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Islas Socotra: las Galápagos del Océano Índico
Resumen: Entre el Cuerno de África y la Península Arábica, justo frente al Golfo de Aden, una isla encantada se despierta de su sueño milenario. Botánicos, zoólogos y otros especialistas de diversas nacionalidades exploran su flora y fauna, incrédulos ante la abundancia extraordinaria de especies endémicas.
Publicación enviada por Edith Papp
Entre
el Cuerno de África y la Península Arábica, justo frente al Golfo de Aden,
una isla encantada se despierta de su sueño milenario. Botánicos, zoólogos y
otros especialistas de diversas nacionalidades exploran su flora y fauna, incrédulos
ante la abundancia extraordinaria de especies endémicas.
A su vez, junto con los responsables del gobierno yemenita, expertos del
Programa para el Desarrollo de las Naciones Unidas (PNUD) buscan las vías para
asegurar el progreso económico para sus 70 mil habitantes, que viven como en la
Edad de Piedra, sin que ello afecte el frágil equilibrio ecológico de este fósil
viviente que es el archipiélago de Socotra, integrado además por dos islas
menores.
Como si se retrocediera en el tiempo, se descubren plantas y animales nunca
vistos, y se encuentran aves consideradas extinguidas, como es el caso del
buitre egipcio, tan común aquí como las palomas en muchas ciudades
occidentales.
"Es como el arca de Noe" - comentan los integrantes de la expedición
enviada en el marco de los esfuerzos para incluir a Socotra en el proyecto del
Hombre y la Biosfera de la UNESCO, declarándola "Patrimonio Natural de la
Humanidad".
Según los estudiosos, estas islas hasta hace unos 10 millones de años formaban
parte de la placa tectónica árabe-africana, de la cual se desprendieron luego,
preservando hasta hoy día especies animales y vegetales que vivían allí antes
del surgimiento del Homo Sapiens. La falta de grandes herbívoros, como el
elefante africano o el rinoceronte, posibilitó el crecimiento sin limites de
diversas plantas, y hoy el gigantismo es una de las principales características
de su flora.
El mejor ejemplo de ello es el árbol del pepino, fruto que conocemos creciendo
pegado al suelo, mientras aquí cuelga de las ramas de unos árboles de 4 metros
de alto, que otorgan al paisaje de Socotra cierto aire de irrealidad.
Otro de sus árboles emblemáticos es el árbol de la sangre del dragón, con su
forma de hongo enorme y una altura de tres metros, cuya resina de color rojizo
ha sido, desde tiempos inmemoriales, un medicamento altamente apreciado por sus
propiedades cicatrizantes, y exportado en la Antigüedad, a través de las
caravanas de Arabia.
Según los historiadores, el emperador Alejandro Magno mandó a conquistar esa
pequeña isla queriendo asegurar el suministro permanente de la resina milagrosa
para curar a sus soldados heridos en las batallas. Ya los gladiadores romanos la
utilizaban para evitar infecciones. Otros productos de gran valor, exportados
también de esta isla, eran el aloé, el incienso y la mirra, de amplias
referencias bíblicas en las épocas posteriores.
En opinión de los expertos que hoy estudian, entusiasmados, la vegetación de
Socotra, de sus 900 especies vegetales alrededor de un 30% sólo se encuentra
aquí, hecho que convierte esta isla en el lugar de mayor endemismo en el Medio
Oriente.
Las plantas, por supuesto, no son el único milagro de esta isla. Según un
articulo publicado en la revista New Scientist en 1995, este "laboratorio
vivo de la evolución" constituye un reservorio de genes único, con unas
112 especies de aves, 85 de reptiles y otros tantos de insectos, sin hablar de
la riqueza extraordinaria de la vida marina en los alrededores del archipiélago.
La supervivencia de las especies se explica en primer lugar por las características
geográficas de Socotra, a unos 400 kms de la costa yemenita, en una zona
inaccesible por mar y por aire durante seis meses al año, debido a la fuerza de
los vientos monzónicos que imposibilitan la navegación y ponen en serio
peligro a los aparatos aéreos ligeros que pretendan acercarse a esta joya del
Océano Indico.
También es de destacar la cultura de los nativos, profundamente respetuosa con
la naturaleza, donde los ancianos de las tribus velan por la protección de los
árboles, la rotación de los escasos cultivos para no "cansar" al
suelo y el movimiento permanente del ganado, para evitar que al pastar por los
prados destruyan la flora local.
Igual que su entorno natural, los habitantes de la isla también constituyen una
antigüedad digna de estudio. Descendientes de árabes, romanos, griegos,
portugueses y de otras etnias comerciantes - entre ellos encontramos personas de
piel morena y ojos azules - hasta hoy hablan el soqotri, una versión del
himyarit, la lengua que se hablaba en la Arabia pre-islámica por varios siglos.
Para el deleite de los investigadores, la flora y la fauna locales apenas han
cambiado desde 1880 cuando la primera expedición enviada por la Asociación
Británica para la Promoción de la Ciencia visitó la isla. La sobrevivencia de
especies desconocidas sin embargo no da motivo para el optimismo excesivo.
Socotra enfrenta ahora uno de los desafíos más complejos de su historia: el
del desarrollo.
Sus habitantes, dedicados a la pesca y la agricultura de subsistencia viven en
condiciones de extraordinaria pobreza, carecen de infraestructuras y de sistemas
de salud y educación. Según mostrara hace unos años un reportaje de la BBC,
muchos de ellos viven en cuevas, y encienden hogueras frotando dos ramitas de árboles,
como lo hiciera el hombre primitivo.
Queda por ver cómo se podrán compaginar los requerimientos del progreso económico
con el imperativo de preservar este tesoro de la Naturaleza que muchos científicos
llaman "las Galápagos del Océano Indico". Desde 1996 el gobierno
yemenita firmó la Convención Biodiversidad y se apoya en la ayuda
internacional para la elaboración de políticas de desarrollo sostenible en
Socotra.
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Publicación enviada por Edith Papp
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Publicado Sunday 7 de December de 2003
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