Monografias | Augusto Roa Bastos: En el principio todo era ya afínAugusto Roa Bastos: En el principio todo era ya afínResumen: Poeta auténtico, autor de medulares ensayos, novelas y crónicas, su faena de transmisor de símbolos ha ganado un espacio en la conciencia de los hombres. Cuando el domingo 17 de agosto de
este año un grupo de escritores y artistas cubanos recibió a Fidel y al
escritor paraguayo Augusto Roa Bastos en el aeropuerto internacional José Martí,
se cumplió un viejo propósito del célebre creador de Yo el supremo: conocer
la Cuba revolucionaria por la que ha quebrado lanzas en numerosas ocasiones. Durante décadas había manifestado
ese interés, mas diversas circunstancias lo habían impedido. Fidel lo visitó
en su casa, en ocasión de su viaje con motivo de la toma de posesión del
presidente Nicanor Duarte y lo convenció de viajar con él y la delegación
cubana que justamente ese domingo regresaba a la patria. Nacido en 1917, según unos en
Asunción y según otros en Iturbe, departamento del Guairá, lo cierto es que
en un central azucarero de esa región vivió hasta los ocho años en que fue
enviado a la residencia capitalina de su tío, el obispo Hermenegildo Roa, a
cursar los estudios primarios y secundarios. Su modo de hablar, pausado, seguro,
su bien ganada fama de hombre culto que ha volcado sus experiencias no solo en
libros de ficción sino también en medulares ensayos, crónicas y estudios
-solamente para elaborar Yo el Supremo consultó más de veinte mil
legajos y unas quince mil horas de entrevistas grabadas-, puede hacernos creer
que nos encontramos ante un académico entregado a los misterios de las
bibliotecas. Entre guerras y exilios Nada de eso. Porque si bien su
infancia se benefició con las gratas lecturas de los clásicos que su madre
frecuentaba y de las leyendas que la tradición oral mantiene vivas en lengua
guaraní, Roa Bastos que siendo autor de largos textos resumió en un solo verso
la génesis de su pueblo (En el principio todo era afín), al
igual que otros hombres notables de nuestros países nunca terminó la escuela
secundaria, y al empezar su adolescencia participó como voluntario en calidad
de enfermero en la guerra del Chaco, ese conflicto irracional entre Bolivia y
Paraguay que solo benefició a los poderosos. Vive así una dura experiencia, pero
no se aleja de los escenarios sociales, todo lo contrario, iniciado ya en el
periodismo, donde como suele decirse, en este caso con razón, sentó cátedra,
se va como corresponsal de guerra a París y a Londres durante la segunda
conflagración mundial. Ya en 1947 una nueva quiebra de la frágil democracia en
su país lo obliga al exilio en Buenos Aires. Allí aunque se destaca como
guionista de cine -entre otras cintas, la titulada Alias Gardelito le
debe su libreto fílmico-, también se ve precisado a emplearse como cartero, lo
cual no le provocó un trauma, más bien lo enriqueció espiritualmente, porque
le permitió conocer a ciudadanos de diversos sectores que no suelen tener
acceso a los cenáculos. Esas fueron como diría Máximo Gorki, sus
universidades. Autor prolífico Durante la muy activa estancia del
Premio Cervantes en La Habana, algunos lectores de sus novelas Hijo de hombre
y la que tiene como referente al controvertido José Gaspar Rodríguez de
Francia ratificaron su admiración por esas páginas de fuerte acento social y
gran estilo, pero lamentaron que su prolongado exilio y la lucha en favor de su
país le hubiesen impedido terminar otras obras, lo que confirma que las
noticias que nos llegan de la singular nación que el propio Roa considera una
isla rodeada de tierra, siguen siendo insuficientes. Augusto, que ante todo es un
excelente poeta, ha publicado una veintena de libros, además de su caudalosa
obra periodística, sus ensayos y sus piezas dramáticas, entre ellos media
docena de volúmenes de cuento, además de las antologías que recogen buena
parte de su producción en ese genero. Y otras cuatro novelas: Vigilia del
almirante (premio El Lector de 1992) El Fiscal, de
l993; Contravida, de 1994 y Madame Sui de 1995 (Premio
Nacional de Literatura). En 1942 publicó su ópera prima,
el poemario que lleva el delicado nombre de El ruiseñor entre la aurora;
en 1960 apareció El naranjal ardiente. Y la revista Cuadernos
Hispanoamericanos dio a conocer en 1983 una suma de nuevos poemas con el título
general de El silenciario y en l995 aparecieron sus poesías
completas. Sin embargo hace ahora medio siglo,
justamente cuando se editó su primer volumen de cuentos El trueno entre las
hojas -que fue llevado al cine con éxito-, parecía que el bardo había
sido anulado por el prosista, o al menos que a partir de entonces únicamente
quedarían hilos de poesía en sus narraciones, pues en la pieza que abre el
libro se desliza sabiamente la lírica y Gretchen, la niña rubia de Europa que
se fuga con los carpincheros del río, es un símbolo de la fantasía y de la búsqueda
a toda costa de la libertad. Ese año muere su gran camarada Hérib
Campos Cervera, quien junto a Josefina Pla, Hugo Rodríguez y Roa Bastos
integraba la fila de vanguardia de la poesía del Paraguay, como lo ha
consignado el profesor, editor, crítico y gran conocedor de la obra de nuestro
invitado, Miguel Ángel Fernández, quien lo acompañó en esta visita y presentó
algunos de sus libros. Fernández precisa que ya en la década
del cuarenta Roa marcaba el paso entre los líricos de su promoción, por eso
causó consternación que al final de la elegía por la muerte de Campos Cervera
se despidiera públicamente de la poesía con los siguientes versos: Un puñado de tierra / Eso quiero de
ti / y eso tengo de ti.(…)A través de las aguas miserables del llanto / vi tu
cadáver vivo / temblar un poco / como si aún pudiera despertarse / de su prisión
de mármol sensitivo / (…)Aquí dejo mi adiós en estos versos / finales que
te escribo- / para callar después / para cerrar la puerta / que me enseñaste a
abrir / sobre el resplandeciente jardín de la poesía. Por fortuna no fue así, pues un
poeta auténtico no puede renunciar a su obra sin negarse a sí mismo, ni puede
renunciar a su faena de transmisor de símbolos que terminan por ganar un
espacio en la conciencia de los hombres. El propio vate confesó hace diez años
en una entrevista que la poesía se había convertido para él en un ritual de
carácter religioso. A lo dicho solo debemos añadir que esa religión, como lo
confirma toda su obra, no es otra que la redención del ser humano. Publicación enviada por Luis Suardíaz Contactar http://www.bohemia.cubasi.cu Código ISPN de la Publicación EpZpkAFVpADNebTqOf Publicado Monday 1 de December de 2003 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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