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Monografias | Manejo de la crisis suicida del adolescenteManejo de la crisis suicida del adolescenteResumen: Los adolescentes que intentan el suicidio o se suicidarán se caracterizan por tener diversos factores de riesgo para esta conducta, entre los que se encuentran: Provenir de medios familiares con desventaja social y pobreza educacional. Estar más expuestos a situaciones familiares adversas que condicionan una niñez infeliz. Presentar mayor psicopatología, incluyendo depresión, abuso de sustancias y conducta disocial así como baja autoestima, impulsividad, desesperanza y rigidez cognitiva. Mayor exposición a situaciones de riesgo suicida o eventos vitales suicidógenos como las relaciones humanas tumultuosas, los amores contrariados o problemas con las autoridades policiales.(V) Los adolescentes que intentan
el suicidio o se suicidarán se caracterizan por tener diversos factores de
riesgo para esta conducta, entre los que se encuentran: –Provenir de medios
familiares con desventaja social y pobreza educacional –Estar más expuestos a
situaciones familiares adversas que condicionan una niñez infeliz. –Presentar mayor psicopatología,
incluyendo depresión, abuso de sustancias y conducta disocial así como baja
autoestima, impulsividad, desesperanza y rigidez cognitiva. –Mayor exposición a
situaciones de riesgo suicida o eventos vitales suicidógenos como las
relaciones humanas tumultuosas, los amores contrariados o problemas con las
autoridades policiales. Intentaré desarrollar cada uno
de estos aspectos por separado para que el lector pueda conocerlos en detalle. I- Factores culturales y
sociodemográficos Los problemas socioeconómicos,
los bajos niveles educacionales y el desempleo son factores de riesgo para el
comportamiento suicida pues limitan la participación social activa del
adolescente, impiden la satisfacción de las necesidades más elementales y
coartan la libertad de quienes los padecen. Los factores asociados a la
cultura adquieren una importancia capital en la conducta suicida entre las minorías
étnicas, quienes se ven sometidos a un proceso de coloniaje cultural con pérdida
de la identidad y sus costumbres y también se hace patente entre los
inmigrantes. Oberg fue el primero en utilizar el término “shock cultural”
para referirse al proceso de adaptación del inmigrante, el cual se caracteriza
por: –Esfuerzos constantes por
lograr adaptarse a la nueva cultura. –Sentimientos de pérdida y
pena, motivados por los recuerdos de los amigos, familiares, la profesión, las
posesiones y cuanto se ha dejado atrás. –Sentimientos de ser
rechazado por los miembros de la nueva cultura. –Confusión en el rol, las
expectativas, los valores y la identidad ante la nueva cultura. –Sorpresa, angustia, disgusto
e indignación ante las diferencias culturales a las que debe adaptarse. –Sentimientos de no ser capaz
de adaptarse a la nueva cultura. Entre las razones que pueden
contribuir al suicidio de los adolescentes de estos grupos poblacionales se
encuentran extrañar la tierra natal y sus costumbres, problemas con la pareja,
infelicidad, baja autoestima, carencia de amigos o familiares, el aislamiento
social y la falta de comunicación por las barreras que impone el idioma en caso
que el país receptor difiera del natal. Un proceso de este tipo, aunque
con menos diferencias, puede desencadenarse en el curso de migraciones internas,
cuando se trasladan las familias, en busca de oportunidades, desde las zonas
rurales a las urbanas o de las provincias o departamentos a las capitales. La
mudanza o migración interna, puede ser un factor de riesgo de suicidio de
importancia en la adolescencia, principalmente cuando no se logra la adaptación
creativa al nuevo entorno. II- Situación familiar y
eventos vitales adversos. La situación de la familia del
adolescente suicida garantiza su infelicidad e impide su crecimiento emocional,
pues son comunes: –Presencia de padres con
trastornos mentales. –Consumo excesivo de alcohol,
abuso de sustancias y otras conductas disociales en algunos de sus miembros. –Antecedentes familiares de
suicidio o intentos de suicidio y permisividad o aceptación de esta conducta
como forma de afrontamiento. –Violencia familiar entre sus
miembros, incluyendo el abuso físico y sexual. –Pobre comunicación entre
los integrantes de la familia. –Dificultades para prodigar
cuidados a los que los requieren. –Frecuentes riñas, querellas
y otras manifestaciones de agresividad en las que se involucran los miembros de
la familia, convirtiéndose en generadores de tensión y agresividad. –Separación de los
progenitores por muerte, separación o divorcio. –Frecuentes cambios de
domicilio a diferentes áreas. –Rigidez familiar, con
dificultades para intercambiar criterios con las generaciones más jóvenes. –Situación de hacinamiento,
lo que en ocasiones se traduce por la convivencia de varias generaciones en un
breve espacio, lo cual impide la intimidad y la soledad creativa de sus
miembros. –Dificultades para demostrar
afectos en forma de caricias, besos, abrazos y otras manifestaciones de ternura. –Autoritarismo o pérdida de
la autoridad entre los progenitores. –Inconsistencia de la
autoridad, permitiendo conductas que han sido anteriormente reprobadas. –Incapacidad de los
progenitores para escuchar las inquietudes del adolescente y desconocimiento de
las necesidades biopsicosociales. –Incapacidad de apoyar plena
y adecuadamente a sus miembros en situaciones de estrés. –Exigencias desmedidas o
total falta de exigencia con las generaciones más jóvenes. –Llamadas de atención al
adolescente que generalmente adquieren un carácter humillante. –Si los padres están
divorciados pero conviven en el mismo domicilio, el adolescente es utilizado
como punta de lanza de uno de ellos contra el otro y se le trata de crear una
imagen desfavorable del progenitor en contra de quien se ha realizado la
alianza. –Incapacidad para abordar los
temas relacionados con la sexualidad del adolescente, la selección vocacional y
las necesidades de independencia. Los elementos abordados con
anterioridad son muy frecuentes en las familias de los adolescentes con riesgo
suicida, pero no son los únicos. Es muy posible que usted pueda incrementar
esta lista con experiencias conocidas. III- Psicopatología del
adolescente que constituye una predisposición a cometer suicidio. Se
considera que casi la totalidad de las personas que se suicidan son portadores
de una enfermedad mental diagnosticable, lo cual ha sido ampliamente abordado en
las investigaciones realizadas mediante las autopsias psicológicas. Es de suma importancia el
reconocimiento de la depresión en el adolescente, pues son más proclives a
realizar intentos de suicidio que los adultos en condiciones similares. Algunas particularidades de los
cuadros depresivos en los adolescentes son los siguientes: Se manifiestan con más
frecuencia irritable que tristes. Las
fluctuaciones del afecto y la labilidad son más frecuentes que en el adulto,
quien tiene mayor uniformidad en sus expresiones anímicas. Los
adolescentes tienen la tendencia a presentar más frecuentemente exceso de sueño
o hipersomnia que insomnio. Tienen
mayores posibilidades de manifestar quejas físicas al sentirse deprimidos. Muestran
episodios de violencia y conductas disociales como manifestación de dicho
trastorno anímico con más frecuencia que en el adulto. Pueden
asumir conductas de riesgo como abuso de alcohol y drogas, conducir vehículos a
altas velocidades, sobrios o en estado de embriaguez. (1,2) Ante una crisis suicida en el
adolescente es de suma utilidad observar los siguientes principios: 1- Tratarlo con respeto. 2- Tomarlo en serio. 3- Creer lo que nos manifiesta. 4- Escucharle con genuino interés. 5- Permitirle expresar sus
sentimientos (llanto, ira, disgusto). 6- Preguntar sobre la idea
suicida, para lo cual se sugiere las siguientes posibilidades: Primera variante: ¿Cómo
piensa usted resolver su actual situación? Segunda variante: Usted me ha
dicho que apenas duerme y desearía saber ¿en qué piensa cuando está insomne? Tercera variante: ¿Usted ha
tenido pensamientos malos? ¿Cuáles? Cuarta variante: ¿En su
familia alguien se ha suicidado o ha intentado el suicidio? (Esperar respuesta).
Y usted ¿lo ha intentado o lo ha pensado últimamente? ¿Cuándo fue la última
vez que lo pensó? Quinta variante: ¿Usted ha
pensado suicidarse? Sexta variante: ¿Usted ha
pensado en matarse? Si el adolescente manifiesta
que ha pensado suicidarse es necesario realizar una secuencia de preguntas para
determinar la planificación suicida, lo que incrementa notablemente el peligro
de suicidio. 7- Responsabilizar al
adolescente con su propia vida, siempre que ello sea posible. 8- Trabajar juntos en encontrar
soluciones no suicidas, por lo que deben explorarse soluciones alternativas al
problema que ha desencadenado la crisis suicida. 9- Establecer un pacto no
suicida siempre que el estado del adolescente lo permita. Para ello se le
compromete a no autolesionarse durante la crisis. 10- Pedir permiso para
involucrar a otros miembros de la familia, amigos y cuantas personas sea
necesario para apoyar al adolescente. 11- Garantizar varias opciones
para contactar con la persona que presta la ayuda psicológica, sean los padres
y las madres, los maestros, tutores, médicos, suicidólogos, etc. 12- No juzgarlo, comprometiéndonos
a guardar secreto de todas las confesiones que haga el adolescente. 13- Ser directivo, con el
suficiente tacto como para no parecerlo. Una vez considerados estos
principios se debe tener una idea del riesgo de suicidio del adolescente. Si
ello no se ha conseguido, le sugiero realizar la siguiente secuencia de
preguntas sobre la idea suicida: Esta pregunta intenta descubrir
el método suicida. Cualquier método puede ser mortal. Se incrementa el peligro
suicida si está disponible y existe experiencia familiar previa de suicidios
con dicho método. Se incrementa el peligro si se trata de repetidores que
incrementan la letalidad de los métodos utilizados para cometer suicidio. Es de
vital importancia en la prevención del suicidio evitar la disponibilidad y el
acceso a los métodos mediante los cuales se pueda lesionar el sujeto. Esta pregunta no trata de
averiguar una fecha específica para cometer suicidio sino más bien determinar
si el adolescente está poniendo las cosas en orden, haciendo testamento,
dejando notas de despedida, regalando posesiones valiosas, si espera la
ocurrencia de un hecho significativo como la ruptura de una relación valiosa,
la muerte de un ser querido, etc. Permanecer a solas es el mejor momento para
cometer suicidio, por tanto, debe estar acompañado hasta que el riesgo
desaparezca. Mediante esta pregunta se
intenta descubrir el lugar en que se piensa realizar el acto suicida. Por lo
general los suicidios ocurren en los lugares frecuentados por el suicida,
principalmente el hogar y la escuela o casa de familiares y amigos. Los lugares
apartados y de difícil acceso, con pocas probabilidades de ser descubierto, y
los elegidos por otros suicidas, conllevan un riesgo elevado. Con esta interrogante se
pretende descubrir el motivo por el cual se pretende realizar el acto suicida.
Los amores contrariados, la pérdida de una relación valiosa, las dificultades
académicas o las llamadas de atención de carácter humillante se sitúan entre
los más frecuentes. Los motivos nunca deben ser evaluados a través de la
experiencia del entrevistador y siempre considerarlos significativos para el
suicida. Se intenta descubrir el
significado del acto suicida. El deseo de morir es el más peligroso pero no es
el único, pues pueden referirse otras como reclamar atención, expresar rabia,
manifestar a otros cuán grande son los problemas, como una petición de ayuda,
para expresar frustración, para agredir a otros, etc. Mientras
más planificada está la idea suicida, el riesgo de cometer suicidio se
incrementa considerablemente. Hay que observar y neutralizar
determinadas distorsiones cognitivas muy comunes entre los adolescentes suicidas
como son las siguientes: –Inferencia arbitraria
mediante la cual el sujeto llega a conclusiones determinadas sin poseer pruebas
evidentes para ellas, como por ejemplo pensar que en el futuro las cosas le
saldrán mal, pues en el pasado eso fue lo que ocurrió. En este caso el
adolescente infiere el futuro en función del pasado, lo cual condiciona una
actitud pesimista, de perdedor y con predisposición al fracaso. –Abstracción selectiva en la
que el adolescente intenta arribar a conclusiones teniendo en consideración
solamente un aspecto de la realidad como puede ocurrir en los adolescentes
deprimidos que recuerdan principalmente sus fracasos cuando son sometidos a
pruebas de ensayo y error. –Sobregeneralización cuando
el sujeto, a partir de un dato particular llega a conclusiones generales, como
por ejemplo, considerar que es un “incompetente que está perdiendo
facultades” por haber salido mal en una evaluación parcial de sus estudios. –Magnificación mediante la
cual el adolescente evalúa de forma distorsionada un suceso, incrementa sus
efectos y consecuencias. Es el caso de un sujeto que considera cualquier evento
desagradable como “una tragedia”, “una catástrofe”, “lo peor que podía
haberle ocurrido”. –Minimización, mecanismo
inverso al anterior en el que el adolescente evalúa de forma distorsionada sus
potencialidades y habilidades, restándose sus méritos y cualidades positivas.
Es el caso del adolescente que ante un éxito frente a un examen difícil, que sólo
él ha pasado, considera que cualquiera pudo haberlo hecho, incluso mejor que él. –Pensamiento polarizado
mediante el cual el adolescente evalúa la realidad en “blanco y negro”,
“todo o nada”, “siempre o nunca”, “bueno o malo”,
“perfecto o imperfecto”, etc. Por tanto son frecuentes las frases
siguientes: “Nada me sale bien”, “todo me sale mal”, “siempre
fracaso”, “nunca acierto” y otras similares, sin cerciorarse que en la
realidad ninguna situación es completamente mala o buena, sino que se nos
muestra con diversos matices y una persona puede ser torpe en una tarea y muy
eficiente en otras, por solo citar un ejemplo. –Personalización que es el
mecanismo mediante el cual el adolescente considera cualquier situación o
hecho, como referido a sí mismo, aunque no exista conexión alguna. Así, si no
es saludado en la mañana por alguien conocido, puede pensar que eso ha ocurrido
porque la persona está molesta con él o ella, o que no le han querido tener en
cuenta, etc. El manejo de las distorsiones
cognitivas señaladas con anterioridad constituye un recurso válido para evitar
que el adolescente se evalúe de forma anómala y ello le reste posibilidades de
lograr una adaptación armónica al entorno. Otras veces es de mucha
utilidad fomentar una terapia de relación con el adolescente, lo cual disminuye
la vulnerabilidad a las presiones externas. Este tipo de terapia contiene
fuertes elementos de las terapias de apoyo y para algunos autores es una forma
prolongada de estas. Así se trata de establecer con el adolescente en riesgo de
suicidio una relación amistosa, no autoritaria, que aunque no juzga, se muestra
firme e impone ciertas limitaciones, asume una actitud flexible y ofrece al
adolescente nuevas opciones de ajuste para identificarse con una figura paterna
sustitutiva diferente a la del progenitor biológico. Si el riesgo suicida del
adolescente no es elevado, la terapia de apoyo puede ser un valioso recurso. Una
relación armónica, basada en una dirección cordial y enérgica, que
gratifique las sanas necesidades de dependencia, que fomente una legítima
independencia y sirva para canalizar adecuadamente la agresividad y la
hostilidad hacia formas no destructivas del comportamiento, pueden ser una ayuda
eficaz para cualquier adolescente, y más aún para aquellos que presentan
factores de riesgo suicida. La orientación al descanso para recuperar las energías
perdidas, la diversión, la práctica de deportes y de ejercicios físicos, una
alimentación adecuada, evitar el consumo perjudicial de alcohol, no utilizar
drogas, tabaco, café y sustancias adictivas pueden ser orientaciones
beneficiosas para brindar apoyo. Utilizar técnicas de relajación y otras
similares que contribuyan a suprimir o atenuar los síntomas más molestos, así
como el uso de psicofármacos con similar propósito durante breves períodos de
tiempo harán que el adolescente se sienta más seguro, aceptado, protegido,
alentado y menos sólo. El cambio de medio cuando los factores ambientales son
considerados muy estresantes para un adolescente vulnerable puede ser un magnífico
recurso para evitar una conducta autodestructiva. Si en la crisis suicida del
adolescente están jugando un papel predominante los rasgos pasivos,
dependientes y la timidez, una técnica que puede ser empleada en estos casos es
el entrenamiento asertivo, que busca como objetivo cardinal, el hacerse valer,
evitando ser manipulado por los demás. Para ello se sugieren seis modos de
conducta los cuales se mencionan a continuación: I- Se debe intentar
exteriorizar los sentimientos mediante la verbalización de las emociones que
son sentidas espontáneamente, lo cual se hace muy difícil en los adolescentes
suicidas, los que presentan dificultades con la expresividad de estas últimas. II- Debe aprender a discrepar,
sin fingir que se está de acuerdo sin estarlo. Este aspecto tiene mucho valor
si se tiene en consideración que el suicidio es una situación diádica en la
que se involucran el adolescente y alguna otra persona significativa y muy
vinculada emocionalmente con él, como la novia o el novio, la madre o el padre,
el maestro o el amigo, etc., con la cual se han tenido recientes o acumulativas
dificultades interpersonales. III- Se le debe enseñar a
utilizar el pronombre personal YO, de modo que el adolescente se involucre en su
conducta y aprenda a responder por las consecuencias de la misma. IV- Debe aprender a mostrar las
emociones con el rostro y los movimientos, lo cual le permitirá aprender a
exteriorizar la afectividad y modularla según el contexto de la situación. V- Debe ser capaz de estar de
acuerdo cuando se le elogia y practicar el autoelogio de forma razonable, pues
ambos aspectos refuerzan el YO de manera positiva. VI- Debe aprender a improvisar,
a dar respuestas espontáneas a estímulos inmediatos, lo cual le facilitará
otras opciones que no sean el miedo a hacer el ridículo o simplemente no saber
qué hacer. Otras posibilidades a utilizar
con el adolescente potencialmente suicida es revisar sus metas y objetivos para
hacerlos más realistas de acuerdo a las potencialidades del sujeto y por tanto,
disminuir las posibilidades de fracasos y frustraciones, enseñarles a
desarrollar el autodominio, el autocontrol, incrementando el repertorio general
de actividades para que existan mayores opciones de éxito y adecuarlas a sus
atribuciones reales (inteligencia, aptitudes para la actividad). Otra forma de ayudar al
adolescente que ya ha realizado una tentativa de suicidio es invitarle a que
descubra las diversas dificultades que un acto de este tipo pudiera ocasionarle
en su vida y en sus relaciones sociales. Sin asumir una postura moralista, se le
invita a reflexionar sobre la opinión que él tendría de alguien conocido que
intenta poner fin a su vida, si él considerase que es un sujeto que goza de una
excelente salud mental o por el contrario si piensa que algo no está
funcionando bien en el cerebro de esa persona (por lo general responden teniendo
en cuenta esta última posibilidad. Una vez obtenida la referida respuesta se le
asegura que probablemente eso también sea lo que los demás piensan de él y
hay que trabajar juntos para modificar esta realidad. Se le pregunta también sobre
los sentimientos que le provocaría un sujeto cualquiera que intente contra su
vida (la compasión, la lástima, la rabia, la desconfianza o el miedo) y se le
invita a reflexionar si son estas las emociones que él pretende despertar en
sus relaciones con los demás, pues no son las que más aprecian los seres
humanos. Otra forma de abordar al
adolescente en situación de crisis suicida es mediante la llamada Primera Ayuda
Psicológica, que consta de cinco etapas, las que se describen a continuación: Primera etapa. Establecimiento
del contacto Lo que se debe hacer es
escuchar detenidamente, reflejar sentimientos, aceptar las razones que esgrime
el sujeto y creerle, sin juzgarle. Lo que no se debe hacer es
restarle importancia a lo que nos expresa el sujeto, ignorar los sentimientos,
impedir que el individuo exprese sus sufrimientos y contar nuestra historia en
situaciones conflictivas. Segunda etapa. Conocer la
dimensión del problema. Lo que se debe hacer es
formular preguntas abiertas que permitan conocer cómo piensa el adolescente y
facilitar la expresión de sentimientos. Explorar siempre la presencia de
pensamientos suicidas. Lo que no se debe hacer es
atenerse a realizar preguntas que sean respondidas con monosílabos (sí o no) o
evaluar el discurso del adolescente a través de la experiencia propia, que no
es válida para otros. Tercera etapa. Posibles
soluciones. Lo que se debe hacer es
establecer prioridades de soluciones, abordando directamente los posibles obstáculos
para su consecución y desaprobar la solución suicida como forma de afrontar
situaciones problemáticas. Reforzar el concepto de que el suicidio es una
solución definitiva a problemas que usualmente son temporales. Lo que no se debe hacer es
permitir que el adolescente continúe sin ensanchar su visión en túnel que es
la que únicamente le deja ver la opción suicida. Tampoco deben dejar de
explorarse los obstáculos de manera realista para evitar nuevos fracasos y que
se agrave la crisis suicida. Cuarta etapa. Acción concreta. Lo que se debe hacer es tomar
una medida a tiempo (involucrar a otros familiares, acercar a las fuentes de
salud mental, imponer tratamiento, realizar hospitalización, etc.) Se debe ser
directivo y confrontar cuando la situación lo requiera. Nunca debe dejarse sólo
a un sujeto en crisis suicida. Lo que no se debe hacer es ser
tímido, indeciso, no tomar una decisión a tiempo, dejar solo al adolescente en
riesgo de cometer suicidio o retraerse de asumir responsabilidades. Quinta
etapa. Seguimiento. Lo que se debe hacer es
realizar el recontacto para evaluar los progresos o retrocesos del adolescente
en su sintomatología suicida. Lo que no se debe hacer es
dejar la evaluación a otra persona que desconozca del caso y le sea imposible
establecer una comparación con su estado inicial. Este
sencillo recurso puede ser utilizado por cualquier persona, siempre y cuando
evite hacer lo que no se debe hacer e investigue la presencia de las ideas
suicidas y si estas están presentes, nunca dejarlo sólo y acercarlo a las
fuentes de salud mental como el médico de la familia, el psicólogo, el
psiquiatra y los servicios de urgencias médicas y psiquiátricas. Hay quienes consideran que
abordar a un adolescente en riesgo de suicidio sin preparación para ello, sólo
mediante el sentido común, puede ser peligroso. Esto no es cierto, si el
sentido común nos hace asumir los siguientes principios: –Escuchar con atención. –Facilitar el desahogo. –Durante el diálogo con el
adolescente se deben utilizar frases cortas que les sirvan para continuar
exponiendo sus dificultades, como por ejemplo: “me imagino”, “entiendo”,
“es lógico”, “no es para menos”, “claro está”, “te comprendo”.
Estas frases además de facilitar la expresividad le hará sentir que le
comprendemos y tomamos en serio. – Reformular lo que nos ha
dicho, haciendo breves resúmenes que le ratifiquen nuestra capacidad de escucha
atenta y genuina de sus dificultades. –Preguntar siempre sobre la
presencia de ideas suicidas. –Ayudar al adolescente a que
él descubra otras alternativas que no sea la autodestrucción, sin confiar en
aquellas que no pueda realizar inmediatamente. Por ejemplo: “voy a irme de la
casa” (sin tener otro lugar adonde ir), “me voy a olvidar de él” (como si
la memoria fuera una pizarra que se puede borrar en un momento y no dejar
huellas de lo escrito. –No dejar nunca a solas a la
persona en crisis suicida y hacer todos los esfuerzos por atraerla a los
profesionales de la salud. Si
estas premisas son utilizadas por el llamado sentido común, un gran número de
los adolescentes que hoy intentan el suicidio o se suicidan, no lo harían. Otra probabilidad de abordaje
del adolescente que ha realizado un intento de suicidio es preguntar: “¿Para
qué usted intentó contra su vida?”, con lo cual se puede determinar el
significado del acto suicida del adolescente y hacer una interpretación
racional de dicho significado. En ocasiones, el intento de suicidio ha sido
realizado para agredir a otros y en esos casos le invitamos a reflexionar sobre
las ventajas que la agresividad tiene en determinadas situaciones, como por
ejemplo, los deportistas de disciplinas de combate, como el judo, el pugilismo,
la lucha en sus diversas modalidades, kárate, etc., pero no en otras, como lo
son las relaciones familiares. Si se trata de una tentativa de suicidio por
miedo, hay que analizar que esta emoción es muy normal ante situaciones específicas,
que lo experimentan la mayor parte de los individuos, pero también puede ser
una emoción muy personal, porque solamente lo manifiestan determinados sujetos
ante situaciones que habitualmente no provocan temor en la mayoría de la
población. Si el intento suicida se
realiza para morir, no es aconsejable reflexionar acerca de las supuestas
bondades y ventajas que nos depara la vida, porque eso es, precisamente, lo que
el adolescente no percibe. Este significado – el de morir– es el que entraña
mayor peligro para la vida del adolescente, por lo cual se debe tratar de que
sea evaluado, en el más breve tiempo posible, por un especialista en Psiquiatría
Infanto-juvenil. Cualquiera de las técnicas
para abordar el adolescente con riesgo de suicidio que se han ofrecido al
lector, pueden tener similares resultados, siempre que usted escoja aquellas que
más se adapten a sus características personales, que le sea de más fácil
aplicación y en la que usted se sienta más cómodo y auténtico. Hasta aquí se han expuesto los
factores de riesgo suicida del adolescente, las situaciones que incrementan
dicho riesgo, las enfermedades que lo pueden conllevar y diversas técnicas para
abordar la crisis suicida en esta etapa de la vida. Pasemos a brindar los factores
protectores de la conducta suicida, los que deben ser desarrollados desde la
infancia y en la adolescencia por el padre, la madre, y otras figuras
significativas en el hogar y por los maestros y profesores, así como todos los
que tengan la responsabilidad de educarlos y conformarles una personalidad con
características antisuicidales. Entre los factores protectores
del suicidio se encuentran los siguientes: 1- Poseer habilidades sociales
que le permitan integrarse a los grupos propios de la adolescencia en la escuela
y la comunidad de forma positiva 2- Poseer confianza en sí
mismo, para lo cual debe ser educado destacando sus éxitos, sacando
experiencias positivas de los fracasos, no humillarlos ni crearles sentimientos
de inseguridad. 3- Tener habilidades para
enfrentar situaciones de acuerdo a sus posibilidades, lo cual les evitará
someterse a eventos y contingencias ambientales en las que probablemente
fracasará, reservando las energías para abordar aquellas empresas en las que
salga triunfador. 4- Tener capacidad de
autocontrol sobre su propio “des-tino”, como dijera el poeta chileno Pablo
Neruda, cuando expresó: “Tú eres el resultado de ti mismo”. 5- Poseer y desarrollar una
buena adaptabilidad, responsabilidad, persistencia, perseverancia, razonable
calidad de ánimo y de los niveles de actividad. 6- Aprender a perseverar cuando
la ocasión lo requiera y a renunciar cuando sea necesario. 7- Tener buena autoestima,
autoimagen y suficiencia. 8- Desarrollar inteligencia y
habilidades para resolver problemas. 9- Saber buscar ayuda en
momentos de dificultades, acercándose a la madre, el padre, los abuelos, otros
familiares, un buen amigo, los maestros, el médico, el sacerdote o el pastor. 10- Saber pedir consejos ante
decisiones relevantes y saber elegir la persona más adecuada para brindarlos. 11- Ser receptivo a las
experiencias ajenas y sus soluciones, principalmente aquellas que han tenido
exitoso desenvolvimiento. 12- Ser receptivo ante las
nuevas evidencias y conocimientos para incorporarlos a su repertorio. 13- Estar integrado socialmente
y tener criterio de pertenencia. 14- Mantener buenas relaciones
interpersonales con compañeros de estudio o trabajo, amigos, maestros y otras
figuras significativas. 15- Tener apoyo de los
familiares y sentir que se le ama, se le acepta y apoya. 16- Lograr una auténtica
identidad cultural. 17- Poseer habilidades para
emplear adecuada y sanamente el tiempo libre. 18- Evitar el consumo de
sustancias adictivas (café, alcohol, drogas, tabaco, fármacos, etc.) 19- Aprender a posponer las
gratificaciones inmediatas por aquellas a largo plazo que arrojen resultados
duraderos. 20- Desarrollar una variedad de
intereses extrahogareños que le permitan equilibrar las dificultades en el
hogar si las tuviera. 21- Saber expresar a personas
confiables aquellos pensamientos dolorosos, desagradables y muy molestos,
incluyendo las ideas suicidas u otras, por muy descabelladas que pudieran
parecer. A estos factores habría que añadir
la capacidad para hacer utilización de las fuentes que brindan salud mental,
como las consultas de consejería, de psicología o psiquiatría, las unidades
de intervención en crisis, los servicios médicos de urgencia, los médicos de
la familia, agencias de voluntarios en la prevención del suicidio, etc. Se debe
educar a los adolescentes en el aprovechamiento de la fuentes de salud mental
existentes en la comunidad, cuándo hacer uso de ellas, qué beneficios se
pueden obtener, qué servicios o posibilidades terapéuticas se les puede
brindar y favorecer con ello que se haga un uso racional de las mismas. En esta propia vertiente se
debe comenzar un sistemático esfuerzo para educar a los adolescentes en la
tolerancia hacia los enfermos mentales y la aceptación de la enfermedad mental
como un tipo de trastorno similar a otras afecciones crónicas no transmisibles,
evitando la estigmatización y las actitudes de rechazo hacia quienes las
padecen, lo cual incrementará las probabilidades futuras de aceptarlas en caso
de padecerlas y buscar ayuda para recibir tratamiento especializado,
disminuyendo las posibilidades de cometer suicidio si se tiene en consideración
que padecer una enfermedad mental es un factor de riesgo suicida comprobado, y
si no se la trata, peor aún. Se puede contribuir a modificar
las actitudes peyorativas hacia los enfermos mentales evitando utilizar
calificativos tales como “anormales”, “tarados”, “locos”, y
modificando las interpretaciones del sufrimiento emocional al considerarlo como
una “cobardía”, “una incapacidad”, “una blandenguería” y otras
calificaciones que inhiben las posibilidades de buscar apoyo en quienes las
padezcan. Si a pesar de todos los
esfuerzos realizados ocurre el suicidio de un adolescente, son necesarias
determinadas medidas a tener en cuenta para el
manejo de la familia y de los compañeros de estudio o amigos de la víctima,
los cuales se consideran sobrevivientes, término que designa aquellas personas
muy vinculadas afectivamente a una persona que fallece por suicidio, entre los
que se incluyen los familiares, amigos, compañeros e incluso el médico,
psiquiatra u otro terapeuta que la asistía. Se considera que las muertes
inesperadas ocasionan mayores dificultades en la elaboración del duelo que
aquellas muertes esperadas, anticipadas. El duelo en las muertes inesperadas se
asocia con manifestaciones depresivas más intensas y duraderas, de enfermedades
pre-existentes o el debut de nuevos padecimientos, así como la asunción de
conductas de riesgo para la salud como el consumo excesivo de alcohol, cigarros
o psicofármacos. El duelo por un suicida
presenta determinadas características que lo diferencia del resto de los
duelos. Los sobrevivientes experimentan un conjunto de emociones que no se
encuentran con la misma frecuencia en otras causas de muerte y están más
expuestos al desarrollo de psicopatologías como los trastornos de ansiedad, el
trastorno de estrés post-traumático y episodios depresivos mayores. Es imposible presentar un
cuadro clínico típico del sobreviviente de un suicidio, pero son comunes
algunos de ellos como los intensos sentimientos de pérdida acompañados de pena
y tristeza, rabia por hacerle responsable, en cierta medida de lo sucedido,
sentimientos de distanciamiento, ansiedad, culpabilidad, estigmatización, etc.
También puede manifestarse el horror por el posible arrepentimiento tardío,
cuando ya las fuerzas flaquearon lo suficiente para evitar la muerte y no poder
evitarla deseándolo en esos últimos instantes. El miedo es una emoción
presente en la casi totalidad de los familiares del suicida y está referido a sí
mismo, a su posible vulnerabilidad de cometer suicidio o a padecer una
enfermedad mental que lo conlleve. Este temor se extiende a los más jóvenes, a
los que pueden comenzar a sobreprotegerse con la esperanza de evitar que ellos
también cometan un acto suicida. La culpabilidad es otra
manifestación que frecuentemente se observa en los familiares del suicida y se
explica por la imposibilidad de evitar la muerte del ser querido, por no haber
detectado oportunamente las señales que presagiaban lo que ocurriría, por no
atender las llamadas de atención del sujeto, las que habitualmente consisten en
amenazas, gestos o intentos suicidas previos, así como no haber logrado la
confianza del sujeto para que les manifestara sus ideas suicidas. Otras veces la
culpabilidad la ocasiona el no haber tomado una medida a tiempo, a pesar de
reconocer las manifestaciones de un deterioro de la salud mental que podían
terminar en un acto de suicidio. Cuando la culpabilidad es insoportable, el
familiar también puede realizar un acto suicida para expiar dicha culpa. Durante el primer año del
duelo el sujeto es más vulnerable a padecer problemas somáticos y emocionales.
Entre estos tenemos un conjunto de síntomas físicos como taquicardia,
artritis, migraña, alergia, asma y tics. Entre los síntomas psicopatológicos
se pueden observar sentimientos de soledad, desesperanza, pobre autoestima y
rumiación obsesiva de la búsqueda del por qué. La búsqueda del por qué,
principalmente en los padres y entre ellos en la madre, persiste por varios años. Otra manifestación del duelo
por el suicidio presente en el sobreviviente es la conjunción de emociones
encontradas como puede ser la agresividad y el alivio, este último
experimentado como alivio personal al fallecer la persona cuyos problemas le
afectaban y por el fallecido que ha cesado de soportar sus problemas
emocionales. Terminar una vida problemática y difícil se percibe como un
alivio para muchos familiares de suicidas. Por tanto para el mejor manejo
del duelo por un suicida hay que conocer todas estas manifestaciones, lo cual
facilitará la evolución de sus diversas etapas y evitará el desarrollo de
duelos patológicos. No hay método universal para
el tratamiento de esta contingencia, pues será diferente para los hijos del
suicida, o su pareja, o sus padres, o sus hermanos. Si se trata de un suicidio
entre varios hermanos, estos pueden experimentar cambios en todos o casi todos
los aspectos de sus vidas. Como todos tienen una infancia común con
experiencias más o menos similares, una de las tareas que hay que enfrentar es
evitar la identificación con el hermano suicida, proporcionando otras opciones
para resolver problemas que no sean auto lesivas. En ocasiones los hermanos
pueden referir que ven al hermano suicida en el domicilio, o que le escuchan
hablar o que les llama. Estas manifestaciones no deben ser consideradas como una
pérdida de la salud mental de carácter grave, sino, que en ese contexto, deben
ser aceptadas dentro de los límites normales para estos casos, por lo que
adoptar la postura de ignorar síntomas y actitudes de este tipo puede ser de
gran beneficio. Siempre deben explorarse las
ideas suicidas en los sobrevivientes y en los hermanos de los suicidas niños o
adolescentes, más aún, si se presentan en alguno de ellos, se impone la
evaluación del riesgo de suicidio y el grado de afectación psicológica y
tomar una medida a tiempo para evitar un acto suicida. Es conveniente además tomar
determinadas medidas de carácter general que faciliten la elaboración del
duelo y, por tanto, su evolución dentro de límites normales. Estas medidas
son: • Retirar fotos del fallecido
de los lugares donde con frecuencia se reúne la familia. Cuando el duelo se
haya resuelto, se puede colocar alguna donde se estime, pues ya no se recordará
con la intensidad afectiva de los primeros días. Mientras, es mejor tener algún
lugar para ir expresamente a eso y no donde se encuentre la imagen con solo
pasar. • No llevar fotos del
fallecido consigo (billeteras, monederos, documentos de identificación,
medallas, etc.). • Retirar sus objetos
personales guardándolos en un lugar seguro, pero no visibles a simple vista. • Modificar la habitación
del fallecido o el lugar donde permanecía. • No asistir con frecuencia
al cementerio. • Seguir vistiéndose como
siempre lo ha hecho. Si hay tradición de llevar luto no tratar de impedirlo. • Permitir que los niños
continúen viviendo su rutina cotidiana, esto es, jueguen, vean los programas
infantiles en la televisión, etcétera. • No olvidar que el
adolescente tiene su propia manera de experimentar su aflicción por lo ocurrido
y no tiene que manifestarse de su misma forma. Aunque se le vea riendo en
determinados momentos, él sufre tanto como usted, no lo olvide. •Es conveniente hablar con
los menores sobre lo ocurrido, y relacionar siempre el suicidio con la locura
(aunque no sea cierto), pues esta asociación puede disminuir la posibilidad de
imitación, “el loco es el que se suicida y yo no lo estoy, por tanto, yo no
me suicido”. Cuando el suicidio de un
adolescente ocurre en la escuela se deben tomar las siguientes medidas: 1- Evitar las explicaciones
simplistas del hecho ocurrido 2- Evitar que el suicidio sea
presentado como un acto heroico, romántico, fascinante, o como una salida
probable ante determinadas situaciones. 3- Identificar los problemas de
la salud mental de la víctima y correlacionarlos con la conducta suicida,
especialmente si era portador de una enfermedad reconocible. 4- Brindar ejemplos de otros
estudiantes, que en similares situaciones, en peores condiciones y con motivos
parecidos, buscaron otras soluciones no destructivas para adaptarse. 5- Lograr que los estudiantes
identifiquen otras salidas ante los problemas que conllevaron el suicidio del
compañero. 6- Lograr que identifiquen
aquellos factores protectores que hubieran podido evitar el suicidio del compañero. Los maestros y profesores, con
un mínimo de entrenamiento en la prevención del suicidio, pueden prestar una
valiosa ayuda en la disminución de esta causa de muerte entre sus estudiantes,
principalmente erradicando en ellos y en los padres y madres de los estudiantes,
los criterios erróneos relacionados con el comportamiento suicida: 1.-Mito: El que se quiere matar
no lo dice. Criterio equivocado pues
conduce a no prestar atención a las personas que manifiestan sus ideas suicidas
o amenazan con suicidarse. Criterio científico: De
cada diez personas que se suicidan, nueve de ellas dijeron claramente sus propósitos
y la otra dejó entrever sus intenciones de acabar con su vida. 2.-Mito: El que lo dice no lo
hace. Criterio equivocado ya que
conduce a minimizar las amenazas suicidas las que pueden ser consideradas erróneamente
como chantajes, manipulaciones, alardes, etc. Criterio científico:
Todo el que se suicida expresó con palabras, amenazas, gestos o cambios de
conducta lo que ocurriría. 3.-Mito: Los que intentan el
suicidio no desean morir, sólo hacen el alarde. Criterio equivocado porque
condiciona una actitud de rechazo a quienes intentan contra su vida, lo que
entorpece la ayuda que estos
individuos necesitan. Criterio científico:
Aunque no todos los que intentan el suicidio desean morir, es un error tildarlos
de alardosos, pues son personas a las cuales les han fracasado sus mecanismos útiles
de adaptación y no encuentran alternativas, excepto el intentar contra su vida. 4.-Mito: Si de verdad se
hubiera querido matar, se hubiera tirado delante de un tren. Criterio equivocado que refleja
la agresividad que generan estos individuos en quienes no están capacitados
para abordarlos. Criterio científico: Todo
suicida se encuentra en una situación ambivalente, es decir, con deseos de
morir y de vivir. El método elegido para el suicidio no refleja los deseos de
morir de quien lo utiliza, y proporcionarle otro de mayor letalidad es
calificado como un delito de auxilio al suicida (ayudarlo a que lo cometa),
penalizado en el Código Penal vigente. 5.- Mito: El sujeto que se
repone de una crisis suicida no corre peligro alguno de recaer. Criterio equivocado que conduce
a disminuir las medidas de observación estricta del sujeto y la evolución
sistematizada del riesgo de suicidio. Criterio científico:
Casi la mitad de los que atravesaron por una crisis suicida y consumaron el
suicidio, lo llevaron a cabo durante los tres primeros meses tras la crisis
emocional, cuando todos creían que el peligro había pasado. Ocurre que cuando
la persona mejora, sus movimientos se hacen más ágiles, está en condiciones
de llevar a vías de hecho las ideas suicidas que aún persisten, y antes,
debido a la inactividad e incapacidad de movimientos ágiles, no podía hacerlo. 6.- Mito: Todo el que intenta
el suicidio estará en ese peligro toda la vida. Criterio equivocado que intenta
justificar la sobreprotección hacia el individuo en algunos casos y el estigma
o rechazo por temor a que se repita. Criterio científico:
Entre el 1 % y el 2 % de los que intentan el suicidio lo logran durante el
primer año después del intento y entre el 10 al 20 % lo consumarán en el
resto de sus vidas. Una crisis suicida dura horas, días, raramente semanas,
por lo que es importante reconocerla para su prevención. 7.- Mito: Todo el que se
suicida está deprimido. Criterio equivocado que tiende
a hacer sinónimo el suicidio y la depresión, lo cual no se ajusta a la
estricta evidencia. Criterio científico:
Aunque toda persona deprimida tiene posibilidades de realizar un intento de
suicidio o un suicidio, no todos los que lo hacen presentan este desajuste.
Pueden padecer esquizofrenias, alcoholismo, trastornos del carácter, etc. 8.- Mito: Todo el que se
suicida es un enfermo mental. Criterio equivocado que intenta
hacer sinónimo el suicidio y la enfermedad mental. Criterio científico:
Los enfermos mentales se suicidan con mayor frecuencia que la población en
general, pero no necesariamente hay que padecer un trastorno mental para
hacerlo. Pero no caben dudas de que todo suicida es una persona que sufre. 9.- Mito: El suicidio se
hereda. Criterio equivocado que tiende
al nihilismo terapéutico, pues se cree erróneamente que lo que esta
determinado por la herencia es imposible modificarlo. Criterio científico: No
está demostrado que el suicidio se herede, aunque se puedan encontrar varios
miembros de una misma familia que hayan terminado sus vidas por suicidio. En
estos casos lo heredado es la predisposición a padecer determinada enfermedad
mental en la cual el suicidio es un síntoma principal, como por ejemplo, los
trastornos afectivos y las esquizofrenias. 10.- Mito: El suicidio no puede
ser prevenido pues ocurre por impulso. Criterio equivocado que limita
las acciones preventivas pues si ocurre de esta manera es imposible
pronosticarlo y por tanto prevenirlo. Invita a la inercia terapéutica. Criterio científico:
Toda persona antes de cometer un suicidio evidencia una serie de síntomas que
han sido definidos como Síndrome Presuicidal, consistente en constricción de
los sentimientos y el intelecto, inhibición de la agresividad, la cual ya no es
dirigida hacia otras personas reservándola para sí, y la existencia de fantasías
suicidas, todo lo que puede ser detectado a su debido tiempo y evitar se lleven
a cabo sus propósitos. 11.- Mito: Al hablar sobre el
suicidio con una persona en este riesgo se le puede incitar a que lo realice. Criterio equivocado que infunde
temor para abordar la temática del suicidio en quienes están en riesgo de
cometerlo. Criterio científico:
Está demostrado que hablar sobre el suicidio con una persona en tal riesgo en
vez de incitar, provocar o introducir en su cabeza esa idea, reduce el peligro
de cometerlo y puede ser la única posibilidad que ofrezca el sujeto para el análisis
de sus propósitos autodestructivos. 12.- Mito: El acercarse a una
persona en crisis suicida sin la debida preparación para ello, sólo mediante
el sentido común, es perjudicial y se pierde el tiempo para su abordaje
adecuado. Criterio equivocado que intenta
limitar la participación de voluntarios en la prevención del suicidio. Criterio científico: Si
el sentido común nos hace asumir una postura de paciente y atenta escucha, con
reales deseos de ayudar al sujeto en crisis a encontrar otras soluciones que no
sean el suicidio, se habrá iniciado la prevención. 13.- Mito: Sólo los
psiquiatras pueden prevenir el suicidio. Criterio equivocado que
pretende constituir la prevención del suicidio en un feudo de los psiquiatras. Criterio científico: Es
cierto que los psiquiatras son profesionales experimentados en la detección del
riesgo de suicidio y su manejo, pero no son los únicos que pueden prevenirlo.
Cualquiera interesado en auxiliar a este tipo de personas puede ser un valioso
colaborador en su prevención. 14.- Mito.- Los que intentan el
suicidio y los que se suicidan son individuos peligrosos, pues igual que
intentan contra si mismo pueden intentar contra los demás. Criterio equivocado que tiende
a generar temor al enfrentamiento a este tipo de individuos. Criterio científico: Es
homicidio es un acto que generalmente no se acompaña de suicidio en quienes lo
realizan, por tratarse en la generalidad de los casos de un acto heteroagresivo.
El suicidio, por lo general es un acto autoagresivo, en el que los impulsos
destructivos el sujeto los vierte contra si mismo, incluso el suicidio se
consideró el homicidio de si mismo. Existen ocasiones en las que el
suicida, antes de morir, mata a otros que no desean morir, como en el llamado
suicidio ampliado en depresiones con síntomas psicóticos y en dramas
pasionales en los que el homicida- suicida presenta un trastorno mental
generalmente del espectro depresivo. 15.- Mito: El tema del suicidio
debe ser tratado con cautela por los problemas sociopolíticos que ocasiona. Criterio equivocado que limita
la investigación, abordaje y prevención de esta causa de muerte evitable y que
denota un desconocimiento prejuiciado del tema por quien lo esgrime. Criterio científico: El
tema del suicidio debe ser tratado de igual forma que otras causas de muerte,
evitando las noticias sensacionalistas y aquellos manejos que provoquen la
imitación de esa conducta. Por otra parte, el suicidio es una forma de morir
que se observa en países de regímenes socioeconómicos diferentes, desde los
muy desarrollados hasta los que apenas tienen recursos, pues responde a factores
diversos, como son los biológicos, psicológicos, sociales, psiquiátricos,
existenciales, etc. 16.- Mito: Una persona que se
va a suicidar no emite señales de lo que va a hacer Criterio equivocado que
pretende desconocer las manifestaciones prodrómicas del suicidio. Criterio científico:
Todo el que se suicida expresó con palabras, amenazas, gestos o cambios de
conducta lo que ocurriría. 17.-
Mito: El suicida desea morir Criterio equivocado que
pretende justificar la muerte por suicidio de quienes lo cometen y por tanto
tarde o temprano lo llevara a cabo. Criterio científico.-
El suicida está ambivalente, es decir desea morir si su vida continúa de la
misma manera y desea vivir si se produjeran pequeños cambios en ella. Si se
diagnostica oportunamente esta ambivalencia se puede inclinar la balanza hacia
la opción de la vida. 18.- Mito: El que intenta el
suicidio es un cobarde Criterio equivocado que
pretende evitar el suicidio equiparándolo con una cualidad negativa de la
personalidad. Criterio científico:
Los que intentan el suicidio no son cobardes sino personas que sufren. 18.- Mito: El que intenta el
suicidio es un valiente Criterio equivocado que
pretende equiparar el suicidio con una cualidad positiva de la personalidad lo
cual entorpece su prevención pues lo justifica haciéndolo sinónimo de un
atributo imitable y que todos desean poseer como es el valor. Criterio científico:
Los que intentan el suicidio no son valientes ni cobardes, pues la valentía y
la cobardía son atributos de la personalidad que no se cuantifican o miden según
la cantidad de veces que usted se quita la vida o se la respeta. 19.- Mito: Sólo los pobres se
suicidan Criterio equivocado que
pretende hacer del suicidio un atributo de esta clase social, sin tener en
consideración que es una causa democrática de muerte. Criterio científico:
Los pobres también pueden suicidarse aunque es más probable que mueran de
enfermedades infectocontagiosas por sus condiciones de pobreza 20.- Mito: Sólo los ricos se
suicidan Criterio equivocado que
desconoce la posibilidad de que el suicidio se presente entre las capas más
pobres de la sociedad. Criterio científico: El
suicidio es una causa de muerte que se observa con mayor frecuencia entre los
habitantes de países desarrollados que en países en subdesarrollo, pero
evidentemente los ricos no son los únicos que se suicidan. 21.- Mito: Sólo los viejos se
suicidan Criterio equivocado que
pretende evadir al suicidio como causa de muerte en las edades tempranas de la
vida, como son los niños y adolescentes. Criterio científico:
Los ancianos realizan menos intentos de autodestrucción que los jóvenes y
utilizan métodos mortales al intentarlo, lo cual conlleva al suicidio con mas
frecuencia. 22.- Mito: Los niños no se
suicidan Criterio equivocado que intenta
negar la triste realidad del suicidio infantil. Criterio científico:
Después que un niño adquiere el concepto de muerte puede cometer suicidio y de
hecho ocurre este acto a estas edades. 23.- Mito: Si se reta un
suicida no lo realiza. Criterio equivocado que
pretende probar fuerzas con el sujeto en crisis suicida, desconociendo el
peligro que significa su vulnerabilidad. Criterio científico:
Retar al suicida es un acto irresponsable pues se está frente a una persona
vulnerable en situación de crisis cuyos mecanismos de adaptación han
fracasado, predominando precisamente los deseos de autodestruirse. 24.- Mito: Cuando una depresión
grave mejora ya no hay riesgo de suicidio Criterio equivocado que ha
costado no pocas vidas, pues desconoce que en los deprimidos suicidas el
componente motor mejora primero que el componente ideático. Criterio científico:
Casi la mitad de los que atravesaron por una crisis suicida y consumaron el
suicidio, lo llevaron a cabo durante los tres primeros meses tras la crisis
emocional, cuando todos creían que el peligro había pasado. Ocurre que cuando
la persona mejora, sus movimientos se hacen más ágiles, está en condiciones
de llevar a vías de hecho las ideas suicidas que aún persisten, y antes,
debido a la inactividad e incapacidad de movimientos ágiles, no podía hacerlo.
(3,4,5,6,7,8) Bibliografía AUTOR: Prof.Dr.
Sergio Pérez Publicación enviada por Prof.Dr. Sergio Pérez Contactar mailto:serper.grm@infomed.sld.cu Código ISPN de la Publicación EplVFFyVAZVbdXhWhM Publicado Sunday 23 de May de 2004 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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