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Violencia en los medios de comunicacion

Resumen: En una linda y tranquila ciudad, Verónica de 13 años era una joven querida por sus padres. "Teleadicta" como otros chicos y chicas, pasaba horas y horas obnubilada ante la televisión. En febrero de 1999 intentó asesinar a toda su familia. El método para el crimen frustrado, lo aprendió en la televisión.(V)

Publicación enviada por Laura Tuyaret


 

INTRODUCCIÓN

 

En una linda y tranquila ciudad, Verónica de 13 años era una joven querida por

sus padres. "Teleadicta" como otros chicos y chicas, pasaba horas y horas obnubilada

ante la televisión. En febrero de 1999 intentó asesinar a toda su familia. El método para

el crimen frustrado, lo aprendió en la televisión. Como quien narra el programa que

acaba de ver, Verónica contó los detalles a la policía: esperó que sus padres y su

hermana se durmiesen, abrió el gas, contó los minutos y llamó desde un teléfono

público calculando que el contacto eléctrico de la llamada desencadenase (como había

sucedido en la televisión) la explosión en que los suyos morirían abrasados. Fue llevada

al reformatorio, por su intento de parricidio. El proceso ponía en evidencia, según el

fiscal, la existencia de una juventud atosigada de telenovelas que tiene una necesidad

impostergable de autoridad y de educación.

El caso de Verónica ilustra el mensaje fundamental de este trabajo: la sociedad

está siendo amenazada, minada, atacada, puesta en jaque desde la pantalla chica.

Lo que me motivó a realizar esta investigación fue la existencia de agresiones morales a

la autoridad paterna, a la bondad materna y al amor filial en series y películas.

Pienso que en los hogares ya nadie conversa con los otros porque la televisión

absorbe todo el tiempo, irguiendo una fría cortina de silencio que bloquea las relaciones

mutuas. Además, es muy preocupante la presencia de los falsos modelos insuflados en

las mentes de niños y adolescentes y en el peligro de que los imiten.

La televisión ha presentado una gran violencia en los últimos tiempos. Sobre todo

con la llegada de nuevos formatos de programas, como los renombrados reality shows.

Es para todos evidente, que los responsables de los medios son los autores de esta

violencia, pero también es claro que no se muestran en la pantalla cosas que la gente no

quiere ver.

En la primera parte del trabajo, antes de desarrollar el tema por completo, me

propongo conceptualizar qué entendemos por violencia y cuales son los objetivos

principales de un medio de comunicación.

En la segunda parte, trataré sobre cómo se manifiesta esta violencia en los niños

y jóvenes, de qué manera se ven influidos por la "caja boba" y cómo se representa ésta

en las distintas clases sociales.

En la tercera parte, analizaré cuáles son las características de la cultura

posmoderna para que la televisión tenga un enorme peso en la sociedad.

 

 

Objetivos:

 

  • Conceptualizar la violencia
  • Definir los objetivos iniciales de los medios masivos de comunicación
  • Analizar cómo se manifiesta esta violencia en la cultura posmodema
  • Investigar cómo afecta la televisión a los niños, jóvenes y a la familia.

 

 

Hipótesis: Los medios masivos de comunicación, en especial los audiovisuales, han

presentado una gran violencia en los últimos tiempos.

Es para todos evidente, que los responsables de los medios son los autores de

esta violencia, pero también es claro que no se muestran en la pantalla cosas que la

gente no quiere ver .

Asistimos a un cambio radical en el proyecto inicial de un programa de

televisión, sobre todo en los noticieros. Estos han pasado a ser reality shows en donde

las imágenes son manipuladas para alimentar el morbo de la gente.

Esta violencia generada por los medios se manifiesta en todos los ámbitos de

la sociedad.

 

 

 

¿QUÉ ES LA VIOLENCIA?

 

La violencia es una acción injusta con la que se ofende, humilla o perjudica a alguien.

Hacer violencia sobre una persona es obligarle a hacer algo que esta no quiere. Algo

violento es aquello que esta fuera de su estado natural, que obra con ímpetu y fuerza,

que se hace con brusquedad o intensidad extraordinaria. Todo lo violento se ejecuta

contra el modo regular o fuera de razón y justicia.

La violencia se puede definir como algo evitable que obstaculiza la autorrealización

humana explicando que las personas sufren realizaciones afectivas, somáticas y

mentales por debajo de sus realizaciones potenciales.

La violencia también puede ser considerada como aquella situación o situaciones en

que dos o mas individuos se encuentran en una confrontación donde una o mas de una

de las personas afectadas sale perjudicada, siendo agredida física o psicológicamente.

 

 

EL OBJETIVO DE LA TELEVISIÓN

 

Cada vez más la tecnología está brindando insospechadas posibilidades materiales a

la comunicación social; desde la aparición de la telefonía hasta el satélite Telstar, es

prodigioso el progreso que se ha alcanzado en el perfeccionamiento de los medios de

comunicación, mediante la incorporación de los mas avanzados aportes de la ciencia y

de la tecnología contemporáneas.

Pero, por grande que sea la perfección alcanzada por esos medios, por sí solos no

constituyen la realidad básica de la comunicación, el hecho social que entraña. Son tan

sólo eso: medios o instrumentos. El proceso de la comunicación involucra la

intervención de otros elementos, fundamentalmente humanos, desde el hombre como

protagonista de la noticia, del acontecer, y el captador, intérprete y transmisor de ese

acontecer, hasta el receptor y el medio humano-social en que este proyecta los efectos

del mensaje recibido.

Un satélite podrá llevar, en instantes, una noticia a todos los rincones del mundo, pero

para ello necesita no sólo del hombre que sea noticia por su actualidad, sino de aquel

que observe, valore, interprete ese actuar y lo traduzca en un lenguaje captable por el

resto de los hombres.

La palabra comunicación desde un punto de vista etimológico, deriva de los vocablos

latinos communicarse y communicatio. Significa "acción mediante la cual lo que era

propio y exclusivo de uno viene a ser participado por otros".

Un filólogo italiano, Niccoló Tommaseo, en su Diccionario, define la comunicación

de la siguiente manera:

"Hacer común algo con otros, y hacerse partícipe o entrar a formar parte de algo. Y

nosotros podemos hacer común a los otros nuestros pensamientos, los conocimientos,

dar noticia de algo a los otros, conversar con una persona o más: y en todos estos casos

decimos comunicar...

Comunicar, cuando tiene sentido a fin a significar y notificar, es dar a conocer a otros

una cosa que se sabe o que se hace, ponerla casi aparte de nuestro conocimiento,

ponerla con ellos en común. Se notifican los hechos, se significan los sentimientos del

alma, se comunican éstos y aquéllos, pero éstos más propiamente. Se notifica a quien

quiere y debe conocer; se comunica con quien se quiere hacer parte del propio

conocimiento o sentimiento..." [1]

Comunicar, entonces, es algo más que informar: es Informar y significar, transmitir

notificaciones de hechos, y a la vez hacer compartir sentimientos e ideas a un receptor

que no es de ninguna manera indiferente o pasivo.

Según Carlos Ortiz Gil, la comunicación es "la transmisión de un mensaje a otra

persona, en forma tal que esa persona nos muestre que recibió el mensaje, reaccionando

como esperamos..." [2]

Para Eric Buyssens la comunicación es "el acto por el cual un individuo, conociendo

un hecho perceptible, lo asocia a cierto estado de conciencia -deseo de colaboración- y

el hecho se realiza porque otro individuo comprende el porqué de su comportamiento y

reconstruye en su propia conciencia el deseo del primer individuo..." [3]

Señalemos, finalmente, lo que con toda claridad ha puntualizado David K. Berlo, y

que consideramos fundamental para definir con exactitud el concepto de comunicación:

"Toda comunicación tiene su objetivo, su meta, o sea, producir una respuesta ".[4]

 

Dentro de los medios de comunicación, utilizados hoy en la actualidad, el que más

repercusión ha tenido en todos los ámbitos de la sociedad, ya sea en edades y sexos, ha

sido la televisión.

Podemos decir que la función de la televisión es recoger, codificar y transmitir, en

forma permanente, regular y organizada, mensajes que contengan información para la

comunidad social, con una triple finalidad: informar, formar y entretener.

 

 

 

LA TELEVISIÓN y LOS NIÑOS: ¿Espacio educativo o espacio donde todo vale?

 

¿Qué se ve en la televisión actualmente?

 

Hoy la televisión lo llena todo. Hace tan solo 20 o 25 años, la vida era diferente sin

ella. El hombre actual pasa demasiado tiempo delante de la televisión. Esta provoca el

mismo fenómeno que el de las drogas: crea adicción. Es la conducta repetitiva que se va

haciendo hábito y de la cual es muy difícil sustraerse: tanto que las personas con escasos

recursos intelectuales, o poca curiosidad por llenar su ocio con una afición o un hobby

bien definido, quedan atrapadas en esa malla una y otra vez. Entonces podemos afirmar,

sin temor a equivocamos, que la televisión es casi todo su alimento intelectual.

En la actualidad, en la televisión todo esta permitido. Cualquier monstruosidad tiene

espacio.

La imagen de las relaciones familiares que la televisión martillea constantemente,

está lejos de ser tranquila, fluida o agradable. Mucho menos edificante o educadora.

Antes bien, contiene pesadillas donde la perturbación, la anomalía y la angustia asolan

los hogares. Incesantemente llueven tragedias morbosas.

Violaciones, escenas de dormitorio se repiten incansablemente en películas, tiras y

unitarios; las malas palabras se distribuyen por toda la programación. La infidelidad

conyugal es presentada como siendo el eje de las actividades de los esposos. La

indiferencia y el desprecio, cuando no el odio y el crimen, reemplazan al amor recíproco

padres-hijos. El "amor libre" y las relaciones extra conyugales y prematrimoniales son

idilizadas. El sadismo y la crueldad, la vulgaridad y la chabacanería, el incesto y la

violación, la drogadicción y la criminalidad, y hasta el parricidio y el filicidio se

disputan los espacios nobles y no nobles.

La televisión, ultrapasando otro límite comenzó a transmitir actos sodomitas. Las

primeras representaciones de actos homosexuales en la pantalla, protagonizadas en el

programa "Zona de riesgo" aducían al gastado pretexto de reflejar la realidad. En

seguida, el homosexualismo fue promovido en escenas pesadas pero fingidamente

risibles. La sexualidad es exhibida a los niños como desconectada del matrimonio y de

la prole. Las relaciones entre jóvenes son presentadas como si realmente no debiesen

regirse ni por la moral ni por la religión. Se favorece la programación entre los

adolescentes de vicios sexuales y conductas anormales.

La desmoralización de la familia no es una exclusividad de filmes y novelas. Es

hecha también a través de tiras de dibujos animados. "Los Simpsons", por ejemplo: En

esta serie el padre de la familia es representado como un embrutecido, vulgar y

borrachín. Su jefe de trabajo no lo llama nunca por su nombre, sino que siempre lo trata

de imbécil. El papel de madre es retratado como el de una feminista avejentada que vive

a los gritos con su marido, y solo se ocupa de los trabajos domésticos sin tener libertad

alguna. El hijo mayor, Bart, tiene como nombre un anagrama de "brat", "malcriado" en

inglés: Regularmente debe quedarse después de hora en el colegio para escribir 50 veces

en el pizarrón: "no debo llamar calentona a mi maestra" o "no debo instigar a la

revolución", por ejemplo. Este pseudo-héroe es teleadicto, jugador tramposo y campeón

de videogames. La hija de ocho años es la encarnación de las taras freudianas: pese a su

pequeña edad se enamora de un profesor de su colegio. El mensaje de esta serie es bien

definido: refleja los pensamientos generalizados de la sociedad: la escuela es un

martirio, los padres solo dan consejos tontos y se impone a revertir cuanto antes los

códigos del sistema. La familia Simpson vive continuamente al borde del naufragio:

todo es cuestionado; el amor filial, el matrimonio, el amor fraternal.

Otro ejemplo de dibujos animados violentos son los Beavis & Butt-head. Los

personajes centrales son los adolescentes que dan el nombre a la serie. Butt-head

significa "cabeza de nalgas". Estos modelos prescinden de la familia. Su anti-hogar es

un cuarto de dos por dos, sucio, desordenado y llenos de latas de cervezas tiradas por el

piso. Su anti-lenguaje y sus anti-modales sádicos y obscenos caen en el primarismo

salvaje: cuando se pelean lo menos que gritan es "nalgoides, marica, cállate o te pateo,

limpia nalgas". Sus costumbres son todo lo opuesto que cualquier matrimonio honrado

enseñaría a sus hijos. Son capaces de eructar, masturbarse, decir obscenidades y pasar

por una sesión de sadomasoquismo ante las cámaras.

Además en estos últimos años se han comenzado ha realizar programas de otro tipo, en

donde las personas comunes y corrientes son los protagonistas: estos son los reality

shows. El objetivo de estos programas es bien claro: capturar la vida privada y hacer

público lo que antes permanecía en cuatro paredes. Cuanto más íntimo es el fenómeno,

más atractivo. Algunos ejemplos de estos son Gran Hermano, El Bar, Expedición

Robinson, Confianza Ciega, etc. Una de las criticas más frecuentes a este tipo de

programas es la edición. Los mismos protagonistas, aseguran que, a veces, por hacer

más jugoso un programa se fuerzan escenas o se evita mostrar determinadas situaciones.

Además se exhiben continuamente escenas de violencia y sexo, sin faltar las malas

palabras. Los protagonistas de estos "experimentos" critican a la buena libremente,

concretan todo tipo de provocaciones ante las cámaras, juzgan talentos y virtudes,

rinden culto al ocio extendido, no les preocupa su estado físico, son despiadados en los

confesionarios (en el caso de Gran Hermano), se tocan mucho, mantienen diálogos

intrascendentes, lloran todo el tiempo, etc.

En los últimos tiempos, los noticieros fueron los pioneros en hacer shows de la

realidad: El caso María Soledad fue seguido como una novela dramática y las tomas de

rehenes fueron verdaderos thriller que la audiencia dirigió con avidez. Un hombre

subido a una antena que amenazaba con arrojarse, la caída del avión de Lapa, el velorio

de Lady Di, y el atentado terrorista del 11 de septiembre son platos fuertes que pocos se

perderían. Todos queremos enterarnos de lo que sucede en el mundo, pero por qué

mostrarlo tantas veces, ¿es necesario escuchar el último mensaje que una persona dejó

en el contestador de su ser amado o ver a otra tirándose de una torre gemela para darnos

cuenta del horror que se vivía en ese momento? La realidad también es manipulada

profesionalmente: desde las tomas del camarógrafo hasta los relatos del periodista,

pasando por la edición del material: ofrecen determinada visión de los hechos.

Esta tendencia de mostrar la realidad tiene sus antecedentes en aquellas cámaras ocultas

que se les colocaban a desprevenidos en situaciones ridículas y luego, más

recientemente, en los talk shows, lugares televisivos donde seres anónimos cuentan sus

miserias, exponen sus pasiones o se "agarran de los pelos". Este género comenzó a caer

en la desgracia a partir de la pérdida de verosimilitud, provocada por los excesos, que

serían graciosos si no fuesen patéticos.

Pero algo que ha revolucionado la televisión argentina de los últimos tiempos, ha sido

el humor. Parece que ya no hubiese otra forma de hacer reír a la gente que no fuese con

malas palabras o riéndose de los demás. Tal es el caso de Videomatch, programa en

donde, entre otras cosas, se muestran cámaras ocultas a personas a las que les cuentan

chistes groseros, les faltan el respeto, se desnudan en público, y muchas veces dan la

impresión de estar preparadas; o hacen parodias demasiado denigrantes a las figuras

políticas del país. Esto último se ve en la sátira del controvertido reality show Gran

Hermano, al que denominaron Gran Cuñado, y los participantes, en lugar de ser

personas comunes y corrientes, son políticos del país. Lo que más ha causado

conmoción ha sido la forma en que se lo representa a Fernando De la Rúa. Se muestra al

presidente de la Nación como un viejo lento, desmemoriado, inservible e inútil.

 

 

La influencia de la televisión en los niños y adolescentes

 

El desplazamiento de la madre y su reemplazo por la pantalla chica como "niñera

electrónica " o "reina-madre" es una revolución que desencadena desórdenes psíquicos y  emotivos profundos en el niño que hace sus primeros aprendizajes de la vida.

Una analogía extraída de la naturaleza animal y estudiada en psicología auxilia para

comprender cuán hondas pueden ser estas perturbaciones. El Dr. Donald Olding Hebb,

profesor de Psicología en la Universidad McGill (EE. UU ), resumió las investigaciones

sobre los patrones de aprendizaje temprano de los animales recién nacidos. Estos

trabajos muestran que numerosos animales, por instinto natural, tienden a identificar el

primer ser moviente con uno de sus padres. Y, cuando éstos faltan, buscan otro animal

incluso de diferente especie, como un ser humano, que pueda "reemplazar" la genitora.

Esta pseudo-"madre" les queda marcada como tal para el resto de su existencia. [5]

La analogía de situaciones nos lleva a preguntar si algo de parecido no está

ocurriendo con los "hijos” de la televisión. Tanto más cuanto la dependencia afectiva

del televisor ya se hace sentir, en proporciones alarmantes, entre los adultos criados

junto a la pantalla chica.

La Dra. Graciela Peyrú, integrante del Centro de Investigación sobre Efectos de la

TV en Niños de la Universidad de Kansas (EE.UU.) y profesora de las Universidades de

Buenos Aires, Mar del Plata y Belgrano, escribe respecto de las consecuencias de

esta substitución de la madre por el televisor: "Muchas personas adultas mantienen con

la televisión el vínculo que los chicos pequeños tienen con sus madres. Necesitan que

esté cerca, aunque no haga nada con ellos". [6]

En la vida de un niño casi todo se ordena en función de la televisión de la misma

forma que antes se regía por la figura materna. Era ella a quien se acudía como un

refugio firme cuando invadía la angustia, la tristeza, el temor. Hoy son los propios

adultos los que procuran por todos los medios sustraerse de estos sentimientos

conectando el televisor y dejándose llenar de imágenes a las que no prestan atención no

una adhesión activa pero que los homogeneizan en un espacio superpoblado en el que

pueden encontrar de todo, salvo a ellos mismos.

La "teleadicción" y la incomunicación en el hogar impide a las personas el

equilibrado desarrollo de su sociabilidad y la adquisición de cualidades como la

desenvoltura, el buen trato, la afabilidad, la cortesía; la caballerosidad en los varones y

la fina sensibilidad en las mujeres.

Las personas que permanecen mucho tiempo frente a equipos electrónicos, el

televisor o una computadora, pierden los talentos necesarios para estar con otros seres

humanos y aquellas personas que se refugian y construyen una perspectiva del mundo,

a través del mundo televisivo, tienen una visión mucho más hostil de la realidad. Por ende, se comportan con más hostilidad y menos solidaridad.

Desde su más tierna edad, el niño tiende por un impulso interno a imitar y asimilar

modelos que concuerdan con su psicología y su temperamento. El observa todo y lo

reproduce de un modo sorprendente: modos de ser, costumbres, vocabulario, actitudes,

expresiones fisonómicas, etc. Sus modelos naturales son, ante todo, sus progenitores, y

después los sucesivos círculos concéntricos de relaciones dispuestos en virtud del grado

de parentesco y de proximidad natural.

Cuando alcance el uso de razón, el niño estará en condiciones de emitir un juicio

sobre lo que hay de bueno y de malo en esos modelos. También descubrirá nuevos

modelos en el colegio y en la sociedad. Pero la influencia recibida durante sus primeros

años pesará decisivamente por el resto de su vida de un modo subconsciente.

Es así que la influencia de tal o cual modelo recibida en la infancia se hace sentir

profundamente en su inserción armoniosa y progresiva en la vida social, su éxito

profesional y su familia futura.

Con la "teleadicción ", el papel primordial de los padres, secundados por sus

próximos y más tarde por el ambiente escolar, está siendo dejado de lado. Poco a poco o

de golpe, según los casos, la televisión se pone en el lugar de los padres. Es ella la que

presenta los modelos a imitar y que conduce la inserción -mejor se diría el desencaje-

del niño en la sociedad. Ella llega al niño en la intimidad del hogar, ella le muestra una

apariencia de lo real, le propone un modo de ver los seres y las cosas que él hace suyo

en cierta medida.

La mayoría de los chicos tienden a identificarse con los modelos que la televisión les

inculca. Creen ser, ellos mismos, el "héroe" de la pantalla chica. El chico es incitado a

imitar las "proezas" fáciles y simpáticas de esos héroes artificiales. Dejándose llevar por

esa influencia intentará reproducir en la vida cotidiana los hechos deslumbrantes que

abundan en las "proezas" del héroe televisual. Entonces podrá emprender acciones

absurdas o gravemente dañinas para su salud o para la vida y los bienes de los otros.

Otros siguen un camino diferente, pero también dañino. Varios hacen esfuerzos para

adquirir las cualidades de los personajes, y viendo que es imposible, sienten una

frustración de fondo, como si fuese una derrota personal. Al tomar conciencia de su

situación en la vida real y del abismo que los separa del fantasioso héroe, estalla una

crisis. El resultado es una imagen desvalorizada de sí mismos, de su familia, y un

desajuste social.

En cuanto a los adolescentes, jamás se les habla de su porvenir individual ni de las

dificultades que pueden encontrar. Mucho menos les proponen las actitudes nobles que

los suyos y la sociedad esperan de ellos. En el momento de entrar en la vida activa, el

despertar es brutal. Pues sorprende a los jóvenes despersonalizados y desorientados por

los falsos modelos. Son la presa ideal para la propaganda que pretenderá llevarlos en la

dirección que quiera.

La publicidad tendrá como objetivo principal manipular los deseos de los niños. Los

chicos seducidos reclaman que se les compre talo cual producto. Un rechazo de los

padres puede producir un conflicto. A veces el desentendimiento puede ser serio, con

agresiones o destrucción de objetos. Los niños no disciernen que han sido "trabajados"

por la publicidad y a los padres le cuesta interpretar la crisis. Los anunciantes utilizan a

los chicos como vendedores sustitutos para presionar a sus padres a comprar ciertos

productos y, en consecuencia, causar conflictos entre padres e hijos.

Para el niño que toma contacto con el mundo, sólo o casi sólo, por medio de la

pantalla, la violencia y la sangre en la calle son lo habitual y cotidiano. Se le hace creer

que ingresar en la vida es entrar en un ambiente de película de terror .

 

 

 

La televisión y la familia

 

Es una evidencia que la presencia de un televisor en un hogar en primer lugar tiene un

efecto masivo de censurar la conversación familiar. Ya no se habla más, y si se habla,

las palabras son vistas como un fenómeno parasitario. De esta manera, desaparece todo

una trama de enunciados, gestos, conductas que garantizaban la circulación de ideas

dentro de la familia y que definían el lugar de cada uno en su seno. Médicos, pediatras,

psicólogos y sociólogos consideran preocupante que cuando padres e hijos se reúnen a

la noche, la televisión impida las relaciones personales indispensables para el bienestar

de la familia. Las propias razones de ser del hogar parecen desvanecerse alrededor del

aparato. Parece que este, cuando esta encendido, domina la vida familiar.

En una familia donde los niños miran televisión durante veinte o treinta horas

semanales, y los adultos ven un promedio de diecisiete horas, la televisión tiende a

vaciar cualquier otra actividad. Deportes, jardinería, juegos, cantos, narración de

cuentos, conversaciones, horarios regulares para comer, paseos, hobbies, trabajos

hogareños, visitas a los parientes y amigos: todo el edificio de actividades que

constituye la cultura social de la familia, acaba siendo reemplazado por el vacío.

El telespectador tiene la tendencia a consumir cada vez más y cada vez peor. El se

aísla; cada uno mira la tele en su rincón, padres/hijos, marido/mujer. Ir cada uno a su cuarto para mirar cada uno su película ¿no es una forma de ruptura? Hay menos

conflictos, pero una mayor soledad de cada uno delante de su aparato.

Además, al teleadicto le parece normal la violencia en la casa. Muchos que viven

asistiendo a escenas anti-familiares en la pantalla chica pueden acabar creyendo que eso

es lo normal.

 

 

La televisión y la educación

 

Las familias de elite hacia las cuales las familias populares se vuelven normalmente a

la búsqueda de modelos genuinos y adaptados, también están siendo corroídas por la

misma ofensiva antifamiliar que emana la televisión.

Durante un tiempo se creyó que las familias con problemas domésticos, de escasa

instrucción o pobres, serían beneficiadas por la televisión. Se esperaba que encontrarían

un sano entretenimiento, que tendría fácil acceso a la educación y a fuentes de

información de provecho. Sin embargo, ha sucedido lo contrario, pues son ellas las

familias más perjudicadas por los malos efectos de la programación actual y de la

teleadicción.

Los niños de ambientes sociales dotados de un volumen de capital cultural legítimo

más débil son los mayores consumidores de televisión. Las familias mejor dotadas de

capital económico aprovechan las vacaciones escolares para aumentar sus inversiones

en el capital cultural. De esta forma, mientras que los hijos de obreros se quedan

mirando televisión, los niños más privilegiados hacen deportes, se ejercitan con la

música.

Esto viene cargado de pesadas consecuencias, para los barrios-dormitorio,  “villas-

Miserias”, etc. En estos aglomerados, la influencia nefasta de la “teleadicción” agrava los malos efectos del igualitarismo social, de la ausencia de tradiciones, del desarraigo y del anonimato. El menguamiento de las obras de apostolado tradicionales, así como el apagarse de la presencia y del brillo de instituciones sociales y culturales -eclesiásticas,

civiles o militares-, impide que se oponga un correctivo indispensable a esas carencias.

La televisión queda como la única ventana abierta a un mundo supuestamente mejor.

Pero el horizonte que esa ventana descubre está repleto de perversos modelos que de un

modo creciente y sistemático estimula la manifestación de extremos de vulgaridad, de

masificación y de proletarización.

Cuanto más educado y más alto es el nivel profesional de los adultos, tanto menos

las familias ven televisión. La gente de bajo nivel educacional propende a ver gran

cantidad de programas de entretenimiento, reality shows, comedias, novelas, series de acción y shows en juego. Las familias con una educación más baja recurren menos a los medios de comunicación escrita, que las familias mejor educadas, por lo que su ambiente comunicacional, está mucho más exclusivamente centrado en la televisión.

 

 

 

 

LA CULTURA POSMODERNA

 

 

Según Gilles Lipovetsky nuestro mundo actual vive una crisis, quizá la más grande de

todos los tiempos. El analiza de la siguiente manera esta problemática de la época

actual: [7]

La técnica: Debido a la técnica el hombre es sacado fuera de la producción y es

privado del saber. La que sabe es la máquina. La máquina puede ser un instrumento

del hombre o el hombre convertirse en un apéndice de la máquina. El desarrollo

técnico nunca había alcanzado semejante expresión. Las máquinas ordenan el

mundo, plantean necesidades. El hombre en esta sociedad técnica se convierte

también en técnico: el hombre mecánico. El hombre en la gran metrópolis es un

número más, pierde su historia y su identidad. Es esta misma sociedad la que

produce más de lo que necesita, generando así el consumismo.

Las nuevas actitudes: Apatía, indiferencia, deserción. No hay grandes propósitos:

ninguna ideología política es capaz de entusiasmar a las masas, la sociedad posmoderna no tiene ni ídolos, ni tabú, ni tan solo imagen gloriosa de sí misma, ningún

proyecto histórico movilizador, estamos ya regidos por el vacío, un vacío que no

comporta, sin embargo, ni tragedia ni apocalipsis. Otra actitud para destacar es el

individualismo: ni los partidos políticos, ni la religión, ni la familia son valores

estables y absolutos. Cuanto más la ciudad desarrolla posibilidades de encuentro,

más solos se sienten los individuos; más libres se vuelven las relaciones, más rara es

la posibilidad de encontrar una relación intensa. En todas partes encontramos la

soledad, el vacío, la dificultad de sentir de ser transportados fuera de sí. En esta

sociedad tenemos múltiples modos de estar con otras personas, pero no de

encontrarnos profundamente con aquellos que compartimos quizá más de la mitad

del día. Estamos juntos; pero estamos solos...

El Narcisismo: Hoy el cuerpo ha cobrado gran importancia, basta con encender la

TV y ver un comercial: debemos cuidar nuestro cuerpo con todo tipo de cremas,

nuestro cabello necesita determinados shampooes, debemos usar determinado tipo

de pinturas, etc. Esta imagen estereotipada ha generado dos patologías bastante

graves entre los adolescentes: la bulimia y la anorexia. Otro elemento a destacar es

la pérdida del sentido de continuidad histórica: queremos vivir el hoy, el ahora, el

mañana no importa. Estamos abarrotados por expresiones de sensibilidad: hay que

verlo todo, hacerlo todo, decirlo todo. No hay lugar para el misterio. La pornografía,

el sexo libre, son banderas que esgrime nuestra época. ¿Hay lugar para el amor?

El consumismo: Asistimos a la apoteosis del consumismo. Somos disciplinados por

medio de las redes de comunicación y la propaganda para consumir cada vez más

objetos, información, deportes, etc. Todo es regulado: consumo, información,

organización, educación. El consumismo es un proceso que funciona por la

seducción, los individuos adoptan sin dudarlo los objetos, las modas, las fórmulas de

ocio elaboradas por las organizaciones especializadas, aceptando eso pero no eso

otro. Esta sociedad nos permite todo, pero he aquí la gran paradoja: somos libres,

pero todos queremos lo mismo. Podemos elegir cualquier tipo de ropa, pero todos

usamos la misma.

La mass-media: Una de las características de la época, y que tiene que ver con la

comunicación son:

  • La velocidad en el acaecer de los hechos: tenemos tanta información que esta se nos escapa de las manos.
  • Tenemos acceso a cualquier parte del mundo vía satélite o por medio de la TV por cable. En muchos casos hay muchos intereses de por medio que provocan determinado tipo de información que no siempre coincide con lo que en realidad ocurre en el mundo .
  • Asistimos a la democratización de la palabra: cuanto mayores son los medios de expresión, menos cosas se tienen por decir, cuanto más se solicita la  subjetividad, más anónimo y vacío es el efecto.

 

 

El auge de la televisión

 

La sociedad industrial se caracteriza por un desarrollo creciente de los medios de

comunicación de masas. El progreso técnico hace posible la extensión masiva de las

comunicaciones a todos los individuos de la sociedad, tal y como requiere el progreso

social, y ello crea una situación radicalmente nueva en la vida del hombre.

Se ve a muchos individuos 'participando' de muy variados fenómenos, y se oyen las

voces vibrantes de estratos sociales, y de sociedades enteras, hasta ahora mudos. Este

fenómeno, por su radical novedad, ha desconcertado y sigue desconcertando a buena

parte de los individuos que reflexionan sobre la sociedad. Acostumbrados a una

sociedad tradicional, de escasos protagonistas, o al menos de escasos protagonistas

historiables, de momento, se encuentran con una sociedad en la que los protagonistas

rebasan el escenario, invaden el patio de butacas y llegan hasta el vestíbulo.

No es de extrañar , por tanto, que se piense en rebelión de las masas, en pérdida de la

personalidad y en proletarización de la cultura, y nada más fácil que echar la culpa de

todo ello a los medios de comunicación de masas, porque éstos aparecen destacados,

vociferantes y bullangueros, a la contemplación de todos, a diferencia de lo que ocurría

en otras épocas. A la minoría escogida que acudía otrora a un teatro o a una ópera, han

sucedido las masas que ven en todo el mundo la misma película. A la intimidad

recogida de los asistentes de un concierto de cámara ha sucedido la despersonalización

de un concierto transmitido por televisión, que llega a millones de hogares. A los

contados privilegiados que leían las noticias.

El nombre del rating se pretende justificar todas las formas de denigración de la

familia y de la religión que exhibe la pantalla chica. Por ello era de esperarse que la

carrera del rating llevasen sentido contrario a las perversiones citadas. Sin embargo,

ocurre lo contrario, los mejores anhelos de los telespectadores son desconocidos o

excontrariados. Se trata al público como si no apeteciese más que vilesa y corrupción.

Incluso programas de gran audiencia, después de captar público, lo llevan a asistir a

escenas que se aproximan a lo mas aberrante.

Uno de los dueños de la televisión americana, el presidente de la CBS News Richard

Salant dice: "Nuestro objetivo no consiste en dar a la gente lo que desea, sino lo que

nosotros juzgamos que debería desear"[8] .Es irónica esta afirmación, ya que se da en la

época en que los medios se auto-proclaman guardianes y heraldos del respeto a los

ciudadanos, de la libertad y de la democracia.

 

 

 

Cómo se ve esta influencia de la cultura posmoderna en la relación

hombre-televisión

 

Como anteriormente mencionamos, la televisión se ha vuelto en el alimento

intelectual para aquellos con escasos recursos. De ahí se derivará un hombre

escasamente culto, pasivo, entregado siempre a lo más fácil: apretar un botón y dejarse

caer. Pensemos lo que sucede en muchos países con las películas del fin de semana: se

pasa de un argumento amoroso a otro policiaco, luego a una de humor... porque al no

existir límites de emisión, siempre hay algo que ver en la pequeña pantalla. En este

marco no demasiado positivo, aparece un fenómeno nuevo: la posibilidad de

entretenerse cambiando de canal sucesivamente. Esta segunda adicción televisiva puede

llegar a ser más fuerte que la primera. Al telespectador de zapping le interesa todo y

nada a la vez; lo que quiere es pasar el rato sin más complicaciones. ¿por qué se produce

esto? Según Enrique Rojas, podrían resumirse en los siguientes puntos: [9]

  • Representa una nueva forma de consumo. La avidez de sensaciones e imágenes se intenta saciar con el telemando, con el fin de ver qué se está dando en ese momento en cada cadena.
  • Significa un interés por todo y por nada, lo cual traduce una clara insatisfacción de fondo. En EE. UU. es una costumbre perfectamente asumida, pues desde los años setenta la tecnología ha facilitado esta posibilidad. La experiencia deja un trasfondo, mezcla de codicia y descontento a la vez. El hombre, al no quedar saciado, pasa y repasa los canales una y otra vez por ver si aparece algo nuevo que sea capaz de suscitar su interés.
  • Se produce una bulimia de novedades en tanto que se desea una inmersión exploratoria en variedades y mudanzas, buscando no se sabe exactamente qué, zambulléndose en un juego caleidoscópico de impresiones fugaces que no dejan prácticamente ninguna huella. Por debajo de este oleaje discurre una actitud de dispersión: muchas imágenes y poca consistencia, exceso de información y escasa posibilidad de hacer síntesis de lo que llega permanentemente; fuga, huida, carencia de un centro de gravedad personal que dirija toda la conducta. Esta diseminación apunta el tono vaporoso y caótico del que lo practica-
  • El mando a distancia tiene un efecto sedante. Muchas personas lo utilizan a última hora del día, ya cansados del trabajo de la jornada. Representa una especie de droga que ayuda a conciliar el sueño. Tras diez o veinte minutos practicando esta actividad, suele asomar un plácido sueño que conduce al descanso.
  • La televisión cumple la ley del mínimo esfuerzo: basta dejarse caer en un cómodo sillón, apretar el mando y nada más. No hay que poner el menor acto de voluntad. Pero el zapping es ya la carta magna del super-mínimo esfuerzo: se trata de pasar-el-rato, de estar distraído, de consumir minutos sin más pretensiones. Es la evasión a través del mundo de la fantasía de las imágenes que van entrando por los ojos y llegan a la cabeza, pero sin archivarse, dada su rápida sucesión y su falta de conexión.

 

El mando a distancia se convierte en el chupete del adulto. En los últimos años, este

fenómeno sociológico ha sido estudiado y es más frecuente en el hombre que en la

mujer. Hoy el telespectador se ha endurecido y ya no le impactan los anuncios, con los

que empieza a descubrir eso que, en psicología moderna se denomina el lenguaje

subliminal: un discurso enmascarado que se cuela por debajo del spot publicitario.

Hace quince años la televisión era un medio mágico, hoy ha perdido credibilidad.

En la sociedad actual, la televisión tiene el encargo de divertir, de que la gente la pase

bien y se olvide de sus problemas; ése es su lema, salvo honrosas excepciones, y para

eso pone en funcionamiento un exceso de reclamos y animaciones sin cuento que

pretenden captar la atención como sea. El culto al deseo inmediato, junto a la

ausencia de inquietudes culturales verdaderas, provoca la pérdida del centro de

gravedad de las jerarquías humanas. Es igual un programa de televisión sobre pájaros

tropicales que otro sobre el tráfico de drogas, el mundo de los marginados o un debate

social en que se busca la verdad por consenso. Al final, llega el aburrimiento, no por

falta de contenidos, sino por sobredosis antitética de casi todo. ¿Quién hará la síntesis?

¿ y para qué ? ...si a fin de cuentas lo que vale es lo que a uno le parece, ya que no hay

que someterse ni sujetarse a ninguna disciplina.

El telespectador está cautivado por todo y por nada, excitado e indiferente,

diseminado en una opción banal que recorre la pantalla sobre saturada de momentos

puntuales. Parece que en tales situaciones se puede decir «lo quiero todo: ya y ahora»,

como un niño pequeño cuando su padre le hace escoger algún regalo. El sujeto queda

zombi, bloqueado por un aluvión de cosas que le alienan mientras le distraen y relajan

de sus actividades profesionales.

Nunca como en la actualidad se han preocupado tanto los medios de comunicación de

los mecanismos intrínsecos de la personalidad. Esa curiosidad no brota de la pretensión

de hacer más sólida tal estructura o instancia de la conducta, sino que se origina de su

caída. Un ejemplo lo encontramos en los debates televisivos. La mayoría de las veces, el

telespectador sale peor del programa que antes de la polémica. ¿Por qué?

Porque los participantes suelen tener posturas diametralmente opuestas y la discusión    -salvo excepciones- se caracteriza por las descalificaciones, por no dejar hablar al otro o

por dar cifras estadísticas sin que se sepa cómo se ha realizado ese muestreo y qué fin

persigue. Por tanto, uno encuentra a un hombre insatisfecho que, dada su formación

intelectual medianamente sólida, termina por perder sus referencias ante las

contradicciones y los diversos puntos de vista que ve reflejados en los contertulios.

Ese vértigo de posturas encontradas actúa como disolvente de cualquier

trascendencia; ese gueto de mensajes irreconciliables deja a la persona informada pero

no formada, sin criterios, suspendida en la interrogación de eslóganes y tópicos que no

sabe combatir, ya que para ello es necesario tener más cultura, algo que se consigue a través de la lectura reposada y atenta de los grandes libros y autores que han sabido dar

respuesta a las cuestiones esenciales de la existencia.

Así pues, el hombre pegado a la televisión es un ser desmantelado de cultura, que se

mueve por la baliza de la indiferencia producida por la saturación de antagonismos. Ver

la televisión sin espíritu critico es caer en una Jungla de manipulaciones que lleva al

un narcisismo febril. El hombre, entonces, se toma frágil, individualista, incapaz de

renunciar a nada.

 

 

 

CONCLUSIÓN

 

Podemos afirmar, que la televisión modificó los hábitos y costumbres, sobre todo en

el núcleo familiar.

Sin duda, la aparición de la televisión, ha generado una nueva revolución cultural en

la historia.

"Revolución cultural": la expresión está cada vez más en boga, pero con matices muy

variados. Entró en el vocabulario corriente durante la sangrienta y fracasada

"Revolución cultural" de Mao-Tsé-Tung en la China roja de los años 66-69. Se

adecuó a Occidente y adquirió un timbre anárquico y festivo durante la revolución

estudiantil de Mayo de 1968.

Una revolución cultural consiste en desplazar los principios, valores, modos de

pensar, de querer y de sentir, normas de educación, costumbres de vida, de

alimentación, de vestimenta, etc. , que todos juntos, caracterizan una cultura, para poner

en su lugar los antivalores, costumbres y modo de ser opuestos.

Esto ha sucedido. Donde el padre es respetado, se lo ridiculiza; donde la madre es

venerada, se la desprecia; donde los hijos son una dádiva de Dios, se los recibe mal o se

los aborta; donde el matrimonio es sagrado, se lo profana equiparándolo, por ejemplo, a

uniones homosexuales; donde impera la caridad y el amor mutuo, se siembra la

indiferencia y el desprecio; donde se cultiva la caballerosidad y las maneras

distinguidas, se introduce la vulgaridad y la grosería; donde reina el orden, se instala el

caos.

Es una revolución provocada en la vida íntima. Hay un vacío existencial, ideológico y

político que suele ser llenado y obturado por la televisión.

Además, la verdad televisiva está integrada (en partes mas o menos iguales) por cosas

que verdaderamente ocurren, pero se complementan cuando alcanzan su versión para

televisión: Hay una realidad y una realidad de los medios.

La televisión modificó los hábitos y costumbres, sobre todo en el núcleo familiar.

Sin duda, la aparición de la televisión, ha generado una nueva revolución cultural en

la historia.

 

 

Autora: Maria Laura Tuyaret

Fecha de realización: Noviembre de 2001

Objetivo: Monografía de integración de las materias Filosofía, Sociología y Antropología del Colegio Jesús María de Córdoba (Argentina)

E-mail: mltuyaret@hotmail.com

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

  • BERLO, David K. El proceso de la comunicación. Introducción a la teoría y a la práctica. Buenos Aires, editorial El Ateneo (7ma. Impresión), 1976, pp.224
  • BUYSSENS, Eric. Las langages et les discours, cit. Por Spang-Hamsen, en Recent theories on the nature of the Language sign. Trovaus du Cercle Linguistique de Copenhague, vol. IX, 1956, pp. 213
  • CASTELLI, Eugenio. Manual de Periodismo. Editorial Plus Ultra, 1990, pp. 325
  • "Chacho fue el elegido de la gente". Clarín, 22 de agosto de 2001. pp. 5
  • DUFAUR, Eduardo. VIANO, Martin Jorge .Lafamilia.frente a la TV ¿Recreación o destrucción? Fundación Argentina del Mañana, 1995, pp. 125
  • "Espiar al vecino por la tele". La voz del Interior, 13 de mayo de 2001. pp. 2
  • HEBB, Donald Olding. Psicología. Editorial Interamericana, México-Argentina,  1968 (2da. Edición), pp. 256
  • JACQUINOT, Geneviéve. La escuela.frente a las pantallas. Aique, 1985, pp. 234
  • "La violencia programada". Revista Aquí vivimos, Abri1 1994. pp. 8
  • LIPOVETSKY, Gilles. La era del vacío. Editorial Anagrama, 1993
  • Lengua y redacción periodística. Rosario, publicación de la Facultad de Humanidades de la P.U.C.A, editorial Colmegna, 1968 (2da. Edición) pp. 254
  • "Los programas de televisión más vistos por los cordobeses". La voz del Interior, 28 de octubre de 2001, pp. 1
  • MAGDALENO, Eugenio. Hijos de la posmodemidad. Gram Editora, 1992 pp. 42
  • "Medios locos". Conorcemos, 31 de octubre de 2001. pp. 7
  • Newsweek, lO de Junio de 1985; en BERROU op. Cit., pp. 82
  • "Periodistas y shows de noticias". Revista Aquí vivimos, Mayo de 1997, pp. 70
  • PEYRÚ, Graciela. Papá ¿Puedo ver la tele? Editorial Paidós, Buenos Aires, 1993, pp.221
  • "¿Por qué el periodismo premió a Tinelli?". Revista Aquí vivimos, Diciembre de 1998, pp. 50
  • "¿Qué hay para ver en la TV cordobesa?". Revista Aquí vivimos, Junio 1993, pp. 10
  • ROJAS, Enrique. El hombre light. Una vida sin valores. Editorial Planeta, 1992 pp.186
  • "Sexo en la TV". La voz del Interior, 29 de octubre de 2001, pp. 1
  • www. pagina12.com.ar/20001/01-05/01-05-12/pag23 .htm


[1] Lengua y redacción periodística. Rosario, publicación de la Facultad de Humanidades de la P.U.C.A, editorial Colmegna, 1968 (2da. Edición) pp. 11

 

[2] ORTIZ GIL, Carlos. La comunicación. México, editorial Herrero hermanos, 1966, pp.13

 

[3] BUYSSENS, Eric. Las langages et les discours, cit. Por Spang-Hamsen, en Recent theories on the

nature of the Language sign. Trovaus du Cercle Linguistique de Copenhague, vol. Ix, 1956, pp. 111

 

[4] BERLO, David K. El proceso de la comunicación. Introducción a la teoría y a la práctica. Buenos Aires, editorial El Ateneo (7ma. Impresión), 1976, pp.11

[5] HEBB, Donald Olding. Psicología. Editorial Interamericana, México-Argentina. 1968 (2da. Edición), pp.138

 

[6] PEYRÚ, Graciela. Papá ¿Puedo ver la tele? Editorial Paidós, Buenos Aires, 1993, pp. 34

 

 

[7] LIPOVETSKY, Gilles. La era del vacío. Sexta Edición, Editorial Anagrama, Barcelona, 1993, pp.10, 14, 78 y 107

[8] Newsweek, 10 de Julio de 1985; en BERROU op. Cit., pp. 82

 

 

[9] ROJAS, Enrique. El hombre light. Madrid: Editorial Planeta. 1992, pp. 77

 

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Publicado Friday 16 de April de 2004

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