Monografias | Simon Rodriguez pensador para AmericaSimon Rodriguez pensador para AmericaResumen: Simón Bolívar llamó a Simón Rodríguez "El Sócrates de Caracas" y "filósofo cosmopolita". No se extrañará, pues, el Lector de que un filósofo por vocación y profesión se haya sentido aludido, conmovido y animado a estudiar la personalidad y obras del Maestro del Libertador que tales epítetos le dió. Se
honra el Gobierno Nacional presentando en las Ediciones de la Presidencia de
la República esta preciosa obra de nuestro renombrado filósofo Juan David
García Bacca, sobre el más preclaro de los filósofos de Venezuela: Simón
Rodríguez. La
feliz circunstancia de celebrarse en 1978 el sesquicentenario de la publicación
inicial de Simón Rodríguez -"Pródromo" para "Sociedades
Americanas en 1828 ", editado en Arequipa— acrece el valor de este
homenaje de la Patria a tan ilustre hijo. No fue Rodríguez solamente el
Maestro del Libertador; escribió, además, diversos libros en que dejó
retratada su alma sabia y única. Allí luce su pensamiento de inigualada
profundidad, novedoso en su forma, erudito sin ostentación y ante todo
formulador de originales doctrinas sobre las disciplinas políticas
primordiales, educación, economía, ciencias del hombre. Resalta su perfil
revolucionario y su aspiración de cubrir y servir, de modo global, a nuestra
brava América. En su tiempo fue el pensador de mayor creatividad; por su
rebeldía, un orientador de segura clarividencia. Sus teorías educativas
apenas si comienzan a aplicarse en buena parte hoy. Su poder de anticipación
llevóle, en varías rutas, a insospechables distancias y al drama de los
precursores: ser incomprendido. Fue el primero en preconizar que después de
la Independencia política había que realizar la independencia económica.
Sus textos —los que se salvaron de circunstancias adversas— han sido
compilados en dos volúmenes de unas mil páginas en total, por la Universidad
que en Caracas lleva su nombre con especial dignidad. Conocido
mundialmente por la calidad de sus obras y por su notable proyección docente,
García Bacca titula con exactitud este libro: "Simón Rodríguez,
pensador para América". Queda, así, definido el gran Maestro caraqueño,
porque fue sobre todo un adalid del pensamiento, pero con destino, en su empeño,
su ilusión y sus ideas, a toda nuestra América, cuya libertad cultural
buscaba con vigoroso tesón y ahínco. Un
tríptico forma este libro del filósofo: "Simón Rodríguez —Sócrates";
"Simón Rodríguez, filósofo cosmopolita— Diógenes"; y "Simón
Rodríguez, el hombre más extraordinario del mundo". Ya antes como
antecedente prestigioso y válido. García Bacca había publicado en Caracas,
en 1954, su célebre "Antología del Pensamiento Filosófico Venezolano
en los siglos XVII y XVIII", en la cual dedica una parte extensa a Andrés
Bello y su "Filosofía del Entendimiento". El análisis que hace
ahora de Simón Rodríguez es no sólo de raíz muy honda, sino además de
entidad definitivamente consagratoria. La sabiduría del reputado profesor en
muchos volúmenes suyos, deja señaladas, en tersas páginas el inmenso valor
de aquel Maestro para quien "La ignorancia es la causa de todos los males
que el hombre hace y hace a otros", y "La Filosofía está donde
quiera que se piensa sin prevención, y consiste en conocer las cosas para
reglar nuestra conducta con ellas, según sus propiedades". Simón
Rodríguez sirve a Venezuela y a la causa de la integración americana con sus
verdades y su genio sin paralelo. El se hermana e identifica con los auténticamente
grandes venezolanos en esa dimensión continental de su ámbito. En su esencia
el genuino pensamiento de Venezuela es integracionista y americano. El mensaje
de Rodríguez es terminante: "Las Repúblicas nacientes de la India
Occidental sean amigas, si quieren ser libres... Ha llegado el tiempo de
entenderse con palabras". Recordar
que hace 150 años salió a luz el primer fruto sobresaliente de su
inteligencia inmortal —excelente prueba del amor de Venezuela a la unidad
americana— es un acontecimiento que a todos nos llena de júbilo. El estudio
de García Bacca corresponde como pocos a esa eminente evocación, fiesta de
orgullo patrio y de justicia incuestionable.
J.
L. Salcedo-Bastardo
Miraflores, 10 de mayo de 1978 ADVERTENCIAS 1) Para
esta obra se ha empleado la edición de "Obras completas de Simón Rodríguez",
en dos tomos, patrocinada por la Universidad Simón Rodríguez,
Caracas, Venezuela, 1975. Tomo I, 521 páginas; tomo II, 550 pág. Además
se hace en esta obra amplio uso de "Biografía de Simón Rodríguez,
Maestro de América", por el Profesor Alfonso Rumazo González,
edición patrocinada también por la Universidad Simón Rodríguez,
1976, 312 páginas. Para
citar brevemente la primera obra se emplearán las siglas O.C. Para la
segunda, las BSR. La
Página, tales páginas, ascienden así
desde el nivel del impreso comente a la originalidad de una partitura
musical: notas de diversa duración, ocupando algunas compases enteros, en vacío
o silencio de otras, a oír solas o acompañadas, con indicaciones de ritmo,
énfasis. La Página, algunas páginas, cual constelaciones astronómicas.
Con estrellas de primera, segunda magnitud y luminosidad...: soles, planetas,
satélites. Aquí en la Página, los tipos de letras y su disposición
presentan constelaciones de conceptos, su orden, su distribución de
valores. La página:
partitura - constelación. En
la edición "Obras Completas" puede el lector ver y admirar
la función educativa y estética de la Página, tal cual la concibió
e hizo imprimir Simón Rodríguez. Por razones comprensibles,
esta edición emplea los recursos tipográficos corrientes actualmente.
Simón Bolívar llamó a Simón Rodríguez "El Sócrates de Caracas"
y "filósofo cosmopolita". (O.C. T. 1, pg. 81; BSR, pg. 131, 191).
No se extrañará, pues, el Lector de que un filósofo por vocación y profesión
se haya sentido aludido, conmovido y animado a estudiar la personalidad y
obras del Maestro del Libertador que tales epítetos le dió.
Añádase que en la carta del 19 de Enero de 1824, Simón Bolívar, con el título
ganado y afirmado ya de Libertador —respuesta a la de Simón Rodríguez—
comience diciendo: "Oh mi Maestro"; y prosiga "Sin duda es
usted el hombre más extraordinario del mundo" (O. C. T. 1, pg.69).
¿Qué filósofo y hombre no envidiara a Simón Rodríguez por tales elogios,
y por venir de quien venían?
¿Qué hizo Simón Rodríguez para merecerlos, y merecerlos ante una persona
que comenzó por ser discípulo suyo y que se hallaba ya en el cenit de una
carrera histórica tan esplendorosa que ocultaba su nombre de pila bajo el que
le dieron Naciones, y le dan aún Naciones e individuos: "El
Libertador"?
¿Qué hizo, en concreto, Simón Rodríguez para merecer ser llamado "Sócrates",
"filósofo cosmopolita" y "el hombre más extraordinario del
mundo"? La
presente obra se divide natural e imperativamente en tres capítulos:
Capítulo primero: Simón
Rodríguez: Sócrates. Capítulo segundo: Simón
Rodríguez: filósofo cosmopolita. Capítulo tercero: Simón
Rodríguez: el Hombre más extraordinario del mundo.
Y tomando nosotros en serio, como lo hizo el Libertador, la palabra de
"Maestro", ¿qué lecciones podemos y debemos aprender de un Maestro
que fue en unidad de persona Sócrates, filósofo cosmopolita y el hombre más
extraordinario del mundo? Simón
Bolívar —El Libertador— lo llama mi Maestro, con esa palabra de mío
que es, en uno, expresión de cariño, de respeto y de propiedad privada, de
una de las poquísimas cosas que como propiedad privada Simón Bolívar
conservó durante toda su vida.
El Autor de esta obra intenta que Autor y Lectores podamos, al final de ella,
llamar a Simón Rodríguez nuestro Maestro.
J. D. G. B.
Caracas, 25-V-77. CAPITULO
PRIMERO Simón Rodríguez. Sócrates
En carta del 20 de Mayo de 1825, Bolívar, refiriéndose a los años, ya
remotos, de su estadía en París, dice: "Ciertamente que no aprendí la
filosofía de Aristóteles... pero he estudiado a Locke, Condillac, D'
Alembert, Helvetius... todos los clásicos de la Antigüedad, así filósofos...".
Que tal estudio le fue aconsejado y dirigido por su Maestro, es deducción bien
fundada que hace el Prof. A. Rumazo (O.C. T.l, pg.5; BSR pg.71).
Bolívar no aprendió la filosofía de Aristóteles, ni Simón Rodríguez debió
poner especial interés en enseñársela y hacerle estudiar sus obras, — ni
aun su "Política".
Pero, al estudiar Bolívar cualquier clásico de la antigüedad: clásico filósofo,
como Platón, historiador y un poco chismógrafo cual Diógenes Laercio, Bolívar
debió sentirse impresionado por la semejanza, desde física, entre Sócrates,
el maestro de Platón, y Simón Rodríguez, su maestro en Caracas. Mas ni
Platón ni Aristóteles... ni Plutarco, ni Voltaire, ni Locke. . . merecieron,
de parte de Bolívar, lo de mi Platón, mi Locke...
¿En que se parecían Sócrates de Atenas y Sócrates de Caracas? Tanto
tanto se parecían a los ojos de Bolívar que son una frase mi
Maestro y mi Sócrates. Sócrates de mi Caracas: mi Sócrates.
Sócrates de Atenas fue el hombre más extraordinario de Atenas y aun del
mundo pasado y futuro. "Extraordinario" se dice en griego
“atopótatos"; y es el calificativo que el joven Fedro —inmortalizado
por Platón en el diálogo que lleva su nombre— da a Sócrates
("Fedro" 230 c). Sócrates, por su parte, trata a Fedro no de
joven sino de "jovencito" (de neanía, 257 c). Debía
pues, tener Fedro más o menos la edad de Bolívar.
Fedro, por las fechas de diálogo (416 a. c.
) Bolívar hacia el 1804, Fedro, Bolívar, unos 21 años. París, la llamada
a veces y por los tiempos de Bolívar, merecidamente, la Atenas de Europa.
Atenas de Sócrates, Fedro, Platón: la Atenas de la Grecia clásica.
Sócrates y Fedro en paseo extramuros de Atenas.
Bolívar y Rodríguez de seguro saldrían a pasear frecuentemente
extramuros de la Atenas de Europa.
Tema del diálogo entre Sócrates y Fedro: el de la Belleza y la Retórica.
Durante la estancia común en Europa, Rodríguez y Bolívar "empezaron a
entrar a la casa de hospedaje de Bolívar los libros que éste no había leído
y que tenía que conocer, estudiar y asimilar; el consejero, el
presionante, era Robinson, ¿qué otro podía orientarle? Pasados los años,
Bolívar le escribía a Santander lo que había captado en aquella estada en París
(BSR, pg. 70-71)." Ciertamente —dice Bolívar— que no aprendí la
filosofía de Aristóteles... mas sí los clásicos de la antigüedad, así filósofos
como..."(O.C. T.1, pg.51-52).
Temas de conversación entre Rodríguez (Robinson) y Bolívar, no los conocemos
documentalmente. Mas no se lee, estudia y asimila filósofos, clásicos de la
antigüedad sin "captarlos", como dice Bolívar a Santander. Leer,
estudiar, asimilar, captar, y no hablar de lo leído, estudiado, asimilado y
captado resulta irreprimible en todos y más entre jóvenes: Rodríguez
de 33 años, Bolívar de 21. Maestro aquél y discípulo éste, aunque
Rodríguez diga "aseguro que fui discípulo pues por adivinación él sabía
más que yo por meditación y estudio”. (Simón Rodríguez, Escritos sobre su
vida y obra, pg. 187, T. 1, pg. 56).
El colombiano Uribe Ángel quien conoció a Rodríguez, en Quito, de ya
setenta y nueve años (1850) lo describía así: "Sin ser muy alto de
cuerpo, tenía aspecto atlético; sus espaldas eran anchas y su pecho
desenvuelto; sus facciones angulosas eran protuberantes; su mirada y su
risa un tanto socarrona: ¡el volteriano esencial. Mira de frente; emplea
incluso el desplante. No pide sino por hambre o miseria; ni se queja, más bien
sonríe; ni se muestra nunca sentimental. En sus obras no hay referencia alguna
a las mujeres. Parece hombre frío, aunque enérgicamente apasionado por
sus ideas; su orgullo manteníale erguido aun en las mayores pobrezas. No
tolera que se le contradiga en sus opiniones; discute, refuta, apabulla con
argumentos, pero como varón culto que es, respeta el criterio de los demás;
tolera sin ceder, sonríe a veces con mordacidad. Ni enfático, ni obseso, sábese
muy seguro de sí" (BSR, pg. 55-56). "Aunque nacido en humilde
esfera" —atestigua O' Leary— "tenía alma orgullosa" (BSR,
pg. 56, O.C. T.1, pg 47). Tal es
el Sócrates de Caracas; mi Sócrates, del Libertador. El Sócrates
de Atenas:
Teodoro el matemático viejo dice a Sócrates —en el diálogo
"Teeteto"— que Teeteto, joven discípulo suyo en matemáticas, no es
bello; y que se parece a él, a Sócrates, en fealdad: nariz chata, ojos
saltones. Sócrates se felicita por poderse ver a sí mismo en otro, cara a
cara. ("Teeteto", 143 c, 144 d). Y se felicita Sócrates
de disputar con dos matemáticos las entonces nacientes matemáticas, y discutir
sus pretensiones de ciencia; los apabulla con argumentos, a veces mordaces,
culto siempre y respetuoso para con los viejos: Teodoro, Protágoras.
En el elogio que de Sócrates hace Alcibíades en el "Banquete" nos lo
describe cual de robusta arrogancia —¿de alcatraz?: brenthyos— mirada
torva, forzudo; (221 b).
Ante la indecisión de Sócrates de criticar un discurso acerca del amor,
compuesto por el famoso orador Tisias, improvisando él, Sócrates, otro y
contrario, cual se lo exige Fedro, recuérdale Fedro: "fuertes somos los
dos; mas yo lo soy más que tú; que soy más joven; estamos solos y en
desierto; sabes bien lo que quiero decir; no llevemos las cosas por violencia;
improvisa de buena gana" (236 c).
Critica Sócrates ferozmente a Lisias y a todo tipo de la usual oratoria. No
cede. Contra la oratoria exhibicionista, populachera o erudita, pública o
privada, enfrenta Sócrates su oratoria dialéctica: la que él, Sócrates,
estaba estrenando e inaugurando en Atenas. En esto no cede: disputa, refuta,
apabulla. Tolera sin ceder. El Sócrates de Caracas
es el "volteriano esencial" (Uribe l.c.).
Una de las acusaciones contra Sócrates —tal como consta en su Apología: la
defensa oficial y pública que él mismo hace ante sus jueces-— fue la
que se hace a todos los filosofantes: "no creer en los dioses en que
cree la Ciudad" (Apol. 23 d). "Extravagantes en sumo grado eran
las ideas religiosas de Rodríguez, en pugna completa con la fe
cristiana"; (0'Leary, Memorias, T. 1, pg. 5-6; Cf. BSR, pg. 43).
Condenado a muerte el Sócrates de Atenas propone a sus jueces —lo que
estaba permitido por la ley— qué otras penas podrían sustituir a ella,
y que pudiera pagar él en compensación aunque no se merece pena alguna.
Entre ellas ¿pagar una cierta suma de plata? A sus setenta años,
confiesa Sócrates (38 b) no disponer sino de una mina ("mina"
de plata: moneda de valor aproximado a medio kilo de plata). ¡Tal
insignificancia para compensar la significación decisiva, imponderable e
incalculable de la pena de muerte! Sócrates no quiso aceptar la notable
suma que sus amigos ofrecían, cual garantes. Murió
pobre, en prisión pública.
El Sócrates de Caracas murió en Amotape (Perú) en una "destartalada
habitación" (BSR, pg. 90) que es, en realidad de verdad, y llegada la hora
de la verdad, el tipo de prisión de los pobres de por vida cual Rodríguez:
"Créame usted, —escribe el Libertador a Cayetano Rodríguez, hermano de
Simón— querido amigo; su hermano de usted es el mejor hombre del mundo, pero
es un filósofo cosmopolita; no tiene patria ni hogares ni familia ni nada. Este
dinero jamás lo ha poseído hasta ahora porque es tan desinteresado que ni
quiere ni pide
"Simón Rodríguez no le escribió a su esposa: dejó que hablara únicamente
Bolívar. A veces parece que en este educador hubiese muerto la mayoría de los
sentimientos, por dejar vigente sólo la razón. Se le ve duro, hasta
inflexible" (BSR. pg. 131).
Sócrates de Atenas, en su prisión y en el día último de su vida, unas horas
antes de beber la cicuta, se despide de Jantipa su mujer que, llevándole el
hijo menor, había acudido a despedirse de él. "A las maldiciones y
palabras en que profiere Jantipa al ver entrar a los amigos de Sócrates",
—ya la conocemos cómo es, dicen los amigos— "Sócrates dice nada más:
"Critón, acompáñala a casa". ("Fedón", 60 a).
Y Sócrates dedica las últimas horas de su vida a dialogar con sus amigos sobre
la vida, la muerte, la inmortalidad, el otro mundo. . .en diálogo inmortal,
inmortal él, consuelo inmortal también para los moribundos de todos los siglos
futuros que se propongan morir lúcida, tranquila, dignamente, —desconsuélense
quienes se desconsolaren—: mujeres, hijos, curas...
"Don Simón tan luego lo vio" (al cura Don Santiago Sánchez) "se
incorporó en la cama; hizo que el cura se acomodase en la única silla que había,
y comenzó a hablar algo así como una disertación materialista".
"Era yo (Camilo Gómez amigo de José Rodríguez hijo de Simón) muy
joven y no comprendía el alcance de lo que decía Simón. Sólo recuerdo que
manifestaba al cura que no tenía más religión que la que había jurado en el
Monte Sacro con su discípulo" (BSR, pg. 89).
"A las doce de la noche —aquel 28 definitivo— comenzó la agonía; a
intervalos exclamaba "¡Ay, mi alma!". Expiró, y permaneció cerca
del cadáver hasta la madrugada (Camilo Gómez) (BSR. pg. 90).
"En esta destartalada habitación no hay, esa media noche del 28 de Febrero
de 1854, sino un cadáver, un acompañante que llora —Camilo Gómez ha llegado
al llanto— y dos cajones con manuscritos y libros" (A. Rumazo; BSR, pg.
90).
Cadáver del Sócrates de
Caracas
Ultimas palabras del Sócrates de Atenas, a su amigo Critón: 'Debemos a
Esculapio un gallo; no os descuidéis de pagarle tal deuda". Junto a él
quedó un diálogo: un libro inmortal, el "Fedón". Quedó, entonces,
de manuscrito copiado, vuelto a copiar. . . por siglos, hasta que se lo imprima
cual libro en el Renacimiento. E impreso ya desde el Renacimiento se lo
reimprima, vuelva a reimprimir, y así; ¿hasta cuándo? ¿Hasta los
siglos de los siglos?
Cerremos este punto de comparación, de igualdad de comportamiento en vida y en
muerte, entre el Sócrates de Atenas y el Sócrates de Caracas. Bolívar
va teniendo, y reteniendo, razón al llamarlo así. Simón
Rodríguez en traje de etiqueta. (Museo de la Academia Militar de Quito) Pintado
hacia 1850
El Sócrates de Atenas, consta documentalmente, iba casi siempre descalzo
y sencillamente vestido ("Fedro", 229 a); mas para asistir al
Banquete que el joven dramaturgo Agatón organizó para celebrar su
triunfo escénico, Sócrates, invitado, acudió "bien bañado y calzado
de sandalias, cosa que raramente hacía. E interrogado a dónde iba tan
bellamente arreglado, respondió: me acicalo así para ir bello a casa de
un bello" (Banquete, 174 a).
Sabía el Sócrates de Atenas distinguir casos, lugares y tiempos. Traje
"de diario" para estar en gimnasios, campaña militar, visita a
amigos, disputas con sofistas, diálogos en plaza pública, coloquio con jóvenes
sencillos e inteligentes, cual Fedro y Teeteto, o aristócratas inteligentes,
pretenciosos y ricos, cual Alcibíades, discusiones con generales, cual Laques,
a cuyas órdenes luchó cual soldado raso. Es el Sócrates "de
diario". En traje griego corriente.
(La tradición lo representa, entre otras, en estatua conservada en el
British Musaeum. A base de una fotografía sacada
de ella por Anderson, el artista Nicolás Delgado presenta aquí al Sócrates
"de diario").
Del Sócrates de Caracas, maestro de escuela primaria, cajista de imprenta en
Baltimore, profesor de lenguas en Francia, Italia, Alemania, Rusia, Polonia,
Inglaterra, y vuelto a América, en Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia se ha
conservado un retrato de Simón Rodríguez vestido "de diario":
cómodo, sencillo. (Retratado por su discípulo A. Guerrero, en Latacunga,
Ecuador, hacia 1850. Copia realizada por N. Delgado, Cortesía de A. Boulton).
El Sócrates de Atenas y el Sócrates de Caracas son modelos de sencillez,
popular en vestimenta para trabajos, sencillos también y populares. Cada uno en
su época.
Mas el Sócrates de Caracas, cual el de Atenas, sabían cuándo y cómo vestirse
de etiqueta. El de Atenas, "túnica solemne, bien bañado, calzado de
sandalias" es el mismo que el "de diario". Ahora "bello para
ir a donde un bello". (A base de la estatua fotografiada por
Anderson).
Del Sócrates de Caracas se conserva un retrato en la Academia Militar de Quito,
vestido de etiqueta. Tenía setenta años. El Sócrates de Atenas, acicalado
para el famoso Banquete contaba unos cuarenta y cuatro.
Del Sócrates de Caracas se conserva un retrato en la Academia Militar de Quito,
vestido de etiqueta. Tenía setenta años. El Sócrates de Atenas, acicalado
para el famoso Banquete contaba unos cuarenta y cuatro. Sócrates
vestido para el famoso “Banquete” de Platón, Dibujo de Nicolás
Delgado. Sócrates:
estatua conservada en el Brítish Museum. Fotografía Anderson. Dibujo
de Nicolás Delgado. CAPITULO
SEGUNDO Simón
Rodríguez. Filósofo cosmopolita. Diógenes
En Simón Rodríguez vio el Libertador, además del Sócrates, el filósofo
cosmopolita (O.C. T. 1, pg. 81; BSR. pg. 131-191).
Del Sócrates de Atenas consta documentalmente que nunca salió de
Atenas sino por obligaciones de servicio militar, y éstas reducidas
al Atica. No fue cosmopolita en sentido geográfico estricto. Otros
cual Solón, Tales, Platón. . . visitaron algunas partes del entonces
conocido cosmos: Egipto, Asia Menor, Sicilia, la Magna
Grecia...; fueron cosmopolitas reales por viajeros o peregrinos;
fueron espectadores del mundo en cuanto "teatro", que eso
significaba su palabra "teatro": espectáculo, y peregrinación
se decía "teoría". Teatro y teoría la misma palabra en raíz.
Salir a ver, cual Solón y Tales, viajar para ver todo cual espectáculo
para espectadores; mas no viajar para tomar parte en el espectáculo.
Nada de vivir cosmopolíticamente cual ciudadanos del universo. El filósofo
comenzó por ser y definirse como "amigo de mirar".
Literalmente "filotheamón": amigo de contemplar el mundo y
todas las cosas cual espectáculo teatral (theatron, theamón, theoría,
teatro). Así define Platón al filósofo en el diálogo "República"
(476 a, b). El filósofo es cosmopolita espectador; no, ciudadano del
mundo.
Ni la palabra cosmopolita ni la frase "filósofo
cosmopolita" son clásicas griegas.
Polis, Politeía, Polites, Política son inventos griegos de vida
colectiva. Ciudad (Polis), ciudadanos (Polites), Régimen
ciudadano político (Politeia): Arte-ciencia de gobernar Ciudadanos
(Política) y virtudes humanas necesarias para sentirse los hombres
ser y vivir cual ciudadanos, todo ello, dicho condensadamente, es
invento griego.
En rigor según tal criterio, los bárbaros, los demás hombres, no
tienen Ciudades —por grandes que, cual Babilonia, sean sus
aglomeraciones humanas y pétreas— ni sus hombres son ciudadanos,
sino vasallos, súbditos o siervos; ni hay Regímenes políticos, sino
Tiranía o Realeza Absoluta. El Gran Rey es el modelo. Sus gobernantes
no gobiernan según Ciencia-Arte, sino según "orden y
mando".
El Sócrates de Atenas fue ciudadano de Atenas y dio los mejores,
más espectaculares y edificantes ejemplos, de virtudes ciudadanas.
Que no saliera de Atenas, para él la Ciudad por excelencia, fue
natural secuela de su carácter ciudadano. No fue, por obligación
de conciencia ciudadana, filósofo cosmopolita. Fue el Sócrates
de Atenas; de Atenas, nada más.
El Sócrates de Caracas fue realmente filósofo cosmopolita.
Cosmopolita geográficamente, por de pronto: Jamaica, Estados
Unidos, Francia, Suiza, Austria, Polonia, Rusia, Italia, Prusia,
Inglaterra (BSR, pg. 55-95); y en América, Venezuela, Colombia,
Ecuador, Perú, Chile, Bolivia. Y no de espectador curioso, sino
de conviviente en vida, lengua, magisterio, penurias, goces,
acontecimientos históricos en muchas de tales Naciones; mas de
ciudadano en otras, sobre todo y ante todo en la Gran Colombia.
26 años de cosmopolitismo real fuera de América.
El Sócrates de Caracas fue, además, cosmopolita lingüísticamente.
"En la población de Azángaro, en la ruta de Oruro a Arequipa,
Rodríguez hace alto; necesita ganar algún dinero para proseguir;
quizás se quedó unos meses. Allí fue visitado por un viajero francés
Paúl Marcoy quien dejó en su obra "La Tierra y sus
habitantes" (T. II, pg. 391) el siguiente relato:.. «al
darle (a Simón Rodríguez quien le invitó a cenar) las gracias por
su bondad contestóme con acento afectuoso en mi lengua natal:
—Sois francés, según veo y hasta aseguraría que de la parte
meridional.
—Sí, le contesté con la sorpresa que se comprenderá fácilmente,
pero también vos sois francés.
Lo mismo que inglés, alemán, italiano o portugués, aunque hablo
estas lenguas tan correctamente como la vuestra, sin contar todos los
dialectos que de ellas dependen y que me son igualmente familiares.
Miré con asombro de pies a cabeza al singular "polígloto"»
(BSR, pg. 171).
El Sócrates de Caracas era, real y asombrosamente, polígloto. Cosmopolita
por polígloto.
El Sócrates de Atenas no habló más que una lengua —y esa
realmente perfecta, y tal vez la más perfecta que haya existido. La
habló, la estudió, la perfeccionó, la meditó filosóficamente
y la cultivó Sócrates hasta en su forma poética. Puso en
verso fábulas de Esopo obedeciendo a inspiración divina, revelada en
ensueños. Así lo confesó en el diálogo final de su vida: el
Fedón (60 c, d).
Rodríguez conoció y dominó el latín y de él lo aprendió Bolívar
(BSR, pg. 8) de quien «el general Tomás Cipriano de Mosquera dice
en sus Memorias que "los Comentarios" de Julio César y los
"Anales" de Tácito eran lectura constante de Bolívar»
(BSR, pg. 71).
Rodríguez tradujo del francés al español. ATALA o Los
Amores de Dos
Salvajes en el
desierto (O.C. T.
II, pg. 433-499).
Lo que Chateaubriand pudo escribir y escribió en el párrafo final de
Atala, guiado solamente por su imaginación poética y con el colorido
y calor de su inspiración romántica, lo pudo decir Rodríguez, el
traductor, guiado por la experiencia inmediata de compartida
convivencia:
(O.C.T. II, pg. 499)
Cosmopolitismo geográfico, lingüístico y social
de Simón Rodríguez.
Rodríguez traduce "Atala" cual acto de agradecimiento
"A la juventud de Bayona en Francia" (l.c. pg. 433).
Preguntémonos si Rodríguez —S. Robinson— escogió de entre
otras obras, muchas y notables, de Chateaubriand, precisamente esa,
por tratar de un tema cordial para él, — pretexto más bien para el
romántico Chateaubriand.
En todo caso ¿qué tipo de filósofo afloraba en S. Rodríguez y lo
apartaba del de filósofo dialéctico —dechado de él el Sócrates
de Atenas— y lo apartaba precisamente a él, al Sócrates de Caracas
del Sócrates de Atenas?
¿Afloraba en Rodríguez el cosmopolita social y el político? Sócrates
de Atenas no dialogó nunca, fuera de una ocasión, con esclavos o
sirvientes domésticos. Y eso que los había, y numerosos. En el diálogo
"Menón", por notable excepción, y para demostrar a Menón
—noble y rico— la teoría o creencia mediante la reminiscencia, en
la inmortalidad del alma, pídele Sócrates que haga venir un esclavo,
criado en su casa desde pequeño, que hable griego, a fin de demostrar
a Menón que, aun en el alma del
sirviente, está subyacente, subconsciente diríamos, la
ciencia geométrica adquirida en el mundo supracelestial, antes de la
venida de su almita a este mundo sublunar en que le cayó en suerte
—buena o mala— la de nacer esclavo de señor rico y noble, y de
raza griega. Si tal sucede en el alma del criadito ¿qué no pasará
en la del noble? El esclavo sirve, una vez más y de otra manera, al
Señor, al alma del Señor. Tras breve diálogo, Sócrates despide al
criadito quien vuelve a tareas menos metafísicas, más caseras y más
serviles.
El Cabildo de Caracas otorga a Simón Rodríguez el título de
maestro, el año 1791. Los comisionados dijeron: "Que desde luego
admitían al dicho Simón Rodríguez para servir la Escuela de Niños
de primeras letras. . . (O.C. T. 1, pg. 22). A los veintiún años se
inicia de maestro de escuela de niños: de ciento catorce niños
(ibid.. pg. 29): "blancos, morenos, indios" (pg. 41).
En 1 de Diciembre de 1825, Simón Rodríguez es nombrado por Bolívar
Director general de Educación para Bolivia.
En 1828 dirá con valentía y sinceridad desafiantes Rodríguez: "DENSEME
MUCHACHOS POBRES declaran
libres al nacer
o o
dénseme los que los hacendados no
pueden enseñar
o abandonan
por rudos porque
ya están grandes
o o
dénseme los que la Inclusa bota porque
no pueden mantenerlos
o porque
son hijos legítimos (O.C.
T. l, pg. 313).
Esto es ser maestro y director de Educación con cosmopolitismo
social.
¿De quién lo aprendió, o le afloró?; o le salió a flor de
palabras y obras de lo profundo de su persona por "filósofo
cosmopolita?"
Claro está que Rousseau, Voltaire... debieron influir en él. Pero
esa frase "Dénseme, dénseme, dénseme..." ni salió ni
pudo salir de Rousseau, de Voltaire. "Dénseme..." no es una
frase; es un insulto, un desafío, inclusive frente a Rousseau,
Voltaire.
Sócrates, el de Atenas, dio buenos ejemplos de menosprecio por las
convenciones sociales de la clase aristocrática, rica, noble, de
Atenas, Tesalia, Creta... Contra las convenciones
en vestir, calzar, hablar, pensar, obrar.
Siguiendo, y exagerando, tal dirección la escuela llamada de cínicos
y cirenaicos que por socráticos se tenían y eran tenidos, proclamarán
en palabras expresas y en obras escandalosas el cosmopolitismo y el
ascetismo ostentosos.
A la cuenta de Diógenes el Cínico se cargarán
anécdotas que historiadores, —más que historiadores chismógrafos,
distantes hasta seis siglos de Sócrates, cual Diógenes
Laercio— transmitirán complacientemente a la posteridad.
Y el nombre de "cínico" resonará a desvergonzado,
disoluto, indecente, impúdico, a pesar de que "cínico"
comenzó por designar sencillamente el perro (kyon) que Diógenes
llevaba siempre consigo de compañero.
Rodríguez — Diógenes tienen un rasgo común a los dos y distintivo
de los demás:
Por los tiempos de Diógenes (siglo IV a. C), Macedonia, en la persona
de Alejandro Magno, había impuesto a Grecia, Asia Menor, Persia,
Egipto, Palestina, India... un universalismo político, económico,
cultural y lingüístico que, posteriormente, se denominará
"helenismo". De Alejandro Magno se cuenta que, atraído por
la fama filosófica de Diógenes, por la rareza de su vida, —¿por
casa un tonel?— y por lo deslenguado de sus expresiones, fue a
verlo y creyendo, con la ostentosa fatuidad de Potentado, honrar
al filósofo, le preguntó: "qué deseaba". Diógenes
le espetó el famoso dicho: "que te quites y me dejes tomar
el sol". Desde
el siglo IV a. C. al XIX van bastantes siglos.
Bolívar y Rodríguez tendrán la oportunidad de repetir, a su manera
y sazón histórica, el gesto y palabras de Diógenes ante Alejandro
Magno. Ellos: Bolívar y Rodríguez ante Napoleón.
"El 2 de Diciembre de aquel 1804, Napoleón se coronó Emperador
en la basílica de Nôtre Dâme, con asistencia del Papa Pío VII. Fue
un acto teatral, entre grandioso y ridículo. El nuevo monarca se puso
a sí mismo la corona y luego colocó la de la Emperatriz en la cabeza
de su esposa Josefina, en doble acto de desprecio al Papa. En Nôtre Dâme,
años antes, había sido llevada al altar la Diosa Razón".
"Robinson y Bolívar alejáronse de la multitud que deliraba en
aclamaciones; encerráronse en la habitación
del primero y hasta cerraron las ventanas por no escuchar el
bullicio masivo que discurría por las calles. Toda protesta silente,
no espectacular, es más profunda. Comentará Robinson: Sorpresa, no
admiración, fue el efecto que produjo en sus compañeros de armas el
disfraz del Emperador, dirá Bolívar: Se hizo Emperador, y desde
aquel día lo miré cual tirano hipócrita" (BSR, pg. 73).
El Sócrates de Caracas, y quien así lo llamó, reasumían ante la
actitud petulante, ostentosa, del Alejandro Magno de Europa la actitud
de Diógenes. Sin desenfado en la forma; con franqueza real.
"Fortiter in re, suaviter in forma", dirán por norma los
romanos clásicos.
Petulancia ostentosa —ascetismo ostentoso— ascetismo modesto.
Cosmopolitismo militar-cosmopolitismo político democrático.
De Diógenes el Cínico se cuenta que durante el día, a plena luz,
se paseaba por Atenas con una linterna encendida,
"buscando, decía, un Hombre". ¿Que no eran hombres
tantos y tantísimos como había en el ágora, la ciudad entera y
Grecia? No era Hombre natural; era Hombre convencional. Diógenes no
hallaba al hombre natural: al hombre que según la clásica
sentencia y norma de los estoicos de aquellos tiempos, "viviera
en consonancia y concordancia con la naturaleza.
De Simón Rodríguez se ha conservado el retrato hecho por un discípulo
suyo: A Guerrero en Latacunga, hacia 1850.
Simón Rodríguez se dirige, al parecer, a casa por la noche, llevando
una especie de linterna sujeta en la parte inferior del bastón, para
alumbrar el camino.
¿En qué iría pensando Simón Rodríguez?
¿Tal vez en el Hombre Americano?
No es fácil de hallarlo ni de noche ni de día, —ni en Latacunga ni
en otras partes de América: Pero Simón Rodríguez sabía lo que
buscaba. Y en el capitulo siguiente "El hombre más
extraordinario del mundo", S. Rodríguez explicará, qué entendía
por Hombre Americano; y según tal criterio sabrá si lo que hallaba
—de día o de noche— era o no lo que buscaba.
Si no lo hallaba hecho, real, existente, al menos sabia Rodríguez
lo que debía y podía ser.
¿Iría cual el Diógenes de Atenas, pensando y diciéndose lo que
en 1828 escribirá: "o inventamos o erramos"?
(Sociedades Americanas, O. C.T.1, pg. 343).
¿Qué inventa Simón Rodríguez "el hombre más extraordinario
que ha conocido y tratado el Libertador"? ¿Qué inventa para el
Hombre Americano, para que se realice cual original?
"La América Española es original —originales han de ser sus
Instituciones y su Gobierno— y originales los medios de fundar
uno y otro".
"O inventamos o erramos". (1.c.Q) CAPITULO
TERCERO Simón
Rodríguez "El hombre más extraordinario del mundo"
No sólo Bolívar notó el carácter extraordinario de Simón Rodríguez.
Otros testimonios confirman lo mismo. Dejemos que todos ellos nos persuadan de
lo mismo, pues son premisa imprescindible para que eso de
"extraordinario" quede documentado históricamente, y no sea cual
novela o hijo de buenos deseos.
"Don Simón, con dotes muy altas de intelectualidad, sufría las
consecuencias de un carácter altivo, duro e independiente, con ideas y
costumbres verdaderamente singulares". Así dice Ramón de la Plaza
(1883, O. C. T. l, pg. 23-24).
"Bajo la dirección de Simón Rodríguez, hombre de variados y extensos
conocimientos, pero de carácter excéntrico, aprendió Bolívar los
rudimentos de las lenguas española y latina, aritmética e historia"
(Testimonio del General Florencio 0'Leary, edecán del Libertador (O.C.,T.
l, pg. 30).
(El escenario es ahora Lima). "Yo vi al humilde pedagogo desmontarse a
las puertas del Palacio, y en vez del brusco rechazo que acaso temía del
centinela, halló la afectuosa recepción del amigo, con el debido respeto a
sus canas y a su antigua amistad. Bolívar le abrazó con filial cariño y le
trató con una amabilidad que revelaba la bondad de un corazón que la
prosperidad no había logrado corromper. Rodríguez era un hombre de carácter
excéntrico, no solamente instruido sino sabio; tenía el conocimiento
perfecto del mundo, que sólo se adquiere con el constante trato de los
hombres". (0'Leary, Narración, T. II, O.C. T.l, pg. 74-75).
"Don Simón Rodríguez era un verdadero reformador, cuyo puesto estaba al
lado de Owen, de Saint-Simón y de Fourier. Hombre de genio, independiente y
observador, nacido y formado por sí mismo...".Testimonio de J. V.
Lastarria quien conoció a Simón Rodríguez en casa de Andrés Bello, en
Santiago (BSR, pg. 66).
"A don Simón Rodríguez. . . Fue mi maestro, mi compañero de viajes, y
es un genio, un portento de gracia y talento... Cuando yo lo conocí valía
infinito". (Carta del Libertador al general Santander; BSR,
pg.107).
"Genio meditador, de variados conocimientos, y de un carácter original e
independiente" (Juicio del editor del Mercurio Peruano, n. 570, 17
de julio de 1829, en nota sobre la obra de Simón Rodríguez "Sociedades
americanas", 1888). (O.C. T. II, pg. 107). CARACTERES
EXTRAORDINARIOS DE SIMÓN RODRÍGUEZ
Con sentencia del mismo Simón Rodríguez mostrara él mismo —sin proponérselo,
naturalmente— lo extraordinario de su carácter. Para ello comencemos por
leer y pensar lo que él entiende por Sentencias y Refranes. "Sentencias
y Refranes
Cuando una verdad llega a obtener el asentimiento de los Sabios, es sentencia,
porque sólo ellos sienten bien su importancia. —Si comprende otras
verdades, se llama sentencia máxima o Máxima solamente, por
abreviar—. Si se cita o adelanta en apoyo de una doctrina, es proverbio.
—Si es muy conocida es adagio— y cuando se hace vulgar es Refrán.
Sube la verdad de sentencia a proverbio y baja de proverbio a refrán. Proverbio máxima
adagio sentencia
refrán.
La verdad, en estado de refrán, pierde cuanto ganó para erigirse en
sentencia; porque
en boca de todos no puede conservar los pensamientos que la
compusieron.
Sucede con las sentencias lo que con la aritmética.
Cualquiera saca una cuenta, porque sabe la fórmula; pero
no fue un cualquiera el que hizo la fórmula, para que saliera la
cuenta". (O.C. T.
l, pg.364). "Compongamos
con estos pensamientos algunas sentencias
Máximas que se tomen por PROVERBIOS en la Educación
mental,
y que siendo adagios de las Escuelas pasen a ser refranes en el vulgo nuevo que las luces
del siglo se proponen hacer en el nuevo
mundo. Serán los únicos
refranes que rueden de boca en boca sin perder el
valor de sentencia". (O.C. T.
1, pg. 365). "Discurso
aforístico A los sabios
se debe hablar por sentencias (el que las
entienda es sabio) y se les debe
hablar así porque para ellos las sentencias
son Palabras". (O.C.T.II,
pg.l36). (1)
SENTENCIARIO DIGNO DE EDUCADOR EXTRAORDINARIO
"Hace ya 24 años que estoy hablando y escribiendo pública y
privadamente sobre el sistema Republicano y por todo fruto de mis buenos
oficios he conseguido que me traten de LOCO. Los
niños y los locos dicen las verdades". (O.C.
T. 1, pg. 225 "Dígase:
La Instrucción pública, en el siglo 19, pide mucha filosofía.
El interés general está clamando por una REFORMA
y. .. la América
está llamada, por las circunstancias, a emprenderla.
Atrevida paradoja parecerá...
no importa: los
acontecimientos irán probando que es una verdad muy obvia: La
América no debe imitar servilmente, sino ser ORIGINAL".
(O.C.. T. 1 pg. 234) “De
los viejos, nada nuevo puede esperarse.
De hombres puede esperarse algo.
De jóvenes "
" mucho.
De niños "
" TODO.
Quien los GUIE, piden los niños.
Quien los DIRIJA, piden los jóvenes.
Que los TOLEREN, piden los hombres.
Que los SOSTENGAN, piden los viejos. Dése
gusto a todos, que es justicia. Búsquense
medios, que es obligación".
"Leer es resucitar ideas sepultadas en el papel; cada palabra es un
epitafio: llamarlas a la vida es una especie de milagro, y para hacerlo es
menester conocer los espíritus de las difuntas o tener espíritus
equivalentes que subrogarles; un cuerpo con el alma de otro sería un disfraz
de carnaval; y cuerpo sin alma, sería un cadáver".
(O.C..,T. l, pg.243)
"Es obra de misericordia enseñar al que no sabe,
pero no por cumplir con ella se ha de poner a
enseñar
el que no sepa para sí".
(O.C.,T.l pg. 247)
"Ni Campanero quiero ser en la América española, porque dirían
que las campanas no sonaban, o que me había robado la torre. Tengo el defecto
de ser americano; y no se diga que quien
desprecia comprar quiere, porque,
en vida de Bolívar pude ser lo que hubiera querido, sin salir de la
esfera de mis aptitudes. Lo único que le pedí fue que se me
entregaran, de los Cholos los más pobres, los más despreciados, para
irme con ellos a los desiertos del Alto Perú —con el loco
intento de probar, que los hombres pueden
vivir como Dios manda que vivan—- porque Dios, antes de hacerlos sabía
que habían de ser frágiles
que habían de tener pasiones
que serían de carne y hueso
que estarían vestidos de mala carne
que el demonio les había de tentar.
El Redentor pedía Párvulos para enseñarlos; porque quiso hacer ver al mundo
que de judíos viejos, poco o nada bueno se podía esperar, y para probarlo
les encargó que lo martirizaran. Los muchachos no lo habrían hecho"
(O.C.., T. 1, pg. 255-256)
"Cuántos de los que nos obligan a echar cerrojos a nuestras puertas, no
serían Depositarios de las llaves? Cuántos de los que tememos en los
caminos, no serían nuestros compañeros de viaje? ¡No echamos de ver que los
más de los Malvados son hombres de talento. . .ignorantes — que los
más de los que nos mueven a risa, con sus despropósitos serían mejores
Maestros que muchos de los que ocupan Cátedras — que las más
de las mujeres que excluimos de nuestras reuniones, por su mala conducta, las
honrarían con su asistencia; en fin, que, entre los que vemos con desdén,
hay muchísimos que serían mejores que nosotros, si hubieran tenido
Escuela".
(O.C.. T. 1, pg. 327)
"El Maestro de niños debe ser sabio, ilustrado, filósofo y
comunicativo, porque su oficio es formar hombres para la sociedad".
(O.C..,T.II, pg. 541)
"Hacer NEGOCIOS con la EDUCACIÓN
es ...
diga el Lector todo lo malo que pueda
todavía le quedará mucho que decir".
(O.C.,T.II, pg. 148) (2)
SENTENCIARIO DIGNO DE POLÍTICO EXTRAORDINARIO "Para
no tener que temer de los diferentes nombres que se dan al que manda
Monarca
ni
Emperador no
se le llame ni
Rey
llámese Etnarca
ni
Déspota
(Gobernador nacional)
ni
Dux
ni
Presidente
Y si todavía este nombre es temible, júntense los Representantes del
Pueblo.. déjense de jefes... y lo que hagan sin ellos, llámenlo
(como saben que debe llamarse)... anarquía.
(O.C.., T. 1, pg. 69)
¡Empezar una CONSTITUCIÓN POLÍTICA
en nombre de Dios Todo Poderoso, autor y legislador de
las Sociedades... HUMANAS...!
¡y creer que con este encabezamiento se convierte un pueblo en
otro... DE REPENTE!...
Pensemos. En
nombre de Dios ............ es el in nomine Patris de la misa: Todo
Poderoso y Autor .......... es un retazo del Catecismo: Legislador
de las Sociedades, no será de las que conocemos,
porque Dios no les ha mandado
destrozarse a su nombre humanas
................ está de más, porque solo los hombres
hacen pactos. Una
Constitución es obra del Libre albedrío: si, cada vez que usamos de
él, debiéramos implorar la ayuda de Dios, todo el tiempo se nos iría en
pedir licencias, y no habría mérito en nuestras obras: reglemos
nuestra conducta por el entendimiento que Dios nos ha dado y cada acción
será una invocación virtual de sus auxilios.
En vano invocamos a Dios, si no hacemos lo que Dios manda que es Pensar antes
de obrar y empezar las
obras por el principio.
(O.C.., T. 1, pg. 384) "En público
... se discute el mérito de las Cosas, y privadamente
... el ... de las Personas.
Porque las operaciones del Gobierno Republicano están expuestas a los ojos de
todos, es permitido criticarlas.. . con decencia...; pero no
todos están facultados para residenciar al Gobierno ni a nadie dan las
leyes licencias para insultar a los Magistrados.
Si el Pueblo no respeta el puesto en que coloca el ór | ||||||||||