Monografias | Replanteando el paradigma: Otra mirada a los muralistas mexicanosReplanteando el paradigma: Otra mirada a los muralistas mexicanosResumen: Desde un punto de vista foráneo, el arte latinoamericano ha transitado caminos tangenciales con relación al discurso del arte occidental en su conjunto. Ya sea porque ha sido considerado un arte secundario, derivado de los movimientos estéticos europeos, o porque se han ignorado sus alcances y aportes a la narrativa del arte universal cuando sus expresiones no han encontrado un referente en los centros de poder, el arte latinoamericano ha quedado prisionero de una paradoja. Desde un punto de vista foráneo, el arte
latinoamericano ha transitado caminos tangenciales con relación al discurso
del arte occidental en su conjunto. Ya sea porque ha
sido considerado un arte secundario, derivado de los
movimientos estéticos europeos, o porque se han ignorado sus alcances y
aportes a la narrativa del arte universal cuando sus
expresiones no han encontrado un referente en los centros de poder, el arte
latinoamericano ha quedado prisionero de una paradoja. En nuestra
opinión, esta categorización del arte latinoamericano
ha servido como una eficaz herramienta de marginación del mismo, muchas veces
instrumentada, tal vez inadvertidamente, desde sus mismas entrañas, como en el
caso de algunas corrientes de la crítica de origen interno.1 La
historiografía eurocéntrica dominante, que ha sido empleada para el análisis
del arte latinoamericano, ha oscurecido su verdadera
contribución en el arte mundial, tanto dentro de
los límites del modernismo como fuera de ellos. Es importante recuperar
los escritos de los artistas involucrados, sobre todo aquellos en los cuales éstos
se autodefinieron, ya que han sido dejados de lado por el paradigma oficial.
De los muchos movimientos estéticos provenientes de Latinoamérica nos
concentraremos en el muralismo mexicano. Empezaremos por discutir
brevemente el papel de los muralistas en la narrativa modernista y continuaremos
con el análisis de su rol clave en la definición del arte
público en la era moderna. Los
compendios de arte moderno no incluyen en sus páginas
a las Bellas Artes latinoamericanas, ni siquiera en el caso de sus figuras
prominentes.2 Por otra parte, las compilaciones de la historia del arte
latinoamericano tienden a tratar a éste desde un punto de vista
europeizante, sin cuestionar la validez del mismo ni tratar de ubicarlo dentro
de un contexto histórico de mayor amplitud.3 Como resultado de estas
categorizaciones vagas y parciales, como es el concepto de vanguardia, se deja
al arte latinoamericano en un estado de carencia teórica.
Sullivan, en su libro "Arte latinoamericano del
siglo XX" representa un claro ejemplo de esta perspectiva. En su
introducción este volumen promete vanamente trazar las raíces del modernismo
en América latina, y decimos vanamente porque en su desarrollo se limita a una
mera enumeración de los movimientos artísticos, su secuencia y desarrollo en
nuestro continente. Habiendo arribado al siglo XXI sentimos que ha llegado
el momento de construir puentes para reivindicar la posición del arte
latinoamericano dentro del discurso del arte
moderno y contemporáneo internacional. Para llevar a cabo esta empresa,
por lo menos en lo que concierne al importante movimiento muralista, es
necesario tener en cuenta el trabajo de autodefinición realizado por los mismos
artistas, que incluye su manifiesto, sus relatos autobiográficos, cartas y
otros escritos. Queremos resaltar particularmente la extensa labor
realizada por Siqueiros a este respecto. El
muralismo mexicano es conocido, en términos de su contenido, por la crítica al
colonialismo, su adherencia a la revolución mexicana y su compromiso de exponer
el maltrato y la explotación de las clases más desprovistas, en particular del
proletariado de amplia base indígena. En términos formales, es
importante remarcar su contribución al perfeccionamiento de las técnicas
utilizadas en los frescos del Renacimiento, adaptándolas para soportar
diferencias climáticas y exposición a la intemperie, como así también,
usando lo más nuevo de las tecnologías disponibles para sus murales
interiores. Los muralistas utilizaron la temática indígena y europea
para procrear una nueva síntesis histórica y estética americana. En
este sentido ellos fueron más allá de los límites de la narrativa tradicional
creando así un momento histórico que contiene en sí mismo pasado, presente y
futuro y que se sintetiza en una experiencia de tiempo simultáneo frente al
espectador.4 El muralismo intenta mejorar la sociedad trayendo a luz la
problemática social y proponiendo soluciones acordes a través de la creación
de un movimiento artístico original diseñado para alcanzar y educar a una
vasta mayoría de la población. En el manifiesto escrito para el
Sindicato de Pintores y Escultores, Siqueiros define los objetivos del
movimiento de la siguiente manera: "Socializar el arte.
Destruir el individualismo burgués. Repudiar la pintura de caballete y
cualquier otro arte salido de los círculos
ultraintelectuales y aristocráticos. Producir solamente obras
monumentales que fueran de dominio público... Producir belleza que sugiera la
lucha e impulse a ella."5 Aquí cabe mencionar la valiosa contribución
del Doctor Atl, quien en gran medida instigó a la realización de este
movimiento a fines del siglo anterior. Muchos
de los movimientos europeos incuestionablemente "modernos" fueron
grandes proponentes de esta filosofía, sus miembros escribieron manifiestos y
llevaron un estilo de vida centrado en sus profundas convicciones políticas y
sociales. Podemos utilizar a los fauves como ejemplo para quienes la
esencia de su obra residía en el mensaje, la temática y el contenido, y
quienes buscaron volver a una existencia preindustrial, cercana a la naturaleza.
También cabe mencionar en este punto al movimiento expresionista alemán Der
Brucke cuyo proyecto ideológico se basó en la evolución del hombre dentro de
la sociedad para alcanzar un futuro mejor. Sus sentimientos en contra de
la burguesía los impulsaron a retratar los horrores de la ciudad y su
consiguiente alienación, utilizando el formato narrativo. La artista
alemana Kollwitz, perteneciente al movimiento social realista, volcó sus
esfuerzos a la producción en masa y a la divulgación a través de la litografía. Estos
ejemplos llevan a cuestionar la validez de la posición tomada por algunos críticos
de la escuela de Greenberg quienes continúan aseverando que la búsqueda de la
nacionalidad y de la identidad cultural y la expresión político ideológica
“separan al muralismo del modernismo ya que tales tendencias estuvieron
generalmente ausentes en el arte europeo del mismo
período”.6 Más adelante, Lucy Smith llega a la conclusión de que el
triunfo del muralismo suprimió el avance del modernismo en Latinoamérica.7
Concordamos con Piper,8 en que las raíces esenciales y tradicionales del
modernismo fueron obliteradas por la popularidad del formalismo Greenberiano en
los años cincuenta y por el concepto del "arte
por el arte". Como latinoamericanos no
nos podemos olvidar de que el modernismo se origina con Rubén Darío, un poeta
comprometido con la soberanía y el cambio social. Al decir de Craven, el
modernismo de Darío trata los temas de "el antiimperialismo y la armonía
racial en concierto con el multiculturalismo".9 El modernismo entró en
Europa a través de Barcelona con la llegada de Darío, quien interactuó con
Picasso y Rivera, entre otros intelectuales de la época. Esto pone en
evidencia que el modernismo no tuvo al formalismo como su base original, sino
que tiene sus raíces en un contexto histórico más heterogéneo hasta ahora no
debidamente reconocido. Nos parece conveniente utilizar una definición más
amplia e inclusiva de modernismo. Stokstad, por ejemplo, caracteriza al
modernismo como el surgimiento de trabajos artísticos entre 1880 y 1939 que
constituye "una proliferación de estilos y movimientos artísticos
diferentes" y que abarca "varias tendencias muchas veces
contradictorias".10 Ella describe al modernismo como un término
controvertido, sin definición oficial ni referente temporal, sino meramente
como un conjunto de elecciones estéticas caracterizadas predominantemente por
sus “rápidas y radicales innovaciones estilísticas".11 La
influencia de los muralistas mexicanos se extiende más allá de Latinoamérica,
a través del Atlántico y llega a tocar a aquellos artistas que fueron llamados
“genios”.12 La apropiación de ideas artísticas establece un flujo
desde la “periferia” hacia el “centro”, como dijo Siqueiros:
"Lo transcendental es que en Guernica y en Sueño y Mentira de Franco,
Pablo Picasso, el mejor pintor de las "corrientes modernas de París",
el maestro de la metrópoli intelectual del mundo próximo pasado, toca,
indubitablemente, el umbral de nuestro movimiento de arte
social, de nuestro movimiento moderno de arte político...Guernica
(3.45 metros de alto por 7.45 de ancho) es una primera obra de intención mural
y su primera obra de función política concreta, su primera obra de cuerpo físico
público con tema y contenido políticos".13 Los muralistas
demostraron que en la raíz de su conciencia artística había una profunda
convicción político social firmemente enclavada en su tiempo. Su
discurso legitima y reafirma su trabajo,14 como parte integral de la tradición
occidental, aún en un aspecto aparentemente contradictorio como lo es el
concepto del artista como genio, idea que data del Iluminismo: ¡Sus más
conspicuos representantes son paradigmáticos de este concepto! Siqueiros define al muralismo mexicano como
" el primer impulso artístico latinoamericano
no colonial, no dependiente, que no es un reflejo mecánico profesional del arte
francés en boga..."15 Esta es una definición modernista en que se
autodefine un agente creador, quien entiende lo que sucede en su entorno, lo
absorbe y lo modifica para crear uno o más elementos originales que luego
formarán, a su vez, parte del vocabulario estético internacional, o sea que
fusiona ciertos elementos tradicionales con elementos formales en boga para
crear un producto novedoso. En
definitiva, las discusiones cambiantes sobre la definición del modernismo han
dejado un espacio abierto que da lugar a una base teórica amplia que acoge al
muralismo mexicano ya que éste fue creativo, original, innovador y firmemente
enraizado en la sociedad de donde surgió. Los muralistas, como herederos del
Renacimiento, fueron indudablemente modernistas.16 La
iniciativa que da lugar al arte social nace como
parte de la interacción entre algunos artistas, la comunidad y el estado, el
cual actúa como auspiciante oficial. Esta dinámica sentó las bases del arte
público como se conoce en la actualidad, por lo que es legítimo aseverar que
el mismo sería una más de las fructíferas ramificaciones del muralismo. Si
nos basamos en los escritos de los muralistas podemos decir que éstos
revivieron e insertaron al arte público en la era
moderna después de siglos de haber permanecido en estado latente, ya que el arte
había estado al servicio exclusivo de las clases aristocráticas por largo
tiempo. Siqueiros llamaba a la organización de un "movimiento a
favor del arte público, que dió (sic) vida por
primera vez en varios siglos a un nuevo tipo de artista civil, a un nuevo
artista ciudadano."17 Y continúa "el nuevo tipo de
artista social que forzosamente debía corresponder a una nueva manera de
producción funcional social pública en el arte".18
Mediante su extensa producción artística, tanto visual como escrita, los
muralistas crearon un cuerpo teórico que sustenta al arte
público. Evaluaron sus implicaciones a corto y a largo plazo, invitaron a
participar del diálogo a las comunidades pertinentes y experimentaron, no solo
con el aspecto técnico, sino que también tuvieron en cuenta la ubicación de
sus obras para brindar mayor acceso. De esta preocupación se deduce que,
según los muralistas, el arte público debe ser un arte
creado para un sitio específico. Siqueiros
publica en 1950 una revista intitulada Arte Público,
en la cual participa al cuerpo estudiantil y demás miembros de la comunidad
sobre el planeamiento de nuevos murales para la Ciudad Universitaria. De
esta manera se provee a los habitantes y usuarios de los espacios públicos de
los medios necesarios para que participen activamente en la elección de los
aspectos estéticos de su entorno. Cincuenta años después del manifiesto
muralista muchos historiadores todavía definen al arte
público dentro del mismo paradigma, el cual requiere "...saber quien es el
público y cual es su definición de cultura y criticar las relaciones forjadas
entre los artistas públicos, sus patrocinadores y sus respectivas audiencias,
para indagar como la cultura puede desarrollarse en un marco democrático y
multicultural."19 Dadas estas pautas, el arte público
tiene la capacidad extraordinaria de "alentar al público a expresar su
propia voz, su poderío, dentro del espacio que es de dominio público".20 En
suma, el desarrollo artístico de Latinoamérica debe ser no sólo analizado
paralelamente sino también dentro de los cánones del arte
mundial, en vez de verse como subsidiario del arte
occidental centrado en Europa y posteriormente en los Estados Unidos.
Aunque no cabe dentro de esta monografía explorar
la siguiente posibilidad, puede ser que convenga dejar de lado las categorías
impuestas por la crítica de las vanguardias europeas y estadounidenses y
permitir que los desarrollos artísticos de nuestro continente formen su propia
historiografía independiente. Por otra parte, no nos podemos olvidar de
que el término modernismo no se origina en Europa, como ha sido divulgado e
internalizado, sino que lo hace en Latinoamérica. En resumidas cuentas,
no podemos negar la contribución latinoamericana al arte
mundial y más aún debemos integrarla dentro de aquellos análisis que se basen
puramente en el paradigma europeo. En el
futuro parecería apropiado concebir a toda producción artística y cultural
como transnacional y global, y descentralizar el análisis de las artes tanto
desde el punto de vista de las escuelas como del de los estilos, incluyendo una
perspectiva inserta en las diferencias culturales.21 Sería atinado
mencionar el libro "Conceptualismo Global: Puntos de Partida,
1950-1980" como un ejemplo de este acercamiento que enfatiza las corrientes
de desarrollo del arte conceptual desde diferentes
lugares del planeta. Escobar, al tratar la época posmoderna, se refiere a
la "aculturación" como un elemento que “complejiza la idea de tránsito
intercultural entendiendo sus trámites como movimientos interactivos y
multifocales que producen no sólo hechos de imposición sino diversos fenómenos
de sincretismo, apropiación y renovación.”22 Bajo la relectura precedente
del rol de los muralistas mexicanos, parecería que el concepto de
transcultulturación sería válido para hacer un análisis de la época
moderna. De esta manera el escenario del análisis de producción cultural
se desarrolla multidireccionalmente ya que debido a la influencia de los viajes
y los intercambios facilitados, las culturas se interconectan tejiendo una red
de apropiaciones. Agradecemos a la Lic. Diana Capasso, a Arturo
Fuentes, al Dr. George Rivera y al departamento de Bellas artes de la
Universidad de Colorado en Boulder por el apoyo brindado a lo largo de esta
investigación. Publicación enviada por Ariadna Capasso, Jessie Friedman, María Patricia Tinajero-Baker Contactar www.business2art.com/muralismo.rtf Código ISPN de la Publicación EpZZyZpkAlTFCuPdBm Publicado Tuesday 24 de February de 2004 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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