Monografias | Las parafilias : importancia médico-legalLas parafilias : importancia médico-legalResumen: Para los fines de esta comunicación nos interesa delimitar conceptualmente el concepto sexológico de parafilia (DSM-IV) como perturbación sexual cualitativa, dadas las dificultades que aún presenta para su interpretación en el campo de la Salud Mental y de la Medicina Forense. Introducción Para los fines de esta comunicación
nos interesa delimitar conceptualmente el concepto sexológico de parafilia
(DSM-IV) como perturbación sexual cualitativa, dadas las dificultades que aún
presenta para su interpretación en el campo de la Salud Mental y de la
Medicina Forense. Llamada por el CIE-10 OMS desviación
sexual, todavía no es clara para muchos su delimitación psicopatológica,
ya que se la confunde con denominaciones de vieja raigambre de escuelas psicológicas
tradicionales. Clasificación de las
perturbaciones sexuales En nuestra tesis doctoral Delimitación
conceptual de las perturbaciones sexuales, Facultad de Medicina, UBA,
1980, dividimos las perturbaciones sexuales en general en cuantitativas
(disfunciones sexuales) y cualitativas (desviaciones sexuales o parafilias). Las disfunciones sexuales
(tanto para el CIE-10 de la OMS como para el DSM-IV) son perturbaciones
sexuales cuantitativas por desequilibrio en más o en menos del deseo o
apetito sexual (erotización) y de la capacidad funcional o rendimiento coital
(sexogenitalización). El rasgo esencial es la exaltación
o inhibición de los deseos eróticos (más frecuentemente el bloqueo) y/o los
cambios psicofisiológicos durante el coito, que caracterizan el ciclo
completo de la respuesta sexual. Las desviaciones sexuales
(CIE-10 OMS) o parafilias (DSM-IV) son perturbaciones sexuales
cualitativas (como veremos) cuyas manifestaciones sexuales se caracterizan por
la deformación de la imagen de la pareja (DIP) o por la deformación del acto
sexual (DAS) es decir, anomalías del fin sexual. Definición de parafilia Se configura la parafilia cuando
se necesita sustituir la finalidad sexual biopsicosocial en circunstancias en
que ésta es posible, por cualquier otro tipo de expresión sexual que
determina la única manera de poder excitarse en forma sistemática y
preferencial. De modo que los medios se
convierten en fines, en forma repetitiva, configurando un patrón de conducta
rígido que adquiere carácter opresivo (pérdida de libertad) e impidiendo
tener opciones libres entre alternativas. Por lo tanto lo que configura
la parafilia no es el "qué" de la expresión sexual, sino el
"cómo" se instrumenta. Es necesario hacer un diagnóstico
de personalidad para establecer la genuinidad de la manifestación sexual
(egosintonía) o su sintomaticidad (egodistonía). Concepto de parafilia De acuerdo con las definiciones
precedentes, las parafilias se caracterizan por la excitación sexual como
respuesta a objetos o situaciones sexuales que no forman parte de los estímulos
adecuados o normativos o convencionales y que en diversos grados pueden
interferir con la capacidad para una actividad sexual afectiva recíproca. El término "parafilia"
subraya concretamente que la desviación (para) se encuentra en aquello por lo
que el individuo se siente atraído (filia), fijando un patrón de conducta
regular sistemática preferencial y a veces único. La imaginación o los
actos inusuales o extravagantes son necesarios para la excitación sexual.
Tales imágenes o actos tienen que ser insistentes e involuntarios y por lo
general suponen: _ La preferencia por el uso de
objetos no humanos para la excitación sexual. _ La actividad sexual repetida con
humanos en la que hay sufrimiento. _ La actividad sexual repetida con
parejas que no consienten o no son partidarias de ese tipo de expresión
sexual, hecho que puede tener significación psicopatológica y/o psicojurídica. Los individuos que presentan estas
alteraciones tienden a no considerarse a sí mismos como perturbados sexuales Grado de manifestación de las
parafilias Pueden expresarse con distinta
intensidad y con diferente modalidad. Así se observan las siguientes formas: Mínima: expresión erótica
fantaseada (imágenes, pensamientos, recuerdos) o actuada, reconocida como
placentera por el individuo y que aparecen espontáneamente sin perturbar las
actividades sexuales convencionales; pueden aparecer en forma espontanea,
reiterada o persistente. Acentuada: expresión erótica
fantaseada o actuada reconocida como placentera por el individuo y que se
busca insistentemente para lograr satisfacer las actividades sexuales
convencionales. Predilecta o dependiente:
expresión erótica que interfiere manifiestamente la actividad sexual
convencional reemplazándola en forma electiva (selectiva) preferencial
(prevalente) o única (exclusiva). Características semiológicas Interesa fundamentalmente la forma
predilecta o dependiente, que se caracteriza por la excitación sexual como
respuesta a objetos o situaciones sexuales que no forman parte de los estímulos
convencionales y que en diversos grados interfieren con la reciprocidad
afectiva, fijando un patrón de conducta regular, sistemático, preferencial y
a veces único. Las características semiológicas
son: Carácter opresor: pérdida
de libertad para tener una opción libre entre alternativas. No puede dejar de
actuar así. Carácter rígido: la
excitación sexual es tributaria sólo de determinadas situaciones y
circunstancias, estableciéndose un patrón de conducta. Carácter impulsivo:
necesidad de repetir la experiencia, ya que lo único que "calma" la
excitación sexual es la ejecución de ese tipo de opción. En nuestra experiencia sólo
tienen relativa posibilidad de modificar su conducta los egodistónicos, que
son muy pocos y en la inmensa mayoría son sintomáticos de una alteración
psiquiátrica de base. La sexualidad y su incidencia
en el crimen Al analizar al agresor sexual
dentro del Código Penal Argentino se debe partir de los siguientes
presupuestos: 1) Para comprender los delitos
sexuales se debe estudiar la conducta sexual de cada individuo; 2) Estos delitos puede ser
cometidos por individuos considerados "normales" y la conducta
sexual delictiva puede estar ligada a una circunstancia: _ Personal (biografía,
personalidad previa, etcétera) o _ Ambiental momentánea (consumo
de drogas y/o alcohol, situación desencadenante, etcétera). 3) Las perturbaciones sexuales
"per se" no son delictivas si no están tipificadas como tales por
el CP. 4) No es lo habitual que los
delitos sexuales sean cometidos por perturbados sexuales (disfuncionales y/o
parafílicos o desviados). 5) En la dinámica de las
conductas sexuales delictivas se encuentran dos elementos de importancia: _ La particular sexualidad
individual del victimario, y _ El comportamiento eventual de la
víctima (tiene mucha importancia). 6) Los delitos sexuales más
comunes son la violación, el abuso deshonesto, el estupro, el abuso sexual
con menores, el exhibicionismo, la prostitución, el crimen sádico, etcétera. Con respecto a la sexualidad y su
incidencia en el crimen se pueden realizar las siguientes reflexiones: 1) Las conductas sexuales que
configuran delito son una realidad de observación cotidiana y se utilizan
todas las manifestaciones sexuales que el ser humano puede imaginar. 2) Algunos autores sostienen que
detrás de todo delito sexual se esconde un problema de perturbación sexual.
Si bien esta afirmación es evidentemente excesiva, es cierto no obstante que
la sexualidad perturbada (disfuncional y/o desviada) es potencialmente
generadora de conductas desadaptativas que pueden desembocar en conductas
delictivas. 3) De manera que es importante
estar en condiciones de entender las conductas sexuales humanas y si estas se
dan o no en el marco de una personalidad con perturbaciones psicosexuales y/o
psicopatías sexuales. Psicogénesis de la conducta
sexual delictiva En la psicogénesis de la conducta
delictiva se observa que: 1) El individuo que delinque,
cualquiera sea su forma, tiene una personalidad, por lo tanto el estudio de la
conducta sexual delictiva debe hacerse en función de ésta y en el marco de
su contexto social. 2) El individuo en sus continuas
tentativas de adaptación al mundo en que vive; las conductas adquieren una
significación y una intencionalidad que constituyen un todo organizado
(portador de un sentido) y están dirigidas a un fin. 3) Así, la conducta sexual
delictiva es una conducta concreta del victimario, expresión de su relación
con la víctima en un lugar (espacio) y en una fecha (tiempo) determinados. 4) La dificultad del delincuente
para aceptar la ley implica dificultades en el desarrollo de su personalidad,
ya que significa una alteración, violación o transgresión de la norma
establecida. 5) Es tarea de la sexología y la
psiquiatría forenses establecer los aspectos de la personalidad de cada
delincuente sexual y diferenciar con la mayor exactitud posible la génesis y
dinámica del fenómeno criminal en cada caso particular. Importancia del diagnóstico de
personalidad en las perturbaciones sexuales Para poder analizar este punto
debemos saber si tras una perturbación sexual se esconde básicamente una
alteración de la personalidad. La sexualidad no escapa al ser humano, por lo
tanto cuando nos encontramos ante una perturbación sexual, cualquiera sea su
nombre, lo primero que tenemos que preguntarnos es qué alteración de la
personalidad presenta el individuo a investigar. Para hacer comprensible esta
postura es necesario enunciar algunos conceptos básicos de cómo llegar a la
delimitación de la personalidad. Comenzaremos con el concepto de individuo.
Se entiende por tal todo ejemplar concreto de una especie cualquiera de seres
vivos. Esto supone cierto grado de unidad y organización interna. Así
"individuum" es unificado en sí mismo, por consiguiente distinto
del resto. Es decir, el individuo tiene una individualidad y está organizado
en forma tal, que tiene un organismo y un psiquismo intrínsecamente
unificado, siendo el hombre el que ha alcanzado el más alto nivel de perfección. Todo individuo interacciona en un
medio. En éste se distingue un ambiente objetivable físicamente (por ejemplo
el habitat) y un mundo psíquicamente subjetivo (por ejemplo las vivencias y
experiencias, etcétera). De la interacción hombre-medio
surge en el individuo la posibilidad de adquirir el rango de persona, ya que
es el único ser vivo que está capacitado para desarrollar dotes de ser
racional (es el único ser vivo que puede pensar que piensa) y autónomo
(puede escapar del determinismo biológico y hacer uso libre de lo pulsional),
por lo que podemos decir que "personalidad" es a la persona lo que
individualidad es al individuo en un nivel más jerarquizado. Se entiende por
personalidad el estilo de vida común a todas las conductas o de un número
predominante de ellas que hacen identificable a una persona de otra. Por lo
tanto, en una personalidad bien integrada se advierte "un estilo
propio", un sello particular que la diferencia de la otra. Se reconoce en
la personalidad una parte estática o aptitud, dada por lo biológico del ser,
y una parte dinámica o actitud dada por lo psicosocial. La personalidad se
expresa por conductas ya sean implícitas o explícitas. La personalidad
interacciona permanentemente con el medio, en este caso a través de un
micromundo, la familia, y un macromundo, la sociedad, generando un proceso de
retroalimentación entre dos polos: la asimilación y la transmisión. La
personalidad "asimila" lo exocultural haciéndolo endocultural, es
decir, la sociedad que le preexiste le "trasmite" al hombre a través
de las generaciones su carga cultural, su mensaje codificado por pautas que éste
debe asimilar aprendiéndolas y aprehendiéndolas. Por lo tanto, la
personalidad se desarrolla históricamente en base a su propia capacidad y la
interacción con lo sociocultural. De ello dependerá el grado de adaptación
o adecuación a las pautas normativas y el grado de valoración judicativa y
ética que la personalidad asuma (véase el Cuadro 1). Cuadro 1 El proceso de sexuación. La
motivación de la conducta sexual A través del área biológica del
SS se expresa el dimorfismo sexual a nivel cerebral, genital, etcétera,
configurando el sexo del individuo, es decir, lo que genéricamente
"es": macho o hembra. Se manifiesta explícitamente a través del
sexo morfológico o genital. A nivel social del SS se expresa
el papel sexual, es decir, el rol de género que le asigna al individuo el
medio, de acuerdo con las pautas de la cultura (familia, sociedad) a la que
pertenece (expresión pública), de manera que el individuo debe aprender
desde su nacimiento a identificarse con la sexualidad que se le asigna. Es lo
que "se espera que sea": que adopte roles masculinos o femeninos. A nivel psicológico del SS se
expresa la identidad de género, es decir la convicción a edad temprana
(alrededor de los tres años de edad) de que se es niño o niña. Es la
internalización psicológica como experiencia privada de los roles de género
asignados culturalmente como expresión pública, tomando el niño o la niña
conciencia de su masculinidad o feminidad. Los "moldeadores"
ambientales (aprendizaje-educación) normatizan las funciones que el individuo
debe "actuar" (sexualidad de asignación). De la mayor o menor concordancia
entre el sexo morfológico o genital (área biológica) y la sexualidad de
asignación (área psicosocial) del SS surgirá la identidad sexual, que es un
sentimiento íntimo y personal de pertenecer a tal o cual sexo y la
factibilidad de concordar con las expectativas que la cultura a la que
pertenece espera de él. Si existe indefinición, surgirá un sentimiento
confuso de ambivalencia, conflicto que deberá enfrentar y/o esclarecer en el
decurso de su guión personal (desarrollo de la personalidad). La identidad
sexual posibilita que el individuo "se sienta" varón o mujer. El proceso de sexuación de una
persona no depende de la edad cronológica, sino de la posibilidad de sortear
los diferentes obstáculos ambientales que se le van presentando en el
trascurso de su historia vital. Así se reconocen distintos
momentos en su evolución psicosexual. Se describen una etapa autofílica
(obtener placer consigo mismo), una etapa isofílica (identificación
placentera con el mismo sexo) y una etapa heterofílica (placer puesto en el
otro sexo). El desarrollo de la personalidad
sexual se establece por un guión personal, es decir, la motivación interna
que acompaña históricamente al individuo, a través de la cual obtiene su
orientación sexual, que es la capacidad de sentir atracción erótica por
objetos sexuales. La interacción entre el guión con el deseo sexual
despierta la relación con "el otro". Los objetos sexuales pueden ser
vivientes o no vivientes. Los vivientes pueden ser humanos o no humanos.
Dentro de los humanos se reconocen distintas alternativas que despiertan
atracción a un sujeto: el mismo sujeto-objeto (orientación autosexual), una
persona del mismo sexo (orientación homosexual), una persona del otro sexo
(orientación heterosexual) o indistinta (véase el Cuadro 2). Cuadro 2 El delito parafílico Se debe tener en cuenta que: 1) No se trata de justificar
los comportamientos parafílicos y menos aun las psicopatías sexuales, pero
la condenación por el hecho de tenerlos, si no transgreden pautas legales, si
se viven en la privacidad y no perjudican a terceros, es una intolerancia
social. 2) Todo consiste en hacer que
el sujeto tome conciencia de que debe vivir su sexualidad parafílica con los
mismos criterios de responsabilidad que los que presiden el ejercicio de la
sexualidad convencional. Nadie es responsable de sus tendencias: sólo es
responsable de las formas cómo las vive. 3) La parafilia no es una
elección, sino un destino, pero, al igual que la sexualidad convencional,
debe ajustarse a las pautas normativas de convivencia en el respeto por el
otro. Así, por ejemplo, si un
sadomasoquista con su comportamiento sexual daña el cuerpo o la salud de otro
o distorsiona la sexualidad de un menor, aunque medie consentimiento de quien
lo sufre, constituye un delito, ya que la producción de lesiones está
contemplado en los arts. 89, 90 y 91 del CP. 4) El llamado crimen sádico
(parafilia como móvil del homicidio) está contemplado en el art. 80 inc. 4º
del CP (homicidio por placer), ya que la causa y la razón del hecho tiene un
origen sexual. El código dice: "...quien mata por placer y al hacerlo: a) Experimenta una sensación
agradable; b) Encuentra en ello satisfacción
o; c) Se regocija perversamente al
destruir la vida..." Es decir, el acto sádico
(placer) que lleva al homicidio (por causa y razón sexual), configura un
homicidio agravado por el placer y puede ser: a) Si el actor mata para
provocar su sexualidad (simbolismo sexual homicida); b) Si mata para lograr el
objeto que le provoca placer (fetichismo); c) Si mata para profanar el cadáver
(homicidio necrofílico); d) Si mata a otro para saciar
su deseo ya despertado por una tercera persona (celos y envidia) (homicidio
"justiciero y reivindicador"); e) Si mata por estar
decepcionado por el comportamiento que presenta la víctima, opuesto al
"esperado y fantaseado por el actor" (placer en la expiación de una
actividad sexual "impura"); Quedan descartados aquellos en
que la muerte es el resultado de una violación (ocultación del delito, art.
81 inc. 7º, CP) y la actividad necrofílica (si no hay homicidio, no hay
delito). 5) La necrofilia (el muerto es
una cosa) es una parafilia que "per se" no configura delito si el
actor no mató a la víctima previamente para realizar la actividad necrofílica. El resto de las llamadas
"parafilias" quedan en el estricto problema de lo íntimo de cada
persona y no suelen ser ni frecuentes ni generadoras de importantes conductas
delictivas. Otras manifestaciones
sexuales Dentro del amplio campo de las
perturbaciones sexuales sobre todo cualitativas (desviaciones y/o parafilias)
sólo enumeraremos aquí a aquellos comportamientos sexuales parafílicos o no
que con relativa frecuencia se observan en el quehacer médico-legal: 1) El fetichista que roba el
objeto fetiche puede ser causa de examen pericial (diferenciar de la cleptomanía
o robo compulsivo). Éste es un robo de clara base sexual para obtener el
objeto deseado y gozar con su colección u obtener placer orgásmico solitario
con su presencia. 2) Los mironistas, los escoptofílicos,
los exhibicionistas y los frotadores suelen crear conflictos sociales que
terminan en problemas judiciales, si bien comparados con los sádicos son los
delincuentes menores de la sexualidad y suelen mover a irritación o sorna. No
obstante, a veces suele observarse en la escalada de las personalidades con
parafilias múltiples que comienzan como mirones, luego como exhibicionistas,
siguen como paidofílicos y así progresivamente frotadores, acosadores,
abusadores y por último violadores sádicos, etcétera. 3) La homosexualidad y el
trasvestismo no constituyen "per se" delitos, ya que el CPA no los
tipifica como delito, por lo tanto no debe considerarse al homosexual o al
trasvestista como delincuentes por el solo hecho de ser tales. Existen homosexuales que
cometen delitos al igual que los heterosexuales. Las conductas sexuales de
algunos homosexuales (tal vez debido a la marginación social o a que muchos
presentan trastornos psíquicos) pueden ser consideradas socialmente
peligrosas o por la estructura de su personalidad ser portadores de un estado
peligroso predelictual. En estos casos a nivel criminógeno
el homosexual frente al CP puede situarse en una doble actitud antijurídica: 1) Por un lado mediante la
comisión directa de delitos motivados por su frecuente estructura emocional
inestable; así se obser 2) Por otro lado los
homosexuales pueden delinquir (igual que los heterosexuales) para satisfacer
sus necesidades y/o apetencias sexuales; tal es el caso de la corrupción, el
abuso deshonesto, el exhibicionismo, etcétera, sobre todo cuando tienen una
estructura psicopática, al igual que algunos heterosexuales. Los homosexuales prostitutos
(por lo general bisexuales), por ejemplo algunos de los llamados "taxi
boys", a veces generan conflictos sociales y conductas delictivas, ya que
suelen algunos extorsionar a los homosexuales que abonan sus servicios, robar
y hasta matar cuando no logran sus objetivos. Se han observado casos de
"homosexuales latentes" que temen por sus inclinaciones eróticas y
que matan en serie a otros homosexuales como una actitud "reivindicatoria
social" y como reaseguro frente a su virilidad cuestionada. Los trasvestistas son personas
que siendo inequívocamente de un sexo se visten con ropas del otro sexo
acompañando este hecho a veces con la utilización de hormonas para
desarrollar caracteres morfológicos externos sexuales similares a los del
otro sexo, por ejemplo el desarrollo de las mamas. No necesariamente son todos
homosexuales ni suelen tener tendencias transexuales (intento de cambio quirúrgico
de sus genitales externos). Muchos de ellos presentan conductas delictivas,
ejercen la prostitución o son detenidos por transgresiones a las normas jurídicas,
pero no por su conducta sexual si es ejercida en privado. La estructura psicopática
sexual La psicopatía sexual no debe
definirse como el carácter perturbado del comportamiento sexual, como
habitualmente se hace, pues esto supondría la colocación abusiva de una
etiqueta peyorativa sobre toda actitud no conformista. Ya hemos visto que las
perturbaciones sexuales cualitativas se denominan "parafilias" o
"desviaciones sexuales", no siendo obligatoriamente estas psicopatías
sexuales, es decir, los comportamientos parafílicos son modos de vida sexual
simplemente desviados, sin alcanzar en la inmensa mayoría de las veces el
grado de verdaderas sexopatías. Por lo tanto los comportamientos sexopáticos
no deben limitarse a conductas sexuales parafílicas; la sexualidad más
ortodoxa puede ser vivida en forma psicopática. Hay muchas maneras de vivir la
psicopatía sexual; por ese motivo resulta difícil generalizar el concepto de
estructura sexopática. La psicopatía sexual está configurada cuando la
actividad sexual convencional o desviada se da en el marco de un
comportamiento psicopático. Desde el punto de vista semiológico
se describen cinco elementos que nos permiten avalar la estructura psicopática
sexual: 1) Transgresión: es una
conducta antisocial, voluntaria, consciente y erotizada; realizada como búsqueda
de placer sexual (objeto sexual). 2) Malignidad: al
desviado sexual no sexópata le es indiferente la idea de mal 3) Justificación: la
contradicción del sexópata es que al tiempo que busca el placer a través de
la transgresión y la maldad, se pretende justo; es decir, siempre encuentra
la justificación del hecho que comete, no logrando nunca la autocrítica. 4) Proselitismo: el sexópata
no tiene escrúpulos frente al otro, lo reduce a objeto, lo destruye
moralmente a través del escándalo, la mentira, la degradación, etcétera.
Es decir, monta la escena erótica, el juego prevalece sobre las vivencias,
por eso prevalece la destrucción psíquica sobre la física. Luego pretende
reducir a su objeto sexual en cómplice. Es decir, pretende ampliar la nómina
de perturbados de la que forma parte, justificando "no soy el único". 5) Refractariedad: ningún
sexópata intenta modificar su comportamiento; sus tendencias le satisfacen y
son una razón para vivir. A veces se ponen en manos de un terapeuta para
paliar algún problema con la justicia, pero en el fondo no tienen intención
de tratamiento, y una vez solucionado el asunto (bien o mal) desaparecen. Hay
desviados, a diferencia de los sexópatas, que sufren por sus tendencias
(egodistónicos), siendo ésta una indicación de terapia, aunque ello no
asegura el éxito. Los sexópatas, desviados o no, son siempre egosintónicos,
por lo tanto refractarios a cualquier tipo de cambio a través de un
tratamiento. Por último debemos recordar que desde el punto de vista médico,
el ejercer presión sobre una persona al margen de su voluntad para realizar
un tratamiento, nunca llega a buen término. La criminalidad sexual y el
art. 34 inc. 1º del CPA En la relación existente entre
la criminalidad sexual y el art. 34, inc 1º del CP se debe tener en cuenta
que: 1) La valoración médico-legal
de los delitos de origen sexual supone relacionar el tipo de delito cometido
con la personalidad del delincuente, valorando, como ya es habitual, si en el
momento del hecho que se le imputa el actor ha tenido capacidad de comprensión
y la voluntad para dirigir su acciones o estuvo impedido de ello como
consecuencia de padecer una alteración morbosa de las facultades, un estado
de inconsciencia o de insuficiencia de las mismas (art. 34 inc. 1º CP). 2) La comprensión suele estar
conservada en todos los trastornos psicosexuales, salvo el caso de algunos
oligofrénicos, en demencias con trastornos orgánicos de la personalidad y
ocasionales cuadros psicóticos. También debe valorarse la situación del
conocimiento bajo la influencia de sustancias tóxicas, preferentemente el
alcohol y/o drogas. En general lo único que hacen los tóxicos es aflorar la
patología de base. 3) En el estudio de la
voluntariedad de los sujetos que llevados por su trastorno psicosexual llegan
a la comisión de un delito es frecuente observar que se los pretenda
encuadrar en situación de una ideación obsesivante patológica, es decir un
estado de "compulsión automatizada" que le haya impedido dirigir
sus acciones. Si bien no se puede descartar que esta situación podría
eventualmente darse, podemos afirmar que esta posibilidad es un hecho
excepcional. Debemos hacer notar que cuando
se habla actualmente de un trastorno obsesivo compulsivo (no
"impulsivo") y se utilizan ambos términos, se está haciendo
referencia a los pensamientos (obsesivos) y las conductas (compulsivas) que
caracterizan a esta neurosis. 4) Las obsesiones son definidas
como ideas, pensamientos, imágenes o deseos persistentes o recurrentes que
son ajenas al Yo (reiteración sobre un tema o problema), es decir que no se
experimentan como algo producido voluntariamente, sino más bien como ideas
que invaden el campo de la conciencia. El individuo por lo tanto realiza
intentos por ignorarlas o suprimirlas sin éxito (ideación parasitaria),
hecho que lo angustia. 5) Las compulsiones son
conductas que se experimentan no como el resultado de la volición del
individuo, sino que van acompañadas tanto de una sensación de impulso
irracional a efectuar alguna forma de acción, como por una lucha o deseo a
resistirse. Sin embargo, el impulso permanece como impulso y no es ejecutado
por el individuo, ya que este teme "perder el control" de su
conducta. Estos impulsos, aunque no
conducen a la acción, provocan gran ansiedad en el individuo y le obligan a
tratar de evitar la situación o el objeto que le provoca el impulso. Por
ejemplo no querer asomarse a un balcón por temor a sentir el impulso de
tirarse al vacío. En ocasiones la conducta
compulsiva se vuelve muy elaborada y repetitivamente esterotipada, haciendo el
neurótico lo que denomina "rituales compulsivos", por ejemplo
lavarse las manos tres veces o comenzar a caminar con el pie derecho ante el
temor a las infecciones o a caerse en la calle, etcétera. A veces estos rituales se
vuelven tan complejos, que llevan a interferir casi todas las actividades
diarias del paciente. Tanto las obsesiones como las
compulsiones son egodistónicas (ajenas al Yo) para el individuo. Sólo en
forma excepcional se han observado que las obsesiones bajo la forma de un
deseo imperativo de realizar actos disvaliosos (reñidos con los principios
del individuo y su manera de ser) se cumplan en la acción y sólo luego de
luchas internas (compulsiones) que pueden llevar hasta al agotamiento al
individuo. Ejemplo de ello son los a veces intrascendentes actos de cleptomanía
o los no tan intrascendentes episodios de piromanía u homicidios. Para que ello se configure como
una idea obsesivante patológica tiene que aparecer como una conducta
repentina e imposible de controlar y ejecutada sin prevención o cálculo
premeditado y a veces frente a la presencia de terceros testigos, ya que la
impulsión es tan fuerte que el individuo no puede evitar, controlar o
postergar la acción temida de ejecución para una circunstancia más propicia
o menos comprometida. Luego de un momento de un gran alivio por la ejecución
del hecho tensionante, el individuo, como no lo quería hacer (conciencia
clara de la ilicitud), siente un gran remordimiento y necesita expiar la culpa
que su accionar le ha generado; no olvidemos que es una conducta neurótica y
no psicopática. En estos casos excepcionales la
conducta sexual perturbada se expresa como un patrón de comportamiento que se
reitera y se sistematiza frente a los estímulos sexuales que
"detonan" la compulsión, tornándolos reincidentes y
particularmente peligrosos por su impulsión irrefrenable. Dicha situación de
inimputabilidad es excepcional; lo habitual no son estas "neurosis
obsesivas compulsivas automatizadas", sino las impulsiones psicopáticas
conscientes y premeditadas. 6) Los impulsos o pulsiones, a
diferencia de lo que hemos descripto, se observan con frecuencia en las
conductas psicopáticas (acting out) y se dan en los trastornos antisociales
de la personalidad, en las personalidades psicopáticas o psicopatías clásicas,
y corresponden a un tipo rígido de estructura que se caracterizan por
presentar: _ Una manifestación instintiva
ya sea global (nutricional, sexual y social) o exclusivamente sexual (ya sea
implícita o explícita); _ Una base psicopática, es
decir un individuo no alienado (ausencia de delirios, alucinaciones, etcétera)
que obtiene gratificación o placer en la transgresión de las pautas éticas,
sociales o jurídicas; _ Una actuación (acting out)
impulsiva, reiterada, egocéntrica y placentera; _ Una actitud posterior al
acto; presenta falta de arrepentimiento o culpa, no le interesa aprender con
la experiencia y expresa promesas (falsas) de cambio como medio de sortear la
situación policial o penal en la que se halla involucrado. Cuando en estos trastornos de
la personalidad se observan conductas sexuales perturbadas o delictivas como
un componente intrínseco (egosintónico) de la personalidad anómala estamos
ante una psicopatía sexual (como ya hemos visto). 7) Por lo expuesto, las conductas
delictivas sexuales que suelen ejecutar estos individuos corresponden a un
hecho que el actor premedita, anticipa y ejecuta en forma coordinada hacia un
objetivo que responde a sus necesidades placenteras utilizando conscientemente
el ardid o el engaño para lograr su finalidad, de manera que lo realiza con
clara valoración de la ilicitud (por eso engaña) y se toma el tiempo
necesario que las circunstancias le requieren (no es un hecho compulsivo,
irrefrenable, reflejo o automático que responde a una ideación obsesiva
patológica, como ya vimos). Que tal comportamiento pueda
adquirir características de habitualidad y ser el producto de una situación
histórica (biografía de la personalidad anómala) que explique psicológicamente
su conducta, tal accionar no puede ser justificado médico-legalmente si el
actor no presenta alguna perturbación mental de las contempladas como
eximentes en el art. 34 de CP y que por ende le hayan impedido en el momento
del hecho comprender la criminalidad del acto y/o dirigir sus acciones. 8) Por otra parte, si al actor
presenta un perfil de personalidad mal estructurado, producto de una historia
vital (desarrollo de personalidad) donde interviene: _ Su aptitud (modo de ser), carga
genética constitucional o terreno predisponente y _ Su actitud (modo de actuar)
consecutivo a su biografía, sus vivencias infantiles, la matriz educacional,
su modo o estilo de vida o conductas anómalamente aprendidas como forma de
gratificación de sus necesidades sexuales primarias, que configuran sus
rasgos de carácter o condición disposicional para la realización de
comportamientos sexuales delictivos como los ya descriptos, debemos tener en
claro que no es resorte médico legal (queda a criterio del Tribunal)
discernir sobre su imputabilidad o la existencia de algún tipo de atenuación
de la pena si a criterio del magistrado el actor ha presentado (como
consecuencia de su biografía) algún tipo de disminución o minusvalía de su
capacidad mental frente al delito. 9) Por lo tanto podemos decir en
general que en la mayoría de los casos observados el agresor sexual conoce lo
que realiza y el valor antijurídico de su conducta y realiza lo que quiere o
desea intencionalmente. La imagen del sexópata agresivo e
impulsivo, insaciable en su necesidad de ultrajar y/o asesinar a sus víctimas,
no es un hecho habitual o común dentro de la delincuencia sexual. La mayoría de los agresores
sexuales no matan a sus víctimas, solamente disfrutan o gozan con el placer
que le determina su conducta sexual perturbada. 10) Se debe saber diferenciar las
perturbaciones sexuales sintomáticas dadas en una personalidad psicótica
(alienada) o con disturbios mentales graves (oligofrénicos, trastornos de la
personalidad con las distintas variantes psicopáticas, la estructura
borderline y los episodios o reacciones vivenciales anormales) de los
perturbados sexuales genuinos cuya disfunción y/o desviación o parafilia
configura un patrón sexual impulsivo o una estructura sexopática de difícil
modificación. Grados de peligrosidad La tarea de predicción de la
peligrosidad de un delincuente sexual ha de tener en consideración la
gravedad y la frecuencia de las agresiones sexuales mostradas en la carrera
delictiva. La presencia de los siguientes indicadores está asociada a un
riesgo elevado de reincidencia: 1) Si el delito incluyó la
violencia y puso en riesgo físico a la víctima; 2) Si hubo acciones excéntricas
y/o la presencia de rituales; 3) Si es reincidente (no cambia su
comportamiento ni aprende con la experiencia); 4) Si ha existido evidencia de
alteraciones psicopatológicas graves; 5) Si el sujeto no reconoce el
delito o lo racionaliza y no concientiza la idea de ser ayudado terapéuticamente. 6) Si no le interesa controlar su
conducta sexual y se mueve con impulsión sexual gratificante; 7) Si vive en un medio
sociocultural adverso; 8) Si su comportamiento es vivido
en forma egosintónica. La peritación sexológica El modelo a utilizar en la
peritación sexológica dependerá de tres elementos: el caso, el actor y el
perito. En términos generales se debe tener en cuenta tres momentos clínicos
que deben responderse como interrogantes: ¿Por qué? = Etiopatogenia; ¿Qué?
= Diagnóstico; ¿Para qué? = Conclusiones. Los pasos del examen pericial de
acuerdo con todo lo expuesto deberán cumplir cuatro momentos: 1) Diagnóstico psicopatológico
de la personalidad del actor y su relación con su contexto sociocultural; 2) Diagnóstico de la perturbación
sexual; 3) Investigación semiológica de
la conducta delictiva; 4) Nexo psiquiátrico-forense. Bibliografía 1. Abraham-Passini,
Introducción a la Sexología Médica, Grijalbo Barcelona, 1980. 2. Achával, Delito de
Violación, Abeledo Perrot, 1979. 3. Achaval, Manual de
Medicina Legal, 3ª Ed. Abeledo Perrot, 1988. 4. Álvarez Gayou,
Sexología Integral, Manual Moderno Méjico, 1986. 5. Alzate, Sexualidad
Humana, Ed. Temis Bogotá Colombia, 1988. 6 A.P.A., Diagnostic
Criteria From DSM IV, The American Psychiatric Association. Psychosexual
Disorders, Washington, 1991. 7. Bancroft,
Desviaciones de la Conducta Sexual, Fontanella, Barcelona, 1978. 8. Bass-Gelof, Derecho a
la sexualidad y responsabilidades del deficiente mental, Ed. Fontanella,
1976. 9. Bianco, Manual Diagnóstico
de las Enfermedades en Sexología, Ed. WAS Caracas, 1988. 10. Bruno A. Romi J.C.,
Importancia de la Semiología delictiva en la Peritación psiquiátrico-forense
penal. Rev. Psiquiatría Forense Sexología y Praxis, Año 2 Vol. 2 Nº 2,
págs. 82-91, 1995. 11. Calabuig, Medicina
Legal y Toxicología, 4ª Ed. Salvat, 1991. 12. Chazaud, Las
perversiones sexuales, Ed. Herder, 1976. 13. Chesser, Aspectos
humanos de las desviaciones sexuales, Ed Central, 1975. 14. Delgado Bueno S. y
col., Psiquiatría Legal y Forense, 2 t., Ed. Colex Madrid España, 1994. 15.
Freedman-Kaplan-Sadok, Tratado de Psiquiatría, 2 tomos, Salvat Barcelona,
1982. 16. Flores-Colombino,
Cuadernos de Sexología, 10 tomos, Ed. Punto Laser, Montevideo, 1988. 17. Fontan Balestra,
Delitos sexuales, Ed. Arayú, Bs. As., 1953. 18. García Andrade J.,
Psiquiatría Criminal y Forense, Editorial Centro de Estudios Ramón Areces
SA, Colección de Criminología, Madrid, España, 1993. 19. Garrido Genovés, Técnicas
de Tratamiento para delincuentes, Editorial Centro de Estudios Ramón Areces
SA, Colección de Criminología, Madrid España, 1993. 20. Green, Sexualidad
Humana, Conceptos Médicos Básicos, Interamericana, Mejico, 1981. 21. Granoff-Perrier, El
problema de la perversión en la mujer, Ed. Crítica, 1980. 22. Giese-Gebsatel,
Psicopatología de la Sexualidad, Ed. Morata, 1968. 23. Gimbernat E. y col.,
Sexualidad y Crimen, Instituto Editorial Reus, Madrid, 1969. 24. Karpmann, El crimen
sexual, sus motivaciones, Ed Hormé, Bs. As., 1972. 25. Karpmann, El delito
y los delincuentes sexuales, Ed. Hormé, Bs. As., 1972. 26. Kolodny y col.,
Tratado de Medicina Sexual, Ed. Salvat, España, 1982. 27. Kvitko, La violación,
Ed. Trillas, Méjico, 1988. 28. Lopez Bolado, El Médico
y el Código Penal, Ed. Universidad, Bs. As., 1987. 29. McCord, El
Psicopata, Hormé, 1967. 30. Masters-Johnson,
Homosexualidad en perspectiva, Intermédica, Bs. As., 1976. 31. McCary, Sexualidad
Humana, Ed. Manual Moderno, 1978. 32. OMS, CIE-10,
Trastornos Mentales y del Comportamiento, Madrid, España, 1992. 33. Pellegrini, Sexología,
Morata, España, 1966. 34. Romi, Ensayo sobre
Prostitución en un Barrio de la Capital, Rev. Arg. de Sexología, Vol. I, Nº 3,
1970. 35. Romi, Impotencia
Sexual y neurosis, Rev. Arg. de Sexología, Vol. I Nº 2, 1970. 36. Romi, Intento Terapéutico
con Homosexuales en una Institución Mutualizada, Asociación Argentina de
Sexología, Bs. As., 1970. 37. Romi, Conducta
Sexual de los Alienados, Asociación Argentina de Sexología, Bs. As., 1970. 38. Romi, La Relación
Sexual Humana, Rev. El Día Médico, Año XLV,Nº 45, Bs. As., 1973. 39. Romi, Enfoque
Integral de la Homosexualidad, Rev. Neuropsiquiatría, 1975, VI (4), Bs. As. 40. Romi, Psicopatología
de la Relación Sexual de Pareja, Rev. Neuropsiquiatría, 1977, VII(3). Asociación Argentina 42. Romi, La Educación
de la Sexualidad como atención primaria de la Salud. Monografía Inédita
presentada en el Concurso de Monografías Inéditas de CRESALC, Mención
Honorífica, Bogotá, Colombia, 1984. 43 Romi, Consideraciones
Básicas Sobre Educación Sexual, Rev. Latinoamericana de Sexología, 1986,
Vol. I, Nº 2, 225-241, Bogotá, Colombia. 44. Romi, Sexualidad y
Alcoholismo, Rev. Neuropsiquiatría, 1982, XIII, 1-100 (1-2). 45. Romi, Las
Perturbaciones Sexuales: Reflexiones sobre su delimitación Conceptual, Rev.
Neuropsiquiatría, 1982, XIII 1-108 (3). 46. Romi, Niveles de
Prevención para el Bienestar Sexual, Rev. Alcmeón, 4:466-478, 1991. 47. Romi, Curva de
Autoevaluación Sexológica, su aplicación en Sexología Forense, Rev.
Alcmeón, Vol. 2, Nº 2, 241-266, 1992. 48. Romi, Las
Parafilias. Su delimitación conceptual. Rev Psiquiatría Forense, Sexología
y Praxis Año, 1 Vol. 1, Nº 1, 45-49, 1995. 49. Romi, Reflexiones
sobre la conducta sexual delictiva, Rev. Psiquiatría Forense, Sexología y
Praxis, Año 2, vol. 2, Nº 2, 117-130, 1995. 50. Romi, La algolagnia:
Aspectos sexológicos y médico-forenses, Rev. Psiquiatría Forense, Sexología
y Praxis, Año 3, vol. 2, Nº 4, 318-333, 1996. 51. Segú, Romi y col.,
Las conductas sexuales inadecuadas, Ediciones Lumen, Bs. As., 1996. 52. Segú, Sexología Básica,
Ed. Planeta, Bs. As., 1992. 53. Tieghi, Delitos
Sexuales, Ed. El Ábaco, 1983. 54. Von Krafft-Ebing,
Las psicopatías sexuales, 2 tomos, Ed. Sagitario, 1970. 55. Von Hentrig, La
criminalidad del Homofilo, Espasa Calpe, 1976. 56. Von Hentrig, La
Criminalidad de la Mujer Lésbica, Espasa Calpe, 1976. 57. Von Hentrig, El
Hombre Necrótopo, Espase Calpe, 1976. 58. Yungano,
Responsabilidad de los Médicos, Ed. Universidad, Bs. As., 1986. Publicación enviada por Prof. Dr. Juan Carlos Romi Contactar http://www.aap.org.ar/publicaciones/forense/forense-5/tema-11.htm Código ISPN de la Publicación EpZkpulVFEweQQcQiW Publicado Sunday 21 de December de 2003 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
ilustrados.com nace con el fin difundir el conocimiento publicando trabajos de investigación, monografias, tesis, presentaciones powerpoint y afines. Publicar trabajos en ilustrados.com ha alcanzado prestigio y reconocimiento internacional siendo cada vez más el número de académicos, empresas, investigadores, científicos que consultan las publicaciones de nuestro portal. | |||||||||