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El ITER como contrapartida de la guerra
Resumen: Francia y España se disputan la iniciativa en el proyecto ITER, tecnología que trata de reproducir en la tierra la fusión nuclear que de forma natural se produce en el sol o en cualquier estrella, lo que proporcionaría una fuente de energía aparentemente ilimitada. La construcción del ITER supondrá una inversión de 4.500 millones de euros en los próximos veinte años.
Publicación enviada por PortaldelMedioAmbiente.com
El proyecto ITER está en juego y en el campo dos
contrincantes: España y Francia. Ambos países se disputan las jugosas cifras
que ofrece este proyecto energético, que espera impaciente el presidente español,
José María Aznar, antes de su salida de La Moncloa el próximo mes de marzo.
Cuenta para ello con un aliado de lujo, Estados Unidos, que vería en este
proyecto la posibilidad de compensar al presidente español por su sumisión
absoluta a la política antiterrorista de Bush. Pero la posibilidad de que
Francia acoja el proyecto ha supuesto un quebradero de cabeza para la Unión
Europea, que es la que tiene que decidir si presenta una o dos candidaturas
comunitarias al ITER. La decisión final –junto a las propuestas canadiense y
japonesa- tendrá lugar antes de que finalice el año.
El proyecto ITER tiene como objetivo estudiar la viabilidad tecnológica de la
fusión nuclear como fuente energética. Se trata de reproducir en la tierra la
fusión nuclear que de forma natural se produce en el sol o en cualquier
estrella, lo que proporcionaría una fuente de energía aparentemente ilimitada
y menos radiactiva que la fisión. Por ahora esta energía ha sido experimentada
en máquinas de menor tamaño, pero es necesaria la construcción de un reactor
de grandes dimensiones para avanzar en el camino que lleve a su utilización
comercial. La construcción del ITER supondrá una inversión de 4.500 millones
de euros en los próximos veinte años y la participación de al menos 3.000
científicos internacionales en su puesta en marcha. Además se calcula que la
construcción de este proyecto generaría 10.000 empleos directos y un número
superior de trabajos que indirectamente se verían beneficiados con la presencia
de este reactor.
Las partes implicadas en el proyecto (UE, Estados Unidos, Canadá, Japón, Rusia
y Corea del Sur) se repartirán el 80 por ciento de los costes de construcción,
mientras que el veinte por ciento restante será aportado por la parte a la que
se adjudique la ubicación del ITER. Para acoger las instalaciones parten cuatro
candidatos. Las propuestas europeas de Vandellós (España) y Cadarache
(Francia) y la canadiense de Clarington y la japonesa de Rokkasho.
Que la UE tuviese dos propuestas no gustaba a los implicados en el ITER, por lo
que la institución comunitaria pensó en seleccionar solamente una de las dos
para competir finalmente con las demás sedes. Para ello, un equipo de técnicos
europeos encabezados por el principal asesor científico del Gobierno británico,
David King, se encargó de estudiar las dos elecciones europeas que optan al
‘megaproyecto’ científico. Del informe final publicado recientemente se
desprende que Vandellós era la opción más económica a largo plazo, aunque
Cadarache parte como la mejor dotada técnicamente. Sin embargo, a modo de
conclusión el estudio señalaba que la decisión definitiva sería meramente
“política”. Lo que no se citaba es que ambas propuestas europeas (como así
lo reconoce buena parte de la comunidad científica implicada) tienen mejores
proyectos que las candidaturas japonesa y canadiense.
El hecho de que la UE haya optado porque la decisión final sea política y no técnica
da lugar a muchas interpretaciones. ¿Presionará Estados Unidos a los miembros
implicados en el proyecto para que sea elegida la candidatura española? ¿Este
apoyo será la contrapartida a la colaboración de Aznar con Bush en plena
crisis de la guerra de Irak? Lo cierto es que los guiños que se han hecho ambos
países en los últimos meses refuerzan la sensación de que Estados Unidos hace
tiempo que optó por defender la propuesta española.
Así, el 9 de diciembre del pasado año (antes de que la UE emitiese el informe)
el entonces ministro español de Ciencia y Tecnología, Josep Piqué, manifestó
que le parecía que había consenso entre los técnicos en que Vandellós era la
mejor opción, pero afirmó que al final “todo dependerá de una decisión política”.
Inmediatamente Pique pidió a Aznar que incluyese en la agenda del viaje a
Estados Unidos, que el presidente español realizó a finales del pasado año,
la posibilidad de que España acogiese el ITER. El ministro, para hacerse una
idea del proyecto, señaló que éste sólo era superado en magnitud por la
Estación Espacial Internacional y añadió que su repercusión económica sólo
era comparable con los Juegos Olímpicos de Barcelona en 1992. Desde entonces el
ITER pasaba a ser objetivo prioritario en la agenda de Aznar antes de abandonar
su cargo como presidente del gobierno el próximo mes de marzo.
El pasado marzo, con la guerra de Irak en ciernes, la presencia del presidente
español en las Azores portuguesas junto a Bush y Blair supuso un benefició
indirecto a la propuesta española al ITER. Aparte de las “convicciones
antiterroristas” que le llevaron a apoyar la guerra, Aznar sabía que de esta
manera se garantizaba el apoyo de Gran Bretaña dentro de la UE y el de Estados
Unidos en el caso de que finalmente las dos candidatas europeas compitieran en
la adjudicación final del proyecto científico.
El guiño de Estados Unidos a España no tardó en llegar. La contrapartida de
Bush a Aznar sobre Irak se evidenció recientemente en la visita que el
secretario de Estado de energía estadounidense, Spencer Abraham, realizó a
Vandellós. “El proyecto español es impresionante”, dijo Abraham, en una
valoración que irritó sobremanera al Gobierno de Chirac.
Con estos antecedentes a España le interesa reclamar una doble candidatura
europea al proceso final de elección, momento en el que la influencia de
Estados Unidos sería determinante en este sentido. Pero su aislamiento en el
seno de la UE le puede pasar factura. El riesgo de una sola candidatura europea
-a ojos del Gobierno español- está en el peso de Francia dentro de los Quince.
Aun así España sabe que su apoyo incondicional a la Casa Blanca en el
conflicto iraquí no caerá en saco roto y se ve con cierta ventaja. Pero para
llegar a contar con este ayuda los Quince deberán decidir en las reuniones
comunitarias que tendrán lugar el 10 y 17 de noviembre si se presentan las dos
candidaturas o una sola. Si no se llega a un acuerdo será en la cita de los
Jefes de Estado europeos del 13 de diciembre cuando se tome la decisión. A
partir de ahí los implicados en el ITER deberán decidir antes del 30 de
diciembre cuál será la sede del reactor de fusión termonuclear.
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Publicado Sunday 7 de December de 2003
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