Monografias | La selva engulló la ciudad perdida de los incas

La selva engulló la ciudad perdida de los incas

Resumen: Estas páginas cuentan el descubrimiento de una ciudad perdida durante siglos, engullida por la selva, que puede significar toda una revolución de la cultura inca. Una historiadora madrileña, descubridora de una crónica inencontrada durante cuatro siglos, y un historiador y periodista gallego, convertido en explorador en territorio inca, pueden cambiar el curso de la arqueología peruana tal y como se entendía hasta ahora.

Publicación enviada por Villasante


 

Estas páginas cuentan el descubrimiento de una ciudad perdida durante siglos

Estas páginas cuentan el descubrimiento de una ciudad perdida durante siglos, engullida por la selva, que puede significar toda una revolución de la cultura inca. Una historiadora madrileña, descubridora de una crónica inencontrada durante cuatro siglos, y un historiador y periodista gallego, convertido en explorador en territorio inca, pueden cambiar el curso de la arqueología peruana tal y como se entendía hasta ahora.

 

Todo empezó un día de 1987 cuando Carmen Martín Rubio, doctora en Historia de América y especialista en temas andinos, con tres doctorados «honoris causa» en Perú, que ha trabajado mucho por la cultura andina, descubrió en la biblioteca de la Fundación Bartolomé March, de Palma de Mallorca, la crónica de Juan de Betanzos, perdida desde 1607, titulada «Al Illmo. y Exmo Señor D. Antonio de Mendoça, Visso Rey y Capitán General por su Magd, en estos Reinos y Provincias del Piru. 1551-1557», que ha revolucionado la cultura inca. «Casi me desmayo o me da un infarto, al comprobar que la historia más profunda del Perú estaba en mis manos», recuerda Martín Rubio.

ASÍ ERA JUAN DE BETANZOS

Como primicia para ABC, la historiadora relata que en el verano de 2001 halló un documento en el que se premia a Betanzos con una encomienda por ayudar a la pacificación del Perú, en la que se afirma que es un hijodalgo, que tiene sus propios hombres y armas. Pero hay más datos que muestran su importancia y dan credibilidad a lo que narra de Vilcabamba la Grande, la ciudad inca que Hiram Binghan, creyó descubrir cuando en 1911 encontró Machu Picchu.

Betanzos fue la mano derecha de Francisco Pizarro, a quien ayudó en el cerco de Lima contra Manco Inca. Después pasó a las órdenes de Gonzalo Pizarro por estar de acuerdo con éste, que no aceptaba las nuevas leyes de Carlos V, en 1542. Posteriormente, lo deja y es entonces cuando recibe la encomienda de manos de Pedro Lagasca, conocido como «el pacificador». Para entonces ya estaba casado con la princesa inca Cuxirmay Ocllo, llamada después doña Angelina, que había tenido dos hijos con Pizarro. El matrimonio le permite a Betanzos entrar en la panaca real de los sabios del último gran emperador inca, Atahualpa. Betanzos fue el primer español que escribió en quechua y a él se deben dos doctrinas y dos vocabularios del español al quechua

Relata Martín Rubio que la crónica de Betanzos se divide en dos partes: orígenes y expansión del imperio inca hasta convertirse en un gran Estado, y otra que se refiere a las guerras entre Atahualpa y Huascar, hijos de Huayna Capac; al asentamiento de Pizarro en territorios andinos, y al levantamiento de Manco Inca, hermano de los anteriores, que puso cerco a Cuzco y a Lima. Derrotado se retira a la selva de Vilcabamba -decisión que hará posible la historia del descubrimiento que aquí se narra-, donde estableció un reino neoinca y una guerra de guerrillas que duró cuarenta años.

De nuevo es importante la figura de Betanzos, porque dado que la Corona española trataba de acabar con la sublevación, nuestro hombre se ofrece a entrar en la selva, establecer un diálogo con el sucesor de Manco Inca y convencerlo para que la abandone, algo que consigue junto con otras personas, tras varios intentos. Pero no hubo el final apetecido, ya que Tito Cusi Yupangui comienza otra sublevación. Muere envenenado y su sucesor es Tupac Amaru.

En 1572 el virrey Francisco de Toledo, que tenía intrucciones muy precisas de Carlos V para terminar con el foco armado, crea un gran ejército y va tomando Pampaconas -lugar por el que también han pasado Martín Rubio y Del Valle- y otras fortalezas que custodiaban Vilcabamba la Grande. Como detalle de interés cuenta Carmen que «uno de los capitanes que formaron parte de aquel ejército fue Martín Oñaz de Loyola, sobrino de San Ignacio de Loyola, que tomó prisionero a Tupac Amaru». Éste fue decapitado en el Cuzco, un hecho que dio lugar a numerosos mitos.

LA QUEMA DE LA CIUDAD

Pero el rey mandó quemar Vilcabamba la Grande antes de que entraran los españoles, aunque este dato no hace temer a Del Valle por el descubrimiento, «ya que el fuego en la piedra es menos dañino que el paso del tiempo». El caso es que se construye Vilcabamba la Nueva, que fue un importante centro minero, y Vilcabamba la Grande queda abandonada, convirtiéndose en una ciudad perdida entre una vegetación exuberante, por la que surge un gran interés en el siglo XIX. Han sido dos españoles los que han dado con ella.

Carmen Martín Rubio y Santiago del Valle se conocieron cuando él fue a entrevistarla, sabedor de que había encontrado la crónica de Betanzos, para un documental que le encargó la Consejería de Cultura de la Xunta de Galicia. Recuerda Santiago que su padre fue hombre que educó a sus hijos en el gusto por la naturaleza y así «hemos salido con afición por la espeleología, las cuevas, los desiertos»... Nada extraño pues que allá por 1994 decididiera ir a Machu Picchu para hacer el camino inca. Así que tampoco asombra que se embarcara en la aventura de Vilcabamba la Grande.

Cuando en 1996, Carmen descubre en la Biblioteca Nacional un documento en el que le dicen a Francisco de Toledo cómo ir hasta Vilcabamba, y halla en 1999 en el Archivo de Indias de Sevilla el acta de la toma de posesión de Vilcabamba el 24 de junio de 1592, logra cerrar el círculo que había abierto con la crónica de Betanzos. «Él me puso en el camino de la ciudad, los otros documentos lo abrieron», dice. Efectivamente, en el acta figuran una serie de nombres y lugares que le permitieron informar con precisión a Del Valle acerca de por dónde había que ir.

CUATRO EXPEDICIONES

Pero antes de tener tantos elementos de conocimiento, Del Valle y Martín Rubio tomaron una decisión: «Nos vamos a buscar Vilcabamba». Así comenzaron una serie de exploraciones. La primera, en 1997; la segunda, en 1998; la tercera, en 1999, y la cuarta en 2001. En 1997, ambos viajan juntos, aunque dado los múltiples peligros -por ejemplo, ella y su caballo estuvieron a punto de caer por un precipicio de 1.500 metros de altura y es necesario abrirse paso macheteando- la investigadora no ha repetido experiencia, claro que mantienendo con Santiago «un contacto científico». Pero con ser mucho el riesgo físico no lo es menos el económico -habrán gastado entre los dos casi cuatro millones de pesetas (unos 24.000 euros) de su propio pecunio-, al no contar con subvenciones, salvo alguna pequeña ayuda, por ejemplo, de una firma alimentaria.

Ahora, por fin, en 2002 el Instituto Nacional de Cultura (INC) de Perú, ha otorgado a la expedición una ayuda de un cuarto de millón de euros para limpiar la zona donde se encuentra «presuntamente» la ciudad perdida. Que se haya citado la palabra entrecomillada es vital para los expedicionarios, ya que «se está más cerca de un reconocimiento oficial».

Tanto Carmen como Santiago están convencidos de que bajo la extrema frondosidad se encuentra Vilcabamba la Grande, ya que no se han descubierto los restos y el camino por casualidad, sino siguiendo una línea de estudios rigurosos basados en los documentos hallados y datos en base a la toponimia.

Uno de los motivos por los que Vilcabamba no ha sido descubierta por otros historiadores es, según Martín Rubio, que han buscado por las zonas bajas del lugar y no en la montaña. Esta diferencia es fundamental, ya que, como ella explica, «mi tesis doctoral, «La ciudad inca», versa sobre arquitectura y urbanismo incaico. Los incas nunca construían en los valles por el peligro de los ofidios u otros animales y por que la altura permitía defenderse mejor del enemigo. Eran ciudades de control -del oro y la coca- y de defensa. Pienso que hemos llegado a Vilcabamba, porque previamente hemos localizado los adoratorios y las fortalezas que preceden a una ciudad inca. En Pampaconas, que la precede, hay también elementos clave para uso colectivo como las masmas, kalancas y morteros que no pueden ser más que incas. Como experta en ciudades incas puedo decir que el lugar en el que estamos trabajando tiene todas las características precisas». Para esta mujer, la montaña donde está Vilcabamba puede ser otro Machu Picchu y parte de la historia de España está allí, a pesar de que según Carmen «en España nadie parece interesarse».

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Publicado Monday 22 de December de 2003

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