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Los Educadores de la Calle
Resumen: Los Educadores de la Calle trabajan en espacios no formales, en contextos no institucionales. Con la utilización de múltiples técnicas, pero anteponiendo la relación personal, el Educador sirve de puente o conexión entre los recursos existentes en la comunidad y las personas objeto de su intervención.
Publicación enviada por Juan Soto Rodriguez
Los Educadores de la Calle trabajan en espacios no
formales, en contextos no institucionales. Con la utilización de múltiples técnicas,
pero anteponiendo la relación personal, el Educador sirve de puente o conexión
entre los recursos existentes en la comunidad y las personas objeto de su
intervención. Por tanto, el Educador es un profesional específico que,
dentro del trabajo social, atiende a la población en dificultad social. Pero
las diversas experiencias en los últimos años vienen demostrando que es
necesario trabajar en la prevención, por lo que cualquier colectivo o grupo
de edad merece la atención del Educador.
El niño, el adolescente, en su maduración, necesita de estímulos positivos
para dejar de ser vulnerables e incorporarse a la sociedad; caso contrario,
sus conflictos pueden convertirse en un problema de difícil resolución. Será
el Educador quien establezca el primer contacto y cree un clima propicio para
ampliar su panorama educativo, evitando que las prácticas de riesgo terminen
en marginación.
No se puede entender un trabajo de calle desde los despachos exclusivamente.
La calle, como espacio de uso público, separado de la vivienda u otros
establecimientos privados, tiene sus orígenes en el siglo pasado, ya que en
el XVIII todavía calle y vivienda no se distinguían de lo público o
privado. Fue la revolución de la burguesía quien creo esa separación,
apoyada por las nuevas estructuras sociales y políticas. Los niños y jóvenes
no podían permanecer en la calle si no eran acompañados de adultos.
Hoy, podemos hablar de calles, céntricas y periféricas, urbanizadas o no.
Las plazas, jardines, parques, mercados, estaciones de tren y autobuses,
metro, muros, escaleras, avenidas, solares, edificios en ruinas... Por tanto,
la calle no es un espacio homogéneo y único. Cada uno de estos elementos
tiene unas características y unas funciones, ya sean públicas, individuales
o sociales:
- Lugar permanente para «simplemente estar», para consumir un tiempo que «sobra».
- Lugar de juego, aventura, encuentro con los «colegas», de intercambio de
información y producción de cultura (donde los adolescentes y jóvenes
reciben el 80 % de la cultura que incide en su comportamiento).
- Para muchos chavales es, además, casi su hogar, donde pasan la mayor parte
del día. La calle es para ellos su gran espacio de vida, donde calle y
libertad se identifican. Así, la calle se convierte en el espacio natural,
lugar de libertad, de creatividad, juego, coleguismo, consumo; pero también
de permisividad y anonimato. A ella acceden cargados de sentimientos de
fracaso, de rechazo, de culpa, con sensación de impotencia y exclusión, todo
ello ayudado por la falta de espacios abiertos naturales, de una
infraestructura mínima para el ocio, el deporte, constituyendo una auténtica
ciudad-hormigón, donde a veces el Educador de Calle más lo parece de portal
o de escalera.
- Lugar de consumo desmedido, potenciado por los mass-media («priva»,
porros, tragaperras, ropa, música). Aún así, los chavales no viven la calle
como un lugar necesariamente negativo, pues sirve para «aprender de la vida».
La calle, convertida plenamente en un lugar de consumo sobre todo para los jóvenes:
publicidad, escaparates, objetos seductores, letreros luminosos e incitadores,
trapicheo..., es testigo mudo del crecimiento de los chavales en un ambiente
de reclamo y seducción.
Los inicios de la educación de calle hemos de buscarlos en los grupos de
voluntarios que desarrollaban un trabajo educativo con chavales inadaptados,
con fracaso escolar, desocupados, con carencias en cuanto a recursos
personales, familiares, económicos, etc. El Educador capta y detecta a la
gente que está en la calle en situación de déficit, para estar con ellos,
para motivarlos, apoyarlos y ganar su confianza, insertándolos en un
colectivo normalizado. El principal objetivo será desarrollar los propios
recursos del sujeto hasta conseguir su autonomía personal, con libertad y
responsabilidad.
Son los Educadores de Calle quienes conviven cotidiana y asiduamente en
contacto directo con la realidad que «sufren» los chavales, con una
presencia activa, sin prejuzgar la actuación de los chavales, sino apoyándoles
en su desarrollo como personas y ofreciéndoles otras alternativas válidas a
tanta desgana, desmotivación y apatía.
El Educador trabaja -entre otros colectivos- con «los hijos de la calle»,
con esos niños, adolescentes y jóvenes que tienen una serie de elementos
comunes fruto de las carencias y del proceso de sociabilización padecido:
- viven normalmente en la ciudad;
- huyen de un hogar carencial, donde las relaciones familiares son débiles
(si las hay);
- improvisan juegos y aventuras en cualquier rincón, nave abandonada, terreno
abierto...; - se trata de estrategias de supervivencia-;
- necesitan afecto, estímulos, comprensión, confianza, apoyo...;
- tienen baja autoestima y un autoconcepto deteriorado;
- están escasos de vínculos duraderos;
- poseen escasa capacidad de asombro (se hacen adultos a destiempo);
- han sido sobreprotegidos por la madre e ignorados por el padre;
- rechazan cualquier autoridad formal que quiera imponerles unas normas para
ellos ajenas a su vida;
- se sienten inferiores, porque carecen de bienes, de formación...;
- su rendimiento escolar es bajo y abandonan la escuela tempranamente;
- no programan, no hacen previsión de futuro (viven el presente sin
importarles el futuro);
- tienen dificultades para mantener la atención, porque casi nada les motiva;
- tienen falta de perseverancia porque desean «vivir el presente»;
- tienen un desarrollo moral escaso;
- muestran una aparente dureza exterior, que les permite defenderse ante
cualquier ataque externo;
- corren riesgos específicos inherentes al ambiente donde se desenvuelven.
No todos los jóvenes en dificultad se acercan a los recursos de socialización
ni a los servicios sociales. El hecho de ser jóvenes en conflicto, y
permanecer al margen de la sociedad, les condiciona para ser futuros excluidos
sociales.
Algunos chicos se constituyen en bandas, que les aportarán seguridad y
estatus. A través de la banda, el muchacho se mezcla en una serie de
acontecimientos con altas dosis de emoción y riesgo: desafiando a otras
bandas, ciudadanos, autoridades, etc.
Para el Educador de Calle, la solución a estos problemas no pasa por el
internamiento en instituciones, de ahí que prime también la prevención
primaria articulada a través de los contactos que mantiene con la escuela y
las asociaciones o su implicación en el trabajo comunitario. Es en el propio
medio donde se generan las necesidades educativas, y en él deben buscarse las
respuestas.
El Educador de Calle trabaja con estos chavales, entre otros colectivos, y a
pesar de llevar más de veinte años ejerciéndose la profesión en España,
para la gran parte de la población este modelo de educador es un gran
desconocido. Para algunos es una especie de «solucionador» de todos los
problemas que afectan a niños y jóvenes con problemas de inadaptación
social y que viven sobre todo en barrios marginales de las grandes ciudades.
Muchos Educadores se han formado en la práctica del día a día al lado de
chavales con problemas, entre calle y calle. Otros vienen de la Universidad
(Educador Social, Trabajador Social, Pedagogo). Pero a los Educadores de Calle
podemos considerarlos como Educadores Sociales Especializados cuyo trabajo se
desarrolla en «medio abierto», como alternativa que pretende prevenir y
atender las situaciones de marginación, bien sea por causas familiares, económicas
o sociales.
Hay niños y jóvenes que no entran en el circuito de actividades y centros
destinados a esta población: clubes, actividades extraescolares,
campamentos... Este tipo de vida organizada no forma parte de su manera de ser
y sentir. Por eso el Educador va en su busca, está con ellos y, partiendo de
su propia realidad, les abre nuevas perspectivas.
Juan Soto Rodriguez
asetil@asetil.com
http://www.asetil.com
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Código ISPN de la Publicación EpZlFyAlZEQdgJqPyD
Publicado Wednesday 3 de March de 2004
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