Monografias | Intervención del estado en la economíaIntervención del estado en la economíaResumen: Intervención del estado en la economía. Causas de la intervención estatal. Objetivos. Planificación e intervención del estado. Sustento teórico. Las tareas económicas del estado nación en la globalización. El estado a lo largo de las diferentes etapas del capitalismo. Estado-Globalización y México.(V) Índice 2.
Causas de la intervención estatal. 3.
Objetivos. 4.
Planificación e intervención del estado 5.
Sustento teórico. 6.
Las tareas económicas del estado nación en la globalización. 7.
El estado a lo largo de las diferentes etapas del capitalismo 8.
Estado-Globalización Y México 9.
Conclusiones 10.
Bibliografía 1. Intervención del estado en la economía. Orígenes En
la época moderna los gobiernos han mostrado interés en intervenir sobre el
proceso económico La
intervención del Estado en el sistema económico se ha dado prácticamente
desde la aparición en cuanto organización social máxima de éste. Ya en la
antigua Grecia, los Imperios Romano y Vizantino tenían un Estado interventor,
lo mismo en la Edad Media, etc., En un principio simples motivos políticos y
militares llevaron a los gobiernos a participar en la producción (fábricas de
armas por ejemplo) e intentar controlar las actividades comerciales. La época
mercantilista se caracterizó precisamente por el excesivo intervensionismo
estatal, denunciado posteriormente por los economistas clásicos. La
economía clásica y los fisiócratas pugnaron por el laisse faire que implica
la nula intervención del Estado en los asuntos económicos, salvados los
aspectos necesarios para la subsistencias de la sociedad, como era para asegurar
la paz exterior e interior y la garantía de la propiedad. A
pesar de la propuesta de los clásicos, el Estado tuvo que intervenir en varios
aspectos de la economía en el siglo XIX. Debido al impacto de la
industrialización, los gobiernos (el inglés en primer lugar) tuvieran que
intervenir para paliar las pésimas condiciones de trabajo de la clase obrera;
la factory reform inglesa de la década de 1830 y 1840 limitó el empleo de los
niños y las horas de trabajo diario y reguló el empleo de las mujeres, al
tiempo que nombró inspectores de fábricas; la ley de salud pública de 1848
estableció normas que permitían la intervención del estado en este campo. Con
el surgimiento del estado de Bienestar, la intervención estatal se amplió
considerablemente al campo de los seguros sociales y a la intervención en el
mercado de trabajo. Pero
fue a partir de la depresión de 1929 y de la Segunda Guerra Mundial cuando la
intervención estatal se amplió de forma importante. El intervensionismo en las
épocas de guerra y de depresión económicas amplió las funciones del Estado y
aumentó el gasto público y aunque tras la vuelta a la paz cierno algunos
gastos, nunca retornaban a su nivel previo. En
el periodo de entre guerras surgieron los controles del comercio exterior y las
intervenciones en los mercados de divisas. En ese mismo periodo se difundió la
teoría keynesiana que proponía la intervención del Estado en la economía, a
través de la política fiscal y la política monetaria, para evitar la crisis
de desempleo. Por último, en el periodo posbélico se difundió la participación
activa en pos del desarrollo económico. La
provisión por el Estado de servicios y bienes públicos tiene una larga
historia, sin embargo, es solamente después de la Segunda Guerra Mundial cuando
se generaliza en Europa la convicción de que es el Estado el sujeto económico
que debe impulsar el crecimiento económico. De este modo, durante los años
sesenta y setentas se generó un protagonismo creciente del Estado en las
actividades industriales de los principales países europeos, surgieron así las
primeras manifestaciones de las "economías mixtas de mercado" que
suponían que más del 16.5 % del PIB (Producto Interno Bruto)era generado por
el Estado en la Europa de los setentas. El
Estado, como representante oficial de la sociedad capitalista, tiene que hacerse
cargo del mando de la producción, pero básicamente de la administración de la
industria y de todas las ramas de la producción para que esta ya no
perteneciera a unos u otros individuos en competencia, sino por el contrario,
estas ramas de la producción pasarían a manos de toda la sociedad, con arreglo
a un plan general y con la participación de todos los miembros de la sociedad.
Engels, advertía una tendencia hacia la rectoría del Estado sobre la economía
nacional, como algo inevitable, una transición obligada hacia una forma de
capitalismo de Estado. La
presencia económica y social de un aparato burocrático, fuerte, centralizado y
social es un elemento constitutivo básico en la modernización capitalista,
cuyas políticas estatales han afectado los mecanismos, modalidades y tasas de
acumulación de capital, y los mecanismos de distribución de los frutos del
progreso técnico contenido en la industria. 2. Causas de la intervención estatal. 3. Objetivos. La
intervención del Estado puede ser orientativa, en el sentido que incentiva a la
economía privada, para que ésta realice determinadas acciones. La acción del
sector público sobre la economía puede tomar la forma de regulación de los
distintos procesos económicos, mediante la actividad legislativa conforme el
marco institucional dentro del que se desarrolla la producción, el comercio y
las finanzas o mediante la manipulación y control de las variables económicas
significativas que guían la iniciativa privada, a través de la política
fiscal, monetaria o comercial. Así mismo, la intervención estatal puede
realizarse a través de la intervención directa del sector público en la
actividad económica. A
lo largo la historia moderna el papel del Estado ha sido de diversas maneras: 4. Planificación e intervención del estado El
origen de la planificación en una economía de mercado debe explicarse con
relación a la intervención estatal en la economía. La constante presencia
estatal en la economía no se reduce sólo al aspecto legal, a las condiciones
generales que permiten el libre intercambio, sino que también contempla
acciones de acumulación, distributivas e inclusive productivas, ya sea por una
presencia directa del Estado como productor o través de un arsenal de
instrumentos, procedimientos, normas y políticas que regulan y ordenan la
actividad individual. Al
Estado se ha intentado caracterizarlo mediante rasgos tales como la monopolización
del poder, de la coacción física y como una instancia de administración
centralizada y racionalizada, que actúa dentro de un ámbito territorial
definido. Sin embargo en éstos intentos de exclusión o disminución de la
importancia de la economía estatal no se puede ocultar el papel evidente que el
Estado juega en la economía. El
Estado tiene dos rasgos característicos: uno interno y otro externo. El
aspecto interno resalta la constitución del Estado moderno como un proceso de
diferenciación y separación de los poderes sociales ( ejecutivo, legislativo y
judicial ), que surge del producto de la universalización de las relaciones
mercantiles y de la formación de un sistema económico basado en la iniciativa
individual, actividad que encuentra en el mercado su único instrumento
regulador. El
Estado organiza las condiciones bajo las cuales los ciudadanos, en su calidad de
personas privadas efectúan intercambios dando sustento al proceso productivo
destinado a la satisfacción de las necesidades sociales. El Estado desarrolla y
garantiza el derecho privado, el mecanismo del dinero, la infraestructura, etc.;
proporciona las premisas existenciales de un proceso económico guiado únicamente
por el lucro individual, pero que se legitima, sin embargo, en tanto satisface
las necesidades sociales. El
aspecto externo del Estado moderno está relacionado con la forma histórica de
su origen. El estado nacional surge a mediados del siglo XVI como un sistema de
Estados que surgen a partir de las relaciones que se derivan del establecimiento
de una economía global y del tipo de las relaciones pertinentes, que van
conformando un mercado mundial. La
emergencia del Estado nacional ocurrió como un proceso sin planeación y sin el
apoyo de una ideología común, sino como respuesta frente a tres situaciones
que exigían la creación de estructuras institucionales capaces de conformar
una voluntad unitaria superior a los intereses particulares. Estas situaciones
son: los cambios de escala de la sociedad; las consecuencias de los cambios
realizados en las distintas formaciones políticas y la lógica de la reproducción
del sistema, en su conjunto. Los
cambios de escala de la sociedad; determinados tanto por las formas de inserción
de su economía a la economía mundial, como por los efectos ocasionados en la
vida social debido a los acelerados cambios ocurridos en la ciencia y en la
tecnología, los que su vez determinan el volumen, la intensidad y los ritmos de
la acumulación, junto con el tamaño del excedente de que dispone la sociedad. En
lo que se refiere a los cambios observados en las formaciones políticas, éstos
son particularmente evidentes en época de grandes crisis económicas; como
ejemplo tenemos la crisis de los años treinta y la actual. Los estragos
sociales que de la depresión económica de 1930 movilizaron a grandes sociales,
lo cual dio lugar a importantes modificaciones en las tareas del Estado, ya que
éste a partir de una cierta modificación de las pautas de distribución para
eliminar la extrema pobreza y asegurar de alguna manera las condiciones
generales de estabilidad y de equilibrio económico, tuvo que aprender a la
subsistencia de dichos sectores para prevenir los peligros de una transformación
radical, surgiendo así el estado de Bienestar. En
la teoría económica, el surgimiento y consolidación del Estado de Bienestar
se explica a través del sistema keynesiano. Keynes inicia su análisis a partir
de la constatación de que el desequilibrio del sistema, en época de crisis, no
puede ser superado por los mecanismos autorreguladores del mercado. Por tanto la
situación de un pleno uso de los factores productivos es virtualmente
imposible. En las economías de mercado disminuyen los estímulos de inversión
y la propensión al consumo, con lo que se determina una reducción de la
demanda global y, por ende, se origina la falta de oportunidades con respecto a
la utilización plena de los factores productivos. La
demanda efectiva es la cantidad del ingreso gastada en consumo e inversión,
cuando ésta es inferior al nivel del ingreso nacional, significa que una parte
del ingreso nacional ha sido atesorado, existiendo un ahorro susceptible de ser
transformado en inversiones reales y en consumo. 5. Sustento teórico. Keynes. Keynes
concede al Estado un papel central en la determinación del nivel de actividad
económica (y del empleo) de los países. El contexto económico del período de
entreguerras dentro del cual hace su aparición el planteamiento de Keynes, se
caracterizó por un severo estancamiento económico de la Gran Bretaña, que había
sido hasta entonces la gran potencia económica y militar del mundo, sufriendo
tasas de desempleo que se mantuvieron persistentemente por encima del 10% entre
1920 y 1940. Por otra parte la potencia económica y militar emergente, Estados
Unidos de América, debió soportar en los primeros años de la década de los
treinta una crisis económica cuya tasa de desempleo llegó a ser del 25% en
1933. Dicha crisis abarcó a otros países industrializados como Alemania, Gran
Bretaña, Suecia, Dinamarca, Noruega y Australia cuya característica fueron las
altas tasas de desempleo. El periodo de entreguerras se caracterizó por la
deflación, desempleo masivo y un movimiento obrero fatigado. Estos elementos
contextuales permiten entender la política económica de Keynes, en la cual la
intervención del Estado en la economía está determinada por la volatilidad de
las expectativas, y por lo tanto de la inestabilidad que tiene la conducta del
sector privado de la economía. Podemos
concluir que ( según Keynes) para lograr el retorno del equilibrio y mantener
una plena ocupación, es necesaria la intervención del Estado, ya que es éste
quien puede mantener el nivel del gasto y de la inversión, ya sea controlando
las tasas de interés mediante una adecuada política monetaria y crediticia y,
ejercitando un control en los tipos de inversión. de este modo el Estado puede
intervenir sobre la propensión al consumo aumentando el poder de compra de los
sectores más pobres, a través de pensiones y subsidios, o bien, a través de
una política impositiva que favorezca los ingresos mínimos. Keynes
sintetiza en dos problemas fundamentales que las economías deben resolver: 1.
La manutención de la tasa de ganancias. donde surge un conflicto entre las
ganancias y los salarios. Con la famosa distinción entre salarios nominales y
salarios reales, Keynes propone la manutención de las ganancias a través de
ajustes en el salario real, ajustes a efectuar por medio de maniobras
monetarias. 2.
Por otra parte para visualizar el conflicto entre las tasas de interés y las de
ganancias, debemos recordar la situación que se presenta cuando el aumento de
la liquidez, de los medios monetarios destinados al crédito o al ahorro,
provoca una caída a la tasa de interés. Esto da como resultado en relación a
una tasa de ganancias determinada, un considerable estímulo a la inversión.
Sin embargo, ésta situación en la economía contemporánea no se consigue tan
fácilmente ya sea porque la tasa de interés depende de la actividad financiera
del gobierno, de los bancos centrales y de las grandes corporaciones, o bien, ya
sea porque es necesario contar con una preferencia a la liquidez, esto con el
deseo de los poseedores de los recursos de inversión de conservarlos en sus
varias formas monetarias. En
su análisis Keynes se detiene en los problemas de corto plazo, asumiendo como
dados la capacidad y el volumen existente de las fuerzas de trabajo disponible y
la calidad y cantidad existente y disponible de bienes de capital, recursos
tecnológicos y estructura social. Se requiere examinar cuáles son las
condiciones que determinan aquel nivel de utilización del aparato productivo
que asegure el objetivo de alcanzar la máxima utilización y ocupación. En
éste análisis Keynes logra una fusión del aspecto real con el aspecto
monetario, que en periodos breves influye fuertemente sobre el proceso económico
real a través del conjunto de relaciones presentadas por la cantidad de moneda
y el nivel de la tasa de interés, que son maniobradas por las autoridades
gubernamentales a fin de recuperar y asegurar las condiciones del equilibrio
general. A
partir de esta nueva forma de integración y análisis de los fenómenos económicos
se han desarrollado una serie de categoría, que posibilitan el análisis global
de la actividad económica, surgiendo así la macroeconomía. Definiéndose ésta
como la rama de la economía política que busca explicar el funcionamiento de
un sistema económico en su conjunto, aislando, identificando y midiendo los fenómenos
que contribuyan a determinar la producción y la ocupación de todo el sistema y
sus variaciones. Esta
nueva propuesta metodológica tiende a privilegiar el análisis de las
mutaciones cuantitativas por sobre las cualitativas; por ello permite un análisis
más preciso de los fenómenos y el descubrimiento de los llamados
comportamientos de las masas y de las relaciones entre los fenómenos. Se
conforman de esta manera las macro variables definidas en función de la
comprensión de los grandes problemas. El análisis siempre estará referido a
objetivos concretos de política económica, tales como la ocupación plena, la
tasa de incremento del ingreso, etc. En
los problemas de mantener y lograr la reproducción del poder socioeconómico y
político de determinadas estructuras, cuestión que en las sociedades democráticas
está relacionada con los problemas de obtención del consenso y de legitimidad.
De aquí se deriva una competencia general del Estado en lo relativo a las
deficiencias económicas, así como la presunción generalizada de una
incumbencia estatal en lo concerniente a la superación de tales deficiencias.
De esta manera el Estado, a través de las autoridades gubernamentales, se
compromete programáticamente a mantener en límites aceptables las secuelas
funcionales del mercado. Existen
tres grandes complejos funcionales por medio de los cuales se mide la eficiencia
de un gobierno: Para
posibilitar la actuación del Estado sobre éstos tres complejos funcionales se
clasifican en dos categorías principales: una indirecta, por medio de medidas
de política económica; y una intervención directa, mediante la adquisición
por parte del Estado, de la propiedad de medios de producción y la gestión de
empresas productivas y de servicios. Las
intervenciones realizadas mediante la política económica pueden ser
clasificadas en las siguientes acciones: En
cuanto a la intervención directa, ésta asume una serie de formas entre las
cuales se destacan las siguientes acciones: Producción
de bienes y servicios. Divididas de acuerdo a su naturaleza difícilmente pueden
realizar los particulares las cuales han sido encomendadas la Estado, y las que
se realizan en forma alternativa o paralela al sector privado. Acciones
de Acumulación. Originadas mediante la inversión productiva directa del sector
público, o través de acciones de inversión en infraestructura destinadas a
facilitar el desarrollo de las actividades privadas, las que constituyen economías
externas. Acciones
de Financiamiento. Se dividen en aquéllas actividades destinadas a asegurar los
recursos que el Estado requiere para su actividad como productor, o las acciones
que buscan mejorar las condiciones de crédito a los agentes privados, a fin de
estimular la inversión en los sectores señalados como prioritarios Kalecki Keynes
y Kalecki fueron contemporáneos, y en esencias, sus teorías tienen muchas
similitudes, pese a que Kalecki basó su estudio en Carlos Marx y Keynes la basa
en los clásicos de la economía, pero a su vez tienen diferencias importantes
también; en cuanto a la intervención del Estado en la economía Kalecki está
a favor de esta, ya que para él el Estado funciona como un promotor del
consumo. Es importante aclarar que para Kalecki a diferencia de Keynes el
consumo lo divide en consumo de los trabajadores y consumo de los capitalistas,
así que la inversión pública se va directamente al fomento de dicho consumo
de los trabajadores, esto inevitablemente trae beneficio a los capitalistas. Ya
desde la década de los treinta Michael Kalecki sostenía: " la expansión
del equipo capital, es decir, el incremento de la riqueza nacional trae consigo
la depresión, en el curso de la cual se demuestra que la riqueza adicional sólo
tiene carácter potencial. Esto se debe a que una parte considerable del equipo
capital está ocioso y sólo vuelve ha ser útil en la siguiente fase de
alza". Esta afirmación arroja alguna luz sobre el problema de la
intervención anticrisis del gobierno por medio de la inversión pública
". Si actualizamos lo dicho por Kalecki hace décadas, tenemos que sostener
que en el momento actual el incremento de la riqueza es mundial y no sólo
nacional, persisten la depresión y el auge por lo tanto, esa riqueza adicional
mantiene su carácter potencial, pues es claro que parte de ella, sobre todo en
la depresión, se desperdicia. Kalecki
escribe que los gobiernos debían de intervenir para contrarrestar la crisis,
encontramos que actualmente ha cambiado la estrategia, pues más bien reducen la
inversión pública ya que la anterior política basada en el gasto público
deficitario ha dejado de jugar el papel motor para la salida de la depresión.
Lo que no ha cambiado, siguiendo con el anterior autor es que los capitalistas
se siguen moviendo bajo los mismos principios: " Es así como los
capitalistas en su conjunto determinan sus propios beneficios por medio de la
magnitud de su inversión y de su consumo personal. En cierto modo son los
`forjadores de su propio destino' pero la manera como lo forjan está
determinada por factores objetivos, por lo que en definitiva, las fluctuaciones
de los beneficios son inevitables ". Kalecki
pone el acento básicamente en los aspectos objetivos sin dejar de tener su
parte los aspectos subjetivos Las fluctuaciones que él señala de los
beneficios efectivamente son inevitables. En el sistema capitalista son los
empresarios los forjadores no sólo de su propio destino sino del conjunto de la
sociedad. En tanto los trabajadores, de lo anterior se desprende, que mucho más
ahora que antes, son sujetos pasivos de la historia, que hoy se escribe día con
día en el marco de la globalización. Y ya sobre estos aspectos de la inversión
y sus efectos, para Kalecki, según la señora Joan Robinson un hecho cierto es
y ello nos permitirá explicarnos las crisis en el momento actual que: " la
aceleración del ritmo de inversión real no puede durar indefinidamente. Cuando
el ritmo de inversión deja de crecer, el nivel de beneficios corrientes deja de
aumentar. Pero el volumen de capacidad productiva que compite para vender sigue
creciendo de modo continuo. Por esta razón el tipo de beneficio deja de crecer
con lo que el auge llega a su fin. La prosperidad no puede durar siempre, la
tragedia de la inversión es que provoca la crisis precisamente porque es útil
". Kalecki, acababa su razonamiento con una frase " sin duda, mucha
gente considerará que esta teoría es paradójica. Pero no es la teoría la que
es paradójica sino su objeto la economía capitalista ". Es en este
esfuerzo de abstracción kaleckiano, donde se resume el desarrollo real de la
economía capitalista que hoy a nivel mundial sigue las mismas pautas, pues si
bien el ritmo de inversión puede dejar de crecer, la misma capacidad productiva
instalada sigue produciendo en forma creciente aunque llegado un momento los
beneficios disminuyan, porque la paradoja es, de acuerdo con Kalecki, el que en
la economía capitalista al crecer la inversión crecen los beneficios, pero,
llegado un momento, ese creciente volumen de producción deja de venderse en
parte con lo que como consecuencia decrecen los beneficios y el auge termina.
Las razones que determinan la inversión del capitalista son las que al mismo
tiempo permitiendo el auge llevan posteriormente al sistema a la crisis. Más
adelante para redondear estas ideas Kalecki escribió "... cuando la
producción de bienes de inversión aumenta la producción agregada se
incrementa en la misma cantidad pero, además, hay un incremento adicional
debido a la demanda de bienes de consumo realizada por los nuevos trabajadores
incorporados a las industrias de bienes de inversión. El consiguiente aumento
del empleo en las industrias de bienes de consumo lleva a un mayor incremento de
la demanda de bienes de consumo. Los niveles de producción agregada y de
beneficio de unidad out put se irán elevando hasta el punto en que el
incremento de los beneficios reales se igualen al incremento de la producción
de bienes de inversión ". Sólo que ahora habría que señalar que nos
encontramos con las siguientes paradojas agregadas a la que ya señalaba
Kalecki, pues si bien puede haber un incremento adicional de la inversión los
trabajadores que se incorporan al proceso productivo lo hacen proporcionalmente
en menor número. Esto significa que se incrementa la producción de bienes y
servicios desplazando mano de obra por lo que las industrias de bienes de
consumo se enfrentan justamente a la disminución de la demanda de bienes.
Aunque sigue vigente la observación de Kalecki, pues en el auge se eleva el
nivel de producción hasta el momento en que los beneficios reales que reporta
se igualan al incremento de la producción de bienes de inversión, punto en el
cual se seguirá elevando la producción al haber incremento de bienes de
inversión porque ya ahora la producción agregada no traerá una demanda
agregada sino más bien oferta que no encuentra salida, esto es, no se realiza
parte de ella y por ello caerán los beneficios. 6. Las tareas económicas del estado nación en la globalización. Globalización La
globalización puede definirse como la fase en que se encuentra el capitalismo a
nivel mundial, caracterizada por la eliminación de las fronteras económicas
que impiden la libre circulación de bienes servicios y, fundamentalmente, de
capitales. Algunas
características de la globalización son: la intensificación de la competencia
mundial por los mercados nacionales (macrocompetencia sustentada en la
productividad); el aumento en el volumen y valor del comercio mundial de bienes
y servicios –particularmente de servicios financieros -; la creciente
parcialización del proceso productivo en economías de escala y alcance,
principalmente en las zonas económicas especiales; crecientes flujos de migración
internacional, la aceleración de los flujos de capitales entre los países del
orbe; la revolución de las telecomunicaciones y el avance científico y tecnológico
de las economías desarrolladas y las grandes corporaciones transnacionales. La
globalización también implica un aumento de la competitividad internacional en
niveles jamás pensados y una reorganización de la producción mundial
patrocinada por las empresas multinacionales, lo que representa un nuevo espacio
para el imperio del libre mercado y que significa: por una parte, una mejor
asignación y el aumento de la eficiencia de la producción; por otra, una pérdida
de la autonomía de los Estados nacionales (que no debe ser confundida con la
crisis del Estado) y también, la concentración del ingreso entre países más
o menos competitivos, y entre ciudadanos de un mismo país, cuando la importación
de bienes de alto contenido de mano de obra barata rebaja los salarios de los
trabajadores locales. 7. El estado a lo largo de las diferentes etapas del capitalismo El
tema de la globalización se puso de moda nuevamente hace ya más de una década,
como resultado de dos factores. El primero es su evidente impacto sobre el
funcionamiento de los mercados y la eficacia de las políticas públicas. El
segundo es su utilidad para formular diagnósticos sobre el cambiante equilibrio
de la relación entre Estado y mercado. Así a lo largo de la historia podemos
ver cual ha sido el papel que ha jugado el Estado. En el capitalismo
mercantilista de los siglos diecisiete y dieciocho prevaleció el Estado
patrimonialista, caracterizado por la confusión entre el patrimonio del príncipe
y el del Estado. En el capitalismo competitivo del siglo diecinueve fue
dominante el Estado liberal, garante de la propiedad y de los contratos:
productor apenas de bienes estrictamente públicos. En el capitalismo
monopolista de este siglo el Estado social burocrático asumió tres formas: el
Estado benefactor, en los países desarrollados; el Estado desarrollista, en los
países subdesarrollados; y el Estado burocrático en los países estatistas.
Estas tres formas tuvieron en común tres rasgos que justifican su carácter
social y burocrático: el compromiso con los derechos sociales, la
responsabilidad por el desarrollo económico del país y la ejecución directa
de las nuevas tareas consiguientes a través de la contratación de burócratas. El
Estado del siglo veintiuno no podrá ser la repetición del estado liberal del
siglo diecinueve, la relación que se establezca entre el Estado y el mercado
debe ser cada vez más complementaria, a medida que se vayan revelando los
sectores en los que cada uno es más eficiente. El Estado del capitalismo
globalizado será un Estado social-liberal, será social porque seguirá siendo
responsable de la protección de los derechos sociales en materia de educación,
salud y previsión básica; será liberal porque realizará estas tareas de
forma mucho más competitiva, dejando de ofrecer a la burocracia estatal el
monopolio de las partidas presupuestarias para la educación, la salud y la
cultura. La construcción de obras de infraestructura será tercerizada; las
empresas productoras de bienes serán privatizadas y las empresas productoras de
servicios públicos serán objeto de concesiones a empresas privadas. El
Estado social-liberal será financiador y no productor de los servicios sociales
no exclusivos del estado, que el mercado no puede remunerar adecuadamente en
función de las economías externas que generan, será complementario del
mercado y no sustitutivo del mercado. No producirá bines ni servicios, ni
concentrará su política económica en proteger el mercado nacional, pero
desempeñará un papel importante en la competitividad externa del país. Haciendo
una revisión de los últimos sesenta años puede notarse que la presencia del
Estado en el desarrollo se ha extendido en mayor o en menor grado por todos los
países del mundo; sobre todo a partir de la Gran Depresión y la segunda
posguerra. Sin embargo, el principal elemento que parece explicar la acción
estatal es la insuficiencia de los mecanismos del mercado para garantizar por sí
solo el desarrollo más o menos equilibrado y sostenido a largo plazo; además
de que existe la necesidad de garantizar la cohesión y estabilidad sociopolítica
de la sociedad y la economía, pues éstas dejadas en libertad tienden a
desorganizarse. A
lo largo del siglo veinte, la experiencia histórica muestra que el Estado ha
buscado la manera de atender un amplio espectro de objetivos nacionales, entre
los que se encuentran: A
partir de este siglo, el Estado será el agente activo que desarrollará
mecanismos de coordinación y planeación del desarrollo; tendrá una
participación dinámica en la administración de la producción y el mercado,
previendo y adelantándose a los cambios del ciclo económico. En
el caso de las economías de menor desarrollo, como México, el Estado se
desenvuelve en condiciones sociales y económicas más atrasadas, por lo que es
necesaria una intervención más intensa sobre todo en aquellos ámbitos que
exigían la modernización económica y social: el impulso de la industrialización,
la reforma agraria y la actualización fiscal y financiera dentro de un contexto
de competencia internacional. Se
debe enfatizar que la política sirve fundamentalmente para profundizar el
modelo de desarrollo o los cambios que se hagan dentro de él. Y todo esto nos
lleva directamente a plantear la siguiente aseveración: si el Estado, en la
actual época y dentro del sistema capitalista, atiende las demandas de los
necesitados (o deja de hacerlo), el gobierno presentará tal hecho como un fin y
no como un medio, cuando en realidad para el sistema resulta justamente lo
contrario; es decir se atienden esas demandas ya sea porque el sector privado
hace negociaciones o bien, porque de esa forma se asegura la estabilidad política
sin la cual el sistema se vería en problemas que afectarían a todos los órdenes
sociales, y al aspecto económico. Es
claro que en determinados niveles en el desarrollo de las fuerzas productivas,
las relaciones sociales de producción tienen que ajustarse, cambiar; pero si
esta contradicción no se resuelve, la inestabilidad puede desembocar en vastos
movimientos sociales que buscarán un nuevo equilibrio entre los objetivos de
los grupos sociales. El
Estado es juez y parte; en realidad es instrumento de una clase, pero tiene
relativa independencia, de ella. En el marco de la globalización de la economía
a nivel mundial esta relativa independencia se reduce sensiblemente. Aunque en
esencia no cambia, a medida que se transforman las condiciones de la sociedad,
el aparato estatal se ve obligado a reformarse. El aparato del estado se
presenta como un juez imparcial, aunque su práctica cotidiana le desmiente. La
relativa independencia que tiene con respecto del sector económicamente
dominante, es el motivo de los antagonismos que surgen entre ambos, pero cuando
esto sucede no busca un cambio estructural, ya que sus diferencias con el
capital son de forma y no de fondo. De forma, porque tanto uno como otro buscan
que las relaciones de producción capitalistas no se detengan; difieren en los
medios, no en los fines. Funciones
fundamentales -Mejorar
la calidad y la disponibilidad de los recursos de uso general para el negocio:
sistema de carreteras, telecomunicaciones, puertos, aeropuertos, la
infraestructura legal del comercio y el servicio a clientes; es decir el
gobierno debe asegurarse de que el país esté en un nivel alto y de
mejoramiento en cuanto a la infraestructura y la mano de obra. -Crear
un sistema de reglas e incentivos que fomente el progreso; es decir se deben
fijar cuidadosamente todos los incentivos, todas las regulaciones y la manera en
que los impuestos trabajan, para asegurar que el progreso sea promovido por el
clima de la economía para la industria. -Facilitar
el proceso por el que las agrupaciones se desarrollan ya que estas son el motor
del desarrollo económico, fomentando así la especialización, el
entrenamiento, la investigación y la infraestructura. -Crear
y divulgar una clara visión económica para el país. En
los aspectos económicos, el proceso de globalización se ha reflejado
principalmente en la disminución de la "distancia económica", que ha
permitido aprovechar las oportunidades de arbitraje en los mercados de bienes,
servicios y factores, disminuyendo la importancia de la geografía y la
efectividad de las políticas. También
se expresa en la creciente segmentación de la producción a nivel
internacional, por la cual las empresas transnacionales ubican sus unidades
productivas donde los factores les permitan alcanzar una mayor competitividad y
rentabilidad global. Este fenómeno corre parejo con un proceso, aparentemente
contradictorio, de concentración de la propiedad de los circuitos productivos y
financieros en grandes conglomerados -lo que está dando lugar a una estructura
oligopólica de dimensiones inéditas- y, por consiguiente, de las decisiones
económicas a escala planetaria. Esto, a su vez, ha significado una
intensificación del comercio intra-empresa, lo que implica también un cambio
de gran importancia en la estructura del comercio internacional ya que, por su
naturaleza, tiende a escapar de las reglas que rigen el mercado y la libre
competencia. 8. Estado-Globalización Y México Las
tendencias internacionales recientes, luego de más de cincuenta años de
vigencia del llamado Estado del Bienestar (1929-1933 hasta la primera mitad de
los ochenta) han girado hacia la reversión del accionar del Estado-gobierno de
sus responsabilidades económicas y sociales para con sus súbditos, buscando de
esta manera ajustarse a los derroteros de la economía mundial y dejar libre el
camino (mercado abierto) para que sea el gran capital y la gran empresa
transnacional, principalmente, los que se encarguen de los asuntos económicos.
En aras del equilibrio presupuestal gubernamental y de una mera regulación en
el sistema económico, la mayoría de los Estados nacionales, han sido
convencidos compulsivamente por los organismos financieros y comerciales
supranacionales y sus políticas de corte liberal ortodoxo así como por las
grandes corporaciones transnacionales, para que apliquen políticas, que les han
significado a estas, a entrega de industrias productoras de bienes y servicios
otrora estratégicos dentro de los esquemas de desarrollo nacional, autónomo
que tenía al Estado como garante de los intereses de los ciudadanos de esos países. México,
que tiene antecedentes de intervención del Estado en la economía mediante los
estancos, pero sobre todo a partir de la promulgación de la Constitución de
19179, no escapa -era imposible y es imposible escapar- a las tendencias
desreguladoras y privatizadoras imperantes en el mundo, las cuales tienen como
trasfondo la reducción a su mínima expresión del accionar estatal en el
sistema económico y la reeficientización de sector público y privado nacional El
Estado-gobierno de las dos últimas décadas, que es quien ha promovido la
reinserción de México al contexto mundial prevaleciente, no logró insertar y
preservar las características propias del capitalismo nacional ni supo cuidar
del llamado interés nacional, pues, la globalización económica, que no es una
moda pasajera sino que ha trastocado todas las estructuras del país y de muchos
países, no sólo ha despojado de recursos naturales y empresas paraestatales a
los conacionales, sino que los ha sumido en una gran crisis que pone en riesgo
la propiedad nacional y de algunas clases sociales nacionales, La
globalización, si bien ha tenido la virtud de despertar violentamente a los
agentes de la economía nacional de una manera ingrata y hacerles ver que será
la competencia internacional en los mercados mundiales y en el propio mercado
nacional lo que podrá mejorar la competitividad de la economía nacional. Ha
hecho ver mal al Estado mexicano, quien ha carecido de una estrategia integral
para ver en su propia participación en la economía, no una carga social, sino
la posibilidad real de una armonización de intereses económicos: el interés
nacional vis a vis el interés internacional. Repensar en la intervención del
Estado en la economía de mercados concretos y globalizados, es una condición
sine-quanon de este pues, no es el mejor Estado, aquel que tiene una estructura
mínima, ni el que tiene superávit primario sino aquel que con raciocinio económico,
no desatiende las funciones social-económicas que le dan sustento real. Ello,
de ninguna manera iría contra los principios del mercado abierto, ya que el
Estado es algo más que puramente economía sana. Esto, implicaría que, sería
posible mantener una hacienda pública sana con una equidad social, que devuelva
a los conacionales, las posibilidades hurtadas de superación y desarrollo,
tendientes a una real (más participativa) reinserción de México en los
mercados internacionales. Es
necesario centrarse en el diseño del nuevo modelo de administración pública
para este Estado redimensionado, ya que, en un principio, las actividades
relacionadas con la administración pública no se manejan con los mismos
principios administrativos de la administración de organizaciones privadas,
pues no tienen la misma aplicación para los ciudadanos, sujetos, clientes o
consumidores del gobierno que para los consumidores finales de la empresa
privada. La utilidad social que persigue el gobierno para con la sociedad, no
coincide con la utilidad económica que persigue la empresa en el mercado. En
lugar de que el Estado moderno asigne tareas específicas a los sectores
productivos, debe crear las condiciones más favorables para el desarrollo de la
competitividad general del aparato económico, correspondiéndole a los
particulares decidir en qué actividades invertir capitales, y en qué forma
consagrarles tiempo y esfuerzos a hacerlos producir. El Estado debe, por una
parte, eliminar obstáculos innecesarios al desarrollo de la creatividad e
iniciativa de la sociedad, y por el otro, crear instrumentaciones promotoras. En
el proceso de integración económica ninguna democracia puede darse el lujo de
abandonar al mercado la solución de sus problemas distributivos y de equidad.
La lógica del mismo y las relaciones que en él dominan exacerban los
conflictos, pueden socavar la libertad, tanto o más que cualquier gobierno
opresivo y ser, en el largo plazo, desastrosa para la democracia; ésta exige la
reducción de las desigualdades económicas a fin de garantizar equidades políticas
y libertades individuales. 9. Conclusiones La
intervención del Estado en la economía se conforma a partir de una acumulación
de respuestas coyunturales, más que por un proyecto deliberado que regule y
precise de antemano las formas, alcances y límites de la intervención estatal
en la economía. El
Estado se ha visto en la necesidad de desarrollar una serie de formas y de
acciones tendientes a recuperar las condiciones del equilibrio general,
condiciones que no pueden ser recuperadas por medio del mercado, ya que los
mecanismos de autorregulación no funcionan en circunstancias de irregularidad
propias de la crisis. Las
causas que provocan la intervención estatal no se originan solamente en épocas
de crisis, sino que se observan también en las épocas expansivas del ciclo. Los
efectos que de aquellos fenómenos en los que se manifiesta la naturaleza
siempre cambiante ( debido a la innovación tecnológica) y la complejidad de
los procesos productivos y de intercambio, procesos que, en última instancia,
son los que determinan el ritmo y profundidad de los cambios sociales así como
el de los agentes o grupos sociales, imprimiéndoles un sentido y proporcionándoles
un marco explicativo y valorativo. Estos cambios en definitiva, son los que
decidirán las características, los alcances y los límites de la intervención
estatal en la economía. A
partir de las características esenciales que ha asumido la intervención económica
del Estado, podemos señalar los objetivos principales de la planificación económica: 10. Bibliografía Notas
del curso de Planificación para el Desarrollo realizadas por el Profesor Jaime
Ramírez Faúndez del Departamento de Administración de la UAM-A.Capítulo 2. Andersen
Arthur. La privatización como alternativa. Limusa, México, 1997. p.p 13-40. Ayala
Espino, José. Estado y Desarrollo. FCE, México, 1988. pp. 16 Calderón
Gilberto. "Notas sobre la globalización y su impacto en la economía y la
sociedad", Gestión y Estrategia, núm.7, enero-junio, 1995. s/p. Calderón
Gilberto. "Las reformas del Estado Mexicano a la luz de la globalización",
Gestión y Estrategia, núm.9, enero-junio, 1996. P.p 8-18. Hinostroza,
Luis. Las empresas públicas en América Latina. Tesis Doctoral, México. 1994
P.p 28-37. Juan
Gonzáles García y José Guadalupe Vargas Hernández. "Estado y
Globalización: las tareas pendientes", Gestión y Estrategia, núm.9,
enero-junio, 1996, s/p. Kalecki,
Michael. Estudios sobre la teoría de los ciclos económicos, Barcelona, Ariel,
segunda edición 1973, p. 67. Matick.
Paul. Marx y Keynes, los límites de la economía mixta. Era. México 1975.p.p
152-168. Trabajo
enviado por: Publicación enviada por Hidalgo Páez Héctor Hernán Contactar mailto:adrian01@yahoo.com.mx Código ISPN de la Publicación EpZpEulpppSHepWnYM Publicado Saturday 29 de November de 2003 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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