Monografias | Dos casos de falsificaciones históricas en hispanoaméricaDos casos de falsificaciones históricas en hispanoaméricaResumen: El estudio de los casos de falsificaciones de documentos constituye, dentro de la ciencia histórica, una temática que tiene la importancia de poder esclarecer hechos que han sido falseados e incluso mitificados como consecuencia de la falsificación de uno o más documentos referentes a algún acontecimiento histórico. ÍNDICE: 2.
Falsificación de cartas de personajes peruanos de la guerra del guano y del
salitre El
estudio de los casos de falsificaciones de documentos constituye, dentro de la
ciencia histórica, una temática que tiene la importancia de poder esclarecer
hechos que han sido falseados e incluso mitificados como consecuencia de la
falsificación de uno o más documentos referentes a algún acontecimiento histórico. Roger
Chartier en “Las verdades de las falsificaciones” (*)
después de señalar que actualmente muchos historiadores parecen fascinados por
falsificaciones y falsificadores, pasa a escudriñar, con las perspicacia que lo
caracteriza, las razones de este singular interés. Al respecto, escribe: “¿Cómo
entender este interés que se suma a la atención dedicada a las falsificaciones
artísticas y los fraudes científicos? Una primera razón deriva de las dudas
que asaltaron a la historia después del cuestionamiento radical de su capacidad
para decir lo verdadero.... ,estudiar las falsificaciones es una manera, tal vez
paradójica o irónica, de reafirmar que la historia es un saber verificable y
controlable. Hacer su historia es, efectivamente, mostrar que la crítica histórica
puede reconocer las supercherías y designar a los falsarios”. Discrepando con
Anthony Grafton,
autor del libro “Faussaires et critiques. Créative et duplicité chez les érudits
occidentaux” (cuyo
comentario crítico realiza Chartier a raíz de su traducción del inglés al
francés), Chartier considera que es discutible el señalar que “los móviles
y los medios de la falsificación permanecen idénticos a lo largo de la
historia”. En
el presente trabajo nos referimos a dos casos de falsificaciones de documentos
en Hispanoamérica. El primero tiene que ver con documentos referentes a la
entrevista de Guayaquil entre los libertadores Bolívar y San Martín. El
segundo, con documentos relacionados con personajes peruanos del siglo XIX que
jugaron un papel muy destacado durante la Guerra del Pacífico entre Perú,
Chile y Bolivia (1879-1883). Lo
común de ambos casos es el deseo de los falsarios de pretender justificar a dos
personajes históricos: San Martín, para el primer caso, y Mariano Ignacio
Prado para el segundo. En
el primer caso, mucho más conocido, el conjunto de misivas apócrifas dadas a
conocer por Eduardo Lástenes Colombres Mármol (padre) se unió al
controvertido documento conocido como Carta de Lafond, la cual hemos analizado
en otro trabajo y al cual remitimos. Consideramos
que en estos dos casos es fácilmente perceptible el interés justificativo de
comportamientos reales y, lo que es peor, también supuestos, de los personajes
que hemos señalado. En el primero se mezcla mucho el culto al héroe y el
chovinismo. En el segundo, reacciones encontradas no solo referentes al
personaje en cuestión, es decir Mariano Ignacio Prado, sino imbricadas con lo
que él llegó a representar como símbolo
de una familia oligárquica peruana de los siglos XIX y XX.
1.
Falsificación de cartas entre San Martín y Bolívar referentes a la entrevista
de Guayaquil En
un anterior trabajo analizamos la problemática historiográfica en torno a la
denominada Carta de Lafond.()
Aparte de dicha controvertida misiva, no se conocía ninguna otra carta en la
que los libertadores de América se hubiesen escrito sobre lo tratado en
Guayaquil. Esto era así hasta 1940, año en el cual apareció el libro de
Eduardo Lástenes Colombres Mármol (padre), titulado "San Martín y Bolívar
en la entrevista de Guayaquil, a la luz de nuevos documentos definitivos".
Entre estos "nuevos documentos" figuraban nada menos que misivas
cursadas entre los libertadores, en las que se referían a dos aspectos de gran
trascendencia. Uno de ellos era el referente al problema político generado en
torno al destino de Guayaquil, que habiendo proclamado su independencia el 9 de
octubre de 1820 había dejado pendiente su incorporación a Perú o a Colombia e
incluso la posibilidad de constituirse en un estado independiente, pero que Bolívar
zanjó, manu militari, el 13 de julio de 1822, al decidir la incorporación del
territorio de Guayaquil a Colombia. Y el otro tópico era el concerniente a lo
que ellos trataron en sus conferencias realizadas en la ciudad de Guayaquil, los
días 26 y 27 de julio de 1822. Entre
esas misivas, presentadas no sólo como «nuevos documentos» sino «como
definitivos», reseñaremos las siguientes: a)
Misiva de Bolívar a San Martín, fechada en Cali a 29 de enero de 1822. En esta
carta Bolívar le señala a San Martín los derechos de Colombia sobre
Guayaquil, pero le expresa que ambos pueden solucionar el problema. b)
Misiva de Bolívar a San Martín, fecha en Guayaquil a 25 de agosto de 1822. En
ésta le señala la inconveniencia de los regímenes personalistas; arguye la
conveniencia de adoptar su sistema de la Confederación General, que lo compara
al de los Estados Unidos. Le expresa que la unión de sus ejércitos se podría
llevar a cabo, siempre y cuando el Perú se comprometiese a hacerse cargo del
aspecto económico de la campaña. c)
San Martín a Bolívar, fechada en Lima a 10 de setiembre de 1822. Ésta es
contestación a la que recibió del libertador caraqueño con fecha 25 de
agosto. El Protector del Perú le comunica que él no podría reconocer la
soberanía de Colombia sobre Guayaquil, estando esta provincia bajo el
protectorado del Perú. Le anuncia su renuncia ante el Congreso. d)
Bolívar a San Martín, fechada desde Cuenca a 27 de setiembre de 1822.
Constituye respuesta a la enviada por San Martín el 10 de setiembre. Bolívar
le transmite a San Martín su lamento por la renuncia que ha hecho del gobierno
del Perú. Asimismo le manifiesta lamentar mucho el que no se hubiese aceptado
su propuesta de la unión de los dos ejércitos, lo cual se lo había expresado
en la misiva del 25 de agosto. Además
de estas misivas aparecía otra de San Martín a Bolívar, fechada desde
Bruselas el 28 de mayo de 1827; de Bolívar a Santander, de Sucre a Santander,
de Sucre a Bolívar y de éste a Sucre. La
polvareda que vino a levantar el hallazgo y publicación de estos supuestos
documentos suscritos por San Martín, Bolívar y otros personajes de aquella época,
vinculados a la Entrevista de Guayaquil, constituye uno de los sucesos más
raros de la historiografía americana. Al
poco tiempo de circular la mencionada obra de E..L. Colombres Mármol, la
Academia Nacional de la Historia de Venezuela y el renombrado historiador
venezolano don Vicente Lecuna, impugnaron como apócrifos todos los presuntos
"nuevos documentos" que aportaba la obra de Colombres Mármol. Como
el caso ameritaba una investigación muy seria, los mencionados documentos
fueron analizados, con suma meticulosidad, por una Comisión Nacional Argentina,
la cual concluyó por pronunciarse en el mismo sentido que la de su par, la
venezolana. Debemos señalar que durante la investigación realizada en
Argentina, don Ricardo Levene, prestigioso historiador, presidente de la
Academia de la Historia de Argentina y asimismo presidente de la comisión
especial para el estudio de los documentos cuestionados, recibió una carta del
Sr. José M. González Alfonso, suscrita en Buenos Aires el 15 de octubre de
1941, en la cual, el mencionado personaje, se reconocía como el verdadero autor
de la obra que E. L. Colombres Mármol había publicado sobre la entrevista de
Guayaquil, con los documentos ahora probadamente apócrifos, de conformidad con
las conclusiones de las Academias Nacionales de la Historia de Venezuela
Argentina. El
eximio historiador peruano Rubén Vargas Ugarte, comentando sobre el problema
del verdadero autor de la cuestionada obra y asimismo sobre la procedencia de
los documentos que ella pretendía aportar, como nuevos y definitivos, para
solucionar los «enigmas» de la entrevista de Guayaquil, nos dice:"Tuvimos
ocasión de conocer al primero, (se refiere a Colombres Mármol) cuando estaba
en Lima de Embajador de su país y por lo poco que le tratamos nos persuadimos
que sus conocimientos en historia no pasaban de lo vulgar. Por desdicha, el señor
Colombres, víctima de un traficante inescrupuloso, se prestó a darle la mano
para que saliese del país la valiosa documentación, propiedad del Estado (se
refiere al estado peruano), que custodiaba Emilio Gutiérrez de Quintanilla,
Director del Museo Nacional, a quien se había encomendado la tarea de reunir
los materiales para la obra "La Acción Peruana en la Independencia".
Esos documentos reunidos en más de treinta tomos en folio salieron del país
(Perú) subrepticiamente y fueron luego puestos a la venta en Buenos
Aires"(Vargas Ugarte, R "Historia General del Perú", tomo VI,
pp. 227-228, infra). Pero
quien más ha aportado para dilucidar acerca de la obtención de los documentos
ha sido E. L. Colombres Mármol (hijo), el cual publicó una obra titulada
"En defensa de las discutidas cartas del general San Martín". Señala
Colombres Mármol (h), que desempeñándose su padre como Embajador en el Perú,
llegó a saber y conocer de la existencia de una gran cantidad de documentos
sobre la etapa separatista, existentes en el archivo del historiador peruano
Emilio Gutiérrez de Quintanilla . A comienzos de 1939 llegó a Buenos Aires el
Sr. Fernando Gutiérrez de Quintanilla, llevando consigo varios miles de
manuscritos. El gobierno argentino, informado de esto, designó una comisión
especial para que, previo minucioso análisis, dictaminara el valor de los
mismos y de considerarse importantes y convenir a las partes, adquirirlos para
que fueran incorporarlos a los archivos argentinos. Esta comisión estuvo
integrada por R. Levene, Presidente, .A. C. Escobar, C. De Estrada, E. L
Colombres Mármol(p), R. J. Cárcamo, R. Zavala, E. Ravignani y F. Best. El Sr.
Fernando Gutiérrez de Quintanilla puso a disposición de dicha comisión seis
mil documentos. Entre tanto, en Lima, el encargado de analizar los restantes
manuscritos de la familia Gutiérrez de Quintanilla fue el señor César Galdós
Vergara. Fue este señor Galdós el que informó haber hallado treinta
documentos vinculados al año 1822 y a la entrevista de Guayaquil. La comisión
argentina mencionada consideró que dentro de este grupo de treinta documentos,
solo dieciocho eran realmente importantes. a)
Carácter acientífico al referir el hallazgo de los manuscritos. b)
Todas las cartas, curiosamente, persiguen un solo fin: demostrar la autenticidad
de la carta de 29 de agosto de 1822. c)
Existen diferencias graves en el lenguaje escrito de las misivas atribuidas a
Bolívar y Sucre. d)
Las cartas atribuidas a Bolívar contienen graves contradicciones con las ideas
manifestadas por él, en otros documentos de esa misma época. e)
En la carta atribuida a Bolívar de 25 de agosto de 1822, el Libertador hace
referencia a «la República de Francia», cuando en aquel momento gobernaba el
rey Luis XVIII. f)
Se atribuye a Bolívar una misiva suscrita en Cali, a 29 de enero de 1822. Sin
embargo para esa fecha Bolívar no se encontraba en Cali sino en Popayán. g)
En una carta atribuida a Sucre, de 9 de diciembre de 1824, aparece este
personaje dándole la noticia de la victoria de Ayacucho a Santander. Se sabe,
por carta auténtica de Sucre a Santander, de 13 de diciembre del mismo año,
que fue en esa carta (la del 13 de diciembre) que Sucre por vez primera le
escribía a Santander dándole la noticia del triunfo obtenido en Ayacucho. h)
En la carta atribuida a Bolívar y dirigida a Santander, de 13 de octubre de
1822, se hace referencia a la Gran Colombia, cuando en aquel tiempo nadie
utilizaba dicha denominación. i)
La impugnada misiva de Bolívar a Sucre, de 7 de noviembre de 1824, no termina
con la frase de rutina: "Dios guarde a V.S. muchos años" como era de
rigor, sino con un "Señor General" antes de la firma, fórmula
empleada, en aquella época, sólo de inferior a superior. Asimismo, en esta
misiva se antepone al nombre de Sucre la palabra «Don», cuando el Libertador
nunca usaba dicho término al dirigirse a sus generales colombianos. También
aparece la fórmula U.S.(abreviatura de Usía), que no era utilizada por la
secretaría de Bolívar, la cual empleaba la fórmula V.S. (Vuestra Señoría).
Sólo en copias y reproducciones suele, a veces, utilizarse la primera
abreviatura mencionada. El
eximio bolivarista don Vicente Lecuna hizo un estudio acucioso de los documentos
cuestionados, llegando la conclusión de que eran apócrifos. En realidad hay
que reconocer, que fue don Vicente Lecuna quien cerró en forma definitiva el
problema de los documentos dados a conocer por Colombres Mármol, pues son
tantos los elementos esgrimidos por él, y de las más diversas índoles, que ya
no queda la menor duda acerca de la apocricidad de los mismos y son ya muy pocos
los historiadores que se atreven a sostener lo contrario, porque ello implicaría
tener que responder todas las críticas hechas por Lecuna, y que, como veremos,
son, casi sin temor a equivocarnos, definitivas. La propia Comisión especial
argentina encargada de estudiar los controvertidos documentos, dictaminó, con
fecha 1 de noviembre de 1941, que ellos eran apócrifos. Pasemos
una breve revista a todos los factores señalados por don Vicente Lecuna que
prueban, en forma definitiva, la inautenticidad de los manuscritos utilizados
por Colombres Mármol: a)
La carta de Bolívar a San Martín de 29 de enero de 1822 aparece suscrita en
Cali, cuando en aquella fecha Bolívar se encontraba en Popayán. Carbia intentó
contrarrestar este argumento diciendo que en realidad en el manuscrito existe
una rayita debajo de la parte ovalada del 9, (cosa que no se podía apreciaren
la reproducción),lo cual significaría que la carta fue realmente del 21 de
enero, fecha en la que aún Bolívar se encontraba en Cali. Carbia nos dice que
la Secretaría de Bolívar no debió despachar la carta en aquella oportunidad,
terminando por llevarla a Popayán, por lo que allí se enmendó la fecha. b)
En esta misma misiva de 29 de enero se escribe «Calí», cuando en aquellos
tiempos se escribía «Caly». c)
En la misiva de Bolívar a San Martín de 25 de agosto de 1822, Bolívar aparece
citando como modelo de su «Confederación General» a los Estados Unidos de
Norteamérica, cuando bien se sabe que él nunca pensó de tal manera. d)
En esta misma carta, Bolívar ofrece su alianza al Perú, cuando ya existía
dicha alianza, la cual había quedado materializada con el tratado de 6 de julio
de 1822. e)
Bolívar (siempre en esta misiva) habla de la República de Francia, siendo como
era en esa época una monarquía. f)
Entre la carta de Bolívar de 25 de agosto y la respuesta a ella dada por San
Martín, el 10 de setiembre, sólo existe un periodo de apenas 16 días, cuando
en aquella época de Guayaquil a Lima se empleaba casi un mes de viaje.. g)
En la pretendida misiva del Libertador al Protector de 27 de setiembre de 1822,
aparece insistiendo que el Congreso del Perú debe reconocer la soberanía de
Colombia sobre Guayaquil. Bolívar nunca solicitó dicho reconocimiento. h)
En la misiva dirigida a Santander de 13 de octubre de 1822, Bolívar usa el término
Gran Colombia, cuando en esa época nadie utilizaba dicho concepto. i)
En la carta de Bolívar a Sucre de 7 de noviembre de 1824 no figura la fórmula
sacramental «Dios guarde a V.S. muchos años», sino «Señor General»,
expresión esta última utilizada de inferior a superior. j)
En la misiva mencionada en el párrafo anterior se utiliza el término «don»,
cuando se sabe que Bolívar no lo utilizaba al dirigirse a sus generales
colombiano. El Libertador, en carta dirigida a su amigo Vicente Rocafuerte, con
fecha 10 de enero de 1821, le dice: "No le pongo sus títulos porque no sé
cuales son y con el Don estamos peleados". k)
Sucre, en la pretendida misiva de 9 de diciembre de 1824, se dirige a Santander
con la fórmula V.E. y a la vez «Mi querido general y amigo», forma empleada sólo
en cartas privadas y no en notas o comunicaciones oficiales, donde se utilizaba
la fórmula V.E. Sucre no incurrió nunca en semejante mezcolanza. l)
Es inverosímil que Sucre escribiera a Santander el 9 de diciembre, en pleno
campo de batalla, mientras que a Bolívar lo hiciera al día siguiente. Por otra
parte, se conoce la carta auténtica de Sucre a Santander de 13 de diciembre de
1824 en la cual recién le comunica sobre la victoria obtenida en los campos de
Ayacucho. m)
Sucre al dirigirse a Bolívar en la misiva del 26 de marzo de 1827 emplea la fórmula
V.E., cuando ella no se utilizaba en cartas privadas. Además le aplica el
desterrado «Don». Asimismo se utiliza el vocablo «bolivariano», totalmente
moderno, cuando en aquella época solo se utilizaba «boliviano». Y, para
remate, se emplea el título «Libertador y Presidente», cundo se utilizaba «Libertador
Presidente» n)
San Martín, desde Bruselas, con fecha 28 de mayo de 1827, aparece dando
consejos a Bolívar para que no estableciese la Confederación Boliviana, cuando
ya (y esto desde octubre de 1826) había desistido de dicho sistema. ñ)
En cinco firmas de los facsímiles reproducidos por Colombres Mármol (p), el
nombre íntegro de Simón Bolívar tiene matemáticamente el mismo tamaño y las
rúbricas son idénticas. o)
En las pretendidas firmas de Bolívar no figura el punto sobre la letra «i» de
la palabra Simón y aparece la palabra Bolívar acentuada, cuando en aquella época
no se a acentuaba y solo se ponía un punto sobre la «i».Rómulo Carbia intentó
rebatir a Lecuna, argumentando que el punto sobre la «i» de Simón si existían
en los manuscritos, aunque no aparecía en los facsímiles, debido a su tamaño
reducido. En cuanto al acento en la «i» de Bolívar, Carbia señalaba que
realmente era un punto con forma de acento. Vicente Lecuna le replicó que ello
resultaba un elemento más a favor de la apocricidad, puesto que si bien es
cierto que en algunas de sus firmas Bolívar pusiera el punto ancho, por la
violencia al asentar la pluma, siempre éste aparece horizontal en las firmas
auténticas y nunca vertical como en las apócrifas. p)
Las letras de las cartas apócrifas no pertenecen a ninguno de los amanuenses de
que Bolívar se servía en aquella época para la escritura de su
correspondencia oficial y privada, es decir de su secretario J. G. Pérez y de
los amanuenses Juan Santana y José Domingo Espinar. q)
El Libertador escribía sus oficios en papel grande, llamado florete, de oficio,
de 30 a 31 cm de largo por 20 a 21 cm de ancho, milímetros más, milímetros
menos, puesto que había variedad en las diversas resmas. Por otra parte, hacía
su correspondencia personal en papel carta, cuyas dimensiones, en el año 1822,
variaba según los bloques, de 23 por 18 cm y de 25 por 20 cm y los usaba sin
ningún membrete o con el membrete «República de Colombia» y parte de la
fecha impresa. Los oficios, en general, llevaban membrete, lo mismo que las
cartas dirigidas a personajes o gobiernos extranjeros. Ahora bien, las cartas y
oficios apócrifos están todos extendidos en papel grande, florete, sin
encabezamiento, incluso los que aparecen dirigidos al General San Martín. La
razón de que ello ocurra así, en los documentos apócrifos, se debe a que en
los archivos de la época abundan hojas y pliegos en blanco de papel florete,
por lo tanto fácil de extraer y ser utilizados para la falsificación. En
cambio no existe, en blanco, papel tamaño carta ni papel timbrado de Colombia,
por lo que a los falsificadores no los les quedó otra alternativa que usar solo
papel florete para todos tipo de documento. r)
Toda la correspondencia auténtica de Sucre está escrita de su puño y letra, a
excepción de aquella redactada durante los meses que tuvo el brazo derecho
inutilizado, a consecuencia de la herida recibida en el motín del 18 de abril
de 1828, en Chuquisaca. La carta presentada por Colombres dirigida por Sucre a
Santander, de 9 de noviembre de 1824, está escrita por amanuense. Por otra
parte, Sucre escribía en papel carta de 26,2 cm por 20,3 cm. La carta apócrifa
señalada está extendía en papel grande de 31,5 cm por 21 cm. s)
La proclama auténtica de Simón Bolívar de 13 de julio de 1822, reproducida
por Colombres Mármol (p), en la cual aparece la misma letra que la de los
documentos apócrifos, pretendía presentar un documento auténtico, pero con
letra de los falsificadores. Aún más, se sabe que en esa fecha había imprenta
en Guayaquil, por lo cual es seguro que ella no circuló en forma manuscrita.
Jerónimo Espejo, argentino, en su obra titulada "Recuerdos Históricos"
asegura que dicha proclama circuló impresa. t)
De ser auténticos los documentos presentados por Colombres Mármol (p), lo lógico
sería que todos o por lo menos algunos de esos documentos debían encontrarse
en los archivos de los personajes a quienes fueron dirigidas, pero ello no es así
y ello es una prueba contundente de su apocricidad. u)
El perito calígrafo, Sr. Ángel de Luca, miembro de la Comisión oficial
nombrada por el poder ejecutivo de Argentina para dictaminar sobre los
cuestionados documentos, señaló que ellos eran apócrifos. Decíamos,
al comenzar este breve trabajo, que este fraude constituye uno de los sucesos más
raros de la historiografía americana. La conclusión a la cual se ha llegado es
definitiva: la documentación presentada por Colombres Mármol era apócrifa. La
otra conclusión, que se deriva fundamentalmente de los análisis hechos por los
historiadores venezolanos y muy especialmente por don Vicente Lecuna, es que
esta masiva falsificación de documentos pretendía un fin en concreto: querer
probar la autenticidad de la llamada Carta de Lafond. Si esa era la finalidad de
la falsificación, el móvil para ello fue, sin lugar a dudas, el falso
nacionalismo. Es innegable que las figuras de San Martín y Bolívar han creado,
en torno de ellos, el muy estudiado culto al héroe. Es fácil darse cuenta de
los enfoques nacionalistas de los historiadores venezolanos, colombianos,
ecuatorianos y argentinos cuando tienen que tratar acerca de estos dos
personajes. E incluso entre otras nacionalidades, como la peruana por ejemplo,
se nota aún los sesgos sanmartinianos o bolivaristas de algunos historiadores
de la etapa separatista.
2.
Falsificación de cartas de personajes peruanos de la guerra del guano y del
salitre Uno
de los puntos que ha dividido a los historiadores, fundamentalmente peruanos, de
la guerra del Pacífico entre Perú, Bolivia y Chile (1879-1883), es el
referente al viaje del Presidente del Perú Mariano Ignacio Prado, en diciembre
de 1879 (la guerra había comenzado el 5 de abril de 1879). Muchos lo han
presentado como una cobarde huida, llegando incluso a hablarse de que no sólo
fue huida cobarde sino que Prado aprovechó del escape para llevarse dinero del
Estado peruano. Los historiadores más serenos, más desapasionados, más
objetivos, como son el caso de Jorge Basadre, Percy Cayo Córdova y César Arias
Quincot, para poner sólo tres ejemplos, concluyen que dicho viaje en plena
guerra y en la crítica situación que se encontraba el Perú, fue totalmente
desacertado e impolítico. Basadre escribe en su "Historia de la República
del Perú"(Lima, 1969, tomo VIII) "La historia independiente no puede
menos que censurar el viaje de Prado".Percy Cayo Córdova, en su trabajo
"La Guerra con Chile" (Historia del Perú. Perú Republicano tomo VII,
Editorial Juan Mejía Baca 1981) escribe: "Acertado o no, el juicio de la
historia mayoritariamente se ha inclinado por censurar acremente la actitud del
presidente y auque la página final de tal juicio puede quedar por
escribirse,..." Y César Arias en su "Historia Política del Perú.
Siglos XIX – XX (En: "Compendio Histórico del Perú. Historia Política
y Económica del Perú (1820-1998); Madrid, 1998; tomo VII), escribe:
"...el presidente Prado tomó la trágica decisión de embarcarse rumbo a
EE.UU. para, con su presencia, activar las gestiones para lograr que el país
recibiera esos barcos de guerra. La decisión fue lamentable e irresponsable,
porque, dada la naturaleza de nuestra vida política, caracterizada por
instituciones débiles, la presencia física del mandatario era vital para
mantener la estabilidad política. Además, como la mayoría de la opinión pública
desconocía este problema, la actitud del presidente fue entendida como una «fuga»
que lindaba con la «traición»" Felipe
Portocarrero ha analizado, en la obra que hemos mencionado, el "complejo
reparativo" que debió actuar en los descendientes de M. I. Prado (su hijo
Manuel Prado y Ugarteche llegó a ser presidente del Perú en dos oportunidades:
de 1939 a 1945 y de 1956 a 1962), los cuales llegaron a crear un poderoso
imperio económico, el denominado Imperio Prado, estudiado por Felipe
Portocarrero y desde otra óptica por Dennis L. Gilbert en su obra "La
oligarquía peruana: historia de tres familias" (Lima,1982) Ahora
sí estamos en condiciones de poder entender con claridad la aparición de
documentos apócrifos con relación al período de la guerra del Pacífico. Esos
documentos tenían (he aquí una semejanza con los documentos presentados por
Colombres) un único objetivo: justificar la salida, del territorio peruano, que
hizo el Presidente Prado, falsificándose misivas en las cuales personajes como
Miguel Grau, Andrés A. Cáceres, Francisco García Calderón y Lizardo Montero,
aparecían aconsejándole al Presidente Prado viajar a Europa. En una supuesta
carta de Cáceres a Francisco García Calderón, fechada desde Arica a 8 de
noviembre de 1879, leemos: "Un sentimiento patriótico me impulsa a
dirigirle estas breves palabras de acuerdo con Montero, para pedirle animar al
Presidente Prado a un viaje a Europa a conseguir los refuerzos de material de
guerra que el Perú necesitará mañana para hacer frente quizá a una larga
campaña con Chile". Y en una pretendida carta nada menos que de Miguel
Grau dirigida a Lizardo Montero, fechada desde Iquique el 22 de mayo de 1879,
leemos: " ...En reciente correspondencia de Lima, me impongo de las
dificultades de los emisarios peruanos en Europa para comprar barcos de guerra.
Se me dice que sus gestiones no inspiran confianza y que se pide con urgencia la
presencia del Presidente Prado para garantizar los préstamos y obtener los
armamentos de mar y tierra que exige la guerra. Yo te ruego hablar con el
Presidente Prado y mostrarle esta carta. Es el momento de asumir una situación,
ahora que Chile después de perder la Esmeralda necesita tiempo para reponerse.
Así como los buques chilenos me han buscado inútilmente desde el 5 de abril
que estalló la guerra y al encontrarme han sufrido un golpe fatal, puedo
perfectamente seguir dando la impresión de estar perdido en el mar y mientras
tanto dejar el Pacífico y marchar a Europa con el Presidente Prado, con el fin
de que firme los empréstitos el Perú y regresar con barcos que sirvan para
ponernos en igualdad de fuerzas con Chile". En
otra supuesta carta de Grau, suscrita desde Arica y con fecha 26 de mayo de
1879, dirigida a Francisco García Calderón, le dice: "...le ruego hablar
con el Presidente Prado y decidirlo a viajar a Europa conmigo en el Huáscar sin
que el enemigo sospeche, para negociar los empréstitos y regresar con los
armamentos y los buques que necesitamos para vencer a Chile" Otra
de las cartas apócrifas es la de Lizardo Montero al Presidente Prado, fechada
en Cajamarca el 18 de junio de 1879 y donde le dice: "Permítame le haga
llegar la carta que me remite para Ud. Miguel Grau. Yo comparto con él sus
opiniones, ..." Lo
que vemos claramente en este affaire, es la intención de querer librar a
Mariano Ignacio Prado y Ochoa de la mancha de "prófugo, ladrón y asesino
de Miguel Grau", con lo que, en forma hiperbólica pero reflejando el
sentir colectivo de un sector muy grande de peruanos, se llegó a caracterizarlo
en un folleto publicado por vez primera en 1936, titulado ¿Puede ser un Prado
Presidente del Perú?, aprovechándose la candidatura presidencial de Jorge
Prado y Ugarteche, como nos lo recuerda Felipe Portocarrero. Y no se vaya a
pensar que ese panfleto, donde se lanzan tan duros epítetos, fuera obra de algún
dirigente político del sector popular. Se sospecha que sus autores fueron Pedro
Beltrán y Manuel Mujica Gallo, dos connotados miembros de la burguesía
peruana. Innegablemente esa posición tan dura se explica, como lo señala
Portocarrero, porque "...el objetivo de la aparición de dicho follero era
extraer dividendos políticos de corto plazo intentando apuntalar la candidatura
de Manuel Vicente Villarán tras la que se encontraban José de la Riva Agüero,
Pedro Beltrán y Clemente Revilla, con sus respectivos partidos, es decir, la
oposición de la reacción enfrentada al candidato del Frente Nacional, Jorge
Prado y Ugarteche , representante del sector más nacional de la oligarquía y
también el políticamente más flexible en relación al APRA". Esta posición
política tiene su correlato en el siglo XIX, porque la llamada "leyenda
negra sobre la familia Prado" tuvo sus auspiciadores en los enemigos políticos
de M. I. Prado, como consecuencia de la política de estatización de las
salitreras de Tarapacá que realizara Prado, continuando con el proceso iniciado
durante el gobierno de Manuel Pardo, el primer presidente civil del Perú. Una
pregunta que de seguro surge a estas alturas del análisis, es el referente a la
identificación del Colombres Mármol peruano. El personaje es el historiador
peruano Luis Humberto Delgado, uno de los más fervorosos defensores de la
figura histórica de M .I. Prado. Entre otros defensores, Portocarrero nos
recuerda a Pedro Irigoyen y a Federico More. Pero L. H. Delgado en su obra
titulada "Guerra entre Perú y Chile – 1879" (Lima,1965) presenta
las cartas que hemos reseñado y cuyo punto medular es presentar a Grau como el
de la idea del viaje del Presidente Prado, a Europa en búsqueda de armamento.
Si, nada menos que «El Caballero de los Mares» (Miguel Grau) era el que sugirió
al Presidente la necesidad del viaje, entonces qué se le podía reprochar a
Prado. Y es por ello que algunos de sus defensores señalan que fue víctima de
la adversidad, de la calumnia y de la insidia". Y el Propio Prado en su «Manifiesto
del general Prado a sus ciudadanos» suscrito desde Nueva York con fecha 7 de
agosto de 1880, nos dice: Fue
entonces cuando acogí después de larga y madura reflexión, el proyecto de
salir personalmente en busca de cuanto necesitábamos como el medio más seguro,
eficaz y salvador". (Ahumada, Pascual. "Guerra del Pacífico.
Recopilación completa de todos los documentos oficiales,..." (Valparaíso:
1884-1891, tomo III, páginas 382 y sgtes.) Tenemos
la sospecha, y lo adelantamos líneas arriba, que don Luis H. Delgado tuvo que
ver con las falsificaciones, aunque no podemos estar seguros que él fuera el
falsario. Lo evidente es que alguien tuvo que encargar o encargarse de la
fabricación de esas misivas, las cuales serían utilizadas para tratar de
vindicar la memoria de Mariano Ignacio Prado. Recordemos que Guillermo
Billinghurst presidente del Perú depuesto en 1914, por un golpe de Estado en el
cual participaron los hermanos Prado (Jorge y Manuel), nos cuenta el siguiente
hecho: " El joven Prado en extenso y patético discurso me expuso en síntesis,
lo siguiente: Que todos ellos (los amotinados) reconocían mi patriotismo,
probidad y preparación para el gobierno. Que yo había equivocado, sin embargo
el rumbo que debía imprimir a la política interna (lo cual no hablaba, por
cierto, muy alto a favor de mi preparación) y, por último; que los hijos del
expresidente Prado tenían que «vindicar la memoria de su padre»"(En:
Gilbert, Dennis "La oligarquía peruana. Historia de tres familia., Lima,
1982; pp.157-158). ¿Pudo
algún miembro de la familia Prado, más de medio siglo después del incidente
relato en 1915 por Guillermo Billinghurst, tener un interés en terminar con el
«complejo reparativo» tratando de recurrir al veredicto de la propia historia
aunque fuera falseándola? No lo sabemos. Como dice Felipe Portocarrero:
"Para ellos (la familia Prado), la cuestión era cómo desterrar hacia las
regiones del olvido colectivo la pesada sombra del pasado. Pero, al mismo
tiempo, de lo que se trataba también era de conjurar el traumatismo psíquico
de la familia. Desde este punto de vista, la «pavorosa tragedia» del general
Prado, como lo llamó Basadre en uno de sus últimos trabajos, nos permite
comprender mejor el leit motiv que más tarde induciría a sus descendientes a
reivindicar la memoria de su antepasado, a partir de su conversión en un
poderoso clan familiar que reclamaba para sí el ser reconocido como un grupo
económico de carácter nacional".(Portocarrero, F. Op. Cit; p.38) Jorge
Basadre señala que el archivo de Piérola estuvo en manos de su hijo Amadeo Piérola
y al morir éste en manos de su esposa Consuelo, que por motivos de su
religiosidad donó el citado Archivo a Rubén Vargas Ugarte, sacerdote jesuita y
acucioso historiador. En las "Conversaciones. Jorge Basadre, Pablo
Macera" (Lima,1974, p. 166) , Basadre expresa: "Él (Vargas Ugarte) es
ahora el propietario de tan valioso tesoro. Pero la enorme cantidad de fuentes
que don Nicolás recopiló y ordenó tan cuidadosa y tan pacientemente, no
obstante los trajines de su vida llena de exilios y de persecuciones, es
utilizado por un enemigo suyo únicamente para atacarlo". Por
allí podría encontrarse la pista para investigar la gran falsificación de
misivas que presentara Luis Humberto Delgado, quien no escondía sus simpatías
hacia M. I. Prado. Al igual que en el caso de San Martín, en el cual se buscaba
explicar su abandono del Perú en momentos tan difíciles, presentándolo como
un acto de desprendimiento total, para evitar una lucha fratricida y dejarle
abierta las puertas a Bolívar, quien no lo había comprendido o no lo había
querido comprender, en su intento de unir totalmente las fuerzas de los ejércitos
libertadores del sur y del norte, que ellos capitaneaban, para terminar con el
enemigo común: las fuerzas realistas situadas en el Perú. En el caso peruano
lo que se pretendía era presentar al M. I. Prado como un personaje que intenta
realizar un acto que pudo haber cambiado el curso de la guerra, porque con su
viaje pretendía solucionar los impases para la compra de armamentos para el Perú.
Y ello, por lo demás, era consecuencia de los consejos dados por personajes tan
señeros de la historia peruana como Miguel Grau, Andrés A. Cáceres, Francisco
García Calderón y Lizardo Montero. Si en el caso de los libertadores de América
el personaje mezquino, egoísta, ambicioso era Simón Bolívar, en el caso
peruano el personaje nefasto era nada menos que don Nicolás de Piérola y
Villena. Percy
Cayo ha señalado varios factores que indican la inautenticidad de las cartas
utilizadas por vez primera por L.H. Delgado. Percy Cayo escribe: "La crítica
histórica, por otra parte, no puede dejar de llamar la atención sobre otros
aspectos: la redacción que difiere de la de otros escritos de nuestro gran
marino (se refiere a Grau); el uso constante de letra minúscula para hincar la
escritura del mes en que se datan las fechas, cuando es usual en la
correspondencia de Grau el uso de mayúsculas; el uso común de tildar la
preposición a, que también encontramos en otras cartas, resulta ausente en
estas dos de que nos ocupamos (se refiere a las cartas enviadas por Miguel Grau
a Francisco García Calderón de fechas 26 de mayo y 5 de junio de 1879); la
simple comparación de las firmas del almirante con otros muchos autógrafos
suyos conocidos, aportan elementos de juicio suficientes como para declarar que
por lo menos estas dos cartas de don Miguel Grau a don Francisco García Calderón,
deben ser consideradas apócrifas." (Cayo, Percy "Guerra con
Chile" (Barcelona; Editorial Juan Mejía Baca, 1981 tomo VII de la Historia
del Perú. Perú Republicano; p. 203) También
Percy Cayo señala que esas cartas son apócrifas porque la suscrita el 26 de
mayo de 1879 desde Iquique, no corresponde a la verdad porque ese día Grau se
encontraba en Antofagasta. Lo propio ocurre con la del 5 de junio de 1879
suscrita desde Iquique, cuando por documentos auténticos sabemos que ese día
el almirante Miguel Grau se encontraba en Mollendo. Podemos
añadir otro argumento que refuerza la apocricidad de las cartas presentadas por
L. H. Delgado. Ni Mariano Ignacio Prado ni los personajes más cercanos de su
entorno ( por ejemplo el Vicepresidente Luis La Puerta o su Ministro José María
Quimper) en ninguno de sus documentos incontrovertibles hacen referencia que la
decisión de viajar fuera sugerida por personaje alguno. Basadre al analizar la
correspondencia de Prado a Montero con relación al viaje, que es la del 18 de
diciembre de 1879, nos dice: "Del texto de esta carta se deduce claramente
que la resolución de viajar a Europa la tomó «desde mi arribo a esta capital»"
Y líneas más abajo, Basadre escribe: "Que el viaje de Prado a Europa fue
proyectado por él mismo después de su regreso a Lima, aparece también en el
manifiesto de José María Quimper, su ministro...". Y lo que es más
grave, el ministro de Prado José María Quimper ha dejado su testimonio en el
sentido de que cuando el Presidente le hizo su conocer su proyecto de viajar a
Europa y los Estados Unidos, "para acelerar con su presencia y con su acción
inmediata, la remisión de armamentos y la adquisición de una escuadra",
él (Químper) le hizo saber su oposición al proyecto, pero sin lograra
convencerlo. Químper, sin embargo, es benévolo en su juicio sobre el viaje de
Prado. Quimper escribe: "Indudablemente era nobilísimo el móvil que
indujo al general Prado a ausentarse del Perú; pero no fue, a mi juicio, político
ni conveniente dejar el país en aquellos momentos" (Citado por: Basadre,
Jorge "Historia de la república del Perú"; Lima 1969; tomo VIII, p.
178). En
la carta circular del General M. I. Prado suscrita a bordo del Paita, en
Guayaquil el 22 de diciembre de 1879, tratando de explicar su «intempestiva
salida de Lima» dice: "Por las últimas comunicaciones venidas de Europa,
veíamos con sentimiento que, debido en gran parte a competencias y rivalidades
de nuestros comisionados , nada se podía hacer ni conseguir respecto da la
adquisición de buques". Aquí la explicación de su salida radica en las
comunicaciones venidas de Europa". De
haber sido ciertos los consejos recibidos por Prado de parte de personajes como
Grau, García Calderón, Cáceres y Montero, para que viajase a Europa para la
compra de armamento, resulta inconcebible que personajes como La Puerta y Químper
no lo supiesen, porque de haber tenido conocimiento de ello, hubiesen tenido que
sopesar cuando le expusieron al Presidente su oposición a dicho viaje y lo
hubiesen mencionado en algún documento.
(*)
Chartier, Roger: Las verdades de las
falsificaciones, en “El juego de las reglas: lecturas”, Buenos Aires, Fondo
de Cultura Económica, 2000.
-Academia
Nacional de la Historia de Venezuela. "Cartas Apócrifas sobre la
Conferencia de Guayaquil (Caracas, 1945). Contiene:
Dictamen de la Academia Nacional de la Historia de Venezuela de 7 de noviembre
de 1940 Lecuna,
Vicente. "Refutación y mentís al libro del Sr. Colombres Mármol. Cartas
apócrifas publicadas como auténticas por el Sr. E. L. Colombres Mármol, ex
embajador de la Argentina en el Perú, en un libro intitulado «San Martín y
Bolívar en la Entrevista de Guayaquil a la luz de nuevos documentos definitivos»" Lecuna,
Vicente."Contestación al Sr. Rómulo Carbia, defensor de las cartas apócrifas
del Sr. Colombres Mármol" Millares
Carlo, Agustín. "Apocricidad de los documentos presentados por Colombres Mármol" Dictamen
de la Comisión Nacional Argentina. Carta
del Sr. José M. González Alfonso, de 15 de octubre de 1941. -Academia
Nacional de la Historia de Venezuela. "Sobre las cartas falsas de Colombres
Mármol. Acuerdos de la Academia". (Boletín de la ANHV, abril-junio 1958). -Carbia,
Rómulo "San Martín y Bolívar frente al hallazgo de nuevos documentos
" (Buenos Aires, 1941) -Colombres
Mármol, E. L. (p) "San Martín y Bolívar en la Entrevista de Guayaquil a
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Mármol, E. L. (h). "En defensa de las discutidas cartas del general San
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C. L. "Nota Editorial" (Boletín de la Academia Nacional de l Historia
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Sergio E. "El Nacionalismo en la Historia" (Revista de la Sociedad
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de Vidaurre, A. "«San Martín y Bolívar en la Entrevista de Guayaquil a
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Gómez, Luis."Crítica de un proceso" (Revista de la Sociedad
Bolivariana de Venezuela; 24 de julio de 1950; pp. 223-226) -Vargas
Ugarte, Rubén "Historia General del Perú. Emancipación" (Barcelona,
1966; tomo VI). -Ahumada
Moreno, Pascual. "Guerra del Pacífico. Recopilación completa de todos los
documentos oficiales, correspondencias y demás publicaciones referentes a la
guerra, que ha dado a luz la prensa de Chile, el Perú y Bolivia, conteniendo
documentos inéditos de importancia" (Valparaíso: 1884-1891) -Arias
Quincot, César "Historia Política del Perú. Siglos XIX – XX (En:
"Compendio Histórico del Perú. Historia Política y Económica del Perú
(1820-1998); Madrid, 1998; tomo VII) -Basadre,
Jorge "Historia de la República del Perú"(Lima, 1969; tomo VIII) -Basadre,
Jorge "Bibliografía General de La Etapa Republicana" (Lima, 1968) -Basadre,
Jorge "Antecedentes de la Guerra con Chile" (Barcelona; Editorial Juan
Mejía Baca, 1981 tomo VII de la Historia del Perú. Perú Republicano) -
Cayo, Percy "Guerra con Chile" (Barcelona; Editorial Juan Mejía Baca,
1981 tomo VII de la Historia del Perú. Perú Republicano) -Conversaciones.
Jorge Basadre. Pablo Macera (Lima, 1974) -Delgado,
Luis Humberto "Guerra entre Perú y Chile – 1879" (Lima, 1965) -Gilbert,
Dennis L. "La oligarquía peruana: historia de tres familias" (Lima,
1982) -Portocarrero
Suárez, Felipe "El Imperio Prado: 1890-1970" (Lima, 1995) -Vargas
Ugarte, Rubén "Historia General del Perú. (Lima, 1971; tomo X) -Vargas
Ugarte, Rubén. "Guerra con Chile. La campaña de Tacna y de Lima.
Documentos inéditos" (Lima, 1970)
(*)
Profesor de Historia y Geografía. Estudios
de Educación realizados en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.
(Lima-Perú). Experiencia
docente en centros de educación secundaria y superior, públicos y privados de
Lima - Perú. Trabajos
publicados: -Libro
y lectura en la era digital. El gran desafío de la educación actual.
En: Revista Cistercium, octubre-diciembre 2003, N° 233, año LV, Zamora –
España, Ediciones Monte Casino, 2003 Versión
electrónica del trabajo, en: <http://www3.planalfa.es/cisterc/zips/paredes.zip> <http://www.razonypalabra.org.mx/libros/libros/Libro%20y%20lectura%20en%20era%20digital.pdf> -El
futuro del libro y el libro del futuro. Una mirada desde la óptica pedagógica
- I- <http://www.serprofessoruniversitario.pro.br/ler.asp?TEXTO=1137> -El
futuro del libro y el libro del futuro. Una mirada desde la óptica pedagógica
– II <http://www.serprofessoruniversitario.pro.br/ler.asp?TEXTO=1138
> -“¿La
independencia peruana un don foráneo?” http://www.monografias.com/trabajos10/fora/fora.shtml
-“San
Martín y Bolívar en Guayaquil” «http://www.ilustrados.com/documentos/martinbolivar.zip» -“La
controvertida misiva de San Martín a Bolívar de 29 de
Agosto de 1822” <http://www.monografias.com/trabajos12/lacontrv/lacontrv.shtml
> -“Dos
casos de falsificaciones históricas en Hispanoamérica: El affaire Colombres Mármol
y la falsificación de misivas relacionadas con el viaje del presidente peruano
Mariano Ignacio Prado en plena guerra con Chile” <http://www.periciascaligraficas.com/Guia%20Pericial/peri048.htm
>
Jorge
G. Paredes M. (*) Lima-Perú Publicación enviada por Jorge G. Paredes M. Contactar mailto:jgparedesm@yahoo.com Código ISPN de la Publicación EplFZZkuEFkZOnDSjL Publicado Wednesday 5 de May de 2004 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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