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Monografias | ¿La independencia peruana un don foráneo?¿La independencia peruana un don foráneo?Resumen: En 1972 los historiadores Heraclio Bonilla y Karen Spalding, al publicar trabajo tan original ("La Independencia en el Perú: las palabras y los hechos") en la obra colectiva publicada por el Instituto de Estudios Peruanos "La independencia en el Perú" (Lima: I.E.P ediciones, 1972), que presenta trabajos tanto o más novedosos y trascendentes como los de Pierre Chaunu, Tulio Halperin Donghi, E.J. Hobsbawm y Pierre Vilar), causaron una gran conmoción en el ámbito intelectual vinculado al campo histórico al sostener como idea fundamental, herética para aquellos tiempos, que el proceso de la independencia peruana estuvo determinado íntegramente por intereses extrarregionales... En
1972 los historiadores Heraclio Bonilla y Karen Spalding, al publicar trabajo
tan original ("La Independencia en el Perú: las palabras y los
hechos") en la obra colectiva publicada por el Instituto de Estudios
Peruanos "La independencia en el Perú" (Lima: I.E.P ediciones, 1972),
que presenta trabajos tanto o más novedosos y trascendentes como los de Pierre
Chaunu, Tulio Halperin Donghi, E.J. Hobsbawm y Pierre Vilar), causaron una gran
conmoción en el ámbito intelectual vinculado al campo histórico al sostener
como idea fundamental, herética para aquellos tiempos, que el proceso de la
independencia peruana estuvo determinado íntegramente por intereses
extrarregionales, básicamente por los intereses comerciales y financieros de
Inglaterra, de tal manera que la independencia no podía ser analizada ni
interpretada como un proceso interno, como producto de un largo proceso de lucha
por ella, sino que le fue impuesta a los peruanos, quienes realmente no la
deseaban, por no convenirles la separación con relación a España. Según
esta interpretación los peruanos consideraban que permaneciendo fieles a España
tenían mucho más que ganar, o por lo menos mucho menos que perder. Esta posición
historiográfica analiza críticamente la participación de las elites criollas
en el proceso de la independencia y de los inicios de la etapa republicana. En
lo medular planteaba que la independencia fue concedida a los peruanos por el ejército
de San Martín, es decir que tuvo que llegar desde fuera debido a que la
sociedad peruana virreinal carecía de una clase dirigente consciente de sus
intereses y por lo mismo incapaz de formular un proyecto político alternativo
al colonial. Otra es la opinión, por ejemplo, de Jorge Bracamonte quien en su
ponencia "La formación del proyecto aristocrático: Hipólito Unanue y el
Perú en el ocaso colonial" (Lima, 1996), señala que la mencionada
incapacidad de las elites criollas para conducir los destinos del Perú no es
del todo cierta. Ocurre, nos dice J. Bracamonte, que la toma de conciencia y
formulación de proyectos de estos grupos no pasaba en lo fundamental por una
ruptura abierta con la metrópoli. Por el contrario, fueron los sucesos
acontecidos durante la coyuntura de la independencia, los que terminaron por
frustrar el paciente proyecto que los criollos venían gestando desde por lo
menos las dos últimas décadas del siglo XVIII". Ya tendremos oportunidad
para analizar la concepción de Bracamonte. Tratemos,
por ahora, de comprender en lo sustancial los argumentos de la posición de
Bonilla, Spalding y otros. Heraclio Bonilla en el tomo VI de la Historia del Perú
publicada por Mejía Baca, al igual que Virgilio Roel, reafirma sus puntos de
vista de 1972, aunque como veremos presenta ya algunos matices. Es básico
saber que en aquellos tiempos (siglo XVIII y comienzos del XIX) el imperialismo
inglés buscaba expandirse cada vez más, abrir nuevos mercados para su pujante
industria, tan necesitada de ellos. Hobsbawm nos dirá que "Inglaterra tenía
buenos motivos para favorecer la independencia de Latinoamérica y para «abrir»
China". España era poseedora de un vasto imperio y por supuesto los
intereses económicos ingleses tenían que ambicionar esos potenciales mercados
para su producción manufacturera, cerrados en virtud del monopolio comercial,
el cual, como es lógico suponer tenía que beneficiar no sólo a ciertos
sectores sociales de España sino también de Hispanoamérica, especialmente de
Lima, pero, como señala muy bien Nelson Manrique, "perjudicaba fuertemente
a las burguesías de los dominios del interior y de la vertiente oriental del
virreinato". Esto explica porqué era tan bien recibido el contrabando inglés
por la costa atlántica. Si,
como se ha afirmado, cierto sector de nuestro grupo comercial se beneficiaba con
el monopolio, en cambio "las pujantes burguesías comerciales del litoral
Atlántico tenían mucho que perder con el mantenimiento del orden colonial y en
cambio tenían todo por ganar con su cancelación. Por decirlo de una vez: la
clase dominante limeña vivía en una condición de abierta dependencia
estructural de los privilegios coloniales; de allí su fidelismo a ultranza, que
la llevaría a jugar todas las cartas para mediatizar el proceso emancipador y
terminaría finalmente con su liquidación como clase, como consecuencia de la
crisis originada por la independencia". Es
incuestionable, como bien lo han precisado no sólo Bonilla y Spalding sino
también Virgilio Roel, que la aristocracia criolla peruana se adhirió al
fidelismo. Abascal, innegablemente el "prior del convento colonial
americano" pudo actuar eficazmente contra los movimientos separatista
hispanoamericanos no sólo gracias a su innegable gran habilidad, sino porque
teniendo el poder político éste era realmente un poder político efectivo
porque contaba con el poder militar y financiero, toda vez que dichos poderes se
encontraban en manos de los criollos ricos, los cuales integraban los cuadros de
mando del ejército colonial realista. Como nos lo recuerda Virgilio Roel las
tropas del Alto Perú estaban comandadas por dos criollos: Goyeneche y Tristán.
Algo más, el "Regimiento de Voluntarios Distinguidos de la Concordia Española
del Perú" organizado por Abascal en 1811 fue financiado por los grandes
comerciantes de Lima y su cuadro de oficiales estuvo integrada por los más
destacados miembros de la aristocracia capitalina. Tal es la importancia de este
Regimiento en su lucha contra el proceso separatista Hispanoamericano, que a
Fernando de Abascal se le otorgó el título nada menos que de Marqués de la
Concordia. Pero no fue el único regimiento financiado e integrado por los
criollos, es también el caso de los Dragones de Carabayllo. Todo esto permite
concluir a Roel que "si bien el virrey tenía el poder político, el poder
militar efectivo estuvo en manos de la aristocracia criolla, principalmente de
Lima, Arequipa y Trujillo". Por
otra parte, como es fácil concluir, los criollos poseían el poder económico,
que en gran medida se hallaba supeditado del Tribunal del Consulado, llamado por
entonces la "universidad de los mercaderes" y que representaba la política
y conducta monopolista del capitalismo mercantil español. En la época de oro
del monopolismo hispánico, en el Consulado se encontraban los poderosos señores
que controlaban todo el comercio sudamericano, desde Panamá hasta el Cabo de
Hornos, los cuales se valían de los corregidores para colocar sus mercaderías
entre los indígenas. Como su riqueza provenía del comercio monopolista, los
miembros del consulado se opusieron decididamente al libre comercio, combatieron
el contrabando y entraron, por intereses contrapuestos, en pugna con la burguesía
comerciante del sur y del norte y es por ello que no vieron con buenos ojos la
creación de los virreinatos de Nueva Granada y del Río de la Plata. Esto así
mismo explica el porqué cuando la burguesía comerciante norteña y sureña
luchaba por la independencia en el virreinato, porque así le convenía a sus
intereses económicos, los miembros del tribunal del consulado limeño, también
porque así convenía a sus intereses, abrazó la causa realista. ¿Se
equivocaron de causa? Por supuesto. Pero esto lo podemos evaluar hoy, que
analizamos el pasado conociendo el curso de su evolución y, por otra parte,
algunas veces con conceptos que no fueron de la época, lo cual afecta,
necesariamente, la objetividad del análisis. A
pesar de todo lo expuesto, resulta carente de objetividad el no reconocer o
querer minimizar la existencia de intelectuales que atisbaron los errores del
sistema imperante y que por lo mismo hicieron análisis críticos muy valioso,
llegando algunos de ellos a transitar del simple fidelismo reformista al
liberalismo separatista. Tendremos oportunidad de analizar, aunque sucintamente
la tesis de Jorge Bracamonte acerca de la existencia, realmente, de un proyecto
criollo de tipo aristocrático, de tal manera, como sostiene Bracamonte que
"Es injusto entonces pretender que la elite criolla fue incapaz de formular
propuestas de carácter político…" Como se ve esta es ya una crítica a
las posiciones de Bonilla, Spalding, etc. y que matiza el análisis de la
problemática de la independencia peruana, que algunos pretenden desconocer,
presentando como verdades indubitables, las que realmente no lo son. Viscardo,
por ejemplo, un criollo que innegablemente no pertenecía al sector poderoso
económicamente, invocaba como una de las causas para la separación los
intereses contrapuestos: lo que era bueno para España no lo era para sus
colonias. En su célebre Carta, leemos: "…Necesitamos (los criollos, según
el contenido de la carta) esencialmente un gobierno que resida entre nosotros
para distribuirnos los beneficios, que son el objetivo de la unión social;
depender de un gobierno alejado a tres o cuatro mil millas de nosotros es lo
mismo que renunciar a dichos beneficios; y tal es el interés de la corte de
España que sólo aspira a dominar nuestras leyes, nuestro comercio, nuestra
industria, nuestros bienes y nuestras personas, para sacrificarlo todo a su
ambición, a su orgullo y a su codicia". Debemos
señalar que gracias al profesor Merle Simmons hoy poseemos una visión mucho más
certera del pensamiento de Viscardo a través de su relativa copiosa obra.
Algunos de estos trabajos nos revelan un Viscardo conocedor de las doctrinas
económicas de su tiempo, además de un amplio conocedor de los sucesos que le
tocó vivir, como podemos apreciar, por ejemplo, en su "Ensayo sobre el
comercio hispanoamericano" o en la "Situación de la América Española
y la estrategia para lograr su independencia". Similar
es el caso de otro criollo, éste sí de una posición económica alta. Nos
estamos refiriendo a José de la Riva Agüero quien en su "Manifestación
histórica y política de la revolución de la América y más especialmente de
la parte que corresponde al Perú y Río de la Plata" señala también como
una de las causas para separarse de España los intereses contrapuestos. Riva Agüero
escribe: "Que los intereses de la Península están diametralmente opuestos
con los de la América; que para que aquella prospere es preciso que esta
permanezca en cadenas"(causa 1). Y en la causa 3 señala: "Que el
monopolio de la Península les impide a todos (se refiere a los criollos) el
comercio libre y les pone mayores trabas al expendio de sus preciosos
frutos". Estas
pocas y breves citas la hemos hecho, porque resulta realmente inaceptable no
reconocer que, incluso en el sector criollo en el cual se incubó y llegó a
tomar realmente forma un reformismo fiel a la metrópoli, sus críticas al
sistema colonial e incluso sus proyectos de reformas, contribuyeron sin saberlo
y de seguro aún sin quererlo, al proceso separatista. Es inconcebible que análisis
que pretenden ser serios y supuestamente novedosos no tengan en cuenta las
nuevas investigaciones, las novedosas interpretaciones, como por ejemplo la de
Jorge Bracamonte con relación al proyecto aristocrático de los criollos. Así
como tampoco estudios tan acuciosos y perspicaces como los de Scarlett O'Phelan
G. o los de Núria Sala i Vila, sobre todo con relación a la gran convulsión
del virreinato peruano, sobre todo, aunque no exclusivamente, en la parte sur,
así como en el Alto Perú. Siguiendo
con un análisis sucinto del pensamiento criollo, encontramos que en el
"Estado Político del Perú" de Victorino Montero, poderoso criollo
que había logrado una enorme fortuna como corregidor en Piura, existe especial
énfasis crítico con relación a la corrupción administrativa y en el descuido
e indiferencia de España por la nobleza peruana (como certeramente señala
Pablo Macera, Montero es el representante del resentimiento aristocrático
frente a las reformas administrativas y económicas de los borbones). Pablo
Macera ha estudiado el reformismo de José Bravo de Lagunas, también connotado
miembro de la nobleza criolla, Macera señala que Bravo de Lagunas, a diferencia
de Montero, no adoptó una actitud de cerrada defensa de la aristocracia, sino
que puso énfasis en la crítica del aspecto económico del virreinato peruano.
Señaló los peligros, para la economía virreinal peruana, de su dependencia
con relación a Chile, en lo que se refería a la importación de trigo para el
consumo básicamente limeño, que pudo haberse originado en un primer momento
por cuestiones climáticas de fines del siglo XVIII y comienzos del XIX, pero
que se mantuvo por intereses estrictamente económicos en la medida que tanto
peninsulares como criollos, entre los que se encontraban grandes comerciantes,
propietarios de navíos y dueños de plantaciones de caña azucarera, amasaron
enormes fortunas exportando azúcar peruana a Chile e importando trigo chileno.
Como señala Macera, el transporte del azúcar resultaba más barato puesto que
los buques traían de regreso el trigo como cargamento. Bravo
de Lagunas, familiarmente vinculado con muchos de los que prosperaban con dicho
negocio, a pesar de ello señaló sus peligros para la economía virreinal
peruana, la cual, según él, tenía que ser reorientada protegiendo y
fomentando la agricultura como base de todos los sectores y, por otra parte,
preferir el producto peruano al extranjero, es decir fisiocratismo y
proteccionismo. En
primer lugar se tiene que comprender, y esto es algo obvio pero que tiende a
olvidarse o minimizarse, que el Perú de fines del siglo XVIII y comienzos del
XIX no lo podemos reducir al consulado limeño ni tampoco al sector socioeconómico
dominante. No se puede reducir el virreinato peruano a solo el grupo criollo,
por más poderoso que fuera cierto sector de sus miembros de Lima, Trujillo y
Arequipa. Por otra parte, como bien lo señala Fernando Silva Santisteban,
"Los criollos no constituyen un grupo homogéneo, especialmente en lo que
se refería a sus intereses económicos. Se hallaban dedicados a diferentes
actividades y ocupaban distintas posiciones en la escala social. Los criollos
estaban dedicados al comercio, a la minería o eran terratenientes… Los
comerciantes limeños del Tribunal del Consulado ejercían el monopolio
comercial, tenía el control del tráfico mercantil, financiaba la explotación
de las minas, habilitaban a los corregidores, etc. Naturalmente, este sector de
la élite criolla peruana fue fiel a la corona y trató por todos los medios de
mantener su situación privilegiada, contribuyendo con préstamos y donaciones a
sufragar los gastos que demandaba la represión de los movimientos separatistas. Pero
existía otro sector de criollos, tanto en Lima como en provincias, que no
gozaba de los privilegios, ni de las ventajas económicas de la élite criolla
limeña, ni había accedido a los altos puestos de la burocracia estatal. Estaba
conformado por comerciantes de menores recursos, funcionarios de segundo orden,
artesanos prósperos y, sobre todo, profesionales liberales, maestros, curas e
intelectuales. Fue este grupo de criollos que vio primero en el régimen de
libertades y después en la colaboración y en el separatismo, la satisfacción
de sus aspiraciones o la realización de sus ideales. Fue este segundo grupo de
criollos el que justifica la independencia y le da forma y coherencia al proceso
emancipador".(1) Pablo
Macera en su trabajo "Tres etapas en el desarrollo de la conciencia
nacional" señala que las dos primeras etapas de este proceso se dieron en
el siglo XVIII y es cuando se gestan las doctrinas de la revolución. Y aquí
hay algo que es muy importante enfatizar. Macera expresa que si no se hubiese
dado dicho proceso, entonces se podría considerar la independencia peruana como
una tarea de los extranjeros. José
De La Puente Candamo ha hablado de la tendencia a la reforma, del afán crítico
a todo el sistema, que se agudiza a fines del siglo XVIII y comienzos del XIX.
La tendencia de la dinastía borbónica a considerar América como posesiones y
colonias (a diferencia de los Austrias que, por lo menos en teoría,
consideraban al virreinato peruano como provincia predilecta) hace comprender a
los criollos que sus intereses ya no son los mismos que España. Por otra parte,
como ya se ha señalado reiteradamente, dichas reformas borbónicas favorecían
a Buenos Aires y perjudicaban al Perú, muy especialmente a Lima. Como
podrá apreciarse no es tan simplista el problema sobre las características que
tuvo el proceso separatista peruano. Que hubo un sector social (grupo de
personas de innegable poder económico) que no deseaba la independencia porque
consideraban que no convenían a sus intereses personales y de grupo, nadie lo
ha negado, mucho menos después de análisis tan lúcidos como los de Bonilla,
Spalding, Roel, entre otros. Pero el problema es más complejo de lo que algunos
pretenden presentarlo, desconociendo todos los aportes que se han hecho
justamente después de presentada y fundamentada la tesis de Bonilla. Sobre todo
teniendo en cuenta que el propio Heraclio Bonilla escribiera lo siguiente:
"Que fuera necesario el apoyo argentino y colombiano para lograr la
separación del Perú de España no significa la inexistencia de esfuerzos
locales por la independencia antes y durante el contexto de la emancipación.
(el remarcado es nuestro) Esto es un problema que constituye todavía el
territorio privilegiado de la historiografía nacional, cuyos exponentes en su
gruesa mayoría han subrayado la activa "participación peruana" en
las luchas por la Emancipación. Desgraciadamente, los términos en que ha sido
planteado este problema encierran un conjunto de confusiones que es
indispensable esclarecer". La
sociedad colonial americana, nos señala Bonilla, fue el resultado de la
violencia, del expansionismo europeo a partir de fines del siglo XV y comienzos
del XVI. Era lógico que la nueva organización se tradujera en la oposición
entre el vencido y el vencedor; estado de intereses contradictorios que se fue
cuestionando a lo largo de los siglos de dominación colonial, hasta que en el
siglo XVIII la dinastía borbónica, fundamentalmente con Carlos III, elabora
reformas al interior de la economía española y de sus colonias americanas con
el propósito de elevar el crecimiento de la primera. Como dice Bonilla, a quien
venimos citando casi textualmente: "En
sentido estricto se trataba de una segunda conquista de América en beneficio de
la administración imperial, puesto que el fortalecimiento interior de los
colonos americanos se había gestado a costa de los intereses de la Metrópoli.
Las medidas que tomaron los borbones, afectaron por consiguiente, aunque de
manera desigual, al conjunto de los estamentos coloniales. A los criollos,
porque les retiraba un conjunto de privilegios que habían venido apropiándose;
a los indios y a los mestizos, porque agravaba aún más su ya deteriorada
condición económica". (2)
Luis Miguel Glave ha señalado que la constante de la huella del hecho bélico
desde el nacimiento del sistema colonial, marcó las relaciones culturales y de
poder entre los distintos estamentos de la sociedad colonial. La aparente
tranquilidad de los siglos XVI y XVII, después de toda la violencia que
significó la conquista, violencia que tuvo fases y matices muy especiales, se
debió, según Glave, "a un acuerdo o adaptación dentro de determinados márgenes
de negociación colectiva. Cuando ellos se rompieron, ya entrado el siglo XVIII,
la guerra volvió a presentarse, (es mejor decir que recrudeció, se exacerbó),
tanto en los campos de batalla como en los imaginarios colectivos. Una nueva
guerra larga, entre 1742 en que empezó y 1780 - 1782 cuando el reino todo entró
en convulsión. Fue una guerra inconclusa, las causas de su estallido no se
erradicaron, sólo se postergaron,…" Para
Bonilla, la derrota del movimiento de Túpac Amaru II significó no solo el fin
del movimiento nacional indígena en su lucha por la independencia, sino que
permitió a la elite criolla y a la administración colonial, tomar conciencia
sobre la peligrosidad de la insurgencia indígena. Para Bonilla este hecho marca
una ruptura, pues en adelante la lucha por la independencia se desplazará hacia
el sur (Argentina) y hacia el norte (Venezuela). Esta afirmación no es
totalmente exacta, porque sin mayores explicaciones podría creerse que después
de 1780 - 1781 desaparece el clima de insurgencia en el virreinato peruano y
ello no es cierto como tendremos oportunidad de ver más adelante, cuando veamos
como siguió existiendo un ambiente de insurgencia que se manifestó en intentos
fallidos y en verdaderos movimiento que aunque no tuvieron la resonancia de los
movimientos del norte y del sur, no significa que debemos desconocerlo
totalmente o minimizarlos, sino que tenemos que tratar de comprender del porqué
de la singularidad de la lucha por la independencia en el Perú. Volvamos
nuevamente al papel de los criollos ricos, especialmente limeños. Que los
criollos creyeran que sus intereses se verían afectados con la independencia,
en el hipotético caso de un triunfo indígena peruano o criollo foráneo, no
significa, volvemos a repetir, que todo el Perú estuviese de acuerdo con ello.
Son innegables los criterios contrapuestos que tuvieron los criollos de Buenos
Aires, Nueva Granada, Chile, Caracas, Quito y Charcas, con relación a los de
Perú y fundamentalmente con los de Lima, Trujillo y Arequipa. Si esto es
innegable, lo es también que los criollos no ricos y provincianos del
virreinato peruano sí fueron partidarios de la independencia. La prueba de esto
lo tenemos, como bien señala Virgilio Roel, en las publicaciones de Lima, la
junta del Cuzco de 1814, la insurgencia de Tacna y las conspiraciones que no
llegaron a cuajar (Aguilar y Ubalde, Zela, etc.). Roel nos dice: "…
asimismo, el pueblo peruano siempre fue partidario de la independencia y su
lucha por ella es la más prolongada y sacrificada que muestra América. (3)
Y un poco más adelante se ratifica en lo dicho: " Los criollos ricos de
Lima y Arequipa y sus correspondientes cabildos, adoptaron una posición
colonialista apoyando el papel de policía colonial llevado a cabo por el
virreinato de Lima. El pueblo peruano, en cambio, fue siempre partidario de la
independencia". (4) Consideramos
que es exagerado afirmar que el pueblo peruano fue siempre partidario de la
independencia. ¿A quiénes nos referimos como pueblo o pueblo llano? Obviamente
a todos aquellos que no pertenecían al sector criollo o peninsular rico. Pero
es inexacto afirmar que todos ellos estuvieron por la independencia, aunque sus
intereses se vieran favorecidos por ella. Porque aquí entra el problema de
conciencia de clase y de la distorsión de aquello que realmente conviene en
función a la ideología predominante en una sociedad en un momento dado. Es por
ello que no podemos sostener que en todo el pueblo se formó una conciencia
anticolonialista, porque si no cómo explicar, por ejemplo, la lucha de indios
contra indios incluso en los movimientos indígenas. Acaso no sabemos de tantos
caciques que estuvieron al lado realista en la lucha contra el movimiento de Túpac
Amaru II. Y de estos caciques no se puede decir que fueron arrastrados a dicha
lucha, contra su voluntad, por las fuerzas represivas coloniales. Estos caciques
iban con su propia gente, es decir con indios. Esta participación de indios y
mestizos en ambos bandos es por todos conocida. Por ello se sostiene que no sólo
la conquista fue una guerra de indios contra indios, sino también la guerra
separatista. Sin embargo esto no nos debe llevar a conclusiones apresuradas y
erróneas. Es normal en todas las sociedades de todos los tiempos esta falta de
conciencia en la mayor parte de los grupos dominados, debido a la influencia de
la ideología del grupo que detenta el poder económico, político y cultural. El
proceso separatista peruano o guerra por la soberanía nacional, como prefiere
denominarlo el historiador Edmundo Guillén Guillén, cubre un periodo bastante
amplio. Si consideramos en su exacta dimensión lo que fue básicamente la
conquista, una invasión, el proceso separatista tomó, por lo menos en su
vertiente primigenia, es decir indígena, un carácter de reconquista, que
comienza inmediatamente después de la invasión hispana, aunque fue un proceso
frustrado que alcanzó su punto climático con el movimiento de Túpac Amaru II,
el cual a su vez marca una cierta relativa ruptura en dicho proceso, porque con
posterioridad a dicho movimiento los que le seguirán cronológicamente serán
ya en el siglo XIX y el mando ya no estará en manos del grupo dirigente indígena
(caciques) sino de criollos. Por eso Glave afirma que fue una guerra inconclusa
cuyas causas no se erradicaron, sólo se postergaron para aparecer
intermitentemente en otros momentos de la historia de los países andinos. Tiene
razón Edmundo Guillén Guillén, como señala en su ponencia presentada en el
"I Seminario sobre nueva historia de Cajamarca"(Agosto de 1992) y en
el "Congreso Nacional de Etnohistoria: V Centenario"(Octubre, 1992),
que los testimonios arqueológicos y etnohistóricos demuestran que la historia
del Perú de raíz andina es una continuidad en el espacio y en el tiempo. Como
nos lo recuerda Jorge Bracamonte, ya en 1982 y 1983 Bernard Lavallé destacó la
importancia del espacio dentro de la reivindicación criolla. Volveremos al
respecto más adelante. Sigamos
con el planteamiento de Guillén Guillén para quien el 16 de noviembre de 1532,
fecha de la captura de Atahualpa por los españoles, sólo significó el fin de
la rebelión quiteña y de la lucha entre dos sectores de la aristocracia inca
por el poder, pero de ninguna manera significó el final del Tahuantinsuyo. Juan
José Vega en su libro "Los incas frente a España. Las guerras de la
Resistencia: 1532 -1544" (Lima,1992), analiza con mucha meticulosidad el
periodo de la resistencia comprendida entre 1532 y 1535, correspondiente básicamente
a la resistencia quiteña o del grupo atahualpista, en tanto que tan sólo un
capítulo (el IX) le dedica a la resistencia cusqueña dirigida por Manco Inca,
tal vez porque en otros libros dedicados a este personaje analiza su movimiento
y que ha vuelto analizar en una nueva edición de su Manco Inca (Lima, 1995).
Debemos señalar que el período de la resistencia 1545 - 1572 es muy
interesante y requiere de un análisis minucioso. Por supuesto que contamos con
el libro de Edmundo Guillén "La guerra de la reconquista inca. Vilcabamba.
Epílogo trágico del Tawantinsuyo" (Lima,1994). Y últimamente Liliana
Regalado de Hurtado ha dedicado un estudio muy importante a Titu Cusi Yupanqui. (5) De
lo anteriormente citado se puede deducir que para historiadores como Edmundo
Guillén el proceso de la independencia no comienza en 1820 como algunos
sostienen, sino siglos atrás. Incluso Edmundo Guillén señala como fecha del
inicio de dicho proceso el 6 de mayo de 1536, cuando se produjo el ataque inca a
la ciudad del Cusco, tal como lo había intuido Jorge Basadre en sus trabajos
sobre la independencia peruana. En realidad dentro de esta perspectiva se tendría
que retroceder la fecha hasta 1532, porque no podemos ignorar el intento del
grupo atahualpista de querer expulsar a los españoles. Este proceso de
reconquista inca fue realmente sin tregua y ello en palabras de Edmundo Guillén
"refuta la infortunada y errada afirmación: que nuestra «independencia»
no fue obra de peruanos sino «concedida» por aliados extranjeros. Desatino sin
asidero histórico, refutado con sobria erudición por Jorge Basadre y
definitivamente por los nuevos y fehacientes documentos que prueban la
participación popular en esta lucha en el siglo XVII, XVIII y XIX, con la gesta
heroica de los Thupa Amaru, los hermanos Angulo, Pumakawa, los guerrilleros y
tropas de línea en las acciones bélicas de 1820 a 1824". Guillén
Guillén señala cuatro grandes intentos bélicos en este largo proceso de
reconquista inca. El primer intento tiene dos etapas: la primera, el movimiento
de Manco Inca hasta su asesinato en manos de los españoles, y la segunda, la
guerra dirigida por sus hijos Sayri Túpac, Titu Cusi Yupanqui y Túpac Amaru I,
que terminó con la muerte de éste último personaje el 23 de setiembre de
1572. El
segundo intento es el movimiento de Juan Santos Atahualpa (1742 - 1756). El
tercero, la insurgencia de Túpac Amaru II y Diego Cristóbal (1780 - 1781), que
ha sido estudiada en forma magistral, por Juan José Vega en su "Túpac
Amaru y sus compañeros". Es
importante señalar que estos movimientos señalados sólo constituyen la parte
visible del iceberg del movimiento nacional inca, que ya en 1954 mereciera un
inteligente análisis por parte de John Rowe (Su artículo que publicara en la
Revista Universitaria del Cuzco ha sido incluido en la importantísima antología
preparada por el propio Rowe con el título «Los Incas del Cusco. Siglos
XVI-XVII- XVIII” publicado por el INC Región Cusco, 2003). Es
importante señalar que en 1946 estos movimientos habían sido
estudiados Carlos Daniel Valcárcel en su libro "Rebeliones indígenas
peruanas" el cual marca un hito inicial en este historiador peruano, quien
se especializaría en el estudio de Túpac Amaru II y su trascendental
movimiento.. Es
en realidad una cantidad muy considerable de movimientos los que estallaron
desde las latitudes ecuatoriales hasta los confines de la región del Collao y
que numerosos especialistas vienen estudiándolos, destacando por su perspicacia
en los enfoques los estudios de las historiadoras Scarlett O’Phelan y Núria
Sala i Vila. El cuarto intento es el de 1814 - 1815 del Cusco de los hermanos
Angulo y Pumacahua. Como señala Edmundo Guillén, en agosto de 1814 se proclamó
por vez primera la independencia oficial del Perú en el Cuzco, convirtiéndose
esta ciudad en la capital del nuevo imperio americano designado con el nombre de
"Imperio de los Dos Mares" o "De los Dos Soles", sobre la
base de todos los dominios hispanos de América. (6) De
la secuencia diacrónica de los intentos peruanos señalados, se desprende que
los sucesos de 1820 a 1824 fueron tan sólo la culminación histórica de la
tricentenaria lucha del Perú por reconquistar su antigua soberanía política y
acabar con el colonialismo español. Las ponencias de E. Guillén a las cuales
hemos hecho referencia terminan con las siguientes palabras: "Lo expuesto
sucintamente, vindica la gesta épica del Perú de mayo de 1536 al 9 de
diciembre de 1824, acaba con el mito que el Perú nada hizo por su libertad y
prueba también que en la historia continental, el Perú fue el primer y el más
tenaz protagonista de la libertad americana…" Él
nos dice: "… el deseo y los esfuerzos por liberarse de la dominación
hispánica estuvieron presentes desde el momento mismo de la conquista y se
manifiesta a lo largo de todo el coloniaje en innumerables formas de reacción.
Desde las más poderosas tentativas de "reconquista, como se ha llamado a
la heroica resistencia de los incas de Vilcabamba, se sucedieron numerosos
intentos de liberación que han sido minimizados o desconocidos por la historia
tradicional, tales como la rebelión de los indios y negros de Vilcabamba (1602)
que acaudilló Francisco Chichime; la de los indios ochozumas de Chucuito
(1632); la de los indígenas de Cajatambo (1663); el de Chucuito (1632); la de
los indígenas de Cajatambo (1663); el conato de Lima, descubierto en 1667
encabezado por Gabriel Manco Cápac; la rebelión de los indios de Uros y
Urquitos en los totorales del Desaguadero; el conato de 1765 de los artesanos
indígenas, barberos y silleros de Lima; las revueltas antifiscales del norte
del Perú, más de doce, entre las que se cuentan las de San Marcos (1730) y Uco
(1735), en Cajamarca, Pueblo Nuevo de Saña (1764), de Santiago de Chuco (1773),
los movimientos de Quiquijana, Chumbivilcas, Maras y Urubamba entre 1775 y 1778;
y muchísimos otros, sin contar las frecuentes sublevaciones aisladas contra los
abusos de españoles, criollos y mestizos en los obrajes, algunas de las cuales
alcanzaron significativas proporciones, como fueron la de 1565 del obraje de la
Mejorada (Jauja), las de 1756, 1784 y 1794 en los obrajes de Uzquil, Carabamba y
Julcán, en Huamachuco, o la de 1768 en el obraje de Pichuichuru, en la
provincia de Abancay, etc, etc. También se produjeron movimientos mesiánicos
como el Taqui Oncoy de 1565. Otros
movimientos fueron francamente separatistas: la rebelión del mulato Alejos
Calatayud en Cochabamba, en 1730; la de Juan Vélez de Córdova, en Oruro en
1739, la de Juan Santos Atahualpa (1742-1756) en Huánuco y Junín; la de
Huarochirí en 1750; la de Farfán de los Godos en el Cuzco y por sobre todo la
de Túpac Amaru II (1780-1781) En
el siglo XIX también se dieron importantes movimientos, incluso con influencia
innegable del movimiento de Túpac Amaru II, lo que descarta la interpretación
de que el movimiento de Túpac Amaru II no tuvo vinculación directa con la
independencia, como algunos estudiosos pretenden, llegando incluso a sostener,
hecho que es válido sólo en parte, innegablemente,
que este movimiento sirvió mas bien para coligar a españoles, criollos
y mestizos ante lo peligrosos que podía significar el triunfo de un movimiento
netamente indígena. Sin embargo no se puede negar que en el intento, fallido
por supuesto debido a la delación de un tal Mariano Lechuga, del Cusco de 1805
liderado por Aguilar y Ubalde y en el cual participara el cacique Cusihuamán,
los líderes se proclamaron descendientes de los incas Los
valiosos y muy originales estudios de la historiadora Scarlet O'Phelan
demuestran que realmente existe una conexión histórica entre los
levantamientos indígenas del siglo XVIII (que ella los estudia más allá de
las fronteras políticas de Perú y Bolivia actuales) y la independencia. Por
otro lado, la citada estudiosa sostiene que a partir de las reformas borbónicas,
los sectores criollos y mestizos comenzaron a buscar insistentemente una salida
alternativa al gobierno de la metrópoli, tratando de sacar provecho de las
coyunturas «propicias» para materializar su intento. Dentro
del proceso separatista se pueden diferenciar tres grandes etapas: -
Reacción e intento de reconquista Inca: siglos XVI y XVII -
Fase de "incubación" de la independencia: siglo XVIII -
Fase explosiva de la independencia: 1780 -1824/1826 El
siglo XVIII constituye realmente la etapa en la cual se incuba la independencia
tanto peruana como en general Hispanoamericana. El enfoque en el estudio del
siglo XVIII ha venido ganando, desde hace ya varias décadas atrás, mayor
objetividad, en la medida que es estudiado por el valor que encierra en sí y no
tan sólo como un simple antecedente de la revolución hispanoamericana y
peruana. Importante es, por ejemplo, el estudio de Arthur P. Whitaker titulado
"La historia intelectual de Hispanoamérica en el siglo XVIII", así
como también el de Aurelio Miró Quesada S. "Anverso y reverso del siglo
XVIII". Otro trabajo muy importante y centrado en Lima es el de María
Pilar Pérez Cantó titulado "Lima en el siglo XVIII: Estudio socioeconómico"
publicado en 1985 por la Universidad Autónoma de Madrid. Sin
embargo es innegable que la trama histórica lleva a Hispanoamérica del siglo
XVIII a una etapa de diferenciación, en la cual se va tomando conciencia de ser
algo muy diferente a la metrópoli e incluso como algo cuyos intereses sobre
todo económicos son contrapuestos. Ya hemos señalado como Bernard Lavallé
analizó el papel jugado por el espacio en la reivindicación criolla. Ver del
citado autor "El espacio en la reivindicación criolla del Perú
colonial" publicado en 1983 y el publicado un año antes con el título de
"Concepción, representación y papel del espacio en la reivindicación
criolla en el Perú colonial"). Para Lavallé el redescubrimiento del
espacio americano -a mediados y fines del siglo XVIII- permitió no sólo la
realización de un inventario de las riquezas del país, sino que permitió
desarrollar una nueva concepción del Perú. Como nos dice Jorge Bracamonte,
"Esta novedosa actitud iría definiendo, a partir del reconocimiento de la
existencia de un espacio y de una historia singulares, la identidad de «lo
peruano»". (7) Viscardo,
en su célebre Carta, escribe: "El nuevo mundo es nuestra patria, su
historia es la nuestra…" "Los intereses de nuestro país, no siendo
sino los nuestros, su buena o mala administración recae necesariamente sobre
nosotros, y es evidente que a nosotros solo pertenece el derecho de ejercerla, y
que solos podemos llenar sus funciones, con ventaja recíproca de la patria y de
nosotros mismos". "En fin, bajo cualquier aspecto que sea mirada
nuestra dependencia de la España, se verá que todos nuestros deberes nos
obligan a terminarla". Últimamente
Jorge Bracamonte haciendo un análisis novedoso y muy inteligente de Hipólito
Unanue, retoma el concepto del espacio en la formación de la conciencia
nacional y señala como se transita hacia los planteamientos económicos.
Bracamonte afirma: "Esta relación de continuidad es evidente en el caso de
Unanue. Éste, primero se preocupa por el estudio de las potencialidades
naturales del espacio peruano con el objeto de comprender las posibilidades que
sustenten el desarrollo futuro del país, y segundo, intenta - sobre la base de
lo anterior - definir de manera pragmática los «modelos» sobre los cuales se
tendría que organizar la economía del país. Unanue critica -veladamente- el
monopolio mercantil que privilegió a la metrópoli en el intercambio con sus
colonias americanas, calificándolo de injusto. Pero al mismo tiempo, cuestionó
el reciente libre comercio que beneficiaba principalmente a los europeos.
Bracamonte, a quien venimos siguiendo en su argumentación, cita a Unanue:
"Las disputas de una libertad desatinada y un monopolio injusto, aún no
hemos hallado el medio de que nuestros fieles aliados no se lleven el dinero del
Perú por Panamá dejándonos estancados los frutos. Ellos nos dejarán en paz
con sus pretensiones mercantiles, mientras que le dejemos nosotros llevarse
tranquilamente el dinero". En el particular caso de Unanue, es incorrecto
ver exclusivamente la posición que favorece los intereses del grupo mercantil
limeño, detrás de estos planteamientos subyacen los antecedentes del
proteccionismo económico que sería hegemónico en la décadas siguientes, con
la consolidación de la república". Vinculado
con el espacio está relacionado la evolución del concepto de patria, de Perú
y peruano. La palabra peruano comienza a proliferar a fines del siglo XVIII y
comienzos del XIX, sobre todo en los periódicos: Mercurio Peruano, Minerva
Peruana, El Telégrafo Peruano, El Peruano, El Verdadero Peruano, El Satélite
del Peruano, El Peruano Liberal, etc. En esta primera etapa el término patria
tiene un sentido totalmente inofensivo, pues sólo sirve para identificar al
terruño donde se ha nacido. Pero lentamente el vocablo va tornándose en sinónimo
de partido revolucionario y va a identificar al grupo separatista, en
contraposición con los realistas, los fieles a la metrópoli. El Satélite del
Peruano, periódico cuyo redactor era Fernando López de Aldana marca un hito
fundamental en el concepto de patria, pues considera que engloba al continente
americano dominado por España y que lucha por romper dicha dominación. Es pues
ya un concepto combativo, dinámico y revolucionario y es el que se va a imponer
definitivamente En
el Perú del siglo XVIII se produce un movimiento nacional de liberación indígena,
como lo venimos señalando, capitaneado o liderado por los caciques y que oscila
entre el reformismo, en los moderados, y el separatismo, entre los más
radicales, y que en gran medida concluye, y de forma traumáticamente catastrófica,
con el movimiento de Túpac Amaru II. El peruanista John Rowe ha estudiado con
gran profundidad diversos aspectos de este movimiento nacionalista inca, en
tanto que C. D. Valcárcel estudió con relativa minuciosidad estos movimientos
desde el siglo XVI hasta el XVIII, en su muy importante obra "Rebeliones
indígenas" Pero innegablemente el movimiento de mayor trascendencia fue el
de Túpac Amaru que ha merecido análisis muy profundos por estudiosos de
diversas nacionalidades, como por ejemplo los muy importantes estudios del
argentino Boleslao Lewin: "La rebelión de Túpac Amaru y los orígenes de
la emancipación americana","la insurrección de Túpac Amaru"
"Túpac Amaru, el Rebelde" y "Túpac Amaru: su época, su lucha,
su hado". Es el caso también del uruguayo Julio César Chávez, con su
"Túpac Amaru". En el Perú son varios los historiadores que se han
dedicado al estudio de Túpac Amaru y su movimiento. En 1981 José Antonio del
Busto Duthurburu publicó una obra muy importante, en la cual estudia al
personaje antes de su movimiento. Nos estamos refiriendo a la obra titulada
"José Gabriel Túpac Amaru antes de su rebelión". En 1995 Juan José
Vega, estudioso perseverante de Túpac Amaru y su gran rebelión, le ha dedicado
una valiosísima obra en dos volúmenes, titulada "Túpac Amaru y sus compañeros"
la cual tiene puntos de vistas muy originales. El
movimiento insurgente peruano e hispanoamericano en general del siglo XVIII y
comienzos del XIX está inmerso dentro de lo que hoy se suele analizar como una
gran revolución que agitó a todo el mundo occidental y que incluso rebasó
hacia el oriental, y que significó el inicio del punto climático de la burguesía.
Es necesario no perder este marco para no caer en una visión demasiado
provincial, en la que se deja de ver sus relaciones con el resto del mundo. Todo
esto nos habla de que la generalización de la existencia de un grupo criollo
homogéneo, totalmente cerrado en defensa de sus intereses de clase y por lo
tanto opuesto a la separación, no es del todo cierto y presenta matices que las
últimas investigaciones han puesto de realce. Jorge Bracamonte ha puesto énfasis
en la existencia de un proyecto aristocrático de la elite criolla, que según
el citado estudioso, no fue en realidad un programa que pudiera vislumbrarse a
través de ciertos principios doctrinarios, sino fundamentalmente una actitud
pragmática de ejercicio del poder, muy propia de quienes nunca fueron
totalmente ajenos a él. Esta cercanía al poder -de los representantes criollos
más notables- es lo que permitió definir los rasgos autoritarios y centralista
del proyecto (J. Bracamonte) Lo cierto es que este proyecto aristocrático no
apostó por la separación y no convencida de los beneficios que podían obtener
con la ruptura, apostarían todas sus esperanzas en la vigencia plena de la
Constitución de Cádiz, a diferencia de otras elites criollas Hispanoamericanas
que sí apostaron por la separación. Otro
aspecto importante del proyecto aristócrata es no sólo el nuevo descubrimiento
del espacio geográfico y de sus potencialidades para el desarrollo económico,
sino que estimuló una nueva aproximación al poblador andino con la finalidad
de integrarlo y subordinarlo a un proyecto común. Aunque Cecilia Méndez en su
obra "Incas sí, indios no", señaló que el planteamiento criollo
realmente excluía a la población indígena aunque rescataba y arqueologizaba
el pasado histórico inca. Pablo Macera en su estudio del proceso de la formación
de la conciencia nacional, señaló la recuperación del indio en el discurso
fundamentalmente criollo a fines del siglo XVIII, enfatizando que el
segregacionismo puede apreciarse en el grupo del Mercurio Peruano. Por eso
Macera habla de un nacionalismo criollo y no de un nacionalismo peruano. Nuevos
análisis matizan estas concepciones, señalándose que los criollos se
enfrentaban doctrinariamente frente al problema de que los europeos creían en
su superioridad frente a los americanos (criollos). Esto lleva a Unanue a
plantear el tema de "lo peruano". En 1796 Unanue señalaba que el
reino del Perú se componía de tres naciones primarias: españoles, indios y
negros En Unanue vemos, nos dice Bracamonte, como fue la historia el recurso que
permitió recuperar un pasado utópico para el indígena, al mismo tiempo que
permitió para los criollos la apropiación de una matriz histórica de la cual
carecía. De esa manera la historia devino en un mecanismo integrador de blancos
e indios, que a partir de ese momento podían encontrar en el pasado histórico
inca un lugar común de referencias, al mismo tiempo que les permitiría - hacia
delante - reconocerse parte de proyectos comunes". (Jorge Bracamonte). Ello
explica porqué el proceso de la independencia peruana es continuidad y es
ruptura. Pero
que tuvieron que venir las dos expediciones libertadoras para que se produjera
la independencia del Perú, es un hecho que tampoco puede minimizarse. Lo que
tiene que hacerse es explicar por qué se hizo necesaria dicha ayuda. ¿Por qué
el Perú no pudo conseguir, sin auxilio, como otras regiones de Hispanoamérica,
su libertad? La respuesta a esta interrogante ya ha sido dada por diversos
historiadores, los cuales han señalado varios factores que imposibilitaron que
los peruanos pudieran culminar su proceso separatista sin ayuda alguna. En
primer lugar no está de más señalar la presencia del denominado "Prior
del convento colonial americano" el virrey Fernando de Abascal, quien contó
con un poder político real, porque los criollos y peninsulares peruanos tenían
en sus manos el poder económico y con ellos contó Abascal. El virreinato
peruano con las reformas borbónicas había cedido campo en lo económico, pero
seguía siendo en lo político el centro del poder español, debido a que poseía
una concentración de fuerzas militares que se desconocía en las otras regiones
Hispanoamericanas y ello le permitió, algunos dicen darse el lujo, de no sólo
actuar dentro de su jurisdicción, sino de traspasar fronteras y combatir la
insurgencia en Chuquisaca, La Paz, Quito y Chile, además de impedir el avance
de las fuerzas bonaerenses por el Alto Perú. Y de ello se dio cuenta San Martín,
quien consideró que para asegurar la independencia hispanoamericana era
necesario pasar primero a Chile (es decir no insistir por el Alto Perú) y
colaborar con los chilenos para alcanzar su independencia (Pierre Chaunu
escribe: "El movimiento separatista finalmente vence en Chile, pero con
ayuda extranjera: las tropas rioplatenses de San Martín"), y luego pasar
al Perú y colaborar con los peruanos para conseguir su independencia. Ya en el
Perú incluso buscará la ayuda de Bolívar, tratando de unir fuerzas para
terminar con los realistas peruanos, lo cual demuestra que las fuerzas realistas
peruanas eran numerosas y muy bien preparadas. Auxiliar al Perú no sólo eran
un gesto de altruismo, de fraternidad, sino una necesidad, porque mientras el
Perú no estuviese independizado la independencia de cualquier región
hispanoamericana peligraba. Existe
otro factor que no por poco señalado debe ser desdeñado. Es el referente al
altísimo porcentaje de peninsulares que residían en Lima, es decir en el corazón
del virreinato; grupo éste, como es obvio comprender, eminentemente hostil al
movimiento separatista. En ningún otro lugar fuera de España residían más
españoles que en Lima. Esto significó que los criollos separatistas tuvieron
que hacer frente a un poderoso grupo peninsular adicto y fiel a la corona, que
había formado una cerrada aristocracia que casi monopolizaba la dirección del
gobierno. Sobre esto ha insistido mucho Carlos Neuhaus Rizo Patrón en su
"Reflexiones sobre la emancipación peruana" y en "hacia una
nueva clasificación de los movimientos revolucionarios peruanos previos a la
independencia". Su libro tan interesante "Reflexiones sobre la
independencia" merece un análisis cuidadoso y resulta extraño que a veces
ni siquiera es citado por estudiosos de esta problemática. El
mencionado historiador señala que frente a la población criolla y mestiza los
españoles representaban en México el 2,2% mientras que en el Alto Perú el 1%,
en Chile el 16% y en el Perú el 55%. Como dice Neuhaus Rizo Patrón, al
respecto de este aspecto demográfico: "…el Perú se desata al último
del dominio español porque en síntesis Lima es España y Lima domina al Perú,
como la mujer de Pericles gobierna a Grecia". Semejante concepto vuelve a
utilizarlo en una obra reciente ("Navegando entre Perú y Ancón"
Lima, 1998; p. 38): "…San Martín, a través de sus muchos contertulios y
de inmensurables evidencias ha comprobado que, simple y complejamente, Lima es
España." Y comprensivamente con relación a actitudes propias del pasado
condicionadas por circunstancias fáciles de comprender, añade: "El
sentimiento de lealtad hacia la Corona, que puede se errado no es vergonzante,
sedimenta un peso muy intenso sobre los espíritu peruanos hacia 1821…."
Si a estos factores demográficos y socioeconómicos añadimos la campaña en
contra del ejército libertador y de los posibles agravios que podía ocasionar
dentro de la población limeña, comprenderemos actitudes como la de buscar
refugios en los conventos ante la inminencia del ingreso del ejército patriota
en la ciudad capital, así como también la reacción de los habitantes del
puerto del Callao por la captura de la fragata realista La Esmeralda, por obra
de la escuadra al mando de Cochrane, los cuales el día 6 de noviembre de 1820
mataron a 14 o 16 extranjeros por considerar que la fragata inglesa Hyperion y
la angloamericana Macedonia, ambas de guerra, así como todos los navíos surtos
en el puerto había auxiliado a Cochrane. Esto hace que Pezuela afirme que la
expedición libertadora era más temida que amada. Es
innegable que los criollos de las regiones agrícolas (Argentina, Chile,
Venezuela) no tuvieron que luchar con las poderosas aristocracias que se
formaron en las regiones mineras (Perú y México). ¿Pero
hubiera habido una real "reconquista indígena" que hubiese terminado
en 1780/1781 expulsando a los invasores como ocurrió en 1492 allá en la Península
Ibérica? . Recordemos que los árabes se quedaron en la Península Ibérica
ocho siglos. Sólo en 1492 terminó la reconquista española o aquello que se
solía considerar como "reconquista", considerad en la actualidad más
como "una guerra civil disfrazada de conflicto religioso".
No está de más recordar que el estudioso francés Marcel Bataillon
dedicó especial atención al análisis del movimiento pizarrista, en un curso
que dictó en el Collège de France,
en 1962 y cuyo resumen de dicho curso ha sido publicado, conjuntamente con otros
trabajos del citado historiador, por la Universidad San Marcos con el título de
La Colonia. Ensayos peruanistas (Lima, 1993) Otro
aspecto que tiene que tenerse en cuenta y que mencionamos al comienzo de este
trabajo es que no podemos desligar la independencia peruana e hispanoamericana
de los hechos mundiales, especialmente de las consecuencias que produjo la
invasión napoleónica a la Península Ibérica y en especial a España, que
entre otras cosa significó el establecimiento de un rey foráneo no reconocido
por el pueblo español, José I, hermano de Napoleón, que obligó al pueblo
español al autogobierno a través de juntas de gobierno, que evolucionaron a
una Junta Central y luego a un Consejo de Regencia y marca una etapa de
liberalismo en España y que tiene su punto climático con las Cortes de Cádiz
y con la Constitución de 1812. Estos hechos repercutieron en Hispanoamérica
donde también se formaron juntas de gobierno algunas de ellas francamente
separatistas y a partir de las cuales se inicia realmente la fase explosiva de
la independencia hispanoamericana. Como señala Guillermo Céspedes en su libro
"La independencia de Iberoamérica"(Madrid, 1988) frente a la crisis
de la monarquía española sin rey legítimo, en Hispanoamérica se produjo una
verdadera guerra civil que enfrentó a aquellos que él denomina
"criollistas", que estimaban que los cabildos podían servir como
marco para convocar asambleas suficientemente representativas (aunque por
supuesto nunca democráticas) que designasen juntas de gobierno, que a ejemplo
de las surgidas en España ejercerían el gobierno. A esta posición se
contraponía la tendencia que Céspedes denomina "peninsularista",
partidaria de mantener la estabilidad y el orden y para ellos las autoridades
que ejercían los cargos diversos debían seguir gobernando. En caso de vacantes
los nombramientos los haría el Consejo de Regencia. Virgilio Roel ha señalado
que mientras los cabildos de ciudades como Lima, Trujillo y Arequipa decidieron
apoyar a los absolutistas españoles, en cambio en el resto del país hubo
esfuerzos por formar juntas de gobierno que apoyasen a los liberales españoles.
Estos criollos liberales deseaban que el artículo 312, capítulo 1°, título 6
de la Constitución de Cádiz se cumpliese, porque dicha norma mandaba que todos
los cargos del cabildo debían ser electivos, quedando de esta manera suprimidos
los cargos a perpetuidad. Que no se cumpliese este mandato no significa, como
nos los dice Virgilio Roel, que no hubiesen "gente y cabildos que sí eran
representativos y que exigieron el cumplimiento de los dispositivos
constitucionales, y que cuando se les cerró el paso legal a sus aspiraciones se
insurreccionaron; es este el caso de los insurgentes cusqueños de 1814, que
capitaneados por los hermanos Angulo llegaron a contar en su campaña con la
adhesión de los cabildos de Abancay, Andahuaylas, Huamanga, Huancavelica,
Huancayo, Puno y La Paz". (Virgilio Roel,"Conatos, levantamientos,
campaña e ideología de la independencia" ) Pero
el sector criollo, especialmente el poderoso económicamente, y por supuesto los
peninsulares, tanto de Perú como de México se mostrarían contrarios a ese
separatismo y convirtieron a estos territorios en defensores del fidelismo y en
el caso peruano se utilizó el poderío militar para combatir los movimientos
autonomistas de las juntas que se formaron en 1809 y 1810. Por
ello resultó más difícil en el territorio del virreinato peruano luchar por
la separación. Ya hemos dicho que todo lo anteriormente expuesto no significa
que no hubo lucha por la separación, sino que los movimientos a los cuales ya
hemos referencia encontraron una tenaz oposición y por ello fracasaron, pero
eso mismo tiene que ser valorizado porque eran movimientos que se dieron aún en
las condiciones más adversas, con un estado superpoderoso política y
militarmente. Muy
ilustrativos sobre la situación del virreinato peruano a comienzos del siglo
XIX y sobre las diversas actitudes de los grupos sociales con relación a la
dominación española son los datos que se aprecian en la comunicación de
virrey Pezuela de fecha 5 de noviembre de 1818 y que transcribe Virgilio Roel.
En esa comunicación leemos: "Las ocho provincias que desde el Desaguadero
a Guayaquil forman este virreinato están quietas y conformes al parecer en su
presente sumisión al Rey y a las legítimas autoridades; pero no tanto, que
pueda tenerse, ni se tenga una completa confianza, de que no son susceptibles de
novedad. No son pocos en cada uno de ellas los hombres conocidos por infidentes,
a cuyo extrañamiento no puedo proceder, sea porque tal vez no pueda
justificarles sus delitos, quedarían estos muy disminuidos de sus habitantes;
pero la permanencia de tales hombres debe ocupar la vigilancia de los
Gobernadores, porque no perderían la ocasión de perturbar la paz, si se les
presentase". (10)
Eduardo García del Real, en su biografía de San Martín (Barcelona, 1984) señala
que el 25 de octubre de 1820 el virrey Pezuela explicaba al Gobierno español
las circunstancias que le habían conducido al armisticio de Pisco y a la
conferencia de Miraflores. Si bien es cierto que en este informe aseguraba la
lealtad de la tropa, sin embargo, y en la misma fecha, en misiva enviada a su
hermano residente en Madrid, le hace llegar "sus temores de ver perdido el
Perú, a causa del espíritu de insurrección que se hacía sentir en todo el
Virreinato". (el remarcado es nuestro) ¿Se
puede con tantos testimonios de la inquietud revolucionaria peruana sostener que
poco o nada hicieron los peruanos por su independencia? No
debemos tampoco pasar por alto que en los otros lugares de Hispanoamérica donde
nacen las corrientes libertadoras del sur (San Martín) y del norte (Bolívar),
hubo un factor importante cual es que restablecido el absolutismo de Fernando
VII (1814-1819) tanto los patriotas hispanoamericanos como los liberales españoles
fueron y se sintieron por iguales víctimas de ese nuevo estado absolutista y es
por ello que se establecen relaciones de colaboración entre ambos grupos a través
de las llamadas logias, cuyo papel a veces no suele valorarse en su exacta
dimensión, un tanto porque no se conocen tanto de ellas por el carácter
secreto que tuvieron. Pero es innegable el papel que ellas jugaron. Las logias
tuvieron un papel importante ya desde la época de Miranda y adquirirían un rol
mucho mayor a partir de la segunda década del siglo XIX, especialmente en
aquellas regiones como Argentina, Chile (prácticamente gobernada por la logia
Lautariana entre 1817 y 1820), Venezuela y Nueva Granada. Como señala Guillermo
Céspedes estas logias "fueron el verdadero partido político de la causa
emancipadora, impulsaron y dirigieron eficazmente el desarrollo de ésta y
contribuyeron poderosamente a su triunfo." (11)
Como se podrá apreciar del problema de la independencia peruana e
Hispanoamericana es bastante complejo, y es por ello que no se debe hacer
afirmaciones simplistas y mucho menos inculcar a los jóvenes ideas que no sean
de gran objetividad, que propicien el intercambio de ideas, el afán de
investigar, la curiosidad por nuevos enfoques, presentando los problemas con
todos los matices que ellos poseen, porque de no ser así estamos, probablemente
sin quererlo, inmersos en un simplismo anticientífico. Por querer hacer una
supuesta "nueva historia" estamos haciendo una nueva historia
tradicional, mucho más peligrosa porque pretenden ser verdaderamente
renovadora. No debemos olvidar los docentes, de todos los niveles educativos,
que tenemos una grave responsabilidad cuando enseñamos, por que lo que los niños,
los jóvenes e incluso los adultos saben de la historia es lo que de ella se les
enseña en los centros educativos, en los diversos niveles. No olvidemos que el
prestigioso historiador francés Marc Ferro ha escrito un libro importantísimo
que todo profesor de historia debería leer. Me estoy refiriendo a "Cómo
se cuenta la historia a los niños del mundo entero" donde apreciamos como
ella es distorsionada. Marc Ferro en este libro escribe:
"Independientemente de su vocación científica, la historia ejerce en
efecto una doble función, terapéutica y militante. A través del tiempo, el
"signo" de esta misión ha cambiado, pero no el sentido…; el
cientificismo y la metodología sirven a lo sumo de "taparrabo" a la
ideología".(12)
Actualmente los estudiosos de la historia verdaderamente serios tienen que estar
abiertos a todas las fuentes, a todas las interpretaciones y tratar en lo
posible de ser objetivos. Es cierto que esto es algo muy difícil en esta
ciencia, de allí que los llamados historiadores cientificistas o partidarios de
la cliometría tiendan a recurrir a análisis matemáticos dentro del campo histórico
para ganar objetividad; pero por supuesto que no todo el estudio de la historia
es susceptible de ese tipo de análisis. (2)
Bonilla, Heraclio "El Perú entre la independencia y la guerra con
Chile" En: Historia del Perú. Perú Republicano, tomo VI de la colección
de Juan Mejía Baca , 1981; página 39 (3)
Roel Pineda, Virgilio "Conatos, levantamientos, campañas e ideología de
la independencia". En: Historia del Perú. Perú Republicano, volumen VI de
la colección de Juan Mejía Baca, 1981; página 139 (4)
Roel Pineda, Virgilio Obra citada; páginas 139 – 140 (5)
Regalado de Hurtado, Liliana "El Inca Titu Cusi Yupanqui y su tiempo. Los
Incas de Vilcabamba y los primeros cuarenta años del dominio español"
(Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú. Fondo Editorial, 1997) (6)
Scarlet O’Phelan Godoy refutó los planteamientos de Bonilla y Spalding en un
trabajo titulado "El mito de la «independencia concedida»: los programas
políticos del siglo XVIII y del temprano XIX en el Perú y Alto Perú (1730 –
1784)". Se ha dedicado, con gran profundidad y enfoques novedosos, a
estudiar los movimientos del sur del Perú, incluyendo el Alto Perú. Núria
Sala i Vila ha dedicado ya varios trabajos a los movimientos indígenas, tales
como sus tesis para licenciatura y doctorado (1985 y 1989, respectivamente) así
como una obra reciente "Y se armó el tole tole" [1996]" (7)
Bracamonte, Jorge "La formación del proyecto aristocrático: Hipólito
Unanue y el Perú en el ocaso colonial" En: "Crisis colonial,
revoluciones indígenas e independencia" de Luis Glave y Jorge Bracamonte.
(Lima, 1996; página 31. (8)
Lockart, James "Los de Cajamarca"(Lima, 1986; tomo I, página 137) (9)
Espinoza Soriano, Waldemar "Virreinato Peruano"(Lima, 1997; página105 (10)
Roel Pinedo, Virgilio "Conatos, levantamientos, campañas e ideología de
la independencia". En "Historia del Perú, Perú Republicano, tomo VI,
publicada por Juan Mejía Baca,1981; página 160 (11)
Céspedes, Guillermo "la independencia de Iberoamérica. La lucha por la
libertad de los pueblos (Madrid: Ediciones Anaya, 1988 página 109) (12)
Ferro, Marc "Cómo se cuenta la historia a los niños en el mundo
entero"(México: F.C.E. 1995 Primera edición, primera reimpresión; página
11) Consignaré
solo las obras que considero fundamentales y que deben ser consultadas por toda
aquella persona interesada en un conocimiento más profundo acerca del tema que
hemos desarrollado. Anna,
Timothy E. “La caída del gobierno español en el Perú. El dilema de la
independencia” (Lima: Instituto de
Estudios Peruanos, 2003) Basadre,
Jorge. “El azar en la historia y sus límites.
Con un apéndice: La serie de probabilidades dentro de la emancipación
peruana” (Lima: Ediciones P. L. Villanueva, 1973) Bonilla, Heraclio y Karen
Spalding, La Independencia en el Perú: Las palabras y los hechos. En: Bonilla,
Heraclio, et al. , “La Independencia en el Perú”
Lima, Instituto de Estudios Peruanos (Perú Problema, 7), 1972 Bonilla, Heraclio, Metáfora
y realidad de la independencia en el Perú,
Lima, Instituto de Estudios Peruanos (Colección Mínima, 45), 2001 Bonilla,
Heraclio "El Perú entre la
independencia y la guerra con Chile" En: Historia del Perú. Perú
Republicano, tomo VI de la colección de Juan Mejía Baca , 1981 Bracamonte,
Jorge "La formación del proyecto aristocrático: Hipólito Unanue y el Perú
en el ocaso colonial" En: "Crisis colonial, revoluciones indígenas
e independencia" de Luis Glave y Jorge Bracamonte. (Lima: Coedición de
SUR Casa de Estudios del Socialismo y Derrama Magisterial, 1996) Céspedes,
Guillermo "La independencia de
Iberoamérica. La lucha por la libertad de los pueblos”. (Madrid:
Ediciones Anaya, 1988 ) Dager
Alva, Joseph. “Hipólito Unanue o el
cambio en la continuidad” (Lima: Convenio Hipólito Unanue y Convenio Andrés
Bello, 2000) Demélas,
Marie – Danielle. “La
invención política. Bolivia, Ecuador, Perú en el siglo XIX”,
Lima, Instituto Francés de Estudios Andinos / Instituto de Estudios Peruanos,
2003 Fisher,
John. “El Perú borbónico.
1750-1824” (Lima Instituto de Estudios
Peruanos, 2000) Flores
Galindo, Alberto (Compilador) “Independencia y revolución. 1780-1840” (Lima:
Instituto Nacional de Cultura, 1987; 2 tomos) Montoya,
Gustavo “La independencia del Perú y el fantasma de la revolución” (Lima:
Instituto de Estudios Peruano e Instituto Francés de Estudios Andinos. Colección
mínima, 2002) O’Phelan
Godoy, Scarlett.
El mito de la “Independencia concedida”: Los programas políticos del
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Baca, 1981 Jorge
G. Paredes M. jgparedesm@yahoo.com Publicación enviada por Jorge G. Paredes M. Contactar mailto:jgparedesm@yahoo.com Código ISPN de la Publicación EplFpFFAkZysspMZLm Publicado Monday 26 de April de 2004 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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