Monografias | La Politica como inspiracionLa Politica como inspiracionResumen: Luego de pasadas las elecciones municipales y regionales del año 2002, en el Perú, y de configurado el nuevo mosaico del poder local y departamental, sólo quedan como mudos testigos de la euforia electoral, los carteles y afiches de propaganda político – partidaria, pegados o colocados mayormente en lugares prohibidos para los fines pertinentes de divulgación y publicidad política. Luego
de pasadas las elecciones municipales y regionales del año 2002, en el Perú, y
de configurado el nuevo mosaico del poder local y departamental, sólo quedan
como mudos testigos de la euforia electoral, los carteles y afiches de
propaganda político – partidaria, pegados o colocados mayormente en lugares
prohibidos para los fines pertinentes de divulgación y publicidad política.
Los nuevos o reelegidos alcaldes y regidores, así como los flamantes
presidentes y consejeros regionales, esbozan sus mejores sonrisas ante su
presente político, con un pensamiento generalmente fijo: hacer carrera política,
durar en el escenario de la administración de la cosa pública. Los
que conciben a la política como seducción aplicada a las masas siguen creyendo
que tienen la fórmula exitosa para sacar los más rentables réditos políticos,
pese a haber perdido algunas plazas antes consideradas seguras, porque el ritmo
de las promesas electorales fue tal que en ciertos lugares triunfaron quienes
ofrecieron prácticamente el paraíso en la tierra, el oro y el moro, dado que
en otras circunscripciones resultaron ganadores los candidatos a las
reelecciones, elegidos bajo el refrán popular “Más vale mal conocido que
bien por conocer”, o por fuertes redes de clientelaje político partidario,
formadas a través de años y décadas. Sin
embargo, pocos sienten la responsabilidad de conducir la administración de la
cosa pública, pocos son conscientes de la enorme tarea que significa dirigir
los destinos de una comunidad o región entera. No muchos buscan en el horizonte
de los más altos ideales y principios, la necesaria inspiración para ser
buenos gobernantes y excelentes servidores públicos. Pocos piensan en hacer una
rescatable gestión y luego volver a su trabajo profesional u ocupacional de
siempre, teniendo en cuenta que la democracia consiste en el gobierno del
pueblo, en dejar a todos servir alguna vez a la nación, a la ciudad, a la región. En
correspondencia con esa realidad, pocos ciudadanos creen en la política y los
políticos. Los gobernantes que no se inspiran en ideales y principios no logran
inspirar a los gobernados, de tal modo que la administración de la cosa pública
se torna caótica y sin sentido, cual feudos de la época medieval,
permaneciendo por lo general en ese estado hasta nuestros días, debido a la
carencia actual de auténticos líderes y conductores de pueblos. El término
auténtico no implica de ninguna manera redundancia por cuanto el verdadero líder
nunca sacrifica a sus discípulos o seguidores. Como Martin Luther King hijo, si
se trata de la hora del sacrificio, el sacrificado será él, por libre y
voluntaria decisión, como muestra de amor eterno a su comunidad. Y es que el auténtico líder, más allá de convocar
multitudes con promesas laborales o dotes histriónicas de orador consumado, no
viene a ser sino la comunidad o el pueblo hecho carne en él, sintetizado en él,
con todos los sentimientos encontrados que se anidan en los mismos, al estar
compuestas las comunidades por diversos grupos de personas e intereses en
conflicto. En ese sentido, es
innegable la ausencia.
Pese
al descrédito de lo político partidario, la política no es, intrínsecamente
y por naturaleza, seducción, engaño o vanas promesas. La política es lo que
distingue al ser humano del resto de criaturas vivientes. La política es
inspiración, cuando se ejerce respetando altos ideales y principios éticos
insobornables, desde el campo de los gobernantes a los gobernados. Solamente
con la política concebida como inspiración, los conglomerados humanos se
dirigen hacia un mejor destino porque el líder o los líderes serán a su vez
ejemplo de honradez, honestidad, trabajo y humildad ante todo. Nosotros
necesitamos que esas cualidades se encarnen en los gobernantes para poder
sentirlos nuestros, formando parte de un digno destino, en medio de la
diversidad. No es mucho pedir porque no se exige otra cosa que hombres y mujeres
buenos y valientes. Tan sólo eso. Iván
Guevara Vásquez D.N.I
18069920 Profesor
de derecho y metodología de la investigación científica en la Escuela de
Posgrado de la Universidad Nacional de Trujillo – Perú, 34 años (Trabajo
realizado en Enero del 2003). Publicación enviada por Iván Guevara Contactar mailto:iusfilosofia@yahoo.es Código ISPN de la Publicación EpZlkVlVkyFcBqClcz Publicado Tuesday 2 de March de 2004 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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