Monografias | Violencia intrafamiliar: Mal social, mal universalViolencia intrafamiliar: Mal social, mal universalResumen: El término violencia. Antecedentes históricos y filosóficos. Perspectivas. Consideraciones finales. A
mi madre, a mi abuela y
a mis hermanos Francisco,
Tere Inés y Víctor Hugo 1.
Nota previa 2.
Introducción 3.
El término violencia 4.
Antecedentes históricos y filosóficos 5.
Perspectivas 6.
Consideraciones finales 1.
Nota previa El
presente trabajo fue publicado por primera vez en 1997 en la revista Asamblea,
cuando colaboraba con el Comité de Asuntos Editoriales de la Asamblea de
Representantes del Distrito Federal Primera Legislatura, hoy Asamblea
Legislativa del Distrito Federal Segunda Legislatura. Sin embargo, el tema no ha perdido actualidad:
¿cuántos casos de violencia intrafamiliar conocemos o de cuántos hemos –al
menos– escuchado y, por desgracia, aún seguimos siendo impotentes para
evitarlos y erradicarlos? Actualmente, este fenómeno –desafortunadamente–
se sigue reproduciendo con bastante frecuencia en el México contemporáneo. Es
por ello que esta aportación no ha perdido vigencia. No obstante, conservo la esperanza de que en
algún momento alguien lo lea, se crea este escrito y empiece a vivir una vida
diferente, o cuando menos, no esté dispuesto a revivir errores cometidos en
otros tiempos por otros actores; errores que sólo le harían daño a él y a
los suyos. Es por eso que lo dejo a su consideración, amable lector. Quizá entonces la humanidad empiece a
escribir una nueva historia y puede ser que el final, si no feliz, al menos no
resulte tan crudo. 2.
Introducción En
un mundo como éste, donde violencia es el verbo, el adjetivo, el sustantivo
incluso, el todo de una sociedad irónicamente decadente a la vez que dotada con
todos los medios y recursos para conquistar el universo conocido y florecer como
raza, conviene hacer una breve pausa para reflexionar sobre tal hecho. Violencia, como acabo de decir, es el todo de
la sociedad globalizada, posmodernista y complejamente virtual del naciente
tercer milenio. Hay violencia en el cine, en la televisión, en la música, en
las series y caricaturas infantiles, en los video juegos, en la Internet, en las
revistas y demás prensa escrita, etc. Pero si acaso no la hubiera, basta con
alcoholizarse un poco –ni siquiera hay necesidad de drogarse– para
transformarse en un ser digno de las películas de Bela Lugosi o Peter Cushing,
e inclusive más terrorífico. Hablando sobre Santo Tomás de Aquino, Ernest
L. Fortin dice que “el hombre es un prodigio de la naturaleza, pues ésta lo
manda más indefenso e inerme que ningún otro animal: desnudo, descalzo y
desarmado, pero que en cambio, le ha dado la razón, el habla y las manos”[i].
Efectivamente, para sobrevivir, el hombre ha tenido que recurrir a toda la
violencia de que puede ser capaz, sobre todo si se le compara con especies mejor
dotadas para la lucha y capaces de adaptarse mejor a los rigores climáticos. Incluso, es aceptable pensar que, actuando
metainstintivamente –y que me perdone la Real Academia de la Lengua por la
palabra acuñada–, el hombre ha utilizado su imaginación, creatividad,
genialidad y talento para someter al mundo y a los habitantes de éste en
beneficio suyo. Pienso que cualquier especie evolucionada sería capaz de todo
para lograrlo, sobre todo, si se trata de una raza conquistadora como la humana. Sin embargo, las atrocidades que a diario se
ven en los periódicos y la televisión rebasan la peor noche de delirio y
pesadilla de cualquier loco, pues mientras que éste se encuentra enfermo de la
mente, aquellos que secuestran, que torturan que hieren, que violan o que matan
como a veces nos toca ver o saber, están enfermos del alma, o quizá peor: ni
siquiera la tienen ya. Y es que una cosa es el uso de la fuerza, por
extrema que pueda ser, en pos de la supervivencia y la evolución, y otra, la
aplicación de la crueldad a sangre fría, de la violencia por la violencia
misma, de la furia, del odio, y de la maldad por puro placer, incluso sin
justificaciones ni pretextos de ningún tipo. Así, con desfachatez y cinismo. Pero si la crueldad y la violencia hacia los
desconocidos no se perdona y no se comprende, la violencia hacia el interior de
nuestras familias, menos. ¿Acaso en ésta se encuentra el principio de la
descomposición social que se vive en este mundo de parafernalia? Y de ser así,
¿de dónde viene semejante fenómeno? Para este investigador es factible creer que,
como casi todo en la raza humana, el origen de dicha violencia es parte de una
cuestión cultural, o mejor dicho, tiene sus raíces en los conocimientos,
tradiciones, usos, costumbres y manifestaciones de los pueblos, quizá desde
hace miles de años. Al menos así lo sugiere la revisión documental realizada
al respecto. 3.
El término violencia Antes de comenzar, cabe
preguntarse, ¿acaso hemos pensado lo que es la violencia más allá de la
terminología y la doctrina? Es un mal de las mismas dimensiones que el cáncer
y el SIDA; que corrompe y destruye a las personas y sociedades de manera lenta y
gradual pero efectiva. Y es un mal más antiguo que los mencionados. Ahora bien, hay muchas clases de violencia,
aunque todas desembocan en la violencia física o psicológica: segregación
racial, adicción al alcohol y a los enervantes, delincuencia menor, vandalismo,
delincuencia organizada, etc. Este terrible mal da pauta para que el hombre se
destruya a sí mismo, irremediable y tristemente. El objetivo de este análisis es la violencia
intrafamiliar, ya que si “la familia es la célula básica de la sociedad”,
¿no está ahí el origen del mal? Quizá cuando tomemos plena conciencia de
todo lo que encierra esa pequeña frase, empezaremos a actuar tal y como se
debe, no cortando, sino aliviando el mal desde la raíz. 4.
Antecedentes históricos y filosóficos Las
relaciones familiares determinan el carácter del sujeto, aunque inciden en ello
otros factores como la herencia (según la teoría biológica del
comportamiento) o el medio socio-cultural (teoría sociológica). En el caso de
la gente con tendencias agresivas, diremos que la primera teoría atribuye una
personalidad antisocial “a caracteres innatos producidos por la herencia genética,
y la segunda, que todo joven es normal, pero el medio ambiente, sus relaciones,
la educación y la familia lo pueden inducir a la violencia”[ii]. El hombre, dada su capacidad cerebral y,
consecuentemente, su raciocinio, actúa más con base en las normas de conducta
social que por mero instinto, así que cualquier predisposición genética al
delito o la violencia puede ser moderada gracias a sus vínculos familiares, los
cuales redundan en las relaciones sociales del sujeto. Así, me atrevo a suponer
que el planteamiento de la teoría biológica de la delincuencia puede ser
superado por los factores familiares. La investigadora Laura Salinas nos dice que la
violencia quebranta los derechos humanos de las mujeres, y que hay dos tipos de
violencia: la intrafamiliar y la sexual. Ambas –según la autora– “no son
privativas de México, sino que se dan en todo el orbe y tienen su origen en una
tradición discriminatoria profundamente arraigada, según la cual, la mujer,
por ser diferente al hombre, es menos que él”[iii].
Esta actitud –desafortunadamente– se encuentra presente en casi todas las
culturas con sistemas patriarcales. “En Roma”, por ejemplo, “la mujer era
tratada como un objeto de poca valía, y esa condición de sometimiento era
consecuencia de la división que los romanos había hecho de las personas en alieni
juris y suijuris, según
estuvieran o no sujetas a la autoridad de otro”[iv].
Como las mujeres, los niños y los esclavos eran alieni juris, el paterfamilias –consecuentemente– era sui
juris, es decir, con autoridad suficiente sobre sus descendientes y todos
aquellos que dependieran de él. Así, la mujer podía ser repudiada e incluso
asesinada sin mayores problemas para el hombre, independientemente de la causa
que motivase su fin. De igual modo, “en la cultura árabe, la
mujer era considerada una esclava y podía sometérsele sin que ésta tuviera
ningún derecho a rebelarse. En la cultura judía antigua existía un régimen
patriarcal muy parecido al de Roma, e incluso en la Biblia –número 5:11/31–
se especifica el castigo aplicable (las aguas amargas, es decir, la muerte por
envenenamiento) a las mujeres acusadas o simplemente sospechosas de adulterio,
inculpadas por sus maridos sólo por la denominada ley de los celos de esa época,
sin que las infortunadas pudieran defenderse”[v]. La Psicóloga Sonia Araujo, en 1997 directora
del Centro de Atención a las Víctimas de la Violencia Intrafamiliar (CAVI), órgano
que depende de la Procuraduría General de Justicia del DF, dice que “éste es
un problema ideológico basado en la desigualdad que se reproduce en el dominio
de las formas tradicionales de la educación, donde el jefe o los jefes de
familia ejercen el control por medio de la fuerza, considerando esto no sólo
como algo normal sino como un privilegio”[vi]. A través de muchos estudios, los
especialistas han podido comprobar que las personas cuyo carácter se torna
agresivo provienen de relaciones familiares altamente conflictivas o han sufrido
rechazo o ausencia de amor por parte de sus padres. 2También han podido determinar si sus padres
son gente normal y equilibrada o no, y que, al servir como modelos de identidad
al niño, le enseñan a vivir en esa clase de ambiente. A esto se añade
inevitablemente la situación del medio en que han vivido (marginación y
pobreza, o bien, exceso y abundancia, que suelen ser los peores extremos) y en
el que se han educado”[vii].
Así, comprobamos que “la violencia encuentra en el ámbito familiar su núcleo
de reproducción, dado que el patrón de relaciones sociales se arma e inculca
dentro de la familia”[viii]. “En México hay muchos –podría decirse
que demasiados– hogares donde el ambiente familiar es adverso, pues hay
problemas de maltrato, alcoholismo y drogadicción entre sus miembros, que
repercuten y se manifiestan en los niños como inseguridad, agresividad y falta
de autocontrol”[ix]. Así, no sólo la mujer es víctima de la
violencia sexual, daños físicos y crueldad mental, sino también los niños,
quienes sufren golpes, quemaduras, cortadas y mutilaciones que pueden llegar al
homicidio; maltrato sexual –que incluye tocamientos, exhibicionismo, violación–;
prostitución del menor, agresiones emocionales –que comprenden humillaciones,
insulto, descrédito, daño a sus propiedades (juguetes, dibujos, ropa)–; y,
por último, la conducta de negligencia y abandono, comprobándose, además, que
sus familiares u otras personas cercanas abusan de la confianza, posición de
poder y relación afectiva para agredirlos. Estos pequeños crecen con una grave imagen de
fragilidad, inseguridad y amenaza cuando su personalidad es introvertida. Si son
extrovertidos, crecen con un modelo de impulsividad agresiva, reacciones
violentas, alcoholismo, drogadicción e incluso vandalismo y delincuencia. 5.
Perspectivas Tanto
el Estado como la sociedad civil adoptan medidas para erradicar toda forma de
violencia intrafamiliar, con lo cual coinciden la ONU-México y las comisiones
de Derechos Humanos nacional y locales, que ya han promulgado los derechos de
las mujeres, los niños, los ancianos y otros grupos vulnerables. Sonia Araujo Osorio, quien fuera directora del
CAVI, en 1997 señalaba que sólo existían once centros de apoyo y albergues
para las víctimas de la violencia intrafamiliar distribuidos en la capital del
país y en algunas entidades federativas, dirigidos por organismos de la
sociedad civil[x].
Sin duda, el esfuerzo para sostener y operar dichos centros es enorme, pero, al
menos hasta ese momento, se podía ver la falta de atención del Estado mexicano
y de las autoridades locales para apoyar o responsabilizarse de esa tarea. “La Asamblea Legislativa del Distrito
Federal ha sido precursora de muchas leyes y programas en favor de los sectores
más desprotegidos, e integró en su I Legislatura (1994-1997) la Comisión de
Atención Especial a Grupos Vulnerables como comisión ordinaria permanente”[xi],
que promovió la Ley de Asistencia y Prevención de la Violencia Intrafamiliar,
la cual fue aprobada por la entonces Asamblea de Representantes por unanimidad
el día 26 de abril de 1996 y publicada en la Gaceta Oficial del Distrito
Federal el 8 de julio del mismo año. “Dicha ley fue pionera en la materia, pues
no tiene precedentes de orden legislativo, ya que realmente la Asamblea
Legislativa del Distrito Federal, la Procuraduría General de Justicia del D. F.
y el DIF han sido los únicos órganos preocupados por el tema”[xii],
junto con las comisiones nacional y locales de Derechos Humanos. Al menos, han sido los únicos órganos
oficiales, y últimamente algunos legisladores federales y, en ocasiones, el
propio Presidente de la República, pues en Puebla el único esfuerzo palpable
ha residido en el DIF y en la Comisión de Derechos Humanos de Puebla. En el
Congreso del Estado se crearon algunas leyes en materia de grupos vulnerables,
pero no existe ni la más remota comparación con el caso del Poder Legislativo
capitalino. En la referida Ley de Asistencia y Prevención
de la Violencia Intrafamiliar se define de manera clara y precisa lo que es este
tipo de violencia, quiénes son sus generadores, quiénes sus receptores y cuántas
clases de violencia hay. Asimismo, prevé la creación de un Consejo para la
Prevención de la Violencia Intrafamiliar integrado por el DIF, las secretarás
de Gobierno, Salud, Desarrollo Social y Educación del D. F.; el jefe de
gobierno capitalino y las delegaciones políticas, que son las responsables
directas en la aplicación de la citada ley. También prevé penas y sanciones
para los transgresores y, afortunadamente, el Senado está trabajando en una
reforma al Código Penal Federal. 6.
Consideraciones finales Como
ya se vio, la violencia intrafamiliar es un fenómeno que existe desde las
civilizaciones más antiguas, cuyos prejuicios e intereses desembocaron en la
subcultura del sometimiento de la mujer y los hijos a la voluntad y caprichos
del paterfamilias. Por tanto, es un fenómeno cultural, es decir,
que se ha ejercido por costumbre y tradición, pero que es susceptible de poder
modificarse, transformando las estructuras machistas y de desprecio hacia la
mujer en una serie de estructuras donde exista la tan anhelada equidad. Por supuesto, la consecución de dicha equidad
habrá de traer consecuencias de distintos órdenes: sociológicas, políticas,
legislativas, incluso económicas y hasta sexuales y psicológicas, pero
corresponderá a otro estudio determinar éstas así como sus alcances. Volviendo al tema, es imposible erradicar este
mal –la violencia intrafamiliar– de raíz, pero la instrumentación de
medidas contundentes y efectivas para disminuir su presencia y efectos, es un
buen comienzo. Es necesario, además, crear una cultura de respeto y comprensión
hacia la pareja y la familia para derrumbar los mitos y prejuicios de la
subcultura machista. Sólo así podremos desterrar la tendencia
destructiva que padece el hombre en contra de sí mismo: No cortando, sino
aliviando el mal desde su origen. Mexicano.
Licenciado en Ciencias Políticas con Especialidad en Administración Pública,
Gobierno y Política Mexicana por la Universidad del Desarrollo del
Estado de Puebla (UNIDES). Tiene
los Diplomados en Derecho Electoral y en Derecho Constitucional, por la
Universidad Cuauhtémoc. Actualmente es consultor académico e
investigador independiente. emiliovelazco@hotmail.com emilio_velazco@todito.com http://www.gratisweb.com/emilio_velazco/Investigador-Escritor http://
emilio-velazco.galeon.com [i]
Fortín, Ernest L. (1996). Santo Tomás de Aquino. En Historia de la
filosofía política de Leo Strauss y Joseph Cropsey (Compiladores). México:
Fondo de Cultura Económica, p. 248. [ii]
Adolescencia y marginación: la delincuencia juvenil (1983). Enciclopedia
de la Psicología tomo 3. Madrid: Grupo Editorial Océano, pp. 213-288. [iii]
Salinas Beristáin, Laura (1994). Los derechos humanos de la mujer en México.
México: Comisión Nacional de Derechos Humanos, p. 11. [iv]
Vargas Alvarado, Eduardo (1991). Medicina forense y deontología médica.
México: Trillas, p. 597. [v]
Velazco Gamboa, Emilio (Marzo de 1997). Violencia intrafamiliar: mal social,
mal universal. Asamblea N° 26. México: Asamblea Legislativa del
Distrito Federal, p. 23. [vi]
Alarcón, Alicia (Abril de 1996). Aprobada la ley contra la violencia
intrafamiliar. Asamblea N° 15. México: Asamblea Legislativa del
Distrito Federal, p. 13. [vii]
Adolescencia y marginación: La delincuencia juvenil. Op. Cit. [viii]
Salinas Beristáin, Laura. Op.
Cit. p. 12. [ix]
Sabugal Torres, Tania (1995). Grupo de especial atención: los niños y las
niñas. México: Mineo, p. 12. [x]
Fuente: Pérez Fons, Rafael y Alamilla Sandoval, Nora. Op. Cit. p. 15. [xi]
Art. 49 fracc. I de la Ley Orgánica de la ALDF. México: 1995. [xii]
Morales Lechuga, Ignacio (14 de noviembre de 1996). La violencia en la
familia. La República. México: Partido Revolucionario
Institucional. Publicación enviada por Emilio Velazco Gamboa Contactar mailto:miliovelazco@hotmail.com Código ISPN de la Publicación EplFFyukAASzLEJPTy Publicado Friday 30 de April de 2004 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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