Monografias | Agricultura intensiva: prácticas que deterioran los recursos localesAgricultura intensiva: prácticas que deterioran los recursos localesResumen: Entendemos que la agricultura no tendría razón de existir si no es por las tres funciones básicas que recibe del medio ambiente (Mateo (dir), 1996): fuente de recursos naturales, receptor de efluentes y soporte de actividades; por lo que en el área de economía nos preocupamos por profundizar en el análisis de los impactos que la propia actividad agraria provoca sobre los recursos que le sirven de base , de manera que la problemática que aquí detectamos es que las prácticas de agricultura intensiva están degradando el medio que la sustenta. En el apartado IV.2.4. se expusieron los aspectos
que caracterizan la pé rdida progresiva del importante paisaje cultural que es
la Vega de Granada, tales como las tensiones urbanístico-agrarias que inducen
procesos de ocupación urbana de este espacio con parcelaciones ilegales,
construcciones de vías de comunicación, recalificaciones de suelo urbanizable,
implantación de zonas industriales, comerciales, etc., degradación del sistema
de acequias, caminos y edificaciones tradicionales, canalización y contaminación
de ríos, extracciones de tierras, etc. Un inmenso número de afecciones que están
comprometiendo las potencialidades agrobiológicas de este espacio.
Entendemos que la agricultura no tendría razón
de existir si no es por las tres funciones básicas que recibe del medio
ambiente (Mateo (dir), 1996): fuente de recursos naturales, receptor de
efluentes y soporte de actividades; por lo que en el área de economía nos
preocupamos por profundizar en el análisis de los impactos que la propia
actividad agraria provoca sobre los recursos que le sirven de base , de
manera que la problemática que aquí detectamos es que las prácticas de
agricultura intensiva están degradando el medio que la sustenta.
Se pueden listar una serie de criterios
operativos para evaluar la sustentabilidad de la agricultura, que nos
proporcionan conocimiento del aprovechamiento que el agroecosistema ideal o
sostenible haría de las funciones que le aporta el medio ambiente y de las que
depende su pervivencia. Así, Guzmán Casado en Introducción a la Agroecología
como desarrollo rural sostenible (2000: 97-106), caracteriza el sistema
agrológico sostenible a través de los siguientes criterios de acuerdo con
Gliessman (1990: 380):
- La sostenibilidad es indisociable de la autonomía
, de modo que podemos caracterizarla observando el grado mayor o menor de
dependencia de inputs externos (energía, materiales o informació n). Cuanto
más baja sea la dependencia y más alto el nivel de autosuficiencia mayor será
el grado de autonomía y autodependencia del agroecosistema.
- La producción depende además de la renovabilidad
de los recursos que utiliza. Quiere esto decir que la mayor o menor
sostenibilidad es función del grado mayor o menor de utilización de
recursos renovables que sean además localmente accesibles.
- La productividad es la capacidad de un
agroecosistema para satisfacer necesidades y servicios ambientales, por lo que
la aceptación de los límites y potencialidades locales , es una condición
de la sostenibilidad. De lo contrario, una intensa modificación de las
condiciones locales aumenta la fragilidad y causa efectos no deseables sobre la
productividad.
- Un agroecosistema homogeneizado y
simplificado, es más frágil y tiene menor capacidad de estabilidad y
resilencia, ya que reduce toda posibilidad de explotar sinergismos y
complementariedades que surgen al combinar los beneficios de diferentes
cultivos, árboles y animales. Por ejemplo, la biodiversidad en animales y
plantas facilita la lucha contra las plagas, mientras que el monocultivo hace más
vulnerable al medio favoreciendo su propagación. Al igual que ocurre con
los ecosistemas naturales cuya capacidad de automantenerse y autorreproducirse
dependen del grado biodiversidad que contengan, la capacidad de pervivir en el
tiempo de un agroecosistema aumenta conforme mayor sea su diversidad biológica
y cultural.
- Con relación a esto último la
sostenibilidad aumenta como consecuencia de la utilización del
conocimiento y la cultura de la población local .
- La pervivencia del sistema depende de la
disponibilidad de productos suficientes para el abastecimiento interno o
incluso para la adquisición (mediante exportaciones) de otros bienes y
servicios necesarios.
El tipo de agricultura intensiva ha tenido como
consecuencia un crecimiento agrario caracterizado por el incremento constante de
la base física de producción y del consumo y por la ignorancia de las
limitaciones ambientales. De este modo se originan un conjunto de externalidades
negativas que son los síntomas de la insostenibilidad de nuestro ecosistema
agrario, y que se ponen de manifiesto si revisamos con los criterios de
sostenibilidad que acabamos de listar, el estado actual de la agricultura en la
Vega de Granada: alta dependencia de inputs externos de energía, materia e
información; degradación de recursos no renovables como el suelo;
sobreexplotación y alteración de la calidad del recurso agua; pérdida de
diversidad biológica y cultural; expansión de los monocultivos y disminución
de las rotaciones; reducción de las posibilidades de sinergia entre los
componentes del agroecosistema; pérdida del conocimiento y la cultura
tradicional.
Cuadro.2. Efectos negativos de la agricultura
intensiva
- No reposición de materia orgánica
- Quema de residuos de cosechas - Riego con agua salobre
- Intrusión marina por sobreexplotación
de acuíferos
- Aplicación de plaguicidas y
abonos industriales - No reposición de materia orgánica
- Quema de residuos de cosechas
- Sobreacumulación de estiércol -Reducción de la capa de ozono
-Lluvia ácida
-Polución - Aplicación de plaguicidas y abonos
industriales
- Quema de residuos de cosechas
- Sobreacumulación de estiércol - Sobreacumulación de estiércol -Muerte - Quema de residuos de cosechas -Muerte Para caracterizar los efectos de la agricultura
intensiva sobre el ámbito espacial que nos ocupa, hemos buscado los
posibles trabajos que se hayan desarrollado sobre evaluación de las
externalidades en la Vega de Granada. Con este fin nos pusimos en contacto con
el CIFA y con el CSIC en Granada, donde a su vez nos remitieron al Instituto de
Sociología y Estudios Campesinos de Córdoba (ISEC), en donde existe un grupo
de investigación en agricultura ecológica, que utiliza la Historia Agraria
como una ciencia que nos permite identificar en el tiempo, los factores que han
provocado las transformaciones en la dinámica de los agroecosistemas y son
responsables de las patologías actuales. Al mismo tiempo esta visión, una vez
fijadas las causas de la enfermedad, aporta elementos de análisis para
elaboración de estrategias de desarrollo sustentable en el medio agrario. Con
esta metodología este grupo de trabajo del ISEC ha elaborado indicadores de
sustentabilidad del agroecosistema de la Vega de Granada, que permiten evaluar
las externalidades de la agricultura sobre los recursos suelo, atmósfera, agua,
recursos genéticos y vida salvaje de la Vega de Granada. En la entrevista que
mantuvimos con G. Guzmán, se nos comunicó que este trabajo se encuentra en
fase de publicación, y esperamos que pueda contribuir a la elaboración del
sistema de indicadores municipales de Granada.
Si bien el ámbito de estudio se centra en el término
de Santa Fe, este agroecosistema donde el nivel de sustentabilidad se encuentra
muy por debajo del estado deseable, es presentado como representativo de los daños
alcanzados por la agricultura capital-intensiva de Andalucía, y por tanto
pensamos que las conclusiones del diagnóstico que de este territorio se
derivan, son en buena medida extrapolables a la Vega del municipio de Granada,
teniendo en cuenta las analogías entre ambos territorios y las prácticas
agrarias que en ellos se han sucedido históricamente.
Esta degradación, tiene importantes
consecuencias (Dorronsoro, 1997) que empeoran las propiedades del suelo y
disminuyen su masa, de tal modo que a corto plazo se reduce la producción y se
aumentan los gastos de explotación (cada vez el suelo necesita mayor cantidad
de abonos y cada vez produce menos). A largo plazo, los procesos de deterioro
(individualmente y/o combinados) conducen a una pérdida de la fertilidad del
suelo, entendida como la capacidad de éste para soportar vida, comprometiendo
la productividad del agroecosistema por falta de sustento y alimento para las
plantas. En consecuencia el agrosistema se hace más insostenible en la medida
en que, para mantener la productividad, necesita de la entrada continua de energía
y materia a través de inputs químicos exó ;genos, que siguen degradando las
propiedades del suelo en un círculo vicioso que disminuye la autonomía del
agroecosistema. Por otra parte se degradan las posibilidades de recircular sus
propios residuos, que se convierten en fuente de contaminación de suelos, agua
y seres vivos.
La erosión hídrica es un proceso
descrito y evaluado en las tierras de cultivo de la Vega, estimándose que un
30.6% de los suelos están expuestos a una pérdida anual superior a 50
toneladas de tierra por hectárea de terreno (González, 2000). Contemplando
la metodología utilizada, asumimos que estos resultados son correctamente
extrapolables a la Vega del municipio de Granada. Esta estimación se llevó a
cabo utilizando la ecuación universal de pérdida de suelos, utilizada por la
FAO, también conocida como ecuación de la USLE. En ella la pé rdida de suelo
es directamente proporcional al producto de un conjunto de factores mesurables
(Dorronsoro, 1997).
Considerando los factores de erosividad de la
lluvia y de topografía constantes, se describe un incremento en el riesgo de
erosión del suelo con las variaciones en las prácticas agrícolas que a lo
largo del tiempo se hacen más intensivas influyendo sobre los factores
erodibilidad del suelo y manejo de la vegetación.
Las prácticas de agricultura intensiva
disminuyen el contenido en materia orgánica y permeabilidad del suelo,
alterando la estructura y la textura y acentuando la erodibilidad del suelo.
Entre ellas podríamos señalar la quema de rastrojo, la disminución de la cabaña
ganadera y sustitución de estiércoles animales por fertilizantes químicos, la
utilización de fitosanitarios que destruyen los organismos del suelo e impiden
los procesos de humificación, el laboreo cada vez más profundo y con
maquinaria pesada, etc. (González, 2000).
La quema de rastrojos es una práctica muy
habitual y extendida en la Vega (aunque prohibida) que produce numerosos efectos
indeseables especialmente sobre el suelo (incremento de la erosión y pérdida
de la fertilidad a largo plazo), la atmósfera (gases invernadero), la vegetación,
la fauna y el paisaje. Además de la destrucción de residuos de las cosechas,
que son una fuerte importante de materia orgánica, se produce una desnudez
total del suelo durante un tiempo que aunque no muy largo, coincide con la época
de lluvias torrenciales acentuando el riego de erosión. El incremento de
temperatura por la combustión, produce importantes daños químicos que
disminuyen igualmente la fertilidad del suelo (Mateo (dir), 1996: 77-78).
Se ha comprobado en numerosos estudios y
experiencias que la técnica convencional de laboreo enérgico del terreno lleva
al sistema suelo hacia formas estructurales que reducen el contenido de humus y
que favorecen la liberación de nutrientes, procesos que tienen notables efectos
negativos sobre el propio suelo como recurso agrícola (erosión, pérdida de
fertilidad y capacidad productiva) y sobre el medio ambiente (contaminación,
desertización).
Otro aspecto descrito comúnmente en la
literatura, es el efecto negativo del monocultivo sobre la estructura del
suelo, al encontrarnos siempre con una misma altura de raíz. Esta práctica está
muy extendida en los diferentes agroecosistemas de la Vega de Granada, donde son
cada vez menos frecuentes las rotaciones de cultivo.
El abandono de las tierras de secano, fomentado
por la reforma de la PAC, produce también un impacto negativo, al quedar
completamente desprovistas de cobertura vegetal, que por un lado acentúa el
riesgo de erosión, y por otra parte potencia las tensiones urbanísticas.
Igualmente es señalado como una afección importante al recurso tierra, la
expansión del uso forestal del álamo, cuyas tierras se encuentran
inmovilizadas durante 8-10 años, con una productividad total muy inferior a la
que podrían dar esas tierras (González, 2000: 437).
Los productos químicos que provocan los
sucesos BQT son las especies más resistentes a la descomposición química como
metales pesados y productos orgánicos persistentes. Estos pueden ser retenidos
durante largo tiempo, pero al final se liberan al ambiente bien directamente,
bien a través de sus metabolitos de descomposición que pueden ser aún más tóxicos.
La agricultura intensiva a demás de ser una
fuerte importante de contaminantes, por sus prácticas altera estas características
(materia orgánica, estructura, actividad microbiana, pH , salinidad) que le
confieren al suelo su capacidad autodepuradora, disminuyendo consecuente la
capacidad de cambio de los suelos y así sus posibilidades de retener metales
pesados.
Cuadro 3. Importancia de las propiedades que
controlan la capacidad tampó ;n de los suelos (pccs) para metales pesados y
compuestos orgánicos tóxicos.
Fuente: Dorronsoro, 1997.
Como agentes de degradación química del suelo
encontramos los fitosanitarios, plaguicidas y fertilizantes, cuyo uso está muy
extendido en la Vega.
Inés García (1997) considera los siguientes
aspectos ecotoxicológicos derivados de la aplicación de los plaguicidas a los
suelos:
- Persistencia de los plaguicidas . Las
consecuencias de la persistencia pueden ser muy importantes, dependiendo de la
toxicidad del plaguicida y de su biodisponibilidad, así como de las características
del suelo. La persistencia en el tiempo, y la no biodegradabilidad, refuerza los
problemas de biomagnificación de estos compuestos, sobre todo en periodos de
tiempo relativamente largos, de tal forma que los pesticidas que no se pierden
por volatilización o escorrentía entran en el suelo donde son degradados o
persisten pudiendo contaminar aguas subterráneas (Bifani, 1997).
Tabla 7. Persistencia de varios tipos de
plaguicidas
Funguicidas
Insecticidas Tabla 8. Persistencia de insecticidas
organoclorados en el suelo
núm. de años núm. de años Al tratarse de compuestos persistentes y que además
no suelen aplicarse en las dosis adecuadas, sino a "ojo de buen
cubero", estos compuestos tóxicos se concentran en el ambiente natural y
van creando la adaptación en insectos, malezas o bacterias.
- Producción de metabolitos tóxicos .
Los productos de degradación de algunos plaguicidas no son siempre inocuos,
pudiéndose generar metabolitos altamente tóxicos como en el caso de
plaguicidas de ditiocarbamatos y fenilamidas.
- Influencia de los plaguicidas en la
microflora del suelo . Los plaguicidas no sólo actúan sobre las plagas
sino que afectan indiscriminadamente a todos los organismos. El efecto es una
esterilización parcial del suelo, que tarda meses o años en recuperar el nivel
de equilibrio climácico en las poblaciones de microorganismos. Muchas veces,
incluso puede producirse la proliferación de plagas por eliminación de sus
competidores naturales (Efecto boomerang).
- Incidencia sobre las propiedades del suelo
. Las repercusiones sobre las propiedades fisicoquímicas del suelo pueden ser
importantes, bien sea por la acción sobre la microflora del suelo, o más
difusa y con efectos a largo plazo a las dosis normales de aplicación.
- Riesgo de contaminación de aguas
superficiales y subterráneas . Dependiendo de la persistencia de los
plaguicidas y capacidad de adsorció ;n del suelo, éstos pueden ser lixiviados
y contaminar aguas subterráneas o de escorrentía.
En cuanto a los fertilizantes ,
tradicionalmente, los nutrientes se incorporaron a la tierra, aprovechando el
reciclaje de estiércoles y los restos de las propias cosechas, con el tiempo,
estas prácticas son sustituidas casi por completo por la utilización de
fertilizantes químicos con el fin de aumentar la producción, con lo que dejan
de recircularse los residuos del agroecosistema y se comienza una etapa de
fuerte degradación quí mica del suelo (estructura, textura, materia orgánica,
microfauna, microflora y microorganismos). Éstos, añadidos con frecuencia en
dosis superiores a las capacidades de absorción de las plantas, además de
contener metales pesados, producen también contaminación por fosfatos y
nitratos, y aumentan la acidificació n del suelo. Los fertilizantes
nitrogenados que no se absorben, quedan en el suelo y alteran su estructura y
bacterias, con la consiguiente reducción de fertilidad. Además el nitrógeno
que no es absorbido es transformado en nitratos por los microorganismos del
suelo. Éstos podrán ser arrastrados por las aguas, causando problemas de salud
(metahemoglobina y nitritos cancerígenos), o pueden contaminar la atmósfera
(ver tabla Evolución de la contaminación del acuífero de la vega de
Granada por nitratos ). Por otra parte, paradójicamente, la aplicación de
fertilizante artificial, inhibe el proceso natural de fijación del nitrógeno
(Bifani, 1997) .
Está comprobado que el resto de los
fertilizantes tienen problemas similares para ser absorbidos por las plantas,
habiéndose demostrado que las plantas únicamente absorben el 20% del fósforo
que se aplica en los cultivos, de tal forma que el resto queda fijado en formas
insolubles en el suelo.
Las impurezas de los abonos potásicos acentúan
el efecto salinizante. Con relación a los macronutrientes, el exceso en azufre
es altamente tóxico en las plantas y acidificante del suelo. También los
oligoelementos a partir de una cantidad adicional se vuelven tó xicos para las
plantas. (García, 1997).
De esta forma la planta sustituye, para su
consumo nitrógeno, fuentes energéticas renovables por nitrógeno sintético,
que se produce a partir de recursos no renovables. Las pérdidas de
fertilizantes, suponen, además de la degradación química y física del suelo,
y de la pérdida de fertilidad, un despilfarro gravoso para el agricultor y para
la sociedad en su conjunto, dadas las altas necesidades energéticas que tiene
la producción de abonos.
Los metales pesados, además de encontrarse en
los plaguicidas (por ejemplo mercurio en los funguicidas) son muy frecuentes en
los fertilizantes. A excepción de pH ácidos, los metales son poco móviles en
suelos y tienden a acumularse en la parte superficial, en el horizonte má ;s
activo, lo que hace que los metales estén fácilmente accesibles para los
vegetales. Los riesgos proceden de su toxicidad y de carácter bioacumulativo.
El aumento de salinidad puede incrementar la movilidad de los metales pesados.
González de Molina y Pouliquen (2000: 456-457),
realizan un balance de los aportes de nitrógeno en la agricultura de la Vega de
Santa Fe, desde 1750, que donde se observa esta tendencia creciente de
contaminación.
Tabla 9. Balance anual del nitrógeno en las
distintas épocas históricas con distintas rotaciones y sucesiones de cultivos
(en kg/ha)
1850
1904
1940
1950 – 60
1950 – 60
1950 – 60
1975 – 1990
1975 – 1990 Trigo- Haba - Lino – Cáñamo
Trigo – Haba – Remolacha
Patata – Trigo – Haba – Trigo
Tabaco – Trigo
Tabaco – Trigo – Remolacha
Trigo – Remolacha
Tabaco – Trigo
Maíz – Trigo -5
-50
14
-4
-1
14
24
48 47
-2
8
9
36
56
42
66 Fuente: González de Molina y Pouliquen (2000)
En este balance, se observa el inicio del proceso
de degradación por nitratos de los suelos de la Vega a final del siglo XIX,
coincidiendo con los forzamientos más importantes introducidos por la
agroindustria remolachera, momento en el que los abonos químicos empezaron a
ser utilizados con regularidad como complemento del estiércol. A partir de los
años 50 – 60 la contaminación se produce de forma estable y creciente, lo cuál
se aprecia claramente en la nitrificación del acuífero de la Vega, que
describimos más adelante.
En cuanto al exceso de sales ( salinización o
sodificación ), como otro de los procesos de degradación del suelo
reconocido por la FAO, ya se ha mencionado que tanto los plaguicidas como los
fertilizantes, así como el riego con aguas salobres, son una fuente potencial
de salinización. En diferente literatura de la Vega de Granada, ésta es
reconocida como un proceso de alto riesgo. Como ya hemos mencionado, históricamente
en la Vega se utilizaron aguas residuales para el riego, y aunque en la
actualidad esto está prohibido, es una práctica que en verano y en épocas de
sequía se sigue produciendo. Según Dorronsoro (1997), el mal uso del agua
de riego provoca la salinización y la sodificación del suelo. En el primer
caso se produce una acumulación de sales más solubes que el yeso que
interfieren en el crecimiento de la mayoría de los cultivos y plantas no
especializadas. En el segundo caso se produce una acumulación de sodio
intercambiable que tiene una acción dispersante sobre las arcillas y de
solubilización de la materia orgánica, que afecta muy negativamente a las
propiedades físicas del suelo, por lo que el medio será menos apto para el
crecimiento de los cultivos . Este proceso quizás no sea tan acentuado en
el municipio de Granada, donde el espesor del manto freático es bastante
grueso, como en otros como Santa Fe o Fuente Vaqueros, donde el nivel freático
está muy cerca del suelo.
Por último, respecto a la degradación física
y la degradación biológica del suelo de la Vega, ya hemos mencionado
las diferentes prácticas de la agricultura intensiva que están en su origen.
Según la FAO (1980), el deterioro físico del suelo, se produce como
consecuencia de efectos negativos sobre la porosidad, la permeabilidad, la
densidad aparente y la estabilidad estructural. El exceso de laboreo, la escasa
adición de materia orgánica al suelo, la utilización de biocidas, el
mantenimiento desnudo del suelo y la compactación debida al excesivo paso de
maquinaria, son prácticas de manejo inadecuadas que causan efectos muy
negativos sobre las propiedades físicas del suelo, reduciendo igualmente su
fertilidad. (Guzmán, 2000: 272 – 273).
La degradación biológica es consecuencia de un
manejo agrí cola inadecuado del suelo que provoca la alteración de sus cadenas
tróficas al reducirse la diversidad y actividad de los microorganismos y fauna
existente. En general, ya hemos mencionado los efectos indiscriminados y
altamente tóxicos de los fitosanitarios sobre los seres vivos del suelo. Esta
degradación supone una pérdida de fertilidad del suelo, al impedirse o
inhibirse el funcionamiento del ciclo de los nutrientes en el suelo. Se trata de
un efecto muy perjudicial porque los microorganismos y macroorganismos del
suelo, tienen la capacidad de recircular los residuos de la actividad
agroganadera como estiércoles y restos de cosechas; participan en el proceso de
formación del humus; mejoran la capacidad de intercambio catiónico;
solubilizan los nutrientes que no están disponibles para las plantas; fijan
nitrógeno; mejoran la capacidad de autodepuración del suelo, etc., reduciendo
la necesidad de subsidio permanente de energía desde el exterior.
Consecuentemente el suelo degradado desde el punto de vista biológico no puede
reciclar los nutrientes y la energía, lo cuál genera dos efectos muy negativos
desde el punto de vista de la sostenibilidad del agroecosistema: 1. Son
sistemas a los que hay que aportar insumos ricos energéticamente de forma
continuada, lo que pone en jaque su sotenibilidad y autonomía. 2. Son sistemas
incapaces de reacomodar los residuos generados por lo que se convierten en
fuentes de contaminación. (Guzmán, 2000: 274).
Se señalan dos razones para la disminución del
número de especies de plantas silvestres. Por un lado la intensificación y
extensión de las zonas de cultivo y uso no agrario en detrimento de los
barbechos y pastos naturales , y por otra parte, la introducción de
herbicidas tanto dentro de las parcelas como también fuera de ellas y en los
cauces de los arroyos.
Igualmente los cambios acontecidos en el
ecosistema, la degradación de los habitats de ribera, por canalización del
Genil, del Beiro, tala de bosquetes, deterioro de la red de acequias, extensión
del monocultivo, utilización de plaguicidas y fertilizantes sintéticos, etc.,
han mermado la fauna silvestre existente.
Lo mismo ha ocurrido con los animales no domésticos,
cuestión que hemos documentado con testimonios orales y que se relaciona, según
éstos, con la transformación de la dehesa en pinar (desaparición del ganado
mayor y menor), con el encauzamiento del río Genil (desaparición de especies
acuáticas y anfibias) y con la desaparición de cultivos como el lino y el cáñamo
(desaparición de aves). La necesidad actual de un uso repetido de insecticidas,
acaricidas y desinfectantes de suelo evidencia las modificaciones de las cadenas
tróficas, relacionadas con la desaparición de numerosos depredadores y parásitos
presentes en otras épocas . (González, 2000: 440).
En cuanto a las plantas de cultivo a lo largo de
la historia de la Vega las producciones cuya salida es el mercado exterior, van
sustituyendo a aquellas que servían para el autoabastecimiento de la comunidad,
implantá ndose la cultura del monocultivo, asociada a una estandarización de
las variedades de semillas que a su vez genera una dependencia del mercado
externo. Así, tanto en los cultivos de remolacha, como del tabaco o de cereales
las semillas son producidas en el extranjero, reduciendo la diversidad interna,
fuente de autonomía. Con ello se reducen las posibilidades de aprovechar los
sinergismos y complementariedades de un agroecosistema heterogéneo, de tal
forma que la simplificación disminuye su resilencia siendo cada vez más frágil
y menos estable, así como más dependiente de las decisiones y cambios
provenientes del exterior.
En la actividad ganadera también se observa un
"monocultivo intensivo" del ganado vacuno, o porcino u ovino, variable
por razones de mercado, de tal forma que la integración tradicional de la
actividad agrícola con la ganadera se ha desequilibrado, con los consiguientes
desequilibrios ambientales que ello origina y degradación de los recursos
locales.
Tabla 10. Evolución de la cabaña ganadera en
el municipio de granada
Finalmente hay también pérdida de biodiversidad
en los macro y microorganismos del suelo, por la confluencia de los diversos
factores de los que ya hemos hablado en la degradación del suelo.
Los mayores problemas en el abastecimiento del
agua se deben principalmente al estiaje de los ríos, al estado de las acequias
(sin revestir casi en su totalidad), a la forma de riego tradicional (a manta),
y a la intensificación de la agricultura (con cultivos que necesitan mucha agua
precisamente en verano). En parte estos problemas se han venido solucionando últimamente
por medio de pozos particulares que extraen el agua del acuífero detrítico de
la Vega. (Menor, 2000: 205).
Además del problema cuantitativo, está el
cualitativo, y es que no sólo se está consumiendo cada vez más agua del acuífero,
sino que la que se devuelve a éste es contaminada en plaguicidas y
fertilizantes (compuestos orgánicos persistentes, nitratos, nitritos, metales
pesados, etc.), cuyos procesos y efectos hemos descrito cuando hablábamos de la
degradación del suelo, lo cuál pone de manifiesto como el deterioro de
diferentes recursos del medio es indisociable.
Para conocer la magnitud de la contaminación,
nos dirigimos al Instituto Tecnológico y Geominero de España, el cuál dispone
de una red de piezómetros en el acuífero donde además de vigilar el nivel
piezométrico, vigila los niveles de diferentes compuestos químicos en el agua.
En la siguiente tabla, donde hemos recogido únicamente los datos de niveles de
nitratos correspondientes a nuestro municipio de estudio, se pone de manifiesto
el enorme impacto de la agricultura sobre el agua del acuí fero. Si comparamos
los valores medidos en un periodo amplio de años, vemos como la Concentración
Máxima Admisible (50 mg/l) es superada con frecuencia, y el Valor Guía (25
mg/l) queda siempre por debajo de las concentraciones reales.
Tabla 11. Evolución de la contaminación del
acuífero de la vega de granada por nitratos
Cota 775 Cota 675 Cota 636 Cota 624.09 Cota 616 Cota 603.5 (mg/l) (mg/l) (mg/l) (mg/l) (mg/l) (mg/l) 08/03/85
01/03/86
31/03/88
01/04/89
10/10/91
10/12/92
20/05/93
15/10/93
24/05/94
14/12/94
10/04/95
29/09/95
09/04/97
25/09/97
14/03/00 50
36
44
41
42
45
44
40
48
43
50
43
50
41
36 11/02/84
11/03/85
01/03/86
31/03/88
10/04/89
08/10/91
22/05/92
18/01/93
21/05/93 44
56
42
45
42
49
34
54
51 02/10/81
07/02/84
07/02/84
11/02/84
06/03/85
01/03/86
31/03/88
01/04/89
11/10/91
22/05/92
27/11/92
17/05/93
27/09/95
25/11/96
08/04/97
24/09/97
27/04/98
15/02/00 44
48
62
62
85
60
82
67
70
64
60
58
64
68
74
78
72
71 01/10/81
02/09/82 14
55 11/02/84
07/03/85
01/03/86
31/03/88
01/04/89
09/10/91
20/05/92
09/12/92
17/05/93
15/10/93
15/04/99 48
109
109
92
104
110
104
88
75
110
96 11/02/84
01/03/84
31/03/88
01/04/89
06/10/89
02/06/92
09/12/92
19/05/93 27
52
55
62
52
39
72
60 Concentración Máxima Admisible (límite
legal) .................................. 50 mg/l
Nivel guía (valor máximo de referencia
deseable)............................... 25 mg/l Fuente: Instituto Tecnológico Geominero de España.
Elaboración Propia.
El riesgo de contaminación por fertilizantes y
pesticidas es señ alado en diferentes investigaciones que se han llevado a cabo
en la Vega de Granada o en el acuífero, cuya vulnerabilidad a la contaminación
ha sido calificada de alta (Castillo, 1986). Este hecho es especialmente
preocupante, si tenemos en cuenta que el poder de depuración del agua subterránea
es muy bajo, de tal forma que la acumulación continua de contaminantes puede
comprometer las posibilidades de uso de este recurso. No podemos olvidar que
existen poblaciones que lo utilizan para abastecimiento de agua potable, incluso
el propio municipio de Granada, cuenta con siete sondeos para abastecimiento en
caso de emergencia.
La comunidad social ya no vive en equilibrio con
la actividad agrícola, no existe el mismo vínculo entre ésta y su medio que
antañ o. La desaparición de las prácticas tradicionales del agroecosistema,
está mermando la reproducción de la cultura agraria de unas generaciones a
otras, ya que por un lado la información es fundamentalmente externa al
sistema, y por otro los jóvenes, hijos de los agricultores, se dirigen a otros
sectores de actividad. De esta forma más de la mitad de los agricultores tiene
una edad superior a 55 años (Menor, 2000: 380). En otras palabras, por un
lado el uso de los recursos a través de la agricultura está amenazado por la
falta de personas que desempeñ en esta labor; por otro lado, la reproducción
del agroecosistema pasa a depender de conocimientos y culturas ajenas al mismo.
En conclusión, la sustentabilidad social del agroecosistema no está asegurada (González,
2000: 446).
Vemos por tanto como el agroecosistema de la Vega
está deteriorando los recursos naturales que garantizan la persistencia de su
productividad, generando importantes tensiones ecológicas y socioeconómicas, y
comprometiendo su estabilidad y resilencia. Para mantener este sistema
profundamente artificializado e incrementar el crecimiento económico, se
necesita aportar grandes cantidades de energía y nutrientes exó genos
(recursos no renovables), que deterioran sus recursos. Así, según Bifani
(2000:434 – 468) pueden señalarse como origen de la artificialización, la
mecanización, los subsidios energéticos en términos de nutrientes
(fertilizantes, control de plagas, enfermedades y malezas) y sobre todo el uso
de variedades hí bridas y alto rendimiento y manipulación genética.
Igualmente deben considerarse como subsidios energéticos los esfuerzos
dirigidos a aumentar los requerimientos del riego y contrarrestar los procesos
de degradación del suelo (erosión, salinización, contaminación, pérdida de
biodiversidad) que suponen una pé ;rdida de fertilidad y que están al mismo
tiempo causados por esa artificialización de la agricultura que intenta
paliarlos.
Esta situación se agravará haciéndose cada vez
más insostenible de no iniciar prácticas agrícolas que eviten el deterioro de
los recursos naturales locales y constituyan un sistema cada vez más
autosuficiente. Sin embargo, hasta la fecha, no se han puesto en marcha
iniciativas de agricultura ecológica, en sus distintas concepciones, que
intenten integrar los principios de sostenibilidad que presentábamos al empezar
este punto:
- Utilización de recursos renovables que sean
además localmente accesibles.
- Integración de los límites y potencialidades
del medio local.
- Aumento de la diversidad (biológica y
cultural) del sistema.
- Optimización de la recirculación de productos
y residuos, de tal forma que el sistema sea los más autónomo y autosuficiente
posible.
El siguiente cuadro sintetiza las propuestas
formuladas por diferentes autores y la Campaña de Consumo Responsable de
Granada.
Tabla 12. Indicadores diagnóstico del
agroecosistema y propuestas hacia la sostenibilidad
< 50 t/ha/año Reorganización de los cultivos y fomento
de la fertilización orgánica Reducción de cultivos muy exigentes en
agua.
Mejora de la distribución general del
agua.
Extensificación de los cultivos. Cambio
en las estrategias de fertilización. Reorganización del uso del territorio Diversificación de las producciones
Diversificación de los compradores
Fomento de los mercados de proximidad
Fomento de los circuitos de distribución
cortos
Fomento del asociacionismo comercial Fuente: Instituto de Socioecología y Estudios
Campesinos (2000), Menor (2000), Campaña de Consumo Responsable de Granada.
Elaboración propia. Publicación enviada por Instituto de Socioecología y Estudios Campesinos Contactar http://www.aldearural.com/subcategorias/documentacion/Agriculturaintensiva.htm Código ISPN de la Publicación EpZkkllpZywqbDgcYl Publicado Wednesday 24 de December de 2003 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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