Monografias | El rostro de Jano del hidrógeno

El rostro de Jano del hidrógeno

Resumen: por Jeremy Rifkin
La Casa Blanca está a punto de anunciar el plan de Bush para tratar el calentamiento global y la independencia energética. Si piensan que la cosa tiene trampa, la tiene, pero parece como si todos los peces que están a bordo del barco de Bush no hubieran visto el anzuelo.

Publicación enviada por Jeremy Rifkin


 

Justo cuando parecía que el presidente Bush había perdido para siempre la
capacidad de reunir a los aliados europeos en torno a una iniciativa
estadounidense que afecte a la salud del planeta, se le ha ocurrido una idea
atrevida que está recibiendo elogios incluso de los más escépticos amigos de
Estados Unidos.

La Casa Blanca está a punto de anunciar el plan de Bush para tratar el
calentamiento global y la independencia energética. Si piensan que la cosa
tiene trampa, la tiene, pero parece como si todos los peces que están a
bordo del barco de Bush no hubieran visto el anzuelo, o simplemente no les
importase haber picado. Sigan leyendo.

Del 19 al 21 de noviembre, la Casa Blanca albergará en Washington una
reunión de ministros de Energía de todo el mundo para firmar un acuerdo que
hará época, para compartir la investigación y el desarrollo de la actividad
relacionada con el hidrógeno, con la finalidad de abrir las puertas a una
economía del hidrógeno para las próximas décadas. EE UU ha propuesto servir
de secretaría de este proyecto de investigación y desarrollo global, primero
en su clase, al que denomina Asociación Internacional para la Economía del
Hidrógeno (IPHE).

La mayoría de los observadores están de acuerdo en que el hidrógeno -el
elemento más ligero y abundante del universo- es la próxima gran revolución
energética. Los científicos lo denominan "el combustible eterno" porque
nunca se agota. Y cuando se utiliza hidrógeno para producir energía, los
únicos derivados son calor y agua pura. Este paso a las células energéticas
y a la energía del hidrógeno tendrá tanta importancia y largo alcance en sus
consecuencias sobre la economía estadounidense y global como tuvieron la
máquina de vapor y el carbón en el siglo XIX y el motor de combustión
interna y el petróleo en el siglo XX. El hidrógeno tiene potencial para
acabar con la dependencia mundial del petróleo del golfo Pérsico. Reducirá
drásticamente las emisiones de dióxido de carbono y mitigará los efectos del
calentamiento global y, dada la abundancia del hidrógeno, aquellos que antes
no tuvieron acceso a la electricidad serán capaces de generarla.

Entonces, ¿por qué se han levantado en armas los grupos ecologistas de todo
el mundo contra el proyecto del hidrógeno de Bush? Porque resulta que el
hidrógeno, como Jano, tiene dos caras. Aunque se encuentra en cualquier
lugar de la Tierra, rara vez está flotando libremente en la naturaleza. El
hidrógeno tiene que extraerse, bien de los combustibles fósiles o del agua o
la biomasa. Y ésta es la diferencia fundamental que separa la visión del
presidente Bush de un futuro del hidrógeno de la que tenemos muchos de los
que pertenecemos al movimiento ecologista.

El presidente Bush y el secretario de Energía, Spencer Abraham, dicen que el
hidrógeno puede liberarnos de la dependencia del petróleo extranjero. Lo que
no han dicho es que su plan exige extraer el hidrógeno de todas las antiguas
fuentes de energía: petróleo, gas natural y carbón y, además, utilizar la
energía nuclear para la tarea. En resumen, al presidente Bush le gustaría
llevarnos al futuro del hidrógeno sin dejar nunca atrás el pasado de los
combustibles fósiles y la energía nuclear.

Hoy en día, la mayor parte del hidrógeno comercial se extrae del gas natural
por medio de un proceso de regeneración del vapor. Si bien el gas natural
emite menos CO2 que otros combustibles fósiles, sigue siendo un recurso
finito del que existe una provisión relativamente pequeña y, por tanto, no
es un medio viable de garantizar hidrógeno a largo plazo.

El hidrógeno también se puede extraer del carbón y los partidarios señalan
que EE UU cuenta con grandes reservas de carbón, suficientes para cubrir
nuestras necesidades energéticas en un futuro inmediato. El problema es que
el carbón produce el doble de CO2 que el gas natural, lo que significa un
incremento espectacular del calentamiento global. La industria del carbón
responde que sería posible almacenar de forma segura las emisiones de CO2
bajo tierra o en las profundidades del mar durante miles de años y ha
convencido a la Casa Blanca para que subvencione más proyectos de
investigación sobre la extracción del CO2. Para muchos ecologistas, el
asunto de almacenar de forma segura el CO2 tiene un parecido estremecedor
con los argumentos utilizados hace tiempo por la industria nuclear cuando
afirmaban que podrían encontrar un método seguro para transportar, eliminar
y almacenar los residuos nucleares siempre que se dedicara suficiente
tiempo, estudio y subvención del Gobierno a estas investigaciones.

A la industria nuclear también le gustaría producir hidrógeno, pero hay
algunos temas sin resolver relacionados con el almacenamiento seguro de los
residuos nucleares, con los costes de la construcción de nuevos reactores,
que se han puesto por las nubes, y con la vulnerabilidad de las plantas
nucleares a los ataques terroristas.

Hay otra forma de producir hidrógeno, una que no utiliza combustibles
fósiles ni energía nuclear en el proceso. Las fuentes renovables de energía
-células fotovoltaicas, eólicas, hídricas y geotérmicas- se utilizan cada
vez más para producir electricidad. Esta electricidad, a su vez, puede ser
empleada, por medio de un proceso denominado electrólisis, para dividir el
agua en oxígeno e hidrógeno. Una vez producido, el hidrógeno se puede
almacenar y ser utilizado para alimentar vehículos y proporcionar fuente de
reserva que alimente la red eléctrica.

El hidrógeno podría extraerse también de cultivos de energía sostenible y
residuos de la agricultura mediante un proceso llamado gasificación.
Prácticamente no hay incremento en las emisiones de CO2 cuando se utiliza la
biomasa, porque el carbono que las plantas toman de la atmósfera se libera
de nuevo durante la producción de hidrógeno.

El proyecto de la Casa Blanca exige grandes subvenciones a las industrias
del carbón y de la energía nuclear para la extracción del hidrógeno.
Mientras el secretario de Energía, Spencer Abraham, afirma que la
Administración de Bush está igualmente comprometida con la investigación y
el desarrollo de fuentes renovables de energía para extraer hidrógeno -una
agenda verde del hidrógeno-, la Casa Blanca y el Partido Republicano han
bloqueado sistemáticamente todos los intentos del Congreso para establecer
puntos de partida y fechas límite para introducir las fuentes renovables de
energía en el transporte y la producción de electricidad. En cambio, la UE
se ha comprometido a producir en 2010 el 22%de su electricidad y el 12% de
toda su energía a partir de fuentes renovables.

La Administración de Bush ya está jugando la baza del IPHE presentándolo
como el tan esperado plan alternativo para tratar el calentamiento global y
garantizar la independencia energética. En realidad, la Casa Blanca está
utilizando el IPHE como cortina de humo para distraer la atención de su
deprimente historial en el tema del medio ambiente y como caballo de Troya
para promover los intereses de las industrias del carbón, el petróleo, el
gas natural y la energía nuclear. El peligro está en que si EE UU tiene
éxito y consigue llevar a los países signatarios del IPHE hacia un negro
futuro del hidrógeno, podría encerrar bajo llave la economía global dentro
del antiguo régimen de energía durante buena parte del siglo XXI, con
calamitosas consecuencias para el medio ambiente y la economía.

Los auténticos beneficios de un futuro del hidrógeno sólo se harán realidad
si las fuentes renovables de energía se introducen poco a poco y finalmente
se convierten en la fuente principal para la extracción del hidrógeno.
Mientras tanto, el Gobierno de EE UU debe apoyar normas CAFE (Ahorro
Empresarial Medio de Combustible) mucho más estrictas, la introducción de
vehículos híbridos, la revisión y nuevo trazado de la red nacional de
energía poniendo especial atención en las tecnologías inteligentes que
respaldan la transmisión de energía distribuida, la conservación, el
Protocolo de Kioto sobre el calentamiento global y acciones encaminadas a la
adopción de la energía renovable. Todas estas iniciativas deberán llevarse a
cabo conjuntamente con un ambicioso esfuerzo nacional para subvencionar y
asegurar la investigación y el desarrollo de una tecnología de la energía
renovable, del hidrógeno y de las células energéticas. El objetivo debe ser
una economía verde del hidrógeno que esté perfectamente integrada a finales
de la primera mitad del siglo XXI.-

Jeremy Rifkin es autor de La economía del hidrógeno: La creación de la red
energética mundial y la redistribución del poder en la Tierra.- Nota publicada en El País

Enviado por
Margott Allais

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Código ISPN de la Publicación EpZkyVVyFuKPYTADHh
Publicado Sunday 28 de December de 2003

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