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Monografias | Políticas Agropecuarias y Soberanía AlimentariaPolíticas Agropecuarias y Soberanía AlimentariaResumen: La agricultura no es un tema menor en la agenda de los países, y es fácil comprender como cada uno de ellos, ricos y pobres, defienden sus posiciones hasta el extremo. Argentina debe recuperar el terreno perdido y evitar que la política del sector le sea marcada de antemano. La sobrexplotación exportadora, garantiza la continuidad en el pago de los servicios de la Deuda Externa, e incrementa día a día nuestra Deuda Ecológica. La agricultura no es un tema menor
en la agenda de los países, y es fácil comprender como cada uno de ellos,
ricos y pobres, defienden sus posiciones hasta el extremo. Argentina debe
recuperar el terreno perdido y evitar que la política del sector le sea marcada
de antemano. La sobrexplotación exportadora, garantiza la continuidad en el
pago de los servicios de la Deuda Externa, e incrementa día a día nuestra
Deuda Ecológica. Mirar hacia el mercado interno "Aspiremos a crear una política
nacional, un sentimiento nacional, una ciencia nacional, un arte nacional
adaptando los caracteres de las múltiples razas originarias al marco de nuestro
medio físico y sociológico…Aspiremos a que nuestro pueblo sea alguien en la
Humanidad" José Ingenieros, Las Fuerzas
Morales, 1925. Recientemente, muchas han sido las
voces que se preguntaron como podía ser posible que en un país que sustenta su
riqueza en lo que genera su suelo, existiese casi la mitad de la población con
serios problemas de acceso y calidad de los alimentos (1). La paradoja, que no
es tal para el frío análisis comercial de un mundo "global",
confirma sólo la tesis que son muchas las naciones que han enriquecido con sus
bienes y recursos a corporaciones foráneas y sus contrapartes locales,
subsumiendo a sus compatriotas en el hambre más adjecta. Argentina no escapa a
esta consideración. El otrora "granero del mundo" puede llegar a
hipotecar los recursos del país detrás de la renta económica inmediata y
enfrentarse a una pérdida casi total de su Soberanía Alimentaria. La falta de
definiciones sobre una verdadera Política Agropecuaria Nacional, que se amplíe
a un horizonte de largo plazo y contemple las amplias, diversas y múltiples
demandas de todos los actores del sector y la sociedad en un marco de protección
y sostenibilidad de los recursos involucrados y que no sólo refuerce y
satisfaga demandas de la agroexportación, es un enorme desafío pero también
una gran oportunidad para la nueva Administración. Jonathan Swift (1667-1745) decía
que "cualquiera que pueda hacer que crezcan dos espigas de cereal o dos
hojas de hierba en un suelo donde antes solamente crecía una, merecerá mayor
agradecimiento de la humanidad y hará mejor servicio a su país que toda la
raza de políticos juntos". Una loable actitud, que apuntaba a la radical
importancia que siempre tuvieron los alimentos para la Humanidad. Doscientos
cincuenta años después, el objetivo productivo sigue presente pero la distorsión
y el dominio posterior de lo generado se monopoliza en muy pocas manos que no
contemplan los impactos sociales y ambientales que sus prácticas generan. Podríamos preguntarnos si más allá
de la búsqueda por el incremento en los rendimientos, muchos agricultores o el
gobierno analizan o conocen los perjuicios que manejos altamente intensivos
pueden generar sobre la base de recursos del país. Es posible que sí. Es muy
probable que para muchos, especialmente los pequeños y medianos productores,
vean año a año, que sus bolsillos se engrosan con atrayentes pagos por
arrendamiento y que sus propios campos, muchos de ellos ya administrados por
terceros, se degradan cosecha tras cosecha. El aumento de la escala, detrás de
esta economía monoproductiva y sojaexportadora, es una realidad que amerita una
rápida reacción gubernamental. La pérdida de los necesarios
instrumentos y organismos técnicos de regulación durante los noventa, sumado a
importantes cambios en los procesos productivos facilitó una expansión sin
control hacia pocos cultivos sólo del interés de los mercados. Durante más de
diez años, el país venció récord tras récord sus agroexportaciones y esto
en ningún momento demostró la más mínima mejoría del entorno social. Por
cierto la "teoría del derrame" no se cumplió, sí la de la
concentración. El "dejar hacer a los que saben" nos ha llevado a
estos resultados y hoy en día para corregir esta tremenda distorsión producida
en el agro argentino es necesario apoyar, regular, reorientar, facilitar o
sancionar con independencia soberana. La agricultura no es un tema menor en la
agenda de los países, y es fácil comprender como cada uno de ellos, ricos y
pobres, defienden sus posiciones hasta el extremo. Argentina debe recuperar el
terreno perdido y evitar que la política del sector le sea marcada de antemano
(Véase "Un panel con final incierto"). Muchas veces, las invisibles
manos del mercado, deben tener quién las oriente, decíamos en otro artículo
(2), que hoy luego de observar lo ocurrido con el manejo discrecional de
nuestros recursos, se reafirma totalmente. El dominio del mercado mundial de
alimentos por las compañías norteamericanas y europeas, especialmente después
de la segunda guerra mundial, facilitó el hecho que decenas de países que
antes eran autosuficientes comiencen a depender de fuentes distantes en cuanto a
la provisión de materias primas y las formas de consumirlas. La fuerte impronta
monopólica de los traders cerealeros, las agroquímicas y las compañías de
semillas continúa con su marcha silenciosa. Es muy notable, y difícil de
comprender el cómo estas compañías pudieron deslizarse a través de la
historia con tanta discreción como lo hicieron (3). En la última década
existe además una fuerte aceleración hacia una mayor concentración y alianza
de corporaciones en todas las áreas de semillas, farmoquímica y traders, que
dominan la cadena en todas sus etapas (4). Las cinco compañías más
importantes a escala global y que por supuesto operan en la Argentina, son
Dupont, Monsanto (que incluye a Cargill y Dekalb), Syngenta, Aventis y Dow
Chemical. La intensificación agrícola de la
década pasada y actual promovida por la globalización monopólica de los
alimentos, presentada como una única alternativa productiva ha generado algunos
beneficios pero también transformaciones importantes tanto en la estructura
agraria pampeana como extrapampeana: desaparición de paisajes enteros, pérdida
de la diversidad productiva, inaccesibilidad de los sectores sociales más
vulnerables a los productos de la canasta básica de alimentos, dependencia y pérdida
de la capacidad gerencial del productor, pérdidas de información y formación
adecuada y capacidades en el know-how agropecuario y aceleración de procesos
degradatorios, muchas veces ocultos detrás de las variedades de altos
rendimientos. Todo este proceso ha llevado a una
acelerada "agriculturización" o más bien "sojización" del
modelo que eliminó el planteo mixto y transformó, especial pero no únicamente
a toda la Región Pampeana, en un área eminentemente de monocultura sojera. Sí en cambio, el fuerte
desplazamiento hacia la monoproducción, pone en tela de juicio la
sustentabilidad de todo el sistema productivo nacional, dado que con las nuevas
variedades de soja transgénica, las prácticas de cultivo se han extendido por
doquier, avanzando sobre nuevos ambientes, hacia en NOA, el NEA y el Oeste del
país, generando una "pampeanización" de sistemas ecológicos
altamente frágiles. El proceso alcanza ya al Oriente boliviano, el Paraguay,
sur del Brasil y el Uruguay, que utilizarán a la hidrovía para la salida de
toda esta producción. Los nuevos argumentos de
"volver a las rotaciones" (que se refieren sólo a la agricultura), en
realidad esconden, el pretendido objetivo de la liberación de los maíces RG
que facilitarán aún más el aumento de las ventas de herbicidas como el
glifosato y fortalecer un mercado cautivo de semillas híbridas de maíz que los
productores deberán adquirir año tras año. En volumen las exportaciones de
este grano crecerían, pero la evaluación institucional no puede ser tan
limitada y amerita decisiones de política regulatoria y estratégica. En el Primer Foro Nacional sobre
Desarrollo Sustentable y el Papel del Sector Agropecuario, organizado por las
Universidades Nacionales de Córdoba y Entre Ríos, la evaluación presentada
sobre los diagnósticos regionales fue alarmante. No sólo la Región Pampeana
sino otras regiones como el Monte, la Mesopotamía, el Chaco o la Patagonia
presentan procesos de degradación, derivados de las prácticas e intensificación
de un modelo intensivo. Asimismo, "la precariedad de la tenencia de la
tierra, en la que se combinan los minifundios con grandes unidades productivas,
ha conducido a la sobreutilización y degradación de los recursos naturales, en
especial el suelo…Entre Ríos, al igual que las otras dos provincias mesopotámicas,
tiene una producción básicamente primaria, lo que hace que dependa de las
importaciones extraregión para abastecer el consumo de otros alimentos y
productos manufacturados…La estructura de la producción y distribución del
gasto público no están en el tapete de la discusión oficial (5). Pareciera ser que "la gran
aspiración de esta ‘nueva agricultura’, sería un verdadero salto
cuantitativo de la producción actual, liderada por la monocultura sojera, de
real peligro para la diversidad biológica y la regeneración de los
suelos"(6). "En la Argentina, hay alrededor de 60 millones de hectáreas
con algún grado de erosión que equivale a la superficie de las provincias de
Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe (en conjunto una superficie mayor a la de
Francia). Tenemos las tres cuartas partes del territorio con procesos de aridez
y semiaridez. El costo anual de esta erosión es de mil millones de dólares y
si se toma solamente a la Región Pampeana, el calculo alcanza los 600 millones.
Esas pérdidas se duplican, si contabilizamos los daños a la infraestructura
(redes ferroviarias, viales, puentes, embalses)" (7). Por supuesto, estos
costos se incrementan más cuando valorizamos las externalidades y la exportación
de nutrientes, sin reposición natural, que se van con los cultivos (otros 900
millones de dólares con la cosecha actual) (8). La sobrexplotación
exportadora, garantiza la continuidad en el pago de los servicios de la Deuda
Externa, e incrementa día a día nuestra Deuda Ecológica. Los beneficios alcanzados por
algunos sectores, no pueden disimular los daños ya claramente identificados:
Impactos sociales (entre 1988 y 2002 desaparecieron 103.405 establecimientos a
escala nacional, y más del 30,5 % en la Región Pampeana, alrededor de 60.000
menos), concentración y escala (la unidad económica pampeana pasó de 257 a
538 has.) (Cuadro Nºs 1), efectos económicos como las externalidades ya
enunciadas, pérdidas de prácticas sustentables (sólo en el último quinquenio
la superficie sembrada con soja aumento un 75 % mientras que el maíz se redujo
un 34 % (Cuadro Nº 3)), ventas subvaluadas de campos (17.000.000 de hectáreas
ya están en manos de extranjeros) y fenómenos culturales que junto con los
impactos ecológicos ni siquiera han sido mencionados o medidos correctamente. A
esto se suma, y no es un tema menor, la inadecuada orientación de la política
científica en el sector agropecuario, la corresponsabilidad entre eficiencia
económica productiva y eficacia social o la contribución o no hacia los
sectores más desfavorecidos de la sociedad. Otra una nueva preocupación, es la
que tiene relación directa con los posibles efectos de la privatización de la
ciencia y la tecnología (Véase "Intereses y Beneficios Privados").
Puede haber beneficios pero los riesgos también podrían ser enormes, si no se
evalúan en el ámbito y con la amplitud debida, y con la participación
responsable, justa e informada de toda la sociedad. Cuadro Nº 1 . Disminución de las
Explotaciones Agropecuarias por Grandes Regiones. Argentina Censo Año
Total País
Pampeana
NEA
NOA
Cuyo
Patagonia 1988
421.221
196.254
85.249
72.183
46.222
21.313 2002
317.816
136.345
68.332
63.848
32.541
16.750 Diferencia %
- 24,5
- 30,5
- 19,8
- 11,5
- 29,6
- 21,4 Fuente: Elaboración Propia en base
a datos del Censo Nacional Agropecuario 2002, INDEC. Cuadro Nº 2: Evolución de la soja
durante el quinquenio 1996/97 – 2001/2002
Arroz
Maíz
Girasol
Trigo
Soja 1996/97
226.573
4.153.400
3.119.750
7.366.850
6.669.500 2001/02
126.519
3.064.276
2.050.365
7.108.900
11.639.240 diferencia porcentual
(44,1%)
(26,2%)
(34,2%)
(3,5%)
74,5 Fuente: Domínguez, Diego.
Sabatino, Pablo. Con la soja al cuello. La transgénesis de un modelo. Foro de
la Tierra y la Alimentación. 2003. El país pasó a formar parte de un
gran engranaje mundial que lo alejó de la sustentabilidad ambiental y social
para encauzarse en un camino de "subdesarrollo sustentable", sólo útil
para las economías del Norte y ciertos sectores específicos y concentrados,
los nuevos enclaves del Sur. En términos de desarrollo se ha
reprimarizado y desindustrializado, habiendo retrocedido varias décadas en sus
indicadores de bienestar económico y social (IBES). Es evidente entonces, que la política
agropecuaria no sólo debe contemplar el producir materias primas para sus
mercados externos. En la búsqueda productivista y muchas veces acallado por la
recuperación de impuestos y retenciones, el Estado ha desatendido, una situación
básica, cabalmente comprendida por la mayoría de las naciones desarrolladas:
Su Soberanía Alimentaria. "La Soberanía Alimentaria es
un derecho de la Nación a definir su propia política agraria, de empleo,
pesquera, alimentaria y de tierras de manera tal que sea ecológica, social,
económica y culturalmente apropiadas para sí y sus condiciones únicas. Esto
incluye el verdadero derecho a la alimentación y a las formas de producirlo, lo
que significa que todos los pueblos tienen el derecho a una alimentación sana,
nutritiva y culturalmente apropiada, y a la capacidad para mantenerse a sí
mismos y a sus sociedades"(9). Implica la determinación y el
abastecimiento de los requerimientos de los alimentos de la población a partir
de la producción local y nacional, respetando la diversidad productiva y
cultural. El fortalecimiento del tema o la
debilitación del mismo en determinados tiempos históricos o frente a los
nuevos acuerdos comerciales como el NAFTA (10) donde "su política agraria
sumada a la negligencia gubernamental hizo perder a México su Soberanía
Alimentaria" o el ALCA tienen implicancias no sólo alimentarias sino
sociales, económicas, culturales y que pueden poner en riesgo la supervivencia
misma de un Estado. No sólo Argentina, sino también
muchos países de la región, como el Brasil, aparentan intentar comenzar a
revisar su propia política agropecuaria e inmediatamente se encuentran con
serios escollos y presiones para definir una decisión soberana en este sentido.
Tanto como sucede ya en la
Argentina, también a Brasil comienzan a "marcarle la cancha" poniendo
presión sobre la liberación de organismos transgénicos, que hoy en día
componen alrededor de casi 8.000.000 de toneladas de soja OGM y que ese país no
sabe como justificar. La estrategia de inundar ilegalmente el sur del país con
OGMs ha dado sus frutos y actualmente el propio presidente Lula Da Silva se
encuentra frente a la disyuntiva de exportar una producción sojera por la que
se le analizará en cada puerto la tipología de su contenido y se le requerirá
el pago del royaltie correspodiente a la compañía Monsanto, o dársela a los
pobres (¿!). El paso siguiente es el que se vislumbra y que con semejante
volumen generado, las corporaciones reclamarán posteriormente la liberación
comercial de OGMs en su país. El no considerar seriamente las
cuestiones de Soberanía Alimentaria, y sólo paliativos impacta por igual a los
dos colosos del Sur. En ambos países, sea la campaña Fome Cero en Brasil (11)
o las medidas encaradas en Argentina, representan esquemas voluntaristas y
clientelares que no atacan el corazón del problema y pobremente han demostrado
resolver hasta ahora los serios problemas de acceso a los alimentos y
desigualdades cada vez mayores de más de 46.000.000 de brasileños o del 57 %
de la población argentina. De esto, es de lo que realmente debería "darse
cuenta", nuestro Secretario de Agricultura, Miguel Campos. El asegurar,
además del necesario fortalecimiento y control independiente sobre las
exportaciones y el pago adecuado por los correspondientes impuestos, el apoyo a
las economías regionales por sector y por producto, el sostener al productor en
el campo rescatando el concepto de multifuncionalidad de la agricultura, el
considerar con amplitud los impactos por nuevas liberaciones de OGMs y por
cierto, el reconstruir un sistema productivo que mire también hacia el mercado
interno (12). La convivencia de distintas formas de producción que apunten al
desarrollo sostenible de los pequeños, medianos y grandes productores, que
acerquen divisas genuinas al país, que mejoren el acceso y dominio del mercado
nacional y fortalezcan las economías locales, rescaten del olvido a las economías
regionales, y de una vez por todas permitan a nuestros pueblos asegurar la
Soberanía Alimentaria que tuvieron desde antes y durante la llegada de nuestros
abuelos inmigrantes, es uno de los principales desafíos que enfrentan dos
gobiernos, con ya muchos puntos en común, como los de Lula Da Silva y Néstor
Kirchner. Sus objetivos primarios para ser un país en serio, deberían ser
seguramente, matar de una vez y para siempre, el hambre que sufren sus
respectivos pueblos. Bibliografía * El título alude a un tema de uno
de los iconos folklóricos más destacados de Argentina y Sud América, Don
Atahualpa Yupanqui. Aguirre, Patricia. Hambre en el país
del trigo. "Los argentinos comemos hoy peor que hace treinta años".
Clarín, Bs.As., Julio 20, 2003. Paginas 30 y 31. Pengue, Walter A. Sustentables,
hasta cuándo? Le Monde Diplomatique, 2000. Morgan, Dan. Los traficantes de
granos. Segunda Edición. Editorial Abril, Buenos Aires, 1979. Morales. César. Las nuevas
fronteras tecnológicas: Promesas y Bioamenazas de los transgénicos. CEPAL. Santiago, Chile. Serie Desarrollo Productivo.
http://www.eclac.cl , 2002. Muñoz, Juan de Dios. Diagnóstico
Región Mesopotámica. Primer Foro Nacional de Desarrollo Sustentable, UNER, Oro
Verde, Entre Ríos, Setiembre, 2003. INTA. Instituto Nacional de
Tecnología Agropecuaria. Día de la Conservación de Suelos. Mensaje
Institucional. Julio 7, 2003. Casas, Roberto. Está dañado el 20
% del territorio de la Argentina. Semanario Tiempos del Mundo. Investigación
especial: Desertificación: La tierra se agota. Agosto 13, 2003. San José,
Costa Rica. Pengue, Walter A. El vaciamiento de
las Pampas. Le Monde Diplomatique. Buenos Aires. Junio, 2003. Soberanía Alimentaria. Por el
derecho del pueblo argentino a la alimentación. Consulta Preparatoria. CEPA.
Buenos Aires, Mayo 31, 2002. Luzzani, Telma. Libertad de
Comercio con muchos perdedores. El campo no aguanta más. Clarín, Julio 6,
2003. Zona. Pags 1 a 3. Winck, Luciamem. Fome Zero ainda
nao saiu do papel. Correio do Povo, Brasil. Setiembre 7, Página 5. 2003. (12) Reunión Ing. Miguel Campos.
Comisión de Agricultura. Congreso de la Nación. 15 de Julio, 2003. Recuadro "Un panel con final
incierto" Recientemente, en su guerra
comercial por la imposición de los productos transgénicos al mercado mundial,
los Estados Unidos denunciaron perjuicios económicos y desean someter a la Unión
Europea a un tribunal en la Organización Mundial de Comercio (OMC) (1),
indicando que los europeos desean frenar el desarrollo de los OGMs utilizando
argumentos no científicos. Esta presentación fue solo acompañada por Canadá,
y por un único país en desarrollo, la Argentina. Es llamativo que nuestro país que
más que perjudicado se vio beneficiado con su relación europea al aplicar una
política espejo respecto a los OGMs, que pudo colocar en ese mercado sin
inconvenientes, se sume a una demanda que es poco convincente. Argentina, exportó
a Europa además, ingentes partidas de maíz no OGM al perder Estados Unidos ese
mercado justamente por pretender exportarles maíz transgénico. Por otro lado,
el argumento sobre la inocuidad de los OGMs sobre el ambiente o la salud (2)
debe revisarse cabalmente en un marco más amplio, con fundamento científico sólido
y propio en función de las particulares condiciones en que se facilitan las
difusiones hacia medios tan extensos. Que hoy en día se siga confundiendo a
nuestros funcionarios y negociadores – o que estos los acepten - con informes
equivocados como los referidos a los principios de equivalencia substancial (3)
pueden generar inconvenientes, "al encontrarse frente a un sustantivo
confuso y vago que debería ser abandonado a favor de aquel que incluya tests
biológicos, toxicológicos e inmunológicos más que un mero análisis químico.
La equivalencia substancial es un concepto pseudocientifico utilizado en el
manejo comercial y político como si fuera de verdadero valor científico". No obstante, recientemente
Argentina, en un aparente gesto de alineamiento automático con Washington
sostiene su presencia en el panel y nuestros representantes (4) argumentan que
es necesario continuar con el mismo, pues Europa estaría generando graves
perjuicios a las exportaciones argentinas y al desarrollo tecnológico en el
rubro biotecnológico (la mayoría de los desarrollos comerciales son importados
y provienen de corporaciones siendo adaptados "localmente"). De
continuar en el panel, Argentina podría tener mucho más por perder que ganar,
lo que implicaría una revisión holística de la política tomada y
posiblemente un retiro inmediato del mismo. Es más, tanto la presente situación
como la posición "precautoria" europea posiblemente facilite una
flexibilización de parte de su normativa frente a ciertos eventos que puedan
demostrar bajos impactos ambientales o sociales, pero a cambio se condicionará
– como siempre lo estuvieron anunciado – la identificación de los embarques
(5) de los productos transgénicos, especialmente luego de la entrada en
vigencia del Protocolo de Cartagena. Así como no se planificó desde el inicio
de la promoción de los transgénicos en el país esta situación, y que ahora
tendrá costos importantes sobre toda la cadena, deberemos estar preparados para
las próximas demandas de los consumidores, en cuanto a trazabilidad, identidad
preservada y los nuevos enfoques desde el punto de vista de la sustentabilidad,
como el conocimiento acabado de la Evaluación de Ciclos de Vida (LCA en inglés),
que posiblemente se negocien en normativas futuras. Es menester definir una política
institucional de largo plazo en este sentido. WAP Longoni, Matias. La Argentina, EE.UU. y Canadá unen reclamos contra
Europa. Clarín. Página 18, 19/08/03. Pusztai,Arpad et al. Food Safety: Contaminants and Toxins. D`Mello, J P F
editor. Parte 3. Estudios de Caso: Capítulo 16. Genetically Modified Foods: Potential Human Health
Effects. CAB International, Abril, 2003. Rowell, Andrew. Don´t Worry. It´s safe to eat. The true story of GM
Food, BSE and Foot and Mouth. Earthscan Publications. Londres, 2003. Ablin, Eduardo R. Por qué hay que
dar batalla. Clarín Rural, Pág. 24. Buenos Aires. Agosto 23, 2003. Suplemento Campo. Diario La
Capital. Rigurosa Etiqueta. Paginas 4 a 6. Agosto 9, 2003. Recuadro "Intereses y Beneficios
Privados" Biodiversidad y Biotecnología se
hace más que evidente que no van de la mano. "El conflicto en torno a la
producción, uso y comercio de cultivos transgénicos no se puede dirimir en términos
jurídicos y compensar en términos económicos. La privatización de los genes
priva a la vida de la vida y redefine el proyecto de la Humanidad" (1). La propiedad intelectual se ha
convertido en un tema esencial en la política internacional desde que Estados
Unidos promovió su protección a través de los ADPIC (Acuerdos de Derechos de
Propiedad Intelectual relacionados con el comercio) y que ha obligado a todos
nuestros países a reformar las legislaciones domésticas y adaptarlas a los
lineamientos de este acuerdo (2). De esta forma, muchas veces se ven sometidas a
un intercambio bioecológico desigual y una expoliación "legal" de
sus recursos genéticos. "Los pobres venden barato". "Si América
Latina continúa haciendo que sus recursos naturales tengan acceso ilimitado por
parte de los países desarrollados, la dependencia latinoamericana continuará,
y el deterioro medioambiental no podrá detenerse" (3). El manejo de los
recursos es una cuestión inclaudicable del Estado que no puede someterse
solamente a las leyes del mercado. "La plena vigencia de la democracia es
una condición para el uso sustentable del medio ambiente. El ambiente se
deteriora cuando el Estado es utilizado para servir a intereses minoritarios. En
distintos países se deforma la legalidad con la legislación misma – por
omisión adrede o mediante la letra explícita – o se recurre al gobierno para
favorecer a empresas transnacionales o grupos económicos internos" (4). A pesar del tremendo avance de la
agricultura transgénica en Argentina, ese crecimiento tiene un pobre sustento
legal (un Decreto de la Secretaria de Agricultura). No existe en el país una
discusión amplia, democrática y emergente sobre las potencialidades y riesgos
que el tema implica desde nuestro órgano legislativo máximo. Tanto la protección
de la biodiversidad como el necesario y estricto control sobre la biotecnología
no se plasman en la legislación pertinente que balancee los intereses del país
frente a las demandas foráneas o sectoriales. Los intentos por presentar
legislaciones demasiado favorables hacia la industrialización biotecnológica
pero con muy escaso análisis de sus impactos, hasta ahora no han tenido éxito
en el Congreso, detenidos por el accionar de la sociedad civil y legisladores
que percibieron los posibles efectos. Recientemente, se ha presentado un nuevo
Proyecto de Ley de Promoción de la Industria Biotecnológica (actualmente en
Comisiones), que promueve un tratamiento fiscal especial para las empresas
dedicadas a esta temática, y que en la realidad, podría fomentar aún más la
monopolización y manejo de estos conocimientos. La especialización productiva
no se logrará con legislaciones tan pobremente presentadas. Asimismo, y con
este difuso entorno legislativo no podemos dejar de preguntarnos sobre la forma
en que se está gestionando la otra cara de estos intereses: el acceso a los
recursos genéticos. Preguntarnos sobre la competencia de derechos o los deberes
de tutelaje debidamente necesarios frente a posibles acuerdos entre organismos
nacionales y extranjeros para acceder a tales recursos como los firmados por la
Universidad de Arizona-Tucson (EE.UU) y nuestro INTA o si existen acuerdos
firmados entre los Kew Gardens de Inglaterra con nuestra Universidad. Es
menester saber claramente si existe la normativa específica que facilite o
impida este tipo de acuerdos, si están en un todo ajustados a los tratados
internacionales, si se dio la adecuada participación a los pueblos indígenas y
cuál ha sido esta y cuales fueron o serán los beneficios para el país, las
provincias y la investigación nacional en términos del fortalecimiento o no de
sus capacidades específicas junto con una clarificación del beneficio económico
final que tales acuerdos pueden aportar. Leff, Enrique. Saber Ambiental.
Sustentabilidad, racionalidad, complejidad, poder. Editorial Siglo XXI. PNUMA. México,
Tercera Edición. 2002. La apropiación corporativa de la
biodiversidad. Biodiversidad, Sustento y Culturas, Separata, Agosto 2002. Montevideo. Ojeda, Ricardo A. y Mares, Michael A. The biodiversity issue and Latin
America. Revista Chilena de Historia Natural. Nº 62:185-191, 1989. Programa de las Naciones Unidas
para el Desarrollo. Ética y Desarrollo Humano en Etica, Vida, Sustentabilidad.
CEPAL, PNUMA,PNUD. Pensamiento Latinoamericano Número 5. México, Primera Edición,
2002. WAP Publicado en LE MONDE diplomatique
"el Dipló", Año V, número 52, Octubre 2003. Páginas 6 y 7. Buenos
Aires, Argentina. Artículo ampliado. *Por Walter Alberto Pengue Ingeniero agrónomo con esp. en
mejoramiento genético. Master en Ciencias Políticas
Ambientales. Investigador del Centro de Estudios
Avanzados de la UBA. Miembro activo de la Sociedad
Internacional de Economía Ecológica. Especialista
de EcoPortal.net Publicación enviada por Walter Alberto Pengue Contactar http://www.ecoportal.net Código ISPN de la Publicación EpZplFVuZVdQBbqsyr Publicado Sunday 7 de December de 2003 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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