Monografias | Quince "Dudas Razonables" sobre el Tratado de Libre Comercio entre Centro América y Estados UnidosQuince "Dudas Razonables" sobre el Tratado de Libre Comercio entre Centro América y Estados UnidosResumen: Hay temas de gran impacto para nuestros países que ni siquiera se están discutiendo, aunque sean colaterales a las negociaciones explícitas. Sobre algunos de estos temas queremos expresar nuestras “dudas razonables” y exigir mayor transparencia y democracia participativa en las negociaciones. Hay temas de gran impacto para
nuestros países que ni siquiera se están discutiendo, aunque sean colaterales
a las negociaciones explícitas. Sobre algunos de estos temas queremos expresar
nuestras “dudas razonables” y exigir mayor transparencia y democracia
participativa en las negociaciones. Introducción En uno de los más llamativos
pasajes del Génesis, Esaú, presa del hambre y la desesperación luego de un
infructuoso día de caza, decide “vender”, por un plato de lentejas, su
primogenitura a su hermano Jacob (y con ello empeñar la futura bendición de su
padre Isaac). La historia suele servir de ejemplo para ilustrar aquellas
situaciones en las que una persona, una organización, un sector o un país
entero, se dejan llevar por intereses inmediatos, supeditando lo esencial a lo
urgente. Un riesgo similar podría estar
corriendo Centroamérica en sus negociaciones de “libre comercio” con los
Estados Unidos. En este caso, el “plato de lentejas” viene representado por
el tema de acceso a mercados, ya que, aunque en las primeras seis rondas de
negociación, Estados Unidos se ha mostrado, inesperadamente duro en varios
“temas sensibles”, es claro que al menos deberán de consolidarse las
condiciones de acceso ya establecidas unilateralmente en el marco de la
Iniciativa de la Cuenca del Caribe, para que el Tratado tenga alguna posibilidad
de ser aprobado. Lo contrario sería absolutamente inaceptable y conduciría a
un rotundo fracaso de las negociaciones, como los mismos representantes
empresariales del área lo han advertido. Desde luego, aunque las diferencias en
este tema se resuelvan satisfactoriamente, siempre habrá ganadores y
perdedores, y desde ya se anuncian cuáles serán los sectores productivos a ser
sacrificados, supuestamente por ineficientes. Pero, ¿cuál es la
“primogenitura” que está en juego? Aunque una consolidación y ampliación
del comercio de Centroamérica con los Estados Unidos puede ser, bajo ciertas
condiciones, potencialmente beneficioso para nuestras pequeñas economías, a
corto y mediano plazos, los temas centrales del desarrollo no se discuten, o se
juegan en otras “mesas”, aquellas que definirán el fortalecimiento o la
renuncia a las políticas e instrumentos de desarrollo, aquellas que determinen
el tipo de inserción de Centroamérica en la “sociedad del conocimiento”, y
aquellas que eventualmente otorguen derechos y privilegios a las empresas
trasnacionales por encima de la soberanía de nuestros países. Estos temas
centrales son, entre otros: compras del sector público, propiedad intelectual,
solución de controversias, servicios e inversiones. Pero además, el patrón de
especialización del comercio internacional de Centroamérica, que a la postre
resulte de este tratado, podría consolidar esquemas de crecimiento económico
que no favorezcan el desarrollo social, el bienestar de la población, la
protección del ambiente y los derechos laborales y humanos. Pero más aun, hay
temas de gran impacto para nuestros países que ni siquiera se están
discutiendo, aunque sean colaterales a las negociaciones explícitas. Sobre
algunos de estos temas queremos expresar nuestras “dudas razonables”, con el
objetivo de introducir la discusión en este Foro, y exigir mayor transparencia
y democracia participativa en las negociaciones. Seré un poco más detallado en
los primeros cinco temas y en los tres últimos, ya que los restantes serán
objeto de reflexión por parte de los otros participantes durante la mañana de
hoy. 1. Sobre los objetivos de Los
Estados Unidos en esta Negociación Recientemente, el Representante
de Comercio de los EE UU, Robert Zoellick, hizo públicas las siguientes
declaraciones (discurso pronunciado el 8 de mayo, traduzco libremente): “…
countries that seek free-trade agreements with the United States must pass
muster on more than trade and economic criteria in order to be eligible. At a
minimum, these countries must cooperate with the United States on its foreign
policy and national security goals, as part of 13 criteria that will guide the
U.S. selection of potential FTA partners” ( … los países que buscan
acuerdos de libre comercio con los Estados Unidos deben cumplir más que
criterios económicos y de comercio, si pretenden ser elegibles. Como
mínimo, estos países deben cooperar con los Estados Unidos en su política
exterior y en sus metas de seguridad nacional, como parte de 13 criterios que
guiarán la selección que haga Estados Unidos de sus potenciales socios en
acuerdos de libre comercio) Declaraciones similarmente cínicas
las han dado tanto el presidente Bush como el Secretario de Estado Powell: “Nuestro objetivo con el ALCA
es garantizar a las empresas norteamericanas el control de un territorio que va
del polo ártico hasta la Antártica, libre acceso, sin ningún obstáculo o
dificultad, para nuestros productos, servicios, tecnología y capital en todo el
hemisferio” (citado en: Osvaldo León, Movilización continental contra el
ALCA, 24 de enero de 2002, http://alainet.org/docs/1698.html ) Sin pudor alguno, en esta
declaración, Colin Powell deja claro que la propuesta estadounidense sobre el
ALCA es potenciar al máximo los beneficios de los inversionistas, las empresas
y los agricultores de EEUU –por lo menos, de los grupos de interés políticamente
bien conectados. Tratándose de Centroamérica,
está claro que el interés de los Estados Unidos con el tratado que se negocia
es, con mucho, más estratégico y geopolítico que económico, ya que en términos
comerciales la región es insignificante para la gigantesca economía de los
EEUU [1].
Robert Zoellick, Representantede
Comercio de los EE UU
Después del fracaso del AMI
(Acuerdo Multilateral de Inversiones), que pretendía homologar los derechos de
los Estados y de las empresas transnacionales, EE UU ha optado por llevar
adelante tratados bilaterales que fortalezcan su posición en el comercio
mundial y en las negociaciones al interior de la OMC. En el caso
latinoamericano, el objetivo de estas negociaciones es el ALCA, pero no
cualquier ALCA, sino uno que favorezca sus intereses comerciales y estratégicos.
En este camino, los tratados con México, con Chile y con Centroamérica tienen
dos objetivos claros: i) debilitar la posición brasileña de crítica abierta
al ALCA en los términos en que lo impulsa EE UU, para lo cual el tratado con
Chile es una pieza fundamental, y ii) aprobar acuerdos bilaterales que incluyan
condiciones y plazos de apertura comercial más “libres” que los de la OMC y
más próximos a las condiciones del NAFTA. Por ello, tiene sentido
preguntarse: ¿Tienen el gobierno de Costa Rica y el equipo de negociadores
claridad sobre esta dimensión de las negociaciones? ¿Han evaluado sus riesgos,
independientemente de que ellos consideren a los Estados Unidos como un amigo y
un socio, no solamente comercial? ¿Qué posiciones de negociación se debilitan
cuando la estrategia ignora estos elementos? No se trata de especular sobre
abstractas y complejas teorías de la geopolítica mundial, sino de reconocer
que no tomar en cuenta esta dimensión básica necesariamente debilita la posición
centroamericana y pone en riesgo los intereses que se dice defender. Por
ejemplo, de los comentarios anteriores queda claro la importancia crucial de que
Centroamérica no se precipitara en el inicio de las negociaciones formales, sin
antes haber construido un verdadero bloque regional. Pero dada la premura en
adelantar la negociación, la unidad centroamericana no se pudo consolidar, como
ha quedado en evidencia con la separación de Guatemala y las dudas de Nicaragua
en materia de desgravación arancelaria de sus respectivos mercados. Si por
ingenuidad política o por convicción ideológica se considera que las
negociaciones del tratado se refieren básicamente a cuestiones técnicas del
comercio, las inversiones y el derecho comercial, si se ignoran las cuestiones
estratégicas que obviamente Estados Unidos si tiene muy en cuenta, es claro que
se estrecha aun más el margen de posibilidad de que los países
centroamericanos obtengan provecho a largo plazo de estas negociaciones. Desde
luego, para quienes piensen que los intereses de los Estados Unidos y los de
Centroamérica son básicamente idénticos, la simple anexión será la mejor
estrategia. 2. El TLC, El “Libre
Comercio” y las ventajas competitivas La historia económica mundial y
diversas teorías de las ciencias sociales, no dejan ocultar que el
desenvolvimiento de los distintos países y regiones del planeta se acopla mucho
mejor a la existencia de un desarrollo desigual, que a una supuesta tendencia a
la equiparación de los niveles de desarrollo a través del comercio o el
intercambio en general. Siempre ha sido así y la tendencia actual no es
diferente en absoluto. En principio, el comercio entre
países de desarrollo similar y con economías complementarias puede ser
mutuamente beneficioso, pero los argumentos se complican cuando se trata de países
con desarrollos muy desiguales, o abismales, como es el caso entre Estados
Unidos y Centroamérica. Para muestra un botón: la economía norteamericana
produce en seis horas el equivalente del PIB de todo un año de las cinco economías
de Centroamérica. Quizás podría pensarse que la
causa de este desarrollo desigual se debe a que en la práctica el libre
comercio en realidad no existe. Este debería de incluir, además de la marcada
reducción en los aranceles al comercio exterior, que efectivamente ha ocurrido
en los últimos 30 años, el libre comercio de los servicios y el libre comercio
de los capitales. Pero veamos. En materia de comercio de bienes,
debe tenerse muy presente que además de los aranceles, pesan mucho las llamadas
barreras no arancelarias, como los subsidios internos y a la exportación, las
medidas sanitarias y fotosanitarias, los mecanismos anti-dumping y, últimamente,
las exigencias en materia de seguridad y combate al terrorismo. Ciertamente,
estos mecanismos obstaculizan el libre comercio, por lo general en contra de los
intereses de los países subdesarrollados. En materia de servicios y
capitales, las principales barreras ocurren con el freno a las migraciones de
trabajadores de los países pobres a los ricos, mientras que se busca la mayor
movilidad posible para el capital financiero, aun a costa de los intereses
nacionales, como ocurre con los capitales especulativos. Igual o más grave aun
son las formas de protección de ciertos productos y tecnologías patentadas,
que tienen el doble efecto de limitar la movilidad del capital productivo y
frenar el acceso a productos básicos a precios razonables para los habitantes
de los países pobres. Pero aunque algunas distorsiones
al comercio ciertamente no favorecen los intereses de los consumidores, el libre
comercio tampoco es la tabla de salvación, menos entre países muy desiguales,
pero incluso, en países de desarrollo similar. Ilustremos esto con un caso muy
conocido. El supuesto beneficio mutuo que para dos países tendría el
especializarse a través del comercio internacional guiándose por sus
“ventajas comparativas”. En las siguientes situaciones, el
libre comercio acrecienta las desigualdades entre los países, aunque su
comercio se base en las ventajas comparativas mutuas: a) Cuando las actividades
productivas en que un país se especializa tienen una escasa capacidad de
generar crecimiento económico en el tiempo, por ejemplo, cuando se basan en la
explotación de mano de obra barata y en la extracción (o destrucción) de
recursos naturales con poco valor agregado. Peor aun si se dan efectos negativos
irreversibles en el medio ambiente. b) Cuando esas mismas actividades
productivas tienen escasa posibilidad de interrelacionarse dinámicamente con el
resto de las ramas productivas de la economía, esto es, cuando conforman
enclaves productivos, ya sean enclaves de exportación o para el consumo interno
(consumo suntuario, por ejemplo). c) Cuando el patrón de
especialización que surge del libre comercio conlleva a una estructura
exportadora concentrada en productos no dinámicos en el comercio internacional. En ninguno de estos casos, no
poco frecuentes, podemos suponer que las ganancias del comercio igualarán o
superarán a las pérdidas, y menos aun, desconocer ciegamente estas pérdidas.
Como vemos, las teorías del libre comercio y de la producción competitiva
deben ser sometidas a una crítica rigurosa, y nunca, las decisiones de un país
en materia de comercio internacional pueden sustentarse exclusivamente en ellas.
De hecho, su función principal ha sido, tanto ideológica como de instrumento
para la imposición de las estrategias comerciales y geopolíticas de los países
centrales sobre los periféricos. 3. ¿Deben desaparecer las
producciones co-competitivas, por ineficientes? Los argumentos en defensa del
“libre comercio” basados en las ventajas comparativas tienen una importante
debilidad: toman en cuenta las llamadas “ganancias del intercambio”, pero no
consideran las “pérdidas del intercambio” ni las “desventajas
comparativas”. Para ilustrar el razonamiento tomemos el ejemplo clásico de
dos países (Inglaterra y Portugal, según la ilustración original hecha por el
economista inglés David Ricardo) que tienen capacidad de producir dos mismos
productos (textil y vino). Inglaterra produce ambos bienes con costos absolutos
mayores que Portugal, sin embargo, la relación de costos de cada producto es
diferente. Inglaterra produce con ventaja comparativa el textil y Portugal el
vino. Por tanto, reza la teoría, conviene que ambos países se especialicen,
Inglaterra en la producción de textil y Portugal en la de vino. Al hacerlo así,
ambos países aprovechan sus ventajas comparativas y salen gananciosos (mayor
disponibilidad de bienes a un precio menor). Es claro que este tipo de
razonamiento toma en cuenta sólo el producto efectivamente producido, pero no
el producto potencial no creado o destruido. Si no todos los productores
portugueses que antes se dedicaban a producir textil se pueden trasladar a la
producción de vino (o a otra alternativa), entonces se destruirá una
determinada producción con su correspondiente pérdida de ingresos y de
empleos. Ciertamente, Portugal puede ahora comprar el textil más barato de lo
que le costaba producirlo internamente, pero lo que gana al comprar el vino más
barato, se acompaña de una pérdida de ingresos y empleo que no necesariamente
es compensada por su especialización en la producción de vino. Moraleja: ¡
Comprar barato puede ser la forma más cara de comprar ! En efecto, si el libre comercio
destruye ingresos internos superiores a los ahorros derivados de comprar más
barato, entonces este libre comercio conlleva a mayores costos que beneficios,
por lo que el argumento de la ventaja comparativa conlleva a una pérdida neta
para el país, pérdida que, siguiendo con el ejemplo, desde luego se encarnará
en los productores de vino portugueses desplazados [2]. De manera que una
determinada actividad productiva puede ser no-competitiva, pero ello no implica
que su desaparición sea racional. Una producción no-competitiva es económicamente
racional siempre que las ventajas de la competencia –es decir, el acceso a
bienes a menores precios que los internos– sean menores que las pérdidas de
ingresos y empleos ocasionados por la eliminación de esa producción. Desde
luego, podrían darse también argumentos no económicos (seguridad alimentaria,
aspectos culturales, etc.), pero lo que se quiere resaltar es que, incluso en términos
económicos, una actividad productiva catalogada como no-competitiva, no por
ello debe desaparecer. Tengamos esto presente en el curso de las negociaciones. 4. ¿Es Suficiente el
reconocimiento efectivo de las asimetrías para favorecer el mutuo beneficio de
acceso a Mercados? Es probable que Estados Unidos
acepte diversos mecanismos de “cooperación” que en algún grado permitan
tomar en cuenta el tema de las abismales asimetrías entre ese país y los
centroamericanos. Medidas de salvaguarda, esquemas de cooperación, plazos y
canastas de desgravación más favorables para los sectores productivos
sensibles de la región, entre los más importantes. No obstante, un estudio reciente
de la CEPAL señala lo siguiente: “Los países centroamericanos
se han beneficiado del trato especial y diferenciado a través del Sistema
Generalizado de Preferencias, la ampliación de los beneficios otorgados por la
Iniciativa de la Cuenca del Caribe, la extensión de los plazos para cumplir el
acuerdo sobre subvenciones y medidas compensatorias y mediante la asimetría
otorgada en los acuerdos comerciales con socios económicos de desarrollo
dispar”. Sin embargo, agrega el estudio, “Los regímenes preferenciales
de exportación a que han tenido acceso estos países no han tenido un impacto
significativo en sus economías. ... Esto se debe, en primer lugar, a que su uso
ha estado supeditado a necesidades de corto plazo (tales como la generación de
divisas) y no se ha enmarcado en objetivos de desarrollo económico de más
largo plazo. También ha retardado la transformación productiva en los sectores
tradicionales de la actividad económica. Asimismo, habría generado enclaves
productivos (como las zonas francas) que se benefician de importantes subsidios
fiscales, con la consecuente reducción o no ampliación de la base tributaria
que, a su vez, habría limitado la transmisión de beneficios desde esas
actividades exportadoras hacia el resto de la economía. El retraso de las
transformaciones económicas necesarias en algunos sectores y el apoyo (mediante
subsidios fiscales) a otros sectores que no tienen un efecto de arrastre ha
generado economías duales que limitan la capacidad de crecimiento”. (CEPAL,
La asimetría en las relaciones comerciales. Sus efectos en el desempeño económico,
2001: 3,4) Lo señalado por CEPAL no es de
extrañar, pero debe ser tomado muy en cuenta en el caso que nos ocupa. El 58%
de los productos importados por Estados Unidos desde Centroamérica en 2002
consistieron en textiles. Se trata de una industria maquiladora con poca
capacidad de generar crecimiento y desarrollo. Si el TLC va a consolidar este
patrón de especialización, el reconocimiento de asimetrías tendrá a lo sumo
efectos neutros, a menos que conduzca –junto con toda una agenda de
transformación productiva–, a una renovación de los esquemas de producción
y distribución de valor agregado. Pero esto ni siquiera está planteado. Asociado a lo anterior está el
tema de las “políticas compensatorias” o la “agenda de competitividad”
que permitiría aprovechar las oportunidades del tratado. Al respecto, en el último
informe de Indicadores Mundiales de Desarrollo, el Banco Mundial reconoce y
advierte que, “... aunque el libre comercio
constituye una importante avenida para superar la pobreza, son la educación y
la atención médica los que permitirían aprovechar las oportunidades que el
mercado global les presenta”. Es decir, el libre comercio, aun
como lo concibe el BM, de por sí no es ninguna panacea, y más bien puede
profundizar patrones de especialización que impidan el desarrollo, basados en
estructuras exportadoras altamente concentradas. Entonces, la pregunta obligada
es la siguiente. ¿Qué tan en serio se está tomando el gobierno el tema de la
“agenda de competitividad” que debería acompañar un tratado de tanta
trascendencia para Costa Rica como éste? ¿Cuáles son los proyectos propuestos
más allá de la exigua cooperación que se negocia con los Estados Unidos? 5. El TLC, El Trato Nacional y
las Políticas de Desarrollo. La apertura comercial, por sí
sola, no sólo puede contribuir a la merma y/o desaparición de sectores
productivos no competitivos (lo cual podría o no tener impactos sociales
relativamente extensos dependiendo del grado de absorción de fuerza de trabajo
de los sectores perdedores y ganadores), sino que también, dicha apertura, en
especial cuando se hace a través de acuerdos comerciales vinculantes, puede
comprometer la capacidad de poner en práctica políticas de fomento al aumento
de la productividad y la inversión de capital, en la medida en que dichos
acuerdos impongan “techos duros” a los incentivos gubernamentales o a las
formas legítimas de protección. Por lo tanto, a la hora de definir los
criterios para considerar sectores sensibles, deben ser tomados en cuenta, por
lo menos, tres tipos de criterios: a) los comerciales b) los sociales y c) aquellos ligados al
desarrollo. Si estos elementos son ignorados
en las negociaciones, la capacidad de poder aplicar políticas de desarrollo por
parte de un país podría ser cosa del pasado. El texto del Tratado podría
representar un tiro de gracia a las políticas comerciales y de fomento
productivo de los países centroamericanos y restringir al máximo sus espacios
de maniobra para poner en práctica políticas de desarrollo. Por eso es
estrictamente necesario que los EEUU reconozcan expresamente las necesidades de
un trato especial y diferenciado para las economías de CA. Además, no se debe limitar la
capacidad de los países de apelar a criterios de salud, ambientales o de
seguridad para condicionar la importación de determinados productos (criterios
de bienestar social nacional) De especial interés es la forma
en que se establezca el otorgamiento del llamado Trato Nacional. Teóricamente,
su propósito es que las concesiones arancelarias no proporcionen protección
directa o indirecta a productos nacionales. Pero implica una limitante a la
capacidad, por parte de los gobiernos, a aplicar algún instrumento de política
económica que le permita fomentar cualquier tipo de actividad productiva, en
tanto obliga a homogeneizar los impuestos internos o cualquier otro tipo de
regla entre el productor nacional y el extranjero. El acceso a mercado que se
otorgue a los productos sensibles exportados por EEUU, más que ser definido por
un principio de trato nacional, o por una concesión cortoplacista a los
productores nacionales; debería enmarcarse bajo los planes nacionales de
desarrollo de los países, por lo que el principio que debiera regir debe ser el
de un trato especial y diferenciado o preferente, con el propósito de atender
las inequidades de nuestros países y apoyar a los productores nacionales en su
ruta de transición a otros productos y mercados cuando ello sea necesario. 6. El Capitulo de Servicios y los
Derechos de los Inversionistas Los servicios (banca, seguros y
finanzas, transporte, telecomunicaciones, correos, salud, turismo, distribución
y tratamiento de agua, educación, electricidad, etc.) tienen una gran
importancia no sólo para la economía, sino también para las personas, ya que
son productos que satisfacen necesidades, muchas de ellas básicas y vitales
para la vida y el desarrollo humano. Por ello, en países como Costa Rica, todavía
algunos de estos servicios están en manos del Estado y no tienen como meta el
lucro. Además, tanto la producción como el consumo de los mismos tiene lugar
fundamentalmente a nivel nacional. Pero en el marco de las
negociaciones de la OMC, y bajo la presión de los Estados Unidos y Europa, se
dan dos fuertes tenencias que deben ser contrarrestadas: a) El intento de hacer extensivo
a los servicios todas las normas o reglamentos que se han acordado para el
comercio de bienes, esto es, tratar a los servicios como bienes, impulsando la
privatización de los mismos y la liberalización de sus mercados así creados. b) Por otro lado, el interés
norteamericano por cuestiones tan importantes como el acceso a los mercados de
servicios por parte de las empresas transnacionales y la resolución de los
problemas de operación al interior de los países, una vez logrado el acceso a
esos mercados. Lo que está en juego entonces
son aspectos esenciales como los siguientes: a) La penetración de capitales
extranjeros en áreas como la salud, la educación y la administración de la
justicia, como ha ocurrido en Chile. b) En el campo de los servicios
financieros, la pérdida de control sobre los capitales especulativos, como
también se muestra recientemente en el caso chileno. c) El control de las empresas
transnacionales de las telecomunicaciones y de la Internet, áreas de tremenda
importancia en la definición de una estrategia nacional de desarrollo d) Los derechos que adquieran los
inversionistas extranjeros y su poder de demandar a los gobiernos por leyes de
interés público o regulaciones que a juicio de estas empresas afecten sus
ganancias, reales y potenciales (capítulo 11 del TLCAN). Por ejemplo, bajo el
TLCAN las empresas han empleado estas reglas para desafiar prohibiciones contra
el uso de químicos tóxicos o el descargue de desechos tóxicos donde amenazan
el agua potable. 7. Compras Gubernamentales e
Interés Público Los distintos niveles e
instancias gubernamentales (municipales, nacionales), deberían utilizar –y de
hecho lo hacen a menudo–, reglas de adquisición o compras a proveedores para
alcanzar importantes metas de políticas públicas, como la protección al
consumidor, el desarrollo económico, la protección ambiental, la salud y
seguridad públicas, las prácticas de regulación anti-competitivas, la equidad
de género, la justicia social y el respeto a los derechos humanos y laborales.
Debemos oponernos a que un TLC como el que está en discusión, o el mismo ALCA,
afecte la capacidad de los gobiernos para actuar y aplicar reglas de adquisición
vinculadas con estas importantes metas políticas. Un TLC que reproduzca el
modelo del NAFTA, implicaría una seria amenaza para las políticas de adquisición
responsables y socialmente justas. No se trata de oponerse a la
transparencia en las regulaciones sobre adquisiciones gubernamentales, sino de
impedir que se restrinjan las metas de políticas públicas que pueden
alcanzarse por medio de las prácticas de adquisición por parte del gobierno.
Aunque los técnicos en la materia defienden estas reglas afirmando que son
necesarias para impedir favoritismos y corrupción, el problema es que eliminan
cualquier criterio no estrictamente comercial en materia de adquisiciones, como
los señalados anteriormente. 8. Derechos de Propiedad
Intelectual En teoría, los derechos de
propiedad intelectual deben equilibrar los intereses de inventores, artistas y
otros creadores de productos socialmente útiles con los intereses de la
sociedad. El problema surge cuando este equilibrio se rompe y los acuerdos
comerciales favorecen la actividad comercial por encima del interés público y
el desarrollo sustentable de los pueblos. Los monopolios de hasta veinte años
otorgados a los dueños de las patentes constituyen un obstáculo a la
transferencia de tecnología de los países industrialmente desarrollados a los
subdesarrollados, además de crear obstáculos para el acceso a los métodos de
producción menos dañinos para el medio ambiente, sea por la reducción de
insumos de materia primas o de desechos sólidos. Otro resultado del desequilibrio
en el impacto de los derechos de propiedad intelectual es la falta de recursos
para la investigación científica y el desarrollo de nuevos productos mejor
adaptados a las necesidades y condiciones de los países del Sur. Pero hay dos temas donde las
reglas sobre derechos de propiedad intelectual tienen impactos profundos. En
primer lugar, el trato sobre los seres vivos y, en segundo lugar, las medicinas
patentadas. En estos temas cruciales es
fundamental lograr un equilibrio entre el interés público y los intereses de
las empresas privadas. Los monopolios sobre patentes hasta por veinte años, no
solamente permiten a las empresas agroindustriales y farmacéuticas
transnacionales dominar la compra-venta de sus productos patentados; también,
en muchas ocasiones, convierten en propiedad privada lo que debe se propiedad pública,
disponible para el bienestar de todos. Además, el hecho de patentar seres vivos
y materia viva (privatizar la vida), enfrenta muchos cuestionamientos, éticos,
biológicos y espirituales. 9. Políticas de Competencia El sentido explícito de las políticas
de competencia es evitar prácticas monopólicas. En términos generales se
puede estar de acuerdo con dicho objetivo, pero el problema es más sutil. Detrás
de este objetivo se esconde una visión del mundo y de la economía, en la cual
se absolutiza la competencia como el valor supremo. En un contexto internacional
de grandes diferencias entre los países y entre los tamaños y poderes de las
empresas, la competencia llevada al extremo es simplemente la sentencia de que
el pez grande se coma al chico. La aplicación de este valor lleva por tanto a
la desaparición de las pequeñas y medianas empresas nacionales. Pero la economía debe ser
regulada en función de objetivos de sustentabilidad, distribución de la
riqueza y justicia social, además de la eficiencia formal. No todo monopolio es
malo, algunos monopolios públicos se justifican, ya sea por razones sociales o
de soberanía. 10. El
TLC desde una perspectiva de Genero Hasta ahora, los negociadores
encargados de discutir las propuestas y contrapropuestas sobre el TLC C.A. EE.
UU., han ignorado los posibles efectos de la liberalización comercial sobre las
mujeres que viven en la pobreza en toda Centroamérica, a pesar de contarse con
el precedente del TLCAN o NAFTA, que según diversos estudios, ha deteriorado
sensiblemente los niveles de vida y de trabajo de las mujeres en el campo
mexicano. Al omitir un análisis de la forma diferenciada en que el CAFTA podría
afectar a mujeres y hombres, las negociaciones en curso parecen destinadas a
incrementar cargas de trabajo para las mujeres y a profundizar su indigencia en
Centroamérica. Según datos de la Organización
de las Naciones Unidas, las mujeres constituyen más de 70% de los ciudadanos
pobres del mundo. Las mujeres son desproporcionadamente pobres debido a la
discriminación social y cultural que limita su acceso a la educación, a la
capacitación tecnológica, al crédito y a la tierra. Además, para ciertos
empleos no se contrata a las mujeres a pesar de que son aptas para ellos; se les
considera asalariadas de “segunda”, suelen percibir menos salario que los
hombres por igual o similar trabajo y, generalmente, son las últimas en ser
contratadas y las primeras en ser despedidas. Finalmente, las mujeres siguen
realizando la mayor parte del trabajo “reproductivo”: cuidado de sus
familias, preparación de alimentos y limpieza y arreglo de la vivienda. Este
trabajo, invisible en las cuentas nacionales, significa que las mujeres tienen
menos tiempo para adquirir nuevas destrezas, para buscar nuevos empleos o
simplemente para disfrutar del tiempo libre. La desvalorización del trabajo de
la mujer también se traduce en incapacidad para exigir salarios iguales por
trabajo igual. Promover modelos de comercio que
no reflexionen sobre la vida de las mujeres significa que se podrían exacerbar
las desigualdades de género. Por ejemplo, estas políticas podrían fomentar
cultivos comerciales a cuya producción sólo se dedican los hombres, o a crear
oportunidades de inversión para las corporaciones multinacionales que se
encargan de contratar mujeres con salarios bajos y condiciones de trabajo
precarias. 11. Medio Ambiente y Recursos
Naturales La liberalización de las
inversiones y la apertura comercial puede tener severos impactos sociales y
ambientales. Desde una perspectiva ecológica, los problemas con la política de
comercio e inversión a los que hay que poner una crítica atención son los
siguientes: a) se externalizan (no se
consideran) los costos ambientales y sociales b) se tiende a intensificar el
uso de la energía (Plan Puebla Panamá), sobre todo con combustibles fósiles c) se sobreexplotan los recursos
naturales y se daña la biodiversidad, erosionando la base de la actividad económica
y social. Estas políticas intensifican la
expropiación de recursos genéticos, la destrucción de ecosistemas naturales,
la degradación ambiental en sectores agropecuarios y urbanos, la desregulación
ambiental y la violación de los derechos humanos individuales y colectivos de
las generaciones presentes y futuras. Es por ello que garantizar una perspectiva
respetuosa del medio ambiente no es cuestión de adicionar a la lógica
dominante de los acuerdos comerciales cláusulas ambientales. En realidad, la
perspectiva ambiental o ecológica debe llevar a cambios profundos en la
estrategia económica como tal y con ello también a pensar bajo otras reglas la
regulación de la economía mundial. Un verdadero desarrollo que incluya una
perspectiva ecológica es incompatible con el dejar a la economía a merced de
las fuerzas del mercado. 12. Trabajo y Derechos Laborales Algunos de los tratados
comerciales pactados en el continente han adoptado acuerdos específicos que
establecen que los principios fundamentales sobre las condiciones laborales
deben ser respetados por todos los países miembros, y que los mismos deben
contribuir a un mejoramiento general de los niveles de vida de los trabajadores
y trabajadoras. Tal es el caso, por ejemplo, del acuerdo paralelo al TLCAN sobre
trabajo, llamado oficialmente “Acuerdo de Cooperación Laboral de América del
Norte”. Pero esto contrasta con la realidad de las condiciones laborales,
especialmente en México. También es sabido que los
niveles laborales básicos acordados en la OIT son desacatados regularmente por
los patronos en casi todas partes, en función de lograr “competitividad”.
Los gobiernos suelen ignorar o minimizar estas violaciones, para favorecer la
continuidad de la inversión extranjera. Esto sucede particularmente con las
empresas maquiladoras, que requieren mano de obra barata. Por tanto, si no se
dan pasos concretos para garantizar el respeto a los derechos laborales, la
liberalización económica impulsada por los acuerdos de libre comercio seguirá
mermando los niveles de empleo y la seguridad laboral en Centroamérica. En Centroamérica hay que mejorar
las leyes laborales, pero sobre todo, garantizar su real aplicación. Un CAFTA
que no profundice las ya enormes desigualdades en la protección y cumplimiento
de derechos laborales debería por tanto incluir un marco cronológico para el
cumplimiento efectivo de los derechos laborales. La OIT podría proporcionar un
sistema de vigilancia sobre la mejora en las condiciones laborales pactadas y
dentro de este marco de mejora progresiva sí podría pensarse en sanciones para
los países y/o empresarios que irrespeten el cumplimiento de las normas
laborales establecidas en el acuerdo. 13. El Impacto sobre las
Estructuras Tributarias Aunque el proceso de desgravación
arancelaria se inicia en Costa Rica desde la época de los PAE, un tratado
comercial con los EE UU tendrá, en el corto plazo de 10 años, un impacto
decisivo sobre la recaudación de impuestos y la estructura tributaria del país.
Esto por cuanto, EEUU es el país de donde proceden más del 50% del total de
las importaciones. Es de prever, que los aranceles disminuidos serán
sustituidos paulatinamente por impuestos internos, especialmente sobre el
consumo, como ha sido la norma en las últimas décadas. Existe por tanto el
peligro de hacer más regresivo el sistema tributario costarricense, a menos que
el punto aludido se enfrente de manera planificada y transparente. Además, ante
la insuficiencia de ingresos, crecerán aquellas voces, como las de los ex
presidentes Rodríguez Echeverría y Arias Sánchez, que clamarán por la
privatización de empresas estatales. 14. La Balanza de Pagos y el Déficit
de Cuenta Corriente Aunque en Costa Rica los
programas de ajuste estructural no han implicado una des-industrialización de
la economía, si han conllevado a su progresiva extranjerización. Este proceso
será sin duda profundizado en los próximos años, sobre todo al amparo de un
TLC con los EEUU y del ALCA. Pero se cierne una presión adicional sobre la
economía. En la medida en que las nuevas inversiones extranjeras se ubiquen
preferentemente en los sectores de servicios (educación, salud,
telecomunicaciones, seguridad), se trata de sectores que satisfacen sobre todo
la demanda interna, es decir, no son sectores generadores netos de divisas. Este
proceso ejercerá una presión adicional sobre el déficit de la cuenta
corriente de la balanza de pagos, además de la que ya imponen las empresas
localizadas en zonas francas (Intel sobre todo), al transferir enormes recursos
a sus casas matrices en el extranjero, en especial, claro está, en los EEUU. 15. Los Efectos sobre la
Agricultura y la Vida Rural Con la excepción de Costa Rica,
el resto de países centroamericanos se encuentran clasificados entre los más
pobres del mundo, y cerca de la mitad de su población se ubica efectivamente
debajo de la línea de pobreza. La mayor parte de esta población se localiza en
el campo, donde casi la mitad de la ella se dedica a la agricultura de
subsistencia. Junto a esto, hay que reconocer
que los países centroamericanos tienen una capacidad extremadamente limitada
para adaptarse a los trastornos que siempre se producen tras una apertura
comercial de envergadura. Si esto no se toma en cuenta de manera amplia y
contundente, el CAFTA puede convertirse en un desastre para el desarrollo de la
región, ya que no se cuenta con los recursos económicos, gubernamentales ni
humanos necesarios para enfrentar, aunque sea con moderado éxito, la apertura
que pretende imponer EEUU. ¿Cómo justificar un criterio de
“molde” en las negociaciones, según el cual, se insiste en que los términos
negociados con países de mucho mayor desarrollo económico, como Singapur y
Chile, también se apliquen a Centroamérica? Cuando se negoció el NAFTA, hace
10 años, México tenía un ingreso bruto per cápita de $ 4 230, el actual de
Nicaragua apenas sobrepasa los $400. Una inadecuada negociación en
productos sensibles como maíz, frijoles, carnes, lácteos y azúcar, podría
producir una catástrofe en el campo centroamericano, dado que el sector agrícola
da empleo a una gran parte de la población de Honduras, Nicaragua, Guatemala y
El Salvador. ¿Existe capacidad en el resto de estas economías para absorber la
fuerza de trabajo que sería desplazada, cuando la única industria exportadora
manufacturera viable actual es la de textiles y prendas de vestir, la cual
tampoco está siendo particularmente favorecida, hasta el curso actual de las
negociaciones? Si la respuesta es negativa, la informalidad, la inmigración y
la pobreza extrema sería el destino de millones de centroamericanos. ¿De que
valdría tener acceso a productos de EEUU más baratos sin ingresos suficientes
para comprarlos? Estos son algunos de los temas
que se juegan en la negociación del TLC. Más que temas, lo que se juega es el
futuro mismo de la región. Notas [1] No obstante, el impulso del
Plan Puebla Panamá prueba que si hay interés por determinados recursos de la
región, como la biodiversidad, el agua o la electricidad. [2] Aunque la teoría de las
ventajas comparativas no incluye la posibilidad de que hayan países o
productores perdedores, otra teoría más reciente y “realista”, la de las
“ventajas competitivas” si acepta esta posibilidad. De hecho, en su
vocabulario es usual hablar de “ganadores y perdedores”. El problema con
este “realismo” es que desemboca fácilmente en cinismo, es decir, en la
racionalización de las víctimas a favor del crecimiento y de la
competitividad. *Henry Mora, economista de
la UNA -Escuela de Economía Universidad Nacional - Documento presentado en el
FORO DE ORGANIZACIONES SOCIALES SOBRE EL TLC CENTROAMERICA ESTADOS UNIDOS,
realizado en el campus universitario Omar Dengo, el 8 de agosto de 2003. Publicación enviada por Henry Ml. Mora, ATTAC-Costa Rica Contactar http//:portaldelmedioambiente.com Código ISPN de la Publicación EpZplFyupkGLFdTdSr Publicado Sunday 7 de December de 2003 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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