Monografias | Política socialPolítica socialResumen: Descripción temática. Fundamentación. Política social. Apéndice. Conclusión. Bibliografía. Indice Acción social, objeto de estudio de la sociología, es el análisis del
comportamiento humano en los diferentes medios sociales. La acción humana está
estructurada de acuerdo a normas compartidas y aceptadas por los miembros de una
colectividad. La sociología presenta una doble perspectiva complementaria al analizar la
realidad social: subjetiva o interna y objetiva o externa. Ambos análisis se
remontan a las dos concepciones sobre la acción social: la del sociólogo alemán
Max Weber y la del teórico social francés Émile Durkheim. Weber define la
sociología como "ciencia de la acción social" y afirma que "la
acción humana es social siempre que los sujetos de la acción incorporen en
ella un sentido subjetivo", esto es, los caracteres de una acción social
se encuentran en la percepción y en la comprensión del sujeto de la conducta
de los demás. Para Durkheim, el carácter social de la acción humana es
objetiva, ya que obedece a las "maneras colectivas de obrar, pensar y
sentir externas al individuo", que ejercen un poder coercitivo sobre su
conducta. Véase Patrón de conducta. La acción social ha sido estudiada por el sociólogo estadounidense Talcott
Parsons, uno de los principales teóricos de la sociología contemporánea.
Partiendo de la definición de Weber, en su obra La estructura de la acción
social (1937) sitúa la acción en cuatro subsistemas: biológico, psíquico,
social y cultural, que conforman el sistema de la acción. Para Parsons, toda
acción es siempre global, es decir, está inscrita en esos cuatro subsistemas y
es resultado de la interacción de las fuerzas o influencias de cada uno de
ellos. Bajo el título Sociología y antropología se recoge un conjunto de estudios
realizados por el antropólogo francés Marcel Mauss sobre temas que hoy forman
parte de la denominada antropología cultural o etnología. Extraemos un
fragmento de su larga introducción, "Introducción a la obra de Marcel
Mauss", escrita por su colega francés Claude Lévi-Strauss, en la que
subraya la importancia de analizar y comparar la organización social de las
diferentes culturas y del papel que juega la interrelación entre el individuo y
el grupo social a la hora de estudiar cualquier tipo de sociedad. Fragmento de Sociología y antropología. Podemos fácilmente darnos cuenta que esta técnica operatoria es muy
semejante a la que Troubetzkoy y Jakobson describían mientras Mauss escribía
su Essai, lo cual iba a permitirles crear la lingüística estructural. El
problema radica aquí también en distinguir un dato puramente fenomenológico,
del cual no se ocupa el análisis científico, de una infraestructura más
simple y a la cual debe su ser. Gracias a las nociones de «variantes
facultativas», «variantes combinatorias», «términos de grupo» y a la de
aneutralización», el análisis fonológico iba a permitir definir un lenguaje
por medio de un pequeño número de relaciones constantes en las cuales la
diversidad y complejidad aparente de su sistema fonético no hacen sino ilustrar
la posible gama de combinaciones autorizadas. Del mismo modo que la fonología para la lingüística, el Essai sur le don
inaugura una nueva era para las ciencias sociales. La importancia de este doble
acontecimiento (que desgraciadamente Mauss dejó en esquema) puede perfectamente
compararse con la importancia del descubrimiento del análisis combinatorio para
la matemática moderna. El que Mauss no se dedicara al desarrollo de este
descubrimiento, incitando inconscientemente con ello a Malinowski (de quien hay
que reconocer, sin que ello le perjudique, que fue mejor observador que teórico)
a lanzarse solo a la elaboración del sistema correspondiente sobre la base de
los hechos y conclusiones análogos a que ambos habían llegado, por caminos
independientes, es uno de los grandes males de la etnología contemporánea. Es difícil hoy llegar a saber en qué sentido hubiera desarrollado Mauss su
doctrina, si lo hubiera hecho. El principal interés de una de sus obras tardías,
la Notion de Personne, publicado también en este volumen, radica menos en su
argumentación, considerada a veces cursiva e incluso negligente, que en la
tendencia actualizada hoy de aplicar al orden diacrónico una técnica de
permutaciones que el Essai sur le don concebía más en función de los fenómenos
sincrónicos. En cualquier caso, probablemente Mauss habría encontrado ciertas
dificultades en completar la elaboración del sistema (más adelante veremos por
qué), pero nunca, sin embargo, le habría dado la regresiva forma que recibió
de Malinowski, para quien la noción de función, concebida por Mauss al estilo
del álgebra, es decir, implicando que los valores sociales se pueden conocer
unos en función de otros, toma el camino de un simple empirismo cuyo objeto es
únicamente el de señalar los servicios prácticos prestados a la sociedad por
sus costumbres e instituciones. Cuando Mauss consideraba la relación constante
entre los fenómenos, relación donde reside su explicación, Malinowski se
pregunta únicamente para qué sirven, con el fin de hallarles una justificación.
La posición adoptada ante este problema deshizo los anteriores avances, al dar
entrada a una serie de postulados que carecían de valor científico. El fundamento de que la posición adoptada por Mauss ante el problema es la
única acertada ha quedado atestiguado por los más recientes desarrollos de las
ciencias sociales que permiten confiar en una matematización progresiva. En
determinados campos fundamentales, como es el del parentesco, el de la analogía
con el lenguaje, tan repetidamente mantenido por Mauss, ha permitido descubrir
las reglas concretas que permiten la creación dentro de cualquier tipo de
sociedad de ciclos de reciprocidad cuyas leyes de funcionamiento sean ya
conocidas, permitiendo así el empleo del razonamiento deductivo en un campo que
parecía sujeto a la arbitrariedad más absoluta. Por otra parte, al asociarse cada vez más estrechamente con la lingüística,
con el fin de crear algún día con ella una amplia ciencia de la comunicación,
la antropología social espera beneficiarse de las inmensas perspectivas
abiertas a la lingüística, al aplicar el razonamiento matemático al estudio
de los fenómenos de la comunicación. Forma de intervención del Estado en la sociedad civil. En un sentido
sociales de una sociedad. Relacionadas con la provisión de servicios sociales, las políticas sociales
forman parte del Estado de bienestar, su representación institucional, y
abarcan una extensa gama de programas sociales, como políticas de salud,
seguridad social, vivienda, educación u ocio. Hoy su objetivo es la búsqueda
del bienestar y la mejoría de las condiciones materiales de vida de la población. Estado: denominación que reciben las entidades políticas soberanas sobre un
denominado territorio, su conjunto de organizaciones de gobierno y, por extensión,
su propia extensión territorial. La característica distintiva del Estado moderno es la soberanía, reconocida
tanto dentro del propio Estado como por parte de los demás de que su autoridad
gubernativa es suprema. En los estados federales, este principio se ve
modificado en el sentido de que ciertos derechos y autoridades de las entidades
federadas, como los länder en Alemania, los estados en Estados Unidos,
Venezuela, Brasil o México, no son delegados por un gobierno federal central,
sino que se derivan de una constitución. El gobierno federal, sin embargo, está
reconocido como soberano a escala internacional, por lo que las constituciones
suelen delegar todos los derechos de actuación externa a la autoridad central. Aunque el siglo XX ha sido escenario del nacimiento de muchas instituciones
internacionales, el Estado soberano sigue siendo el componente principal del
sistema político internacional. Desde una perspectiva internacional, un Estado
nace cuando un número suficiente de otros estados lo reconocen como tal. En época
moderna, la admisión en la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y en
otros organismos internacionales proporciona una constancia eficiente de que se
ha alcanzado la categoría de Estado. La ONU es una de las muchas instituciones que han surgido de la creciente
interdependencia de los Estados. El Derecho internacional ha proporcionado
durante siglos un modo de introducir cierto margen de pronóstico y orden en lo
que, en un sentido técnico, constituye todavía un sistema anárquico de
relaciones internacionales. Otros vínculos internacionales son posibles gracias
a tratados, tanto bilaterales como multilaterales, alianzas, uniones aduaneras,
y otras uniones voluntarias realizadas para mutuo beneficio de las partes
implicadas. No obstante, los estados disponen de libertad para anular estos vínculos,
y sólo el poder de otros estados puede impedírselo. En el plano nacional, el papel del Estado es proporcionar un marco de ley y
orden en el que su población pueda vivir de manera segura, y administrar todos
los aspectos que considere de su responsabilidad. Todos los estados tienden así
a tener ciertas instituciones (legislativas, ejecutivas, judiciales, etcétera)
para uso interno, además de fuerzas armadas para su seguridad externa,
funciones que requieren un sistema destinado a recabar ingresos. En varios
momentos de la historia, la presencia del Estado en la vida de los ciudadanos ha
sido mayor que en otros. En los siglos XIX y XX la mayoría de los estados aceptó
su responsabilidad en una amplia gama de asuntos sociales, dando con esto origen
al concepto de Estado de bienestar. Los estados totalitarios, como la Unión de
Repúblicas Socialistas Soviéticas y la Alemania nacionalsocialista, se
atribuyeron un derecho, a menudo compartido con un partido hegemónico y único,
de regular y controlar pensamientos y opiniones. Estas prácticas plantean cuestiones importantes en lo que a la legitimidad
de los estados se refiere. Desde la aparición de las ciudades Estado en la
antigua Grecia, pensadores políticos y filósofos han discutido la verdadera
naturaleza y fines reales del Estado. Con el paso de los siglos, y en la medida
en que la tecnología y la evolución administrativa lo fueron permitiendo,
estos pequeños estados, concebidos por Platón y Aristóteles más como una
comunidad pequeña que como el marco donde se desarrolla la actividad política
de la vida humana, fueron sustituidos por entidades territoriales cada vez
mayores. Los requisitos militares de crear y mantener dichas entidades se inclinaron
hacia el desarrollo de sistemas autoritarios, y algunos autores enfatizaron
acerca del necesario sacrificio de la libertad individual en beneficio de las
necesidades del orden colectivo, ejercido con el respeto hacia el bienestar de
todos los grupos de la sociedad. A partir de los siglos XVI y XVII, la tendencia
a identificar al Estado con pueblos dotados de un cierto grado de identidad
cultural común corrió pareja con una búsqueda de la legitimidad derivada de
la voluntad e intereses de esos pueblos. Así la aparición de facto del
nacionalismo, identificado con la consecución del Estado nacional fue
fundamental durante la Revolución Francesa. La contribución ideológica en
este aspecto de Jean-Jacques Rousseau y Georg Wilhelm Friedrich Hegel produjo a
su vez una cierta sacralización de la nación como entidad moral capaz de
conferir legitimidad tanto a sí misma como a sus acciones. La reacción a
algunos de los excesos surgidos del conflicto entre estados nacionales que esta
postura inspiró durante los siglos XIX y XX preparó por su parte un sustrato
ideológico para el internacionalismo de finales del siglo XX y para los
conceptos de seguridad colectiva, comunidades internacionales económicas y políticas,
además de diversas formas de trasnacionalismo. Esto ha supuesto un desafío al
propio concepto de Estado como forma preferida de organización política. En las postrimerías del siglo XX la globalización de la economía mundial,
la movilidad de personas y capital, y la penetración mundial de los medios de
comunicación se han combinado con el propósito de limitar la libertad de acción
de los estados. Estas tendencias han estimulado un vivo debate sobre si el
Estado puede retener algo de esa libertad de acción que se asociaba en otros
tiempos a la soberanía. Estas limitaciones informales a la independencia vienen
acompañadas en algunas áreas, en especial Europa occidental, de proyectos de
integración interestatal, caso del proyecto de Unión Europea, considerado por
unos como una alternativa al Estado nacional y por otros como la evolución de
nuevos y mayores estados. Sea cual sea el efecto de este proceso, el concepto clásico
de Estado como entidad en cierto modo cerrada, cuyas transacciones internas son
mucho más intensas que sus actividades interestatales, ha pasado a la historia
conforme han ido surgiendo nuevas formas de colaboración e integración
interestatal más flexibles. Estructura social: conjunto de formas en que grupos e individuos se organizan
y relacionan entre sí y con los distintos ámbitos de una sociedad. En sociología,
la estructura es un instrumento para analizar la realidad social. El concepto de estructura tiene una larga evolución. Ya se utilizaba en el
siglo XVII en el campo de la historia natural para hacer referencia a las
relaciones entre las partes de un todo. El término se usaba en anatomía, pero
en el siglo XIX se trasladó a la sociología como consecuencia del empleo de
ciertos términos orgánicos por los pensadores de la época (Auguste Comte,
Karl Marx y Herbert Spencer). El teórico social inglés Herbert Spencer
estableció el paralelismo entre la organización y evolución de los organismos
biológicos, y la organización y evolución de las sociedades. La sociedad,
considerada como un "organismo vivo", podía ser dividida en partes
ordenadas y diferenciadas. Para Spencer, la estructura social sería la
"trama de posiciones e interrelaciones mutuas mediante las cuales se puede
explicar la interdependencia de las partes que componen la sociedad". El sociólogo estadounidense Talcott Parsons elaboró su teoría del sistema
y organización social en términos de estructura y función: la estructura, según
Parsons, comprende los elementos del sistema relativamente constantes y
estables, que serían: los roles (padre, maestro, etc.), las colectividades
(familia, partido político, fábrica, etc.), las normas (los modelos) y los
valores. Véase Funcionalismo. Sin embargo, fueron A. R. Radcliffe-Brown y Claude Lévi-Strauss los
representantes de dos concepciones diferentes y enfrentadas sobre esta teoría:
Radcliffe-Brown comparó la sociedad a un mecanismo en funcionamiento cuyas
partes pueden ser descritas y representadas por los propios participantes
(modelo conceptual). Lévi-Strauss, opuesto a la concepción de Spencer y
Radcliffe, consideró la estructura como algo "latente" en la realidad
pero a modo de un "orden oculto", es decir, que sus partes sólo
pueden ser interpretadas y explicadas (modelo teórico). Pobreza: circunstancia económica en la que una persona carece de los
ingresos suficientes para acceder a los niveles mínimos de atención médica,
alimento, vivienda, vestido y educación. La pobreza relativa es la experimentada por personas cuyos ingresos se
encuentran muy por debajo de la media o promedio en una sociedad determinada. La
pobreza absoluta es la experimentada por aquellos que no disponen de los
alimentos necesarios para mantenerse sanos. Sin embargo, en el cálculo de la
pobreza según los ingresos, hay que tener en cuenta otros elementos esenciales
que contribuyen a una vida sana. Así, por ejemplo, los individuos que no pueden
acceder a la educación o a los servicios médicos deben ser considerados en
situación de pobreza. Las personas que, por cualquier razón, tienen una capacidad muy por debajo
de la media para ganar un salario, es probable que se encuentren en situación
de pobreza. Históricamente, este grupo viene formado por personas mayores,
discapacitados, madres solteras y miembros de algunas minorías. En los países
occidentales, un sector considerable de población en situación de pobreza (el
30%) está constituido por madres solteras con hijos. Esto no se debe únicamente
a que las mujeres que trabajan fuera de casa suelen ganar menos que los hombres,
sino fundamentalmente a que una madre soltera tiene dificultades para poder
cuidar a sus hijos, ocuparse de su vivienda y obtener unos ingresos adecuados al
mismo tiempo. Otros grupos son los discapacitados con personas a su cargo,
familias numerosas y otras en las que el cabeza de familia está en situación
de desempleo o tiene un salario mínimo. La falta de oportunidades educativas es otra fuente de pobreza, ya que una
formación insuficiente conlleva menos oportunidades de empleo. Gran parte de la pobreza en el mundo se debe a un bajo nivel de desarrollo
económico. China e India son ejemplos de países superpoblados en vías de
desarrollo en donde, a pesar de la creciente industrialización, la pobreza es
notoria. El desempleo generalizado puede crear pobreza incluso en los países más
desarrollados. La crisis de 1929 empobreció a millones de estadounidenses y
europeos durante la década de 1930. Lógicamente las fluctuaciones económicas
menos graves, denominadas recesiones, causan un aumento menor del índice de
pobreza. Decenas de miles de personas en situación de pobreza fallecen cada año a
causa del hambre y la malnutrición en todo el mundo. Además, el índice de
mortalidad infantil es superior a la media y la esperanza de vida inferior. Parece inevitable que la pobreza esté, según los criminólogos, vinculada
al delito, aun cuando la mayor parte de las personas con muy bajos ingresos no
sean delincuentes y estos últimos no suelan sufrir graves carencias. Otros
problemas sociales, como las enfermedades mentales y el alcoholismo, son más
habituales, debido a que son causas y efectos de la escasez de recursos económicos
y de una atención médica inadecuada. La pobreza ha sido considerada como indicador de desigualdad de clase social
y sexo en las sociedades industriales, en donde las mujeres que viven solas y
las familias de clase baja presentan el nivel más bajo de pobreza. Asimismo, ha
sido considerada como un indicador de trato económico desigual entre los países
desarrollados y en vías de desarrollo, estando la riqueza acumulada en los
primeros y la pobreza en los segundos, lo que forma la denominada línea
Norte-Sur (véase Teoría de la dependencia). Las zonas más pobres del mundo
son el sur de Asia (Bangladesh, India y Pakistán), los países subsaharianos,
norte de África, Oriente Próximo, Latinoamérica y este de Asia. Servicios sociales: en un sentido amplio, es la prestación de servicios
sanitarios y educativos, la protección social del trabajo y la vivienda, los
seguros y subsidios de renta, y la asistencia social individual. En un sentido
restringido, los servicios sociales son actividades técnicas organizadas por
las administraciones públicas y enmarcadas dentro de las políticas de
bienestar social (véase Política social), cuyo objetivo es la prevención,
rehabilitación o asistencia de individuos, de familias o de grupos sociales con
amplias carencias y demandas, en pro de la igualdad de oportunidades, la
realización personal, la integración social y la solidaridad. La finalidad
global de los servicios sociales es la satisfacción de determinadas necesidades
humanas dentro de una comunidad. Los servicios sociales cubren, en general, los siguientes sectores de población:
mujer, familia y menores, juventud, tercera edad, minusválidos, toxicómanos,
delincuentes y reclusos, minorías étnicas, emigrantes y personas en situación
de pobreza y marginalidad. En Europa, durante el Antiguo Régimen, la Iglesia fue la principal
responsable de la asistencia social y de la provisión de servicios sociales a
la comunidad. En el siglo XIX, el auge de conceptos como clase social y
sociedad, la centralización de la administración del Estado y las nuevas
experiencias de mutualismo patronal y obrero culminarían en reformas
fundamentales (como la de Bismarck en la Alemania de 1881 o, a principios del
siglo XX, la de Lloyd George y Clement Richard Attlee en Gran Bretaña)
surgiendo el embrión de la Seguridad Social y posteriormente el moderno Estado
de bienestar. El grado de desarrollo de los servicios sociales y el nivel de colaboración
entre la administración central (el Estado) y local (ayuntamientos,
comunidades, etcétera), así como entre las organizaciones de voluntariado, varía
de manera considerable según el país, aunque la tendencia es avanzar hacia su
descentralización y regionalización, hacia la cooperación entre los sectores
público y privado, hacia la aplicación de un enfoque más preventivo que
asistencial y hacia el desarrollo de la ayuda mutua dentro de las propias
comunidades, con el fin de conseguir una mayor efectividad. Sin embargo, en las sociedades occidentales con derechos sociales amplios,
donde impera el Estado de bienestar, el mantenimiento de los servicios sociales
también provoca fuertes controversias. El porcentaje habitual de la renta
nacional invertido en servicios sociales por los países económicamente más
avanzados es del 30 por ciento. Sin embargo, actualmente algunos gobiernos están
interesados en reducir sus gastos sociales para que la comunidad libere al
Estado de gran parte de las cargas de asistencia social y servicios sociales,
pero hay que tener presente que estas medidas implican no reconocer estos
servicios como derechos inalienables de los ciudadanos. Por otro lado, expertos en el tema han demostrado que la inversión en
bienestar social va unida al progreso económico, ya que los países que
mantienen altos gastos sociales tienen asimismo un rápido crecimiento económico.
En consecuencia, el gasto social, más que constituir la causa de una crisis
económica, forma parte de su solución. Véase también Trabajo social. Ocio: tiempo libre o tiempo no utilizado para el trabajo. Se trata de
distinguir entre trabajo y ocio. En la realidad social, sin embargo, oportunidades de ocio y recreación han
pasado a formar parte de la vida en todas las sociedades. Han variado de acuerdo
con las condiciones climáticas y la naturaleza circundante, y han ido
progresando a medida que se han producido mejoras tecnológicas y se ha logrado
un mayor control sobre el medio ambiente. El estudio de estas diferencias, tanto en el seno de las sociedades como en
las relaciones de unas con otras, ha dado lugar a una extensa bibliografía. El
ocio, según parece, no es una pérdida de tiempo sino una actividad recreativa.
De igual manera, el trabajo ya no se define tan sólo como una actividad, sino
como una modificación del mundo físico y mental a través de un esfuerzo, y sólo
se considera como trabajo si no constituye un motivo de recreación para la
persona. En última instancia, la diferencia entre trabajo y ocio radica en el
significado que demos al concepto de recreación. La pérdida de tiempo, tal y como Marx y De Tocqueville señalaron desde
puntos de vista muy diferentes, es típicamente un fenómeno colectivo que surge
como consecuencia de fallos del mercado. Ciclos de prosperidad y recesión, o
fluctuaciones de la actividad económica de veinte años o más, pueden hundir o
fomentar la prosperidad de una comunidad. La productividad está ligada a la
especialización en la división del trabajo, pero, de igual manera, expone a la
zona o región especializada a las vicisitudes de las fluctuaciones en la oferta
y la demanda. Así, por ejemplo, Europa parece estar padeciendo una alta tasa de
desempleo al final del siglo XX, debido no sólo a estos factores, sino también
al desajuste entre las demandas del mercado de trabajo y las aptitudes de los
trabajadores. Como resultado, se produce una desocupación forzosa allí donde
la meta de la innovación para reducir las necesidades de trabajo ha sido
ofrecer más ocio. Ha habido también una reestructuración generalizada de la división del
trabajo en las sociedades industriales avanzadas. Las mujeres han entrado en el
mercado de trabajo de forma masiva, empleadas tanto a tiempo parcial como a
tiempo completo. Hace 50 años, las mujeres con niños pequeños estaban
virtualmente confinadas en la economía doméstica. Hoy la mayoría de las
mujeres trabaja fuera de casa y, por lo tanto, su tiempo para el ocio ha
disminuido. De igual manera, los niños emplean más tiempo en el proceso
educativo, permanecen en él hasta una edad más avanzada, juegan menos y se
emplean en un trabajo remunerado con menor frecuencia. De cualquier manera, la tendencia actual apuesta por menos trabajo y más
ocio o tiempo libre. Las horas de trabajo, diarias, semanales, anuales, así
como vitales (a lo largo de toda la vida), se han visto paulatinamente
reducidas, en especial para los hombres y, en particular, para los menos
cualificados. La edad tradicional de jubilación de 65 años se anticipa e
iguala con frecuencia entre los sexos, mientras que la esperanza de vida es
mayor por lo que el mundo del ocio nos atrae cada vez más. Como consecuencia,
surgen multitud de programas de construcción de estadios, complejos deportivos,
centros de ocio y ciudades universitarias; el ocio se ha convertido en una
industria gigantesca que, paradójicamente, ocupa a un número creciente de
personal laboral. La televisión se acerca a niveles de saturación y el turismo
o los viajes al extranjero se han generalizado. Distinciones tradicionales de
sexo y edad pierden progresivamente su sentido en este contexto. La gente puede
divertirse en oficinas y fábricas, del mismo modo que con el trabajo realizado
desde su propia vivienda. Trabajo: el esfuerzo necesario para suministrar bienes o servicios mediante
el trabajo físico, mental o emocional para beneficio propio o de otros. En el lenguaje actual tiende a diferenciarse entre trabajo remunerado y
trabajo gratuito. Se suele denominar trabajo remunerado al empleo bajo contrato
a cambio de un sueldo o salario; suele ser considerado como un intercambio de
esfuerzos en un lugar determinado y dentro de un horario específico. Sin
embargo, estas características están asociadas a la industrialización, con su
organización en fábricas y oficinas, que, en su conjunto, fue una actividad
masculina. Así, el trabajo en el sentido de empleo ha sido básicamente
masculino hasta la reciente incorporación de la mujer. Históricamente la
definición de trabajo en su sentido más amplio es incorrecta, ya que de hecho
en su mayor parte ha sido realizado por mujeres, especialmente en el hogar y en
las prácticas de crianza. Véase Trabajo de las mujeres. El impacto de la cultura industrial ha sido tan grande que se ha llegado a
asociar el concepto de trabajo con el de la fábrica o la empresa, cuando, por
el contrario, actualmente se realiza cada vez más en lugares como el hogar, la
comunidad y los centros de recreo. En el siglo XX se ha reducido el número de
horas de trabajo (por día, semana, año) al mismo tiempo que se han ampliado el
periodo de la infancia y los beneficios de la jubilación. Aristocracia: (del griego, aristos, 'mejor' y kratos, 'poder'), forma de
gobierno en la que el poder soberano es conferido a un número reducido de
ciudadanos que, teóricamente, son los más cualificados para gobernar, en
oposición a la monarquía, en la que la autoridad suprema recae en una sola
persona, y a la democracia, donde la máxima autoridad es ejercida por el
conjunto de los ciudadanos o por sus representantes. En una aristocracia, aunque
el poder se concentra en unos pocos, teóricamente, la administración del
Gobierno procura el bienestar de la mayoría. Cuando los intereses de la
totalidad del pueblo quedan subordinados a los intereses egoístas de los
gobernantes, la aristocracia se convierte en una forma de Gobierno denominada
oligarquía. Existieron aristocracias en Atenas, con anterioridad al periodo de las
guerras persas del siglo V a.C., y en Esparta, prácticamente durante toda su
historia. Lo mismo ocurrió en Roma durante el periodo de la República, desde
el siglo VI hasta el I a.C. Durante el periodo Heian (794-1185) Japón era una
aristocracia de hecho, con unos cuantos miembros de la alta nobleza (la mayoría
de un solo clan, el Fujiwara) gobernando en nombre de emperadores títeres.
Durante la edad media europea no existió una verdadera aristocracia, puesto
que, aunque el poder político se hallara en manos de unos pocos, cada señor
feudal era dueño absoluto de su propio dominio. En Inglaterra el gobierno
vigente desde la subida al trono de la casa de Hannover en 1714 y a lo largo del
siglo XIX, aunque de naturaleza parlamentaria, era en realidad una aristocracia,
pues tanto el rey como el Parlamento eran controlados por unas pocas familias de
nobles whig. Tras el proceso de emancipación de América Latina, en algunos de
los nuevos países surgidos del mismo, se dieron algunas inclinaciones hacia
formas de gobierno aristocrático, que no prosperaron. En la actualidad, el término aristocracia se usa en un sentido más genérico
en diferentes contextos para referirse a un grupo reducido y selecto considerado
superior en diversas categorías, como por ejemplo, la aristocracia de linaje,
de riqueza o intelectual. Protestantismo: una de las tres principales confesiones religiosas del
cristianismo, junto a las representadas por la Iglesia católica y la Iglesia
ortodoxa. El protestantismo empezó como un movimiento reformador de la Iglesia
cristiana occidental en el siglo XVI, que daría lugar a la Reforma
protestante que separó a las Iglesias reformadas de la Iglesia católica. El
objetivo declarado por los reformadores pioneros era el de restaurar la fe
cristiana como había sido en sus orígenes, manteniendo lo que ellos
consideraban valioso de la tradición romana que se había desarrollado en los
siglos intermedios. Las cuatro tradiciones protestantes principales que emergieron tras la
Reforma fueron la luterana, la calvinista, la anabaptista y la anglicana. A
pesar de las considerables diferencias que hay entre ellas en cuanto a prácticas
y doctrina, coinciden en su rechazo a la autoridad del papa y en la importancia
que se concede a la Biblia y a la fe individual. El término protestantismo se otorgó al movimiento después de la II Dieta
de Spira (1529), que fue una asamblea imperial donde la mayoría católica retiró
la tolerancia otorgada a los luteranos durante la primera, celebrada tres años
antes. Seis príncipes luteranos y los dirigentes de 14 ciudades libres alemanas
firmaron una protesta, es decir, manifestaron su disconformidad y se reafirmaron
con ahínco en su fe, con lo que los luteranos pasaron a ser conocidos como
protestantes. El término ha ido asociándose cada vez más a las iglesias que
no son la católica, ni la ortodoxa ni otras iglesias de la tradición oriental.
A principios de la década de 1990, en el mundo había 436 millones de
protestantes (contando con los 73 millones de anglicanos), lo que suponía la
cuarta parte de la cristiandad. Alrededor de 1380 los lolardos aparecieron en Inglaterra, guiados por las
enseñanzas del teólogo John Wycliffe, quien negaba la autoridad de los
prelados eclesiásticos (que consideraba corruptos en el plano moral), la
transubstanciación y otras enseñanzas tradicionales, y abogaba por la fe bíblica.
Los lolardos fueron perseguidos, pero sobrevivieron e influyeron en la Reforma
inglesa. Las enseñanzas de Wycliffe calaron en el reformador bohemio Jan Hus, cuyos
seguidores (los husitas), reformaron la Iglesia bohemia y consiguieron una
independencia virtual tras el martirio de Hus, excomulgado por Alejandro V y
quemado vivo por orden del Concilio de Constanza en 1415. Muchos se convirtieron
al luteranismo en el siglo XVI. Al principio, Lutero quiso reformar la Iglesia desde dentro, pero se topó
con una firme oposición. Al no querer retractarse y pedir que se demostrara su
error mediante las Escrituras, negó la autoridad de Roma y fue excomulgado.
Bajo la protección de Federico el Sabio, elector de Sajonia, escribió libros y
panfletos, y sus ideas se extendieron rápidamente por toda Alemania y otros
lugares de Europa. En Escandinavia se establecieron con gran rapidez iglesias
luteranas que proclamaron su carácter nacional. Pocos años después de la reivindicación heterodoxa de Lutero surgió un
movimiento reformador independiente y más radical en Zurich (Suiza) dirigido
por el pastor suizo Ulrico Zuinglio. Los estudios bíblicos de Zuinglio le
llevaron a la conclusión de que sólo lo que se autorizaba de un modo literal
en las Escrituras debía conservarse en la doctrina y en las prácticas de la
Iglesia. El luteranismo conservaba muchos elementos de la liturgia medieval,
pero Zuinglio abogaba por una ceremonia simple y, en oposición a la Iglesia católica
y al luteranismo, consideraba la eucaristía una ceremonia tan sólo simbólica.
Las reformas de Zuinglio, adoptadas de forma pacífica mediante votación por el
Consejo de Zurich, pronto se extendieron a otras ciudades suizas. El principal reformador de la generación posterior a Lutero y Zuinglio fue
Juan Calvino, teólogo francés que hubo de establecerse en Ginebra en 1536. Las
reformas de Calvino no eran tan extremas como las de Zuinglio, pero iban acompañadas
de un estricto régimen que unía en la práctica Estado e Iglesia en el
mantenimiento de la moral y la doctrina correctas. Calvino escribió la primera
exposición sistemática de la teología protestante, puso en marcha un sistema
de gobierno para la Iglesia presbiteriana y fundó importantes instituciones
educativas que formaron a hombres como John Knox, introductor del calvinismo en
Escocia, donde se convirtió en la Iglesia presbiteriana. El calvinismo también
se extendió a Francia, donde sus seguidores eran conocidos como los hugonotes,
y a los Países Bajos, donde reforzó la voluntad para conseguir la
independencia de la España católica. La Iglesia anglicana fue instaurada en Inglaterra cuando Enrique VIII (en
1534) asumió la autoridad eclesiástica que antes desempeñaba el papa. El
objetivo del rey era conseguir la anulación de su matrimonio con Catalina de
Aragón, hija de los Reyes Católicos, más que reformar la doctrina de la
Iglesia. Impuso estrictas leyes que defendían las principales características
del catolicismo medieval. Sin embargo, bajo los reinados de Eduardo VI e Isabel
I, la Iglesia anglicana llegó a convertirse en una institución protestante sin
paliativos, como quedó definido en los Treinta y nueve artículos. Los ritos
anglicanos y la organización de la Iglesia conservaron a pesar de todo muchas
de las formas del catolicismo romano, apareciendo ante los ojos de muchos como
una vía intermedia. Por esto los anglicanos recibieron las críticas de algunos
disidentes calvinistas: los puritanos. Muchas de estas pequeñas sectas más radicales huyeron de la represión
emigrando a América. Los primeros fueron los puritanos. Más tarde llegaron a
Nueva Inglaterra los congregacionistas y los baptistas. A las colonias del
centro de la costa occidental de lo que hoy es Estados Unidos llegó una gran
variedad de facciones, entre las que estaban los luteranos, los menonitas y los
anabaptistas. En las colonias del sur se instaló la Iglesia anglicana. La historia del protestantismo primitivo estuvo marcada por luchas donde se
entremezclaban los motivos políticos con los religiosos. En Alemania, las
guerras religiosas del siglo XVI y la guerra de los Treinta Años en el XVII
fueron encarnizadas y devastadoras. En Francia los hugonotes calvinistas
lucharon en una sangrienta guerra civil contra los católicos, y ello culminó
con la masacre de la Noche de San Bartolomé en 1572, en la que murieron muchos
caudillos hugonotes. Después de varios enfrentamientos civiles los hugonotes
vieron garantizado su culto gracias al Edicto de Nantes (1598), pero muchos se
vieron forzados a emigrar cuando Luis XIV lo revocó en 1685. En Inglaterra, la
guerra civil entre el Parlamento y la monarquía correspondía también en gran
parte a una contienda intestina entre puritanos y anglicanos. A partir de la Paz
de Westfalia (1648), el protestantismo entró en una fase de consolidación. El
siglo XVII fue un periodo en el que se definió y expuso con rigor la ortodoxia
protestante, enfatizando la autoridad de la Biblia y la lógica religiosa. Esta
tendencia se llamó más tarde escolasticismo protestante por analogía con la
teología católica sistemática de la edad media. Hacia 1670 surgió en Alemania el pietismo como respuesta al intelectualismo
de la ortodoxia. Bajo la dirección del sacerdote alemán Philipp Jakob Spener,
la gente empezó a reunirse en sus hogares en pequeños grupos para estudiar la
Biblia y orar. El pietismo daba más importancia a la conversión privada y a
una piedad sencilla y activa que a la aceptación de proposiciones teológicas
correctas. Se extendió por Alemania y de ahí pasó a Escandinavia y América. La influencia del pensamiento científico y de la Ilustración en la teología
protestante se reflejó en el racionalismo, una tendencia que apareció entre
los siglos XVII y XVIII. Sus predecesores fueron corrientes como el
arminianismo, que negaba la doctrina calvinista de la predestinación de acuerdo
con las enseñanzas de Jacobo Arminio (1560-1609), teólogo protestante holandés,
y el latitudinarismo, que fue una tendencia tolerante y antidogmática que
apareció dentro de la Iglesia anglicana, durante el siglo XVII. El racionalismo
introdujo el espíritu crítico en la teología al defender que se examinaran
las creencias tradicionales a la luz de la razón y la ciencia. Al considerar más
importantes las coincidencias generales entre las religiones que las pequeñas
cuestiones teológicas, cuestionó duramente las rígidas ortodoxias que se habían
desarrollado durante el siglo XVII. La expresión más pura de la tendencia
racionalista fue el deísmo, una concepción filosófica sobre la religión que
negaba las revelaciones, los milagros y los dogmas de cualquier credo. Otra forma de racionalismo protestante que tuvo importancia en el siglo XVIII
fue el unitarismo. Se originó en el siglo XVI en la Europa continental, donde
era llamada socinianismo por su fundador el reformador italiano Fausto Socino
(1539-1604). Después del Acta de Tolerancia de 1689, el unitarismo fue
profesado de forma clara en Inglaterra; durante el siglo XVIII empezó a tener
también seguidores en Nueva Inglaterra. Los unitarios negaban la Trinidad y la
divinidad de Jesucristo, y valoraban sobre todo sus enseñanzas morales y su
ejemplo. La reacción contra las tendencias intelectualistas y formalizantes del
protestantismo que había iniciado el pietismo continuó durante el siglo XVIII
con el surgimiento de varios movimientos populares que apelaban a las emociones
de la experiencia religiosa. En Inglaterra esta reacción adoptó la forma del
metodismo, fundado por John Wesley y su hermano Charles Wesley. Ambos se
hallaban bajo la influencia del pietismo y el arminianismo. Predicaban la
conversión y la inquietud por los pobres en grandes asambleas celebradas a la
intemperie por toda Gran Bretaña. Provocaron un renacer del fervor religioso
entre las clases británicas más humildes, que se sentían saturadas por el
extremo formalismo y el racionalismo dominante de la Iglesia anglicana. Debido a
la desaprobación oficial, el movimiento acabó por separarse de la Iglesia
anglicana y se incorporó a los denominados no conformistas. En las colonias americanas el evangelista inglés George Whitefield y otros
sacerdotes itinerantes predicaban en grandes reuniones religiosas a cielo
abierto. Inspiraron el primer Gran despertar, un renacimiento generalizado del
entusiasmo religioso. Durante el siglo XIX, el protestantismo se convirtió en un movimiento a
escala mundial como resultado de una intensa actividad misionera. También se
fue haciendo cada vez más variado al aparecer nuevas sectas y tendencias
religiosas. El teólogo protestante más influyente de la época fue el alemán
Friedrich Schleiermacher (1768-1834). Schleiermacher interpretaba la religión
como un sentimiento intuitivo de dependencia del Infinito o de Dios, que
consideraba una experiencia universal de la humanidad al completo. La
importancia de la experiencia religiosa más que de los dogmas fue retomada por
la escuela teológica del liberalismo. Los teólogos liberales se propusieron
reconciliar la religión con la ciencia y con la sociedad moderna mediante
nuevas técnicas históricas y críticas de la ciencia bíblica. Intentaron
distinguir el Jesús histórico y sus enseñanzas de lo que consideraban
embellecimientos mitológicos y dogmáticos. También existían tendencias más conservadoras, como por ejemplo el
Movimiento de Oxford de la Iglesia anglicana que sostenía con fuerza las
tradiciones católicas. Aunque algunos de sus adalides, como John Henry Newman
(1801-1890), acabaron ingresando en la Iglesia católica, los anglo-católicos
(como se les llamaba) continuaron ejerciendo una importante influencia dentro de
la Iglesia anglicana. Restauraron el ayuno y la confesión, y fundaron
hermandades religiosas femeninas. El movimiento evangelista mantuvo su importancia en el mundo protestante,
sobre todo en Estados Unidos. Aparecieron muchas nuevas sectas evangélicas como
los adventistas. Los protestantes destacaron en muchos movimientos humanitarios y reformadores
durante todo el siglo. En Inglaterra, los protestantes evangélicos dirigieron
la agitación política que llevó al Parlamento a abolir la esclavitud en los
territorios sometidos al dominio británico. En Estados Unidos los protestantes
evangélicos también hicieron campaña en contra de la esclavitud (con lo que
se provocaron cismas en algunas Iglesias) y en contra de la intemperancia y la
prostitución. Otros movimientos respondieron a los problemas de la Revolución
industrial. El socialismo cristiano y el evangelio social intentaban aplicar
principios cristianos para implantar cambios sociales fundamentales. El siglo XX produjo dos reacciones contra el liberalismo teológico. Una fue
el fundamentalismo, un movimiento evangélico en su primera expresión que se
basaba en la infalibilidad de la Biblia. Otra fue la teología de la crisis, o
nueva ortodoxia, que se desarrolló como respuesta al sufrimiento que provocó
la I Guerra Mundial y que está ligada al teólogo suizo Karl Barth. Barth
volvía a expresar doctrinas centrales de la Reforma como la esencia pecaminosa
de la humanidad, y la dependencia esencial y trascendental de la humanidad
respecto a Dios. Sin embargo, a diferencia de los fundamentalistas, Barth
aceptaba las conclusiones de los estudios bíblicos modernos. Tras la II Guerra Mundial, el evangelismo, una evolución más moderada
del fundamentalismo, se convirtió en una fuerza destacada dentro del
protestantismo. También se incrementó la participación en cuestiones políticas
y sociales: muchos protestantes militaban en movimientos contra la guerra y en
el movimiento estadounidense en defensa de los derechos civiles que lideraba el
ministro baptista Martin Luther King. Otro factor importante fue la aparición del movimiento ecuménico que
favoreció la unión de muchas Iglesias protestantes en todo el mundo y llevó a
la formación del Consejo Mundial de las Iglesias (1948). Los protestantes
establecieron diálogos con la Iglesia católica y con la Iglesia ortodoxa, así
como con otras creencias no cristianas. La mayor parte de las Iglesias protestantes conservaron las doctrinas
centrales de las tradiciones católica y ortodoxa como la Trinidad, la expiación
y la resurrección de Cristo, la autoridad teológica de la Biblia, y el carácter
sacramental del bautismo y de la eucaristía o Cena del Señor. Sin embargo,
algunas doctrinas y prácticas distinguen la tradición protestante de las dos
tradiciones cristianas más antiguas. Lutero pensaba que la salvación no depende del esfuerzo o del mérito
humano, sino de la gracia otorgada por Dios, que es aceptada por la fe. Las
buenas acciones no son despreciadas, pero se consideran más bien fruto de la
gracia de Dios que obra en la vida del creyente. La doctrina de la justificación
de la gracia a través de la fe se convirtió en un componente esencial de
muchas Iglesias protestantes. Lutero y otros reformadores pensaban que el
catolicismo había insistido demasiado en la necesidad que tenían los creyentes
de hacer méritos, de labrarse un camino hacia la gracia de Dios realizando
buenas acciones, ayunando, peregrinando y (como se pensaba generalmente en
tiempos de Lutero) comprando indulgencias. A los protestantes les parecía que
todo esto hacía innecesario el sacrificio de Cristo y dejaba a los seres
humanos, que por definición son todos pecadores, en la duda respecto a su
posibilidad de redimirse. Los reformadores enfatizaban la misericordia de Dios,
que otorga la gracia inmerecida a los pecadores a través de la actividad
salvadora de Jesucristo. Los protestantes consideran que la Biblia es la única fuente y la norma
exclusiva y esencial de sus enseñanzas, y rechazan la postura católica que
otorga al papa la autoridad suprema en materias de fe y de moral. Lutero y otros
reformadores tradujeron la Biblia para permitir que los laicos pudiesen
estudiarla y seguir su propio criterio en cuestiones de doctrina. A pesar de
este acuerdo general en cuanto a la primacía de la Biblia, los protestantes
discrepan respecto a los estudios bíblicos y a su interpretación. Aquellos que
aceptan los resultados de la "más alta crítica" (es decir, el
estudio crítico de la Biblia desde el punto de vista histórico que se llevó a
cabo durante los siglos XIX y XX) consideran que algunos pasajes bíblicos no
son auténticos o lo son en un sentido alegórico o simbólico. Los protestantes
conservadores, como los fundamentalistas y gran parte de los evangélicos,
sostienen la infalibilidad absoluta de las Escrituras, no sólo en cuestiones de
fe, sino también en lo que afecta a la historia, la geografía y la ciencia.
Otras diferencias estriban en que algunos protestantes consideran que el
criterio individual es el que decide todas las cuestiones relativas a la
interpretación de la Biblia, en tanto que otros delegan en las instituciones de
sus respectivas Iglesias para guiar a sus miembros en su fe. Los líderes de la Reforma reaccionaron contra la institución católica del
sacerdocio exaltando el "sacerdocio de todos los creyentes". Incluso
sostienen, como Lutero, que la vocación de cualquier cristiano, al contribuir a
la sociedad y servir así a su vecino, es tan válida ante Dios como cualquier
otra vocación religiosa en un sentido convencional. A pesar de ello, casi todos
los movimientos protestantes cuentan con sacerdotes institucionalizados.
Mientras que el sacerdote católico se considera un administrador de la gracia
de Dios a través de los sacramentos, el ministro protestante se considera un
laico que ha sido formado para realizar ciertas funciones dentro de la Iglesia
(como predicar y administrar los sacramentos). Como consecuencia de esta
creencia en la igualdad esencial de todos los miembros de su comunidad o confesión,
el gobierno de las Iglesias protestantes siempre ha tenido una tendencia democrática,
aunque con amplios matices. Las principales formas de gobierno en las Iglesias
protestantes son la episcopal (los obispos ejercen su autoridad), como en las
Iglesias anglicana, episcopal y metodista; la presbiteriana (en la que se elige
a los presbíteros o los ancianos, para que representen a las congregaciones en
las estructuras decisorias), como en las Iglesias presbiteriana y reformada; y
la congregacionalista (en la que la congregación misma es la máxima
autoridad), como, entre otras muchas, en las Iglesias congregacionalista y
baptista. En comparación con la misa católica y la liturgia ortodoxa, el culto
protestante es más simple y se centra en el sermón del sacerdote. Los
reformadores establecieron que los servicios se celebraran en la lengua vernácula
e introdujeron himnos que la congregación debe cantar. Algunos servicios
protestantes (como el pentecostal) son casi espontáneos y carecen de estructura
predeterminada: se centran en la participación de la comunidad de fieles y en
los dones espirituales, como el don de lenguas. Todas las tradiciones
protestantes redujeron el número de sacramentos de los siete católicos romanos
a dos: el bautismo y la eucaristía. Jubilación: momento en la vida de una persona en que cesa de trabajar y
comienza a percibir una pensión. El cese de la actividad laboral o empresarial
puede deberse a la edad o imposibilidad física del trabajador. En la mayoría
de los países, la edad de jubilación es de 65 años. Sin embargo, en los países
más industrializados se tiende cada vez más a anticipar la edad de jubilación;
esto ha provocado un aumento de las suscripciones de planes de ahorro y de
pensiones a nivel privado. La jubilación está perdiendo su clara delimitación frente a las demás
fases de la vida (infancia, adolescencia y edad adulta). El hecho de que en
numerosos países se desarrollen programas de actividades para la tercera edad,
en los que se desempeña un nuevo periodo de aprendizaje, ha hecho que varios
autores hablen de una 'segunda infancia'. Por otro lado, la mejor calidad de
vida y las mayores expectativas de vida han llevado a algunos autores a
distinguir la tercera edad de la 'cuarta edad', etapa que hoy hace referencia a
aquellas personas con edades muy avanzadas que sufren un mayor deterioro físico
y psíquico. Turismo: actividad multisectorial que requiere la concurrencia de diversas áreas
productivas —agricultura, construcción, fabricación— y de los sectores públicos
y privados para proporcionar los bienes y los servicios utilizados por los
turistas. No tiene límites determinados con claridad ni un producto tangible,
sino que es la producción de servicios que varía dependiendo de los países;
por ejemplo, en Singapur, una actividad turística importante son las compras,
pero no el entretenimiento; en Londres, tanto el entretenimiento (teatro, cine,
conciertos, museos y monumentos) como las compras son entradas importantes para
el sector del turismo. Cuando los países utilicen esas nuevas definiciones aumentará la calidad y
fiabilidad actual de las estadísticas turísticas, que no son fáciles de
analizar debido a las inconsistencias en las definiciones y clasificaciones
utilizadas. Teniendo en cuenta esas limitaciones, el turismo sigue siendo
reconocido como una actividad de importancia económica global. Además del turismo por vacaciones hay también un importante mercado de
turismo de negocios. Los viajeros por negocios utilizan el transporte, el
alojamiento y los servicios en forma similar a los viajeros que van de
vacaciones. Sin embargo, como sus gastos son más de negocios que personales,
aunque su estancia sea más corta en general, tienden a efectuar muchos más
desembolsos por visita que los viajeros vacacionales. En la actualidad se ha
desarrollado un sub-mercado especialista, el sector de reuniones, incentivos,
convenciones y exposiciones, representado en muchos países del mundo. En casi
todas las ciudades importantes pueden encontrarse centros cualificados de
convenciones y exposiciones. Muchas ciudades asiáticas, por ejemplo Yakarta,
Hong Kong y Singapur, han desarrollado en los últimos años excelentes
instalaciones que compiten favorablemente con los centros establecidos en Europa
y Estados Unidos. Las convenciones y exposiciones atraen a visitantes de
distintas partes del mundo. En 1994 se estimó que este mercado generó 97.000
millones de dólares en ingresos globales. El rápido crecimiento del turismo internacional se ve reflejado en el
incremento de los miembros de la OMT, que en 1995 contaba con 125 países
miembros y 250 miembros afiliados. Con algunas excepciones, la mayoría de los
países han establecido una Organización Nacional del Turismo (ONT),
generalmente promovida por el Estado. Estas organizaciones son el foco de la
actividad del gobierno y el sector privado para representar en el extranjero las
ventajas turísticas del país. El apoyo gubernamental a las ONT se basa en la
necesidad de asegurar los beneficios económicos derivados del turismo. La
importancia del turismo como entrada de moneda extranjera se ve con claridad en
países como la India y Tailandia, donde el turismo es la primera fuente de
ingresos de divisas. España, donde el turismo tiene una importancia económica
de primera magnitud, recibió en 1995 la visita de 51 millones de turistas. Sin embargo, el crecimiento del turismo a escala internacional ha acarreado
problemas, sobre todo en lo referente a su impacto en las sociedades y en el
medio ambiente. La aceptación sin restricciones de los beneficios del turismo
en la década de 1970 empezó a dar paso a una propuesta más equilibrada sobre
el papel del turismo en el desarrollo, especialmente en lo referente a sus
impactos no económicos. Los planificadores del turismo empiezan a incluir factores
socioeconómicos y medioambientales en su trabajo. Algunos factores que se
consideran negativos son, la excesiva ocupación en las costas, por ejemplo en
España, la mala planificación de los lugares de temporada en Pattaya,
Tailandia o el turismo sexual en Bangkok, Cuba y Manila. En la década de 1990,
las ventajas económicas ya no son el único criterio para apoyar el desarrollo
del turismo; éste está cada vez más unido al concepto de sostenibilidad. Un turismo sostenible puede definirse como "un proceso que permite que
se produzca el desarrollo sin degradar o agotar los recursos que posibilitan ese
desarrollo". La sostenibilidad en el turismo, como concepto, se define como
'eco-turismo', 'turismo verde', o 'turismo responsable'. Cualquiera que sea su
descripción, se considera como un medio de reconocer que la Tierra posee
recursos limitados y que el turismo, como en otros sectores, tiene límites para
el desarrollo, sobre todo en lugares específicos. Hoy preocupa mucho el uso turístico
de los parques de animales de Kenia, el deterioro de la Gran Barrera de
Arrecifes de Australia y el daño causado por los montañeros o alpinistas
irresponsables en las áreas montañosas del Nepal. La interdependencia del
turismo, la cultura y el medio ambiente se ha convertido en una consideración
crítica al formular las políticas turísticas. La sostenibilidad no sólo se
aplica a los proyectos turísticos a pequeña escala; es igualmente importante,
si no más, en zonas donde existe un gran volumen de turistas, como en los países
de la cuenca del Mediterráneo, donde la contaminación medioambiental es de la
mayor importancia. No hay ninguna razón para creer que el turismo declinará como actividad
internacional en el futuro. Todo se inclina a suponer que aumentará para
convertirse en un aspecto significativo del desarrollo económico y social en
muchos países. El desafío, pues, es asegurar que ese crecimiento pueda
acomodarse dentro de una estructura sostenible. 5. Conclusión La acción humana, "las maneras de obrar, pensar o sentir", obedece
a unas reglas externas comunes y colectivas, conocidas y aceptadas por la
totalidad de la sociedad. La conducta humana es aprendida, es decir, adquirida
por transmisión social. Por ello, el ser humano es producto de los ‘grupos‘
a los que ha pertenecido: país, etnia, clase social, religión, familia,
escuela... Cuando una persona entra en relación con otra, ambas se inspiran en las
mismas normas y códigos para poder comprender el significado de las conductas,
y si existe la comunicación es porque las palabras, la mímica o los gestos
tienen el mismo significado para ambas. Las relaciones entre las personas
suponen la ‘unanimidad relativa’, es decir, el acuerdo de un mínimo de
normas comunes. Sin embargo, todo patrón o modelo de conducta es relativo, ya
que al ser adquirido puede variar entre dos sociedades diferentes o entre
generaciones. Algunos patrones de conducta se olvidan, otros se transforman u
otros permanecen adoptando un nuevo significado. En el campo de la sociología,
los profesionales estudian las costumbres y acontecimientos que pertenecen a una
época determinada (de una generación), ya que ilustran la rápida evolución
de los modelos y normas sociales. La interrelación entre los patrones de conducta y las ideas, los conceptos y
las actitudes ha llevado a numerosos antropólogos a investigar el efecto de las
culturas en la formación de la personalidad. Existen dos grandes corrientes para delimitar el campo de esta disciplina, la
estadounidense y la europea, ésta dominada por los alemanes y los franceses. En
la primera, el campo de la etnología se conoce con el nombre de ‘antropología
cultural histórica’, y, junto con prehistoria y antropología lingüística,
forma una de las ramas de la antropología cultural general. En la segunda, la
europea, la etnología abarca antropología física, por un lado, y prehistoria
y lingüística o etnología lingüística, por otro. Los etnólogos estudian todos los aspectos de la cultura en el mundo
contemporáneo e intentan comprender el conjunto de las diferentes culturas
desde una perspectiva comparativa. Prestan especial atención a la observación
y recogida de datos y, mediante la comparación de los sistemas sociales, los
etnólogos ponen de relieve la interrelación entre el individuo y la familia,
el clan, o cualquier otro grupo (social, político o religioso) que pudiera
existir dentro de cada sociedad. Al establecer las comparaciones, los etnólogos
deben diferenciar entre aquellas respuestas que son específicas de cada cultura
y las que son propias de toda la humanidad. Esta diferenciación clarifica el
papel de la conducta aprendida en el desarrollo de las diferentes culturas.
Algunos estudios analizan las relaciones entre los fenómenos sociales y las
adaptaciones ambientales. La familia como institución puede adoptar formas muy diferentes según los
diversos pueblos o culturas. Los sistemas familiares suelen asignar la
descendencia tanto al padre como a la madre, pero existen pueblos que consideran
que un hijo pertenece exclusivamente a la familia del padre o a la de la madre.
Este tipo de filiación se denomina filiación unilateral. El vocablo sib
(consanguíneo) en la terminología antropológica estadounidense y clan en la
inglesa denotan un grupo de descendencia unilateral, es decir, clanes en los que
los hijos pertenecen a la madre (véase Matrilinaje) o que pertenecen al padre
(véase Patrilinaje). La consanguinidad posee funciones rituales, económicas y
políticas en muchas sociedades. Balaguer Callejón, Francisco. Teoría del estado en C. Marx y F. Engels. Málaga:
Universidad de Málaga, 1986. Análisis de la teoría del Estado desde una
perspectiva marxista. Trabajo enviado por: Publicación enviada por Profesor José Luis Dell´Ordine Contactar mailto:dellordine@arnet.com.ar Código ISPN de la Publicación EplkAkkAAFNjViSuia Publicado Sunday 25 de April de 2004 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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