Monografias | Globalización de la economia venezolanaGlobalización de la economia venezolanaResumen: Globalización. Análisis del Mercado Venezolano. Características del Mercado Venezolano. Crisis de la cultura democrática en Venezuela y el impacto de la globalización. Integración del Mercado Latinoamericano. Organismos multilaterales de Integración. Factibilidad de la Integración. Beneficios para la Industria Venezolana. Proyectos. Economía Venezolana en el Mundo. Organismos Multilaterales de Integración fuera de Latinoamérica. Beneficios para la Industria. Tendencias.(V) Índice 2.
Globalización 3.
Análisis del Mercado Venezolano 4.
Características del Mercado Venezolano 5.
Crisis de la cultura democrática en Venezuela y el impacto de la globalización 6.
Integración del Mercado Latinoamericano 7.
Organismos Multilaterales de Integración 8.
Factibilidad de la Integración. 9.
Beneficios para la Industria Venezolana 10.
Proyectos 11.
Economía Venezolana en el Mundo 12.
Organismos Multilaterales de Integración fuera de Latinoamérica 13.
Beneficios para la Industria 14.
Tendencias 15.
Conclusión 1. Introducción A
pesar de los innumerables trabajos dirigidos al estudio y análisis del fenómeno
de la globalización no es fácil encontrar un intento de definición que vaya más
allá del nivel descriptivo. En términos generales, por globalización se
entiende el movimiento acelerado de bienes económicos a través de las barreras
regionales y nacionales. Este intercambio incluye personas, productos y por
sobre todo, las formas tangibles e intangibles de capital. El efecto inmediato
de la globalización es la reducción de la "distancia económica"
entre países y regiones, así como entre los actores económicos mismos,
incrementando, de este modo, las dimensiones de los mercados y la
interdependencia económica. En
los últimos dos decenios del siglo veinte se han desencadenado una serie de
procesos de gran trascendencia, tanto por la magnitud de los efectos generados
como por la complejidad que estos asumen en su expresión fenoménica, en donde
se advierte la inmediata y recíproca dependencia con la cual están
concatenados. De estos procesos destacan dos: las formas en las cuales se
desarrolla competencia en el mercado global y; la acelerada dinámica del
desarrollo científico tecnológico ambos, responsables de las transformaciones
que de manera dramática alteran la configuración tecno-económica, modificando
el conjunto de premisas organizativas y científico-tecnológicas así como de
las formas de comprensión que durante largo tiempo posibilitaron el despliegue
de un cierto modelo de desarrollo (centro-periferia) y de una particular
estructura bipolar del poder mundial. Por
otra parte, estos proceso también han provocado el derrumbe de muchas de las
certezas que guiaron gran parte de la actividad en la época moderna; certezas
derivadas a partir de marcos teóricos de interpretación hoy bajo serios
cuestionamientos, pues ellos no facilitaron una compresión ni mucho menos la
previsión de la dinámica y magnitud que asumen las actuales transformaciones.
Junto con ello, se desdibujan valores, ideologías y doctrinas políticas,
sociales y económicas que impregnaron de sentido a los proyectos individuales y
colectivos de una parte importante de la humanidad. Por ello, han sido
abandonadas, o por lo menos no tienen el poder de convocatoria que antes
tuvieron. Sin embargo, se advierte que, aunque en forma precaria, a finales del
siglo se han impuesto una serie de consideraciones en torno a las
determinaciones centrales de la política económica contemporánea. En
el plano económico, por ejemplo, parece evidente que al mercado le fue otorgado
un rol preponderante: se impone como el instrumento más apropiado para manejar
los intereses competitivos. En el plano político, por su parte, la democracia
representativa es considerada como el medio de mayor eficacia para elegir entre
orientaciones políticas diferentes. En el plano social, las cosas no están muy
claras. Sin embargo, una tendencia parece imponerse; los gobiernos abandonan la
pretensión de una sociedad más equitativa que asegura el bienestar social para
el conjunto de los ciudadanos, propiciando en cambio, el surgimiento entre los
individuos, de atomizadas formas de autoayuda, mediadas por el mercado y no por
formas colectivas de solidaridad. Estas
consideraciones que dominan en la política económica contemporánea, de algún
modo, configuran un sistema político, económico y social ligado en forma
indisoluble a dos procesos estrechamente relacionados, mismos que emergen como
distintivos en este último cuarto de siglo: la competencia derivada de la
economía global y; la dinámica del desarrollo tecnológico, que además de
generar las condiciones para la consolidación de un cierto sistema, impone a
escala planetaria un nuevo paradigma del que hacer eficiente, entendiendo por
ello la sustitución de un modelo rector del progreso tecnológico-comercial que
las empresas utilizaban para identificar y desarrollar los procesos, productos y
sistemas de gestión mas rentables a partir de las alternativas tecnológicas
que estaban disponibles en el mercado. 2. Globalización Globalización
es una palabra de origen inglés, la cual se refería inicialmente a la expansión
de las empresas multinacionales a través del mundo. La globalización se ha
desarrollado más allá de la actividad de las multinacionales y se define hoy
en día como el proceso de expansión de las relaciones culturales, políticas y
económicas entre todas las naciones del globo. El fenómeno de la globalización
afecta en mayor o menor grado a todos los países del mundo. Al lado de la
globalización se presenta la regionalización, la cual no es más que el mismo
fenómeno con una extensión geográfica menor. Podríamos
señalar que la globalización es un proceso en el cual desaparecen las
fronteras tradicionales, donde se produce una integración acelerada en el ámbito
internacional, en el área de los bienes, la tecnología, el trabajo y el
capital; donde, en los últimos 20 años, se ha producido un crecimiento masivo
en el comercio internacional, en el movimiento y la movilidad de la tecnología,
el trabajo, el capital. Entre los países se han formado bloques, las fronteras
empiezan a ser determinadas hoy en día, cada vez más, por la comunidad de
intereses económicos y políticos, en lugar de las jurisdicciones territoriales
tradicionales. La
globalización económica tiene tres manifestaciones: la del comercio de bienes
y servicios entre países, denominada la globalización comercial; la creación
del mercado de capitales globales, denominada globalización financiera o
geofinanza; y el traslado de personas entre países en búsqueda de mejores
oportunidades de trabajo (globalización del factor trabajo). El recíproco de
globalización es la autarquía, en la cual un país se asila del comercio
internacional, a través de aranceles y restricciones, y controla los
movimientos de capital. Un país en autarquía trata de bastarse por sí mismo. Finalidad Con
la globalización comercial, los países tratan de mejorar sus niveles de
productividad a través de mejor formación de los medios de producción, que
permita que el país desarrolle industrias exportadoras. Un país que ignore la
existencia de la globalización comercial, normalmente se vuelve un país
importador de materias primas y algunos productos manufacturados, y presenta
periódicamente problemas en sus balanzas de pago. Este
proceso de transformación ha dado lugar también a una búsqueda en paralelo
sobre nuevas concepciones de las políticas de desarrollo económico, puesto que
está visto que el reto que las economías enfrentan es más complejo y mucho más
impresionante y, en muchos casos, ya no hay ni siquiera el tiempo que las
sociedades de antes podían dedicarle a la meditación y a la negociación; las
exigencias son mucho más difíciles. Ambito La
globalización comercial comenzó en 1948, con el Acuerdo General sobre
Aranceles y Comercio (GATT) y, recientemente con el tratado de Marrakech,
Marruecos. Igualmente forman parte de la globalización comercial los acuerdos
regionales de libre comercio, como lo son el Mercado Andino y el Mercosur. Los
tratados de libre comercio tienen como fin facilitar el comercio entre
diferentes países, mediante la eliminación de barreras arancelarias. Cuando se
eliminan las barreras arancelarias, los bienes producidos en un país se pueden
exportar y vender libremente en otro país. La globalización comercial coloca
al productor en un mercado abierto donde puede vender sus productos en el mundo,
pero también tiene que competir con el mundo. El efecto de la globalización
comercial ha tenido un crecimiento sostenido en el comercio mundial, el cual
alcanzó un total de 5.500 millardos de dólares en 1998 (FMI 3. Análisis del Mercado Venezolano La
economía para el ciudadano corriente no es fácil de entender, a menos que se
pueda aplicar estrictamente pegada al sentido común, lo que no es frecuente,
especialmente en cuanto al significado práctico de los índices económicos.
Cierto diario Capitalino publicó unos comentarios en donde expone que el
venezolano común quizá no muestra todo su valor. Afirmaba que el ingreso
familiar del venezolano cubre 37,1% de la canasta básica, según los datos
recogidos por el Cenda (Centro de Documentación y Análisis para los
Trabajadores), información que ilustra la disminución de nuestro poder
adquisitivo, al menos en cuanto a la canasta básica. Por
otra parte, el Banco Central ratifica que el Sistema de Bandas y la Oficina de
Asesoría Económica del Congreso, al igual que bancos de inversión y
organismos multilaterales afirman que el bolívar está sobrevaluado 35,8% de
acuerdo al cálculo de la paridad de compra con las monedas de los 16
principales socios comerciales del país. Días antes el Banco Central había
informado que la inflación durante 1999 había alcanzado alrededor de 20%,
considerándolo muy exitoso si se la comparaba con la del año 1998 que a su vez
había sido inferior a la de 1997 y que espera además que este año llegue a sólo
un dígito. Para
el ciudadano corriente que sólo dispone de su sentido común esos índices e
informaciones resultan contradictorios y difíciles de entender en conjunto, lo
que debe ser posible. La infografía, esa gran ayuda de que disponen ahora los
medios y los comunicadores para ayudarnos a comprender con un vistazo lo que se
expresa en cuartillas de texto, es, sin embargo, muy reveladora. Ella mostraba
un hombrecillo con los brazos levantados que indicaba el poder adquisitivo del
ingreso familiar del venezolano frente a la respectiva columna por meses,
indicativa del valor de la canasta básica, la que cada mes desde Agosto hasta
Diciembre de 1999 iba subiendo desde Bs. 534.778 hasta Bs. 646.602. El
hombrecillo está cada vez más distante de alcanzar la cima de la columna
respectiva pues su poder adquisitivo, por el contrario, ha disminuido en esos
mismos meses desde 44,8% hasta 37,1% de la respectiva canasta. La infografía es
muy clara, aunque quizá lo hubiera sido más si el cuerpo del hombrecillo se
hubiera empequeñecido y sus brazos se hubieran alargado, mostrando que su
pedido de auxilio, su angustia, hubieran aumentado. Qué
pasaría si todos esos índices: inflación, poder adquisitivo, sobrevaluación
del bolívar, etcétera, se integraran en uno solo o al menos se indicara su
influencia mutua o en cada uno de ellos la inflación, por ejemplo, lo que
suponemos se podrá hacer en la práctica; asimismo la sobrevaluación del bolívar
debería permitir bajar o mantener el precio de algo de lo que adquirimos cada día,
aun o sobre todo, en los productos que conforman la cesta básica que tienen
muchos componentes importados. Sin duda estas informaciones se correlacionan y
el ciudadano común, sin comprender completamente, intuye que algo falta en la
información oficial que le llega a través de los medios. Nos hacemos
preguntas, pero no estamos en capacidad de analizar y sacar conclusiones. 4. Características del Mercado Venezolano Naturaleza
y características de la cultura democrática del venezolano Podríamos
decir que en Venezuela, así como en América Latina en general, ha prevalecido
al menos desde la década de los años 30 del presente siglo una cultura basada
en una visión colectivista y redistribuida que privilegia los elementos
valorativos de "solidaridad" e "igualdad" que tiende a
liberar al individuo de la necesidad de elegir y competir, y lo lleva a acogerse
a la protección de otra voluntad. Se trata de una concepción que contrasta
abiertamente con aquella derivada de la tradición anglosajona, la cual ha
contribuido a desarrollar una cultura de tipo más individualista, que se centra
en el valor de "libertad" y que propicia en los individuos una
conducta de mayor responsabilidad y participación ciudadana, disponiéndolos a
tomar decisiones y realizar escogencias por sí mismos. Ciertamente,
los estudios realizados hasta el momento en Latinoamérica aunque no son muy
específicos en cuanto a los valores culturales propios de cada país, muestran
un perfil cultural bastante común, cuyas características psico-sociales son
las siguientes, según el especialista venezolano Alfredo Keller. 1)
Presencia de una fuerte tendencia generalizada a percibir el entorno como algo
que cambia sin que se le pueda controlar, razón sobre la cual se ha nutrido el
fenómeno del paternalismo de Estado y, por derivación, de una fuerte relación
de dependencia del ciudadano hacia las estructuras sociales dominantes. 2)
Bajos niveles de confianza en las instituciones dado el carácter paternalista e
instrumental de las relaciones del individuo con la sociedad. 3)
Fuerte personalidad autoritaria que refuerza o magnifica la necesidad de
sociedades dominadas por superestructuras poderosas, referidas a la concepción
del Estado y a las demandas de un orden previsible. 4)
Doble racionalidad entre el discurso y los hechos que pone de relieve la
conflictividad entre las costumbres y las normas que explica, en buena medida,
las dificultades para asumir compromisos colectivos bajo marcos jurídicos
comunes. 5)
Cierta sobrevaloración del "yo" dentro de una cultura mágico-religiosa
destinista e igualitaria que, en conjunción con la externalidad del control,
deriva en actitudes que privilegian relaciones basadas en la solidaridad sobre
las relaciones de productividad y que llevan, por ejemplo, a considerar la
competencia como una cosa indeseable. 6)
Dominio de lo emocional sobre lo racional, y permanente conflicto entre la
esfera de intereses variables y los normativos, por la superioridad de aquellos
sobre éstos. 7)
Bajo nivel de información y superficialidad en los niveles cognitivos. 8)
Finalmente, un cuerpo hiperbólico y acrítico de creencias sobre el entorno,
reflejo de los bajos índices de conocimiento e información. Estas
características psicosociales que conforman una base cultural cuyos orígenes
deben buscarse en nuestras herencias y tradiciones políticas, económicas,
sociales, religiosas y ético-morales propias de cada nación latinoamericana
pero que en general nos identifican como sociedades de fuertes tendencias
autoritarias, dependientes y clientelares se nutren, a su vez, de un cuerpo de
creencias sumamente arraigado que refuerza la necesidad de un Estado
todopoderoso y redistribuidor, a la par que desalienta las iniciativas
personales y competitivas. Todo
ello explica, en gran parte, el desarrollo en América Latina y en Venezuela en
particular de sistemas políticos acentuadamente presidencialistas,
centralistas, populistas y partidistas, de modelos económicos de naturaleza
rentista y de intervencionismo de Estado, y de sistemas sociales poco
estructurados, con niveles bajos de asociación, organización, participación y
pluralismo. Este es el caso, precisamente, de la democracia que se instaura en
Venezuela a partir de 1958, cuyas bases sociopolíticas básicas se
establecieron entre los años 1945-1948. Y
es a este perfil cultural que también se deben como veremos más adelante las
resistencias a los cambios por una economía abierta y una democracia apegada
realmente al Estado de Derecho, más participativa y moderna, que se han
producido en prácticamente todas nuestras sociedades latinoamericanas. De
hecho, las inevitables reformas económicas y políticas producto de la
globalización mundial en sus aspectos de liberalización y democratización
introducidas en la mayoría de los países de la región a partir de finales de
la década de los ochenta, fueron al menos en un principio rechazadas por sus
respectivas poblaciones (como ha sido el caso venezolano en 1989 y 1993) y
posteriormente aceptadas pero bajo un contexto de autoritarismo abierto (caso
chileno con Pinochet) o de autoritarismo velado al estilo civil (siendo el caso
del régimen Fujimorista en Perú el más destacado). Para
entender cabalmente la naturaleza de la cultura democrática venezolana se hace
necesario explicar, aunque sea muy brevemente, el modelo o proyecto democrático
que nace en 1958 y que entra en crisis a partir de la "década
perdida" de los 80, ya que ambos están íntimamente vinculados. Este
modelo de democracia se caracterizó en el ámbito político por ser un sistema
altamente partidista en virtud de que los principales partidos políticos del
status (Acción Democrática y Copei) monopolizaban el proceso político,
jugaban el rol tanto de mediadores principales, y casi únicos, entre el Estado
y la Sociedad Civil como de canales de agregación y articulación de intereses
sociales. Se trataba a su vez de una democracia pactada y populista porque
funcionaba sobre la base de un esquema complejo de negociación y acomodación
de intereses acordado por las elites políticas y sociales del país, y porque
se basó en el reconocimiento de la existencia de una pluralidad de intereses
sociales, económicos y políticos, así como en la necesidad de su incorporación
en el nuevo sistema. El
sistema político era de carácter populista, además, porque su ideal giraba en
torno a un gobierno que respondiera en grado máximo a los deseos y preferencias
efectivas de la mayoría de los electores, aun cuando este populismo estuvo
signado por fuertes rasgos demagógicos y clientelares. el ámbito económico,
el sistema democrático del 58 se basó en un modelo de desarrollo capitalista
de Estado dado que ese Estado jugaba un papel central en la estructuración de
las principales coordenadas de la nación al fungir como propietario de la
fuente principal de recursos (el petróleo) y como agente de distribución de la
riqueza nacional. De allí que la renta petrolera haya sido el factor
dinamizador de la economía, mientras que el sector privado cumplía un papel
secundario. Este
modelo estatista fue orientado a la diversificación del aparato productivo
nacional de manera de sustituir productos importados por el establecimiento de
industrias productoras o ensambladoras de bienes terminados (modelo cepalista de
sustitución de importaciones), proceso también financiado por la renta
petrolera. Por último, en vista de las características político-económicas
señaladas, el sistema social venezolano manifestó un carácter de extrema
dependencia del Estado y los partidos políticos. La creación por parte del
Estado de una extensa y compleja red asistencial que se ejercía y funcionaba
esencialmente a través de los partidos políticos, produjo una sociedad civil débil,
basada en pocas organizaciones no partidistas y con un nivel precario de
institucionalización, asociación y participación. Ahora
bien, es preciso señalar que dentro del proyecto específico de democracia se
garantizaron formalmente los valores fundamentales de una cultura democrática
moderna al estilo occidental. La libertad, la igualdad y la justicia quedaron
consagrados en la Constitución de 1961. Después de diez años de dictadura, la
libertad se convirtió en el valor fundamental, especialmente en la esfera de
los derechos individuales, sociales y políticos; sin embargo, la libertad económica
estuvo contraía por muchos años en virtud de las facultades y funciones
desproporcionadas que se le dio al Estado en materia económica. La
libertad de expresión, el derecho de libertad política y el derecho al voto
fueron los valores más desarrollados. La igualdad fue especialmente atendida en
el ámbito social, no obstante siempre asociada más a la búsqueda de la
igualdad de recursos (con un marcado sesgo redistributivo y colectivista) que a
la igualdad de oportunidades. La
sistematización de la distribución por parte del Estado, aunque no fue
necesariamente equitativa, (y consecuencia sin que ello haya significado una
sociedad más igualitaria) permitió un mayor bienestar colectivo. La justicia,
aun cuando fue proclamada como el gran ideal democrático, fue en la práctica
el valor menos atendido e inculcado. De hecho, la igualdad para acceder oportuna
y eficazmente a la solución jurídica de conflictos fue poco asegurada por un
sistema de administración de justicia que perdió aceleradamente independencia,
autonomía y eficacia. En
este modelo democrático también se garantizó y desarrolló el pluralismo no sólo
entendido en términos estrictamente políticos (existencia de una sociedad
conformada por diversos grupos políticos y centros de poder) sino como actitud
cívica respecto a la diversidad de ideas y posiciones, de tolerancia, moderación
y diálogo para el manejo de las diferencias, divergencias y antagonismos. La
actitud participativa se dio principalmente en el ámbito político dando lugar
a niveles altísimos de participación partidista y electoral. Pero la
participación económica y cívica fue precaria porque se llevó a cabo casi en
forma exclusiva por intermedio de los partidos políticos, y en consecuencia fue
poco activa y efectiva. La actitud de responsabilidad ciudadana y de rendición
de cuentas entre el Estado y la sociedad fueron, sin embargo, prácticamente
inexistentes. Pero
con todas sus debilidades y diferencias con respecto al ideal democrático
occidental, entre 1958 y 1989 (aunque lógicamente estas fechas son imprecisas)
prevaleció en Venezuela una cultura democrática y en estrecha correspondencia
con la evolución del sistema político y el modelo socioeconómico aquí
esbozado. Una cultura en donde los rasgos populistas, estatistas, nacionalistas,
centralistas, rentista fueron los predominantes, pero en la que también se
desarrollaron los valores y actitudes de libertad, pluralismo, competencia e
individualismo. Esta
cultura fue sólida en el sentido que existía un gran apoyo y confianza hacia
el ideal de la democracia y su sistema por parte de la mayoría de la población
venezolana, a pesar de la oposición y critica a determinados gobiernos o formas
de gobernar (Torres 1990). Sin duda, este basamento cultural fue un factor de
suma importancia en el proceso de estabilidad, consolidación, legitimidad,
alternabilidad y gobernabilidad democrática del Estado-nación venezolano, y un
paso de avance significativo con relación a la cultura política prevaleciente
durante los períodos autoritarios del siglo XX. 5. Crisis de la cultura democrática en Venezuela y el impacto de la
globalización No
obstante, durante la década de los 80 y en particular en la década de los 90,
esta cultura democrática ha empezado un proceso de resquebrajamiento y cambio.
Su crisis y deterioro se puede deducir y palpar más nítidamente de las
opiniones que la mayoría de la población venezolana viene manifestando con
relación a la democracia como sistema, hacia sus instituciones fundamentales,
sus procesos y actores; así como en las actitudes y creencias políticas y económicas
que expresa, las cuales también han sido detectadas y seguidas en múltiples
estudios cualitativos y sondeos de opinión pública (Fundación Pensamiento y
Acción et al. 1996; Zapata 1996). De ellos sabemos, por ejemplo, que la mayoría
de la población venezolana manifiesta que la democracia es, sin lugar a dudas,
el sistema de gobierno preferible pero que en algunas circunstancias un gobierno
no democrático podría ser aceptado. Para el año de 1990, una minoría (5.2%)
de la población manifestaba estar "muy contenta" con la democracia;
alrededor del 66.2% indicaba que estaba "más o menos contenta"; y
algo más de una cuarta parte (28.6%) expresaba que el sistema debería ser
sustituido. Y al preguntársele por cuál sistema debería ser sustituido un 37%
decía que por una dictadura, un 30.8% por una mejor democracia y un 23.6% por
un modelo socialista). Aunque
la oposición al sistema democrático no era mayoría, abarcaba en 1990 a un
sector bastante apreciable de la población. Con estas cifras en mente, no debe
sorprendemos que los intentos de golpes de Estado acontecidos en 1992 hayan
tenido más eco y apoyo del esperado por parte de los venezolanos. Para 1996, el
nivel de satisfacción con la democracia ya era francamente escaso (24%) en
contraste con los niveles de insatisfacción 75%); y esta insatisfacción venía
dada porque los aspectos negativos que se ven y sufren en esta democracia
(corrupción, falta de justicia, desorden, delincuencia, falta de seguridad
personal, pobreza, inflación, desempleo) son más y mayores que los positivos,
referidos casi exclusivamente a la libertad de expresión y de votación Con
estas cifras, que sin duda han aumentado en 1997 y 1998, tampoco nos debe
asombrar que en la actualidad el 82,8% de los venezolanos quiera cambios
radicales en el sistema democrático, que un 53% los quiera a través de una
Asamblea Constituyente (es decir, eliminando el Congreso Nacional) y que un 47%
de la población venezolana se encuentre dispuesta a votar por el exmilitar
golpista Hugo Chávez (Datanálisis-El Universal 1998). Los estudios también
demuestran actitudes de muy poca participación política y electoral (de hecho
los niveles de abstención electoral han crecido exponencialmente en las
elecciones presidenciales y regionales que se han dado a partir de 1988); de
rechazo y desconfianza hacia las instituciones fundamentales de la democracia
tales como los partidos políticos tradicionales (que hoy congregan un 60% de
rechazo en promedio), el congreso, el ejecutivo y el poder judicial; así como
actitudes de confusión, apatía y anomia colectiva. En
suma, los venezolanos de hoy desean una democracia distinta que les proporcione
orden y bienestar. Si ese cambio democrático no se da, están dispuestos a
aceptar, al menos circunstancialmente, un régimen no democrático. Pero dentro
de este deseo de cambio no se observa una inclinación clara por una democracia
de economía abierta y menos estatista o dependiente de la renta petrolera. La
mayoría de la población continúa pensando que el bienestar depende del
Estado, que el petróleo nos beneficia a todos los venezolanos y que si bien es
necesario reducir el tamaño del Estado, éste no debe dejar los controles y
subsidios. La mayoría espera acción gubernamental más que incentivo a la
sociedad para que asuma la propiedad de las empresas (Datanálisis - El
Universal 1998). No obstante, en comparación con años anteriores, una buena
parte de la población empieza a considerar la importancia y funcionalidad de la
empresa privada, de las privatizaciones, de la inversión extranjera y del valor
de la competencia. Estos
hallazgos acerca de los valores, actitudes y creencias del venezolano actual
ponen en evidencia valoraciones y patrones de conducta mixtos y contradictorios,
en los que resaltan tanto los aspectos modernizadores (democracia liberal) como
especialmente los aspectos tradicionales (democracia populista y estatista).
Todo este perfil cultural confirma, que la cultura democrática se encuentra en
proceso de crisis, de acentuada transición sea hacia una reconstrucción o
hacia una deconstrucción democrática. Es
difícil precisar cuál de los dos caminos se terminará adoptando ya que ni
siquiera está claro aún si la evolución sistémica de la democracia terminará
por mantener una continuación de la democracia populista o imponer un modelo de
democracia moderna al estilo liberal o una dictadura abierta o velada de
autoritarismo-civil. Basta
señalar, en líneas generales, que este modelo de democracia partidista,
populista y pactada fue agotándose en la medida que entraba en crisis el modelo
de desarrollo económico de carácter rentista y estatista, y en la medida que
colapsaba el esquema clientelar adoptado por los partidos políticos como
mecanismo de intermediación entre el Estado y la sociedad, al ir creando un
estado de frustración con relación a las expectativas que se tenían en torno
a la eficiencia del sistema mismo. El
modelo democrático dependió de la presencia y adecuación de tres factores
fundamentales: la abundancia de recursos económicos provenientes de la renta
petrolera, con los que el Estado pudo satisfacer las demandas de grupos y
sectores heterogéneos; un nivel relativamente bajo y de relativa simplicidad de
tales demandas que permitía su satisfacción con los recursos disponibles; y la
capacidad de las organizaciones (partidos y grupos de presión) y de su
liderazgo para agregar, canalizar y representar esas demandas, asegurando la
confianza de los representados. Pero al producirse un cambio negativo en estas
tres variables lo cual sucedió durante la década de los años 80 y muy
especialmente a partir de 1989- el deterioro y la crisis del modelo se hicieron
presentes. Pero
la crisis sistémica y cultural de la democracia también se deben a factores
externos. Y aquí es que entra en juego el proceso de globalización. Se podría
decir que la globalización entra en Venezuela y que Venezuela mira hacia el
nuevo orden global, a partir del año de 1989 cuando el entonces recién
instaurado II gobierno del socialdemócrata Carlos Andrés Pérez del partido
Acción Democrática toma la decisión de implementar un programa radical de
ajuste y reestructuración - mejor conocido como "El Gran Viraje"-
destinado básicamente a transformar la economía pero que fue acompañado de
reformas para transformar el Estado y modernizar el sistema político. 6. Integración del Mercado Latinoamericano El
proceso de integración regional es un elemento fundamental para insertarnos en
la globalización. Ciertamente la integración regional es una de las salidas
estratégicas en Latinoamérica, para aumentar la escala de nuestros mercados,
para sumar recursos y para complementarnos. Esto se ha visto no sólo en materia
estrictamente comercial, sino también en materia financiera. En tal sentido, la
integración regional juega un papel importante, pero vista como un proceso
abierto, como un proceso integrado a esa internacionalización de los mercados
de los que hemos estado tratando. El
rol preponderante de las corporaciones transnacionales, en el campo de la
reestructuración o regionalización industrial, se visualiza especialmente con
relación a las dos áreas principales, en las cuales se ha incrementado la
competencia internacional, el comercio y la inversión directa. Justamente aquí,
es donde se expresan las tendencias que impulsan la competencia internacional y
lo que lleva a la regionalización e integración con los mercados. En
este sentido, el crecimiento económico y la transformación sería acompañada
por un cambio en los patrones de las ventajas comparativas, relativas y
absolutas de cada país. Las empresas transnacionales que actúan en el mercado
global deben concebir e implementar estrategias específicas para cada uno de
los tres más importantes mercados que componen la tríada, específicamente con
relación al diseño de los productos, el mercadeo y distribución, la red de
abastecimiento, finanzas, comercio e inversión externa. Las
industrias de alta tecnología que se convierten en las empresas líderes de la
competencia global no están igualmente distribuidas entre los países. Esto
implica, muchas veces, que ante un incremento de la competencia, los gobiernos
se sientan impulsados a generar políticas diseñadas para alcanzar o mantener
sectores económicos competitivos, al mismo tiempo que generan medidas que
dificultan el desarrollo de los negocios de las empresas
"extranjeras". 7. Organismos Multilaterales de Integración Estos
organismos de una manera u otra forman parte de la Integración Latinoamericana: Acuerdos
de Integración: Europa
viene desarrollando nuevas e interesantes formas de organización político-administrativas
durante las últimas dos décadas. Espacios y competencias económicas
tradicionalmente reservados al Estado nacional, han sido deliberadas y
conscientemente adjudicados a ese singular Estado supranacional que es la Unión
Europea (políticas comunes en el ámbito agrícola, monetario, protección al
consumidor, e industria del gas natural, para mencionar sólo algunas). Tres
formas de organización político-administrativa parecen fortalecerse en Europa:
la supranacional, la regional y la municipal, ante lo cual la instancia
nacional, si no pierde significación, sí cambiará radicalmente su papel. Este
fenómeno, sin embargo, no es ajeno a la tradición y cultura política de
Europa, como lo demuestran el status federalizado de Alemania o Suiza. Más
recientemente, se destacan las autonomías españolas, la regionalización en la
Francia de Mitterrand y las ofertas de una mayor autonomía político-administrativa
a Escocia y Gales en el Reino Unido de Tony Blair. La
política exterior de un país en vías de desarrollo, de medianas dimensiones
económicas y de extenso territorio como Venezuela, no puede estar ausente de
tan trascendentales procesos simultáneos de integración supranacional y de
regionalización cultural en el viejo continente, máxime cuando nuestras
propias instituciones son hijas del ordenamiento político-administrativo
europeo y de la cultura grecoromana y judeocristiana de Occidente, que tuvo su
cuna también en el Mediterráneo. La diplomacia moderna de Venezuela viene
asignándole a Europa el sitio estelar que le corresponde ante las nuevas
realidades de una unión total en el orden económico y monetario, por una
parte, y de una marcada descentralización regional con claro acento cultural y
lingüístico, por la otra. Son
innumerables los proyectos de integración que tiene Venezuela con el resto de
Latinoamérica, estos son un ejemplo que tomamos al azar de tres organismos: Países
Participantes: Colombia, Ecuador, Bolivia, Perú, Venezuela . La
Comunidad Andina es una Unión Aduanera y la Zona de Libre Comercio funciona
plenamente entre sus Miembros, por lo que el intercambio de las mercancías
originarias de los países miembros, está libre de restricciones y de derechos
de importación en la Sub-región. Asimismo se ha avanzado en la facilitación
del movimiento de factores productivos a través del Comercio de Servicios y la
liberalización del Régimen de Inversiones Extranjeras. Las
relaciones comerciales del Grupo Andino, hoy Comunidad Andina, han adquirido una
importante dinámica desde 1992. Dentro de ese auge comercial, tiene una gran
significación el intercambio desarrollado entre Venezuela y Colombia, con un
crecimiento del 300% entre 1993 y 1994. Países
Participantes: Colombia, México y Venezuela. Es
un acuerdo de libre comercio que entró en vigencia el primero de enero de 1995,
creando un mercado potencial de 149 millones de consumidores. El acuerdo
estipula una reducción arancelaria del 10% anual, durante diez años
(comenzando en 1995), para el libre comercio de bienes y servicios de los países
miembros. El G-3 es un acuerdo de tercera generación y no se limita a la
liberalización comercial, sino que incluye una serie de nuevos tópicos del
comercio internacional, tales como servicios, inversión, adquisiciones
gubernamentales, regulaciones contra la competencia desleal y propiedad
intelectual. Países
Participantes: Argentina, Brasil, Chile, Paraguay, Uruguay, México, Venezuela. El
tratado de Montevideo de 1980, que sirve de marco para la actuación de la
ALADI, tiene como objetivos: Dicho
tratado contiene además, ciertos principios que los países deben tomar en
cuenta para la ampliación del mismo y la evolución hacia el objetivo final,
los cuales son: Pluralismo:
voluntad de los países para su integración Convergencia:
multilateralización progresiva de los acuerdos de alcance parcial. Flexibilidad:
permite la concertación de acuerdos de alcance parcial. Tratamientos
diferenciales: aplicado de acuerdo al grado de desarrollo de los países. 8. Factibilidad de la Integración. La
globalización, es decir, el viejo crecimiento de la actividad económica por
encima de las fronteras políticas de las naciones, se ha intensificado en la última
década. El impulso procede del desarrollo de las comunicaciones, la avalancha
informativa y la muerte de la bipolaridad económica e ideológica que marcó la
Guerra Fría. También han contribuido las nuevas estrategias corporativas geográficamente
flexibles. Alianzas
estratégicas, crecimiento del mundo de los servicios, intenso flujo de
capitales y si faltaba algo, ahora también avanza una visión convergente de
los riesgos ambientales, los derechos humanos, la expansión de la democracia,
la descentralización y la participación de la sociedad civil. Cada vez hay más
cosas consideradas como patrimonio universal. Nos
enteramos en segundos sobre eventos y declaraciones. Capitales e Inversionistas
migran hacia donde encuentran las mejores condiciones. Hasta las fábricas son
portátiles. Los gobiernos con visión se adaptan al cambio redefiniendo
estrategias. Algunos
futuristas perciben a la globalización consolidada dentro de pocos años. No
creemos que sea así, todavía hay mucha tela que cortar. La regionalización y
la tendencia a construir un mundo multipolar es quizá la fuerza más importante
que se opone a la globalización y está funcionando. Así lo entendió hace años
la Unión Europea y nos preguntamos si ese es el rumbo general de la política
del presidente Chávez. En efecto en su viaje por Asia ha repetido varias veces
la palabra 'multipolar' y con la misma frecuencia mencionó a 'un gran bloque
económico latinoamericano', ¿Vamos hacia la regionalización como alternativa? La
regionalización está mostrando ser un movimiento de defensa bastante efectivo
en el ajedrez de la globalización. Un estudioso del tema la describió como una
fuerza centrípeta opuesta a la centrífuga de la globalización. Una estrategia
política y económica dirigida a ampliar el mercado interno, mientras se
dosifica la competencia externa. Si el Gobierno de Venezuela quiere practicar
este difícil arte, es necesario hacer cambios profundos en la política económica
actual y mirar primero a ese mercado, antes de endeudarse de nuevo para impulsar
cierto tipo de producción. Formar
un bloque económico demanda políticas coherentes, compartidas con los
potenciales socios comerciales y elevar la competitividad. No puede dominar el
discurso minúsculo que a veces nos envuelve para proteger algún nicho del
mercado interno o efectuar grandes inversiones sólo para el consumo local. Hay
que pensar en grande y hacia fuera como lo han hecho Japón, Corea del Sur y
Chile, como lo están haciendo México y China. Venezuela
a duras penas, ha realizado un tambaleante esfuerzo integracionista con los países
andinos. Un negocio entre pobres era mejor que ningún negocio, decían algunos.
Pero los Andes no son suficiente mercado y estamos ¿con acierto? atisbando en
otras direcciones: Mercosur es una de ellas, Brasil, en un contexto bilateral,
es otra. Ahora
el Presidente tiene la mirada puesta, en los grandes mercados de Japón, China e
Indonesia. Pero ellos también están mirando, con oriental pragmatismo, la
confusión de quinientos y pletóricos artículos del proyecto constitucional,
los atrasos en la privatización, la inercia de la política económica y la retórica
parroquial que ve árboles aislados sin percibir el bosque. Vender
orimulsión, café o cacao en Asia, luce bien interesante, siempre que
lleguemos, allende el mar, con precios competitivos. Pero China quiere colocar
aquí sus textiles. Japón sus miles de productos industrializados, y hasta con
algo de suerte, quizás arriesgue unos miles de milloncejos en las tan anheladas
sus inversiones. Algunos
ven en estos viajes la inscripción del Presidente en la globalización. Hay
quienes temen que nos atrapen las tenazas de los grandes bloques, mientras,
aletargados, no hacemos lo suficiente por elevar la competitividad. Otros
prefieren consolidar primero al CAN antes de aventurarse en Mercosur y no faltan
quienes anhelan volver a los golilleros tiempos de protección total. Pero no
hemos llegado al fin de la historia y como nos gusta tanto vivir de ilusiones, a
lo mejor se logra el milagro de globalizar la golilla sentados en un barril de
petróleo. 9. Beneficios para la Industria Venezolana A
estas alturas, en el mundo y en Venezuela, ha quedado super-claro que un esquema
de integración produce muchos más beneficios que en aquellos casos en que se
marcha en solitario, amparado en la desgastada premisa populista de que el
ejercicio de la soberanía estatal no conoce de restricciones. Es
cierto que los órganos supranacionales pueden emitir pronunciamientos que no
nos favorezcan siempre, pero precisamente el éxito de un esquema de integración
se basa en gran medida en la seguridad que eso mismo proporciona. De lo que se
trata es de tener más éxitos que fracasos, no de pretender salir incólume de
un proceso en el que convergen múltiples intereses que es necesario coordinar y
poner al servicio del bien común. Un
grupo de personalidades totalmente independientes, del mundo académico,
profesional, agrupados en el Foro de Integración y Comercio Internacional
(FICI), que es un órgano de reflexión, se ha querido alertar al alto gobierno
esto que es un camino equivocado. En cambio, quienes tienen a su cargo específicamente
conducir y administrar la política de integración, como es el ministro de
Producción y Comercio (J.J. Montilla), no han querido siquiera reunirse ni oír
a quienes por su experiencia saben algo de estas cosas y aspiran a aportar su
punto de vista. Se
anticipan tiempos difíciles para la integración y de allí resultarán mayores
inconvenientes para el pueblo venezolano al que quieren hacer creer que en
solitario nos irá mejor que caminando juntos en un proceso de integración
exitoso. El
año 1999 no fue un buen año para la integración y el comercio exterior. Los
resultados, parciales algunos, así lo revelan. En particular, el comercio con
aquellos países con los cuales tenemos acuerdos comerciales de integración
firmados, el caso de la Comunidad Andina de Naciones y el G3 desmejoró,
inclusive más que con el resto de nuestros socios comerciales. Específicamente,
el peor resultado fue con Colombia, cuya importancia y magnitud es la más
relevante. Los
números son determinantes y comprobatorios. El tráfico comercial con Colombia,
en ambas vías, exportaciones e importaciones, se redujo a la mitad, con el
agravante de que afecta uno de nuestras primeras prioridades internacionales:
desarrollar exportaciones no petroleras. Con el resto del área andina la
situación fue similar, con la excepción de Bolivia el tráfico con Perú y
Ecuador disminuyó en magnitudes similares, afectando también los principales
productos de exportación venezolana. El resultado neto es que con la Comunidad
Andina de Naciones, nuestro principal y más sólido mercado de integración,
los resultados fueron, quizás, alarmantes. Las
causas de este deterioro pueden detectarse en varios componentes, dentro de los
cuales destacan dos grandes explicaciones. Por una parte, el impacto del
comportamiento interno de cada economía, con rasgos muy claros de recesión que
impactaron el comercio exterior y, por la otra, medidas de política que
tendieron a acentuar un sesgo proteccionista, muy en particular del lado
venezolano. El año 1999 estuvo lleno de noticias de restricciones al comercio,
mucha unilaterales, las que, evidentemente, originaron represalias similares.
Fuera del contexto de la Comunidad Andina el Grupo de los 3 sufrió igual,
aunque menor efecto, con México encabezando una reducción del orden de 1/3 del
comercio, a pesar del mejoramiento de la situación de ese país Fuera
de él, en el resto del continente, y en especial con América Latina, los
resultados fueron similares. Mejoramos levemente nuestras exportaciones no
petroleras hacia Estados Unidos, pero se redujeron las importaciones en, también,
1/3 con respecto al año anterior. En el subcontinente destaca el resultado con
Brasil, país de especial énfasis de la política oficial, cuyos resultados son
semejantes a los anteriores. En
general, un año muy poco positivo, de limitados avances comerciales, hacia las
áreas de integración y, globalmente, hacia nuestros clásicos socios
comerciales, los Estados Unidos y Colombia, quizás explicados por la profunda
recesión venezolana, el diferencial cambiario que afecta la competencia
venezolana y medidas de carácter restrictivo que acentuaron el efecto de las
anteriores. Desde
luego, un cambio perceptible de la política exterior, en la búsqueda de nuevos
mercados hacia el Asia y Europa, quizás produzca resultados a mediano plazo,
pero el resultado neto fue una pérdida de las ventajas ya logradas por
Venezuela en sus mercados más rendidores. Finalmente,
por si fuera poco, después de un intento de consistencia, casi único en
Venezuela, de aumentar sistemáticamente año tras año las exportaciones no
petroleras, una de las prioridades sobre las cuales el país tiene el mayor
consenso, se logro reducirlas. La
reestructuración industrial en términos de una transición desde la
maquina-factura a la sistemo-factura, esto es una nueva práctica organizacional
en la cual la integración de las unidades productivas, vía la tecnología
automizada, generan nuevas relaciones y prácticas integrales de trabajo
supeditadas a orientaciones individuales. Ahora bien, esta reestructuración
industrial cuyas características más importantes acabamos de mencionar sin
embargo, no explican, de manera inmediata el incremento de la competitividad
internacional. Debemos, a continuación, dedicar a las formas que adopta la
empresa transnacional en los procesos de globalización, especialización y
regionalización. 10. Proyectos Programa
de reactivación industrial Otros
proyectos: Comercio,
promoción de exportaciones e integración Infraestructura
de apoyo a la producción Desarrollo
empresarial y del recurso humano 11. Economía Venezolana en el Mundo Venezuela
sigue una política de acercamiento con la región Asia-Pacifico,
particularmente, el ámbito económico. Esto ha llevado al fortalecimiento de
las relaciones diplomáticas con los países del área así como a la concertación
en Venezuela entre organismos públicos, empresas estatales y el sector privado,
a fin de crear una conciencia nacional sobre la potencialidad que representa el
vasto mercado asiático. En lo multilateral, se ha planteado la búsqueda de
mayores intercambios institucionales entre organismos latinoamericanos como la
Comunidad Andina y el Grupo de Río con organizaciones asiáticas como la
Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN). Las
potencialidades de Venezuela en Asia Pacifico se sustentan principalmente en el
sector energético. Las economías de la región, con elevados y sostenidos
crecimientos económicos, requieren cada vez de mayor energía. Se calcula que
su demanda de petróleo y derivados aumenta anualmente en un 10%, lo que implica
para este año, requerirán de 5 millones de barriles diarios adicionales. Para
esa fecha, Asia-Pacifico estaría consumiendo mas petróleo que América del
Norte. Esto representaría un cambio gradual en la configuración del mercado
petrolero internacional, a medida que los países asiáticos jueguen un papel
cada vez más importante en el comercio y la inversión petrolera. Como país
eminentemente petrolero, esta realidad abre numerosas posibilidades para
Venezuela. a)
Relaciones comerciales Actualmente,
Venezuela posee un limitado intercambio comercial con los principales socios
comerciales asiáticos de América Latina (en orden decreciente, Japón, Corea
del Sur, Hong Kong, China, Taiwán, Singapur y Malasia). Venezuela es apenas el
séptimo socio comercial de Asia-Pacifico, detrás de Argentina, Brasil, Chile,
México, Panamá y Perú. Para 1996, el intercambio comercial de Venezuela con
los países de Asia-Pacífico llegó a US$1.200 millones, siendo Japón el
principal socio, con un comercio bilateral estimado en US$700 millones. Sin
embargo, se espera que la complementariedad existente y el considerable interés
demostrado por los principales países asiáticos en la oferta exportable
venezolana de petróleo, orimulsión, acero, mineral de hierro, aluminio y
productos petroquímicos impulse las relaciones económicas. En
1996, las exportaciones tradicionales (petróleo, derivados del petróleo y
hierro) sumaron aproximadamente US$400 millones en comparación con un monto de
US$154 millones en 1993. Las exportaciones no tradicionales fueron de 200
millones de dólares en 1996, lo que significó una reducción de 45% respecto a
1995, cuando alcanzaron a US$359 millones. En 1994 habían sido de US$303
millones y en 1993 de US$264 millones. La disminución en las exportaciones no
tradicionales hacia el Asia significó que su participación en el total de las
exportaciones no tradicionales venezolanas descendiera a 5%, después de haber
alcanzado en años anteriores porcentajes de 7% y 8%. Japón
es el principal destino de las exportaciones venezolanas en la región. En las
no tradicionales tiene una participación que oscila entre el 82% y el 72% entre
1993 y 1996. Este último año presentó el menor porcentaje del período, pues
las exportaciones descendieron a US$143 millones, lo que representó una caída
de 51% respecto a su valor en 1995, cuando fueron de US$293 millones. Los otros
dos países de la región hacia los cuales se registran exportaciones no
tradicionales de cierta significación son Corea y Taiwán. La participación
conjunta de ambos en el total es superior al 20%. Sin embargo, el comportamiento
de las ventas hacia uno y otro destino ha sido diverso. Mientras las destinadas
a Corea han tendido a aumentar, las dirigidas a Taiwán han disminuido
notablemente. Estas últimos, que en 1993 llegaron a US$44 millones, fueron de
solo US$20 millones en 1996. Para
el resto de los países de la región Asia-Pacífico se registran exportaciones
no tradicionales de montos pequeños y muy variables, que fluctúan alrededor de
los US$5 millones o cifras aún menores. Las
importaciones venezolanas provenientes de Asia fueron en 1996 de US$585
millones, de las cuales US$552 millones (94%) se originaron en la región
Asia-Pacífico. También en las importaciones se registró una disminución
respecto a años anteriores. Además, hubo un comportamiento errático de las
mismas, que probablemente refleja la evolución de la demanda venezolana. En
1993 fueron de US$1.190 millones, en 1994 de US$697 millones y en 1995 de US$942
millones. Japón
es el principal país de origen de las importaciones venezolanas provenientes de
los países asiáticos del Pacífico. La participación de los productos
japoneses en el total de las importaciones venezolanas fue en todos lo años
considerados superior al 54% y en 1993 de 69%. Corea y Taiwán son los dos países
que le siguen en importancia, en cuanto al valor de las importaciones. La
participación de ambos países en el total de las provenientes de la región ha
tendido a aumentar. En 1996 era de 16,5% para Taiwán y de 11,6% para Corea. Del
resto de los países, destacan las importaciones originarias de Nueva Zelanda- básicamente
leche- que han venido creciendo consistentemente y en 1996 representaron un 10%
de las provenientes de la región (US$55 millones). También son significativas
las originadas en Hong Kong y Singapur. En el caso de Hong Kong éstas han
disminuido radicalmente entre 1993 y 1996 al pasar de US$133 millones a US$9
millones entre ambos años. En el de Singapur también han disminuido, pero en
menor proporción. En todos los otros orígenes se registran importaciones
inferiores a US$10 millones durante el período considerado. Las
perspectivas de las exportaciones venezolanas en la región Asia-Pacífico son
favorables. Las más auspiciosas son las de la Orimulsión, un bitumen producido
por la empresa estatal BITOR, que sirve para la generación de energía en
plantas eléctricas. Las reservas de este crudo extra pesado se calculan en
aproximadamente 280 mil millones de barriles. El crecimiento económico de Asia
Pacifico en los próximos veinte años requerirá la creación de numerosas
plantas eléctricas. Si BITOR logra captar una fracción de este nuevo mercado,
los beneficios para Venezuela serían considerables. Esta filial de la compañía
petrolera nacional, PDVSA, está realizando una intensa campaña de penetración
del mercado asiático, enfocada principalmente en China, Japón, Corea del Sur,
Tailandia y Taiwán. Actualmente
la producción anual de Orimulsión es de 5 millones de toneladas. Dentro de
apenas tres años, Asia-Pacífico podría estar importando 3 millones de
toneladas. Japón ya importa un millón de toneladas métricas anualmente y
existe la posibilidad de aumentar el suministro a cinco millones de toneladas
por año. Con China, se firmo a principios de 1997 un contrato para la venta de
un millón de toneladas anuales, por un período de cinco años. Para el año
2005, se proyecta cuadruplicar la producción anual de Orimulsión, para llegar
a 20 millones de toneladas. De continuar la tendencia actual, la región podría
estar importando la casi totalidad de esta producción. b)
Inversiones En
la captación de inversiones provenientes de la región Asia-Pacífico Venezuela
ha materializado acciones concretas y promisorias. En 1997, se comprometio
considerables inversiones por varios miles de millones de dólares, centradas en
los sectores energético y minero. Las
principales son: CHINA:
La Corporación Nacional China de Petróleo ganó, en 1997, dos importantes
licitaciones en la tercera ronda de apertura petrolera. Estos dos convenios
operativos, con la compañía petrolera nacional, PDVSA, significarán una
inversión de US$358 millones y constituyen el primer paso de ese país en la
relación bilateral energética. Además, próximamente se firmará un convenio
de asociación para construir un módulo con la capacidad de producir 100.000
barriles de Orimulsión, a un costo de US$320 millones. Existe la posibilidad de
que el convenio puede extenderse hasta tres módulos adicionales con similares
características. AUSTRALIA:
La principal empresa australiana especializada en los sectores de minería,
energía y comunicaciones -Broken Hill Propietary- firmó, también en 1997, un
contrato de asociación con dos empresas venezolanas -SIVENSA y Ferrominera del
Orinoco- para la construcción de una planta productora de briquetas de hierro
para el mercado suramericano y estadounidense. El monto total de la inversión
australiana es de aproximadamente US$650 millones. COREA
DEL SUR: En mayo de 1997, comenzó la construcción de una planta llamada POSVEN
para producir briquetas de hierro. El 70% de la composición accionaria
pertenece a cinco empresas surcoreanas, principalmente la Pohan Steel and Iron
Company (POSCO) con un 40%. El monto total de la inversión asciende a US$3.400
millones. Corea del Sur mantiene, además, importantes inversiones en el país,
principalmente en los sectores automovilístico y siderúrgico. Adicionalmente,
importantes compañías surcoreanas, japonesas y australianas han formado
consorcios para participar en los procesos de privatización de los sectores
siderúrgico y del aluminio. En éste último, Japón ha tenido una participación
importante desde los años setenta. c)
Relaciones político-diplomáticas Venezuela
mantiene una activa presencia en Asia Pacífico. Existen relaciones diplomáticas
con veinte países; hay siete embajadas, un Consulado General en Hong Kong y,
recientemente, se nombró un Cónsul Honorario en Bangkok. Las relaciones se
estructuran en torno a cinco polos principales de acuerdo al nuevo mapa económico
de Asia Pacifico: Japón; China; los países de reciente industrialización; los
miembros de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN); y los países
de Oceanía. Adicionalmente, se hace seguimiento a los dos principales
mecanismos de integración: la APEC y la ASEAN. Desde
principios de los años noventa, se observa un gradual acercamiento entre América
Latina y Asia Pacifico y una intensificación de intercambios de alto nivel que
refleja la creciente y mutua concientización sobre las potencialidades económicas
existentes entre ambas regiones. Dentro de este contexto, Venezuela ha
demostrado interés en fortalecer sus relaciones con la región Asia Pacífico.
En 1997, el Ministro de Relaciones Exteriores, realizó una gira por cuatro países
de la región: Japón, China, Corea del Sur e Indonesia. Esta constituyó la
Visita Oficial más ambiciosa emprendida por un Canciller venezolano a esa región.
En el transcurso de sus reuniones, el Canciller transmitió las posibilidades
existentes para el inversionista asiático. El Canciller viajó acompañado por
una nutrida delegación de empresarios del sector privado y de empresas
estatales y apoyó activamente las gestiones que realizan en los mercados asiáticos. Configuraciones
de riesgo: la posición de los países latinoamericanos Como
ya se indicó, la crisis asiática ha generado una creciente desconfianza
respecto de las economías emergentes. Así, las perspectivas de éstas en 1998
estarán en gran medida determinadas por las percepciones de los inversores y
analistas internacionales. Estos evalúan las economías emergentes a la luz de
una serie de criterios: nivel de desarrollo, potencial de crecimiento, situación
en materia de equilibrios macroeconómicos interno y externo, riesgo político y
credibilidad de la política económica, estado del sistema bancario. Como
era de prever, la tipología resultante da cuenta de la crisis que afecta a las
economías asiáticas y de sus principales consecuencias. Esto se advierte en la
configuración de los ejes. El eje horizontal resume las variables asociadas al
desempeño macroeconómico interno (crecimiento en el período 96-97, inflación
y situación de las finanzas públicas principalmente), a las que se suman las
variables más cualitativas que dan cuenta de la percepción del riesgo político
y de la credibilidad de la política económica, así como el estado de los
sistemas bancarios. Este eje separa los países que gozan de una muy buena
reputación en los mercados internacionales apoyada en la solidez de sus bases
macroeconómicas. El
eje vertical distingue las economías en función de su evolución reciente a
nivel de las tasas de cambio (fuerte depreciación real o, al contrario,
relativa estabilidad cambiaria) y de su grado de vulnerabilidad financiera
externa, expresado por la importancia de su déficit corriente y por la solidez
de su posición externa (relación entre las reservas internacionales y la deuda
externa de corto plazo). En
la medida en que las turbulencias desatadas por la crisis asiática no se han
apaciguado, parece lógico que un factor de discriminación importante esté
dado por la credibilidad financiera externa. Así, como ya se señaló, el grupo
1 está constituido por los países menos amenazados por la crisis. Si la
pertenencia de Taiwán a este agrupamiento (menos afectado por los problemas de
sus vecinos), de Hong Kong (que resistió exitosamente al ataque especulativo de
fines de octubre) y de Chile (único país latinoamericano del grupo) parece lógica,
el caso de Malasia puede llamar la atención. Sin embargo, su presencia en este
grupo refleja una credibilidad financiera superior a la de los países asiáticos
más afectados por la crisis que es consistente, como se verá más adelante,
con el débil incremento sufrido por los spreads de sus euro-obligaciones. Aunque
muy heterogéneo, el grupo 2 está conformado por economías relativamente sólidas
pero que son vulnerables debido a su elevado endeudamiento externo y al
desequilibrio comercial externo potencial que, en la mayor parte de los casos,
las caracteriza. Argentina, México, Uruguay (que no se analiza en este estudio)
y Venezuela son los países latinoamericanos que forman parte de este grupo. Por
su parte, el grupo 3 está definido por los rasgos de los países que
constituyen el epicentro de la crisis (Tailandia, Indonesia, Corea del Sur y
Filipinas): fuerte depreciación de las monedas nacionales y un grado de
vulnerabilidad financiera externa que sigue siendo sumamente elevado.
Obviamente, ningún país latinoamericano forma parte de este grupo. Finalmente,
el grupo 4 se caracteriza por desequilibrios macroeconómicos diversos, junto
con una situación de volatilidad financiera potencial. Tres países
latinoamericanos forman parte de este grupo (Brasil, Colombia y Perú). De
todas formas, en un contexto de crisis y gran volatilidad, la tipología
resultante no es estable y, por lo tanto, no ofrece elementos que permitan
evaluar las trayectorias previsibles. La
mejoría relativa de los países latinoamericanos en este plano no es sólo el
resultado mecánico del deterioro de la situación de los establecimientos
financieros asiáticos. Ella refleja también los progresos realizados en los
dos últimos años: aunque convalecientes tras las crisis de 1994-95, los
sistemas bancarios latinoamericanos se caracterizan por un vasto proceso de
reestructuración que se acompaña de una paulatina mejoría de sus indicadores
del comportamiento económico. Comercio
exterior perspectivas poco favorables Aunque
la dependencia comercial global de América Latina con respecto a los países
asiáticos es relativamente baja (alrededor del 10 % de las exportaciones
totales tienen ese destino), ciertos países de la región presentan un nivel
importante de comercio con Asia. En
efecto, un porcentaje significativo de las exportaciones totales de Chile, Perú
y en menor medida Brasil y Argentina se dirigen a los países asiáticos. Aunque
todos ellos se verán afectados por la fuerte caída del crecimiento asiático,
en los casos de Perú y sobre todo Chile, el comercio constituye uno de los
principales canales de transmisión de la crisis. Es
interesante notar que en los primeros ocho meses de 1997 las exportaciones
latinoamericanas hacia Asia se aceleraron significativamente. Probablemente,
esto refleja el hecho que los importadores asiáticos, anticipando las
devaluaciones, adelantaron sus compras externas. La fuerte caída de las
importaciones asiáticas del mes de septiembre confirma esta hipótesis. Este
fenómeno se observa claramente en el caso de Chile. Mientras que en el mes de
agosto de 1997 más del 40 % de las exportaciones se dirigieron hacia el mercado
asiático, en septiembre esta proporción cayó al 34 %. El adelanto de compras
preanuncia una caída aún más fuerte de las importaciones de la región asiática,
superior a la inducida por la disminución del crecimiento. La
consideración simultánea de las fuentes de vulnerabilidad interna y de los
canales directos de transmisión internacional de la crisis asiática examinados
en este trabajo permite evaluar de manera más precisa el impacto del contexto
actual sobre cada uno de los países latinoamericanos considerados. Por
un lado, Argentina, Brasil y Perú aparecen como los países potencialmente más
afectados. Los dos primeros se ven fragilizados por la magnitud de sus
necesidades de refinanciamiento, mientras que el tercero es sobre todo afectado
por su inserción comercial externa. Además, la posición de Brasil se ve
deteriorada por la fragilidad global resultante de los desequilibrios macroeconómicos
que el plan lanzado el 10 de noviembre de 1997 intenta corregir. Por
otro lado, Colombia, Chile, México y Venezuela muestran, en principio, un menor
grado de vulnerabilidad. Colombia, Chile y Venezuela se ven principalmente
afectados por la caída de los precios de las materias primas, en tanto que las
fragilidades de México no aparecen excesivamente concentradas en un solo
factor. Cabe finalmente señalar que la posición de Chile se ve afectada por
sus vínculos comerciales con Asia. Sin embargo, su alta sensibilidad respecto
de los factores comerciales es en parte compensada por la solidez de su situación
financiera global y por la elevada credibilidad que suscita el manejo de la política
económica de ese país. Por
último conviene hacer dos observaciones de singular importancia. En primer
lugar, como ya se indicó, un cierto número de efectos indirectos de difícil
medición no han sido considerados, a pesar de que podrían ejercer una
influencia decisiva en una crisis de gran amplitud como la actual. Además del
ya señalado " efecto competitividad ", en una economía globalizada
la existencia de un riesgo financiero sistémico en los países desarrollados
puede engendrar un proceso de iliquidez mundial. Asimismo, una desaceleración aún
más pronunciada que la prevista en el crecimiento de los países de la OCDE
implicaría, entre otras cosas, una menor demanda de materias primas (con su
consecuente presión hacia la baja en los precios). Por otra parte, en este
trabajo no se han tomado en cuenta en forma sistemática los " efectos
multiplicadores ": fragilidades suplementarias derivadas de las
dificultades de países socios (caso de Argentina y Chile con respecto al
Brasil, por ejemplo). En
segundo lugar, el análisis de los efectos más directos de la crisis asiática
no toma en cuenta la capacidad de reacción de los países latinoamericanos
considerados. En efecto, los impactos aquí analizados no deben ser tomados como
hechos totalmente ineluctables. Su repercusión en el funcionamiento de las
economías de la región depende en buena medida de las políticas económicas
que se adopten. De hecho, las autoridades gubernamentales han reaccionado, en la
mayoría de los casos, rápidamente, introduciendo modificaciones en las políticas
monetarias, fiscales y comerciales. En
el plano financiero y teniendo en cuenta las consideraciones realizadas en las
economías más afectadas por la crisis asiática en nuestra región –Brasil y
Argentina- muestran a ese respecto, signos positivos. Brasil, por ejemplo,
presenta promisorias perspectivas de crecimiento para los próximos años según
las evaluaciones realizadas por distintos organismos, bancos y consultores
internacionales. Cinco meses después de la crisis que enfrentara en noviembre
de 1997, el gobierno brasileño regresó al mercado internacional lanzando con
éxito una emisión de títulos en Nueva York por 500 millones de dólares a 30
años, con Godman y Morgan. En el segundo semestre de 1998 se realizó otra
emisión, en marcos alemanes, por 411 millones de dólares. Ambas
emisiones constituyen un test del mercado internacional para las empresas
brasileñas, que deben salir a refinanciar su deuda externa, que hasta ahora ha
dado resultados favorables. A eso se suma la baja de las tasas de interés y una
estimación de crecimiento del PIB entre el 0% y el 1% en el segundo semestre.
En el plano del comercio, aún es prematuro realizar nuevas estimaciones. En el
caso de México, por ejemplo se observa una posible reducción en 1998 de las
exportaciones en el sector textil ante la competencia de productos más baratos
provenientes de Asia-Pacífico. 12. Organismos Multilaterales de Integración fuera de Latinoamérica Organizaciones
mundiales Banco
Mundial Conferencia
de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo - UNCTAD Fondo
Monetario Internacional - FMI International Development Network OCDE Organización
Mundial de Comercio - OMC Organización
Mundial del Turismo Organización
de Naciones Unidas - ONU Organismos
del Sistema de Naciones Unidas Organización
de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura - UNESCO 13. Beneficios para la Industria SECTOR
INDUSTRIAL El
objetivo de la estrategia de desarrollo industrial, que se fundamenta en la búsqueda
de la transformación del aparato productivo en condiciones de equidad y
competitividad. En este sentido, las líneas estratégicas a a seguir son: Fortalecimiento
de las pequeñas y medianas industrias y empresas (PyMIs/PyMEs) así como de la
microempresa y cooperativas, como dinamizadoras del sector industrial y de la
economía en general. Desarrollo de cadenas productivas Estímulo a la inversión
privada. La
política industrial buscará el desarrollo de una Industria competitiva, basada
en la concertación de sus agentes, el impulso a grupos mixtos de concertación
y una reformación de los esquemas de desarrollo productivo que los potencie,
generando la sinergia buscada, a través del desarrollo de la industria de
procesos y sus sectores conexos. Estas
políticas tienen por finalidad generar una estructura industrial de mayor
diversificación, especialización, valor agregado nacional y con mayor
capacidad de empleo. Por
otra parte, se impulsará una serie de políticas complementarias que coadyuvan
al desarrollo de las PYMI´s y cadenas productivas, entre las que se destacan: Política
de desarrollo de las PyMIs/PyMEs Esta
política está centrada en el desarrollo, creación y expansión de las
PyMIs/PyMEs apoyada en la asistencia financiera, la renovación de la plataforma
tecnológica y el incremento del capital de trabajo, a fin de potenciarla como
generadora de empleo directo y valor agregado, creando efectos multiplicadores
en todo el aparato productivo. Esta política incluye también programas
destinados a crear y desarrollar microempresas y cooperativas como formas de
organización productiva que tengan continuidad y por ende que no se reduzcan a
un aspecto asistencial y al mismo tiempo incorporen al mercado a amplios
sectores de la población. Política
de desarrollo de cadenas productivas. Esta
política se continuará implantando en las áreas de: Forestal,
pulpa, papel, cartón, artes gráficas Algodón, textil y confección. También
se desarrollarán cadenas en: Resinas,
olefinas, plásticos. Aluminio. Sidero-metalúrgica. Construcción. Autopartes. Turismo. Industria
militar. Bovinos
de carne. Cacao. Frutas
frescas y concentrados de frutas. Derivados
del mar. De
igual forma, se contempla dictar las medidas necesarias a fin de impulsar tanto
la industrialización de los hidrocarburos en el país, en especial del gas y
sus derivados, los procesos químicos y petroquímicos, relacionados a la
fabricación de fertilizantes, resinas plásticas y productos petroquímicos
intermedios con la activa participación del sector privado. La incorporación
del factor militar y construcción en la conformación de encadenamientos
productivos se le da una connotación estratégica. Se contempla el impulso de
cadenas agrícolas, en las cuales el país tiene ventajas competitivas como es
el caso de la carne bovina y el cacao, propiciando de esta manera las
exportaciones en y hacia nichos de mercado no tradicionales. Como aspecto
restrictivo se contempla el factor ecológico como elemento de formación de
cadenas de valor, de tal forma de tener consistencia con los condicionamientos
internacionales orientados en este sentido. Impulso
a la inversión privada. La
economía venezolana orientada a reducir la dependencia de las exportaciones básicas,
depende de la captación de inversión privada y tecnología. Por consiguiente,
la normativa legal debe estar orientada a proteger y promocionar las
inversiones, especialmente las destinadas al desarrollo del aparato productivo,
establecer la obligatoriedad del registro de los capitales que ingresan al país,
dar garantías de igual trato, tanto al inversionista nacional como al
extranjero, garantizar la libre convertibilidad de la moneda, así como un trato
justo en las controversias que pudiesen surgir sobre sus inversiones, respetar
los acuerdos que en esta materia haya suscrito Venezuela de manera bilateral o
multilateral y determinar los incentivos pertinentes para el desarrollo de la
inversión productiva. En este sentido, las medidas son: Armonizar
las normas que rigen el Impuesto Sobre la Renta con las disposiciones del Código
Orgánico Tributario y los Convenios de Doble Tributación. Dictar normas que
regulen la contratación de la administración pública, con la finalidad de
incrementar la seguridad jurídica del inversionista que permita una mayor
transparencia y rapidez en los procesos de contratación pública. Modificación
de la ley de licitaciones, a fin de mejorar la transparencia en las
adquisiciones del sector público, impedir las prácticas discriminatorias
contra los sectores productivos nacionales, equiparar las condiciones de
competencia de las ofertas nacionales frente a las extranjeras y establecer
sanciones efectivas y otras medidas contra las prácticas fraudulentas y de
corrupción en las licitaciones. Política
de financiamiento para el sector industrial. Contempla
facilitar el acceso de PYMIs/PYMEs al crédito bancario, unificando los
organismos financieros del Estado, a fin de manejar un fondo único global que
incluya asistencia técnica financiera y canalice recursos a través del sistema
financiero nacional para apoyar el desarrollo del sector industrial y propiciar
la creación de un sistema nacional de garantías recíprocas, el cual
conjuntamente con las corporaciones y fondos regionales de desarrollo prestarán
asistencia integral al sector. Desarrollo
y transferencia tecnológica. Se
prevé apoyar el desarrollo del sector industrial, impulsando la investigación
y desarrollo, así como la asistencia e innovación tecnológica, on la
finalidad de viabilizar acciones de financiamiento, capacitación del recurso
humano y transferencia de tecnología, en la búsqueda de la competitividad e
integración de las cadenas productivas y la conformación de complejos
productivos. En este sentido, las acciones propuestas son las siguientes: Difusión
del uso de nuevas tecnologías como internet, nuevos materiales cerámicos,
biotecnología,etc. Programas
de promoción y desarrollo de la capacidad de innovación, gestión y organización. Intercambio
de técnicos, gerentes y tecnólogos. Formación
de Eco-consultores. Programas
de control de CFC. Concretar
acciones dirigidas al mejoramiento de la productividad y aumento del dominio
tecnológico de las empresas a través de mecanismos de cooperación técnica
internacional, nacional y aprovechamiento de la capacidad tecnológica de las
universidades e institutos universitarios de tecnología regional. Desarrollo
empresarial y de recursos humanos. Esta
política tiene por objeto la formación y capacitación del recurso humano en
todos los niveles orientado al mejoramiento de la competitividad de las empresas
y el fomento de una nueva cultura empresarial con criterio de responsabilidad
social en el desarrollo industrial. Entre las principales acciones a desarrollar
se puede mencionar: Promover
la visión del recurso humano como factor clave para el incremento de la
productividad, innovación empresarial y la competitividad. Diseñar
un conjunto de medidas e instrumentos de política para fomentar cambios y crear
actitudes laborales y empresariales, ante los retos de la competitividad, tecnológicos,
apertura de mercado y el entorno económico. Concertar
un plan entre el sector público, privado, universidades y centros tecnológicos,
a fin de formar el recurso humano basado en la educación para el trabajo y el
desarrollo de talentos. Facilitar
el desarrollo de una cultura informativa que contribuya a mejorar la formación
del recurso humano. Política
de reforma institucional. Orientada
a reestructurar los organismos financieros de apoyo al sector industrial. En el
marco de la Ley Habilitante, se implementarán las siguientes acciones: Suprimir,
fusionar, modificar, liquidar o reformar institutos autónomos, entre ellos las
corporaciones de desarrollo regional, así como las empresas del Estado,
asociaciones y fundaciones, y en definitiva cualquier estructura pública
descentralizada funcionalmente que se encuentre adscrita, asignada o integrada
al Ejecutivo Nacional con el objeto de establecer un mejor sistema de control de
gestión y coordinación, así como adecuar su adscripción, asignación o
integración a los ministerios que se determinen según su afinidad sectorial. 14. Tendencias En
el Gran Viraje se planteaba la promoción y difusión de mensajes culturales y
comunicacionales que incentiven a la población al trabajo, el respeto al Estado
de Derecho y al rescate de la identidad nacional. Es claro que una ejecución
exitosa de la estrategia planteada deberá acercar a la sociedad al ideal de
justicia y equidad. La
aldea global que ha surgido ante la nueva situación de la compleja y cambiante
estructura internacional, se manifiesta en una profunda fragmentación e
interacción de varias dimensiones, dando lugar al surgimiento de nuevos
alineamientos políticos, como se ha venido describiendo en los últimos
tiempos, mediante una serie de ideas sobre la globalización, proceso que es una
realidad en la que se encuentran inmersos todos los países. Se hace más
significativa la aparición de actores, que le dan otra cara a este proceso de
globalización que se ha venido dando en los últimos años. Dentro
de este proceso, con sus diversos elementos aún definiéndose, este fenómeno
se va a seguir acelerando, por una confrontación sociopolítica entre la
existencia de varias fuerzas relevantes. Siguiendo los aportes de Eduardo Viola,
distinguido profesor universitario de la Universidad Nacional de Brasilia, quien
se ha dedicado al estudio serio y sistemático al proceso de globalización,
tenemos, entre estas fuerzas, a los globalistas conservadores, globalistas
progresistas, globalistas sustentabilistas, los nacionalistas y los
nacionalistas-sustentabilistas. En
efecto, en los dos primeros grupos se coincide en los principios de una economía
abierta, un papel central de las corporaciones transnacionales, pero divergen en
el papel de los organismos multilaterales y la falta de regulación de los
mercados financieros, como lo han planteado destacados economistas debe
establecerse algún mecanismo de impuestos a los capitales volátiles. Los
globalistas progresistas procuran un desarrollo basado en los parámetros del
desarrollo sustentable y defienden el camino democrático como elemento de
construcción de la gobernabilidad. Los
otros dos grupos, nacionalistas y los nacionalistas sustentabilistas, defienden
la economía proteccionista, fuerzas armadas poderosas, son recelosos de las
corporaciones transnacionales y de los organismos financieros de carácter
multilateral, entre ideas que debaten y otras que defienden. Cada
uno de estos grupos tiene un poder de influir en las decisiones que las
configuran como unos actores con un potencial de autonomía, debido al contenido
de potencial organizacional de creación de redes, visión del juego político
que están haciendo, lo que puede alterar, quiérase o no, el rumbo de las políticas
públicas en el ámbito global. Ante
esta situación, ¿qué se puede hacer? Informar y persuadir adecuadamente a los
centros de gravedad de esos actores y organizaciones, interactuar con sus
voceros más autorizados, y establecer relaciones que les permitan a los
miembros de ella tener una información clara y oportuna de cómo nuestra región
busca sacar provecho del proceso de globalización, que a mi manera de ver es
una realidad, para lo cual debemos estar preparados para sacar las ventajas que
nos pueda dar desde el punto de vista de acceso a los mercados, nuevas tecnologías,
actualización intelectual permanente (estamos en una era del conocimiento mucho
más dinámica que antes). Creo
que en el futuro este será el desafío de la acción internacional de nuestros
países, analizar la movilidad y propuestas de estas nuevas tendencias que se
dan en la globalización, para insertarnos de una manera eficiente y con la
mayor cantidad de ganancias posibles. | |||||||||