programa de las Naciones Unidas para el
Desarrollo (PNUD, 1993. p. 42) es el indicador evidente de una progresiva
desconexión entre las necesidades sociales y la dinámica de los aparatos
productivos. La cuestión del empleo no sólo constituye una forma para los
individuos de participar en los mercados, como afirma el informe del PNUD. En América
Latina el trabajo adquiere particular relevancia porque es un mecanismo que hace
posible participar a las personas en los procesos de construcción e integración
nacional que constituyen el eje articulador de la historia de los países de la
región. En la participación laboral está presente el fundamental ejercicio de
la ciudadanía y la posibilidad de reconocerse como miembro del colectivo
social. 1.1.1) Modernización y sistema educativo Para los antiguos griegos las relaciones entre Estado y Sociedad Civil eran
relaciones de asequibilidad, comunicación y franqueza; los asuntos públicos
eran ventilados en foros ciudadanos. Si surgían discrepancias que
desequilibraban la paz era el momento de la actuación en la esfera de la
argumentación pública para asegurar la convivencia pacífica entre los
ciudadanos. En el proceso de configuración del Estado-Nación en Latinoamérica
se ha suscitado una brecha entre ambas esferas. El desarrollo y su soporte
institucional fue pensado como un tema privativo del Estado y sus actores, pero
de un Estado incomunicado, autosuficiente, centralista en la mayoría de los
casos. La década de los 90 ha confirmado el asentamiento de un escenario de
modernización de las sociedades latinoamericanas dentro de un contexto mundial
en el que la tecnología avanzada y la producción y reproducción del
conocimiento constituyen los factores esenciales del desarrollo, entendido en su
amplio sentido social. Dentro de ese orden de cosas, la educación es percibida
como el quehacer donde se forman las capacidades de las naciones para avanzar en
el desarrollo social. La educación simboliza el rubicón que permite a los nuevos ciudadanos
ubicarse en el universo social. A través de ella, «las nuevas generaciones
pasaron de la dependencia personalizada y secular a la capacidad de generar un
juicio sobre su situación personal y la naturaleza de la sociedad» (Rama,
1983). El sistema educativo ha sido percibido como el principal canal de
movilidad y ascenso social en los países de la región. Las familias, sobre
todo las de los estratos de bajos recursos, cifran en él las esperanzas de
mejores condiciones de vida y de integración a la modernización. La adquisición
del saber, las herramientas del conocimiento, una carrera profesional, permiten
a la familia la posibilidad de elaborar una idea optimista sobre el futuro. La universidad y la educación superior, en general, son los componentes del
sistema educativo que han recibido el mayor impacto del desfase progresivo entre
los requerimientos de la sociedad y el patrón de modernización del sistema
económico. En el transcurso del período desde la década de los 50 al
presente, la enseñanza superior en América Latina se ha masificado en
concordancia con un modelo de modernización del sistema productivo, de tal
forma que el sistema de educación universitario presenta una expansión de las
oportunidades educativas. Durante el proceso de crecimiento económico en América
Latina, el surgimiento del sector moderno en las distintas ramas de la actividad
económica trajo aparejado un proceso de heterogeneidad social que se manifestó
en una redefinición de la estructura de los estratos sociales (Faletto, 1993,
p. 170). Tal dinámica de estratificación alude al acceso a bienes sociales
valorados tales como el ingreso, la educación y el prestigio profesional. Las
capas medias habrían sido las principales beneficiarias del crecimiento
producido, especialmente gracias a la expansión educativa que acompañó a tal
proceso. La modernización habría estado asociada con una diferenciación en las
posibilidades y oportunidades disponibles para las personas, que a su vez,
naturalmente, influye en sus aspiraciones sociales. Lejos de responder a un programa coherente de organización del sistema
educativo para vincularse orgánicamente con la estructura productiva, la relación
entre el grado de desarrollo económico y la ampliación del sistema educativo
puede ser más bien contradictoria, esto al examinar sus indicadores y ofertas
formativas. En el caso del Perú, alguna evidencia surge de las estadísticas de
matrícula en la educación superior. Paradójicamente, el indicador de matrícula
en educación superior de este país es más alto que el de otros nueve países
latinoamericanos de mediano y alto crecimiento, y está por encima incluso del
promedio para los países de la Comunidad Económica Europea. Consecuentemente,
un número mayor de estudiantes inscritos en la educación superior no es
necesariamente un indicador apropiado del desarrollo. La razón es una disparidad entre el nivel de calificación adquirida y las
posiciones disponibles en el sistema productivo. Los hallazgos de Filgueira y
Geneletti también daban cuenta de este desfase. En relación a los estratos
medios inferiores y los profesionales dependientes en América Latina encuentran
que «presentan un rasgo de extrema importancia, que es la incongruencia de su
status ocupacional con su status educacional, ya que por lo general poseen un
alto nivel de educación pero a la vez sólo acceden a bajos ingresos» (cit.
por Faletto, 1993, p. 170). Así, el tránsito desde la universidad al mercado
laboral es visto por los jóvenes egresados como una gran competencia por un número
reducido de posiciones, y en gran parte bajo condiciones de empleo y
remuneraciones pobres. Las estadísticas dan cuenta de un proceso que parece común
a los países de la región: un sobredimensionamiento de las capacidades de los
recursos humanos o, visto desde otro ángulo, una excesiva confianza de las
personas en las capacidades del sistema económico, claro indicador de que en el
estilo de desarrollo vigente es cada vez mayor la subutilización de los
recursos humanos disponibles. El crecimiento de la oferta de la educación superior en la mayor parte de
los países de América Latina está ligado a un patrón de movilidad social
favorecido por la modernización productiva, que impulsó las demandas sociales
hasta evidenciarse y permeabilizar las esferas de decisión de los Estados que
promovieron políticas de desarrollo educativo. La evolución de la educación
superior así generada es significativa, ya que ha seguido los patrones
deficientes de desarrollo en la región, que debido a desajustes estructurales
ha presentado un crecimiento desmesurado del sector servicios, en lo que ha sido
llamado el sobredimensionamiento del sector de servicios (Baño, 1993; Pinto,
1984), y un crecimiento asociado espontáneo de ofertas formativas enfocadas en
posiciones administrativas y de dirección, vistas como un polo emergente en
expansión permanente. El crecimiento de la demanda de educación superior viene a ser no un efecto
directo de los requerimientos de posiciones productivas de la economía, sino
del hecho que la educación ha sido percibida por amplios sectores de la población
como el canal más accesible de movilidad y ascenso social, cuyas demandas
extendidas lograron canalizarse a través de las políticas estatales educativas
que retroalimentaron el proceso de hipertrofia. La expansión efectiva de la
demanda educativa, al no encontrar una eficiente vinculación con los
requerimientos del sistema productivo que permitiese una integración de oferta
y demanda formativas, trasladaba su contingente hasta el nivel superior donde
encontraba su limitación última. La respuesta de los mercados de empleo ha
sido la segmentación, modelándose de acuerdo a la estratificación que siguió
al proceso de modernización y ha reproducido los circuitos entre posiciones de
origen y de ocupación laboral. Como señalaba un estudio ya en 1981, la
contradicción entre el carácter masivo de la educación media y superior y la
segmentación del mercado de empleo con una lenta tasa de expansión de las
posiciones en la cúspide de la pirámide dio como resultado: «La constitución de un sistema de educación segmentario que bajo una
similitud simbólica establece circuitos entre origen social y posición
terminal a través de formaciones académicas de nivel desigual».
(UNESCO/CEPAL/PNUD, 1981, p. V-13). 1.1.2) EL FACTOR HUMANO DEL DESARROLLO Mientras que en los países desarrollados las sociedades han transitado a la
era post-industrial, cuyo rasgo característico es que el principal elemento del
desarrollo radica en el aprendizaje y difusión del conocimiento productivo y la
tecnología aplicada, los países en desarrollo, debido a sus limitaciones en
acceder a los altos volúmenes de capital y de tecnología avanzada necesarios
para seguir los modelos industrializantes del norte, deben actuar confiando en
sus recursos humanos como el motor de su propio desarrollo. Las ventajas
naturales de las sociedades latinoamericanas residen en la propia especificidad
de la riqueza que subyace en su reproducción social. Cuando se mira el continente latinoamericano en conjunto, la riqueza cultural
depositada en él, la profusa red de relaciones sociales y culturales, pero
sobre todo cuando se constata el potencial del factor humano que se observa en
la estructura de la población, cabe preguntarse: ¿cómo se explica este período
de desaliento y de retracción de oportunidades para el desarrollo de los
individuos y de las naciones?. La especificidad de los ambientes productivos de los países de la región
reside en el factor humano. La riqueza de los recursos humanos que están
contenidos en la juventud, caracterizada por un ascenso de aspiraciones de
movilidad social y de sus capacidades culturales, posee condiciones intrínsecas
para aportar un valor agregado al desarrollo a través del aprendizaje
realimentado en los procesos productivos, a saber, capacidades de incorporación
de la creatividad a la producción, factor innato de la optimización de los
procesos productivos, que en otras fases del desarrollo y de la configuración
demográfica sería imposible de lograr. La llave del desarrollo de los países
puede estar definida básicamente en la canalización apropiada de estas
capacidades de aprendizaje y en la aplicación de conocimientos de su dinámico
y extenso sector juvenil a la producción. La cuestión del trabajo para los jóvenes pertenece a una esfera de la vida
que trasciende lo económico. En ellos el trabajo adquiere una trascendencia en
tanto que está en estrecha relación con un sentido total de la vida. El
trabajo para los jóvenes es fundamentalmente un proceso de interacción social
y de formación de actitudes sociales, en tanto que sus decisiones sobre su
ingreso al mundo laboral reflejan sus opciones en relación a la vida en
sociedad. El problema de la marginación de enormes contingentes de la juventud al
trabajo en los países de la región es crónico. Las dificultades de acceso al
mundo del trabajo afectan principalmente a los jóvenes. Muchos de ellos se ven
obligados a trabajar en el sector no formal para su subsistencia (Gelpi, 1991.
p. 52). Preocupantemente, los estudios sugieren que en los períodos de crisis
no existe una asociación consistente entre la dinámica del aparato productivo
y la participación laboral de los jóvenes. En el Perú, por ejemplo, los períodos
de recuperación del índice del PBI no se tradujeron en la elevación del índice
de empleo, ni de actividad juvenil. Probablemente, como resultado del impacto de
un desaliento crónico y de un escepticismo radical de los jóvenes en la
pretensión de obtener algún trabajo (Alarcón, 1992. p. 37). Este fenómeno se explica también por las condiciones altamente
desventajosas de las nuevas posiciones de trabajo disponibles para quienes se
incorporan al mercado laboral, tanto en términos de ambientes de trabajo como
de remuneraciones. Conviene señalar que incluso políticas que han favorecido
el consumo y el crecimiento del PBI o que han implementado programas de empleo
temporal no han modificado sustancialmente este desequilibrio estructural. 1.1.3) LA HERENCIA DE LA MODERNIZACIÓN FRAGMENTADA La década de los '80, la «década perdida» para el desarrollo de América
Latina, significó un período de estancamiento del proceso de modernización y
crecimiento sostenido a lo largo de tres décadas. Aunque la urbanización
acelerada de los países tuvo como logros indiscutibles la expansión del acceso
a los servicios públicos como la educación y los servicios de salud, es claro
y resalta como una lección aprendida, que las limitaciones del sistema económico
que se hicieron visibles en los '80 fueron inherentes al propio modelo de
crecimiento que preconizaron las políticas económicas en boga en la región:
el impulso de una industria que lograse una creciente sustitución de
importaciones, mediante la producción de los bienes de consumo de las
poblaciones demandantes de los centros urbanos. Pero, precisamente, la falla del
modelo radicó en la instalación de una unidad productiva de gran escala, de
alta productividad, gran consumidora de insumos tecnológicos provenientes de
mercados externos, y por sus características de automatización, con una
capacidad limitada de absorción de recursos humanos. Debe examinarse, entonces,
la necesidad de encontrar modelos tecnológicos que puedan ser aplicados al
crecimiento industrial, que permitan una articulación efectiva entre mercado de
trabajo y recursos humanos disponibles. La desconexión de las esferas de la educación y la producción ha tenido
efectos sustanciales en la exclusión de sectores importantes de jóvenes a las
formas modernas de organización social y económica. La carencia de una relación
funcional entre el sistema productivo y el perfil del sistema educativo ha
tenido consecuencias funestas sobre las capacidades de las nuevas generaciones
para desenvolverse apropiadamente en el mundo del trabajo y acceder a empleos
productivos. El sector estructurado moderno del sistema productivo tiende a
implantar mecanismos de selección y enrolamiento que por la naturaleza de sus
criterios explícitos o implícitos son discriminadores y refuerzan los
circuitos de diferenciación social que surgieron a lo largo del proceso de
modernización. La línea divisoria principal que recorre el sector productivo y que se
extiende hasta la estructura social, divide al sector empresarial moderno de
gran escala del mundo de la pequeña empresa auto generada, principal motor de
la economía popular, en el que desenvuelve sus actividades hasta un tercio de
la población económicamente activa en muchos países de la región. Esta línea
da cuenta también de una diferenciación sustancial de los patrones de relación
social. Cada sector tiene establecidos circuitos diferenciados de formación de
mano de obra, con diferentes niveles de requisitos técnicos y de status social.
Al parecer, la educación forma parte del filtro de calidad de la oferta de
trabajo. El patrón productivo y de empleo ha generado un eslabonamiento que facilita
la reproducción de la heterogeneidad polarizada que se extiende hasta el
sistema educativo. Sobre este punto, un estudio de la UNESCO señalaba en 1981
que la progresiva segmentación de los sistemas universitarios en un conjunto
diversificado de unidades con distintos niveles resultaba en un proceso de
jerarquización de las carreras, estableciendo circuitos de selección
categorizadores (UNESCO/CEPAL/PNUD, 1981, VIII. 46). El modelo de crecimiento que ha permitido el acceso a los patrones de consumo
modernos a determinados sectores sociales, ha influido en el modelamiento del
sistema educativo de tal forma que actúa como un regulador de las tensiones que
surgen entre las expectativas masivas de movilidad social y de integración y la
incapacidad del propio aparato productivo moderno de incorporar a contingentes
amplios de jóvenes con aspiraciones de lograr empleos seguros. Se observa que
los jóvenes pueden alargar el período de moratoria de ingreso al trabajo
prolongando su estadía en la educación. Esta exclusión se agrava en la década
de los '80 por el período de recesión que afectó a los países de la región,
y se expresa tanto en los indicadores de desempleo y subempleo como en la
deficiente capacitación, producto de la relación disfuncional entre escuela y
trabajo apuntada anteriormente. Así, alrededor de la mitad de los desempleados
y subempleados a nivel regional son jóvenes de 15 a 24 años de edad, y se
estima que sólo un 10% de los jóvenes recibe una capacitación adecuada para
el desempeño de actividades en el plano laboral (Rodríguez, E., 1988). Es la población de más bajos ingresos la que acusa un mayor impacto de este
cierre social. Los jóvenes de los sectores pobres perciben claramente estas
limitaciones y ya casi al finalizar sus estudios son conscientes de las
limitaciones de su nivel de capacitación. Weinstein (1986), analizando los
testimonios de jóvenes chilenos de los sectores de pobreza urbana, llegaba a
concluir que en estos jóvenes se da una actitud ambivalente. De una parte, no
confían plenamente en que los estudios mayores significan un ingreso seguro y más
calificado a la estructura ocupacional, pero en la medida que no cuentan con
otros canales se aferran a las oportunidades educativas como vía de inserción
institucional, aunque resulten después defraudados (op. cit. p. 86). Aunque el desaliento puede aparecer como la primera reacción ante la
perspectiva frustrante de no acceder a los canales de la modernidad o al menos a
la oportunidad de un empleo para la subsistencia, en un segundo momento se
formulan dos opciones de largo plazo en los jóvenes. La primera estrategia de
vida es la auto-generación de empleo o el empleo en unidades productivas de
pequeña y micro-escala, como forma provisional de ir acumulando capacidades y
eventualmente llegar a independizarse en una propia micro-empresa. Esta aspiración
a la independencia está relacionada al deseo de una mejora en el status, también
por un sentido de la acción individual en una visión del futuro. Las
aspiraciones aumentan en la medida que los jóvenes alcanzan un nivel educativo
progresivamente alto. La segunda alternativa, la más triste y definitiva, es la
migración de personas con niveles de calificación alta en búsqueda de un
futuro desconocido, pero probablemente diferente a la acechante perspectiva de
la pobreza. Los países latinoamericanos se han caracterizado, unos más que otros, por
ser exportadores de mano de obra calificada e incluso de recursos humanos
altamente tecnificados, hombres y mujeres, que desilusionados por las
condiciones en sus países han buscado comprensiblemente su progreso en los países
industrializados del norte. Uno de los mayores retos del desarrollo en los países
de América Latina es revertir este flujo de escape de valiosos recursos
humanos, y lograr que cada persona tenga asegurado un rol valorado socialmente
en el progreso de las naciones. 1.1.4) EL ESCENARIO DE LOS NOVENTA: MODERNIDAD PERIFÉRICA A lo largo de la región latinoamericana las políticas de ajuste estructural
bajo el modelo neo-liberal han profundizado los niveles de inequidad en los
niveles de ingreso, calidad del empleo y acceso a la educación. Diversos
autores han demostrado que la naturaleza del conflicto entre el crecimiento y la
distribución del ingreso depende de las características del desarrollo
(Sarmiento, 1992). En América Latina, los planificadores económicos han
tratado de emular patrones de desarrollo de los países centrales que soslayaron
la dimensión cualitativa de la vida social y ponían énfasis en el crecimiento
industrializante. Los actuales patrones de inequidad vendrían entonces a
replicar a aquellos que se mostraron en la historia del desarrollo de los países
de capitalismo de más antiguo asentamiento. El deterioro de las condiciones de
vida de la población menos integrada al sector moderno estaría signado por una
crónica disparidad del acceso a los bienes y mecanismos de movilidad social. El
sector de gran escala de la economía requiere mayores niveles de ahorro para
asegurar una reinversión y niveles de excedente y, de otro lado, mantener sus
costos de producción bajos. Al operar a través de políticas de flexibilización
laboral y de salarios reales decrecientes para asegurar la preservación del
circuito de generación de excedentes, intenta ganar una patológica ventaja
comparativa en su inserción en la economía global realimentando el proceso de
cierre social. El modelo de inserción en una modernidad periférica intenta hacer
atractivos los ambientes económicos nacionales al mercado de capitales
internacional. En los últimos años, con el fin de aumentar la productividad y
reducir los costos de producción de las empresas, se han aplicado medidas de
reducción de personal y flexibilización de los modos de empleo, a través de
legislaciones permisivas. Paralelamente, la introducción de tecnología
avanzada se ha efectuado a fin de favorecer la automatización de la producción
fabril, lo que ocasiona el desplazamiento de mano de obra y, a su vez, favorece
la adopción de esquemas de bajos salarios para posiciones de baja tecnificación.
Las consecuencias de estas prácticas son desastrosas a largo plazo en términos
de pérdida de habilidades productivas. En la base de este problema se encuentra una concepción del sistema
productivo que separa al trabajo del producto, que considera a la producción
como el logro de niveles de competitividad y renta antes que una responsabilidad
para el conjunto de la sociedad. A pesar del gran potencial del mercado de
trabajo como un elemento socializador y de procesamiento de las demandas
sociales, las tendencias actuales del desarrollo desconectan el mundo de la
producción del conjunto más amplio del mundo de la reproducción social. 1.1.5) ALTERNATIVAS POSIBLES: INTEGRACIÓN DE LA EDUCACIÓN Y EL QUEHACER
PRODUCTIVO En la región se desarrollaron numerosas experiencias locales en la educación
formal, que buscaban poner en práctica modelos educativos que se articulasen
democráticamente con la comunidad y respondiesen a sus necesidades. El objetivo
de las organizaciones no gubernamentales que implementaban estos programas ha
sido superar el modelo de gestión estatal que, ensimismado en sus directrices
generadas centralizadamente, han limitado el desarrollo de la iniciativa de los
funcionarios educativos a nivel local. Algunas de estas experiencias han podido ser validadas a una escala local
gracias a la permeabilidad mostrada por funcionarios del sector público
progresistas y abiertos a nuevos enfoques, que vencían las aprensiones
derivadas de una planificación centralizada que dejaba poco margen para las
innovaciones. Sin embargo, es evidente que se requiere de la voluntad política
en la esfera de los Estados para transformar estas iniciativas locales y en
programas de largo aliento. En los últimos años muchos de estos programas han
buscado incorporar en el quehacer pedagógico los ejes del trabajo y el
desarrollo productivo, principalmente por las propias demandas de la población,
agobiada por el alargamiento de la crisis económica. Un proyecto innovador ha sido promovido por el Ministerio de Educación en
Colombia. El programa de Empresas Creativas Juveniles fue promovido con el fin
de alentar la participación juvenil organizada en el desarrollo de
organizaciones creativas productivas-comunitarias de auto-gestión para la
producción, transformación, distribución o venta de bienes, o la prestación
de servicios con fines educativos, económicos y solidarios. Es resaltable la concepción acerca del sujeto del proceso
educativo-productivo como un creador de relaciones sociales, que favorece la
relación entre los agentes de la educación formal y la comunidad. Su propia
definición declara que: «a diferencia de las empresas tradicionales, donde
prevalece el concepto de 'ganancia' sustentado sobre estructuras jerárquicas
verticales, se pretende con las empresas creativas juveniles que las
asociaciones juveniles, cuyos miembros tienen igualdad de deberes y derechos
incursionen en el mundo laboral (...) en beneficio de su formación integral y
de su compromiso social, estructurando proyectos productivos técnica y económicamente
viables, que respondan a necesidades de la región y la comunidad» (Programa de
Promoción Juvenil y Prevención Integral, 1991). Es resaltable que esta
experiencia identificó a la escuela como el espacio propicio para la aplicación
del objetivo de participación dinámica de los jóvenes. La empresa, dentro de
esta nueva concepción de la producción, se relaciona con la satisfacción de
necesidades, constituye entidades con un sentido de participación comunitaria y
posee un enorme potencial para la formación de un nuevo empresario comprometido
con el desarrollo social de las naciones. 1.1.6) EDUCACIÓN Y DESARROLLO HUMANO: ÍNTIMA VINCULACIÓN El riesgo principal en el diseño de contenidos educativos es la dificultad
de aplicar códigos y de cumplir objetivos en la diversidad de los contextos
culturales. Usualmente, ha sucedido que lo que salía claro de los ministerios
de educación tenía que ser retraducido en las diferentes regiones, intentando
comprender las referencias conceptuales y los códigos ajenos a sus entornos. De
ese modo sucedía que se privilegiaba el diseño de un currículo referido a un
ambiente de aprendizaje en abstracto o que tenía sentido para un contexto
urbano centralizado y, por ende, no correspondía a las notables diferencias
sociales, económicas, culturales y étnicas de cada región dentro de cada país.
De allí se originaba una gran distancia entre el texto y la realidad concreta. Una exigencia para la coherencia de los contenidos de la educación es que
estos respondan a los procesos de socialización de los sujetos. Los conceptos
deben relacionarse con sus posibilidades reales de operar en la realidad. El
modelo de aprendizaje escolar debe incorporar las necesidades básicas del niño
en su interacción concreta: sus necesidades de comunicarse con sus pares y con
su familia, relacionarse con su entorno social, explorar, crear, fortalecer su
autoestima. De ahí que el diseño de la currícula escolar no debería basarse
tanto en un perfil del sujeto de aprendizaje deseado en abstracto, sino en una
investigación de las necesidades de los diferentes sujetos que coexisten a lo
largo de los diferentes ambientes biopsicosociales que existen en los países y
en las regiones. Un diseño descentralizado y diversificado que reconozca las experiencias
vitales de los educandos en sus realidades y que además recoja los aportes de
los agentes educativos no formales. Este proceso de indagación e investigación
educativa con enfoque sistémico puede tener su punto de partida en el perfil
del niño o del sujeto de la educación concreto, en sus características
psicosociales que han ido acumulándose dinámicamente como una herencia social
-en el sentido que Durkheim explicaba la síntesis individuo-sociedad-, que es a
su vez moldeada por el ambiente familiar inmediato y por el ambiente ecológico,
es decir, por una estructura multideterminada sobre la que las habilidades
cognoscitivas se desarrollan. La aspiración de lograr un contenido curricular diversificado y heterogéneo,
apropiado a la especificidad de los entornos sociales, debe buscar una
congruencia con un enfoque integrador de la educación. La pregunta esencial es:
¿cómo cumple la educación un rol en los procesos de formación y
reforzamiento de las identidades nacionales? Una visión holística de la
sociedad parte del reconocimiento de las características de los subsistemas que
forman el todo, la nación, no la asume como un agregado irreducible. Importa,
sobre todo, que el componente educativo guarde relación coherente con las
capacidades humanas sobre las que se desenvuelve el continuum histórico de las
sociedades, en tanto que el sujeto pueda reconocerse formando parte de aquel
continuum, de un proceso de formación nacional que se ubica en la larga duración
de la historia. El acceso a la educación, la inserción prima facie al conjunto social,
constituye el primer peldaño en la pertenencia simbólica y efectiva a la
sociedad que el sujeto vive en su cotidianeidad. Por ello, la educación tiene
que permitir a las personas construir y apropiarse de herramientas para operar
en su práctica cotidiana. Un fin principal de la educación es fomentar en los educandos el
reconocimiento de los hitos histórico-sociales que permitan la identificación
de los diferentes conjuntos que están vinculados por lazos de significancia recíproca.
Mas, al haber obviado diferencias culturales entre los grupos humanos, sus
variadas aspiraciones de movilidad social, diversidad incluso existente dentro
de los aparentemente homogéneos entornos urbanos, entre los estratos sociales y
así sucesivamente, el sistema educativo no se ha hecho cargo del concepto de
interdependencia de los grupos específicos pero interrelacionados. Así por
ejemplo, la vinculación de las comunidades rurales con los espacios urbanos está
signada por una relación de tensión y al mismo tiempo de asimilación, por sus
relaciones de intercambio. Cada unidad social tiende a afirmar aquellos rasgos
de la relación que le dan sentido como grupo, reproduciendo sus costumbres, sus
normas, sus pautas de socialización, y también comunicar al individuo las
costumbres, las normas y la ética de otras integraciones mayores. Por
consiguiente, la educación tiene un sentido eficaz cuando actúa en la
cotidianeidad de esta mediación, en tanto que las normas asimiladas tienen
valor cuando la persona se apropia de estas y las actúa en el mundo de las
integraciones sociales mayores. El aula adquiere la calidad de un grupo de comunicación cara a cara, y por
su calidad de interrelación constituye el tipo de grupo de mediación por
excelencia. En esa práctica concreta es donde el sujeto se identifica con los
sistemas sociales referenciales. En esa medida, es posible el reconocimiento del
grupo como parte de un conjunto nacional, y luego de un conjunto regional y más
allá de fronteras, en una comunidad que se integra en sus vínculos culturales
históricos. Sin embargo, se debe evitar deslizarse hacia la idealización del espacio
educativo. Al mismo tiempo que se constatan sus potencialidades, se pueden
verificar sus limitaciones actuales. El sujeto ha sido acostumbrado a percibir
la realidad a través de agentes mediatizadores: selecciona fragmentos de la
realidad que cobran significado dentro de una determinada escala de normas,
actitudes y sentidos. En la escuela, el maestro se ha convertido en una especie
de intermediario entre el mundo objetivo y la subjetividad del alumno. El
maestro decodifica las formas del mundo amplio y sus fenómenos para
transmitirlos al educando, y con ellos acompaña sus propios sesgos, temores y
también sus frustraciones. De ese modo, el alumno está inclinado a conocer el
mundo a través de otros, a transferir el control de su propia credibilidad a la
autoridad de la institución que le dicta la realidad. Algunos modelos de
escuela que propician -muy a menudo, lamentablemente- aunque quizás
inconscientemente estilos pedagógicos verticales y cosificadores, configuran
una suerte de cultura escolar absorbida por una forma de pensar normalizada que
conduce con demasiada frecuencia a aminorar la espontaneidad. Sin embargo, es un
reto crucial para la educación distinguir entre los valores consensualmente
establecidos con el fin de cohesionar a los individuos y legitimarlos en la acción
comunicativa y, de otro lado, las necesidades sublimadas impuestas por la razón
instrumental que emana del sistema económico centralizado, esto es, el mercado
realmente existente. El reconocimiento de esta dicotomía y sus implicancias
habilita a los agentes de la educación a alejarse de formas de relación pedagógica
que reproduzcan los mismos patrones de difusión de una estructura de roles con
porciones de poder adscritos a cada uno que mina las bases de la convivencia
democrática. Estas estructuras de roles han podido incluso filtrarse hasta el
sentido común, que como decía Wright Mills «ha llegado a ser más común que
sentido». Un reto de la escuela en nuestros tiempos es superar esta tendencia a la
cooptación de la escuela por una sensibilidad práctico-utilitarista que
proviene de los patrones de relación cosificante instalados ya en el nivel
instrumental de la vida cotidiana. Esta cotidianeidad instrumental opera en la
forma de intervenir en la praxis educativa, por los medios invisibles del
sentido común. Como explica una autora acerca de esta lógica de la
cotidianeidad: «Se trata de factores que se ubican fuera del escenario escolar, siendo en
este caso variables que determinan en última instancia las prácticas
educativas de los maestros». (Muñoz, op. cit. p. 94). Parecieran a primera vista factores insalvables, ya que los maestros no son
islas en la sociedad e interactúan recibiendo influencias, buenas y malas.
Pero, estos contenidos rutinizados que alimentan relaciones humanas
instrumentales son identificables. Es necesario que la investigación pedagógica
reconozca la fuerza de esta lógica instalada en la cotidianeidad, y que, como
Marcuse señalaba, entraña una tendencia a la unidimensionalidad del espacio
comunicativo que se difunde desde el sector moderno predominante de nuestras
sociedades, y que eleva la «normalidad» como idea cultural. Los agentes que
actúan como difusores rutinizantes, los medios de comunicación de masas y en
especial la televisión, constituyen un terreno en el que la educación debe
actuar para evitar su ya previsible autonomización. Los patrones de comunicación de los medios de comunicación centrales
contienen el riesgo de conducir a una cotidianeidad cuyo signo sea la
estandarización social y el ocultamiento de las estructuras endémicas de
inequidad, que es la fuente del desasosiego de nuestras sociedades. La educación debe entonces hacer explícitos estos retos, y afirmar en la práctica
aquellos valores de interdependencia y solidaridad, de relación comunicativa
horizontal e igualdad de oportunidades que la democracia funda y proclama. Un
medio para superar esa influencia invisible es pedir a los maestros mirar
introspectivamente en su práctica cotidiana. El sistema educativo debería
propiciar que los maestros identificaran los problemas educacionales que afectan
sus capacidades para desarrollar una práctica dialogante y una comunicación
horizontal con sus alumnos, y lo más importante, valorar la propia capacidad de
cambio de los maestros contribuyendo a su desarrollo personal. El proceso de
valorización en la escuela está basado en la posibilidad de un acercamiento
entre dos personas en el aula que se reconocen mutuamente como sujetos de
derechos, ambos en una actitud dialógica. Al abordarse este reto y posibilidad,
se descubre la piedra de toque para el despliegue del potencial de la comunidad
educativa como eje de transformación de la sociedad. Este es el sentido de la
escuela como grupo dinámico de mediación social: es el agente portador de los
valores de las naciones como continuidad histórica y como sistema social específico. 1.1.7) EDUCACIÓN Y DESARROLLO SOCIAL: LA RUTA CRÍTICA Desde finales de la década de los '60 la idea del crecimiento económico
como punta de lanza del desarrollo de las naciones había comenzado a ser
cuestionada. Muchos autores e instituciones comenzaron a enfocar un concepto
clave para ver los resultados reales del auge industrial a largo plazo: la
sostenibilidad. Luego de muchos años de discusiones casi se ha llegado a un
consenso en el mundo de las agencias internacionales: el objeto del desarrollo
es el despliegue pleno de las capacidades humanas; el crecimiento económico es
sólo un medio para lograr el bienestar de los pueblos; el crecimiento del PBI,
la normalización de las balanzas comerciales, sólo son mecanismos económicos
para obtener recursos que se requieren para ser aplicados en actividades que
proporcionen beneficios sostenibles para las comunidades. Sin embargo, el problema consiste en que las políticas de las grandes
instituciones multilaterales no siempre concuerdan con sus enunciados. La década
de los '80 observó, por citar un caso, la aplicación de grandes reformas
estructurales en los aparatos estatales en Latinoamérica, en concordancia con
los programas del Fondo Monetario Internacional, que debilitaron enormemente la
capacidad de los gobiernos de invertir en aspectos básicos de apoyo a la
educación y a otros servicios sociales. A pesar de los reclamos de
instituciones de las Naciones Unidas y de la sociedad civil de los países de la
región de que es imprescindible un rol activo del Estado en asegurar acceso
equitativo a la salud y a la educación como condiciones indispensables para el
desarrollo, al parecer el Banco Mundial no ha puesto el mismo énfasis en sus
recomendaciones a los gobiernos en las cuestiones de maximización del
crecimiento del acceso a los servicios sociales como a la minimización de la
participación del Estado en los mercados. El enfoque sistémico del desarrollo pone un especial énfasis en la calidad
de vida de los sujetos que forman parte de los procesos productivos, en la
medida que la dimensión humana trasciende el aporte en el subsistema económico.
Justamente, uno de los costos de la preponderancia del énfasis puesto en el
crecimiento económico a secas, en desmedro de la planificación del bienestar
social, ha sido el crecimiento de la brecha entre el proceso económico y el
proceso social, entre la opulencia y la pobreza. En uno importa más el aumento
del PBI o equilibrar la balanza comercial, se supone que los indicadores
cuantitativos macros registran la realidad; en el otro importa el
fortalecimiento de las capacidades de las personas para hacer sus vidas más
saludables y enriquecedoras. Tal desbalance tiene resultados negativos sobre el
conjunto de las naciones a largo plazo. Como un ejemplo del rol habilitador del
Estado se puede poner a los países asiáticos, que cuentan hoy en día con
economías estables y niveles de acceso a bienes y servicios medianamente
adecuados, y cuya industrialización fue antecedida por una elevación
significativa de los niveles educativos de toda la población. Así, «la fuerza
de trabajo adiestrada encontró posiciones en donde podía emplear más
adecuadamente su formación». Más aún, el Estado jugó un rol preponderante:
«en las etapas intermedias de desarrollo se pusieron en práctica ambiciosos
proyectos sociales para asegurar la satisfacción de las necesidades mínimas de
toda la población» (Sarmiento, 1992. p. 149). En el caso de la región
latinoamericana, como se ha visto, el proceso de industrialización significó más
bien un acceso diferenciado a los bienes y servicios, causando una estratificación
que reproducía mucho de la herencia del dualismo de los países. La lección que los economistas de las instituciones financieras están
aprendiendo es que el crecimiento económico no puede ser sectorializado, es
decir, no puede ir desvinculado de medidas para el progreso en otras esferas de
la vida social. El propio informe citado del PNUD da cuenta del efecto
multiplicador de lo que llama las «inversiones en capital humano» sobre el
conjunto de la economía, es decir, la inversión racional, ordenada y bien
priorizada en el sector salud y principalmente en la educación, que generan
efectos beneficiosos a largo plazo en las naciones. Pero esta declaración exige
una mayor precisión acerca de cómo se pueden traducir estos principios en
planes educativos: ¿qué priorizar? ¿cuál es exactamente el rol de los
Estados? En este punto es preferible usar una noción concreta para el Estado que
identifique más bien una organización política institucionalizada con la que
podemos operar cuando nos referimos a la educación, de una interacción de
actores políticos y sociales. Interesa ubicar un espacio accesible,
principalmente exigible (accountable en la jerga de las ciencias políticas
modernas), es decir, un actor político responsabilizable de sus decisiones. Al
llegar al terreno de lo operable identificamos al Ministerio de Educación Pública
como el agente principal, pero más exactamente nos referimos a sus unidades y
departamentos de ejecución, unidades que deberían, en un escenario ideal, ir
cobrando cada vez mayores capacidades de gestión autónoma en concertación con
los agentes locales del desarrollo, para que como consecuencia de ese diálogo
cara a cara, el Estado, esta vez sí la estructura general y universal, pudiera
legitimarse en un proceso desde abajo hacia arriba. La educación requiere actuar integradamente con las estrategias de
desarrollo de la sociedad. Pero, para superar los errores del pasado, el sistema
educativo debe intervenir en el análisis de situación que brindará el marco
de acción, porque en primer lugar se debe responder a la pregunta: ¿cuál es
la estrategia de desarrollo? Es decir, construir infraestructura educativa
-aulas, carpetas- no resuelve el problema de la calidad de la educación,
deteriorada durante toda una década, o manteniendo o ampliando las tasas de
cobertura de la educación profesional no resuelve el problema del proceso de
segmentarización y cierre social analizados. Una primera tarea, que ha sido reclamada en diversos países, es la
concertación para definir las reformas educacionales requeridas. En el Perú,
desde 1991, el Foro Educativo -un espacio de discusión y propuesta articulado
en base a investigadores y especialistas provenientes de movimientos pedagógicos
y Organismos no-gubernamentales que trabajan en la educación-, intenta formar
un amplio consenso para constituir un proyecto educativo a largo plazo que cada
vez ha desarrollado una mejor capacidad de interlocución con el sector educación,
a pesar de un entorno político desfavorable. Estas formas de articulación de
la sociedad civil y de los Estados que en el pasado eran muy difíciles de
lograr cuestan trabajo de desarrollar, pero entendiendo que son procesos de
largo aliento, los movimientos pedagógicos y los Organismos no gubernamentales
deberían intentar abrir el diálogo aprovechando las coyunturas o los
intersticios posibles desde donde se pueden potenciar procesos de democratización
de las relaciones sociales. El Estado hoy en día, y en las postrimerías de los
regímenes duros del neo-liberalismo, están en busca de alternativas. Al
parecer, los signos de los tiempos han abierto la posibilidad de una búsqueda
de opciones que puede ser fructífera para las sociedades. El diálogo que intenta conducir a la concertación puede presentar muchas
dificultades para cuajar; se requieren herramientas para que los propios
docentes, agentes principales del hecho educativo, participen en él en igualdad
de condiciones. La primera herramienta es el conocimiento, la información que
el agente educativo tiene acerca de su entorno, de los problemas que afronta,
son su mejor ventaja. Al mismo tiempo, el aporte específico que el agente
educativo puede ofrecer reside en su propia experiencia, en su manera de
observar la educación, en el paidocentrismo, esto es, en la centralidad del
sujeto del aprendizaje, un sujeto con necesidades concretas que la escuela debe
ayudar a resolver. La responsabilidad del Estado, por su parte, es reunir la
información que permitirá analizar la situación concreta de las poblaciones.
La información será instrumental para las instituciones públicas que quieran
emplearlos en el diseño de estrategias para la educación pública y, simultáneamente,
dado el carácter heurístico de la investigación social, la información es
principalmente un instrumento para la demanda de servicios necesarios o de
necesidades sentidas por las comunidades, una herramienta argumentativa de los
movimientos sociales. Complejo y diverso como es el universo latinoamericano, distintos como son
los países, es difícil hacer un análisis de las necesidades del sujeto de
aprendizaje. Sin embargo, debe resaltarse que este esfuerzo debe intentar
prefigurar a los ciudadanos del mañana en una visión a largo plazo. La educación
integral no podría lograr mucho por sí sola sin el concurso de otras esferas,
sin programas de empleo adulto o programas del primer empleo para los
adolescentes, o incluso de una política de juventudes que brindara programas
con oportunidades de participación. Pero, en lo que atañe específicamente a
la escuela, es necesario que contribuya a la formación de ciudadanos
conscientes de su momento y de su situación personal, que puedan liberar su
creatividad y sus capacidades productivas, personas respetuosas de sí mismas y
de los demás. Una especialista en educación en el Perú analizaba las
responsabilidades de la escuela en el tiempo presente, mirando hacia el futuro,
de las cuales es pertinente resaltar tres de ellas, fundamentales por su
universalidad: «a) la responsabilidad de enseñar a vivir en democracia; b) la responsabilidad de afirmar el derecho de niños y jóvenes a sentirse
iguales, competentes y aceptados; c) la responsabilidad de desarrollar capacidades básicas en niños y jóvenes
para mejorar su calidad de vida: En la experiencia popular el desarrollo se asocia con el trabajo
autosostenido, esforzado y constante. El desarrollo depende, pues, de las
capacidades de los individuos, organizaciones y sociedades para atender sus
necesidades básicas, promover sus capacidades y hacer respetar sus derechos. La
escuela tiene una importante responsabilidad respecto al desarrollo de cada una
de estas competencias». (Palacios et al, 1992, p. 50). La esencia de un perfil para el educando puede sintetizarse en un sujeto
social que pueda desempeñarse autónomamente en el mundo de la vida, con una
identidad individual sólida y que, al mismo tiempo, se reconozca como parte de
un cuerpo social, de un colectivo con aspiraciones comunes y en el que se sienta
capaz de participar y aportar. 1.1.8) EDUCACIÓN Y PRODUCCIÓN: RETOS ESPECÍFICOS La conclusión más importante del análisis de la relación entre el sistema
de educación superior y el sistema productivo-económico es que los mercados de
trabajo no están operando en la forma de señalar pautas de calificación
apropiadas a los centros de enseñanza que permitan cubrir las discrepancias de
desempeño en la formación de recursos humanos; antes bien, están induciendo
criterios de selección con miras a un desempeño de roles funcional a la
cultura empresarial de gran escala del actual modelo de desarrollo, enfatizando
valores instrumentales. El formalismo y el ritualismo en las cualidades externas
son elementos de la selección; las pruebas de productividad, creatividad,
capacidad innovadora pasan a ser elementos meramente técnicos de menor peso.
Llega a formarse así un verdadero mercado de personalidades, como indicaba
Fromm (1986), en donde es importante la adquisición de cualidades externas útiles
para este mercado y la acumulación de educación se mide en base a la acumulación
de un valor de cambio. Más aún, el valor de la diferencia de los contextos culturales muchas veces
es considerado un obstáculo para el desempeño metódico de las actividades
rutinarias del trabajo. Se pierde así una riqueza incalculable en el
intercambio cultural entre los grupos humanos que conviven dentro de las
naciones y que podrían nutrirse mutuamente de la diversidad de sus bagajes
vivenciales. El énfasis en la transferencia de actitudes derivadas de los estilos de las
organizaciones hacia los detalles particulares del comportamiento individual, y
que se interiorizan hacia la propia personalidad de los individuos, son
requerimientos de las reglas de las organizaciones empresariales que,
inicialmente concebidas como medios para facilitar la selección, terminan
convirtiéndose en fines en sí mismos. Estas distorsiones de las tendencias
actuales de la lógica organizacional derivan claramente en una discapacitación
funcional de los recursos humanos, ya que al transformar las regulaciones
cotidianas del trabajo en absolutos rutinizantes se dificulta la adaptación
bajo condiciones productivas durante crisis, por ejemplo, o, en general, en
condiciones diferentes de aquellas para las que fueron establecidas y,
naturalmente, limita la creatividad y potencialidad de innovación en el proceso
productivo. 1.1.9) ESTILOS PRODUCTIVOS Y CULTURA La emergencia del sector informal da cuenta de una discrepancia entre los
valores y símbolos de status que la empresa del sector moderno señala como
calificaciones deseables y preferencias a los postulantes a ocupar posiciones en
ella, y la gran mayoría de jóvenes que objetivamente carecen de medios para
posicionarse en un estrato ventajoso de la estructura educativa y obtener un título
profesional con membrete competitivo en el mercado. Tales restricciones, en alguna medida, positivamente quizás, han originado
un desplazamiento gradual de las preferencias de los jóvenes de las nuevas
generaciones desde las carreras universitarias hacia las carreras técnicas,
aunque esto se aplica básicamente a los jóvenes de los estratos populares, en
actitud diferenciada de los jóvenes de estratos medios, que se aferran a la
educación profesional aun en un período de recesión y devaluación educativa,
y que ven en la educación superior técnica una alternativa sólo aceptable en
última instancia y como opción de refugio. Esta actitud tiene en el factor
cultural su soporte explicativo, y aparece en el caso peruano con toda fuerza
para develar una dualidad en los orígenes de las estrategias personales, casi
configurando dos éticas del progreso (Adams y Valdivia, 1991). Las estrategias de los jóvenes de la base de la pirámide social frente a la
compartimentalización del mercado laboral se traducen también en la búsqueda
del ingreso a establecimientos del sector privado que les permitan un destino
ocupacional seguro. La posibilidad de franquear el umbral de status educacional
varía en función de la situación particular de las familias, en las que
entran en juego el acceso a relaciones de influencia social, círculos de ayuda
mutua, acceso a símbolos de status y otros mecanismos cooperativos, todos
colocados en función de la movilidad social. Estrategias con mucha dosis de
creatividad: redes de reelaboración interpersonal (grupos de barrio, colectivos
universitarios) en las que lo productivo, empatado con lo lúdico, aparecen con
fuerza. Una política de primer empleo impulsada por el Estado, orientada a la
igualdad de oportunidades y a la adquisición de competencias de autogestión,
tendría efectos positivos sobre la estructura polarizada de oportunidades de
empleo. 1.1.10) PARTICIPACIÓN EN EL PROCESO PRODUCTIVO Ha sido señalado por diversos investigadores que la participación de los
trabajadores en distintas posiciones y fases de la producción en sus lugares de
trabajo, favorece la comprensión de la integralidad del proceso productivo y
los alienta a encontrar formas para racionalizar los procesos y así aumentar la
productividad. Esta participación, sin embargo, está reñida con una actitud
que privilegia el cumplimiento de los roles preestablecidos dentro de una
jerarquización rígida. Tal actitud, formada dentro de pautas culturales
verticalistas, constituye un obstáculo real para el desarrollo del potencial
creativo de los recursos humanos y para hacer productivo el conocimiento. El modelo de empresa de gran escala en el contexto de la modernización tardía
latinoamericana ha traído consigo algunas taras en la cultura empresarial: el
temor a la diversificación ocupacional programada y sobre todo a la participación
en la gestión de las actividades productivas, constituyen lastres para la
productividad que deben ser incorporadas al análisis de la relación educación-trabajo
y deberían plasmar respuestas de los planes a largo plazo del sistema
educativo. El tratamiento del problema desde sus raíces culturales puede
encontrar su causa en un autoritarismo secular (Lechner, p. 183). En todo caso,
es un problema que remite a conflictos de poder, en tanto que la innovación
cobra sentido como un acto que interviene repetida y sistemáticamente en el
proceso productivo y, por ende, requiere de un manejo cotidiano, de una puesta
de acuerdo entre agentes generalmente con intereses encontrados. Para
posibilitar esta innovación se necesitará hacer visibles los nudos de
conflicto y apelar a las argumentaciones, organizar la argumentación para una
eventual puesta de acuerdo, inevitablemente inestable, pero al mismo tiempo válida
para todos los actores. Es evidente que se requiere una articulación de las políticas estatales,
una urgente y necesaria articulación entre las políticas de empleo y las políticas
de juventudes, que se han mostrado incipientes o insuficientes a lo largo de la
región (Ottone, 1986). Los resultados económicos de algunas de estas políticas
obviamente no se reflejarán en el corto plazo en los indicadores macroeconómicos.
Los resultados de la acción educativa pueden ser vistos en plenitud sólo a
través de las generaciones y son medibles en términos del impacto de la
participación de las personas en las actividades productivas de las sociedades.
Participar en el sentido de apropiarse del producto de su trabajo, de obtener
satisfacción de su trabajo y de participar en la optimización de los procesos
productivos. Esa calidad de la participación de las personas necesita
indicadores cualitativos en la medida que el progreso así alcanzado cobra valor
en la reproducción de una riqueza humana que apenas está descubriéndose con
un cambio de paradigma de desarrollo. 1.1.11) ESTRATEGIA DE DESARROLLO Y EDUCACIÓN La definición de una estrategia para el desarrollo supone necesariamente una
puesta de acuerdo de los actores nacionales, precisar cómo se movilizarán las
fuerzas sociales y los recursos económicos hacia unos objetivos finales,
expresión de una concertación de voluntades. Es una tarea compleja, dado que
cada agente concibe el sistema social de acuerdo a una propia cosmovisión,
generalmente implícita. Usualmente ha sucedido que los agentes actuantes de la
esfera política han impuesto su cosmovisión en la lectura de la realidad y de
las necesidades del desarrollo. Por el contrario, la visión del tipo de
sociedad que el desarrollo construirá requiere básicamente un proceso
comunicativo consensuado. Un rumbo del desarrollo coherente tampoco puede surgir como un resultado de
la autorregulación de los mercados. El mercado, surgido inicialmente en la
historia como un producto de la interacción social, se institucionalizó y
progresivamente ha ido desacoplándose del mundo de la comunicación
interpersonal; hoy en día la relación entre sujetos y mercados está mediada
por innumerables códigos en los que la puesta de acuerdo no es el principal
fin, lo es la ganancia a corto plazo, sin visión de conjunto. La recuperación
de valores básicos para la formulación de las estrategias de desarrollo, como
la solidaridad y el respeto por las nuevas generaciones, es fundamental. La educación puede contribuir a este proceso de construcción de una visión
consensual de la sociedad, para así poder tomar mejores decisiones sobre
prioridades de inversión social. El reto consiste en saber cómo construir las
opciones de política. La naturaleza del conflicto de estratificación es
estructural; entonces es necesario identificar y operar elementos que incidan al
mismo tiempo en una mejora de distribución del ingreso y también incida en el
crecimiento económico, pero al mismo tiempo ayude a salir del círculo vicioso
de una industrialización anclada en el modelo de gran escala, y que más bien
propicie uno que progresivamente satisfaga las necesidades básicas de la
población. La educación, ha sido anotado, es el factor más importante que
contribuye simultáneamente a los propósitos de crecimiento y de equidad, al
actuar permanentemente en la promoción de oportunidades iguales. Es claro que
el Estado tiene el rol de perfilar y concertar con la sociedad civil la
alternativa de desarrollo que articule de mejor forma la producción del sistema
escolar y los requerimientos del sector productivo. El acercamiento entre la escuela y los agentes productivos es una necesidad
del ahora y debe implicar la revalorización de la práctica de la labor manual,
del esfuerzo humano, para formar actitudes productivas en las etapas claves del
desarrollo personal. En este sentido, cobra mucha mayor importancia la prioridad
de las políticas públicas en la educación básica. Concordantemente, diversos
especialistas sugieren que la educación básica debería orientarse hacia una
educación para el trabajo, desarrollando habilidades, pero no en el sentido del
trabajo asalariado de una persona que se presenta indefensa ante un mercado
subordinado a la oferta y la demanda. Según un innovador trabajo «el sentido
de la educación para el trabajo es preparar la formación de productores, es
decir, de conductores de procesos de producción, lo que pasa por el dominio de
las técnicas de la producción» (Movimiento Pedagógico, 1993). La escuela debe ayudar a comprender los procesos productivos al educando,
proporcionarle herramientas útiles para el trabajo y hacer conciencia de los
valores de la productividad popular. La productividad surge como resultado del
entusiasmo de la persona, al participar en la experiencia productiva en
condiciones de justa remuneración y adecuado ambiente de trabajo; el espíritu
de superación de la persona cumplirá el resto del trabajo. 1.1.12) ESTADO, EDUCACIÓN Y DESARROLLO HUMANO Una nueva estrategia de desarrollo que signifique sobre todo el despliegue de
las capacidades multidimensionales de la persona requiere desplazar el eje del
protagonismo en la escena de la organización social y política hacia una forma
de organización estratégica capaz de movilizar las voluntades de los actores
del desarrollo local. El diagnóstico de la crisis del modelo de desarrollo de la región, que
descuidó los aspectos cualitativos de la vida social, apunta a una crisis de
identidades de actores políticos, lo cual demanda entonces una nueva articulación
entre el Estado, los mercados y la sociedad civil. En un momento en que se pone
en la agenda de los Estados el debate de alternativas de gestión pública para
los diferentes sectores bajo su directa responsabilidad, se percibe la necesidad
de una gran dosis de creatividad de los agentes de la comunidad educativa
(asociaciones de maestros, movimientos pedagógicos, organismos
no-gubernamentales de investigación y promoción, padres de familia,
estudiantes) para proponer opciones sobre las formas de gestión del quehacer
educativo con énfasis en el nivel local. El principio primordial que figura
como una demanda de los movimientos sociales en la región y permanece como
necesidad en el futuro, es el rol directriz del Estado en el financiamiento
racional del sistema de educación público. La preservación del acceso
universal a la educación pública favorece la atenuación de las disparidades
de la crisis distributiva en los países. El Estado cumple un rol inalienable en
los procesos de formulación de políticas educativas y de desarrollo social;
este rol es compatible con una convocatoria y una animación de espacios de
consulta y puesta de acuerdo entre los agentes concernidos en la marcha de la
educación y su articulación con los proyectos nacionales. Para afirmar un rol eficaz de la educación en el desarrollo nacional se
requiere el fortalecimiento del sector de educación pública. En el actual
contexto político se ha hecho visible la pérdida de capacidad de interlocución
de los propios funcionarios del sector en el seno de los gobiernos, como
consecuencia de las demandas externas de racionalización de los aparatos
estatales y del control y subordinación de las políticas sociales a los
requerimientos de las agencias multilaterales financieras. El grave problema que los Estados ejecutores de estas políticas de ajuste
macroeconómico perdieron de vista en un primer momento, fue que sus
implicancias principales caían en esferas metaeconómicas y causaban estragos
en el tejido social, tanto en el corto como en el largo plazo, al afectar los
potenciales humanos de grandes sectores de la población, en términos de la
reproducción social y en el acortamiento de las perspectivas y estrategias de
vida de las nuevas generaciones. El impacto de las crisis sobre la calidad de la educación se aprecia gráficamente
en la caída de las remuneraciones reales del magisterio, en la disminución de
las oportunidades de capacitación y perfeccionamiento docente, en el deterioro
del equipamiento escolar, y, también y sobre todo, en las condiciones de
nutrición necesarias para sostener las capacidades de aprendizaje del educando. Como hemos visto, sólo el Estado, en las actuales condiciones económicas,
está en capacidad de preservar aquellas condiciones mínimas señaladas. El
Estado puede actuar como el promotor de la calidad de la educación y de la
progresiva participación de la sociedad en formas y modalidades de gestión y
financiamiento, conforme se alcancen fases superiores del desarrollo. 1.1.13) CALIDAD DE LA EDUCACIÓN Los resultados del proceso educativo -proceso comunicativo principalmente
antes que un conjunto de hechos instructivos aislados- no sólo deben medirse
enfocando en la eficiencia interna del sistema, se corre el riesgo de soslayar
una serie de dimensiones que comportan la relación escuela-sujeto educando, el
mundo de las expectativas individuales y sociales, principalmente. La definición
de calidad educativa alude a las condiciones mínimas requeridas para asegurar
el desarrollo del hecho educativo. Ahora bien, estos requerimientos,
identificados por una vía axiológica, suponen también la consideración de la
dimensión de los entornos organizativos-institucionales, de la infraestructura
operacional donde el hecho educativo se produce. En el quehacer de los programas
y proyectos de desarrollo social ha aparecido una tendencia a incorporar modelos
de revisión y evaluación de los programas que den cuenta de la racionalidad,
legitimidad, permanencia y validez en términos de sus objetivos en función de
los destinatarios y beneficiarios de los proyectos y programas. Esta preocupación
ha surgido principalmente por la necesidad imperiosa para los organismos que
gestionan e implementan proyectos de responder activamente a las necesidades y
oportunidades que presentan los entornos sociales sobre los que actúan. De esa
forma se pueden priorizar aspectos del trabajo, corregir inadecuaciones e
ineficiencias y usar información actual para el diseño de nuevos proyectos.
Otro factor es la movilización de las voluntades que lleva en sí la
participación de las comunidades en la identificación de las necesidades y el
reconocimiento de la mutua responsabilidad de los procesos. La apropiación
social de las acciones del desarrollo es la base de la legitimidad de los
programas de desarrollo y puede aplicarse por extensión a los modelos de
educación formal. Las organizaciones con un alto nivel de competencia y que facilitan la
participación social, como ha señalado Korten (1984), se orientan dentro de
una cultura organizacional «que respalda un alto grado de compromiso y
auto-evaluación disciplinada entre sus miembros en apoyo a los objetivos
organizacionales acordados». Las organizaciones de enfoque estratégico son el
espacio por excelencia para la interacción de los actores locales del
desarrollo. Sistemas de información y procesos de puesta de acuerdo sobre
necesidades sociales y requerimientos de calidad de educación, son viables
dentro de este tipo de organizaciones que se asientan sobre un espacio local
circunscrito con una población identificable y agentes del desarrollo que
participan en estos procesos, organizaciones que gestionan los elementos del
sistema escolar formal en su nivel, que podrían llamarse núcleos educativos
comunales, como los que fueron promovidos durante la Reforma Educativa en el Perú
(1972) con éxito pero sin continuidad, o como en el caso del programa de
articulación escuela y producción en Colombia, como se ha visto. Cualquiera
sea su denominación, núcleo o distrito educativo, la articulación dinámica
del Estado y la sociedad civil pasa por una necesaria descentralización
institucional que asegure que todas las dimensiones de la calidad de la educación
puedan ser atendidas apropiadamente. Entre estas, se pueden destacar la calidad
de la formación docente o la calidad de la programación curricular y del
monitoreo tanto de los contenidos como de los desempeños pedagógicos. Tales
componentes vitales, que en el pasado han intentado ser diseñados, conducidos y
supervisados desde los niveles centrales, claramente requieren ser tratados
desde una perspectiva de desarrollo local que se aproxime a las propias
exigencias, expectativas y capacidades de los actores del desarrollo social. Un enfoque alternativo descentralizado del desarrollo coloca a la escuela y a
los núcleos de gestión local del sistema educativo como centros de la
articulación entre el Estado y la sociedad civil, como depositarios de un
aprendizaje institucional desde la praxis que se transmite desde el terreno de
la acción social hacia arriba, el mundo de las instituciones, y en esa medida
permite una mejor identificación de las características de los ambientes del
desarrollo, construyendo en conjunto un sistema que elabora en forma
retroalimentada los planes educativos, el currículo escolar, y de ese modo
potenciaría la relación de las actividades educativas con las acciones del
desarrollo en forma sistémica. 1.1.14) Interculturalidad e integración El deslumbramiento que suscitó entre los primeros europeos colonizadores de
las tierras latinoamericanas la industria y el arte autóctonos, presagiaba un
aporte sustantivo de los pueblos latinoamericanos al mundo, aporte que se
vislumbraba como un entrelazamiento de elementos de dos culturas, la occidental
y la indígena, en síntesis rica, heterogénea y también compleja y problemática,
en razón del enfrentamiento de ideologías y formas sociales que cada una
portaba por sus propias raíces históricas. Comprender el derrotero de la interrelación de elementos culturales, económicos
y políticos, tradición y modernidad que alimentaron la cultura mestiza de América
Latina, que en el fondo personifica un mestizaje de mestizajes en cuanto
recordamos que los propios países ibéricos se definieron como comunidades con
diversidades étnicas en su seno, constituye una tarea necesaria para continuar
el proyecto de construcción nacional y la comunidad de naciones
latinoamericanas. Colectividades con identidades en conformación dinámica,
portadoras al mismo tiempo de continuidades telúricas que exigen el
reconocimiento de sus especificidades, pero también están profundamente
expectantes de los acercamientos y diálogos que abran el camino a la integración
latinoamericana y, una comunicación integradora iberoamericana en perspectiva
histórica. Las razones de esta utopía concreta, como la llamaba Roa Bastos, son hoy más
reales que nunca: la necesidad de hacer patente su presencia en un mundo cada
vez más sujeto a las tendencias hegemonizadoras de los centros de poder, una
presencia precisamente proactiva que proponga agendas e iniciativas. Integración
latinoamericana, en esencia, como forma de articular una capacidad de
interlocución poderosa, que favorezca un desarrollo autónomo coherente con las
necesidades sociales; integración iberoamericana como promesa de la interacción
cultural y de cooperación mutua dentro de un contexto de conformación de
agrupaciones multinacionales con áreas de influencia, posibilidad al alcance de
las naciones pero no exenta de las dificultades presentes desde la propia
constitución de los países, la principal de ellas es la brecha entre los
Estados y las Naciones, discrepancia que necesita ser cerrada urgentemente por
medio de procesos de movilización y participación ciudadana. Es importante que
la cooperación internacional promueva la educación para la ciudadanía, una
ciudadanía en el sentido de un ejercicio de libertades y derechos por sujetos
sensibles a los valores, sujetos organizados dentro de un Estado-Nación que
posibilite canales de expresión y, sobre todo, de vivencia de la participación
y del ejercicio de la política y de ciudadanía plena en la nación y en el
destino común de la región; otro reto de los tiempos de globalidad, de abolición
de las distancias que nos toca vivir. El espíritu de integración regional excede los móviles puramente económicos.
Plantadas como están firmemente nuestras identidades en un germen histórico, símbolos
de la síntesis de síntesis, que le da una riqueza al acercamiento de las
naciones, como un proceso de encuentro horizontal, un encuentro potenciador de
un desarrollo multidimensional. Las sociedades civiles empezaron la búsqueda de
medios auténticos de encuentro y comunicación, han mirado en perspectiva y
apuestan por esta aproximación: redes de organismos no gubernamentales en
educación, redes de respuesta a la pobreza urbana, redes de escuelas,
consorcios de investigación académica. Redes que debieran usar creativamente
los medios de la tecnología de la información, eventos que deben trascender
los círculos herméticos de los especialistas para hacer partícipe al hombre
común de la historia cotidiana. La responsabilidad de las élites intelectuales
hoy es animar al conjunto de la sociedad civil, a los que forman el tejido de
las naciones. La educación desempeña un rol fundamental en llevar adelante esta promesa,
al jugar el papel de articuladora de los procesos de comunicación cultural y de
progreso económico. La educación hoy es un hecho fundamentalmente
comunicativo, en el que los actores intercambian pareceres y visiones del mundo.
A través del quehacer educativo se aprenden los valores propios, se reconocen
identidades comunes y se desarrollan habilidades para un diálogo intercultural
que acerca a las naciones. 1.2) Características de la educación peruana
y otros países latinoamericanos Resulta muy difícil resumir las experiencias latinoamericanas de
descentralización y transferencia de servicios educativos a los gobiernos
locales, pues es un tema muy amplio; sin embargo, constituye una referencia
importante para poder analizar el caso peruano. En el fondo tenemos un problema nacional, en cuanto a las reales
posibilidades de los gobiernos locales de recibir y gestionar nuevas
responsabilidades. Esto exige, inclusive, un nuevo perfil de los mismos, pero
tras ello también se perciben las debilidades existentes en las instituciones
locales. Bolivia Un país cercano al nuestro, Bolivia, tiene una realidad tan heterogénea
como la peruana. El proceso de descentralización educativa pasó primero por la
ley de participación popular de 1994, ley que facilitó el acceso a la toma de
decisiones de futuro por parte de la comunidad, dejando de ser ello un
privilegio del gobierno central. Dentro del nuevo marco político boliviano se
fomentó la participación ciudadana organizada, y también tras la promulgación
de la ley de descentralización administrativa de 1995 se impulsó un proceso
que aún no concluye. El Estado financia el 95% del presupuesto de la educación,
y en cada municipio el director distrital de educación posee amplias
competencias en su jurisdicción. Argentina En la República Argentina la descentralización de la educación hacia las
municipalidades ha sido un proceso gradual, iniciado a nivel de la educación
primaria en 1978, como una necesidad de transferir la carga presupuestal que
significa la educación para el gobierno central. Sin embargo, una segunda etapa
constituyó la transferencia de la educación secundaria, tras catorce años de
la experiencia inicial. En ambos casos la iniciativa partió desde el gobierno
central, en coyunturas difíciles para la economía, significando un
estancamiento de la inversión del Estado en la educación, claro que suplida
por mayor participación de los gobiernos provinciales. Brasil En la República Federativa del Brasil, fue promovida por los estados
federales, pero apoyada por el gobierno federal central. Dadas las características
de los gobiernos federales (de los estados), autónomos por naturaleza, se
plantearon una serie de disimilitudes en la política de transferencia de los
estados a las municipalidades. Recién desde 1995, el gobierno federal central
ha normado y regulado este proceso, propiciando la equidad Interestadual. Es por
esta razón que el caso brasileño es muy heterogéneo dentro de un mismo país,
pero se va fomentando la municipalización en los estados más pobres, con
mecanismos que incluyen fondos federales en el aumento de sueldos a los maestros
para equiparar los niveles de ingreso magisterial en todo el país. Este proceso
se vio respaldado por la nueva constitución de 1988 en la que las
municipalidades aumentaron sus ingresos coparticipando en los impuestos locales. Chile El proceso de transferencia en Chile se inició durante el gobierno de
Pinochet y sus justificaciones fueron: debilitar al sindicato de maestros,
aplicar la política neoliberal, reducir el Estado e impulsar indirectamente la
privatización; todo esto dentro de un marco no participativo. Esta
transferencia fue muy rápida, en los dos primeros años de los ochenta, pasando
las competencias directamente a los municipios, sin pasar por ningún nivel
intermedio y sin autonomía financiera, ni posibilidad de incrementar los
impuestos locales. Las responsabilidades, sin embargo, se transfirieron en forma
progresiva, durante la década de los años ochenta. Los contenidos siempre son
definidos por el Ministerio de Educación, pero a partir de 1996 se introduce la
obligatoriedad de formular Planes Anuales de Desarrollo de la Educación
Municipal (Padem). No obstante, pese a estos planes, en los que se deben
plantear metas y acciones, pocos municipios han logrado formular alguna política
educativa (peor aún con las restricciones impuestas por el Ministerio de
Educación chileno). Esta descentralización no confiere autonomía a los
municipios en el tema educativo, antes bien restringe muchas posibilidades.
También debe mencionarse que la comunidad local no se involucra en el proceso
educativo, pese a la apertura que significa la elección de alcaldes o los
centros de padres, equivalentes a las APAFAS en el Perú. Colombia La descentralización de la educación colombiana, también originada por
motivaciones de mejor control político interno, partió desde el mismo centro
de decisiones, sin participación de niveles menores de poder. Todo esto a
partir de 1986, aunque formalmente desde 1993. Entre las principales razones invocadas para este proceso tenemos: la
redistribución del poder político a nivel territorial, el controlar conflictos
y el debilitamiento del sindicato de maestros. Este proceso creó un serio enfrentamiento entre el gobierno y el gremio de
los maestros. Las municipalidades asumieron la administración de la plana
docente, la construcción y mantenimiento de la infraestructura y el control y
vigilancia del sistema educativo en la localidad. El principal problema que se
presentó fue la falta de capacitación entre las autoridades municipales, pues
inclusive no poseían voluntad de apoyar el proceso. Ya en 1993 se formaliza
este sistema, y el gobierno central transfiere fondos para consolidarlo,
mientras que los departamentos reciben el poder de decidir sobre el
financiamiento educacional y la asignación a los maestros. Este modelo terminó
en una gestión compartida entre el poder central, el nivel departamental y el
municipal. Nicaragua El caso de Nicaragua, fue motivado por razones de eficiencia, fiscales y de
orden político de corte participativo. El modelo de autonomía en la educación
se logró mediante la concertación de actores locales involucrados en el tema
educativo, con lógicos ajustes en su implementación para así equilibrar
impactos en el territorio nacional. Este proceso se inicia en 1987 con la
desconcentración administrativa regional impulsada por los sandinistas, pero en
1990 la estructura regional fue eliminada, dando paso a la autonomía escolar y
a la municipalización de la educación. Actualmente los colegios tienen autonomía
en lo programático y en política laboral. México Se requiere una inversión creciente en educacion superior, ciencia y
tecnología Las políticas de corte neoliberal datan de la época de Miguel de
la Madrid; sin embargo, a partir del gobierno de Carlos Salinas de Gortari se
pretendió profundizarlas. La actual política educativa aspira ser una
continuación de la anterior. En la concepción neoliberal la educacion es un apéndice de la economía,
aunque en el discurso se le presenta como ``condición insustituible de la
modernización económica y social (y como)... el sector de más alta prioridad
en el quehacer del gobierno''; 1 y las necesidades de la sociedad en el discurso
salinista son los requerimientos del proceso de reproducción del capital,
mismos que se han ido modificando en los años recientes. En un principio fue la apertura de la economía al exterior, el proceso de
privatización de las empresas publicas, el fin de la regulación del sistema
económico por parte del Estado. En este entorno el fortalecimiento del sistema educativo nacional, así como
la creación de ciencia y tecnología pasaron a un segundo plano. A partir de 1983 se inicio la caída del gasto en educacion que como proporción
del producto interno bruto (PIB) paso de 5.3% en 1982 a 3.8% en 1983, y llego a
su nivel mas bajo en 1988, con 3.5%. Sin embargo a partir de 1989 el gasto en
educacion como proporción del PIB vuelve a incrementarse (3.7%). Tal aumento obedece a distintos factores, entre los que destacan: la demanda
popular por educacion publica; 2 la necesidad de legitimación del gobierno
salinista; la presión política ejercida por los maestros de la Coordinadora
Nacional de Trabajadores de la Educacion (CNTE); las demandas sociales por
educacion; y las modificaciones que se tenían que hacer en este sector con
motivo de la firma del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos y
Canadá. Con la firma de este se evidencio la pobreza de la educacion mexicana, sus
limitaciones cuantitativas y cualitativas de esta. Baste recordar algunos datos
para entender el cambio de actitud del gobierno mexicano respecto a la
educacion: la escolaridad promedio de la población económicamente activa (PEA)
en Estados Unidos y Canadá es de 12 años, en México, de 6 años. En México menos de 10% de la PEA cuenta con una carrera profesional. En
Estados Unidos hay por cada 100 habitantes, 5.6 estudiantes de educacion
superior: en Canadá, 5.9 y en México, 1.5. En México aproximadamente 7% del financiamiento de la investigación
proviene de la industria: en Estados Unidos, 50% y en Canadá, 47 por ciento.
Estados Unidos destina 2.6% del PIB al gasto en investigación y desarrollo,
Canadá 1.4 %, y México el 0.4%. Tanto Estados Unidos como Canadá han dedicado
a la educacion mas de 6% del PIB durante varios anos; en México, como se puede
ver en el cuadro 1, en los últimos doce años ha variado de 3.5 a 6.1 por
ciento, manteniéndose, con excepción de los tres últimos anos, por debajo de
5%. En cuanto a esta ultima comparación conviene hacer dos señalamientos: 1) Los altibajos del presupuesto educativo mexicano en estos anos. 2) Las diferencias en las magnitudes del PIB de estos tres países. Actualmente el reto más importante para competir en la economía
norteamericana es la producción de ciencia y tecnología propias, así como adecuar la
educacion superior a las necesidades productivas, si se pretende una integración
como nación y no como un apéndice de la economía estadounidense. Sin embargo,
si se examina el comportamiento del gasto en educacion superior (cuadro 1)
resalta que de absorber 16.7% del presupuesto educativo en 1989, paso a 13.4%
del mismo en 1994, reducción que coincidió con el aumento al subsidio
educativo, como proporción del PIB, en cual creció de 3.7% en 1989 a 6.1% en
1994. Asimismo, podemos ver que en los años recientes ha caído el crecimiento de
la matricula de educacion superior, pese a que desee los anos setenta había
estado incrementándose gracias a las políticas de apoyo a la educacion básica
y media. De 1970 a 1982 el incremento de la matricula de educacion superior fue del
orden de 264% tomando como ano base el ciclo escolar 1970-1971, en el cual había
252 200 alumnos: en el ciclo escolar 1982-1983 se alcanzo la cifra de 918 800
alumnos en educacion superior. Del ciclo escolar de 1983- 1984 al de 1995-1996
el crecimiento porcentual de la matricula cayo a 42%, pasándose en estos años
de 981 100 estudiantes a 1 400 000 alumnos. Otra característica de este nivel educativo es la poca vinculación entre
las necesidades del proceso productivo y los egresados de educacion superior. La
mayoría de estos se dirigen al sector servicios, concentrándose en tres
carreras fundamentalmente: medicina, derecho y administración de empresas. Esta situación tiene múltiples explicaciones, entre las que destacan: La tradición de estudiar estas carreras. El tipo de profesionales que demanda el mercado laboral. La falta de planificación de las necesidades, ya no digamos nacionales sino
del capital. Si en el modelo neoliberal las libres fuerzas del mercado deben regular la
economía y la educación esta al servicio de estas no es posible planificar las
necesidades de recursos humanos. Asimismo cabe destacar que en los anos recientes no ha habido un proyecto
nacional de desarrollo capitalista. La apertura económica debilita la inversión
y el mercado no fue capaz de impulsar la modernización de una industria
obsoleta y protegida durante muchos años. No hubo vinculación entre los sectores publico y privado para desarrollar la
industria y la agricultura, para crear las condiciones, materiales que
permitieran incrementar la productividad, y por tanto para demandar fuerza de
trabajo capacitada. Con respecto al gasto destinado al desarrollo de la ciencia y tecnología,
este disminuyo como porcentaje del PIB de 1983 a 1989. A partir de 1990 el
presupuesto asignado inició una etapa de recuperación que llego hasta 1992. En los tres años siguientes el gasto nominal en ciencia y tecnología siguió
incrementándose, aunque en términos reales hubo un descenso. Sin embargo, por primera vez en la historia de México el actual Presidente
de la República se ha comprometido a dedicar 1% del PIB para ciencia y tecnología,
lo que resulta difícil de cumplir dada la situación de la economía mexicana,
pero de lograrse representaría un avance muy importante. Finalmente habría que señalar que dadas las características de la economía
mundial, los procesos de globalización, la mayor complejidad del proceso de
reproducción del capital, se requiere cada vez mas de una inversión creciente
en educacion y específicamente en educacion superior, ciencia y tecnología.
Este tipo de inversión, contrariamente al planteamiento neoliberal, solo lo
puede hacer el Estado y es necesaria si se quiere modernizar la economía y ser
una nación competitiva. Asimismo conviene insistir en la importancia de vincular la política
educativa a políticas más amplias de desarrollo nacional. Capítulo II: Situación de la economía educativa
actual El estudio realizado por la OMS/OPS/IRC (1991-1992) sobre "Saneamiento y
educación sanitaria escolar en América Latina", corroboró la situación
antes mencionada (la educación). Además identificó problemas en la
infraestructura física y condiciones de saneamiento básico de la escuela que
necesariamente deben ser resueltos para provocar cambios. Infraestructura de
saneamiento inexistente o precaria Los gobiernos se han limitado a la construcción
de aulas como espacio único, abandonando por consideración de costos, los
ambientes para la recreación, para la higiene, para la reflexión biblioteca) y
para la creatividad (artes), los que unidos hacen posible la educación integral
para la vida. Si el espacio de higiene existe en la escuela, éste es muy
precario por defectos de construcción, por ser incompleto o por estar
deteriorado. A pesar de que en el Perú el presupuesto de educación primaria es tres o
cuatro veces más alto que el asignado al sector salud, la crisis económica ha
tenido gran impacto en la provisión de estos servicios sociales. La inversión
nacional en educación ha disminuido de 20% a 13% en los últimos años. El
presupuesto de educación se destina al pago de remuneraciones y muy poco se ha
derivado a la inversión. En este rubro, tradicionalmente la mayor participación
proviene de los padres de familia a través de su organización de base, las
APAFAs (Asociaciones de Padres de Familia) La contribución de las APAFAs en mano de obra, materiales y pago de la matrícula
de sus hijos, ha sido utilizada para la construcción de aulas, escuelas y núcleos
higiénicos, así como para los gastos que demanda su operación y
mantenimiento. El esfuerzo del Estado sólo se está haciendo presente en la actual
administración, además contribuyen los organismos de cooperación
internacional tales como el BID, AID, Banco Mundial y agencias de cooperación
bilateral, entre otros. Aspectos de saneamiento básico En cuanto al saneamiento básico, sólo 16%
de las escuelas tienen servicio continuo de agua, alcantarillado y electricidad.
En Lima, 42% de las escuelas carecen de servicios de saneamiento y donde existen
(58%), son intermitentes (por algunos días u horas). El porcentaje de las
escuelas que tienen mala calidad del agua asciende a 63% y 21% realizan la
cloración de manera inadecuada, sin seguir las normas de la OPS/OMS. Los servicios higiénicos se diseñan tomando como modelo el sistema
convencional para áreas urbanas, y modelos alternativos para las zonas periféricas
y rurales. Para el área peri urbana y rural se instalan letrinas de losa tipo
turco o con tasa sanitaria (de porcelana o concreto). Pero en cuanto a
especificaciones técnicas, relación de unidades por número de alumnos, dotación
de agua, etc., las normas de diseño no se adecuan a la realidad de la oferta de
agua o capacidad de la empresa de agua para dotar a las escuelas el consumo
adecuado con relación a sus horarios y número de alumnos. Ello produce el
abandono de las construcciones, su deterioro, obsolescencia temprana o
vandalismo por los usuarios. En muchos casos, el servicio se limita a la provisión de agua para el aseo
de manos y bebida, dejando de lado otras carencias del niño, tales como, la
necesidad de duchas para la higiene completa porque en su hogar no se dispone de
esta solución. La infraestructura sanitaria ha olvidado que quienes trabajan en la escuela
(personal administrativo, docente y de servicios) demandan igualmente los
servicios higiénicos. Al final, son ellos los que se benefician de las
instalaciones de higiene y los alumnos terminan haciendo sus necesidades a la
intemperie. Al revisar las instalaciones sanitarias se ha detectado que sólo 40% de
ellas son relativamente buenas debido a los problemas de intermitencia y de
calidad del agua. El déficit de instalaciones se agrava por la mala operación
y mantenimiento, tuberías rotas, desperdicios vertidos, aniegos e instalaciones
incompletas. A esto se suma la escasez de equipos, accesorios, herramientas y
materiales para hacerlos operativos. La responsabilidad sobre los procesos de
operación y mantenimiento no está definida en los centros educativos. No se ha tenido en cuenta la calidad de los materiales con relación al uso
intensivo que tienen los artefactos sanitarios en las escuelas, convirtiéndose
en fuente de aniegos y pérdidas de importantes volúmenes de agua. Además, su
diseño es inapropiado a la estructura corporal y hábitos culturales de los niños,
por lo que resultan difíciles de operar, especialmente por los más pequeños.
La relación entre el número de artefactos sanitarios y la cantidad de alumnos
no corresponde a las necesidades, ni distingue entre población de niños y de
niñas para adecuarla a otras facilidades como urinarios en el caso de varones
optimizando la inversión. En las escuelas peri urbanas donde se agrupa 70% de la población escolar, no
hay recolección municipal de basuras y tanto los vecinos como la escuela la
arrojan al aire libre. En las áreas rurales la queman o la echan a los lechos
de los ríos, contribuyendo a aumentar los niveles de contaminación. No se ha hecho uso de tecnologías apropiadas que por su costo y facilidad de
instalación permiten ampliar la cobertura de servicios y favorecer a las zonas
donde el agua o la electricidad es escasa. Aspectos organizacionales A pesar de estas condiciones de saneamiento, es
alentador encontrar una actitud positiva para el cambio en la escuela y en otros
agentes vinculados a su desarrollo. En el Perú, toda escuela cuenta con una
asociación de padres de familia (APAFA) y con una asociación de profesores
promovido por el Ministerio de Educación en coordinación con el Ministerio de
Salud, también existe en las escuelas un Comité de Salud. En cuanto a los niños,
se fortalece su participación en las decisiones a través de instancias, tales
como el "parlamento de los niños", el "vigía o promotor de
salud", el "delegado de aula", entre otras. Es necesario que estos diversos estamentos de la escuela se capaciten para
potencial izar sus posibilidades de gestión. Aspectos curriculares En cuanto a la currícula escolar, ésta incluye temas
o aspectos a través de los cuales se puede iniciar la educación en higiene y
salud ambiental. En el Perú, la reforma educativa de 1994 integra los
conocimientos de salud e higiene en los niveles inicial (preescolar), primero y
segundo grado. En los demás niveles se habla de integración de los aspectos de
educación en salud en las áreas de alimentación y nutrición; medio ambiente;
cuerpo y salud; e identidad. Estas licencias curriculares son las que nos
permitieron articular el Programa de Salud y Saneamiento Escolar, como
estrategia de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) para promover la
salud del niño y del adolescente en el Perú y en los demás países de la Región. Las encuestas de hogares y niveles de vida realizadas en los últimos años,
revelan que las familias participan de modo muy activo y en magnitudes
importantes en el financiamiento de la educación. Este financiamiento no se
limita a los pagos hechos por los servicios educativos en establecimientos
privados, sino también en la educación pública que se ofrece de modo
gratuito. Según la Encuesta Nacional de Niveles de Vida (ENNIV) de 1997, los hogares
aportan el 33,78% del gasto corriente total en la educación pública básica.
Así, si el Estado asignó en dicho año el 2,02% del PBI, las familias
asignaron 1,03% en la Educación Pública y 1,52% en la Educación Privada. Esta asignación no es un pago por la prestación del servicio, sino una
forma que las familias encuentran para enfrentar las brechas de calidad que
presenta el servicio. Así, este gasto de las familias está orientado a dotar a
las escuelas públicas de materiales de trabajo, otros servicios, etc. que el
presupuesto no llega a cubrir. Dado que la calidad del servicio que se brinda es un factor explicativo
fundamental del nivel de logro de los estudiantes y que incluye los aspectos
actualmente sufragados por las familias, es necesario que nos preguntemos cerca
de los posibles efectos negativos sobre la equidad que esta situación puede
tener. Si el gasto familiar explica, en términos agregados, un tercio del costo del
servicio educativo público (que se dirige a un 85% de la población
estudiantil); es claro que explicará más en los lugares en los que las
familias pueden hacer esfuerzos mayores. Es decir, en los grupos sociales de
mejor posición económica relativa el gasto corriente total por alumno hecho
por el Estado y las familias resulta mayor y, por lo mismo, el servicio puede
tener una mayor calidad. En este sentido, se viene trabajando en la evaluación de opciones que
permitan ajustar la direccionalidad del gasto de modo que se asegure un efecto
compensatorio. Por otro lado, el tema de la descentralización tiene larga data en nuestro
país y constituye una de esas promesas no cumplidas a lo largo de nuestra
historia. Sin embargo, a pesar de los muchos debates realizados, al tratar este
tema nos enfrentamos con la necesidad de precisar qué debemos entender por
descentralización. No estamos sólo ante un problema de implementación sino,
también, de comprensión de los significados que este proceso comporta La propuesta del gobierno ¿Qué plantea la actual propuesta gubernamental de descentralización de la
salud y la educación basada en los gobiernos locales? En primer lugar, tenemos que el cuadro que se nos presenta carece de marco;
es decir, no tiene el antecedente de medidas de descentralización global del
Estado que permita orientar la descentralización de los mencionados sectores.
Este marco es necesario, no sólo como antecedente jurídico sino como proceso
político y social, pues es desde una experiencia acumulada por la población en
una descentralización general del Estado que pueden desarrollarse procesos
específicos de descentralización en salud y educación. Tampoco se han dado
procesos de descentralización dentro de los sectores en las últimas décadas.
En lo que a educación se refiere, la medida más relevante ha sido la RM 016 de
1996 sobre autonomía de las escuelas, la cual no resuelve el tema del rol de
los actores en los procesos de creación y funcionamiento del gobierno educativo
dentro de un determinado territorio. Dada esta ausencia de marco, debemos entender que la descentralización aquí
planteada no supone un largo proceso de cambio en la cultura y en las
capacidades de los actores locales y de las instancias locales del Estado (USE,
ADE, por ejemplo), sino un tema cuyo campo de acción es meramente la vía
administrativa, no quedando claras las finalidades de este proceso. Como afirma
Iguiñiz: "...los procesos denominados de descentralización en América
Latina plantean que es importantísimo definir qué objetivos persigue un país
en un momento de su desarrollo con políticas de descentralización o
desconcentración" y, en ese sentido, el mismo autor señala las siguientes
finalidades que orienten dichos procesos: • Avanzar en la igualdad de oportunidades • Democratizar la educación y la sociedad • Contribuir a una educación intercultural • Contribuir al desarrollo local y al fortalecimiento de municipalidades y
regiones A su vez, la propuesta gubernamental de municipalización de la salud y de la
educación, —dada a conocer recientemente y aun como proyecto— presenta
varios temas de importancia: Transferencia de propiedades construidas por
FONCODES, traslado de planillas y transferencia de la administración de la
educación; ésta última supone pasar, a las municipalidades, competencias para
administrar, supervisar, adecuar las normas educativas a necesidades y
prioridades locales y establecer horarios y calendarios. Pero esta transferencia
no incluiría el compromiso de asignar recursos adicionales a la planilla y del
mismo modo, no aclara de qué modo esta medida significaría mejoramiento de la
calidad educativa y de la situación magisterial (Iguiñiz, 1999). En consecuencia, este proyecto no involucra una propuesta global de
descentralización estatal con una visión coherente que reordene el conjunto
del aparato estatal en torno a las finalidades antes mencionadas. ¿Cuál es,
entonces, el sentido de esta descentralización? No está clara su finalidad. Desde nuestra perspectiva, lo que esperamos de una política de
descentralización educativa es encontrar en ella un conjunto de orientaciones y
medidas que desencadenen procesos de empoderamiento de los actores locales y que
creen las condiciones para hacer de las escuelas, eslabones de desarrollo humano
sostenible en los ámbitos locales de cara a la integración nacional. La descentralización como proceso de empoderamiento El concepto de empoderamiento está referido a la capacidad y posibilidad de
los sujetos para determinar, por sí mismos, metas y estrategias para su
desarrollo e integración al conjunto de la sociedad. Se trata de un proceso que
advierte que existe, en los sujetos, una capacidad intrínseca para actuar sobre
sí y su entorno y que toda política debe descansar y potenciar tal capacidad. Por ello es que, más que un asunto administrativo, se trata de la necesidad
de propiciar procesos sociales en el nivel local y nacional. Esto supone actuar
en el ámbito del fortalecimiento de la idea descentralista en la opinión pública
y en la construcción de sujetos colectivos, fortaleciendo el tejido
institucional en los diferentes niveles territoriales. Es decir, el núcleo del
tema descentralista se encuentra en el campo de la sociedad y de ahí deviene en
asunto de organización estatal. Reducido a una perspectiva burocrática, el ofrecimiento de entregar a los
municipios la administración de la educación pudiera resultar, entonces, en
una suerte de remedio que en vez de curar al paciente lo empeore, tanto para los
gobiernos locales como para la ciudadanía, que desean una mejora sostenida de
la calidad de la educación que reciben sus hijos y devenir en decepción
respecto a las potencialidades de una verdadera descentralización educativa. Plantear el objetivo de empoderamiento de actores locales tiene la virtud de
recordarnos que estamos frente al tema de la tenencia y uso del poder. La
descentralización significa un proceso en el que la tenencia y uso del poder
pasa de estar en pocas manos a estar distribuido en diversas formas de
representación y organización de una nación. Descentralizar es democratizar;
"es una nueva etapa de la democracia (...) es un proceso productivo-social
de ocupación y organización del territorio, con la redistribución democrática
del poder (...) Expresa, al mismo tiempo, un mayor poder que ejercen las
organizaciones de la sociedad civil y las personas en forma directa en cuanto
ciudadanos de plenos derechos" (Dammert, 1999). En este sentido, empoderar a los actores locales supone, en general, procesos
de democratización en la tenencia y uso del poder en el nivel del gobierno
central y en el nivel del gobierno local. Planteado esto así, es necesario presentar las consecuencias de esta
comprensión de la idea descentralista en la gestión de la educación. Vamos a
intentar mostrar a las autoridades locales la complejidad que supone la gestión
del sistema educativo en el nivel local que comporta una organización peculiar,
la escuela, y una práctica profesional, la docencia y que trata con procesos
formativos de carácter multidimensional desde un compromiso ético que
involucra íntegramente a los educadores. Previamente queremos decir que el compromiso de los gobiernos locales con la
educación es propio de su naturaleza. El gobierno local debe atender el
desarrollo integral de las poblaciones que representa; tal misión no se agota
en el desarrollo de obras de infraestructura. Pensar la educación desde el
gobierno local es una ruptura con una comprensión tradicionalmente
"obrista" de los municipios en el Perú, a remedo del gobierno
nacional. Álvarez plantea al respecto: "Un factor que sí consideramos
esencial para explicar el rol cumplido por las municipalidades en materia
educativa es la racionalidad "obrista" con la que actúa la mayoría
de las autoridades y funcionarios municipales. Buscan demostrar su capacidad de
gobierno por las obras físicas que hacen, lo cual no está mal, pero quedarse
en eso significa no reconocer a las municipalidades como verdaderos gobiernos,
con capacidad para aportar a la construcción de sujetos sociales y convocar
voluntades para la producción física pero también social de la
ciudad"(Alvarez, 1995). ¿Qué pueden hacer los municipios por la educación? La perspectiva descentralizadora compromete a los gobiernos locales en lo que
Dammert llama "proceso de configuración de comunidades políticas en un
territorio". A los gobiernos locales les corresponde propiciar tales
procesos. La idea de comunidad política está vinculada al concepto de
desarrollo local y éste se define por el grado en que las poblaciones, de modo
autónomo, son capaces de proponer y realizar acciones en función de su propio
bienestar. Asimismo, supone la existencia de ciudadanos ejerciendo tal condición
y, en consecuencia, la existencia de experiencias de construcción participativa
de visiones de desarrollo local. Dicho en otras palabras, no habrá proceso
descentralizador si no hay procesos de empoderamiento de los actores locales. ¿Qué significa esto para la educación en el ámbito local? En primer
lugar, que el gobierno local proyecte, en la educación, el rol que le viene de
su origen: el hecho de haber sido elegido a través de un proceso democrático
fundado en la condición ciudadana de la población de un territorio. Es desde
esta experiencia de la sociedad que el gobierno local se debe relacionar con la
escuela, proponiéndole un rol de reflexión educativa de esa experiencia democrática
y de formación de ciudadanos para la continuidad y la recreación de tal
experiencia. Este pedido de la sociedad a la escuela comporta un esfuerzo
especial para quienes gobiernan una localidad por encargo de la ciudadanía: la
comprensión de la complejidad que significará para los educadores y para la
institución escolar cumplir con tal pedido. Esta comprensión es posible en la
medida en que exista un marco descentralista y de desarrollo local que implique
reconocimiento entre los actores, diálogo y negociación de metas de
desarrollo. En segundo lugar, que los gobiernos locales partan del reconocimiento de la
especificidad de la escuela, en tanto espacio autónomo para el desarrollo del
pensamiento sobre la vida social y en particular del saber pedagógico. Ambas
son dimensiones que es necesario potenciar porque, además, son coherentes con
el pedido de reflexión sobre la experiencia democrática y la formación
ciudadana. La escuela, a su vez, desde esta autonomía de pensamiento establece
la confluencia con las familias y su rol socializador de las nuevas
generaciones. En tercer lugar, se debe considerar que en un territorio existen otros
actores (medios, organizaciones sociales y culturales) que, de un modo u otro,
actúan en los procesos formativos de niños y niñas porque éstos se dan,
realmente, en el contexto de los procesos culturales de una comunidad y la
escuela es un espacio dentro del conjunto de espacios educativos de un
territorio. Esta situación plantea al gobierno local, la necesidad de hacer un
ejercicio comprensivo de los procesos culturales que contextúan el trabajo de
las escuelas. Por ello creemos que un requisito indispensable y necesario para
actuar en educación es la elaboración de una política cultural que,
concertada entre los diversos actores, exprese la reflexión y las opciones de
una sociedad para educar a sus hijos. Mirando la compleja realidad que significa la educación en el ámbito local
nos encontramos ante un conjunto de retos que podrían de modo muy simple
resumirse en la idea de "mejorar la calidad educativa". Pero, ¿cómo
entender la idea de calidad educativa? Una manera, es reconocer aquellos
factores o condiciones que concurren a la determinación del nivel de calidad
educativa existente en una comunidad. Esta forma de acercarnos a la comprensión
de la calidad educativa se basa en la hipótesis de que si los responsables de
la educación pueden poner sus ojos en éstos factores para comprender su función
en el desarrollo de la calidad pueden, entonces, tomar medidas de política que
afecten los factores de modo que éstos puedan, en su sinergia, desarrollar la
calidad educativa de un territorio. Mencionamos a continuación los factores
que, a nuestro entender, son los más relevantes: a. La calidad de vida y la cultura de la población b. El magisterio c. La institución escolar d. La existencia de redes educativas en el territorio e. La negociación cultural a. La calidad de vida y la cultura de la población Los resultados de la educación escolar no pueden explicarse únicamente por
lo que pasa en las aulas. Todo proceso educativo requiere ser mirado en su
contexto para encontrar los significados y capacidades que se ponen en juego en
cada situación de aprendizaje para poder comprender a qué se deben los
resultados. Así, las dificultades en el aprendizaje de la lectura y la
escritura tienen que ver con las posibilidades de ambientes lectores y de
ejercicio de la escritura fuera de la escuela; si las familias y las comunidades
no promueven este ejercicio, si no se involucran en él, las posibilidades de
aprendizaje de los niños y niñas se minimiza. Esto supone, para la gestión educativa, atender la necesidad de un trabajo
formativo de las escuelas con las familias así como, desde instancias locales,
establecer formas de fortalecimiento de los objetivos de calidad educativa.
Supone, asimismo, asignar a la escuela un lugar en el proceso de imaginar el
desarrollo esperado por la comunidad, de modo que el vínculo entre escuela y
comunidad no sea meramente instrumental sino verdaderamente productivo. Para ello, es necesario poner en evidencia los problemas de desarrollo de un
territorio y las estrategias que la población viene implementando. Observamos,
por ejemplo, que para la familia campesina la escuela es un escalón en su
estrategia de mejoramiento de vida que consiste, básicamente, en la migración,
la cual le permite acceder a nuevas formas de acumulación de recursos
diferentes a los del campo que abandona. No significa que esta familia haya
desistido de una apuesta por el desarrollo de sus territorios, sino que tiene
conciencia y memoria histórica para moverse en varios sentidos (agremiación,
ampliación de tierras, diversificación de productos); pero es evidente que hoy
la migración es una –sino la más importante– estrategia a la que los
miembros de las familias son empujados por perversidades macroeconómicas. ¿Qué rol le cabe a la escuela en este panorama? ¿De qué manera puede
contribuir a un proceso de generación de estrategias diferentes? La calidad de
la escuela pública se juega en la posibilidad de incorporar estos temas en las
preocupaciones del trabajo educativo, ciertamente, pero también en la medida en
que sea posible involucrar a las familias y a la comunidad en la idea de que
ellos también son actores educativos y que necesitan incorporarse en el
desarrollo de procesos formativos que ayuden al mejoramiento de la calidad de la
educación. En una evaluación realizada en nueve países de América Latina, respecto a
las capacidades de los niños y niñas de educación primaria en las áreas de
capacidades lingüísticas y pensamiento lógico, los niños cubanos obtuvieron
el primer puesto. Este resultado se explica, en gran medida, por la presencia de
la familia y la existencia de otros espacios de socialización y ejercicio de
competencias de pensamiento y comunicación fuera de la escuela. Los resultados
educativos están signados por la capacidad educativa de una sociedad, en la
escuela y fuera de ella. b. El magisterio Maestras y maestros son actores sustantivos de la educación escolar. El o la
docente educa en dos sentidos: con la propia experiencia de vínculo que
establece con sus estudiantes y a través de las situaciones de aprendizaje; en
suma, educa con lo que es y con lo que hace. En consecuencia, es necesario
atender estas dos dimensiones de su ejercicio profesional en cualquier acción o
medida que se considere. Sin embargo, habitualmente encontramos una mirada
reductora del profesional de la docencia: se le empobrece cuando se le ve como
un empleado que tiene que cumplir con prescripciones de operario y se le
mitifica cuando en los discursos se habla de él como modelo y como el llamado a
moldear a la infancia y la adolescencia. Hay una incomprensión en el Estado y en la sociedad respecto a en qué
consiste ser maestro y un gran desconocimiento sobre quiénes son, cómo y qué
requieren para cumplir su misión con eficacia. Existe la necesidad de revalorar
la docencia desde la sociedad en la perspectiva de contar con una comunidad
nacional docente del más alto nivel. Este reconocimiento es un paso
imprescindible para mejorar la situación del magisterio y alcanzar la meta de
los más altos desempeños. Costará cierto esfuerzo comprender a la docencia
como campo de saber y a los docentes como sujetos de saber pues existe aún en
las políticas educativas, una perspectiva instrumental del rol docente,
"de una u otra manera se insiste en que los maestros continúen siendo
pensados con arreglo a condiciones externas, sean éstas los logros de
aprendizaje, las demandas y fluctuaciones del mercado, el modelo curricular y
ahora las nuevas tecnologías y el conocimiento. En fin, un sujeto pasivo apéndice
de un oficio con arreglo a fines que le destituyen su condición de sujeto de
saber" (Martínez, Unda, 1995). Asumiendo el docente esta condición de
sujeto que desarrolla un saber propio, su ser y su proceder proyectados en la
experiencia educativa son ámbitos de construcción de pensamiento pedagógico y
en esa medida los educandos recibirán una experiencia educativa motivadora. Quien gestiona la educación debiera interactuar con los docentes en estas
dos dimensiones y abrir sus posibilidades de desarrollo, con delicadeza y
firmeza, pues es obvio que el empobrecimiento de la profesión ha significado
apagar en ellos el fuego de sus convicciones pedagógicas. Se trata de ayudar a
que ese fuego se reavive. Para ello, entre otras consideraciones, la docencia necesita de autonomía
para ejercer su labor. Y es necesario precisar de dónde le viene esta condición
autónoma y qué compromisos le plantea. La autonomía del docente se funda en
la autonomía del estudiante que es el objetivo y el sentido del acto de educar.
La misión del maestro y de toda la escuela es que los niños y niñas
desarrollen su capacidad de autonomía, su sentido de libertad y responsabilidad
social (Hidalgo-Cuba 1999). Por ello, no es posible que el maestro implemente un
tratamiento autoritario orientado a que el principal aprendizaje de niños y niñas
sea obedecer o darles un tratamiento que los uniformice a todos sin considerar
sus procesos individuales y sus contextos particulares. Para un desempeño de
este tipo, el maestro requiere autonomía. Esto trasciende el rol de aplicador
de programas curriculares producidos por otros. Se trata, ahora, de asignar esa función productora de currículo a los
maestros de aula, haciendo del currículo nacional un marco orientador. Cumplir
esta función requiere superar la condición circunscrita del maestro respecto a
sus educandos y su práctica profesional. En este sentido, quienes gestionen la
educación local tendrán que tomar en cuenta la necesidad de desarrollar, entre
los docentes del territorio, un sentido y una práctica de comunidad
profesional. Pero hay que diferenciar comunidad profesional de agremiación o
cercanía amical. A la sociedad le interesa que sus educadores piensen y
desarrollen la pedagogía con la que educan a nuestros hijos. Forjar maestros que se asuman como sujetos de saber, que reflexionen su práctica,
que desarrollen pensamiento pedagógico, requiere inversión. Hay que invertir
en formación, en negociar una administración novedosa del tiempo de los
maestros, de los incentivos y del planeamiento del ejercicio docente de modo que
ellos dispongan de tiempo para actuaciones diferentes al dictado de clases. La ventaja de una perspectiva descentralizadora es que los docentes tendrán
que ser asumidos como autores y actores del proceso descentralizador y, desde
ese reconocimiento, es posible abrir el espacio necesario en la sociedad para
que las comunidades locales y los educadores establezcan políticas que hagan
posible el ejercicio docente que necesitamos para dar el gran salto en la
calidad de la educación. c. La institución escolar Ciertamente, los maestros no educan aisladamente, sino en el contexto de sus
instituciones educativas. Son éstas el espacio natural para el desarrollo de
las comunidades profesionales docentes. Comunidades que reflexionan e innovan
sobre práctica educativa pero que también configuran una forma de ser escuela.
Y es que el saber pedagógico no se limita a la reflexión sobre lo que hace el
maestro en su aula sino que involucra una concepción sobre la escuela y, por
tanto, una actuación del educador para dar forma a la institución escolar. Aquí nos reencontramos con el tema de la autonomía. En el marco de la
descentralización, "la autonomía y el mejoramiento de la escuela deben
concebirse como parte de la democratización del conjunto del Estado" (Iguiñiz
1998); esta autonomía escolar, entonces, no puede ser pensada como ajena a los
planes nacionales de desarrollo educativo; lo mismo ocurre con las posibles
administraciones locales. La escuela, en este sentido, debe ser vista como un nudo en la red de
instituciones que trabajan por el desarrollo de un territorio. Pero, como afirma
Iguiñiz, para que la escuela aporte al desarrollo social, es necesario que la
sociedad aporte al desarrollo de la escuela. La autonomía real es un requisito
indispensable, pero son necesarias, también, políticas que le permitan ser una
organización capaz de vincularse con las familias, con la comunidad, desde lo
educativo y no desde las carencias materiales. El director no tendría que ser
un émulo de Palma, de quien se dice, hizo de "mendigo" para llenar
los estantes de la Biblioteca Nacional. Nuestros hijos, incluidos los de los
alcaldes, no merecen directores que, aunque esforzados, no puedan dedicar su
mayor tiempo a la labor de conducción pedagógica. Para que la descentralización signifique un incremento en la calidad
educativa es necesario que se precise qué se va a hacer respecto a la situación
de las escuelas, antes de la descentralización o como parte de ella. En el caso español, recién desde 1999 la administración de la educación
está siendo transferida a las Autonomías de modo general, pues antes de ello
se dio prioridad a un proceso nacional de Reforma, de modo que lo que se
transfiere a las Autonomías son instituciones educativas y grupos profesionales
desarrollando ya los procesos de innovación y mejoramiento pedagógico y
organizativo de sus escuelas (Embid, 1999). ¿Qué escuelas recibirían los gobiernos locales?, ¿autónomas, con
procesos de innovación en marcha, con comunidades de docentes produciendo saber
pedagógico? De no ser así ¿qué orientaciones e instrumentos serán dados a
las escuelas y a los gobiernos locales para desarrollar a las instituciones
escolares? Es necesario que reflexionemos sobre el significado de la autonomía escolar.
Pensamos que la autonomía de la escuela se funda en la autonomía profesional
de la docencia. Se trata de la capacidad de decidir por sí mismos pero con un
criterio de responsabilidad social. Por ello, la autonomía docente sólo es
realizable en tanto la escuela sea una comunidad docente y la autonomía escolar
suponga que, desde su saber pedagógico y en un encuentro con el saber de las
familias y la comunidad, se dé forma a la escuela y se rinda cuenta de sus
logros. La escuela supone, desde la pedagogía crítica, una dinámica democrática.
En este sentido, existe una cierta trayectoria en el impulso dado a los Proyecto
Educativos Institucionales, aunque en gran medida éstos han sido tratados
burocráticamente, como una tarea más para directores y maestros, como un
documento que deben entregar en cierto plazo y que es evaluado (cuando esto
ocurre) con criterios de técnicos en planeamiento. Quienes asuman la gestión educativa local tienen que ver en los PEI un
proceso de maduración de las escuelas como comunidades donde el poder y el
conocimiento son compartidos y donde cada uno de sus actores puede encontrar un
espacio para su desarrollo personal y también una estrategia de creación de
comunidades profesionales docentes donde madura su identidad y donde se
empoderan respecto de su misión en las sociedades locales. d. La existencia de redes educativas a nivel del territorio El desarrollo educativo de un territorio exige una acción de los actores a
través de diversas estrategias que les permitan consensuar metas y políticas
comunes que orienten el trabajo educativo. Una experiencia en este sentido son
las redes de educadores, orientadas a la reflexión de la práctica pedagógica
y a la renovación de la escuela. En el caso peruano, existe una larga tradición
de equipos de reflexión docente que han significado, recientemente, propuestas
como los CAD (círculos de autoeducación docente) promovidos por instituciones
como el IPP. También encontramos que el MED ha hecho suya esta estrategia a
través de los GIA (grupos de ínter aprendizaje) y, en general, se ha
configurado la idea de grupos de maestros en procesos de ínter aprendizaje como
estrategia de desarrollo profesional e innovación de la práctica educativa. Ahora bien, es necesario volver en este punto sobre el sentido de estas
redes, pues no se trata de colocarlas en una lógica instrumental sino de
desarrollo pedagógico, fundado en la autonomía docente y no para
"implementar innovaciones" sino para desarrollar, desde los propios
maestros, un ejercicio profesional innovador. Constituyen una estrategia no para
el entrenamiento sino para lo que Martínez y Unda llaman "cualificación",
entendida ésta como "la puesta en marcha de procesos en los que participan
los maestros quienes a través de distintos proyectos –investigación,
innovación, experimentación, escritura, proyectos alternativos– se apropian
de su trabajo, lo documentan, lo piensan y se piensan a sí mismos en relación
con su oficio, con la sociedad, el conocimiento, la cultura." En este mismo
sentido, agregan "La condición fundamental de la cualificación, desde
esta perspectiva, es crear espacios de trabajo del maestro en relación con
aquellas problemáticas que le son propias, no aislándolo ni de su práctica ni
de su pensamiento sobre la misma, ni de las problematizaciones que le plantea el
ejercicio de la enseñanza". Otra experiencia es aquella orientada por el desarrollo de alianzas entre las
escuelas y las fuerzas vivas de un territorio para el mejoramiento educativo,
constituyendo agrupaciones de carácter intersectorial. En esta experiencia,
diversos sectores del Estado (salud, policía, escuelas, municipio) y de la
sociedad local (organizaciones y líderes sociales, iglesia) establecen acuerdos
para realizar acciones como diagnósticos educativos, identificación de
problemas y determinación de metas educativas en el territorio, así como para
el desarrollo de proyectos de mejoramiento educativo a nivel local. Fruto de
esta experiencia son, por ejemplo, los "mapas de la riqueza educativa"
elaborados participativamente en espacios educativos que involucran a estos
diversos actores y que posibilitan, en medio de las carencias, que se construyan
visiones compartidas sobre el desarrollo educativo y que se dé pie a
iniciativas (como los proyectos de mejoramiento educativo local) y al diálogo y
a la negociación cultural en el territorio. e. La negociación cultural ¿Cómo se determinan los fines, los contenidos y los procedimientos de la
actividad educativa?, ¿qué papel juegan los gobiernos locales, las
organizaciones, las familias? Habitualmente se piensa que éstos son temas
restringidos a los profesores, que son ellos quienes deben hacer tales
determinaciones, pues son propias de su especialización, y que la población no
posee los saberes para participar en este debate. Ya hemos visto, sin embargo,
que por un lado, los docentes no acceden realmente a estas determinaciones, por
lo cual es necesario revalorar su autonomía profesional para que ésta sea
ejercida con un criterio de responsabilidad social. Por ello, esta determinación
es una negociación cultural en la relación entre escuela, familias y
comunidad. Esta relación es sustantiva pues pone el énfasis en lo que se ha venido a
considerar la descentralización curricular, como forma de tornar la educación
que brindan las escuelas en educación pertinente a los intereses y necesidades
de las poblaciones. El grado de pertinencia de las experiencias de la escuela con el entorno
sociocultural da cuenta de la medida en que el proceso descentralizador ha
significado un encuentro entre los actores educativos locales. Quienes gestionen
la educación en el nivel local tienen que aprender a descubrir la existencia de
esta relación y a mensurarla, evidentemente, de acuerdo a la visión que se
tenga del desarrollo local. Vinculado a este encuentro entre actores locales, surge el concepto de
comunidad educadora, en la consideración de que es en la comunidad (como
experiencia de socialización y de conocimiento) que se forman las nuevas
generaciones. La idea de comunidad educadora, con o sin municipalización de la
educación, nos abre a la necesidad de que los gobiernos locales desarrollen políticas
culturales orientadas al conjunto de la población. Desde el gobierno local, el
desarrollo educativo está inmerso en la política cultural local. Para la
escuela y los educadores, tal política se convierte en un referente para
establecer un vínculo entre producción del curriculum y producción cultural
de la vida social de una localidad. 2.1) Entidades que apoyan la educación En un sector que atiende a un tercio de la población del país, la Cooperación
Internacional juega un papel importante aunque necesariamente limitado. Su
importancia destaca en especial cuando se dirige a situaciones específicas que
requieren un tratamiento particular. Durante la década se ha desarrollado un número muy amplio de proyectos y
programas con apoyo de la Cooperación Internacional. Entre otros, el Ministerio
de Educación cuenta con los siguientes proyectos auspiciados por Cooperación
Internacional: En el marco del Programa Principal de Educación de UNESCO que tiene como
objetivos principales la erradicación del analfabetismo, lograr una educación
general de entre 8 y 10 años para todos los niños en edad escolar; y mejorar
la calidad y la eficacia de los servicios de educación; el Perú ha participado
activamente de las redes conformadas para el logro de dichos objetivos. Estas
redes incluyen: PICPEMCE: red regional de innovación y cambio en la formación, el
perfeccionamiento y la capacitación de educadores. REDALF: red regional de capacitación de personal y apoyo específico a los
programas de alfabetización y educación de adultos. REPLAD: red regional para la capacitación, la innovación y la investigación
en los campos de la planificación y la administración de la educación básica
y de los programas de alfabetización. El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) ha brindado su apoyo
al desarrollo del sistema educativo peruano, mediante proyectos dirigidos al
Mejoramiento de la Calidad de la Educación Primaria; Mejoramiento de la Calidad
de la Educación Inicial, Secundaria y para el Trabajo; Asistencia a la
capacitación docente para la Educación Inicial escolarizada; y levantamiento
de información de plazas y personal del sector. Programa de Prevención Integral del uso indebido de drogas en Educación
Primaria y formación magisterial, con el apoyo del Programa de las Naciones
Unidas para la Fiscalización Internacional del uso de Drogas. Supone un
presupuesto de $ 4 123 574, con una participación de las UN de $891 036. El proyecto es ejecutado desde 1997 y ha de culminar el próximo año.
Adicionalmente, se viene desarrollando un proyecto de aplicación experimental
de este programa con financiamiento de la Unión Europea ($245 000 con una
contrapartida nacional de $66 043). Este mismo programa recibe una asistencia técnica no reembolsable de la
Embajada del Japón por $83 141. Apoyo al Programa Nacional de Educación Sexual por parte del Fondo de
Población de las Naciones Unidas con $ 1 799 936 y una contrapartida nacional
de $ 3 965 801. Con DANIDA/UNESCO se realiza un proyecto de integración de niños
discapacitados con $ 307 000 de cooperación y una contrapartida nacional de $ 1
263 000 para el período 1996-1999. Cabe mencionar que se trata de dar
continuidad al esfuerzo que, también con el apoyo de DANIDA/UNESCO se desarrolló
entre 1992 y 1994. El Programa de Cooperación UNICEF-Ministerio de Educación (1996-2000), en el que la agencia aporta canalizando fondos por 670 000 USD. Con UNICEF
los Ministerios de Salud y Educación realizan acciones integrales y con
participación comunal en comunidades cuya situación ha sido tipificada como
"de riesgo". Apoyo de la Cooperación Técnica Alemana (GTZ) para la producción de
materiales educativos con $ 145 967 para el período 1997-1999, destinados
principalmente a Educación Bilingüe. Asimismo, dicha cooperación apoya al programa de preparación de la reforma
de la formación docente con un aporte de 9 337 349 USD (provistos por
Kredi-lanstalt für Wiederaufbau) y una contrapartida nacional de $ 602 410. La Cooperación Suiza para el Desarrollo ha apoyado, entre 1995 y 1998, un
programa de educación ambiental en la formación docente con $ 68 000.
Asimismo, el Fondo Contra-Valor Perú-Suiza viene apoyando acciones entre 1997 y
el año 2000 dirigidas a dotar de bibliotecas escolares a los Centros Educativos
ubicados en zonas rurales o urbano-marginales. Esta cooperación representa un
monto de S/. 2 693 841. Con la Organización de Estados Americanos se tiene tres proyectos; el
primero es un módulo de Educación Inicial para sectores de atención
prioritaria desarrollado este año con un aporte de 33 504 USD; el segundo se
orienta al fortalecimiento técnico y la gestión organizacional para programas
de Educación Inicial y desarrollo infantil aún en definición; y el tercero
está vinculado al desarrollo de la capacitación en gestión de la educación
rural en zonas urbanas y rurales con un aporte de $ 35 000. Se celebró un convenio con la Agencia Española de Cooperación
Internacional, mediante el cual se ha ejecutado acciones de formación de
recursos humanos en ciencia y tecnología, conservación de fuentes de energía,
formación de maestros bilingües y de promoción de la cooperación
universitaria. Entre 1996 y 1998 representó $ 14 400 000. Programa de Asistencia Alimentaria a niños pre-escolares y de Educación
Primaria en áreas rurales con un apoyo del programa Mundial de Alimentos de las
Naciones Unidas de $ 16 938 125 y un aporte nacional de S/. 11 584 439. A fines de 1997 se celebró un convenio con la Unión Europea mediante el
cual, ésta realizó un aporte de S/. 9 000 000 para Educación Rural. Un
convenio similar para 1999 contempla un aporte de S/. 11 000 000. A fines de
1998 se estableció, por tres años, el Proyecto de Fortalecimiento de
Capacidades del Ministerio de Educación. Este proyecto se financia con un
aporte de 926 000 libras esterlinas del Department for International Development
del Reino Unido y cuenta con el apoyo de la University of Birmingham y The
British Council. El proyecto está dirigido a fortalecer las capacidades de la
sede central del Ministerio de Educación. A lo anterior habría que agregar el conjunto de acciones de Cooperación
Internacional que se desarrollan a través de las actividades de las
Organizaciones no Gubernamentales y otros actores civiles. Participación del
Sector Privado Durante la década se decidió promover la participación del Sector Privado
en la educación. Con este fin se ha ampliado los márgenes de acción que los
agentes privados tenían de modo que la formación y conducción de los Centros
Educativos estén más ajustadas a sus expectativas. En ese contexto es importante mencionar la dación de la "Ley de promoción
de la inversión en educación" (Decreto Legislativo 882) como marco jurídico
de dicho accionar. El resultado ha sido que entre 1993 y 1998 el número de Centros Educativos
privados se ha incrementado de modo importante en el país. En el nivel primario
dicho incremento llega al 46,82%, mientras que en secundaria alcanza el 51,97%,
frente a incrementos nacionales totales de 11,18 y 23,04% respectivamente. Ahora bien, estos incrementos en el número de Centros Educativos se han
traducido en incrementos diferenciados en la matrícula. Mientras la matrícula
privada en primaria creció en 20,15%, en secundaria sólo lo hizo en 9,24%,
mientras que los incrementos nacionales fueron de 5,90 y 15,44% respectivamente. Asimismo, se cuenta con evidencia que la calidad del servicio que brindan es
muy variable. Por otra parte, cabe mencionar que el Ministerio de Educación ha celebrado
convenios con un conjunto importante de empresas privadas que le permiten contar
con el apoyo de éstas para el desarrollo de sus actividades. La Organización Panamericana de la Salud viene promoviendo en la Región el
presente programa que articula tres intervenciones fundamentales: Se describe a continuación cada una de estas intervenciones. Ambiente escolar saludable El ambiente escolar saludable está constituido por el conjunto de espacios
que responden a las necesidades de desarrollo afectivo/ intelectual del niño.
Éstos son: el aula o espacio para el pensamiento; las áreas de recreación
para las actividades lúdicas; el espacio para la reflexión o biblioteca; el
espacio para la higiene o núcleo higiénico para resolver sus necesidades
fisiológicas; el espacio de creación para las actividades artísticas; el
espacio para la nutrición o comedor; y la enfermería o botiquín como espacio
para la salud. De estos espacios, el que nos ocupa en este estudio, es el núcleo o módulo
de higiene, donde el niño no sólo resolverá sus necesidades orgánicas, sino
que hará efectivos los conocimientos impartidos sobre prácticas adecuadas de
higiene para una buena salud. Es ahí donde el niño satisfacerá sus
necesidades de agua "segura"; de limpieza e higiene corporal; de
disposición sanitaria de sus excretas y de otros desechos útiles calificados
tradicionalmente como "basura" y practicará principios de
tratamiento, disposición final y de reciclaje para ayudar a mantener el
equilibrio del ecosistema. A partir de esta experiencia cotidiana, el niño va a entender que
protegiendo el medio ambiente, previene enfermarse de diarrea u otras
enfermedades asociadas al saneamiento y por tanto podrá convertirse en promotor
de la salud y la higiene en su comunidad. En suma, el ambiente escolar saludable será capaz de proveer al niño las
condiciones esenciales para garantizar su salud física, intelectual y social. Educación en higiene Implica innovar la currícula para hacer posible que
los niños reciban una "educación para la vida". Incluye el
desarrollo de destrezas laborales vinculadas a la protección y manejo ordenado
del ambiente, así como también el aprendizaje de oficios para el mejoramiento
de las instalaciones sanitarias (albañilería, plomería). Se busca integrar
las acciones de salud e higiene con proyectos productivos que den
sustentabilidad al Programa de Salud y Saneamiento Escolar, haciendo que la
gestión de estas actividades sea efectuada por la comunidad escolar. La innovación curricular traerá como consecuencia el desarrollo de
materiales educativos con contenidos temáticos en salud y ambiente, dirigidos a
docentes y alumnos. Estos contenidos tratados de manera progresiva, según los
niveles educativos, mejorarán su competencia y permitirán ejercitarla en el
aula, escuela, casa y comunidad mediante la aplicación de técnicas activas de
aprender/ haciendo. Gestión de la comunidad escolar En la administración del Programa de Salud
y Saneamiento Escolar, se involucra a todos los agentes responsables de su
desarrollo (autoridades, docentes, padres de familia y organizaciones de apoyo),
considerando al niño como pionero del cambio. De esta manera, se amplía el
espacio de participación a todos los estamentos que toman decisiones sobre la
situación de ambiente y salud en la escuela; se definen sus roles y se
fortalecen los comités desde el nivel de aula hasta el global de la escuela. La
comunidad escolar es la responsable de promover el saneamiento y desarrollar
proyectos productivos que den sustentabilidad al Programa. Con ello lograremos tanto mejorar las instalaciones sanitarias como hacerlas
operativas. Asimismo, será posible desarrollar materiales educativos y
fortalecer programas de capacitación en agua, saneamiento y salud; en técnicas
de construcción y mantenimiento de servicios; y en administración de proyectos
para la gestión del programa de saneamiento escolar. Paquete educativo "La escuela y nosotros promotores de higiene y
salud" Este paquete educativo integra los aspectos antes señalados y
articula el Programa de Salud y Saneamiento Escolar. A continuación definimos
sus objetivos, audiencia, propuesta curricular y contenidos. Definición El paquete educativo es un material de enseñanza para docentes y
escolares de los centros educativos de Lima y Callao. Contiene las Guías para
el Profesor y las Guías para el Estudiante destinadas a los siguientes niveles:
I: inicial y primer grado de primaria; II: segundo a tercer grado de primaria;
III: cuarto a sexto grado de primaria; y IV: primer a tercer año de secundaria.
El Ministerio de Educación, conjuntamente con los especialistas y los docentes
definirán el grado específico en el cual se aplican. Tanto las Guías del Profesor como las del Estudiante contienen 14 temas
distribuidos así: cinco sobre manejo del agua, siete sobre saneamiento
ambiental y dos sobre ambiente social. Objetivo El objetivo del paquete educativo es convertir a la escuela y a los
escolares en promotores del cuidado del agua y del ambiente de sus comunidades. Contenidos El paquete desarrolla los contenidos en cuatro módulos: uno por
nivel educativo. Cada módulo tiene sendas guías, una para el docente y otra
para el estudiante o participante. En ambas guías se desarrollan los siguientes temas de manera secuencial. La Guía del Profesor incluye los contenidos teóricos y las técnicas o
procesos educativos que deben convertirse en acciones (prácticas o actitudes)
de higiene o de salud en el aula y escuela (actividades intramurales); y en el
hogar y comunidad (actividades extramurales). Cada tema de la Guía del Profesor incluye las siguientes partes: Nombre del tema.- La redacción de los títulos ayuda a que los niños
internalicen y hagan suyos los conceptos para convertirlos en acciones
concretas. Objetivos.- Competencias que se desean alcanzar al fin de la sesión
educativa. Contenido.- Información teórica básica para orientar la sesión educativa.
Actividades sugeridas.- A nivel de aula, escuela, casa o comunidad para
convertir en acción la información técnica recibida. Idea fuerza.- Lema motivador que sintetiza los conocimientos adquiridos. Materiales.- Ayuda al docente a organizar los materiales básicos que debe
tener a su disposición para la ejecución de las técnicas que aplicará en la
sesión educativa. Indicadores de evaluación.- Identifica los logros que deben ser alcanzados
al final de cada sesión educativa y las actividades que deben cumplirse al
interior del aula, en la escuela, casa o comunidad. La Guía del Estudiante contiene los mismos temas que presenta la Guía del
Profesor. Reúne 56 cuentos premiados en el concurso promovido en 1994 por
OMS/OPS/CEPIS/Ministerio de Educación/SEDAPAL. Desarrolla un tema que fue señalado
en el reglamento del concurso. La variedad de temas cubre los objetivos de
instrucción previstos para cada sesión educativa. En tal sentido, el concurso
no fue abierto, sino sujeto a condiciones en cuanto al argumento y la trama que
debía contener. Pedagógicamente se considera que el cuento es una técnica
efectiva para provocar la evocación de situaciones análogas en la vida
cotidiana del niño y, por tanto, resulta fácil de extrapolar a conductas,
actitudes y prácticas que constituyen excelentes modelos de mejoramiento de
calidad de la salud e higiene. Se sugiere al docente iniciar la sesión educativa con la narración del
cuento como elemento motivador para promocionar acciones concretas relacionadas
con el tema tratado. A la lectura del cuento, le sigue una dinámica de
preguntas que genera discusión, reflexión, conclusión y acción. Finalizada esta sesión, la guía del docente le sugiere a éste el uso de técnicas
complementarias en las que puede apoyarse para reforzar las conclusiones. El
orden y el número de temas tratados pueden ser alterados por el docente, de
acuerdo con las necesidades educativas y el tiempo disponible. Lo importante es
lograr que al final de cada sesión educativa, la participación de los alumnos
se concrete en acciones que mejoren el saneamiento escolar, familiar o
comunitario. Con el Programa de Salud y Saneamiento Escolar, la Organización Panamericana
de la Salud y el CEPIS están logrando: Fortalecer el Convenio de Cooperación Ministerio de Educación/ Ministerio
de Salud para el desarrollo de 14 ejes temáticos sobre salud y saneamiento
dentro de la currícula escolar en los niveles preescolar, primario y
secundario. Organizar una "mesa de trabajo" con la participación de
instituciones públicas, privadas y de la cooperación internacional que están
trabajando aspectos de salud y saneamiento escolar en el Perú, a fin de
intercambiar experiencias y fortalecer técnicamente la elaboración de
proyectos y propuestas en torno al programa. Convertir en directivas ministeriales de cumplimiento obligatorio, el
adiestramiento a adiestradores en el uso del paquete educativo y su aplicación
en las escuelas dentro de un proyecto piloto experimental para Lima y Callao. Capacitar a 40 adiestradores de adiestradores del Ministerio de Educación,
quienes a su vez capacitarán a 1,360 docentes de 340 planteles educativos de
Lima y Callao. Esto permitirá la aplicación del paquete a 54,400 niños. Conjuntamente con los Ministerios de Salud y Educación, definir la
continuidad del monitoreo del proceso de aplicación del paquete y su evaluación. En conjunto con estos Ministerios, elaborar un proyecto para adaptar este
paquete educativo a las realidades culturales de la costa, sierra y selva
peruanas, a fin de contar con materiales que respondan a las necesidades
locales. Proponer a la cooperación internacional un proyecto para extender esta
experiencia educativa a cuatro países de la Región de América Latina y el
Caribe. 2.2) Dificultades que enfrenta El Perú es un país en donde 48% de los habitantes tiene menos de 19 años;
68% son niños y 32% son adolescentes. De mantenerse esta tendencia para el año
2000 el Perú tendrá 11 millones de menores de edad. La encuesta de niveles de
vida en 1991 detectó que 54% de la población vive en condiciones de pobreza y
22% en situación de pobreza extrema. De 8.5 millones menores de 14 años, 43% son mujeres. De cada diez menores, 6
viven en zonas urbanas y 4 en zonas marginales. Sólo 46% de estos niños vive
en hogares con necesidades básicas satisfechas, lo que explica sus bajos
niveles de salud, nutrición, higiene y educación. En cuanto a salud, 25% de la mortalidad del país corresponde a enfermedades
infecciosas que afectan mayormente a la población infantil. La tasa de
mortalidad de menores de 5 años es 70/1000. La instrucción de las madres
incide positivamente en la reducción de la mortalidad. Mientras 102 de cada mil
hijos de madres analfabetas mueren antes del primer año de vida, el número
disminuye a 21 cuando las madres tienen instrucción superior. Entre las principales causas de morbilidad infantil están las enfermedades
del aparato respiratorio (48.6%) y las infecciosas y parasitarias (21.6%). La
desnutrición crónica afecta a 48% de los estudiantes (6 a 9 años) del primer
grado. En el área rural la prevalencia es de 64%. Estos problemas de salud y nutrición aparecen asociados a condiciones
inadecuadas de saneamiento ambiental. En el Perú sólo 78% de la población
urbana y 22% de la rural tienen acceso a servicios de agua incluyendo los de fácil
acceso pero en ambos casos, no siempre se garantiza su calidad. Además, sólo
71% en el área urbana y 17% del sector rural cuentan con sistemas de disposición
de excretas, aunque no siempre sanitarios, manteniendo una práctica
generalizada de fecalismo al aire libre. Por otro lado, la degradación del ambiente está provocando la muerte de
muchos niños. Los países con sectores agrícolas frágiles, suelos erosionados
y agua contaminada, soportan los índices más altos de desnutrición infantil.
La contaminación atmosférica que incide en la propagación de infecciones
respiratorias causa la muerte de más de 4.2 millones de menores de 5 años en
los países en desarrollo. Los productos químicos tóxicos, los metales pesados, las radiaciones y
sustancias nocivas causan más daño a la población infantil que a la adulta,
por ejemplo, los efectos nocivos del plomo comprenden convulsiones, alteraciones
de la conducta, retraso mental, irritabilidad, problemas de coordinación y
falta de destreza, situaciones que inciden en el desenvolvimiento escolar del niño. El censo de 1993 indicó que sólo 80% de los niños en edad escolar se
matricula en la escuela y de éstos sólo 60% completa cuatro grados iniciales
de primaria; sólo 5.6 de cada 10 termina la primaria. En la secundaria sólo se
matricula 44% de los jóvenes (12 a 16 años) que completan su primaria. Aunque se estima que en promedio la población alcanza 6 grados de
escolaridad, o sea primaria completa, el tiempo para completarla es mayor que
seis años. Por ejemplo, en el segmento menores de 12 años, a esa edad sólo han
completado tres grados de escolaridad. El censo identificó además a 520 mil niños de 6 a 9 años que no sabían
leer ni escribir, los que constituyen 24% del total de este grupo. Esta cifra
revela que en el Perú hay un retraso en la iniciación de la vida escolar, lo
que sumado a la alta tasa de alumnos que repiten el año académico (1 de cada 3
en el primer grado y 1 de cada 5 en el segundo grado) hace que se requieran
nueve años para completar la instrucción primaria. En resumen sólo 56% de los
niños que iniciaron la primaria en las edades de 6 a 12 años, la concluyen. La menor valoración cultural de la niña afecta el índice de analfabetismo
femenino. Mientras que en el grupo etáreo de 15 a 17, 3% de los varones son
analfabetos, en el grupo de mujeres alcanza a 5%. Se estima que 65% de los
adolescentes analfabetos son mujeres. En el Perú, 1 de cada 14 niños y adolescentes son trabajadores; la relación
es más alta en el sector rural. Generalmente laboran en el sector de servicios,
realizando faenas peligrosas o en oficios con remuneraciones muy por debajo del
salario mínimo legal. Los problemas del ambiente social de los niños hacen que en el Perú 69% del
grupo de 10 a 14 años haya caído en el consumo de bebidas alcohólicas y que 7
de cada mil hayan fumado marihuana. La situación antes expuesta, demuestra claramente las difíciles
condiciones en que se desarrolla la vida de los niños y jóvenes en el Perú.
Sin embargo, por las penosas condiciones de la familia peruana y a pesar de las
limitaciones que ofrece la escuela, ésta sigue siendo en nuestro concepto el
mejor medio de implementar un programa para mejorar la situación de salud y
saneamiento. Además, los niños y adolescentes son los mejores promotores
para el cambio de actitudes y para difundir prácticas responsables frente a la
salud, el saneamiento y el cuidado del ambiente. En la sociedad peruana, la escuela es la institución más
importante que contribuye a la formación y desarrollo del niño. Es la que
ofrece cobertura y continuidad para el logro de una propuesta integrada de salud
ligada a la educación. Además, como institución estatal está en capacidad de
ofrecer "atención integral al niño". Es también el espacio donde niños y jóvenes pueden recibir
atención a sus enfermedades y una educación en salud orientada a la prevención
y a la promoción de una mejor calidad de vida individual y colectiva. La escuela y el docente pueden contribuir a la diversificación
curricular e incluir los temas de salud y saneamiento como condición sine qua
non de la "educación para la vida". Como hemos podido apreciar también las motivaciones en los
países latinoamericanos para iniciar y desarrollar estos procesos han sido básicamente
dos: a) de orden político (desde el propósito de excluir actores hasta, por el
contrario, el propiciar una mayor participación de la población involucrada) y
b) de orden económico, en la búsqueda de eficiencia y/o ahorro fiscal. En términos
generales, ciertamente, no podemos concluir señalando que en estos países hay
procesos de descentralización educativa efectivamente consolidados. No
obstante, nos queda claro que las experiencias donde hay ciertos avances son
aquellas donde hay un mayor involucramiento de la población, tanto en la
formulación de la propuesta como en el control de la ejecución del proyecto. Finalmente, diremos que en cualquier caso no podemos adoptar
un modelo extranjero en forma automática, acaso tratando de manera equivocada
de ahorrarnos esfuerzos. Antes bien, se deben promover debates técnicos en los
que se evalúe rigurosamente cómo, a quiénes, en qué momento y bajo que
modalidades se puede transferir la educación desde el gobierno central. Este
puede y debe ser uno de los desafíos más importantes para los gobiernos
locales, así como para las comunidades educativas. Nuestro país requiere revalorar una tradición
descentralista para la práctica social y las formas en que se configura la
gobernabilidad del país que, naturalmente, ha tenido algunos avances y grandes
retrocesos. Se trata de un proceso sociocultural y político en el que la
educación ocupa un lugar significativo. Ocho millones de estudiantes pasan en la escuela un tercio de
su vida. A pesar de su deficiente calidad, la gratuidad y obligatoriedad de los
seis años de instrucción primaria han permitido al Perú tener la tasa más
alta de matrícula escolar entre los países de América Latina. En cuanto a la
educación preescolar, 51% de los niños del área urbana asiste a un
parvulario, lo que hace interesante introducir tempranamente un programa de
aprestamiento en conocimientos, hábitos y prácticas de salud e higiene. Es el docente quien transmite conocimientos, inculca hábitos,
prácticas, valores sobre el cuidado de la salud y del ambiente. Puede modificar
conceptos erróneos sobre el cuidado de la salud y actuar sobre prácticas
tradicionales perjudiciales a la salud o al ambiente. El maestro con sus alumnos
puede generar proyectos productivos que le den sustentabilidad al programa de
saneamiento escolar. Además en la escuela confluyen autoridades, profesores,
alumnos y padres de familia. La escuela, como parte de la comunidad, se
relaciona con los que viven a su alrededor y en este sentido es una entidad
abierta a actividades extracurriculares para extender los principios que
inculca. Trabajando desde la escuela, trabajamos para la comunidad.
Capacitando al docente y a los niños en la promoción de la salud, formamos
agentes de cambio y de desarrollo e incidimos en la disminución de
enfermedades, preparando a toda una generación para una vida de calidad y
contribuyendo al desarrollo de toda la comunidad. Es oportuno recordar que sólo
50% de los docentes han sido capacitados en la currícula tradicional, faltando
entonces mucho por hacer. Según un estudio del Banco Mundial, la inversión en educación
tiene un rendimiento más alto que la inversión en capital físico. Cuatro años
de enseñanza primaria suelen incrementar la productividad agrícola en un
promedio superior a 10%. Finalmente, el costo de trabajar en salud y saneamiento
escolar es más bajo que hacerlo en todas y cada una de las familias de los
escolares. Además, en la escuela podemos articular actividades educativas con
actividades de inversión para el mejoramiento de la infraestructura sanitaria
escolar. De esta manera, los niños tendrían un medio ambiente
limpio, seguro y saludable donde podrían practicar los conocimientos de higiene
y adaptarse a formas sanitarias de resolver sus necesidades vitales y de
exigirlas de otros ambientes, tales como el hogar. No basta con enseñar o dar información al niño sobre
buenas actitudes y prácticas de higiene, sino que es indispensable mejorar las
instalaciones sanitarias de la escuela para que puedan constatar la información
o conocimiento impartidos. De esta manera, enseñamos y ofrecemos al niño otras
razones para luchar y cambiar y garantizamos la defensa de su derecho a exigir
un ambiente limpio en la escuela. Además de provocar cambios en el ambiente físico de la
escuela para una mejor higiene, podemos integrar a nuestra propuesta un programa
curricular en salud y ambiente que corresponda a las necesidades e intereses de
los alumnos y diseñar materiales que apoyen la actividad del docente y de
aprendizaje del niño. Tal propuesta incluirá la organización de microempresas
y su gestión por la escuela y la comunidad escolar (padres, docentes,
autoridades, alumnos y organizaciones vinculadas) Es válido destacar que sólo 50% de los niños de nuestras
escuelas cuentan con textos escolares tradicionales. Por tanto, falta mucho por
hacer en cuanto a generación de materiales en salud y saneamiento que
involucren a los actores comprometidos en el desarrollo del niño. Proponemos un modelo de escuela capaz de convertir a los
escolares en promotores de la salud y de la higiene, partiendo desde el aula y
el plantel educativo para proyectarse luego hacia la casa y la comunidad. Para ello, este arquetipo de escuela debe contar con docentes
capacitados en salud y saneamiento que desarrollen procesos de enseñanza/aprendizaje/práctica
de vida, en forma permanente y sistemática. ¿Por qué los niños son agentes efectivos de cambio? Los niños y adolescentes por su vitalidad, creatividad,
disponibilidad mental, falta de prejuicios, capacidad para entender la
interdependencia de los distintos problemas, su preocupación por el ambiente,
su liderazgo y por su distanciamiento frente a lo tradicional, están en mejor
capacidad para convertirse en agentes del cambio. A través de la madre, la familia y su entorno, a temprana
edad los niños aprenden valores, principios y normas de conducta que elevan su
conciencia y crean el espíritu ético de su comportamiento sensibilizándolos más
hacia la naturaleza. Desde los 9 a 10 años los niños son capaces de apreciar la
interacción entre las personas y la naturaleza. Aprenden a reconocer los
problemas que acarrea la contaminación de las aguas y de la atmósfera; la
inadecuada disposición de los residuos líquidos, sólidos (basuras) y de las
excretas; los vertidos de petróleo, de residuos radioactivos y de sustancias
peligrosas; los daños que ocasionan los pesticidas y emisiones de monóxido de
carbono; los cambios climáticos; el desgaste de la capa de ozono y la lluvia ácida;
la pérdida de diversidad biológica, etc. Consideramos que enseñar conductas positivas en torno a la
relación salud y ambiente (físico y social), produce en esta edad, efectos a
largo plazo capaces de cambiar la tendencia de protección del medio como
requisito para preservar la vida. Sólo mediante la educación se entenderá cabalmente que la
salud ambiental es precondición de la salud individual y colectiva. Dicho de
otra manera, los estudiantes internalizarán la relación que existe entre las
buenas condiciones de agua, aire, suelo y alimentos, y la erradicación de
enfermedades asociadas a problemas ambientales que son la principal causa de
morbimortalidad infantil en nuestros países. Finalmente, considerar al niño y adolescente como agentes
pioneros para estos cambios, conducirá al fortalecimiento de las organizaciones
que los representen, validará sus derechos a una mejor calidad de vida,
controlará las frustraciones a las que están expuestos y vigorizará sus
sentimientos de valoración y autoestima, permitiéndoles acceso a información
adecuada sobre sus derechos, su sexualidad, su identidad y diversidad de género.
Se considera de vital importancia que el país desarrolle un, hasta ahora
pendiente, esfuerzo integral para abordar el tema docente. Este esfuerzo
requiere levantar muchos supuestos y revisar global y responsablemente el tema. Son varias las preguntas eje que se han
identificado: ¿cuáles deben ser los requisitos para ingresar a la carrera
docente? Es la pregunta que debe ser tenida en cuenta para que tanto el Estado
como los agentes privados actúen sobre los programas de formación docente; ¿es
la formación en pedagogía un requisito deseable?, ¿cuáles deben ser los
requisitos para mantenerse en la carrera docente? Es decir qué desempeño debe
esperarse, evaluarse y exigirse y, consiguientemente, ¿cuál es la remuneración que ese
desempeño demanda? El abordaje de estos temas demanda de una amplia y
responsable participación de todos los actores implicados; en especial de la
comunidad a la que los docentes prestan servicios. en el Perú la certificación para ejercer la enseñanza es
el título profesional expedido por una institución de educación superior
(Universidad o Instituto Superior Pedagógico) y no existe una medición específica
de las calificaciones y competencias que efectivamente tiene el docente. Sin embargo, es importante anotar que un número creciente de
los docentes en servicio ha logrado dicho título en los últimos años pasando
de alrededor de la mitad del total en 1993 a más de dos tercios en 1998. Asimismo, cabe mencionar que los docentes que no poseen el título
pedagógico no necesariamente carecen de formación profesional. Así, entre éstos
tenemos profesionales de otras área de formación y un número importante de
egresados de estudios pedagógicos que aún no han optado el título profesional
correspondiente. En los últimos años se ha fortalecido la presencia de
docentes titulados en pedagogía en el servicio mediante la realización de
concursos nacionales de puestos estables que tienen a la titulación profesional
en pedagogía como uno de sus requisitos. Por último, pero no de menor importancia, cabe anotar que la
remuneración docente ha experimentado un proceso de deterioro muy importante
desde la segunda mitad de los años 70 hasta 1990. Al inicio de la década, el
ajuste estructural también provocó un deterioro adicional de dicha remuneración,
aunque desde 1993 se observa una tendencia sostenida hacia su recuperación. Por su parte, el indicador sobre la relación
docentes-alumnos muestra una leve tendencia hacia la disminución que se inició
hace aproximadamente dos décadas. Esta disminución debería hacer posible un seguimiento más
personalizado del proceso de construcción de aprendizajes de cada estudiante. Ahora bien, el indicador tal y como ha sido calculado
presenta ciertos límites. Si lo que interesa conocer es a cuántos niños debe atender
un profesor en cada sesión de trabajo en el entendido que éste es un factor
explicativo de los aprendizajes, este valor promedio sólo tiene sentido en el
caso de Centros Educativos que atienden con un solo docente más de un grado
(unidocentes o multigrado); en los demás casos (especialmente en la
Secundaria), resulta más claro estimar el número de estudiantes que componen
un grupo de trabajo o sección. Así, hemos estimado que la carga docente real se encuentra
alrededor de los 30 estudiantes tanto en Educación Primaria como Secundaria.
Veamos, la siguiente información que muestra lo que venimos afirmando. Es opinión general que el desempeño del sistema, expresado
como el logro de los estudiantes, es explicable a partir de un conjunto muy
amplio de factores. Sin embargo, aquellos vinculados al entorno familiar y a la
labor del docente son percibidos como centrales. Se debe proponer un modelo de escuela capaz de
convertir a los escolares en promotores de la salud y de la higiene, partiendo
desde el aula y el plantel educativo para proyectarse luego hacia la casa y la
comunidad. Para ello, este arquetipo de escuela debe contar con docentes
capacitados en salud y saneamiento que desarrollen procesos de enseñanza/aprendizaje/práctica
de vida, en forma permanente y sistemática. Enseñar conductas positivas en torno a la relación salud y
ambiente (físico y social), produce en los niños, efectos a largo plazo
capaces de cambiar la tendencia de protección del medio como requisito para
preservar la vida. Sólo mediante la educación se entenderá cabalmente que la
salud ambiental es recondición de la salud individual y colectiva. Dicho de
otra manera, los estudiantes internalizarán la relación que existe entre las
buenas condiciones de agua, aire, suelo y alimentos, y la erradicación de
enfermedades asociadas a problemas ambientales que son la principal causa de
morbimortalidad infantil en nuestros países. A mis padres por todo el apoyo que me brindan. Trabajo realizado por: Publicación enviada por Gladys Amelia Vértiz Salazar Contactar mailto:vidsiet@hotmail.com Código ISPN de la Publicación EpZZVppZFpbPVaKCYK Publicado Sunday 22 de February de 2004 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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