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Monografias | Lenguaje, identidad y cultura una aproximación desde sus usos y funciones EnsayoLenguaje, identidad y cultura una aproximación desde sus usos y funciones EnsayoResumen: Presentación. La relación lenguaje identidad y cultura. Acerca de los conceptos básicos de los términos en desarrollo. Definiciones conceptuales a las relaciones funcionales. Lenguaje, identidad, cultura y sus implicaciones en la vida escolar. El hombre, el lenguaje y la cultura. Identidad, ética, economía y moral. Identidad y conflicto cultural. Nuevo orden económico y cultural. Identidad y competencia moral. Componente formativo de la Constitución Colombiana. Constitución de 1991, una revolución inconclusa. ISBN:
958- 33- 3275-5 CONTENIDO
1.
Prólogo 2.
Presentación 3.
La relación lenguaje identidad y cultura 4.
Acerca de los conceptos básicos de los términos en desarrollo 5.
Definiciones conceptuales a las relaciones funcionales 6.
Lenguaje, identidad, cultura y sus implicaciones en la vida escolar 7.
El hombre, el lenguaje y la cultura 8.
Identidad, ética, economía y moral 9.
Identidad y conflicto cultural 10.Identidad y conflicto
cultural 11.Nuevo orden económico
y cultural 12.Identidad y
competencia moral 13.Componente formativo
de la Constitución Colombiana 14. Constitución de
1991, una revolución inconclusa. PRÓLOGO Desde
su presentación inicial, el presente ensayo especifica hipótesis de trabajo
que se desenvuelve a través del proceso de exposición. Para tal efecto se
recuperan algunos marcos conceptuales referentes de la teoría lingüística y
se identifica en la propia síntesis del autor. En este sentido se relacionan y
se desarrollan de manera coherente y argumentada los planteamientos plasmados
tendientes a establecer la relación entre lenguaje, identidad y cultura. Se
tienen en cuenta aspectos históricos, estructurales y funcionales. Al tiempo
que se indaga en el origen, la estructura, la aplicación y el impacto del
lenguaje, se esclarece el fenómeno de la cultura como pilar fundamental en el
ascenso del hombre, pero también se sugiere que el lenguaje es producto del
contexto cultural. El texto que aquí se presenta reconoce que el lenguaje es básicamente
un desarrollo interlocutivo, uno que habla y uno que escucha. Por lo tanto, para
que haya lenguaje se necesitan dos o más enunciadores o receptores asumiendo
alternativamente una y otra posición, es en ésta posición dialectal que
fluyen los conceptos y pensamientos que permiten tal relación. El
encuentro del lenguaje y la cultura constituyen lo que Halliday llama una semiótica
cultural, es decir una codificación de signos y símbolos derivados tanto del
pensamiento lógico como del imaginario mental. Desde este punto de vista, el
sistema social es un sistema de significados. Los hablantes se comunican entre sí
información del sistema social. El lenguaje termina siendo sólo un medio en el
que la gente representa los significados inherentes al sistema social. En cierto
sentido, estos también están representados
–es decir expresados- por el modo de andar de la gente; en otro sentido, están
representados -es decir, hechos metáforas-
por el modo en que la gente clasifica las cosas, por las normas que establece y
por otros modos de pensar diría Halliday. El
lenguaje y la cultura encuentran su mediación en los sistemas educativos. En la
escuela el sujeto aprende semiótica social y cultural ,y el lugar que le
corresponde al lenguaje en la construcción de la cultura. En la escuela se
conoce la estructura del lenguaje y se hace consciente el rol o los roles del
sujeto en la cultura, mejor, en las subculturas. Pero también puede
considerarse la actividad cotidiana como una escuela sin muros. El
lenguaje es el modo de configuración de la identidad y la cultura. Con él se
perfilan las normas y se idean las estrategias para escapar de ellas. Las reglas
del lenguaje serían manifestaciones de las reglas culturales, de las normas que
prescriben lo correcto y lo incorrecto, lo permitido y lo prohibido. Este ensayo
–Lenguaje, identidad y cultura- constituyen una profunda reflexión sobre la
identidad colombiana y la necesidad de hilar pertenencias que permitan
reconstruir el tejido ético desde el humanismo, que haga posible la solución
pacífica de nuestras diferencias y genere estrategias para superar nuestro
atraso ancestral. PRESENTACIÓN Podría decirse que una
buena parte de los hechos que enmarcan nuestra vida social son tangibles a
partir de sus determinaciones funcionales.
Tal es el caso de los elementos de análisis que ocupan estas líneas, en
las cuales se establece un acercamiento, en el sentido de sus usos. Los hechos del lenguaje,
entendidos en una relación de doble vía con los hechos de la identidad
cultural, son visualizados en esta perspectiva.
Es decir, el valor de uso como posibilidad de apreciar los términos en
sus contextos y ambientes de acción. Es esa la intención
primaria del presente escrito. De
ahí que se procuren inicialmente unas consideraciones generales acerca de los términos
en referencia, siempre articulados en sus dinámicas.
Luego se establecen unas pautas definitorias, con el ánimo de visualizar
las partes e integrarlas a un todo, comprendido en el espacio escolar y en la
estructura social más compleja. Todos estos componentes
del texto funcionan como soportes de la hipótesis general, en los cuales los
ejemplos citados acuden con propósitos orientados a ilustrar dos fases
contrapuestas: la no funcional—la
funcionalidad y sus implicaciones. El abordamiento temático,
si bien puede ser enriquecido con nuevos elementos teórico—experienciales,
permite sopesar de manera positiva las hipótesis que regulan las ideas
centrales del texto. La
relación lenguaje-identidad y cultura “La vida en función
del lenguaje es la conciencia de
vivir, la voluntad de vivir”. Bally CONSIDERACIONES
GENERALES El lenguaje como
creación cultural establece los principios constitutivos de la identidad
del individuo y de los grupos sociales, mediante las formas particulares en que
se desarrollan los idiolectos, los dialectos y las lenguas, principalmente.
Estas variantes lingüísticas dan forma contextual y conceptual al carácter
funcional del lenguaje. En el ámbito de lo
contextual se relacionan los componentes socioculturales, en los cuales se
dinamizan los lenguajes. Así como
en el terreno de lo conceptual se establecen los sentidos que comportan su
estructura y función interna. Como
se observa, la aproximación desde lo funcional a la relación lenguaje –
identidad y cultura señala una línea que se articula a la comprensión de la
lengua en sus usos y en sus posibilidades dinamizadoras de los procesos
socioculturales, en los cuales adquiere sentido de identidad el individuo y el
grupo social, del cual es componente. La configuración temática
así esbozada, propone la búsqueda de una apropiación conceptual básica para
comprender sus elementos, como insumos necesarios para visualizar el desarrollo
del trabajo que aquí se aborda. Para
el efecto se acude, en primer término, a los documentos de autores de mayor
relevancia en este campo y a los aportes experienciales que puedan tener sentido
práctico y teórico. Por
circunstancias de orden práctico y operativo en el trabajo, se utilizan
indistintamente los conceptos de lenguaje y de lengua.
Lo que no implica desestimar los usos específicos que en algún momento
se le puedan dar a los términos
lenguaje y lengua. El primero visto
en un sentido abarcador de los sistemas de las lenguas y el segundo asociado a
los idiomas: español, inglés,
francés, etc. Para efectos más prácticos,
el lenguaje, es entendido como el objetivo particular del estudio de la lingüística.
Es decir, el lenguaje, es un objeto del conocimiento, asumido en su
funcionalidad. El lenguaje en
situación (Ducrot, 1981.) Al respecto André
Martinet en su obra “El lenguaje desde el punto de vista funcional”
muestra el recorrido, no menos problemático, que la lingüística ha tenido que
llevar a cabo desde sus primeros intentos, por superar los obstáculos epistemilógicos
y conquistar el carácter de disciplina científica, con su objeto particular de
estudio: el lenguaje. En esta trayectoria, el
lenguaje se descubre en su funcionalidad y en sus usos, que adquieren sentidos a
partir de sus relaciones internas (lo intrínseco) y con otras áreas del
comportamiento (lo extrínseco). La funcionalidad interna corresponde a lo que podría
denominarse, un lenguaje hablando de sí mismo, reconociéndose en sus
componentes; en tanto que la funcionalidad externa responde a un lenguaje
vehiculizando saberes, reconociéndose en la actividad comunicadora. La perspectiva funcional
del lenguaje, objeto de estudio de la lingüística, permite establecer su carácter
dinamizador de los procesos culturales de la comunidad en la cual interviene.
Los sentidos culturales se dinamizan proyectivamente mediante la
intervención del lenguaje de la comunicación y del lenguaje
del conocimiento. Ambos términos: comunicación y conocimiento, están implicados en el
desarrollo y optimización de los recursos lingüísticos con que cuentan el
individuo o una comunidad determinada. En esta interconexión
del lenguaje comunicacional, que socializa saberes y prácticas, y del lenguaje
del conocimiento que comporta saberes, se estructura la identidad
cultural con sus rasgos individuales y colectivos.
Los usuarios del lenguaje establecen su relación cultural, en la medida
de sus roles y posibilidades. La dinámica funcional
del lenguaje, asumida en su carácter cognoscitivo y comunicacional,
propone variados enfoques multidisciplinarios para su estudio.
Estos enfoques se articulan o se distancian del objeto, en la medida de
sus implicaciones comunicantes de las cuales el lenguaje es su punto de
referencia más importante. Es
decir, la relevancia, en un momento dado, de los acercamientos al lenguaje
funcional, determinada por los intereses de estudio particular de cada
disciplina, responde al carácter que se le imprime en momentos y en
circunstancias dadas. Así, disciplinas de
estudio como la sociolingüística, la neurolingüística, la geolingüística,
entre otras, reclaman para sí aproximaciones al lenguaje funcional, desde sus
áreas. Y por supuesto, en cada área
el lenguaje es reconocido en su acción dinámica, de manera interactuante.
Además, ésta variedad de enfoques, lejos de desintegrar la visión
funcional del lenguaje, fortalece el acopio teórico–práctico para su
estudio. La referencia a los
estudios particulares (enfoques disciplinarios), reconoce en el lenguaje la
particularidad de ser objeto de estudio de disciplinas distintas a la lingüística,
estableciendo, además, la distinción entre el lenguaje como medio
(instrumento) y el lenguaje como referente de los estudios disciplinarios
(objeto). El enfoque desde lo
funcional, mediante el cual se asume el presente trabajo, tiene su fundamento en
el reconocimiento y comprensión de la actividad mediadora, la cual cumple el
lenguaje, a través del tejido de redes interactuantes en el contexto de una
cultura determinada. En este tejido
se pueden identificar los rasgos lingüísticos particulares que distinguen los
individuos y los grupos sociales que la componen. Dentro de las funciones,
la función instrumental (mediadora) y cognoscitiva (saberes), cumple roles
culturales, en la medida en que ponen en evidencia elementos del saber social,
incluyendo los ideológicos, mediatizados por los sentidos propios de la
comunidad. Esta capacidad de
producir sentidos guarda estrecha relación con los intereses de los usuarios y
sus niveles de desarrollo lingüísticos. Con estos planteamientos,
al asumir el estudio del lenguaje, la identidad y
la cultura, desde una aproximación funcional, se pretende reconocer la
estrecha relación entre los términos, materializada en las prácticas
cotidianas y, principalmente en el desarrollo de patrones culturales y lingüísticos
de las sociedades actuales. ACERCA
DE LOS CONCEPTOS BÁSICOS DE LOS TÉRMINOS EN DESARROLLO Resulta indispensable, de
esta manera, partir de los conceptos previos, básicos de los términos, para
una mejor comprensión del tema en referencia.
El término lenguaje
presenta varias acepciones, aunque sin variaciones significativas.
Estas obedecen, principalmente, al ámbito particular de cada estudio, en
concordancia con las necesidades propias de cada enfoque.
Se cita aquí una definición generalizada que proporciona el diccionario
Enciclopédico Espasa, en su edición española de 1985. “Lenguaje.
Conjunto de sonidos articulados con que el hombre manifiesta lo que
piensa o siente - Idioma hablado por un pueblo o nación, o por parte de ella -
Manera de expresarse - Estilo y modo de hablar y de escribir de cada uno - Uso
del habla o facultad de hablar - Conjunto de señales que dan a entender una
cosa - Conjunto de caracteres, símbolos, representaciones y reglas que permiten
introducir y tratar la información en un ordenador”. En cuanto al término cultura,
se presentan igualmente varias definiciones concurrentes, por su pertinencia temática,
en el planteamiento de I. Savranski, en su libro “La cultura y sus
funciones”: “La
cultura es un sistema complejo que funciona con determinada integridad y
dinamismo. Incluye un conjunto de
diversos subsistemas, los cuales desempeñan un papel esencial en la
creación y difusión de los valores espirituales”. Buena parte de los
subsistemas de la cultura tiene que ver con los códigos lingüísticos que
circulan, merced a las interacciones comunicantes entre los usuarios
pertenecientes a una cultura determinada. En
esta dinámica, la comunidad crea sus sentidos culturales y difunde sus valores
espirituales. Como se observa en esta
definición de cultura, se muestra una mayor susceptibilidad a ser estudiada,
como objeto, desde el campo de la filosofía y la sociología.
Condición ésta que no rechaza intervenciones desde los estudios de los
folclorólogos, con una disciplina que ha venido copando espacios de la
antropología (Motta, 1985) y de la literatura (Olivella, 1982). Asumiendo relacionalmente
los concepto del lenguaje y de la cultura, se advierte la necesidad de reconocer
los hilos funcionales que los trascienden de manera recíproca.
Es decir, el lenguaje como subsistema del sistema cultural, portador de
sentidos e instrumento, a la vez, de la comunicación de los valores
espirituales de una comunidad dada. La
cultura, a su vez, creadora de los
lenguajes y vehiculizada por éstos. En
este marco se configuran los elementos que le dan identidad a los usuarios de
una comunidad. La identidad podría
considerarse, entonces, como producto de la relación funcional entre lenguaje
y cultura, o bien como el grado de intervención de los individuos en
este proceso. Intervención que no
puede ser pasiva (por el sólo hecho de pertenecer a la comunidad) sino activa
(en la medida de los usos de los códigos lingüísticos y de los valores
espirituales de la cultura). Entendido
así, el término identidad debe ser definido, superando su forma literal
proporcionada por los diccionarios de la lengua española: “Identidad
/ Calidad de idéntico, hecho de ser una persona o cosa, la misma que se supone
o se busca, igualdad que se verifica siempre, sea cualquiera el valor de las
variables que su expresión contiene...”
(Espasa 1, 1985). Una
manera de superar esta definición consiste en aprovechar las interpretaciones
que suscita la expresión “el valor de las variables”, de donde se pueden
inferir connotaciones de orden antropológico, ontológico, político, o bien,
lingüístico. Son las que, por sus
características, permiten un mejor acercamiento a los propósitos de este
trabajo. Tenemos, entonces, con
estas variables interpretativas que el término identidad se define: Como
una serie de atributos congénitos, diferenciables marcadamente de los
“otros”. Otros que no necesariamente deben responder a las
caracterizaciones estandarizadas de los grupos sociales.
(Ruiz, 1987). -
Se desprenden así dos identidades que no se descartan y actúan
correlativamente: Ontológicamente,
el individuo en su psicología, como una particularidad “asignada” por el
grupo, con unos rasgos que lo semejan a los demás y lo diferencian entre ellos;
políticamente, los individuos, con sus códigos lingüísticos, sus ideas y sus
formas de vida que enmarcan su pertenencia a determinado territorio, en el
esquema social-antropológico, y en cuyas prácticas se expresa su filosofía de
la vida: de lo cotidiano y lo
trascendente funcional.
DEFINICIONES
CONCEPTUALES A LAS RELACIONES FUNCIONALES -
Implicados en esta trascendencia funcional, los términos lenguaje,
identidad y cultura asumen roles, que adquieren vigor práctico en la medida de
su capacidad de intervención en los procesos sociales que dinamizan la vida de
una comunidad. Estas
intervenciones, generalmente, van coimplicadas, en donde las evidencias
culturales son puestas en escena por el lenguaje mismo, de acuerdo a sus ritmos
internos y a la correlación con otros elementos del sistema de la cultura en
general. -
De esta manera, la aproximación funcional a los conceptos de lenguaje,
identidad y cultura, es una manera de comprenderlos en su dimensión operativa.
No es posible reconocer el lenguaje en sí mismo, se distingue en sus
relaciones que le dan sentido a la vida en
comunidad y se nutre de esos sentidos para implicar otros, a su vez.
De igual manera la cultura es comprendida y puede ser explicada en sus
manifestaciones funcionales. La
funcionalidad es expresión de los sentidos que le dan vida al lenguaje y a la
cultura. Lo funcional expresa y
reconoce la identidad, la hace manifiesta. -
Vistos en su integridad, los términos lenguaje, identidad y cultura se
expresan conceptualmente, a partir de sus relaciones solidarias y se
materializan en sus prácticas, que pueden en un momento dado, determinar la
preponderancia de los roles de cada término, según los ambientes
sean o no favorables. El
contexto socio-cultural es muy importante para el desarrollo funcional de los
elementos en cuestión. Se abre así un marco de
referencia para la formulación de una de las posibles hipótesis que pueden
suscitar las aproximaciones funcionales al
tema del trabajo: -
Un ambiente socio-cultural
favorable, posibilita en sus individuos desarrollar inmejorables niveles del
lenguaje. El
orden de los términos en la formulación de esta hipótesis puede ser cambiado,
sin que con ello se alteren los sentidos que se pretenden demostrar.
Es decir, la aproximación funcional al estudio de la relación lenguaje,
identidad y cultura, no puede ser alterada en su ordenamiento, dado que se trata
de darle sentido operacional a los términos, implicándose entre sí
solidariamente, en un contexto socio-cultural determinado. Lo que sí es posible señalar
es el papel del lenguaje, entendido como subsistema del sistema cultura.
Una función que se define fundamentalmente de carácter instrumental,
cuyas implicaciones en la vida social de los individuos y en el desarrollo del
pensamiento, son cada vez más elocuentes, a partir de los estudios sociolingüísticos
(Labov, 1983), psicolingüísticos (Grene, 1980), neurolingüísticos (Luria,
1995), entre otros. Por las características
del estudio, así como por la variada información que proporciona para dar
respuesta a algunos de los indicios que se vienen esbozando, se recurre a un
ejemplo clásico. Una historia real
citada por M. Sídorov en su libro “¿Cómo el hombre llegó a pensar?” Se trata del hallazgo
hecho por el misionero Singj, su esposa y un grupo de expedicionarios en una de
las selvas de la India. Impulsado por la curiosidad de descifrar historias de
“fantasmas” en una madriguera de lobos, contadas por asustados aldeanos, el
misionero descubre que se trata de dos niñas de año y medio y ocho años
aproximadamente. Llevadas a su casa
(centro de observaciones), para efectos de los estudios del caso, se dan los
nombres de Amala a la pequeña y de Kamala a la mayor. Los años de vida de éstas
dos niñas transcurridos con los
lobos, produjeron cambios considerables en su estructura ósea y muscular.
En los desplazamientos permanentes con la manada, ponían en actividad
las cuatro extremidades, imitando el caminar de los lobos; así mismo, la
conformación de los maxilares les permitían desgarrar la carne cruda, ayudadas
por las manos un poco más alargadas para su movilidad.
Siempre comían con las
manos, en el tiempo de la observación no fue posible que aprendieran a manejar
los utensilios domésticos. Dentro de estos cambios,
el más sorprendente observado por el misionero y su grupo, consistió en el
deterioro irreversible de la capacidad de habla de las niñas, determinado,
entre otros, por la temprana edad en la que presumiblemente fueron adoptadas por
la manada de lobos y el tiempo de convivencia en un ambiente de mínimos
requerimientos para la comunicación. En
el tiempo de observación las niñas emitían leves gemidos, imitando los
aullidos de los animales en circunstancias de hambre, frío o peligro. Estas exigencias mínimas
en materia de comunicación dieron al traste con el desarrollo del lenguaje,
correspondiente a sus edades, lo que presume un sensible atrofiamiento de los
centros cerebrales, destinados a tal fin y de los órganos fonológicos
articulatorios del lenguaje hablado. Desde el punto de vista
del desarrollo del pensamiento (Luria, 1993), la casi imperceptible manifestación
del lenguaje interior que constituye la base del acto intelectual del niño, en
estas edades, muestra exiguas posibilidades mentales.
El desarrollo de la actividad práctica del niño, dice el mencionado
autor, tiene lugar con la participación de su lenguaje activo.
Ese lenguaje activo (funcional) en Amala y Kamala no está presente,
porque no es requerido entre los animales.
Es una facultad humana, hasta donde se conoce. “Gracias
al lenguaje el pensamiento permite elaborar conceptos abstractos y formular
conclusiones lógicas que rebasan los marcos de la percepción sensorial...”
(Luria,1993, p.25). Atendiendo a la concepción
de Luria, con respecto a la importancia y función del lenguaje en relación con
el desarrollo del pensamiento, se puede inferir que esta actividad mental no
puede rebasar los marcos de la percepción sensorial, dado que no existe el
lenguaje como soporte. En el supuesto de un
“lenguaje animal”, se puede establecer una distinción con el lenguaje
humano, por cuanto el primero sólo se expresa en los sonidos que emiten ciertos
rasgos de afectividad, no logrando superar la designación de los objetos
concretos. La designación de
objetos concretos son funciones de las palabras, que a juicio de Luria se
cumplen en tres frases: a)
la catalogación objetiva o función concesiva,
b) la función abstracta o
sintetizadora y c)
la función generalizadora. Al no existir evidencias
del lenguaje humano en desarrollo, la fase de conceptualización con sus tres
tipos de funcionalidad, está ausente en las niñas de la historia.
No hay actividad lingüística, porque el lenguaje, como se recuerda, no
existe en sí, sino en su funcionalidad.
Y esta no aparece, en tanto no se puede desarrollar sin un ambiente
cultural adecuado, que le dé identidad a las niñas con relación al grupo.
No hay una estructura del lenguaje que posibilite el desarrollo del
pensamiento. La manifestación
funcional del lenguaje no es posible sin un ambiente apropiado para el
desarrollo del pensamiento. Desde el punto de vista
social, la funcionalidad del lenguaje está determinada por el ambiente
socio-cultural, en el cual se relacionan los usuarios (Halliday, 1994).
Hay una estrecha correlación entre el lenguaje y la vida social (Bally,
1941). En el caso de las niñas de la historia, esta correlación
representa un nuevo ingrediente para reconocer que la ausencia del lenguaje,
funcionalmente hablando, guarda relación con la ausencia de la vida cultural y
social. Podría
pensarse en un entendimiento mínimo, lingüísticamente hablando, entre Amala y
Kamala; sin embargo, el hecho de haber sido adoptadas, desde sus primeros años
de vida, se supone, no permitió el desarrollo en su primera fase de los
fundamentos del lenguaje humano, más sí de adaptarse a los rudimentos sonoros
de los lobos. Justamente lo
imprescindible para sobrevivir en la manada. Sin
la presencia de interlocutores de la misma especie (humana) no hay
funcionamiento del lenguaje, y sin esa funcionalidad el lenguaje no existe como
tal. Este no puede desarrollarse,
teniendo como materia prima los aullidos de los lobos, quienes los usan para
cumplir requerimientos mínimos, frente a situaciones especificas:
hambre, frío, peligro. Además,
las expresiones afectivas mínimas que se traducen en algunos sonidos, no pueden
responder a toda la carga valorativa que circula, mediante el lenguaje, en
condiciones culturales favorables. Funcionalmente la
identidad no encuentra razón de ser en circunstancias tan desfavorables.
Perdida la noción del ser, interaccionante, autónomo y
proyectivo, desaparecen los rasgos que pueden hacer semejantes y diferenciables
los individuos. Aunque, según el
grado observador, los rasgos de afectividad entre Amala y Kamala son
instintivamente fuertes. Cuando
fueron encontradas Amala tenia dos años y Kamala ocho; la muerte de una de las
niñas -la menor- provoca una crisis en la otra
(Kamala la mayor logró sobrevivir diez
años), crisis que se manifiesta en un mayor aislamiento del nuevo grupo
familiar (equipo de trabajo del Dr. Singj). En esta precaria condición
humana al principio Kamala se negó a usar ropa, no pronunciaba palabra, mordía
y arañaba al que se le acercara. Con los años, aprendió un vocabulario
reducido de palabras del idioma Bengali, a llorar, a mantenerse en pie. También
confirmaría ésta experiencia que el pensar y el lenguaje están estrechamente
ligados. Mann 1987. En esta misma dinámica
de la “vida” de las niñas en el hábitat de los lobos, confirma que también
desaparecen los vestigios de la vida cultural.
Con una mínima relación interpersonal, los elementos básicos para la
proyección de los valores espirituales no funcionan, dado que la manada de
lobos no puede ser interlocutor para la dinamización de los sentidos
culturales. No son necesarios. Vista la funcionalidad de
los términos lenguaje, identidad y cultura a la luz de la historia de Amala y
Kamala, se puede aventurar otra hipótesis que no difiere mucho del
planteamiento inicial, pero que sí da cuenta de las múltiples posibilidades
que se mueven en este campo. -
Los niveles de utilización del lenguaje
por parte de sus usuarios, determinan el grado de desarrollo del ambiente
sociocultural en el cual viven. Con la formulación de
esta hipótesis se pueden canalizar nuevos elementos que permiten ampliar el
panorama conceptual y contextual de los términos lenguaje, identidad y cultura,
en el sentido de su funcionalidad. Genera
además otras hipótesis, proporcionando espacios para el ejercicio de nuevas
lecturas interpretativas de los casos. Por ejemplo, si la historia de las dos niñas muestra la
correspondencia entre el “incipiente” entorno cultural y el apenas
perceptible “lenguaje animal” sonoro. Otros
casos pueden mostrar la correspondencia entre un espacio cultural favorable con
el desarrollo del lenguaje. El pobre desarrollo del
lenguaje, del cual disponían las dos niñas de la historia, sólo puede
explicarse por su incipiente relación social. El hombre es un animal social:
el lenguaje es el producto de ese instinto de sociabilidad, señala Aristóteles
(citado por Bally p.28, 1941). En
la manada de lobos, las niñas seguían sus comportamientos, adaptándose a sus
prácticas alimenticias y formas de comunicación, caracterizadas por aullidos,
como respuestas a los estímulos externos.
Por fuera de la manada, la actividad social era nula. El medio cultural, al no
existir, plantea pocas o casi nulas exigencias comunicativas a las niñas, lo
que se traducía en el no uso de los códigos lingüísticos, agravado por la
atrofia de los órganos productores de la voz humana.
En estas condiciones, el desarrollo de los principios de identidad
carecería de la más elemental conciencia de vivir, a la manera de
Bally, cuando plantea que “la vida en función del lenguaje es la
conciencia de vivir, la voluntad de vivir”.
Por lo tanto, el hecho trágico es la no existencia de identidad en
las dos niñas. Según Sídorov
(1966), el ejercicio del pensamiento libre y autónomo no puede desarrollarse en
circunstancias tan precarias. Por
lo tanto, Amala y Kamala sólo viven un presente. Entonces
el acercamiento del hombre al conocimiento consiste en un proceso se hace desde
el lenguaje y mediante el intercambio comunicativo con los demás seres
sociales. El hombre se encuentra y se relaciona con el mundo nunca como una
conciencia aislada, sino desde una comunidad de hablantes, que reciben saberes
de otras comunidades distintas en el tiempo y en el espacio. Por ello, todo
conocimiento ha de ser un ir a través del lenguaje, es decir un diálogo
permanente. Los
usos y funciones de los términos: lenguaje,
identidad, cultura y sus implicaciones en la vida escolar En un ejemplo inverso a
la historia de las niñas, se podría citar la vida de la escuela.
Lo que muchos denominan “la cultura escolar”.
En ésta, las condiciones relacionales de la comunidad educativa se
manifiestan en espacios que brindan las mejores condiciones para el desarrollo
de una cultura, que si bien es estandarizada, sus componentes interactúan en
sentido dinámico proyectivo. El empleo del término
“cultura escolar” tendrá un tratamiento preferencial, en este caso, por
cuanto permite globalizar un conjunto de ideas entorno a considerar la escuela
como la institución que cumple el papel de sintetizador de la cultura y de
contacto con el desarrollo de la sociedad.
La escuela estandariza y racionaliza los saberes. En relación con la cultura,
la escuela es un espacio que la promueve en sus prácticas.
La convivencia de los individuos, mediante las redes de interacción
cotidiana con sus interlocutores en la comunidad educativa, genera un marco
ideal para la construcción de un nuevo contexto de cultura.
Un contexto de cultura en el cual se asumen nuevos paradigmas en el
sistema valorativo. Los sistemas
tradicionales de valores particulares socializan y dan vida a uno nuevo. Es el sistema escolar distinto al sistema familiar. Además, aparte de que
los individuos al socializar sus culturas particulares, establecen valores
comunes entre sí, la escuela superpone su sistema valorativo institucional,
cuyo carácter arbitrario es aceptado por la mayoría de los miembros de la
comunidad escolar. La síntesis
normativa de este marco de transacciones e imposiciones está materializada en
el llamado “Manual de Convivencia”, que se asume como el regulador de los
sistemas valorativos enunciados. Se señalan así los
ingredientes que permiten construir el enramado de prácticas de una cultura
predominante, pero que contienen elementos de las culturas particulares.
Los indicios arrojados por estudios realizados en 1993 por la FES, en
torno a la cultura escolar, muestran que con o a pesar de
ésta, subsisten los subsistemas de otras culturas, estimulados por las
presencia de lenguajes subyacentes al estandarizado de la escuela (Bally,
1941). En
cuanto al lenguaje, los cimientos de una cultura fuerte estandarizada, ligada a otras particulares que
circulan el medio escolar, desarrolla un rol de primer orden en la aprehensión
conceptual y en la difusión de los sistemas de valores, mediante la puesta en
escena de códigos y símbolos que los usuarios de la comunidad emplean en sus
relaciones cotidianas. Aquí es posible
establecer los patrones de la identidad que colocan a los individuos del
grupo escolar en ambientes de interacción con los valores espirituales de la
cultura, circulando en el lenguaje escolar de lo académico y lo común.
La identidad como proceso tendría otras connotaciones en la escuela, por
ejemplo, lo relacionado con el proceso de identidad profesional (el perfil del
estudiante), lo relacionado con el proceso de identidad personal (formación
ciudadana ) y la identidad, en cuanto a rasgos lingüísticos, culturales,
sociales... La
circulación de saberes culturales y la interacción lingüística median sobre
las estructuras de la identidad del
joven estudiante, materializándose en los niveles de desarrollo de la
personalidad, incluyendo su desarrollo del pensamiento.
Desde luego, éstos son procesos que implican ritmos de una funcionalidad
creciente de los lenguajes y la cultura o culturas de la escuela. Esta es una cadena que se involucra en estructuras más
complejas. Lo
funcional en niveles más complejos de la vida social. Las culturas en las
sociedades son dinámicas gracias a la vida funcional de los lenguajes.
No hay otra forma de trascender la cultura en sí y de proyectar al
individuo en sus procesos de identidad, ya que deben ser igualmente funcionales. El movimiento de lenguaje
como medio de propagación de los valores espirituales de la cultura y como
conocimiento en sí, es lo que Jacobo Grimberg, en su obra “más allá de los
lenguajes” ha dado en llamar los segundos y los terceros lenguajes.
En autores como William y M. Halliday aparecen como los sentidos
culturales. Lo humano en el hombre, o
mejor, la distinción más importante entre el hombre y los animales, radica
fundamentalmente en la capacidad de abstraer, de pensar, en ejercitar la memoria
de manera proyectiva. En esta
distinción, el lenguaje interviene de manera determinante en la puesta en
funcionamiento de sus códigos y símbolos. En el desarrollo de la mediación del lenguaje circulan los
productos de la cultura, de los cuales se apropian los usuarios, de acuerdo con
sus necesidades, con sus conocimientos (saberes) e intereses particulares y con
la capacidad de asimilación. En esta concurrencia
funcional de elementos culturales y lingüísticos, el individuo va
estructurando su identidad. Al
respecto se pueden establecer dos componentes básicos: a)
La identidad individual, que presupone además de los rasgos físicos y
espirituales, niveles de dominio de las estructuras del lenguaje, de sus códigos
y de la producción de sentidos (Labov, 1983). Este último
aspecto es muy importante tenerlo en cuenta, puesto que constituye el eje de los
encadenamientos funcionales del lenguaje, mediados por los códigos lingüísticos
y la simbología popular, de los cuales se apropian los usuarios para
caracterizar sus prácticas sociales y culturales.
Articulado a este primer
componente, aparece un segundo relacionado con: b)
La identidad social (o de grupo), cuyo mejor indicador es la capacidad
expresiva de la cultura de la colectividad social, a través de los códigos que
funcionan convencionalmente, desde el interior hacia fuera, para comunicarla. Con la puesta en
evidencia de dos situaciones inversas: la historia de Amala y Kamala y la cultura escolar,
se puede inferir un elemento común en torno a mostrar que la trascendencia de
lo funcional es un síntoma inequívoco de la existencia del lenguaje, la
identidad y la cultura. Que sus
manifestaciones más tangibles se dan en los vínculos relacionales dinámicos
que cada término imprime en su desarrollo.
Esta condición de lo funcional puede ser aplicable en las
diferentes situaciones, de las cuales participan los referidos componentes. La aproximación desde el
enfoque funcional enmarca nuevas posibilidades de estudio para comprender los
cambios que se vienen operando al interior de las sociedades y sus incidencias
en el entorno, del cual se nutre solidariamente.
En esta dinámica entran en juego nuevos elementos de las culturas,
signadas por los nuevos hechos sociales, políticos, económicos, tecnocientíficos
y lingüísticos. En todos estos hechos, el
lenguaje se integra con significativos aportes, en términos de nuevas
elaboraciones de la codificación lingüística, en consonancia con los
requerimientos de la técnica y la ciencia, en desarrollo.
Los dominios que adquieren las lenguas, el amparo de las condiciones que
generan el desarrollo de las economías, principalmente, se explican en la
medida en que se comprenden y asimilan los nuevos paradigmas de los sentidos
culturales. Esto explica el hecho,
cada vez más elocuente, de la expansión de ciertas lenguas, en desmedro de
otras, cuyas áreas de influencia son estables o van perdiendo el espacio común
que tenían. Recientemente se
escuchan voces autorizadas reconociendo la fuerza con que viene irrumpiendo la
lengua inglesa de los Estados Unidos de América a través de los mercados
mundiales y del desarrollo técnico-científico, principalmente. Antes de continuar con
esta reflexión es preciso aclarar un cambio que se viene introduciendo.
Se trata del término lenguaje por el término lengua.
La alusión que se viene
haciendo, en esta última parte, indistintamente, obedece a la necesidad temática
de establecer ciertas precisiones, distinguiendo las lenguas dominantes de otras
no dominantes, y entre sí mismas. A propósito de esta
aclaración, en el Diccionario Enciclopédico de la Ciencias del Lenguaje
(Ducrot, 1981) se plantea: “ la palabra lenguaje
se asume en el sentido preciso de lengua natural”.
Esta restricción conceptual se fundamenta en los siguientes aspectos: a)
La necesidad de precisión del objeto de conocimiento, frente a la
variedad de sentido tradicional. b)
La extensión de la palabra lenguaje implica el tratamiento de
diferentes sistemas de signos, cuyos estudios pueden darse por separado. Superado este escollo
conceptual, es pertinente indicar además que el concepto de lengua
predominante se aplica preferentemente a aquellas, cuyo dispositivo lingüístico
(códigos), ha permitido sobrepasar otras barreras idiomáticas, merced a la
estructura económica que las respalda. El panorama geopolítico
del mundo ofrece situaciones significativas a este respecto que deben ser
valoradas en su justa dimensión. Los
nuevos rumbos lingüísticos proponen nuevos paradigmas en los sentidos
culturales de las comunidades humanas, cada vez más cerca comunicativamente. Esta
nueva correlación en el desarrollo de las lenguas, tienen un marco de
funcionalidad, en el cual intervienen factores diversos, en cuanto a la difusión
y propagación de políticas económicas, en
relación con los mercados mundiales. Intervienen
además factores de orden tecnológico-científico en el campo de las
comunicaciones, específicamente. Estos
elementos condicionan un nuevo orden en el plano del desarrollo de las culturas,
y en donde el individuo se inscribe en un proceso de identidad más colectivo. Como
puede colegirse, este nuevo esquema del desarrollo de las lenguas, en el cual se
enmarcan las nuevas circunstancias relacionales del lenguaje, la identidad y la
cultura, tiene su explicación en los cambios que se vienen operando de manera
acelerada para no perder el ritmo del desarrollo material de las sociedades.
Pero estos cambios no pueden ser operativos, sino descansan en la
funcionalidad interactuante de estos tres componentes.
El lenguaje aparece como el hilo conductor para su función comunicativa. Los últimos registros
acerca de las lenguas más habladas del mundo, señalan en primer término al
mandarín, inglés, al francés, español, ruso, y el alemán.
Aunque se aclara que no se miden por el número de hablantes, sino por
sus niveles de difusión en el mundo. Dentro
de estas lenguas ocupa lugar preeminente la inglesa, cuyo crecimiento progresivo
la hace lengua oficial en muchas regiones, y en casos también crecientes, la
segunda lengua en importancia, especialmente en los países europeos más
avanzados. Tomando para el caso la
lengua inglesa, dentro del contexto lenguaje, se establecen, en primer
lugar sus fuentes culturales originarias, la Gran Bretaña y los Estados Unidos
de América. Esto con el fin de
identificar los rasgos de su estructura social, para comprender su proceso
evolutivo funcional. Ya ubicados en
el contexto geopolítico norteamericano; por cuanto es el que mayormente
interesa para el caso, se advierte un marcado nacionalismo en defensa de la
lengua. Esta particularidad se
constituye en un primer ingrediente, favorable por razones de una cultura
nacionalista muy arraigada por los medios propagandísticos.
Sin embargo, la defensa de la lengua no basta por sí sola, por muy
fuerte que sea el trabajo propagandístico. Es necesario que ésta se potencie
en un campo socio-cultural favorable a su vida funcional.
Aquí entran en juego las condiciones políticas y económicas, mediante
las cuales, el mercado de la tecnología por su capacidad de movilización se
constituye en el segundo ingrediente de dinamización de la lengua inglesa. Este caso particular
puede ser el de otras lenguas, lo que llama la atención es que se trata de una
cultura (la norteamericana) trascendiendo sus propios espacios para determinar
cambios en otras culturas. Cambios
que se fundamentan en el consumismo como punto de entrada en sociedades que lo
adoptan en muchas áreas de la vida de los individuos. La relación funcional
lenguaje – identidad y cultura entra, así, en un nuevo plano, merced a los
dominios económicos y políticos que pueden desarrollar determinadas culturas.
Ya no se trata de identificar y reconocer los rasgos funcionales de la
relación planteada, en términos de las culturas hacia adentro, en sus dinámicas
particulares; ahora se trata de reconocer otras dimensiones, en las cuales el
lenguaje, la identidad y la cultura, superan sus dinámicas internas para
influenciar sobre otras. En este plano, el carácter
funcional tiene expresiones más refinadas y contundentes.
No otra cosa explica el hecho de que la lengua inglesa se acepte y adopte
en otras culturas, distintas a la norteamericana, como segunda opción,
sustentada en una necesidad, generalmente artificiosa del mercado y de la
globalización de los valores anglosajones. La lengua inglesa
funciona así como mediación en un proceso de expansión económica, sin que se
desestimen factores de orden académico, científico, tecnológico.
Esto tiene relación con los intereses y las finalidades con que se
adoptan en otras culturas. El caso Colombiano registra la implementación del inglés en
áreas académicas, traducciones, tecnológicas y de mercadeo, principalmente. Aunque en mucho menor
grado, la lengua francesa se presenta funcionalmente con otros matices, específicamente
en áreas de las ciencias, los derechos humanos, la pedagogía, la filosofía,
proponiendo cambios culturales en sectores mínimos de la población
internacional. Un análisis detenido de
este nuevo plano del desarrollo funcional del lenguaje, la identidad y la
cultura, permite inferir grados de funcionalidad, indescartables en cualquier
proceso, bien sea interno y externo. Sólo que el funcionamiento tiene sentido
en áreas específicas, según las posibilidades proyectivas de la cultura que
se expande. Si
se observan las condiciones particulares en que se desarrollan la relación
lenguaje, identidad y cultura en los contextos internos de las sociedades, así
como en su trascendencia a otras culturas, se puede advertir un punto en común:
todo este desarrollo relacional tiene sentido en la medida en que se
aborde desde la funcionalidad de los tres elementos interactuantes. El
hombre es un ser transgresor, se hace a partir de las prohibiciones iniciales.
La evolución biológica no fue un factor suficiente, es claro que el hombre
evolucionó, pero el factor que lo hizo hombre es el lenguaje y sólo con el
lenguaje fue posible la prohibición, y éste, en últimas, dio forma y sentido
a la cultura. Inicialmente
conviene distinguir con Saussure (1978) algunos conceptos de la lingüística
que ayudaran a despejar el meollo de este asunto, la relación lenguaje y
cultura, como determinantes en la formación del hombre. Saussure distingue y
establece diferencia entre lengua y habla. Lengua la define como un sistema de
signos y patrón de uso y habla como realización o uso. La
normatividad es expresión de la cultura y al mismo tiempo una transgresión del
mundo natural; por eso la ambivalencia; el hombre se prohibe y se humaniza, pero
es él, el primero en violar, en transgredir las normas que él mismo establece.
Ahora bien, si no fuera así, el hombre sería un esclavo del mundo natural o de
su propia normatividad. El
encuentro del lenguaje y la cultura constituyen lo que Halliday (1994) llama
semiótica social o semiótica cultural. Es decir, una codificación de signos y
símbolos derivados tanto del pensamiento lógico como del imaginario mental.
Desde este punto de vista, el sistema social es un sistema de significados. Los
hablantes se comunican entre sí formando un sistema social. “El
lenguaje es sólo uno de los medios aunque la gente representa los significados
inherentes al sistema social. En cierto sentido , estos también están
representados (es decir,
expresados) por el modo de andar de la gente, la ropa que usa, sus hábitos
alimentarios y las demás pautas de comportamiento; en otro sentido, están
representados (es decir, hechos metáforas) por el modo en que la gente
clasifica las cosas, por las normas que establece y por otros modos de pensar”
Halliday 1994. El
lenguaje es un sistema de signos que cumple una función cognoscitiva y de
comunicación entre los seres humanos, surgió en algún momento de la era
Antropozoíca y ha evolucionado a
la par con el hombre. Sin el lenguaje es impensable cualquier actividad humana,
aún la de pensar, porque lenguaje y pensamiento están estrechamente
relacionados. Las
herramientas en sí conforman un lenguaje son un código, independientemente del
hombre, el lenguaje se levanta entonces como un lenguaje de lenguajes, como un
nivel superior capaz de reducirlo
todo a un sistema de signos realizados en el habla.
En
otras palabras, las herramientas son signos, y el lenguaje humano es un signo de
signos, un universo metafórico y simbólico. Por ello se ha definido la lingüística,
la ciencia del lenguaje, como un sistema de signos, pero no solamente
signos del habla o del lenguaje sino
de los diversos modos de significar y
comunicar, como las modas, el arte, el deporte etc. El
verbo en el ser humano es un mecanismo de acción y de comunicación, es el acto
más creativo del ser humano en el que se puede conjugar la acción con la
prohibición. Sin duda el lenguaje es un producto social
y al mismo tiempo un instrumento de la psique. Ahora
bien, “ si yo fuera el único en el mundo no tendría lenguaje, ni habla
y ni siquiera mi habla”, dice Karl Vossler. El lenguaje es un sistema
de signos que tiene sus propias reglas, por
lo tanto, es extensivo a la cultura. Y con el nombre de cultura designamos todas
las producciones materiales y espirituales del hombre. Los
seres humanos somos lo que somos en el lenguaje, somos en la medida que
reflexionamos sobre lo que nos sucede. Sin lenguaje no hay pensamiento, no hay
reflexión, ni conciencia, no hay discurso. El hombre desde el inicio de los
tiempos se ha preguntado por la esencia de las cosas, ha tratado de relacionarse
con la naturaleza, inicialmente por medio del mito, el arte y la religión;
posteriormente por medio de la filosofía y
la ciencia. Comprender,
explicar, interpretar y penetrar
los secretos de las cosas desde una perspectiva racional sólo es posible
mediante el lenguaje. Fueron las prohibiciones las que originaron la cultura y
fueron dichas prohibiciones las que dieron origen
al lenguaje. Ahora
bien, los seres humanos en su interés por relacionarse con la naturaleza
y conocer sus secretos ha “elaborado”
diferentes lenguajes que posibilitan acceder a la
esencia de las cosas para de
esta manera conocer, aprovechar y
transformarla para su beneficio. Son ellos los que nos permiten construir
cultura y el logro de la identidad. Hay
muchos lenguajes: auditivos, visuales, táctiles, etc. Estos mecanismos de
comunicación entre los hombres, de utilidad creadora, indispensables para el
contacto social con el uso de los signos se
convierten en elementos simbólicos de la cultura humana. En
síntesis, todo esta atravesado por el lenguaje, lo simbólico rige nuestro ser,
no hay nada social que no este bajo el imperio del lenguaje. Recordemos que el
primer uso del lenguaje fue la prohibición por tal motivo el lenguaje debe
usarse con fines pacificadores, los seres humanos somos en la medida que
reprimimos nuestra agresividad, es por medio del lenguaje que el hombre reprime
su sexualidad y la primer prohibición
antropológica fue la prohibición del sexo con los parientes más próximos. El
hombre es un ser libre de prohibirse y de realizar acciones por tal razón debe
darle al lenguaje un uso especial que le permita su crecimiento moral y ético. Se
pretende
con este unidad establecer relación entre: economía,
identidad, ética y moral; identificar las posibles causas del vacío ético
que atraviesa la sociedad Colombiana. Se
propone desarrollar una reflexión acerca del principio de la Comprensión
en sus posibilidades de tejer pertenencias, identidades y valores fundamentales
en la convivencia de los seres humanos. Esta
aproximación a la comprensión de nuestra realidad, exige analizar la problemática
desde distintos referentes: económico, ético, moral, histórico, social y
cultural. Por lo tanto los realistas tienen razón: violencia, corrupción,
insolidaridad, poca confianza en las instituciones, cultura mafiosa,
clientelismo, desigualdad, exclusión, marginalidad, pobreza y falta de propósitos
nacionales; son la consecuencia de referentes históricos, culturales y económicos
con que hemos construido la colombianidad. Los
optimistas también están en lo cierto: los colombianos somos emprendedores,
rebuscadores, soñadores, dispuestos a darlo todo a cambio de nada, pero en esta
gran paradoja lo más grave es que no hayamos diferencia entre lo ético y lo
moral, y confundimos los valores
con los antívalores. Una comprensión cabal de nuestra sociedad no puede
quedarse en lamentar el lado malo o en exaltar lo bueno de nuestra condición
colombiana. Ante
todo, es trascendental que entendemos la “ética” como la reflexión de lo
que se considera valido y “moral” el conjunto de creencias, comportamientos
y valores que gobiernan la vida de un individuo o de una comunidad. Por otro
lado los valores son categorías axiológicas que nos permiten acondicionar el
mundo y hacerlo habitable, ellos pueden ser positivos o negativos. Empecemos
por afirmar, que la falta de una identidad nacional es un problema de carácter
histórico. Colombia a diferencia de países como México, Perú y Guatemala
-donde la existencia de fuertes culturas ancestrales hilaron los espacios para
una identidad- no ha logrado crear referentes serios de identidad porque sus
aborígenes, los Muiscas y Tayronas
no lograron crear los referentes previos para una sana convivencia e identidad. De
hecho, fueron las condiciones geográficas las que obstaculizaron los procesos
de cohesión entre los grupos étnicos ubicados en el territorio colombiano; más
adelante son las condiciones políticas impuestas por la corona española las
que imposibilitan la creación de una cultura nacional. Colombia
tiene en la actualidad elementos
que permiten hablar de cohesionadores o premisas de identidad como son: el café,
la caña de azúcar, flores, el
petróleo, las artesanías, el banano, las esmeraldas. En el lado humano los
deportistas: Juan Pablo Montoya, Antonio Cervantes, María Isabel
Urrutia, Faustino Asprilla, Carlos Valderrama, Fredy Rincón.
En el campo intelectual García Márquez, Alvaro Mutis; el escultor
Fernando Botero; los científicos Manuel Elkin Patarroyo, Rodolfo Llinas; el
pintor Omar Rayo; los cantantes Shakira, Carlos Vives; el compositor Kike
Santander, entre otros. Personalidades
que con esmero y con sus obras han tejido la identidad Colombiana y se han
convertido en modelos de lo bueno, lo bello y útil de nuestra nacionalidad. El
país es consciente, se requiere de referentes más fuertes y encontrarlos sólo
es posible, si aceptamos primero nuestras diferencias, segundo si comprendemos
que somos una cultura híbrida y sobre todo, en tercer lugar si reconocemos que
hasta nuestra realidad geográfica nos diferencia por la existencia de regiones
cuyas topografías son casi irreconciliables. El
problema está en que sí no construimos fuertes
referentes que permitan hilar el tejido para las múltiples
identidades, nos veremos eternizados en conflictos irresolubles como
consecuencia de la incomprensión. Problemas como: narcotráfico, subversión, corrupción, drogadicción,
pobreza, exclusión, marginalidad, improductividad; son resultado de la falta de
VISION por la no-existencia de un proyecto económico y político
nacional. La
carencia de una MISION es una de las peores lacras culturales que tiene
Colombia; resulta paradójico que después de muchos años de terminado el
Frente Nacional se produce el ingreso tímido del país a la modernidad,
Colombia empieza a presentar características que la diferencian del resto de
los países del mundo, cuando se presenta en forma dramática la crisis de su
identidad, por las marcas negativas de la cultura del narcotráfico, de la
violencia ypor los estigmas que desde el exterior se etiquetan contra la
colombianidad. Narcotráfico,
droga, delincuencia, corrupción, violencia, irrespeto a los derechos humanos;
problemas que existen en muchas partes del mundo, pero no con los niveles de
refinamiento y descaro, que nos a convertido en los campeones mundiales en
corrupción, violencia, intolerancia e incomprensión. No
podemos negarlo, esta desgracia es estructural; ha corroído instituciones como
la familia pilar de la sociedad, hasta llegar al Estado, máxima institución de
control económico, político, militar y moral de un pueblo.
Desde luego, no es justo la mala prensa y la imagen negativa que se
fabrica desde el exterior por estar construida sobre prejuicios y alimentada por
la perversidad de los monopolios responsables indirectos en la modernidad de la
crisis moral, económica y política del país. El
hecho de que Colombia este catalogada como uno de los países más violentos del
mundo, con noventa y dos asesinatos en promedio por año, en el país hay más
de 7000 niños empuñando las armas de la guerra lo que
refleja el profundo vacío ético de la sociedad colombiana. Pero aún
mucho más grave es la corrupción en todos sus niveles que ubican al país
entre las diez naciones más corruptas del planeta. La
vida colombiana refleja una cierta ética y una moral del canibalismo en la política,
en los negocios, en la estructura del estado y en las luchas sociales, en la
amistad, en el deporte, en la ilegalidad y en legalidad. La gran pregunta es
como enfrentar los grandes desafíos que señala Jorge Luis Garay: Construcción
de una nueva Sociedad, sin superar la violencia política, sin erradicar la
cultura del narcotráfico, sin rescatar la credibilidad institucional, sin
inserción productiva en la economía global. La superación de la pobreza, el
logro del equilibrio regional, la preservación del medio ambiente, desarrollar
una política social, la creación de una amplia cultura de producción
agro-industrial, la superar la corrupción, la exclusión y la marginalidad, son
tareas inaplazables. Según
Luis Carlos Restrepo, Colombia es un país de extraño: existe una extremada
violencia que se refleja en el desangre continuo de la sociedad, sin ternura y con un alto nivel de analfabetismo emocional,
dado a la incomprensión, la intolerancia. Por eso, para el escritor Gabriel
García Márquez, la educación es un órgano maestro que nos permitirá superar
el atraso, hilar nuestra identidad y comprender realmente quienes somos y cual
es el papel conque debemos ser reconocidos en el presente milenio. Paradójicamente,
la constitución reza en uno de sus párrafos la erradicación del analfabetismo
cómo una obligación moral del Estado;
la
realidad dice lo contrario tan solo 30 de cada 100 niños en edad preescolar
pueden ingresar al grado 0; que sólo 60 de cada 100 menores que ingresan a la
educación básica primaria terminan el quinto grado. Por otra parte, sólo el
47 por ciento de los niños entre 12 y 17 años ingresan a la secundaria,
y tan solo 30 por ciento de ellos termina el noveno grado. Colombia
en los últimos años ha invertido importantes recursos en la educación pública
con el propósito de formar colombianos de alto nivel técnico y profesional,
pero todos sus esfuerzos han sido en vano el nivel educativo sigue siendo bajo,
los educadores mal remunerados, los programas
educativos están totalmente desarticulados y hay una dramática escasez de investigadores. Se
hace cada vez más urgente que la educación en Colombia, sin descuidar lo
urgente y lo científico, se fundamente en
principios y valores éticos. Es
imperativo formar seres humanos, educar en humanismo, enseñar a pensar el país
y el mundo. Es en este sentido que hay que comprender que todo proyecto pedagógico
debe estar centrado en defender la vida, la convivencia y sobre todo en la fe en
la construcción de un mundo mejor, tallado por humanistas al servicio de la
humanidad. Debe
ser una tarea de todos superar las raíces del odio, realizar acciones para. la
reconciliación entre los actores del conflicto armado, eliminar los
antagonismos irreconciliables, eliminar el abuso del poder, la iniquidad económica.
Es necesario como lo plantea Estanislao Zuleta crear una sociedad con
mejores conflictos; capaz de construir una verdadera reforma agraria, que
recupere la fe y la confianza en el establecimiento publico; una sociedad capaz
de defender los bienes comunes, que supere las lacras de la corrupción,
el clientelismo, el amiguismo y sobro todo recupere el orgullo por nuestros
patrones culturales. El
escritor francés Albert Camus dijo “patria es selección de fútbol”; sin
duda este deporte se ha convertido en principal referente de nuestra identidad.
El fútbol es una versión sublimada de la guerra; en Colombia pocas cosas como
el seleccionado nacional hacen que el país salga del regionalismo provinciano,
y se acorten las diferencias clasistas, se lime las asperezas políticas y
elimine los antagonismos ideológicos. El
fútbol congrega a las mayorías nacionales, produce las más agudas emociones,
alimenta altas y bajas pasiones; es en el fútbol donde se ve con mayor claridad
nuestra incomprensión por el estrecho fanatismo y por la irracionalidad y el
deseo de eliminación del otro y que casi siempre termina siendo el elemento
detonador que justifica nuestra violencia para celebrar un triunfo o para
superar el guayabo de una derrota. Colombia
es un país de identidades; en ella existen 88 comunidades indígenas con 60
lenguas diferentes. También hacen
parte del tejido étnico colombiano las comunidades negras -afro-descendientes-
con sus dialectos y costumbres propias; los mestizos representan las mayorías
étnicas y finalmente una pregunta
quedará sin resolver: ¿cómo unir estas comunidades
sin que pierdan su esencia dichas identidades? Este
fenómeno nos debe convocar a la construcción de una nueva identidad que llene
el vacío de las diferencias, una identidad que éste atravesada por lo más
importante de nuestra condición de colombianos, que haga frente a los
antivalore y cuyo fundamento sea la
solidaridad, la pluralidad, la generosidad y la disciplina.
No
es posible reconstruir el tejido ético de la sociedad Colombiana si antes no
comprendemos sus manifestaciones; las que evidencian que el país se desintegra
por la perdida de elementales principios como el de la comprensión, la
solidaridad y la tolerancia. Visto
estos principios sin profundizar en ellos, podemos caer en el cinismo y sobre
todo cuando la violencia y la descomposición de los distintos estamentos de la
sociedad colombiana han alcanzado niveles insospechados e incontrolables. No nos
podemos acostumbrar y aceptar esta violencia demencial; y menos aún, perder la
capacidad de asombro o simpatizar con acciones que transgreden los valores
morales. La
violencia en Colombia tiene sus orígenes en asuntos económicos, políticos y
sociales, y es el acelerado proceso de desmoralización que sufre el país su
principal combustible. El narcotráfico es otra lacra que tiene sus orígenes en
el cerrado monopolio del poder de las oligarquías tradicionales que cerraron
las oportunidades de crecimiento económico para las clases medias y éstas,
desesperadas -ante esta exclusión- decidieron transitar el camino de la
ilegalidad. Es
el enriquecimiento rápido y fácil lo que reemplazó los valores del trabajo
honesto y con esfuerzo por el contrabando, el secuestro, el chantaje, el pillaje
con los recursos del estado, y fueron
éstas las principales practicas crear la codicia
y el afán desaforado de fortuna. Pero no todo esta perdido, hay importantes
sectores que hoy están dispuestos a
trabajar en la construcción de una nueva sociedad
que moralice las relaciones sociales, económicas y políticas. .
Una
nueva sociedad centrada en el interés general por encima del particular, porque
sin una reconstrucción moral y ética no será posible avanzar por el camino
del desarrollo. Para
la reconstrucción del tejido ético de la sociedad colombiana se necesita: §
Reconstruir las costumbres y crear nuevas normas que afecten el
comportamiento de las comunidades colombianas. §
Construir un nuevo inconsciente colectivo que produzca un cambio
actitudinal en el individuo colombiano. §
Cambiar nuestra forma de pensar, sentir y de expresar emociones e ideas. §
Construir una racionalidad humanista en el que prime la sensibilidad por
lo bello y el respeto por lo bueno del hombre y el mundo. §
Construir un tejido social y cultural que permita unir las diferencias
culturales y que se fundamente en la pluralidad y el respeto por la diferencia. §
Diseñar una educación orientada a la solución de problemas cotidianos,
centrada en la persona y para el crecimiento de la persona. §
Ampliar la democracia, no olvidar que es el único sistema que nos
permite vivir aceptando las diferencias, una democracia que rescate el valor de
lo público, que garantice la construcción de escenarios para la participación
de las mayorías y sobro todo, que rescate el orgullo por los valores del país. §
Rescatar el valor de la solidaridad, propiciar el desarrollo económico,
fomentar el liderazgo empresarial, impulsar la tecnología, desarrollar la
ciencia y colocar la investigación como pilar fundamental al servicio del
hombre. §
Que los principios de la generosidad, consistencia, disciplina, justicia,
honestidad, lealtad, equidad, tolerancia, fe, comprensión, esperanza,
responsabilidad, honradez y el amor no sean simples proposiciones
conceptuales en las universidades y colegios, sino principios que rijan el obrar
del ciudadano colombiano. §
Adoptar una nueva política en el diseño de planes de desarrollo local,
que propenda por el mejoramiento de las condiciones de vida en la región y
preserve los recursos naturales. §
Reforzar la participación de la sociedad civil, ampliar la democracia en
el terreno económico, a través de la reforma agraria, fomento de la propiedad
privada con sentido social. §
Respeto por la sociedad civil, construir redes de solidaridad ciudadana
para la superación de la exclusión, la marginalidad y el fraccionamiento
social. §
Que el fundamento de la nueva ética este en la relación lenguaje,
identidad y cultura, es decir una ética del pluralismo y la democracia, una ética
que admita que nuestra cultura es sincrética en todas sus manifestaciones del
pensar y del sentir. Manfred
Max Neef, el economista chileno en “El acto creativo” nos recuerda que el
mundo necesita de ser comprendido, más que de ser conocido.
El comprender es algo profundo y esta relacionado con la percepción, y sólo
podemos comprender aquello de lo cual somos parte y penetrar en la realidad.
En tal sentido, si Colombia no supera el aberrante individualismo que
degeneró en la ética de la supervivencia que ha puesto en peligro la
convivencia y el valor supremo de la vida humana; no podrá comprenderse, ni
reconstruir su tejido ético, y mucho menos construir una identidad por encima
de las identidades regionales, por lo tanto no podrá tener un proyecto de
vida para sus ciudadanos. Es
aquí, donde cobra vigencia los argumentos del economista chileno que nos invita
a comprender, a penetrar en la realidad nacional y
de esta manera evitar el desastre moral, cultural y social
de la colombianidad. El
mapa político que divide a los pobladores del mundo en unos 200 Estados
territorios, no refleja la realidad conflictiva que se vive al interior de las
naciones. Las fronteras internacionales suelen ser líneas artificiales que
confinan pero no siempre definen la gran contradicción que existe por la
variedad de grupos étnicos que hay dentro de cada territorio. Una
de las grandes características del siglo que terminó, fue el desvertebramiento
del País- Estado, por estados conformados con base y referencia en la unidad-étnica
y cultural; para muchos analistas este hecho, es un verdadero retroceso social
que sólo contribuye a un mayor fraccionamiento de la humanidad y un factor para
exacerbar los conflictos nacionales. El
mundo moderno es considerado una aldea global por la presencia de fuertes
sentimientos étnicos que hoy identifican a sus pueblos. Siempre han existido
poderosas tribus globales -como las anglosajonas- que en su expansión no sólo
se han apoderado de importantes valores culturales de otros pueblos, sino que
han impuesto a otros sus valores éticos,
económicos, tecnológicos y científicos. Fueron los anglosajones los pioneros
del industrialismo y del desarrollo científico moderno, hoy son
los principales protagonistas de la globalización de los mercados
capitalistas. Pero,
cada vez es más fuerte la expresión de fuertes sentimientos étnicos que
reclaman una mayor participación en la redistribución de la riqueza global.
Ellos son protagonistas del resurgir de los nacionalismos culturales; su
consigna hoy es: levantarse en contra de la globalización y de las políticas
aperturistas por considerar que esta atenta contra sus valores culturales. Si
hacemos un poco de historia y recordamos cómo África en el siglo XIX era un
continente prácticamente desconocido para los europeos. Fue a finales
de ese siglo cuando se intensificó la guerra imperialista por la búsqueda
de las materias primas cuando se despertó el interés por explorar
este continente. Cuando
el rey de Bélgica obtuvo para sí un gran territorio en la cuenca del Congo,
las potencias coloniales decidieron que había llegado el momento para dividir y
apoderarse del continente negro. En noviembre de 1884, los representantes de 13
países europeos y Estados Unidos, se reunieron en Berlín. Allí se produjo el
reparto y se pusieron de acuerdo en respetar sus “áreas de influencia”. Sólo
Etiopía y Liberia permanecieron como naciones independientes. Las
potencias colonialistas también
acordaron no “explotar”
a los nativos y en llevarles los beneficios de la “civilización”. La
tragedia está en que, para efectos de la nueva división territorial las
potencias colonialistas no tuvieron en cuenta las intrincadas estructuras
tribales, religiosas, lingüísticas y culturales existentes en África. Los
negociadores no conocían y mucho menos les importó la historia de estas
comunidades. Muchas
tribus amigas quedaron separadas por las nuevas fronteras políticas y muchos
rivales de antaño quedaron agrupados en un solo territorio, lo que de hecho se
ha convertido en caldo de cultivo de guerras tribales que aún hoy en día
existen. Los
“civilizadores” no previeron los conflictos que hoy amenazan con la
destrucción de pueblos enteros. Hoy, África cuenta con 51 Estados
independientes en los cuales el nacionalismo y los conflictos étnicos son el
pan de cada día como herencia maléfica de un pasado colonial. Lo peor de todo
es que, algunos países son demasiado grandes para ser gobernados; otros son muy
pequeños y aislados para sostenerse como Estados. Algunos
están en medio del desierto; otros heredaron un inmenso potencial de riqueza
mineral, pero carentes de medios y recursos para aprovecharlos; otros han
sufrido tanta devastación a causa de las guerras civiles que han perdido toda
su infraestructura administrativa y productiva. Por tal razón son muchos los
Estados ubicados al sur del Sahara cuyo nivel de vida es de miseria absoluta. Otro
ejemplo lo constituyen los turcos: La república de Turquía es una nación del
medio oriente que tiene territorio en Asia y Europa, en la cual viven 55
millones de los 128 millones que
constituyen la etnia turca. Las
tribus turcas emigraron hacia lo que hoy es Turquía en el siglo décimo de
nuestra era, quedando la mayoría de ellos atrapados como minorías étnicas en
la inmensa región de Eurasia llamada el Turquestan. El
Turquestan no se encuentra en el mapa político, pero si apareciera como tal sería
de uno de los Estados más grandes del mundo. Porque se extendería desde
Siberia hasta la India, y desde China hasta el mar Caspio. Los
turcos que se encuentran en lo que hoy es Turquía crearon un imperio (Otomano)
que en su apogeo dominó la mayor parte del sudeste europeo, África del norte y
el medio oriente; entraron en franca decadencia en el siglo XVIII y se derrumbó
totalmente después de la derrota de Turquía en la primera guerra mundial. En
el tratado de Lausana 1923 se
estableció las fronteras de lo que
hoy es Turquía, y el país fue proclamado república
el 29 de octubre del mismo año. El extinto imperio dejó tras de sí
muchas minorías turcas entre los pueblos que antes dominaba; entre estos se
encuentran Iraq, Irán, Siria, Bulgaria, Grecia y Chipre. Los
turcos que viven en la república de Turquía son un ejemplo clásico de un
Estado- Nación. Mientras que los turcos pobladores del Turquestan o minorías
étnicas que habitan el Mediterráneo hasta China son un conflicto permanente y
luchan por el reconocimiento e independencia política. Este
insólito panorama, también tiene su manifestación en Europa. Con la aparición
de la URSS, a comienzos del siglo XX, fueron muchos los pueblos y comunidades étnicas
que quedaron atrapadas dentro de este colosal imperio dominado por Rusia y que
finalmente reventó en 1988, por las luchas de comunidades enteras que no se
resignaron a ser víctimas de una moderna forma de explotación neocolonial
disfrazada de socialismo. Recodemos
también que al finalizar la segunda guerra mundial, las potencias
(Aliadas) victoriosas se dividieron el continente. La Europa Occidental,
bajo el dominio de Estados Unidos; Inglaterra y
el imperio del capitalismo por un lado. Por otro lado la Europa Oriental
bajo el dominio de la “cortina de hierro” impuesta por la URSS; Nación que
se convirtió en una moderna “cárcel de pueblos”, para las repúblicas
socialistas de oriente europeo. Con
la caída del muro de Berlín y de la Unión Soviética, se escenificó en estos
países la peor de todas las confrontaciones: las guerras entre comunidades étnicas,
unos por independencia política, otros por crear su propio espacio político y
lograr la supervivencia de su comunidad étnica amenazada que lucha para no ser
eliminadas por una mayoría dominante. Igual
suerte podría ocurrir en Colombia, sino no se produce un gran acuerdo nacional
entre los protagonistas del conflicto armado que desangran el país desde hace
mas de 50 años. Preguntemos ¿qué va a pasar en los territorios (“repúblicas”)
de los “paras”, de los guerrilleros o de los “narcos”; una vez que
“termine el conflicto armado”?, ¿Se producirán las negociaciones?, ¿seguirán
las guerras internas de liberación el dominio territorial, en los dominios de
Castaño o en las republiquitas de los narco o en los santuarios de las Farc?,
¿Seguirá el desangre y la
persecución contra las facciones contrarias atrapadas en la intolerancia de la
nueva geografía de la ex Colombia?, ¿Seguirán las campañas de “limpieza”
en nuestro caso ideológica y política, en los nuevos Estados en los que
seguramente quedará dividido el actual país?. Es
atroz que en momentos en que la razón y la inteligencia sé presentan como el
nuevo paradigma global del nuevo siglo, la barbarie siga en Colombia imponiéndose
sin esperanza. Porque las mayorías colombianas no hemos madurado en el
dialogo y en la posibilidad de concertar la paz. NUEVO
ORDEN ECONOMICO Y CULTURAL “¿Y
se sabe algo de lo que allí ocurre? Algo se filtra. Pero, junto a los
que saben –que saben más de la cuenta-, están los que prefieren ignorar-
sabiendo. En todo caso es un tema de conversación que se evita...”perro en
fin, no me dirás que todo el mundo aquí está de acuerdo con...” –
Evidentemente que no. Pero están los del laissez-faire, los del “yo no tengo
la culpa”, que son una enorme mayoría. Si saben lo que ocurre detrás de las
alambradas, fingen que no lo saben...” la Consagración de la
primavera Alejo
Carpentier “Da
la impresión que estamos viviendo el mejor de los tiempos”, decía el señor
Ronald Reagan después del colapso de las economías socialistas.
Porque, se terminaron las utopías comunitaristas; los modelos de
bienestar entraron en crisis; las sobrevivientes economías socialistas (China,
Vietnam) abrazaron las economías de mercado. Los gobiernos latinoamericanos
abandonaron los viejos modelos cepalistas de desarrollo proteccionista por los
nuevos modelos aperturistas, caracterizados por el desmonte del estado
benefactor. Convencidos que el estado nunca fue un buen administrador las
naciones Latinoamericanas, se abrieron a los empresarios privados locales e
inversionistas extranjeros. El
objetivo supremo de este modelo –neoconservador- es reducir el estado, el déficit
fiscal, pagar la deuda externa, privatizar empresas estatales, lograr la
eficiencia en el uso de los recursos. En
muchos países este proceso fue doloroso, generó de desempleo, aumentó la
pobreza, incrementó la marginalidad y la exclusión. Se
ha querido presentar el nuevo credo aperturista como el motor de desarrollo, de
crecimiento económico al generar condiciones ideales para la acumulación de
capital, ahorro y libertad para la iniciativa privada. La
iniciativa privada, libre de la tenaza del estado-interventor permitió a
empresarios e inversionistas extranjeros llegar a América Latina. Chile fue el primero en aplicar el nuevo modelo aperturista,
de las 500 empresas estatales existentes durante el gobierno de la Unidad
Popular, hoy sólo hay 30. Este
modelo económico se ha convertido en fuerza global.
Inicialmente fue experimentado en Inglaterra y EE.UU; es la concretización
del pensamiento filosófico y económico de las escuelas de Viena, en las que
sobresalen Friedrich Von Hayek quién
con su gigantesco aporte intelectual hace renacer el pensamiento liberal clásico,
pensamiento que ha sido calificado de Neo-conservadurismo, y que es una
reafirmación de la fe individualista, fe en el mercado como orden espontaneo y
un rechazo a toda forma de racionalidad y planificación económica del mercado,
la política y la sociedad. El
Neoliberalismo, a demás de ser una teoría que contra argumenta las tesis del
keynesianismo, forjador del modelo cepalino, surge como un desafío al
socialismo triunfante y contra los Estados del Bienestar capitalistas. Las
naciones industrializadas con el derrumbe de la URSS se liberaron de la onerosa
carga económica de la guerra estratégica; (guerra de las galaxias) fenómeno
político que fue bautizado por el expresidente George Bush como el “Nuevo
Orden Mundial” fundamentado en el conservadurismo político y que le ha
permitido al capitalismo imponerse como doctrina
económica global por encima de la democracia, los derechos humanos, las
libertades civiles y los valores intrínsecos de la convivencia social. El
Neo –Liberalismo o renacimiento liberal se
impuso en casi todos los países y gobiernos del mundo capitalista como
la expresión renovadora ante un sistema que parecía agonizar en los años
sesenta. Son considerados
precursores de la aplicación de esta nueva política la señora Margaret Tacher
y el señor Ronald Reagan, cuyo credo neoliberal es:
apertura, integración, privatización, fe en el individuo, rechazo al
paternalismo estatal, limitación del intervencionismo estatal, modernización
de las empresas, competencia en los mercados mundiales y productividad sin
limites. Sin
embargo, este inesperado escenario global, tiene sus paradojas, buenas noticias
para algunos países tercermundistas que se han visto favorecidos por la
presencia de capitalistas extranjeros, lo que ha permitido que sus economías
crezcan a ritmos vertiginosos; el caso de los llamados “tigres asiáticos” y
en el caso de América Latina: Chile.
Lo que refleja un desplazamiento de la riqueza de ciertas naciones ricas
hacia países pobres a través de las inversiones que aprovechan mano de obra
barata y abundancia de recursos (un obrero Alemán gana cinco veces más que un
trabajador de Taiwan) eso explica el interés de ciertos países por invertir en
algunas naciones del tercer mundo. Pero
curiosamente este “nuevo orden mundial” no trae consigo el paraíso terrenal
y en muchas naciones hay escepticismo; economías como la Japonesa, la Alemana,
la Norteamericana, las mismas que cantaban el himno de la prosperidad están
experimentando recesión. Situación
que no parece ser la mejor para la mayoría de los países capitalistas de
segunda fila y menos para las naciones pobres
que han visto agravar sus problemas sociales, económicos y culturales gracias
al modelo de desarrollo Neo-liberal. Con
el colapso del socialismo real, se
favoreció la correlación de fuerzas a favor del capitalismo. Su “triunfo” es incontestable y en ello radica el
optimismo del Neoliberalismo, pensamiento económico que hoy es sometido a la más
dura crítica por parte de muchos defensores del sistema capitalista como George
Soros temerosos del derrumbe y de la crisis del capitalismo global.
El
Neoliberalismo ha demostrado ser un rotundo fracaso en materia social en lo que
hace referencia a las naciones tercermundistas pero al mismo tiempo un gran
triunfo ideológico en materia de negación de los derechos sociales. No hay un
solo economista riguroso y competente que pueda afirmar que la reestructuración
Neoliberal en América Latina ha
sido fuente y factor de desarrollo, entendido este como la posibilidad de
ampliar los niveles de vida de una comunidad. Hay
dos modelos capitalistas en el mundo, ambos son triunfadores con el derrumbe del
socialismo y de la crisis de los modelos de bienestar. Recordemos que el
capitalismo por esencia es ganador, sólo invierte donde puede ganar; uno es el
modelo Anglosajón, constituyéndose en una civilización comenzó a formarse en
el siglo XVII con Hobbes, Locke, Adam Smith, Bentham, Darwin, y el otro es el
ingles, quienes le trasmitieron a sus descendientes de Estados Unidos los
principios y valores del mercantilismo y las audacias en el mundo del mercado.
El
modelo Anglosajón tiene su expresión más desarrollada en las políticas de
Estados Unidos, país que consolidó su hegemonía con el fracaso de la URSS,
hecho que no sólo le ha permitido convertirse en potencia global, sino también
ser promotor del aperturismo de las políticas neoconservadoras a gran escala.
El otro modelo también ganador; es el capitalismo Renano o modelo
intervencionista, que hoy se aplica
en general en los países de Europa continental. Es
en este escenario global, que los países industrializados entonan los himnos
del progreso mientras América
Latina se reduce a la pobreza, y
tan solo ha logrado convertirse en fuente
de materias primas para el mercado interno mientras que el
comercio mundial cada depende menos de ella. Hayek
el teórico del Neoliberalismo es, sin duda un pensador coherente,
riguroso y sistemático. Fue declarado premio Nobel de economía política. Su
propuesta parte, de la crítica al construtivismo de René Descartes y termina
proponiendo la eliminación (de la razón)
del racionalismo como forma para ordenar la sociedad y la economía. Recordemos,
con Descartes se da inicio a lo moderno, él representa el punto de partida de
una nueva época, en la cual el mundo gira alrededor del sujeto hombre creador
con su subjetividad de un mundo distinto al mundo creado por la naturaleza o al
mundo metafísico creado por Dios. Lo moderno es Antropocentrico.
Descartes,
en su célebre “Discurso del método” empieza dudando
de sí mismo y de todas las verdades de la época, su propósito era
encontrar nuevas verdades claras y distintas. Para lograrlo utiliza la razón
como tribunal de verificación, concluye afirmando que la única verdad de la
que no es posible dudar es la existencia del sujeto que tiene la duda, de ella
nace su máxima “pienso luego
existo”. Es con esa subjetividad que se va ha construir el nuevo mundo, es
decir bajo las premisas de la racionalidad cartesiana. El
estado deja de ser un producto divino a partir de Descartes y se convierte en
una construcción humana, producto de un contrato de voluntades,
el gobierno deja de ser una representación celestial y se convierte en
un asunto de normas, leyes reguladas por hombres y para el beneficio del hombre. Hayek
critica el construvismo cartesiano y señala que es una simple pretensión
del racionalismo el querer ordenar
el mundo bajo los parámetros de la razón y
plantea su eliminación por medio de su tesis de la existencia de un
orden espontaneo, que existe sin la premeditación humana, en dicho orden no
interviene la voluntad humana y tampoco responde a la razón. Por tal razón el
mercado opera de manera abierta, libre, sin la intervención del estado. Él
piensa que el objetivo supremo de ese mercado libre, es el “beneficio” de
todos los que concurren a él. Constructivismo
en el lenguaje de Hayek, es creer que se puede ordenar el mundo a partir de un
gran proyecto de sociedad teórico. No es posible la existencia de ese ordenador
según él. Por eso su filosofía declara la superioridad de las economías de
mercado y el orden espontáneo, en
que la iniciativa individual y
libre es el motor del progreso.
Criticando la democracia y toda
forma de planificación, de centralización y, no cree en la justicia social. Lo
novedoso de su proyecto es la reducción del estado al mínimo, en los asuntos
sociales y limitarlo al máximo en lo referente de los asuntos económicos. Este
modelo económico se denomina Capitalismo
Salvaje, por su esencia excluyente de las políticas sociales, y por que
preconiza abandonar la democracia. Por fortuna, contra de este modelo, hoy en el
mundo son muchas las voces que claman por un verdadero y Nuevo Orden Económico
Mundial, eso sí, un orden económico distinto al que pregona el exmandatario
norteamericano Ronald Reagan que sólo
beneficia al gran capital a costa de ampliar la pobreza y eliminar la asistencia
social de los trabajadores en los países pobres. Capitalismo
Salvaje, neoliberalismo, una ideología que se convirtió en una práctica que
genera prosperidad en términos económicos para los ricos, facilita los avances
técnicos y científicos para el gran capital al tiempo que margina, desplaza y
crea profundas rupturas sociales aumentando la miseria, la pobreza en niveles
nunca antes registrados en los países del tercer mundo. Colombia
durante el gobierno del presidente César Gaviria introdujo en forma forzosa el
Neoliberalismo a través de políticas aperturistas, sistema ha generado la
ruina de importantes sectores de la economía nacional por su in competitividad
en los mercados nacionales e internacionales. Este modelo aumentó la pobreza
– el 70% de la población- elevó la deuda externa, el desempleo subió al 20
% , el campo está totalmente deprimido y la industria no se reactiva, lo que
confirma que nuestra crisis no sólo es de identidad cultural es también de
oportunidades económicas y sociales. IDENTIDAD
NACIONAL Y PROYECTO NACIÓN Existe
la tendencia a utilizar las palabras Nación y Estado como si fueran sinónimo;
por Estado entendemos además del aparato de gobierno, las instituciones y el
orden jerárquico de un pueblo políticamente organizado, que ocupa un
territorio. Una Nación, es un pueblo que tiene en común lenguaje, identidad,
cultura, historia, religión, sentimientos de unidad nacional y vida económica.
Lo que nos lleva a pensar que una Nación no necesariamente es un Estado
independiente. Si
una Nación y un Estado comparten las mismas fronteras, constituyen una entidad
política administrativa que se llama Nación-Estado. Hay que señalar que este
concepto – Nación- Estado- se emplea en la actualidad para hacer referencia a
cualquier país independiente. Son
relativamente pocos los Estados en los que encontramos una Nación que ocupa un
territorio y políticamente se reconoce como estado; ejemplos que podemos
mencionar Islandia, Japón y algunas islas del caribe. Las
poblaciones de lo que hoy llamamos “Naciones-Estado” suelen ser una mezcla
de varios grupos étnicos que están reunidos bajo una sola bandera por razones
históricas y en algunos casos esta unión es arbitraria y conflictiva. Las
fronteras internacionales son simples líneas imaginarias y artificiales que
definen en la actualidad una estructura política, económica y cultural. Existe
en el interior de muchos países diferencias culturales que de no converger
amenazan con la división territorial; ya sea a través de la separación
administrativa o la liberación total. Son muchos los ejemplos de esta frágil
situación, uno lo constituye la provincia canadiense se Québec con 85% de
hablantes franceses que han convocado varios plebiscitos para separarse de Canadá. Los
Kurdos en Irak han desafiado el estado en una prolongada guerra de liberación,
los hechos de Bosnia, el de Irlanda del norte con el Reino Unido, el caso del país
Vasco en España constituyen algunos ejemplos de los conflictos que se dan al
interior de los países por la carencia de una cultura nacional incluyente. Las
fronteras fueron trazadas de hecho, respondiendo a intereses económicos sin
tener en cuenta los intereses culturales de las comunidades étnicamente
organizadas. Esta situación es generadora de conflictos, sobre todo, si algunas
culturas o grupos étnicos son segregados o marginados dentro de la misma nación. Las
naciones surgen con el desarrollo del capitalismo y fue la expansión industrial
lo que movió la necesidad de controlar los recursos naturales y lo que hizo
necesario definir las fronteras. Con el paso del tiempo y el desarrollo del
comercio las fronteras se hicieron más firmes y se fortalecieron los conceptos
de Nación y Nacionalismo. Nacionalismo
o amor por la patria puede ser una fuerza muy positiva e inspirar a sus gentes a
hacer lo máximo por el bienestar de un país. Pero cuando la búsqueda de la
grandeza de una nación está motivada por el interés egoísta, esta se logra a
expensas de las minorías culturales. Ahora bien cuando el nacionalismo prospera
en una nación cuyo grupo líder es mayoritario, las minorías que están dentro
de la frontera son perseguidas, discriminadas y en muchos casos consideradas
enemigas; se prohíbe su idioma, sus tradiciones, su religión, su forma de
pensar con el propósito de ser absorbidas por el grupo dominante. En
todos los casos en los que las minorías no logran ser transculturizadas y es
derrotada, la única alternativa que le queda a estas comunidades es emigrar.
Una de las grandes tragedias de este final de siglo son los desplazados por
causas del prejuicio de la xenofobia, el racismo y la intolerancia ideológica. Muchos
países cuyas economías son prósperas viven el drama del ciudadano que no
quiere compartir con extranjeros o con minorías nacionales las ventajas económicas
y sociales de su país. Las
cifras demuestran que la fiebre anti-inmigrante crece fundamentalmente en Europa
y Estados Unidos, también en las prosperas economías asiáticas, lo que ha
creado en muchos países considerados Estado de Derecho se empiece a legislar
en contra de los extranjeros o minorías nacionales. Resulta paradójico
que este ocurra en países civilizados donde se pregonan los derechos humanos. Para
confirmar anterior, encontramos que la gran mega tendencia del mundo es la
globalización de la cultura del industrialismo, del comercio y de la cultura
occidental, en detrimento de lo regional y de las minorías culturales. Por eso,
es imprescindible reforzar la tolerancia, el valor de la pluralidad, el respeto
por la diferencia como únicas garantías para el equilibrio en esta nueva
correlación de fuerzas económicas. Es también importante recordar que no
existen culturas superiores ni inferiores, sólo existen culturas diferentes. Si
bien es cierto, existen culturas tecnológicamente más avanzadas; también es
cierto que ninguna nación o cultura debe actuar como juez frente a otras, ni
pretender imponer a ultranzas sus valores o principios. Sin duda el mundo es
cada vez más global en cuanto a los intercambios de estilo de vida, el respeto
por la diferencia debe ser la garantía para un nuevo equilibrio en cuanto lo
cultural y político. No
se puede negar la identidad cultural se ha convertido en elemento jalonador de
los procesos de supervivencia de
muchas naciones y de minorías
culturales que reaccionan para no desaparecer. Por tal motivo, es preocupante la
situación de Colombia, un país tejido con frágiles argumentos de unidad
nacional, sin un proyecto nación. Recordemos que un país que no es autónomo,
que no tiene su propio proyecto de vida fácilmente cae en los proyectos de
otros. Los
colombianos no podemos renunciar a fortalecer nuestra identidad. Porque el país
que sabe para donde va, no puede
perderse. Por tal razón se debe luchar por elevar el nivel educacional, hilar
pertenencias, reafirmarse su identidad en la diversidad, en la democracia,
reconocerse en la pluralidad y su multiculturalismo, no en la fragilidad sino en
la oportunidad de fortalecer la diferencia por medio de una democracia más
amplia y profunda. La
discusión sobre el vacío ético de la colombianidad está a la orden del día,
con sólo ojear la prensa, escuchar la radio o ver los noticieros de la televisión,
nos damos cuenta de que las cosas andan mal en el país. Todos sabemos que la
economía siempre ha estado mal, que la violencia siempre ha existido y que el
desempleo es una variable normal del sistema capitalista y que la pobreza es su
principal producto... pero ¿ qué es lo normal y qué es lo que está mal?, es
posible que nunca haya acuerdo, un consenso en referencia al anterior
interrogante, porque cada cual responde desde la orilla de sus sentimientos
morales. Los
paramilitares dirán que está mal negociar con la guerrilla, que no está bien
adjudicarle al E.L.N una zona de distinción y que esta mal realizar una
reforma agraria que beneficie a los campesinos pobres del país. Los
guerrilleros dirán que está mal realizar aperturas, globalizar, neoliberalizar
la economía colombiana; que está mal la explotación de la burguesía. Los
dirigentes de los partidos tradicionales dirán que está mal, inculparlos de
corruptos y de responsables de la quiebra de la institucionalidad. La iglesia
dirá que está mal el secuestro, los asesinatos, la pérdida de los valores católicos.
Los sindicalistas dirán que está mal que despidan a los empleados públicos,
que está mal que el estado no
tenga un amplio compromiso social. Los gremios económicos dirán que está mal
que les aumenten los impuestos, de industria y comercio, y el ciudadano común
dirá que está mal cerrar hospitales, escuelas y
fábricas. Será
posible establecer un gran acuerdo nacional sobre lo que debe realmente mejorar
en el país. Por otro lado los docentes dirán que está mal que sus alumnos no
comprendan lo que leen, que sean incapaces de realizar operaciones elementales
de matemáticas. Los estudiantes dirán que está mal que los obliguen a leer, a
estudiar, a memorizar y a escuchar las clases. El padre de familia dirá que está
mal que eliminen los presupuestos para escuelas, colegios, hospitales y centros
de salud. Antes
de dar respuestas a estos interrogantes, recordemos: Las
guerrillas son el producto de la inconformidad
civil convertida en rebelión contra el Estado. Estado que cada día es más
inoperante. Los paramilitares y grupos de autodefensa son el resultado de la más
clara demostración de intolerancia ciudadana. La violencia es una forma de
solucionar los conflictos y las diferencias ideológicas. La corrupción es la
forma más eficaz en Colombia de enriquecimiento. El Estado en Colombia es un
aparato burocrático, paquidermico, incapaz de cumplir
funciones elementales como: garantizar
seguridad, brindar educación, salud, vivienda, empleo y bienestar para
el pueblo. Los
partidos políticos o las llamadas colectividades históricas han sido
inferiores al gran compromiso nacional de presentar y ejecutar un proyecto de
salvación nacional, sólo les ha preocupado enriquecer a sus camarillas
y directivas corruptas. Por tal motivo, es urgente su renovación del
Estado. Porque falta de liderazgo, Colombia es un país que no ha podido
sostenerse en el mercado mundial, ni como agricultor, ni como exportador
de manufacturas y, sólo ha vivido de bonanzas milagrosas y pasajeras. Finalizando
el siglo XX Colombia se ubicó como la séptima nación más corrupta del
planeta, sólo superada por Camerún, Paraguay, Honduras, Tanzania, Nigeria,
Indonesia, y sólo superada por Venezuela y Ecuador respectivamente. Colombia es
una nación donde el 45% de sus empresarios
ignoran los más elementales principios éticos cuando se trata de
alcanzar sus egoístas y mezquinos intereses empresariales. Este país no sólo
es el más violento del mundo sino el de mayor impunidad, aquí se comete un
homicidio cada 18 minutos y un secuestro cada seis horas. Lograr
consenso y acuerdo de todos los colombianos acerca de lo que está mal
requiere no sólo profundos estudios sociológicos, antropológicos,
psiquiátricos y económicos, sino también sentido común para saber ¿para
donde va Colombia?. Son siete los grandes desafíos que debe enfrentar la
colombianidad, siete sus grandes males: pobreza, violencia, narcotráfico, deuda
externa, degradación del medio ambiente, corrupción estatal y desequilibrio
regional. Si la mayoría de los colombianos compartimos ésta tesis tendremos
claridad en torno a las cosas que andan mal y podremos presentar nuestras hipótesis
como alternativas de solución. Colombia
es un país ampliamente rico en recursos naturales, pero estos por si solos no
producen bienestar en la población; se requiere de una cultura ampliamente
productiva como lo precisa el economista Jorge Luis Garay en su propuesta de
“Construcción de una nueva sociedad”; es preciso explotar en forma racional
y desarrollar un sistema sostenido. Una nación es calificada de rica cuando
suple ampliamente las necesidades básicas, sociales, culturales y de realización
de su pueblo, y es pobre cuando es incapaz de generar felicidad en sus
habitantes y cuandi no satisface las necesidades básicas de sus pobladores. Estamos
de acuerdo en que este país es rico en ingenio, creatividad y talento; sus
habitantes son inteligentes pero carentes de proyectos de vida y como
consecuencia el país carece de un proyecto nación. Nuestro problema no es de
lucidez intelectual; la causa del mal está en que hemos convertido las
diferencias en algo negativo. El país será próspero, pacífico y modelo, el día
que todos y cada uno de los proyectos de los ciudadanos visionen en la misma
dirección del proyecto nación. Sólo reconociendo nuestras diferencias y aceptándolas
como un valor seremos capaces de superar nuestros males. El
país tendrá un alto nivel de vida cuando los proyectos de vida de cada
ciudadano estén expresados en valores como el trabajo honesto, la solidaridad,
la tolerancia, la disciplina, el esfuerzo, la frugalidad, la productividad; no
es sólo exportando flores, petróleo, carbón, etc.; porque no sólo la
acumulación de capital es lo que permite superar la pobreza, se requiere
voluntad y compromiso con el país y entendido este como una gran familia con
diferencias pero con ideales comunes El
país tendrá una mejor calidad de vida el día que empecemos a invertir en
mejorar la calidad humana , y esto se logra sólo invirtiendo en educación, sólo
con una educación de calidad comprometida con la academia, la investigación y
la ciencia daremos los primeros pasos para salir de la miseria moral y la
pobreza material del país. Mario
Vargas Llosa, uno de los grandes escritores latinoamericanos
sostenía: “Un gran libro es para mi aquel que me obliga a revisar mis
opiniones, que de alguna manera me contradice. Eso me sucedió releyendo El
hombre rebelde de Albert Camus, hace cinco años. En ese entonces pensaba que no
había más remedio que aceptar en ciertas circunstancias, de la historia que el
fin justifica los medios. El admirable ensayo de Camus sobre la violencia me
convenció de que la única moral histórica aceptable es la opuesta: la de que
son los medios los que deben justificar los fines. De este planteamiento del
escritor peruano podemos inferir que hay una innegable relación entre lenguaje
la identidad y la cultura. Poco
más de una década de vida ciudadana bajo el mandato de la Constitución Política
de 1991, permite disponer de elementos teórico-prácticos para evaluar sus
aciertos y debilidades, en función de su conocimiento y acción operativa.
Con estos referentes, el presente trabajo focaliza su aproximación
reflexiva a los dos componentes formativos, en tanto sujeto educable y sujeto de
la relación ética con otros. Al
particularizar el componente educacional-formativo de la constitución, esta
reflexión se estructura mediante dos hipótesis de trabajo, correlacionadas
entre sí: el carácter de
ciudadano conocedor del contenido social y visión práctica, y el sujeto que se
hace en la aplicación de ese conocer. El
saber y el hacer. Con éstas se
hace alusión al concepto de ciudadano sujeto comprendido y al concepto de
ciudadano sujeto de la comprensión. Esta
correlación se alimenta en los procesos participativos, en los cuales los
sujetos experimentan unos aprendizajes, con especial énfasis en la vida
escolar. En el contexto de la
escuela se comprende la instrumentación de la Ley General de la Educación como
ámbito de la organización de su vida participativa.
Aquí se articulan lo intelectual-humano, dentro del contenido social de
la constitución. Con
todo, este estudio aproximativo a la Carta Política, sólo pretende explorar
una parte de su compleja propuesta social de la construcción valorativa de un
nuevo ciudadano. LA
CONSTITUCIÓN POLÍTICA DE 1991 UNA
APROXIMACIÓN VALORATIVA DESDE LA CONCEPCIÓN HUMANÍSTICA
E INTELECTUAL Al
abordar la Carta Política, sancionada el 7 de Julio de 1991, mediante una
lectura globalizada de sus 380 artículos, es preciso reconocer su gran avance
en materia de desarrollo social. Situación
que la coloca como una de las más modernas y adaptadas a las exigencias del
mundo contemporáneo. Por lo menos
en su espíritu muestra una gran sensibilidad social, en el sentido de la
valoración humanística del ser ciudadano Colombiano y en el contenido implícito
de su concepción democrática manifiesta en sus propósitos. En
este aspecto, el tratamiento de los deberes y derechos ciudadanos, así como los
mecanismos para la protección, individuales y colectivos, son su punto medular[1]. Para
efectos del desarrollo de la presente reflexión, la referencia al contenido
social, es precisamente el factor motivante del acercamiento particular a
nuestra Constitución Política de 1991. asunto
que se asume en función del concepto de ciudadano, como ser de derechos y
deberes, capaz de percibir y de vivir los nuevos retos de la comunidad humana.
Un sujeto comprendido, y a la vez implicado en las dos comprensiones: la
intelectual u objetiva y la humana intersubjetiva[2]. En
el reconocimiento constitucional del nuevo concepto de ciudadano participativo,
o bien del sujeto comprendido, es preciso implicar, además al sujeto explícito
en la comprensión. De esta manera
se pueden observar la dimensión operativa, es decir, las acciones que le dan
sentido práctico al componente axiológico del sujeto en sus relaciones éticas
(relación humana intersubjetiva) y la dimensión cognoscitiva (relación humana
intelectual). Son dos elementos
complementarios entre sí: El Saber
y el Hacer, los que conforman al sujeto educable[3]. Asumir
estos dos elementos presupone el ejercicio coherente de dos lecturas.
Por un lado, una lectura de su semántica, por el otro, una lectura de su
expresión operativa. En cuento a la lectura de su semántica, interesa y es
suficiente para el caso de esta reflexión, realizar un acercamiento comprensivo
e interpretativo del articulo 41 de la Constitución Política del 91, en el
cual se advierten las dos variantes relacionadas con el sujeto, en cuanto a lo
intelectual-organizativo y a lo relacional-ético. En
cuanto a su expresión operativa, se pretende dar cuenta de los procesos de
interpretación particular y de operatividad en los contextos específicos de la
vida escolar, fundamento social del aprendizaje de los valores ciudadanos y de
su puesta en acción, a través de las relaciones de la convivencia cotidiana. En
el entendido de que el aspecto educativo es sólo un punto de referencia para señalar
el contenido social-humanístico de nuestra constitución, se asume como una
mirada altamente significativa para dimensionar sus alcances y deficiencias,
además de sus posibilidades para el logro de un sujeto mejor dotado, en una
sociedad con un desarrollo equilibrado. De
hecho, los indicios que se perciben en sus más de diez años del nuevo espíritu
constitucional, no son alentadores. Ese
sujeto dotado de los elementos éticos para la participación ciudadana, es el
propósito, entre líneas, del articulo 41 de la Constitución Política, que
aparece como cierre del capítulo I relacionado en los derechos fundamentales.
El cual plantea que... “En
todas las instituciones de educación, oficiales o privadas, serán obligatorios
el estudio de la Constitución y la Instrucción cívica.
Así mismo se fomentarán prácticas democráticas para el aprendizaje de
los principios y valores de la participación ciudadana.
El estado divulgará la constitución”. Si
bien el énfasis está puesto en la formación de individuos éticamente capaces
de interactuar como ciudadanos participativos, admite una lectura integrada del
objeto de la intervención: un sujeto integrado en su dimensión humana e
intelectual. Esta conceptualización
permite disgregar metodológicamente estos dos componentes para efectos de análisis. Desde
el punto de vista de las prácticas escolares, el sujeto ético se construye
mediante el aprendizaje constitucional y de los fundamentos de la cívica, además
del fomento de las prácticas democráticas.
El estado (puede leerse), a través de sus representantes educativos, es
el encargado de difundir la Constitución.
Se aprecia así la relación de dos términos que ayudarán a discurrir
entre lo intelectual y lo humano: el aprendizaje y las prácticas.
Aunados a estos términos, los mecanismos de participación ciudadana
(Art.103)[4]
constituyen parte consubstancial al ejercicio de la democracia en la escuela. El
sujeto (estudiante) debe aprender la Constitución Política a lo largo de su
proceso académico[5],
en la educación formal. ARTICULO
PRIMERO. - Para poder obtener el
titulo de bachiller en cualquiera de sus modalidades, todo estudiante, deberá
haber cursado cincuenta horas de estudios Constitucionales. PARÁGRAFO:
Autorizase AL Ministro de Educación Nacional para que reglamente la
forma como la asignatura debe ser cursada. Esta
asignatura hace parte del área de las ciencias sociales, componente obligatorio
consignado en el articulo 23 de la Ley 115 de 1994.
De esta manera, se convierte en asignatura fundamental del Plan de
Estudios de cada institución educativa, en relación con los requerimientos
particulares del Proyecto Educativo Institucional correspondiente. El
aprendizaje de la Constitución Política, es así una manera de dar a conocer
al estudiante (ciudadano en potencia), e informarle, que existe una
normatividad, por encima de todo, estructurada con base a unos requerimientos
socio-antropológicos, orientada a la creación de un clima de convivencia
humana más propicio para el desarrollo en todos sus aspectos.
Son espacios proporcionados por la Constitución y que comienzan a formar
parte de la conciencia social de las jóvenes generaciones, merced a la
intermediación del maestro, quien a su vez interpreta y pone en funcionamiento
su divulgación, contenida en el Plan de Estudios de cada institución
educativa. En
este proceso primario se puede reconocer una intención social-humanística,
generada a partir de la concepción misma de la Carta Política.
Educar en la Constitución es un acto humano que se materializa en la
relación pedagógica, por cuanto ubica al estudiante como centro del proceso,
confiriéndole las bases para su crecimiento integral[6].
Estas bases del conocimiento constitucional integran en su estructura
informática un amplio articulado, en el cual se incluyen las distintas
alternativas para la participación ciudadana.
Con esto se abre un panorama mejor dispuesto para el desarrollo humano. La
perspectiva que se abre en este proceso de difusión del contenido de la
Constitución tiene especial sentido, toda vez que proyecta al hombre
(estudiante), a niveles de la acción, componente básico del hacer humano.
En la acción y en hacer con otros, el hombre se humaniza, imagina, sueña,
crea... Ésta acción pedagógico-social, encuentra un campo favorable en los
mecanismos para el ejercicio participativo del ciudadano (Art. 103 de la
C.N.C.), tales como las acciones de petición, de tutela, las veedurías
ciudadanas, entre otras. Ejercitar
estos mecanismos implica poner en acción todas las funciones de la actividad
humana. En el saber los mecanismos,
abstraer sus conceptos, comprenderlos, interpretarlos, ejecutarlos, se ponen en
alerta todo un cuerpo pensante
y físico. Además, estas
actividades se ponen en relación con otras, dándole así una autentica dimensión
social. Los procesos del desarrollo
de la autonomía son tangibles, y el concepto de la libertad adquiere sentido en
sus prácticas. Es
preciso señalar que el uso adecuado de esta apertura constitucional, tiene su máxima
expresión en el estado de receptibilidad, de quienes se erigen como sus
referentes inmediatos. Es decir, si
los mecanismos participativos están abiertos para la acción, éstos deben ser
utilizados por seres propósitivos, ciudadanos actuantes que no esperan ser
representados. Sujetos
participantes. La realidad nacional
en este campo, nos muestra una situación distinta, en cuanto al concepto
ciudadano. Hay avances, pero no los
esperados. Se
asiste así a la puesta en escena de una segunda etapa correlacionada a la
anterior. A la letra constitucional
y su proceso de difusión, el estudiante aprende las normas y las aprende en
función de los usos que hace de los mecanismos de participación.
Para el caso concreto de la escuela, estos mecanismos aparecen
materializados en la construcción de los Proyectos Educativos, en el marco de
la ley 115 de 1994.[7] Esta
ley General de la Educación, su denominación más usual con la cual se conoce,
es, al igual que la Constitución Política, el producto de un proceso democrático
de discusión en la Asamblea Nacional Constituyente[8]
y aprobación final en el Congreso de la República. Y como tal sus propósitos son altamente progresistas en
materia de autonomía escolar, al lado de la ley 60 de 1993. por su estructura, características y fines propuestos es el
más elocuente mecanismo de participación ciudadana, específicamente
relacionado con la comunidad educativa. El
sólo hecho de proporcionar los espacios para la construcción de los proyectos
educativos, de acuerdo a las condiciones particulares de cada institución
educativa (Art 73), la Ley General de la Educación, activa muchas energías e
involucra a los estamentos más directamente relacionados con la escuela.
Estos estamentos adquieren particular sentido, al ser agrupados bajo el término
de Comunidad Educativa[9],
ampliamente definida y caracterizada en sus funciones.
La participación ciudadana en aspectos relacionados con la formación
educativa está abierta. El
Estado bajo el mandato de la Constitución sigue ejerciendo la función social
de educar, con una acción menos pasiva por parte de la comunidad educativa.
Con esta apertura al ejercicio de la participación directa, los miembros
de la comunidad asumen un poder decisorio sin precedentes en asuntos que
competen a la escuela, incluyendo la concepción y elaboración de los Planes de
Estudio[10].
El poder decisorio es limitado[11],
pero lo suficiente para activar todo un potencial humano, físico y material, en
torno a la escuela que se desea construir. La
movilización de las distintas condiciones y capacidades humanas es un hecho tan
real y tangible como la propia escuela. Se
ponen en escena niveles participativos, cuya gradación depende en gran medida
del aprestamiento de los miembros en cada comunidad educativa.
Éste aprestamiento tiene que ver con el conocimiento de la Ley General
de Educación y su disposición operativa (Ley 60 de 1993), así como de las
condiciones particulares en cada institución. Asumiendo
estas particularidades, es bueno destacar todo el conjunto operacional que se
pone en juego mediante el ejercicio participativo: ·
El conocimiento se despliega en todas sus
formas, niveles y características. Los
miembros de la comunidad asumen sus roles con lo mejor de sus inteligencias.
Deben conocer las normas, la comunidad, sus espacios sociales y geográficos,
sus necesidades de desarrollo, su ecología... en fin, muchas cosas para
comprender el entorno. Es una puesta en escena de su intelecto. ·
El mundo afectivo también se ve altamente
comprometido, toda vez que el ejercicio de la participación, pone a prueba
requerimientos, cada vez mayores, en la medida en que se socializan los saberes,
se identifican y resuelven los problemas, y se toman las decisiones.
Es una interacción permanente con el otro, en la cual la ética
ciudadana individual se fortalece en la acción educativa. Fundamentos
de la convivencia social como el disenso y el consenso, entran en el juego de
las dinámicas de la tolerancia. Es
un juego, en el cual los saberes y las éticas individuales fortalecen lo
colectivo, en cada identificación y búsqueda de solución a los problemas.
La construcción de Proyectos Educativos propios son formas de resolver
situaciones problemáticas, problemas particulares y generales del quehacer de
una comunidad educativa. Los miembros de la comunidad, más que ser representados son
participativos. En
la participación ciudadana como parte operativa y en el conocimiento, ligado a
los saberes (incluido el saber participar), se conjugan dos fases interactuantes
en la acción humana. Y es en esta
actividad recíproca donde cobran sentido el contenido social y la visión humanística
del desarrollo, fundamentos de la actual Constitución Política.
Como se puede entrever, la constatación que se hace en estas líneas es,
desde una mirada a la concepción educativa, materializada en la Ley General de
la Educación, quizás la más ejemplarizante de los tópicos constitucionales,
objetos de estudio. El
hecho citado, por sí mismo no explica todo el referente de estudio en este
trabajo, pero tiene la particularidad de abrir compuertas a un mundo que precisa
de hombres dotados de amplios conocimientos, con afincados valores éticos y con
una visión social propositiva para el desarrollo humano.
No se puede negar, la Constitución Política plantea, en este sentido,
bases que se pueden hacer sólidas en nuevos intentos. El ciudadano de hoy participativo, no es el mismo ciudadano
de ayer representado. Algo ha
cambiado favorablemente. Con
todo, las distancias entre éstas dos concepciones no son aún altamente
significativas, por lo menos desde el punto de vista práctico. El pleno
ejercicio del sujeto (ciudadano), en virtud a su comprensión intelectiva y
humana se muestra incoherente con su nueva historia.
Obstáculos que van desde la ambigüedad en la parte operativa las
resistencias connaturales a lo nuevo, hasta el desconocimiento y la apatía, no
permiten maximizar las conquistas encaminadas a un desarrollo humano como ideal
de progreso. Ya están los
cimientos. Sólo falta que la
conjugación de muchas voluntades posibiliten
el avance en la construcción de estructuras sociales más sólidas y humanas.
La educación en el saber y en el hacer, es una buena
perspectiva. “la
democracia participativa y la economía de mercado son ingredientes esenciales
en una sociedad abierta” George Soros. Con
la Constitución Política de 1.991,[12]
en Colombia se abre un nuevo proceso de participación ciudadana y, más
concretamente un nuevo marco democrático fundamentado en el reconocimiento
legal de los derechos fundamentales para todos los colombianos. En tal sentido
la carta constitucional es considerada como una de las más avanzadas del mundo. La
constitución incorpora como derechos fundamentales los consagrados en el título
II y CapÍtulo I, que reconoce para todos los colombianos unos derechos
primarios como son: la vida, la integridad física, la salud y la seguridad
social, el reconocimiento jurídico, la educación, libertad de culto, de
conciencia, de expresión, el trabajo y la participación entre otros. La
carta abrió los espacios y facilitó una apertura democrática, superando el
estrecho marco de la democracia representativa; apertura que tuvo como
fundamento el reconocimiento de nuevas libertades e igualdad que refleja la
nueva concepción pluralista con que se pretende confeccionar
el pensamiento político de la nueva nacionalidad. La
Constitución abrió nuevos espacios de participación ciudadana, rompió el
estrecho marco de llamada democracia representativa, avanzó al definir el
Estado como una Democracia Participativa; pero no ha podido superar el
formalismo retórico. En tal sentido, la convivencia pacífica, la tolerancia
ideológica, el respeto mutuo, el pleno reconocimiento de las libertades, la
igualdad jurídica sigue siendo un ideal, a pesar de estar consagrados en la
norma. Lo que hace pensar en la necesidad de un nuevo pacto social que incorpore
nuevos elementos a la carta fundamental. Hoy
se afirma, después de diez años, que la Constitución de 1.991 no es una obra
perfecta, pero sin duda ella ha significado un avance formidable en la
modernización del Estado. Porque de poco sirven las reformas legales si no hay
profundos cambios en la conducta de
nuestras comunidades. Ella es una Constitución eminentemente social que busca
eliminar los privilegios, las injusticias, y los atropellos, por tal motivo, fue
elaborada bajo los preceptos del respeto de la dignidad humana y en
la convivencia pacífica. Para
el profesor Alcibíades Paredes 2
La posibilidad de convocar una Constituyente como resultado de eventuales
negociaciones de paz -en referencia al actual conflicto armado que se libra en
Colombia es un hecho porque a pocos años de vigencia del estatuto de 1.991, ha
demostrado que, lejos de ser un medio efectivo para canalizar y profundizar una
verdadera democracia avanzada, ha sido instrumento legitimador del autoritarismo
presidencial, de la hegemonía bipartidista, de la corrupción oficial
generalizada, de la discriminalización de la protesta social. Si
nos guiamos por las agudas críticas que se escuchan en torno a la carta de
1.991, lo más sensato es -antes
de realizar dicha convocatoria- ponernos
de acuerdo sobre lo que queremos para el país, sobre la filosofía que debe
guiar nuestras actuaciones e implementar una Constitución con
nuevas reglas, más claras que posibiliten el desmonte de la hegemonía
bipartidista, elimine el presidencialismo, se creen nuevos órganos de control,
facilite la participación de las minorías, establezca una lucha frontal contra
la corrupción, reduzca los miembros del congreso y que el estado sea declarado
como Estado Democrático Pluralista e Incluyente. Entre
los muchos cambios que introdujo la Constitución de 1.991 se cuentan los
mecanismos de participación como la
tutela, en la defensa de los derechos fundamentales, se facilitó la doble
nacionalidad, la vida de los colombianos en el exterior; la participación
comunitaria; endurecimiento de las inhabilidades de los congresistas; la elección
popular alcaldes y gobernadores, la introducción del sistema acusatorio y la
Fiscalía. A
pesar de tan notables realizaciones, la actual Constitución de 1.991 es una
revolución inconclusa. A pesar de que bajo su vigencia se han realizado las
grandes transformaciones, antes mencionadas, también se ha fortalecido la
violencia, la corrupción política, la impunidad. En tal sentido, es urgente
crear una nueva cultura ciudadana que defienda la público y los intereses
generales de la comunidad nacional. Hay
preocupación por lo ineficaz del aparato judicial, no hay confianza en los
tribunales, el país registra los más altos índices de homicidios, secuestros,
el narcotráfico se ha fortalecido, la insurgencia es más activa, al tiempo que
el paramilitarismo se ha consolidado como principal agente de violencia en el país.
Es en este panorama, que se hace necesario pensar si lo que quiere en el país
es una mera reforma o una nueva carta constitucional. La
actual crisis estructural, confirma los vacíos presentes en la carta; el
conflicto armado que lacera nuestra sociedad nos lleva a reflexionar sobre la
urgencia de construir una nueva sociedad3
cuyas bases deben estar fundadas a partir del trabajo de “desarrollar una
cultura productiva y política con la abolición de prácticas y lógicas de
comportamiento arraigadas, como la rentística y la ilegal, enmarcada dentro de
un verdadero ordenamiento democrático e incluyente socialmente, en el contexto
de la globalización comprendidas las esferas económica, política, social y
cultural”. Garay, 1999. Una
nueva Constitución debe garantizar
que los ciudadanos en el país tengan derecho a las mismas opciones con el fin
de contar con una sociedad verdaderamente avanzada y democrática; incluyente y
participativa. En tal sentido cada uno de los colombianos debe ser un defensor
del interés colectivo y un constructor de lo público, porque de la legitimidad
del Estado depende la superación de los vacíos normativos expresados en la
actual constitución. Resulta
paradójico, que la Constitución de 1991 a pesar de haber sido presentada como
un nuevo proyecto político, en esencia, conserva la vieja estructura de la
Constitución de 1886: tres poderes, república unitaria, sistema de gobierno
presidencialista, congreso bicameral, régimen político liberal, régimen económico
propiedad privada, derechos individuales y libertades públicas. El mayor obstáculo
que tiene la carta de 1991 es la
reglamentación económica neoliberal a la que ha sido sometida desde su
implementación por el Presidente César Gaviria. El
país, en el marco jurídico de la Constitución de 1886 sortea con relativo éxito
y progreso la época comprendida entre los años de 1930 y 1970 con la ayuda de
la concepción keynesiana; la teoría de la demanda, movida por la necesidad de
ampliar el consumo social y encontrar incentivos para el fortalecimiento de la
inversión y la búsqueda de la utopía del “pleno empleo” lo que ayudo en
la construcción de una teoría política que se fundamentaba en la intervención
progresiva del Estado y que se expresó en la ampliación del gasto público. El
keynesianismo colombiano creyó encontrar la piedra filosofal que le permitiría
resolver la vieja discusión entre los peligros del liberalismo clásico y la
concepción marxista, en aquel entonces, cada vez más creciente en los
ambientes académicos e intelectuales; de todos modos las recetas del
keynesianismo entraron en crisis en los años setenta, cuando la inflación
aniquiló todas las posibilidades de financiación del gasto público por parte
del Estado. En
estas nuevas condiciones tanto neoconservadores como neoliberales entraron en
franca alianza – los primeros defendiendo la iniciativa privada y los segundos
el mercado- se dieron a la tarea de desmontar el esquema keynesiano y su
inevitable consecuencia: la liquidación del Estado interventor y con ello
eliminar las políticas de planificación e inversión social en salud y educación. Paradójicamente
es a partir de la existencia de la Constitución la de 1991 y que es
profundamente social cuando se da inicio a las privatizaciones a gran escala y
con ello se amplían los niveles de pobreza y desempleo. Ante este panorama los
colombianos han empezado a dudar de las bondades del Estado Social de Derecho. “Colombia es un Estado
social de derecho, organizado en forma de República unitaria, con autonomía de
sus entidades territoriales, democrática, participativa y pluralista, fundada
en el respeto de la dignidad humana, en el trabajo y la solidaridad de las
personas que integran la prevalencía del interés general”.4
Antes
de este panorama a los colombianos se nos ha presentado el concepto de “Estado
Social de Derecho” como sinónimo de país de leyes, en el cual existe división
de poderes que son garantes para la existencia del “imperio de la ley”. En
tal sentido el Artículo 2º; reza: “Son
fines esenciales del Estado: servir a la comunidad, promover la prosperidad
general y garantizar la efectividad de los principios, derechos y deberes
consagrados en la constitución...” Pero,
el Estado Social de Derecho consagrado en la carta de 1991 ha terminado
tristemente identificado con el Estado Liberal y que sólo reconoce libertades
ciudadanas, respeto por la vida privada, la sacrosanta propiedad privada y todo
el lastre positivo que se fundamenta en la explotación por parte de una clase
social dueña de los medios producción al resto de la población, y en esencia
es la negación de la democracia. Con
respecto a este problema resulta esencial pensar en la modificación de la
actual carta. Se debe partir
cambiando la concepción de Estado. Porque el Estado Social de Derecho es un
constructo teórico formal, que en la realidad no responde a la defensa del
patrimonio social de la ciudadanía ni
es garante de lo que se propone en la misma carta. Ella, a pesar de ser una
constitución eminentemente social no ha logrado en diez años eliminar los
privilegios, las injusticias, los atropellos. Los preceptos de respeto de la
dignidad humana y convivencia son sólo formalismo jurídico. La
Constitución de 1991 consagra a Colombia como un Estado Social de Derecho a
diferencia de la Constitución de 1886 en la que se concibe el Estado como
Estado de Derecho. Sin duda se introdujo el concepto de Social porque no bastaba
la visión de Estado Positivo de los derechos humanos sino la garantía de los
mismos. Pero este giro jurídico no resolvió
el problema. El actual
modelo económico imperante en Colombia -Neoliberal-
está en absoluta contravía de las necesidades de progreso social -en materia
de derechos humanos- de los sectores populares y se ha convertido en una
poderosa tenaza que amplia los niveles de marginalidad, de pobreza, inequidad,
injusticia e intolerancia; factores que determinan la violación de los derechos
humanos a gran escala. Terminada
una década de vigencia de la constitución de 1991, es urgente reflexionar en
torno a los aspectos que no se concluyeron y que origina inconformidad con la
carta, y pensar como lo están haciendo un número cada vez mayor de
colombianos: modificar la actual carta sobre la base de fundar un nuevo estado
que permita la reconstrucción de lo público, lo ético. Y en todos los casos
este debe ser esencialmente democrático pluralista e incluyente. “Lo
público debe ser inseparable de una democracia incluyente y participativa”
como lo señala el economista e investigador, Luis Jorge Garay. Defender lo público
es condición fundamental para garantizar en forma real no sólo la democracia
sino también los derechos humanos y el tejido ético. Derechos humanos son
todos aquellos atributos y facultades que permiten a una persona a la comunidad
reclamar lo que necesita para vivir dignamente y cumplir los fines propios de la
vida en comunidad5.
Vivir dignamente implica tener acceso a los bienes materiales, culturales y
sociales para el disfrute pleno de la misma. A pesar de estar consagrado en la
constitución la defensa de los derechos humanos Colombia junto con China,
Indonesia, Turquía y Argelia son considerados los países más violadores de
los derechos en el mundo. Giddens,
se pregunta: ¿Qué es la democracia? Y responde: “la democracia es un sistema
que implica competencia efectiva entre partidos políticos que buscan puestos de
poder. En una democracia hay elecciones regulares y limpias, en la que toman
parte todos los miembros de la población. Estos derechos de participación
democrática van acompañados de libertades civiles: libertad de expresión y
discusión, junto con la libertad de formar y afiliarse a grupos o asociaciones
políticas”.6 Así
como sin participación no hay democracia, tampoco ella puede existir sin
oposición, de la misma manera como sin democracia no funcionan los partidos.
Por lo tanto la base de cualquier proyecto político constitucional fundamentado
en la democracia debe empezar por reconocer el pluralismo y ofrecer garantías
para la participación. La existencia de múltiples partidos que se disputan la
dirección del gobierno configura la esencia de la participación; contrario a
lo que existe en la actualidad. El gobierno no tiene oposición
sino subversión por parte de grupos alzados en armas, por la
imposibilidad de participar políticamente con programas distintos a los
expresados por los partidos llamados tradicionales. La
Constitución política de Colombia consagra la participación democrática de
los partidos y movimientos políticos. Establece los mecanismos de participación:
el voto, el plebiscito, el referendo, la consulta popular, el cabildo abierto,
la iniciativa legislativa y la revocatoria del mandato. Contempla un estatuto de
oposición para los movimientos y partidos que no participen del gobierno puedan
ejercer libremente la función crítica y presentar alternativas políticas.
Pero el país conoce la suerte de muchos movimientos políticos que han sido
sistemáticamente eliminados y sus miembros desaparecidos por representar
intereses contrarios a los consagrados por las fuerzas que tradicionalmente dirigen el gobierno de turno. Hace falta por lo tanto
avanzar, profundizar la democracia es decir realizar lo que Anthony Giddens
llama “democratizar la democracia” y para esto es preciso modificar o
transformar en forma profunda la actual carta política. Todos
los demócratas sabemos de la incapacidad del actual Estado para ofrecer canales
democráticos en la solución de graves problemas nacionales, lo que se
evidencia en las protestas generalizadas y permanentes paros cívicos,
movilización de la insurgencia, el narcotráfico y los grupos de autodefensa
los cuales pretenden suplir la ausencia del estado. Fue por eso que, en el año
de 1990 se desarrolla y se consolida en Colombia un amplio movimiento de opinión
en él coinciden diversos sectores políticos, económicos, étnicos y sociales
en la necesidad de transformar las estructuras políticas y administrativas
existentes. Se convoca a la elección de una asamblea nacional constituyente que
estuvo integrada por representantes de los partidos políticos tradicionales,
los movimientos guerrilleros desmovilizados, los indígenas, los trabajadores,
campesinos y grupos religiosos Son
los constituyentes los que van a confeccionar la carta del 91. la que hemos
calificado de revolucionaria pero inconclusa, diez años después, por diversos
factores, antes mencionados, y los que a continuación anunciamos para ampliar
nuestra argumentación respecto a la necesidad imperiosa de renovarla o
cambiarla. Mediante
el artículo 7 se reconoce a Colombia como un estado diverso en lo Cultural y en
lo Étnico y se le asigna al estado la responsabilidad de proteger esa
diversidad. El Artículo 13 establece: “Todas las personas
nacen libre e iguales ante la ley, recibirán la misma protección y trato de
las autoridades y gozará de los mismos derechos, libertades y oportunidades sin
ninguna discriminación por razones de sexo, raza, origen nacional o familiar,
lengua, religión, opinión o filosófica”. Lo
anterior significa, que no puede haber en Colombia exclusiones, restricciones o
preferencias de motivación política, religiosa o racista y, las autoridades
tienen la obligación de impedir que el principio Constitucional de igualdad sea
vulnerado o amenazado por conductas inspiradas en la exclusión. Pero en el país
siguen existiendo instituciones públicas y privadas que no garantizan ni
permiten la participación de minorías políticas, sociales y étnicas. Se
requiere no sólo del enunciado formal jurídico sino también de la
correspondiente reglamentación. En tal sentido las comunidades negras, indígenas
y las minorías políticas siguen reclamando entre otros sus derechos. Hoy
en el país son muchos los juristas, e intelectuales de todas las disciplinas
los que discuten sobre el modelo de Estado que debe imperar en Colombia. Al
respeto dice un editorial del tiempo:7
“No
se trata de defender el capitalismo salvaje ni el socialismo a ultranza, al fin
y al cabo en el mundo entero se está imponiendo la democracia como modelo político
y la economía de mercado como base del modelo económico... se habla entonces
de un modelo económico “a la
criolla”, lo cual es perfectamente lógico si con ello se pretende diseñar un
esquema apropiado a nuestras necesidades y posibilidades”.
La
reflexión sobre un nuevo modelo económico, democrático y alternativo8
debe partir del análisis de que el libre mercado base del neoliberalismo
conduce al capitalismo salvaje al crear políticas económicas que sólo
favorecen al gran capital y la iniciativa privada en detrimento de las políticas
sociales, al limitar la intervención estatal. Así como la propiedad privada
sin restricciones base del capitalismo individualista, conduce a una lucha
desigual en la que la libertad y la riqueza en manos de unos pocos coarta y
limita las posibilidades de progreso de las mayorías asalariados. La
actual carta emprendió una revolución que se quedó inconclusa. Porque,
Revolución es un cambio fundamental que se presenta en cualquier actividad
humana, ya sea dentro de lo económico, lo social, lo político. El propósito
de una revolución es cambiar de forma radical las estructuras económicas, el
sistema de gobierno y las instituciones de gobierno. Hemos argumentado en este
ensayo que la Constitución de 1991 es una revolución inconclusa de tal manera
que la sociedad sigue esperando cambios fundamentales que deben expresarse en
una nueva carta fundamental con nuevas instituciones que interpreten una
nueva forma de gobierno centrado en mayor nivel de democracia, más
participación y sobre todo plural e incluyente. Una
revolución profunda que genere una reforma del estado9
y cuya única forma de gobierno sea una democracia avanzada participativa e
incluyente y para el logro de tal propósito es preciso: reformar la justicia,
el sistema judicial, los órganos de control, creación de instrumentos eficaces
para combatir la corrupción, el narcotráfico, reforma política que legitime
el pluralismo, reforma de los movimientos políticos y movimientos, reformas al
sistema electoral, dar garantías plenas a la oposición
y las minorías, ampliar los mecanismos de participación, reformar el
congreso, modernizar el aparto administrativo, descentralizar y generar poder
local, crear nuevas políticas de servicios públicos, eliminar el
presidencialismo y sobre todo lograr la convivencia pacífica en todo el
territorio nacional a través de firmar acuerdos serios con los actuales grupos
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y la cuestion del otro. 2000. [4]
Constitución Política de Colombia 1991. Articulo 103 del Titulo IV Cap. I. Las formas de participación Democratica. [5]
Ley 107 de enero 7 de 1994 del Congreso de la República por la cual se
reglamenta el articulo 41 de la Constitución nacional y se dictan otras
disposiciones. [6]
Magendzo K, Abraham. Currículum,
Educación para la Democracia en la Modernidad.
Instituto para el Desarrollo de la Democracia “Luis Carlos Galán”.
Santa fe de Bogotá 1998. [7]
Ley 115 de 1994 o Ley General de la Educación, señala en el articulo 73 y
su único parágrafo, los lineamientos para la elaboración del Proyecto
Educativo Institucional en cada centro educativo. [8]
Se refiere a la Asamblea nacional Constituyente de 1991, organismo en el
cual se aprueba la nueva Constitución y se discuten, la ley General de la
Educación. Estuvo conformada
por 70 delegatarios, más 4 con derecho a voz. [9]
El articulo 6º de la Ley General de la Educación la define, señala sus
componentes y establece sus funciones al amparo del articulo 8 de la
Constitución Política. [10]
El Plan de Estudios es un componente importante del Proyecto Educativo
Institucional. Su concepción y
estructura están contemplados en el articulo 79 de la Ley General de la
Educación. [11]
Una de esas limitaciones aparece en el articulo 23 sobre las llamadas áreas
obligatorias y fundamentales del Plan de estudios.
Si éste, el margen de decisión sobre las áreas (optativas) específicas
de estudio es sólo del 20%. [12]
Presidencia de la República. Constitución Política de Colombia, 1.991 2
Paredes, C. Alcibíades. Paz y Democracia. AC Editores, 2.001 3
Garay, Luis. Jorge. Construcción de una nueva
sociedad. Editorial Cambio, 1999 4
Constitución Política de Colombia, Artículo 1º
de los principios fundamentales. 5
Defensoría del pueblo. Nuevas cuestiones básicas sobre derechos humanos. Plegable,
1995. 6
Giddens Anthony. Un mundo desbocado. Ediciones
Taurus, 2000. 7
El Tiempo, 2 de febrero 2.001. 8
Fajardo Nelson. Revista Sociedad. Pág 201. 9
Sanín Javier. Revista Sociedad. Número 4, 2001, pág 189.
Por:
Álvaro Mina Paz Publicación enviada por Álvaro Mina Paz Contactar mailto:almipaz@usc.edu.co Código ISPN de la Publicación EplkFplAkyTlRmiiSN Publicado Sunday 18 de April de 2004 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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