Monografias | Materiales para aplicar ideasMateriales para aplicar ideasResumen: La filosofía de la ciencia, tal como se entiende actualmente, tiene sus orígenes en el siglo XIX en escritos no de filósofos de profesión sino de científicos interesados en las cuestiones filosóficas que plantean las teorías y la práctica científicas: científicos como J. Herschel, Mach, Poincaré o Duhem. La filosofía de la ciencia, tal como se entiende
actualmente, tiene sus orígenes en el siglo XIX en escritos no de filósofos
de profesión sino de científicos interesados en las cuestiones filosóficas
que plantean las teorías y la práctica científicas: científicos como
J. Herschel, Mach, Poincaré o Duhem. Sin embargo, actualmente la filosofía
de la ciencia se enseña, sobre todo, a alumnos de las carreras de Filosofía o
de Humanidades, cuyos conocimientos científicos, dada la tradicional separación
académica entre las ciencias y las letras, son con frecuencia más bien
escasos; con lo que el aprendizaje de esta materia corre el riesgo de reducirse
a la memorización de una serie de opiniones y respuestas filosóficas cuyos
referentes y cuyas aplicaciones en la ciencia resultan poco conocidos. De modo
que si siempre es conveniente que la enseñanza de cualquier materia teórica
esté acompañada de su complemento práctico, en el caso de la filosofía de la
ciencia este complemento se convierte en imprescindible. De ahí la oportunidad
de este libro de los profesores de la Universidad Autónoma de Barcelona Anna
Estany y David Casacuberta: un manual de prácticas que plantea atinadas
cuestiones acerca de los temas fundamentales de filosofía de la ciencia, ofrece
una gran variedad de ejemplos, históricos y actuales, tomados de ciencias
diferentes y, aprovechando que en muchos aspectos existe una la
continuidad entre conocimiento ordinario y conocimiento científico, formula
preguntas a partir de afirmaciones, predicciones o hipótesis tomadas de la vida
cotidiana. Pero el libro añade una justificación teóricamente
más interesante. Existe el peligro de concebir la filosofía como un saber más
básico o superior al de la ciencia: un saber que le permite establecer de forma
apriorística normas acerca de la actividad científica, dictar juicios
inapelables sobre el sentido y la validez de las hipótesis o las
teorías y desvelar a científicos y profanos la verdadera naturaleza, los
objetivos y los límites de la ciencia. Esta concepción de la filosofía de la
ciencia, de la que no es difícil encontrar ejemplos a lo largo del siglo XX, se
ha visto obligada a ceder terreno en las últimas décadas a la convicción (de
la que se hacen eco Estany y Casacuberta en el prólogo) de que esta rama de la
filosofía se asienta en el análisis y la descripción de la investigación
científica real, de sus productos y de sus pautas de desarrollo, de modo que,
aunque no tiene por qué renunciar a una cierta actitud normativa, ni a la
tradición crítica característica de cualquier rama filosófica, estas facetas
sólo se pueden ejercer sobre la base anterior, es decir, sobre el conocimiento
de la práctica científica y de las teorías que se han venido formulando en la
historia de la ciencia. Como decía I. Lakatos, la filosofía de la ciencia sin
la historia de la ciencia está vacía. El manual está dividido en dos partes: una de
ejercicios y otra, más breve, de comentarios de textos. La organización tanto
de los ejercicios como de los textos responde al orden de los capítulos del
libro de Anna Estanny Introducción a la filosofía de la ciencia
(Crítica, 1993). La
ciencia es un fenómeno cultural que, como el cine, la literatura o la religión,
interacciona con su entorno social y suscita cuestiones de muy diversa índole.
El primer bloque de ejercicios está orientado a distinguir entre cuestiones políticas,
económicas, estéticas, éticas, etc. acerca de la práctica científica. Esta
distinción entre las diferentes disciplinas culturales que se ocupan o pueden
ocuparse del análisis de la ciencia permite comprender mejor qué cuestiones
son las propias de la filosofía de la ciencia. Por otra parte, estas cuestiones
son de distintas clases: hay cuestiones metodológicas (¿hay en las teorías
científicas un núcleo inmune a la refutación experimental?); ontológicas (¿el
mundo físico es determinista?) y lógico-semánticas (¿cuál es la forma lógica
de una ley científica?). A diferenciar estas clases de cuestiones están
orientados los ejercicios del segundo bloque, mientras que el siguiente invita a
aplicar los criterios acerca de qué es una definición correcta y a distinguir
entre conceptos clasificatorios, comparativos y métricos. Los bloques 4 y 5 están dedicados a las hipótesis.
No cualquier conjetura o creencia es propiamente una hipótesis científica.
Estas son propuestas surgidas de la observación y el experimento o de otras hipótesis
y teorías, precisas en su formulación y susceptibles de comprobación
experimental, aunque sólo sea parcialmente. Además, las hipótesis suelen
formularse apoyadas en otros supuestos que no siempre se explicitan. El bloque 4
pretende fijar estas ideas con ejercicios que piden distinguir las hipótesis
científicas de ocurrencias gratuitas, opiniones irrefutables por su ambigüedad
o disparates disfrazados; a imaginar experimentos que confirmen determinadas hipótesis;
y a descubrir los supuestos auxiliares implícitos en hipótesis como la
relativa a la naturaleza ondulatoria de la luz, en la teoría de la deriva
continental o en diferentes explicaciones acerca de los orígenes de la
agricultura. El bloque 5, por su parte, trata de las hipótesis estadísticas,
un tipo de hipótesis muy frecuente en biología y en las ciencias
sociales, y su objetivo es aplicar las diferencias entre correlaciones e hipótesis
causales; detectar el uso de correlaciones estadísticas verdaderas como
pretendido soporte de hipótesis falsas o incluso disparatadas; formular hipótesis
a partir de encuestas; señalar los factores estadísticamente relevantes, etc. Como en cualquier otra rama
de la filosofía, en filosofía de la ciencia coexisten diferentes puntos de
vista, a veces irreconciliables, acerca de la naturaleza misma de la ciencia y
de la importancia de sus elementos, sin embargo, parece indiscutible que el núcleo
del conocimiento científico son las leyes. En ellas residen las
capacidades predictiva y explicativa, que se consideran generalmente distintivas
de este tipo de conocimiento. Algunas de las cuestiones filosóficas que
plantean las leyes científicas se refieren a las condiciones de su validez (el
enunciado de cualquier ley incorpora explícita o implícitamente sus “reglas
de uso” o cláusulas ceteris paribus); a su carácter universal; a las
diferencias entre leyes primitivas y derivadas, teóricas y experimentales, etc.
A cuestiones de estos tipos está dedicado el bloque 6, a partir de ejemplos
tomados de la antropología, la química, el psicoanálisis, la sociología o la
biología. Los ejercicios del bloque siguiente tratan de las
teorías científicas y están relacionados con asuntos tales como la
reconstrucción de teorías, la jerarquización de hipótesis o los diversos
usos del término “modelo” en la investigación científica. Y el último
bloque de esta parte cubre aspectos muy diversos, entre ellos, el análisis de
la explicación científica. Hay, por ejemplo, ejercicios que piden determinar
si ciertas preguntas formuladas por Stephen Hawking son susceptibles de una
explicación científica; descomponer en sus partes una explicación dada de
la existencia del canibalismo; o identificar el modelo empleado por M. Castells
y P. Hall al explicar el nacimiento de los nuevos complejos industriales. Los textos que componen la segunda parte
pertenecen a filósofos y científicos representativos de posturas muy
peculiares, y a veces opuestas, en filosofía de la ciencia, y de los
comentarios que se postulan, tal vez los más interesantes sean aquellos que
exigen comparar textos que tratan de un mismo tema pero divergentes en su
enfoque. Algunos ejemplos: analizar la distinción teórico-observacional en dos
textos, uno de Kuhn y otro de E. Nagel; comentar las opiniones de Popper y
Feyerabend acerca del método científico; comparar las concepciones de las teorías
científicas y las ideas acerca de la verdad de Sellars y van Fraassen; señalar
las diferencias entre las opiniones de Laplace, Pierce y de Brogile
acerca de la probabilidad y el azar... En resumen, el manual de prácticas de Estany y
Casacuberta constituye una útil herramienta para la enseñanza de la
filosofía de la ciencia en los estudios universitarios. Se observa, no
obstante, un molesto cambio de “ritmo” en el bloque octavo. La agilidad de
los ejercicios de la primera parte se rompe de pronto en este bloque con
textos excesivamente largos y que no parecen insustituibles para el tipo de
cuestiones que se plantean. En especial, la extensión del texto de A. R.
Damasio sobre emociones y razonamiento resulta desproporcionada en el contexto
del manual. Pero se trata de un defecto aislado que no afecta a los méritos
principales del libro, donde el cuidado con que se han elegido y organizado los
ejercicios los convierte en valiosos materiales para la aplicación y mejor
comprensión de los conceptos y cuestiones fundamentales de la filosofía de la
ciencia. Publicación enviada por Sabastian Alvarez Toledo Contactar http://www.anabasisdigital.com/revista Código ISPN de la Publicación EpZpuZZEFFBiKhpgIb Publicado Wednesday 3 de December de 2003 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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