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Teléfonos móviles: "precaución en su uso"
Resumen: La campaña publicitaria, sabiamente unida a factores socio-psicológicos, ha generado la aparente “necesidad” de tener un teléfono móvil.
Publicación enviada por Pedro Pozas Terrados
La campaña publicitaria, sabiamente unida a
factores socio-psicológicos, ha generado la aparente “necesidad” de tener
un teléfono móvil. Es habitual escuchar los pitidos de los teléfonos en
cualquier lugar, desde el supermercado hasta los bares, aunque la falta de
respeto hacía los demás llega a cotas inquietantes cuando en una conferencia,
concierto, hospital o en la biblioteca se escucha el timbre de llamada e incluso
la conversación del usuario. Estar permanentemente “conectados al mundo”
genera una dependencia casi patológica en algunas personas. Aunque actualmente
ya existen más de 100 millones de abonados en el mundo, esto es sólo el
comienzo, las previsiones para los próximos años de nuevos abonados dispararán
esta cifra.
La colocación de antenas para dar mejor y mayor cobertura a los teléfonos móviles,
comienzan a inundar nuestros tejados , originando nuevos y serios problemas de
salud a los vecinos de la zona. Se ha comprobado, que ante la instalación de
una red de antenas de este tipo en el tejado de un bloque, sus moradores
comienzan a mostrar ciertos síntomas característicos de la exposición a
campos electromagnéticos que curiosamente, desaparecen cuando se alejan de
ellas. Los problemas más habituales son el insomnio, las migrañas, cansancio y
percepción de zumbidos. Las compañías ofrecen a los vecinos elevadas sumas de
dinero por permitir la colocación de las antenas y la servidumbre de paso a la
azotea. Un reclamo que muy pocos se paran a pensar en las consecuencias. Ya
existen algunas Asociaciones de vecinos que han comenzado a preocuparse por la
posible repercusión sobre la salud. Incluso algunos hoteles y hospitales, se
han negado a la colocación de la antena cerca de su edificio.
Por otro lado, los móviles, al transmitir o recibir, emiten la radiación
directamente al aire sin ningún tipo de blindaje, ni protección, y es obvio
que lo más cercano al teléfono es la cabeza del usuario que esta en contacto
directo con él. El móvil no emite la misma dosis de radiación cuando están a
la espera, sino que llega a sus máximos picos cuando reciben o efectúan una
llamada. Es de señalar, que al encontrarse en un lugar cerrado, la señal entra
o sale con más fuerza. La radiación de microondas, entre otros fenómenos térmicos,
calienta las células de la piel y del cerebro situadas en la proximidad del
foco emisor. Algunas investigaciones apuntan que pueden ser responsables de cánceres
de piel y de cerebro, enfermedad de Alzheimer, cataratas, problemas nerviosos,
dolor de cabeza e insomnio. Estos últimos síntomas son bien conocidos por
muchos de los usuarios de teléfonos móviles.
En un estudio realizado en Australia con un grupo ratones, se demostró el
riesgo de desarrollar un cáncer en las células del sistema inmunitario en el
grupo expuesto a radiaciones similares a los que se expone un usuario de teléfono
móvil, que en los ratones no expuestos a ellas. El Dr. Bruce Hockingt,
consultor y antiguo jefe médico del Telstra , con sede en Malbourne, aconseja
que se limite la exposición de los niños a la radiación de los teléfonos móviles,
dado que el estudio “ha mostrado que con la duración se produce un marcado
incremento del riesgo de cáncer”. Una forma importante de conseguirlo, sería
según Hocking, impedir que los fabricantes pudieran vender a gente joven.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha iniciado un estudio para
establecer si el uso de los teléfonos móviles comportan un riesgo de aumento
de tumores cerebrales. Los resultados finales se conocerán dentro de varios años,
mientras tanto, los “usuarios móviles” servirán de conejillos de indias.
Por otro lado, el médico australiano Andrew Davidson, del Hospital de
Fremantle, cerca de Perth, constató un aumento del 50% de este tipo de afección
cancerígena en los hombres y de un 62,5% en las mujeres desde 1982 y piensa que
el aumento pudo estar producido por el desarrollo de la telefonía móvil.
En principio, mientras no se demuestre fehacientemente su inocuidad o se aporten
soluciones para evitar esta radiación tan cercana al organismo y especialmente
al cerebro, se impone la prudencia y limitar al máximo posible el uso de los
portátiles digitales. Al menos, los niños deberían alejarse de estas fuentes
de radiación. Ya es frecuente ver a niños en los colegios e institutos con sus
móviles. Los padres no deben de incentivar este tipo de consumo, que por otro
lado puede alterar la atención que debe de prestar en los estudios.
Recientemente y debido a una investigación encargada por el gobierno Holandés,
el Instituto de Investigación Tecnológica del mencionado país, auspiciado por
tres Ministerios más, han comparado el impacto de la radiación desde la estación
base utilizada para transmitir la señal de los móviles convencionales con la
empleada para los celulares de tercera generación. El resultado fue que el
grupo de personas expuesto a las estaciones base de tercera generación
experimentó “sensaciones de hormigueo, dolores de cabeza y náuseas”. Este
estudio es el primero en demostrar un impacto negativo en la utilización de los
móviles denominados tercera generación, ya que al ser digitales necesitan una
mayor potencia.
Según afirma el doctor Jaume Morera, responsable del grupo de Trabajo de la
Sociedad Española de Neurología (SEN) “en personas predispuestas –no se
sabe bien porqué- y que utilizan el móvil más de una hora al día, se han
observado algunos casos de dolor de cabeza, quemazón en la piel, disminución
de la audición y visión borrosa en el ojo más cercano del teléfono”.
Morera apunta: “se ha visto que en algunas personas se podría relacionar el
uso del móvil con estos síntomas, pero no disponemos de estudios epidemiológicos
que nos apoyen, y el empleo de estos teléfonos es tan común que es difícil
adjudicar una causalidad”.
Seamos precavidos hasta que estudios serios e independientes de los gobiernos
nos den sus conclusiones y nunca permitamos que nuestros hijos de menor edad
tengan un móvil para uso frecuente. Ignoramos los peligros y al menos ellos
deben estar lejos de ellos.
Tardaremos muchos años hasta que sepamos algo. Existen muchos intereses. Basta
sólo conque echemos un vistazo a nuestro alrededor y a las grandes superficies
comerciales, para darnos cuenta de la magnitud de este problema. Seamos
prudentes. Nuestra calidad de vida esta muy vinculada con la salud y por lo
visto, nadie mira por ello.
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Publicación enviada por Pedro Pozas Terrados
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Publicado Sunday 7 de December de 2003
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