Monografias | Lenguaje, identidad y cultura una aproximación desde sus usos y funciones EnsayoLenguaje, identidad y cultura una aproximación desde sus usos y funciones EnsayoResumen: Presentación. La relación lenguaje identidad y cultura. Acerca de los conceptos básicos de los términos en desarrollo. Definiciones conceptuales a las relaciones funcionales. Lenguaje, identidad, cultura y sus implicaciones en la vida escolar. El hombre, el lenguaje y la cultura. Identidad, ética, economía y moral. Identidad y conflicto cultural. Nuevo orden económico y cultural. Identidad y competencia moral. Componente formativo de la Constitución Colombiana. Constitución de 1991, una revolución inconclusa. ISBN:
958- 33- 3275-5 CONTENIDO
1.
Prólogo 2.
Presentación 3.
La relación lenguaje identidad y cultura 4.
Acerca de los conceptos básicos de los términos en desarrollo 5.
Definiciones conceptuales a las relaciones funcionales 6.
Lenguaje, identidad, cultura y sus implicaciones en la vida escolar 7.
El hombre, el lenguaje y la cultura 8.
Identidad, ética, economía y moral 9.
Identidad y conflicto cultural 10.Identidad y conflicto
cultural 11.Nuevo orden económico
y cultural 12.Identidad y
competencia moral 13.Componente formativo
de la Constitución Colombiana 14. Constitución de
1991, una revolución inconclusa. PRÓLOGO Desde
su presentación inicial, el presente ensayo especifica hipótesis de trabajo
que se desenvuelve a través del proceso de exposición. Para tal efecto se
recuperan algunos marcos conceptuales referentes de la teoría lingüística y
se identifica en la propia síntesis del autor. En este sentido se relacionan y
se desarrollan de manera coherente y argumentada los planteamientos plasmados
tendientes a establecer la relación entre lenguaje, identidad y cultura. Se
tienen en cuenta aspectos históricos, estructurales y funcionales. Al tiempo
que se indaga en el origen, la estructura, la aplicación y el impacto del
lenguaje, se esclarece el fenómeno de la cultura como pilar fundamental en el
ascenso del hombre, pero también se sugiere que el lenguaje es producto del
contexto cultural. El texto que aquí se presenta reconoce que el lenguaje es básicamente
un desarrollo interlocutivo, uno que habla y uno que escucha. Por lo tanto, para
que haya lenguaje se necesitan dos o más enunciadores o receptores asumiendo
alternativamente una y otra posición, es en ésta posición dialectal que
fluyen los conceptos y pensamientos que permiten tal relación. El
encuentro del lenguaje y la cultura constituyen lo que Halliday llama una semiótica
cultural, es decir una codificación de signos y símbolos derivados tanto del
pensamiento lógico como del imaginario mental. Desde este punto de vista, el
sistema social es un sistema de significados. Los hablantes se comunican entre sí
información del sistema social. El lenguaje termina siendo sólo un medio en el
que la gente representa los significados inherentes al sistema social. En cierto
sentido, estos también están representados
–es decir expresados- por el modo de andar de la gente; en otro sentido, están
representados -es decir, hechos metáforas-
por el modo en que la gente clasifica las cosas, por las normas que establece y
por otros modos de pensar diría Halliday. El
lenguaje y la cultura encuentran su mediación en los sistemas educativos. En la
escuela el sujeto aprende semiótica social y cultural ,y el lugar que le
corresponde al lenguaje en la construcción de la cultura. En la escuela se
conoce la estructura del lenguaje y se hace consciente el rol o los roles del
sujeto en la cultura, mejor, en las subculturas. Pero también puede
considerarse la actividad cotidiana como una escuela sin muros. El
lenguaje es el modo de configuración de la identidad y la cultura. Con él se
perfilan las normas y se idean las estrategias para escapar de ellas. Las reglas
del lenguaje serían manifestaciones de las reglas culturales, de las normas que
prescriben lo correcto y lo incorrecto, lo permitido y lo prohibido. Este ensayo
–Lenguaje, identidad y cultura- constituyen una profunda reflexión sobre la
identidad colombiana y la necesidad de hilar pertenencias que permitan
reconstruir el tejido ético desde el humanismo, que haga posible la solución
pacífica de nuestras diferencias y genere estrategias para superar nuestro
atraso ancestral. PRESENTACIÓN Podría decirse que una
buena parte de los hechos que enmarcan nuestra vida social son tangibles a
partir de sus determinaciones funcionales.
Tal es el caso de los elementos de análisis que ocupan estas líneas, en
las cuales se establece un acercamiento, en el sentido de sus usos. Los hechos del lenguaje,
entendidos en una relación de doble vía con los hechos de la identidad
cultural, son visualizados en esta perspectiva.
Es decir, el valor de uso como posibilidad de apreciar los términos en
sus contextos y ambientes de acción. Es esa la intención
primaria del presente escrito. De
ahí que se procuren inicialmente unas consideraciones generales acerca de los términos
en referencia, siempre articulados en sus dinámicas.
Luego se establecen unas pautas definitorias, con el ánimo de visualizar
las partes e integrarlas a un todo, comprendido en el espacio escolar y en la
estructura social más compleja. Todos estos componentes
del texto funcionan como soportes de la hipótesis general, en los cuales los
ejemplos citados acuden con propósitos orientados a ilustrar dos fases
contrapuestas: la no funcional—la
funcionalidad y sus implicaciones. El abordamiento temático,
si bien puede ser enriquecido con nuevos elementos teórico—experienciales,
permite sopesar de manera positiva las hipótesis que regulan las ideas
centrales del texto. La
relación lenguaje-identidad y cultura “La vida en función
del lenguaje es la conciencia de
vivir, la voluntad de vivir”. Bally CONSIDERACIONES
GENERALES El lenguaje como
creación cultural establece los principios constitutivos de la identidad
del individuo y de los grupos sociales, mediante las formas particulares en que
se desarrollan los idiolectos, los dialectos y las lenguas, principalmente.
Estas variantes lingüísticas dan forma contextual y conceptual al carácter
funcional del lenguaje. En el ámbito de lo
contextual se relacionan los componentes socioculturales, en los cuales se
dinamizan los lenguajes. Así como
en el terreno de lo conceptual se establecen los sentidos que comportan su
estructura y función interna. Como
se observa, la aproximación desde lo funcional a la relación lenguaje –
identidad y cultura señala una línea que se articula a la comprensión de la
lengua en sus usos y en sus posibilidades dinamizadoras de los procesos
socioculturales, en los cuales adquiere sentido de identidad el individuo y el
grupo social, del cual es componente. La configuración temática
así esbozada, propone la búsqueda de una apropiación conceptual básica para
comprender sus elementos, como insumos necesarios para visualizar el desarrollo
del trabajo que aquí se aborda. Para
el efecto se acude, en primer término, a los documentos de autores de mayor
relevancia en este campo y a los aportes experienciales que puedan tener sentido
práctico y teórico. Por
circunstancias de orden práctico y operativo en el trabajo, se utilizan
indistintamente los conceptos de lenguaje y de lengua.
Lo que no implica desestimar los usos específicos que en algún momento
se le puedan dar a los términos
lenguaje y lengua. El primero visto
en un sentido abarcador de los sistemas de las lenguas y el segundo asociado a
los idiomas: español, inglés,
francés, etc. Para efectos más prácticos,
el lenguaje, es entendido como el objetivo particular del estudio de la lingüística.
Es decir, el lenguaje, es un objeto del conocimiento, asumido en su
funcionalidad. El lenguaje en
situación (Ducrot, 1981.) Al respecto André
Martinet en su obra “El lenguaje desde el punto de vista funcional”
muestra el recorrido, no menos problemático, que la lingüística ha tenido que
llevar a cabo desde sus primeros intentos, por superar los obstáculos epistemilógicos
y conquistar el carácter de disciplina científica, con su objeto particular de
estudio: el lenguaje. En esta trayectoria, el
lenguaje se descubre en su funcionalidad y en sus usos, que adquieren sentidos a
partir de sus relaciones internas (lo intrínseco) y con otras áreas del
comportamiento (lo extrínseco). La funcionalidad interna corresponde a lo que podría
denominarse, un lenguaje hablando de sí mismo, reconociéndose en sus
componentes; en tanto que la funcionalidad externa responde a un lenguaje
vehiculizando saberes, reconociéndose en la actividad comunicadora. La perspectiva funcional
del lenguaje, objeto de estudio de la lingüística, permite establecer su carácter
dinamizador de los procesos culturales de la comunidad en la cual interviene.
Los sentidos culturales se dinamizan proyectivamente mediante la
intervención del lenguaje de la comunicación y del lenguaje
del conocimiento. Ambos términos: comunicación y conocimiento, están implicados en el
desarrollo y optimización de los recursos lingüísticos con que cuentan el
individuo o una comunidad determinada. En esta interconexión
del lenguaje comunicacional, que socializa saberes y prácticas, y del lenguaje
del conocimiento que comporta saberes, se estructura la identidad
cultural con sus rasgos individuales y colectivos.
Los usuarios del lenguaje establecen su relación cultural, en la medida
de sus roles y posibilidades. La dinámica funcional
del lenguaje, asumida en su carácter cognoscitivo y comunicacional,
propone variados enfoques multidisciplinarios para su estudio.
Estos enfoques se articulan o se distancian del objeto, en la medida de
sus implicaciones comunicantes de las cuales el lenguaje es su punto de
referencia más importante. Es
decir, la relevancia, en un momento dado, de los acercamientos al lenguaje
funcional, determinada por los intereses de estudio particular de cada
disciplina, responde al carácter que se le imprime en momentos y en
circunstancias dadas. Así, disciplinas de
estudio como la sociolingüística, la neurolingüística, la geolingüística,
entre otras, reclaman para sí aproximaciones al lenguaje funcional, desde sus
áreas. Y por supuesto, en cada área
el lenguaje es reconocido en su acción dinámica, de manera interactuante.
Además, ésta variedad de enfoques, lejos de desintegrar la visión
funcional del lenguaje, fortalece el acopio teórico–práctico para su
estudio. La referencia a los
estudios particulares (enfoques disciplinarios), reconoce en el lenguaje la
particularidad de ser objeto de estudio de disciplinas distintas a la lingüística,
estableciendo, además, la distinción entre el lenguaje como medio
(instrumento) y el lenguaje como referente de los estudios disciplinarios
(objeto). El enfoque desde lo
funcional, mediante el cual se asume el presente trabajo, tiene su fundamento en
el reconocimiento y comprensión de la actividad mediadora, la cual cumple el
lenguaje, a través del tejido de redes interactuantes en el contexto de una
cultura determinada. En este tejido
se pueden identificar los rasgos lingüísticos particulares que distinguen los
individuos y los grupos sociales que la componen. Dentro de las funciones,
la función instrumental (mediadora) y cognoscitiva (saberes), cumple roles
culturales, en la medida en que ponen en evidencia elementos del saber social,
incluyendo los ideológicos, mediatizados por los sentidos propios de la
comunidad. Esta capacidad de
producir sentidos guarda estrecha relación con los intereses de los usuarios y
sus niveles de desarrollo lingüísticos. Con estos planteamientos,
al asumir el estudio del lenguaje, la identidad y
la cultura, desde una aproximación funcional, se pretende reconocer la
estrecha relación entre los términos, materializada en las prácticas
cotidianas y, principalmente en el desarrollo de patrones culturales y lingüísticos
de las sociedades actuales. ACERCA
DE LOS CONCEPTOS BÁSICOS DE LOS TÉRMINOS EN DESARROLLO Resulta indispensable, de
esta manera, partir de los conceptos previos, básicos de los términos, para
una mejor comprensión del tema en referencia.
El término lenguaje
presenta varias acepciones, aunque sin variaciones significativas.
Estas obedecen, principalmente, al ámbito particular de cada estudio, en
concordancia con las necesidades propias de cada enfoque.
Se cita aquí una definición generalizada que proporciona el diccionario
Enciclopédico Espasa, en su edición española de 1985. “Lenguaje.
Conjunto de sonidos articulados con que el hombre manifiesta lo que
piensa o siente - Idioma hablado por un pueblo o nación, o por parte de ella -
Manera de expresarse - Estilo y modo de hablar y de escribir de cada uno - Uso
del habla o facultad de hablar - Conjunto de señales que dan a entender una
cosa - Conjunto de caracteres, símbolos, representaciones y reglas que permiten
introducir y tratar la información en un ordenador”. En cuanto al término cultura,
se presentan igualmente varias definiciones concurrentes, por su pertinencia temática,
en el planteamiento de I. Savranski, en su libro “La cultura y sus
funciones”: “La
cultura es un sistema complejo que funciona con determinada integridad y
dinamismo. Incluye un conjunto de
diversos subsistemas, los cuales desempeñan un papel esencial en la
creación y difusión de los valores espirituales”. Buena parte de los
subsistemas de la cultura tiene que ver con los códigos lingüísticos que
circulan, merced a las interacciones comunicantes entre los usuarios
pertenecientes a una cultura determinada. En
esta dinámica, la comunidad crea sus sentidos culturales y difunde sus valores
espirituales. Como se observa en esta
definición de cultura, se muestra una mayor susceptibilidad a ser estudiada,
como objeto, desde el campo de la filosofía y la sociología.
Condición ésta que no rechaza intervenciones desde los estudios de los
folclorólogos, con una disciplina que ha venido copando espacios de la
antropología (Motta, 1985) y de la literatura (Olivella, 1982). Asumiendo relacionalmente
los concepto del lenguaje y de la cultura, se advierte la necesidad de reconocer
los hilos funcionales que los trascienden de manera recíproca.
Es decir, el lenguaje como subsistema del sistema cultural, portador de
sentidos e instrumento, a la vez, de la comunicación de los valores
espirituales de una comunidad dada. La
cultura, a su vez, creadora de los
lenguajes y vehiculizada por éstos. En
este marco se configuran los elementos que le dan identidad a los usuarios de
una comunidad. La identidad podría
considerarse, entonces, como producto de la relación funcional entre lenguaje
y cultura, o bien como el grado de intervención de los individuos en
este proceso. Intervención que no
puede ser pasiva (por el sólo hecho de pertenecer a la comunidad) sino activa
(en la medida de los usos de los códigos lingüísticos y de los valores
espirituales de la cultura). Entendido
así, el término identidad debe ser definido, superando su forma literal
proporcionada por los diccionarios de la lengua española: “Identidad
/ Calidad de idéntico, hecho de ser una persona o cosa, la misma que se supone
o se busca, igualdad que se verifica siempre, sea cualquiera el valor de las
variables que su expresión contiene...”
(Espasa 1, 1985). Una
manera de superar esta definición consiste en aprovechar las interpretaciones
que suscita la expresión “el valor de las variables”, de donde se pueden
inferir connotaciones de orden antropológico, ontológico, político, o bien,
lingüístico. Son las que, por sus
características, permiten un mejor acercamiento a los propósitos de este
trabajo. Tenemos, entonces, con
estas variables interpretativas que el término identidad se define: Como
una serie de atributos congénitos, diferenciables marcadamente de los
“otros”. Otros que no necesariamente deben responder a las
caracterizaciones estandarizadas de los grupos sociales.
(Ruiz, 1987). -
Se desprenden así dos identidades que no se descartan y actúan
correlativamente: Ontológicamente,
el individuo en su psicología, como una particularidad “asignada” por el
grupo, con unos rasgos que lo semejan a los demás y lo diferencian entre ellos;
políticamente, los individuos, con sus códigos lingüísticos, sus ideas y sus
formas de vida que enmarcan su pertenencia a determinado territorio, en el
esquema social-antropológico, y en cuyas prácticas se expresa su filosofía de
la vida: de lo cotidiano y lo
trascendente funcional.
DEFINICIONES
CONCEPTUALES A LAS RELACIONES FUNCIONALES -
Implicados en esta trascendencia funcional, los términos lenguaje,
identidad y cultura asumen roles, que adquieren vigor práctico en la medida de
su capacidad de intervención en los procesos sociales que dinamizan la vida de
una comunidad. Estas
intervenciones, generalmente, van coimplicadas, en donde las evidencias
culturales son puestas en escena por el lenguaje mismo, de acuerdo a sus ritmos
internos y a la correlación con otros elementos del sistema de la cultura en
general. -
De esta manera, la aproximación funcional a los conceptos de lenguaje,
identidad y cultura, es una manera de comprenderlos en su dimensión operativa.
No es posible reconocer el lenguaje en sí mismo, se distingue en sus
relaciones que le dan sentido a la vida en
comunidad y se nutre de esos sentidos para implicar otros, a su vez.
De igual manera la cultura es comprendida y puede ser explicada en sus
manifestaciones funcionales. La
funcionalidad es expresión de los sentidos que le dan vida al lenguaje y a la
cultura. Lo funcional expresa y
reconoce la identidad, la hace manifiesta. -
Vistos en su integridad, los términos lenguaje, identidad y cultura se
expresan conceptualmente, a partir de sus relaciones solidarias y se
materializan en sus prácticas, que pueden en un momento dado, determinar la
preponderancia de los roles de cada término, según los ambientes
sean o no favorables. El
contexto socio-cultural es muy importante para el desarrollo funcional de los
elementos en cuestión. Se abre así un marco de
referencia para la formulación de una de las posibles hipótesis que pueden
suscitar las aproximaciones funcionales al
tema del trabajo: -
Un ambiente socio-cultural
favorable, posibilita en sus individuos desarrollar inmejorables niveles del
lenguaje. El
orden de los términos en la formulación de esta hipótesis puede ser cambiado,
sin que con ello se alteren los sentidos que se pretenden demostrar.
Es decir, la aproximación funcional al estudio de la relación lenguaje,
identidad y cultura, no puede ser alterada en su ordenamiento, dado que se trata
de darle sentido operacional a los términos, implicándose entre sí
solidariamente, en un contexto socio-cultural determinado. Lo que sí es posible señalar
es el papel del lenguaje, entendido como subsistema del sistema cultura.
Una función que se define fundamentalmente de carácter instrumental,
cuyas implicaciones en la vida social de los individuos y en el desarrollo del
pensamiento, son cada vez más elocuentes, a partir de los estudios sociolingüísticos
(Labov, 1983), psicolingüísticos (Grene, 1980), neurolingüísticos (Luria,
1995), entre otros. Por las características
del estudio, así como por la variada información que proporciona para dar
respuesta a algunos de los indicios que se vienen esbozando, se recurre a un
ejemplo clásico. Una historia real
citada por M. Sídorov en su libro “¿Cómo el hombre llegó a pensar?” Se trata del hallazgo
hecho por el misionero Singj, su esposa y un grupo de expedicionarios en una de
las selvas de la India. Impulsado por la curiosidad de descifrar historias de
“fantasmas” en una madriguera de lobos, contadas por asustados aldeanos, el
misionero descubre que se trata de dos niñas de año y medio y ocho años
aproximadamente. Llevadas a su casa
(centro de observaciones), para efectos de los estudios del caso, se dan los
nombres de Amala a la pequeña y de Kamala a la mayor. Los años de vida de éstas
dos niñas transcurridos con los
lobos, produjeron cambios considerables en su estructura ósea y muscular.
En los desplazamientos permanentes con la manada, ponían en actividad
las cuatro extremidades, imitando el caminar de los lobos; así mismo, la
conformación de los maxilares les permitían desgarrar la carne cruda, ayudadas
por las manos un poco más alargadas para su movilidad.
Siempre comían con las
manos, en el tiempo de la observación no fue posible que aprendieran a manejar
los utensilios domésticos. Dentro de estos cambios,
el más sorprendente observado por el misionero y su grupo, consistió en el
deterioro irreversible de la capacidad de habla de las niñas, determinado,
entre otros, por la temprana edad en la que presumiblemente fueron adoptadas por
la manada de lobos y el tiempo de convivencia en un ambiente de mínimos
requerimientos para la comunicación. En
el tiempo de observación las niñas emitían leves gemidos, imitando los
aullidos de los animales en circunstancias de hambre, frío o peligro. Estas exigencias mínimas
en materia de comunicación dieron al traste con el desarrollo del lenguaje,
correspondiente a sus edades, lo que presume un sensible atrofiamiento de los
centros cerebrales, destinados a tal fin y de los órganos fonológicos
articulatorios del lenguaje hablado. Desde el punto de vista
del desarrollo del pensamiento (Luria, 1993), la casi imperceptible manifestación
del lenguaje interior que constituye la base del acto intelectual del niño, en
estas edades, muestra exiguas posibilidades mentales.
El desarrollo de la actividad práctica del niño, dice el mencionado
autor, tiene lugar con la participación de su lenguaje activo.
Ese lenguaje activo (funcional) en Amala y Kamala no está presente,
porque no es requerido entre los animales.
Es una facultad humana, hasta donde se conoce. “Gracias
al lenguaje el pensamiento permite elaborar conceptos abstractos y formular
conclusiones lógicas que rebasan los marcos de la percepción sensorial...”
(Luria,1993, p.25). Atendiendo a la concepción
de Luria, con respecto a la importancia y función del lenguaje en relación con
el desarrollo del pensamiento, se puede inferir que esta actividad mental no
puede rebasar los marcos de la percepción sensorial, dado que no existe el
lenguaje como soporte. En el supuesto de un
“lenguaje animal”, se puede establecer una distinción con el lenguaje
humano, por cuanto el primero sólo se expresa en los sonidos que emiten ciertos
rasgos de afectividad, no logrando superar la designación de los objetos
concretos. La designación de
objetos concretos son funciones de las palabras, que a juicio de Luria se
cumplen en tres frases: a)
la catalogación objetiva o función concesiva,
b) la función abstracta o
sintetizadora y c)
la función generalizadora. Al no existir evidencias
del lenguaje humano en desarrollo, la fase de conceptualización con sus tres
tipos de funcionalidad, está ausente en las niñas de la historia.
No hay actividad lingüística, porque el lenguaje, como se recuerda, no
existe en sí, sino en su funcionalidad.
Y esta no aparece, en tanto no se puede desarrollar sin un ambiente
cultural adecuado, que le dé identidad a las niñas con relación al grupo.
No hay una estructura del lenguaje que posibilite el desarrollo del
pensamiento. La manifestación
funcional del lenguaje no es posible sin un ambiente apropiado para el
desarrollo del pensamiento. Desde el punto de vista
social, la funcionalidad del lenguaje está determinada por el ambiente
socio-cultural, en el cual se relacionan los usuarios (Halliday, 1994).
Hay una estrecha correlación entre el lenguaje y la vida social (Bally,
1941). En el caso de las niñas de la historia, esta correlación
representa un nuevo ingrediente para reconocer que la ausencia del lenguaje,
funcionalmente hablando, guarda relación con la ausencia de la vida cultural y
social. Podría
pensarse en un entendimiento mínimo, lingüísticamente hablando, entre Amala y
Kamala; sin embargo, el hecho de haber sido adoptadas, desde sus primeros años
de vida, se supone, no permitió el desarrollo en su primera fase de los
fundamentos del lenguaje humano, más sí de adaptarse a los rudimentos sonoros
de los lobos. Justamente lo
imprescindible para sobrevivir en la manada. Sin
la presencia de interlocutores de la misma especie (humana) no hay
funcionamiento del lenguaje, y sin esa funcionalidad el lenguaje no existe como
tal. Este no puede desarrollarse,
teniendo como materia prima los aullidos de los lobos, quienes los usan para
cumplir requerimientos mínimos, frente a situaciones especificas:
hambre, frío, peligro. Además,
las expresiones afectivas mínimas que se traducen en algunos sonidos, no pueden
responder a toda la carga valorativa que circula, mediante el lenguaje, en
condiciones culturales favorables. Funcionalmente la
identidad no encuentra razón de ser en circunstancias tan desfavorables.
Perdida la noción del ser, interaccionante, autónomo y
proyectivo, desaparecen los rasgos que pueden hacer semejantes y diferenciables
los individuos. Aunque, según el
grado observador, los rasgos de afectividad entre Amala y Kamala son
instintivamente fuertes. Cuando
fueron encontradas Amala tenia dos años y Kamala ocho; la muerte de una de las
niñas -la menor- provoca una crisis en la otra
(Kamala la mayor logró sobrevivir diez
años), crisis que se manifiesta en un mayor aislamiento del nuevo grupo
familiar (equipo de trabajo del Dr. Singj). En esta precaria condición
humana al principio Kamala se negó a usar ropa, no pronunciaba palabra, mordía
y arañaba al que se le acercara. Con los años, aprendió un vocabulario
reducido de palabras del idioma Bengali, a llorar, a mantenerse en pie. También
confirmaría ésta experiencia que el pensar y el lenguaje están estrechamente
ligados. Mann 1987. En esta misma dinámica
de la “vida” de las niñas en el hábitat de los lobos, confirma que también
desaparecen los vestigios de la vida cultural.
Con una mínima relación interpersonal, los elementos básicos para la
proyección de los valores espirituales no funcionan, dado que la manada de
lobos no puede ser interlocutor para la dinamización de los sentidos
culturales. No son necesarios. Vista la funcionalidad de
los términos lenguaje, identidad y cultura a la luz de la historia de Amala y
Kamala, se puede aventurar otra hipótesis que no difiere mucho del
planteamiento inicial, pero que sí da cuenta de las múltiples posibilidades
que se mueven en este campo. -
Los niveles de utilización del lenguaje
por parte de sus usuarios, determinan el grado de desarrollo del ambiente
sociocultural en el cual viven. Con la formulación de
esta hipótesis se pueden canalizar nuevos elementos que permiten ampliar el
panorama conceptual y contextual de los términos lenguaje, identidad y cultura,
en el sentido de su funcionalidad. Genera
además otras hipótesis, proporcionando espacios para el ejercicio de nuevas
lecturas interpretativas de los casos. Por ejemplo, si la historia de las dos niñas muestra la
correspondencia entre el “incipiente” entorno cultural y el apenas
perceptible “lenguaje animal” sonoro. Otros
casos pueden mostrar la correspondencia entre un espacio cultural favorable con
el desarrollo del lenguaje. El pobre desarrollo del
lenguaje, del cual disponían las dos niñas de la historia, sólo puede
explicarse por su incipiente relación social. El hombre es un animal social:
el lenguaje es el producto de ese instinto de sociabilidad, señala Aristóteles
(citado por Bally p.28, 1941). En
la manada de lobos, las niñas seguían sus comportamientos, adaptándose a sus
prácticas alimenticias y formas de comunicación, caracterizadas por aullidos,
como respuestas a los estímulos externos.
Por fuera de la manada, la actividad social era nula. El medio cultural, al no
existir, plantea pocas o casi nulas exigencias comunicativas a las niñas, lo
que se traducía en el no uso de los códigos lingüísticos, agravado por la
atrofia de los órganos productores de la voz humana.
En estas condiciones, el desarrollo de los principios de identidad
carecería de la más elemental conciencia de vivir, a la manera de
Bally, cuando plantea que “la vida en función del lenguaje es la
conciencia de vivir, la voluntad de vivir”.
Por lo tanto, el hecho trágico es la no existencia de identidad en
las dos niñas. Según Sídorov
(1966), el ejercicio del pensamiento libre y autónomo no puede desarrollarse en
circunstancias tan precarias. Por
lo tanto, Amala y Kamala sólo viven un presente. Entonces
el acercamiento del hombre al conocimiento consiste en un proceso se hace desde
el lenguaje y mediante el intercambio comunicativo con los demás seres
sociales. El hombre se encuentra y se relaciona con el mundo nunca como una
conciencia aislada, sino desde una comunidad de hablantes, que reciben saberes
de otras comunidades distintas en el tiempo y en el espacio. Por ello, todo
conocimiento ha de ser un ir a través del lenguaje, es decir un diálogo
permanente. Los
usos y funciones de los términos: lenguaje,
identidad, cultura y sus implicaciones en la vida escolar En un ejemplo inverso a
la historia de las niñas, se podría citar la vida de la escuela.
Lo que muchos denominan “la cultura escolar”.
En ésta, las condiciones relacionales de la comunidad educativa se
manifiestan en espacios que brindan las mejores condiciones para el desarrollo
de una cultura, que si bien es estandarizada, sus componentes interactúan en
sentido dinámico proyectivo. El empleo del término
“cultura escolar” tendrá un tratamiento preferencial, en este caso, por
cuanto permite globalizar un conjunto de ideas entorno a considerar la escuela
como la institución que cumple el papel de sintetizador de la cultura y de
contacto con el desarrollo de la sociedad.
La escuela estandariza y racionaliza los saberes. En relación con la cultura,
la escuela es un espacio que la promueve en sus prácticas.
La convivencia de los individuos, mediante las redes de interacción
cotidiana con sus interlocutores en la comunidad educativa, genera un marco
ideal para la construcción de un nuevo contexto de cultura.
Un contexto de cultura en el cual se asumen nuevos paradigmas en el
sistema valorativo. Los sistemas
tradicionales de valores particulares socializan y dan vida a uno nuevo. Es el sistema escolar distinto al sistema familiar. Además, aparte de que
los individuos al socializar sus culturas particulares, establecen valores
comunes entre sí, la escuela superpone su sistema valorativo institucional,
cuyo carácter arbitrario es aceptado por la mayoría de los miembros de la
comunidad escolar. La síntesis
normativa de este marco de transacciones e imposiciones está materializada en
el llamado “Manual de Convivencia”, que se asume como el regulador de los
sistemas valorativos enunciados. Se señalan así los
ingredientes que permiten construir el enramado de prácticas de una cultura
predominante, pero que contienen elementos de las culturas particulares.
Los indicios arrojados por estudios realizados en 1993 por la FES, en
torno a la cultura escolar, muestran que con o a pesar de
ésta, subsisten los subsistemas de otras culturas, estimulados por las
presencia de lenguajes subyacentes al estandarizado de la escuela (Bally,
1941). En
cuanto al lenguaje, los cimientos de una cultura fuerte estandarizada, ligada a otras particulares que
circulan el medio escolar, desarrolla un rol de primer orden en la aprehensión
conceptual y en la difusión de los sistemas de valores, mediante la puesta en
escena de códigos y símbolos que los usuarios de la comunidad emplean en sus
relaciones cotidianas. Aquí es posible
establecer los patrones de la identidad que colocan a los individuos del
grupo escolar en ambientes de interacción con los valores espirituales de la
cultura, circulando en el lenguaje escolar de lo académico y lo común.
La identidad como proceso tendría otras connotaciones en la escuela, por
ejemplo, lo relacionado con el proceso de identidad profesional (el perfil del
estudiante), lo relacionado con el proceso de identidad personal (formación
ciudadana ) y la identidad, en cuanto a rasgos lingüísticos, culturales,
sociales... La
circulación de saberes culturales y la interacción lingüística median sobre
las estructuras de la identidad del
joven estudiante, materializándose en los niveles de desarrollo de la
personalidad, incluyendo su desarrollo del pensamiento.
Desde luego, éstos son procesos que implican ritmos de una funcionalidad
creciente de los lenguajes y la cultura o culturas de la escuela. Esta es una cadena que se involucra en estructuras más
complejas. Lo
funcional en niveles más complejos de la vida social. Las culturas en las
sociedades son dinámicas gracias a la vida funcional de los lenguajes.
No hay otra forma de trascender la cultura en sí y de proyectar al
individuo en sus procesos de identidad, ya que deben ser igualmente funcionales. El movimiento de lenguaje
como medio de propagación de los valores espirituales de la cultura y como
conocimiento en sí, es lo que Jacobo Grimberg, en su obra “más allá de los
lenguajes” ha dado en llamar los segundos y los terceros lenguajes.
En autores como William y M. Halliday aparecen como los sentidos
culturales. Lo humano en el hombre, o
mejor, la distinción más importante entre el hombre y los animales, radica
fundamentalmente en la capacidad de abstraer, de pensar, en ejercitar la memoria
de manera proyectiva. En esta
distinción, el lenguaje interviene de manera determinante en la puesta en
funcionamiento de sus códigos y símbolos. En el desarrollo de la mediación del lenguaje circulan los
productos de la cultura, de los cuales se apropian los usuarios, de acuerdo con
sus necesidades, con sus conocimientos (saberes) e intereses particulares y con
la capacidad de asimilación. En esta concurrencia
funcional de elementos culturales y lingüísticos, el individuo va
estructurando su identidad. Al
respecto se pueden establecer dos componentes básicos: a)
La identidad individual, que presupone además de los rasgos físicos y
espirituales, niveles de dominio de las estructuras del lenguaje, de sus códigos
y de la producción de sentidos (Labov, 1983). Este último
aspecto es muy importante tenerlo en cuenta, puesto que constituye el eje de los
encadenamientos funcionales del lenguaje, mediados por los códigos lingüísticos
y la simbología popular, de los cuales se apropian los usuarios para
caracterizar sus prácticas sociales y culturales.
Articulado a este primer
componente, aparece un segundo relacionado con: b)
La identidad social (o de grupo), cuyo mejor indicador es la capacidad
expresiva de la cultura de la colectividad social, a través de los códigos que
funcionan convencionalmente, desde el interior hacia fuera, para comunicarla. Con la puesta en
evidencia de dos situaciones inversas: la historia de Amala y Kamala y la cultura escolar,
se puede inferir un elemento común en torno a mostrar que la trascendencia de
lo funcional es un síntoma inequívoco de la existencia del lenguaje, la
identidad y la cultura. Que sus
manifestaciones más tangibles se dan en los vínculos relacionales dinámicos
que cada término imprime en su desarrollo.
Esta condición de lo funcional puede ser aplicable en las
diferentes situaciones, de las cuales participan los referidos componentes. La aproximación desde el
enfoque funcional enmarca nuevas posibilidades de estudio para comprender los
cambios que se vienen operando al interior de las sociedades y sus incidencias
en el entorno, del cual se nutre solidariamente.
En esta dinámica entran en juego nuevos elementos de las culturas,
signadas por los nuevos hechos sociales, políticos, económicos, tecnocientíficos
y lingüísticos. En todos estos hechos, el
lenguaje se integra con significativos aportes, en términos de nuevas
elaboraciones de la codificación lingüística, en consonancia con los
requerimientos de la técnica y la ciencia, en desarrollo.
Los dominios que adquieren las lenguas, el amparo de las condiciones que
generan el desarrollo de las economías, principalmente, se explican en la
medida en que se comprenden y asimilan los nuevos paradigmas de los sentidos
culturales. Esto explica el hecho,
cada vez más elocuente, de la expansión de ciertas lenguas, en desmedro de
otras, cuyas áreas de influencia son estables o van perdiendo el espacio común
que tenían. Recientemente se
escuchan voces autorizadas reconociendo la fuerza con que viene irrumpiendo la
lengua inglesa de los Estados Unidos de América a través de los mercados
mundiales y del desarrollo técnico-científico, principalmente. Antes de continuar con
esta reflexión es preciso aclarar un cambio que se viene introduciendo.
Se trata del término lenguaje por el término lengua.
La alusión que se viene
haciendo, en esta última parte, indistintamente, obedece a la necesidad temática
de establecer ciertas precisiones, distinguiendo las lenguas dominantes de otras
no dominantes, y entre sí mismas. A propósito de esta
aclaración, en el Diccionario Enciclopédico de la Ciencias del Lenguaje
(Ducrot, 1981) se plantea: “ la palabra lenguaje
se asume en el sentido preciso de lengua natural”.
Esta restricción conceptual se fundamenta en los siguientes aspectos: a)
La necesidad de precisión del objeto de conocimiento, frente a la
variedad de sentido tradicional. b)
La extensión de la palabra lenguaje implica el tratamiento de
diferentes sistemas de signos, cuyos estudios pueden darse por separado. Superado este escollo
conceptual, es pertinente indicar además que el concepto de lengua
predominante se aplica preferentemente a aquellas, cuyo dispositivo lingüístico
(códigos), ha permitido sobrepasar otras barreras idiomáticas, merced a la
estructura económica que las respalda. El panorama geopolítico
del mundo ofrece situaciones significativas a este respecto que deben ser
valoradas en su justa dimensión. Los
nuevos rumbos lingüísticos proponen nuevos paradigmas en los sentidos
culturales de las comunidades humanas, cada vez más cerca comunicativamente. Esta
nueva correlación en el desarrollo de las lenguas, tienen un marco de
funcionalidad, en el cual intervienen factores diversos, en cuanto a la difusión
y propagación de políticas económicas, en
relación con los mercados mundiales. Intervienen
además factores de orden tecnológico-científico en el campo de las
comunicaciones, específicamente. Estos
elementos condicionan un nuevo orden en el plano del desarrollo de las culturas,
y en donde el individuo se inscribe en un proceso de identidad más colectivo. Como
puede colegirse, este nuevo esquema del desarrollo de las lenguas, en el cual se
enmarcan las nuevas circunstancias relacionales del lenguaje, la identidad y la
cultura, tiene su explicación en los cambios que se vienen operando de manera
acelerada para no perder el ritmo del desarrollo material de las sociedades.
Pero estos cambios no pueden ser operativos, sino descansan en la
funcionalidad interactuante de estos tres componentes.
El lenguaje aparece como el hilo conductor para su función comunicativa. Los últimos registros
acerca de las lenguas más habladas del mundo, señalan en primer término al
mandarín, inglés, al francés, español, ruso, y el alemán.
Aunque se aclara que no se miden por el número de hablantes, sino por
sus niveles de difusión en el mundo. Dentro
de estas lenguas ocupa lugar preeminente la inglesa, cuyo crecimiento progresivo
la hace lengua oficial en muchas regiones, y en casos también crecientes, la
segunda lengua en importancia, especialmente en los países europeos más
avanzados. Tomando para el caso la
lengua inglesa, dentro del contexto lenguaje, se establecen, en primer
lugar sus fuentes culturales originarias, la Gran Bretaña y los Estados Unidos
de América. Esto con el fin de
identificar los rasgos de su estructura social, para comprender su proceso
evolutivo funcional. Ya ubicados en
el contexto geopolítico norteamericano; por cuanto es el que mayormente
interesa para el caso, se advierte un marcado nacionalismo en defensa de la
lengua. Esta particularidad se
constituye en un primer ingrediente, favorable por razones de una cultura
nacionalista muy arraigada por los medios propagandísticos.
Sin embargo, la defensa de la lengua no basta por sí sola, por muy
fuerte que sea el trabajo propagandístico. Es necesario que ésta se potencie
en un campo socio-cultural favorable a su vida funcional.
Aquí entran en juego las condiciones políticas y económicas, mediante
las cuales, el mercado de la tecnología por su capacidad de movilización se
constituye en el segundo ingrediente de dinamización de la lengua inglesa. Este caso particular
puede ser el de otras lenguas, lo que llama la atención es que se trata de una
cultura (la norteamericana) trascendiendo sus propios espacios para determinar
cambios en otras culturas. Cambios
que se fundamentan en el consumismo como punto de entrada en sociedades que lo
adoptan en muchas áreas de la vida de los individuos. La relación funcional
lenguaje – identidad y cultura entra, así, en un nuevo plano, merced a los
dominios económicos y políticos que pueden desarrollar determinadas culturas.
Ya no se trata de identificar y reconocer los rasgos funcionales de la
relación planteada, en términos de las culturas hacia adentro, en sus dinámicas
particulares; ahora se trata de reconocer otras dimensiones, en las cuales el
lenguaje, la identidad y la cultura, superan sus dinámicas internas para
influenciar sobre otras. En este plano, el carácter
funcional tiene expresiones más refinadas y contundentes.
No otra cosa explica el hecho de que la lengua inglesa se acepte y adopte
en otras culturas, distintas a la norteamericana, como segunda opción,
sustentada en una necesidad, generalmente artificiosa del mercado y de la
globalización de los valores anglosajones. La lengua inglesa
funciona así como mediación en un proceso de expansión económica, sin que se
desestimen factores de orden académico, científico, tecnológico.
Esto tiene relación con los intereses y las finalidades con que se
adoptan en otras culturas. El caso Colombiano registra la implementación del inglés en
áreas académicas, traducciones, tecnológicas y de mercadeo, principalmente. Aunque en mucho menor
grado, la lengua francesa se presenta funcionalmente con otros matices, específicamente
en áreas de las ciencias, los derechos humanos, la pedagogía, la filosofía,
proponiendo cambios culturales en sectores mínimos de la población
internacional. Un análisis detenido de
este nuevo plano del desarrollo funcional del lenguaje, la identidad y la
cultura, permite inferir grados de funcionalidad, indescartables en cualquier
proceso, bien sea interno y externo. Sólo que el funcionamiento tiene sentido
en áreas específicas, según las posibilidades proyectivas de la cultura que
se expande. Si
se observan las condiciones particulares en que se desarrollan la relación
lenguaje, identidad y cultura en los contextos internos de las sociedades, así
como en su trascendencia a otras culturas, se puede advertir un punto en común:
todo este desarrollo relacional tiene sentido en la medida en que se
aborde desde la funcionalidad de los tres elementos interactuantes. El
hombre es un ser transgresor, se hace a partir de las prohibiciones iniciales.
La evolución biológica no fue un factor suficiente, es claro que el hombre
evolucionó, pero el factor que lo hizo hombre es el lenguaje y sólo con el
lenguaje fue posible la prohibición, y éste, en últimas, dio forma y sentido
a la cultura. Inicialmente
conviene distinguir con Saussure (1978) algunos conceptos de la lingüística
que ayudaran a despejar el meollo de este asunto, la relación lenguaje y
cultura, como determinantes en la formación del hombre. Saussure distingue y
establece diferencia entre lengua y habla. Lengua la define como un sistema de
signos y patrón de uso y habla como realización o uso. La
normatividad es expresión de la cultura y al mismo tiempo una transgresión del
mundo natural; por eso la ambivalencia; el hombre se prohibe y se humaniza, pero
es él, el primero en violar, en transgredir las normas que él mismo establece.
Ahora bien, si no fuera así, el hombre sería un esclavo del mundo natural o de
su propia normatividad. El
encuentro del lenguaje y la cultura constituyen lo que Halliday (1994) llama
semiótica social o semiótica cultural. Es decir, una codificación de signos y
símbolos derivados tanto del pensamiento lógico como del imaginario mental.
Desde este punto de vista, el sistema social es un sistema de significados. Los
hablantes se comunican entre sí formando un sistema social. “El
lenguaje es sólo uno de los medios aunque la gente representa los significados
inherentes al sistema social. En cierto sentido , estos también están
representados (es decir,
expresados) por el modo de andar de la gente, la ropa que usa, sus hábitos
alimentarios y las demás pautas de comportamiento; en otro sentido, están
representados (es decir, hechos metáforas) por el modo en que la gente
clasifica las cosas, por las normas que establece y por otros modos de pensar”
Halliday 1994. El
lenguaje es un sistema de signos que cumple una función cognoscitiva y de
comunicación entre los seres humanos, surgió en algún momento de la era
Antropozoíca y ha evolucionado a
la par con el hombre. Sin el lenguaje es impensable cualquier actividad humana,
aún la de pensar, porque lenguaje y pensamiento están estrechamente
relacionados. Las
herramientas en sí conforman un lenguaje son un código, independientemente del
hombre, el lenguaje se levanta entonces como un lenguaje de lenguajes, como un
nivel superior capaz de reducirlo
todo a un sistema de signos realizados en el habla.
En
otras palabras, las herramientas son signos, y el lenguaje humano es un signo de
signos, un universo metafórico y simbólico. Por ello se ha definido la lingüística,
la ciencia del lenguaje, como un sistema de signos, pero no solamente
signos del habla o del lenguaje sino
de los diversos modos de significar y
comunicar, como las modas, el arte, el deporte etc. El
verbo en el ser humano es un mecanismo de acción y de comunicación, es el acto
más creativo del ser humano en el que se puede conjugar la acción con la
prohibición. Sin duda el lenguaje es un producto social
y al mismo tiempo un instrumento de la psique. Ahora
bien, “ si yo fuera el único en el mundo no tendría lenguaje, ni habla
y ni siquiera mi habla”, dice Karl Vossler. El lenguaje es un sistema
de signos que tiene sus propias reglas, por
lo tanto, es extensivo a la cultura. Y con el nombre de cultura designamos todas
las producciones materiales y espirituales del hombre. Los
seres humanos somos lo que somos en el lenguaje, somos en la medida que
reflexionamos sobre lo que nos sucede. Sin lenguaje no hay pensamiento, no hay
reflexión, ni conciencia, no hay discurso. El hombre desde el inicio de los
tiempos se ha preguntado por la esencia de las cosas, ha tratado de relacionarse
con la naturaleza, inicialmente por medio del mito, el arte y la religión;
posteriormente por medio de la filosofía y
la ciencia. Comprender,
explicar, interpretar y penetrar
los secretos de las cosas desde una perspectiva racional sólo es posible
mediante el lenguaje. Fueron las prohibiciones las que originaron la cultura y
fueron dichas prohibiciones las que dieron origen
al lenguaje. Ahora
bien, los seres humanos en su interés por relacionarse con la naturaleza
y conocer sus secretos ha “elaborado”
diferentes lenguajes que posibilitan acceder a la
esencia de las cosas para de
esta manera conocer, aprovechar y
transformarla para su beneficio. Son ellos los que nos permiten construir
cultura y el logro de la identidad. Hay
muchos lenguajes: auditivos, visuales, táctiles, etc. Estos mecanismos de
comunicación entre los hombres, de utilidad creadora, indispensables para el
contacto social con el uso de los signos se
convierten en elementos simbólicos de la cultura humana. En
síntesis, todo esta atravesado por el lenguaje, lo simbólico rige nuestro ser,
no hay nada social que no este bajo el imperio del lenguaje. Recordemos que el
primer uso del lenguaje fue la prohibición por tal motivo el lenguaje debe
usarse con fines pacificadores, los seres humanos somos en la medida que
reprimimos nuestra agresividad, es por medio del lenguaje que el hombre reprime
su sexualidad y la primer prohibición
antropológica fue la prohibición del sexo con los parientes más próximos. El
hombre es un ser libre de prohibirse y de realizar acciones por tal razón debe
darle al lenguaje un uso especial que le permita su crecimiento moral y ético. Se
pretende
con este unidad establecer relación entre: economía,
identidad, ética y moral; identificar las posibles causas del vacío ético
que atraviesa la sociedad Colombiana. Se
propone desarrollar una reflexión acerca del principio de la Comprensión
en sus posibilidades de tejer pertenencias, identidades y valores fundamentales
en la convivencia de los seres humanos. Esta
aproximación a la comprensión de nuestra realidad, exige analizar la problemática
desde distintos referentes: económico, ético, moral, histórico, social y
cultural. Por lo tanto los realistas tienen razón: violencia, corrupción,
insolidaridad, poca confianza en las instituciones, cultura mafiosa,
clientelismo, desigualdad, exclusión, marginalidad, pobreza y falta de propósitos
nacionales; son la consecuencia de referentes históricos, culturales y económicos
con que hemos construido la colombianidad. Los
optimistas también están en lo cierto: los colombianos somos emprendedores,
rebuscadores, soñadores, dispuestos a darlo todo a cambio de nada, pero en esta
gran paradoja lo más grave es que no hayamos diferencia entre lo ético y lo
moral, y confundimos los valores
con los antívalores. Una comprensión cabal de nuestra sociedad no puede
quedarse en lamentar el lado malo o en exaltar lo bueno de nuestra condición
colombiana. Ante
todo, es trascendental que entendemos la “ética” como la reflexión de lo
que se considera valido y “moral” el conjunto de creencias, comportamientos
y valores que gobiernan la vida de un individuo o de una comunidad. Por otro
lado los valores son categorías axiológicas que nos permiten acondicionar el
mundo y hacerlo habitable, ellos pueden ser positivos o negativos. Empecemos
por afirmar, que la falta de una identidad nacional es un problema de carácter
histórico. Colombia a diferencia de países como México, Perú y Guatemala
-donde la existencia de fuertes culturas ancestrales hilaron los espacios para
una identidad- no ha logrado crear referentes serios de identidad porque sus
aborígenes, los Muiscas y Tayronas
no lograron crear los referentes previos para una sana convivencia e identidad. De
hecho, fueron las condiciones geográficas las que obstaculizaron los procesos
de cohesión entre los grupos étnicos ubicados en el territorio colombiano; más
adelante son las condiciones políticas impuestas por la corona española las
que imposibilitan la creación de una cultura nacional. Colombia
tiene en la actualidad elementos
que permiten hablar de cohesionadores o premisas de identidad como son: el café,
la caña de azúcar, flores, el
petróleo, las artesanías, el banano, las esmeraldas. En el lado humano los
deportistas: Juan Pablo Montoya, Antonio Cervantes, María Isabel
Urrutia, Faustino Asprilla, Carlos Valderrama, Fredy Rincón.
En el campo intelectual García Márquez, Alvaro Mutis; el escultor
Fernando Botero; los científicos Manuel Elkin Patarroyo, Rodolfo Llinas; el
pintor Omar Rayo; los cantantes Shakira, Carlos Vives; el compositor Kike
Santander, entre otros. Personalidades
que con esmero y con sus obras han tejido la identidad Colombiana y se han
convertido en modelos de lo bueno, lo bello y útil de nuestra nacionalidad. El
país es consciente, se requiere de referentes más fuertes y encontrarlos sólo
es posible, si aceptamos primero nuestras diferencias, segundo si comprendemos
que somos una cultura híbrida y sobre todo, en tercer lugar si reconocemos que
hasta nuestra realidad geográfica nos diferencia por la existencia de regiones
cuyas topografías son casi irreconciliables. El
problema está en que sí no construimos fuertes
referentes que permitan hilar el tejido para las múltiples
identidades, nos veremos eternizados en conflictos irresolubles como
consecuencia de la incomprensión. Problemas como: narcotráfico, subversión, corrupción, drogadicción,
pobreza, exclusión, marginalidad, improductividad; son resultado de la falta de
VISION por la no-existencia de un proyecto económico y político
nacional. La
carencia de una MISION es una de las peores lacras culturales que tiene
Colombia; resulta paradójico que después de muchos años de terminado el
Frente Nacional se produce el ingreso tímido del país a la modernidad,
Colombia empieza a presentar características que la diferencian del resto de
los países del mundo, cuando se presenta en forma dramática la crisis de su
identidad, por las marcas negativas de la cultura del narcotráfico, de la
violencia ypor los estigmas que desde el exterior se etiquetan contra la
colombianidad. Narcotráfico,
droga, delincuencia, corrupción, violencia, irrespeto a los derechos humanos;
problemas que existen en muchas partes del mundo, pero no con los niveles de
refinamiento y descaro, que nos a convertido en los campeones mundiales en
corrupción, violencia, intolerancia e incomprensión. No
podemos negarlo, esta desgracia es estructural; ha corroído instituciones como
la familia pilar de la sociedad, hasta llegar al Estado, máxima institución de
control económico, político, militar y moral de un pueblo.
Desde luego, no es justo la mala prensa y la imagen negativa que se
fabrica desde el exterior por estar construida sobre prejuicios y alimentada por
la perversidad de los monopolios responsables indirectos en la modernidad de la
crisis moral, económica y política del país. El
hecho de que Colombia este catalogada como uno de los países más violentos del
mundo, con noventa y dos asesinatos en promedio por año, en el país hay más
de 7000 niños empuñando las armas de la guerra lo que
refleja el profundo vacío ético de la sociedad colombiana. Pero aún
mucho más grave es la corrupción en todos sus niveles que ubican al país
entre las diez naciones más corruptas del planeta. La
vida colombiana refleja una cierta ética y una moral del canibalismo en la política,
en los negocios, en la estructura del estado y en las luchas sociales, en la
amistad, en el deporte, en la ilegalidad y en legalidad. La gran pregunta es
como enfrentar los grandes desafíos que señala Jorge Luis Garay: Construcción
de una nueva Sociedad, sin superar la violencia política, sin erradicar la
cultura del narcotráfico, sin rescatar la credibilidad institucional, sin
inserción productiva en la economía global. La superación de la pobreza, el
logro del equilibrio regional, la preservación del medio ambiente, desarrollar
una política social, la creación de una amplia cultura de producción
agro-industrial, la superar la corrupción, la exclusión y la marginalidad, son
tareas inaplazables. Según
Luis Carlos Restrepo, Colombia es un país de extraño: existe una extremada
violencia que se refleja en el desangre continuo de la sociedad, sin ternura y con un alto nivel de analfabetismo emocional,
dado a la incomprensión, la intolerancia. Por eso, para el escritor Gabriel
García Márquez, la educación es un órgano maestro que nos permitirá superar
el atraso, hilar nuestra identidad y comprender realmente quienes somos y cual
es el papel conque debemos ser reconocidos en el presente milenio. Paradójicamente,
la constitución reza en uno de sus párrafos la erradicación del analfabetismo
cómo una obligación moral del Estado;
la
realidad dice lo contrario tan solo 30 de cada 100 niños en edad preescolar
pueden ingresar al grado 0; que sólo 60 de cada 100 menores que ingresan a la
educación básica primaria terminan el quinto grado. Por otra parte, sólo el
47 por ciento de los niños entre 12 y 17 años ingresan a la secundaria,
y tan solo 30 por ciento de ellos termina el noveno grado. Colombia
en los últimos años ha invertido importantes recursos en la educación pública
con el propósito de formar colombianos de alto nivel técnico y profesional,
pero todos sus esfuerzos han sido en vano el nivel educativo sigue siendo bajo,
los educadores mal remunerados, los programas
educativos están totalmente desarticulados y hay una dramática escasez de investigadores. Se
hace cada vez más urgente que la educación en Colombia, sin descuidar lo
urgente y lo científico, se fundamente en
principios y valores éticos. Es
imperativo formar seres humanos, educar en humanismo, enseñar a pensar el país
y el mundo. Es en este sentido que hay que comprender que todo proyecto pedagógico
debe estar centrado en defender la vida, la convivencia y sobre todo en la fe en
la construcción de un mundo mejor, tallado por humanistas al servicio de la
humanidad. Debe
ser una tarea de todos superar las raíces del odio, realizar acciones para. la
reconciliación entre los actores del conflicto armado, eliminar los
antagonismos irreconciliables, eliminar el abuso del poder, la iniquidad económica.
Es necesario como lo plantea Estanislao Zuleta crear una sociedad con
mejores conflictos; capaz de construir una verdadera reforma agraria, que
recupere la fe y la confianza en el establecimiento publico; una sociedad capaz
de defender los bienes comunes, que supere las lacras de la corrupción,
el clientelismo, el amiguismo y sobro todo recupere el orgullo por nuestros
patrones culturales. El
escritor francés Albert Camus dijo “patria es selección de fútbol”; sin
duda este deporte se ha convertido en principal referente de nuestra identidad.
El fútbol es una versión sublimada de la guerra; en Colombia pocas cosas como
el seleccionado nacional hacen que el país salga del regionalismo provinciano,
y se acorten las diferencias clasistas, se lime las asperezas políticas y
elimine los antagonismos ideológicos. El
fútbol congrega a las mayorías nacionales, produce las más agudas emociones,
alimenta altas y bajas pasiones; es en el fútbol donde se ve con mayor claridad
nuestra incomprensión por el estrecho fanatismo y por la irracionalidad y el
deseo de eliminación del otro y que casi siempre termina siendo el elemento
detonador que justifica nuestra violencia para celebrar un triunfo o para
superar el guayabo de una derrota. Colombia
es un país de identidades; en ella existen 88 comunidades indígenas con 60
lenguas diferentes. También hacen
parte del tejido étnico colombiano las comunidades negras -afro-descendientes-
con sus dialectos y costumbres propias; los mestizos representan las mayorías
étnicas y finalmente una pregunta
quedará sin resolver: ¿cómo unir estas comunidades
sin que pierdan su esencia dichas identidades? | |||||||||