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Monografias | La realidad invertida o algunas reflexiones epistemicas en torno al terrorismo de Uribe VelezLa realidad invertida o algunas reflexiones epistemicas en torno al terrorismo de Uribe VelezResumen: Se torna urgente recuperar la visión histórica del conflicto armado.El discurso belicista de Uribe: un Revolcón linguístico-semántico-simbólico. Hacia una definición descriptiva neoclásica de Terrorismo. Atravesados por Falacias y Desviaciones, los farianos, sin embargo, son algo y mucho más que una Colección de “Nogales”.La Estrategia de Seguridad democrática: antiterrorista en el discurso y antisubversiva en la práctica; la fascinación de Uribe por lo simbólico. Inpectore el Presidente sabe ya muchas cosas objetivas sobre esta guerra. Uribe también sabe el secreto más íntimo sobre la precariedad del proceso con las Auc: El rezago gubernamental en el proceso de Desterritorialización y de efectivo Debilitamiento militar de las Guerrillas. Palenque
les hace llegar este ensayo relacionado con la actual realidad Colombiana,
ensayo o aproximaciòn el cual valoramos y
que en su contenido concepciòn y apreciaci|òn representa una de las
tantas apreciaciones de lo que pasa en el pais,
siendo a los lectores quienes corresponde compartir, controvertir o
discrepar del enfoque que se le haya dado. ATISBOS
ANALITICOS No 40 Fundación
Estado *Comunidad*
País. Cali,
marzo de 2004,
ECOPAIS, Una
necesaria y antiterrorista introducción LA
REALIDAD INVERTIDA O ALGUNAS REFLEXIONES EPISTÉMICAS EN TORNO AL
TERRORISMO DE URIBE VÉLEZ. humberto
vélez ramírez Estudios
Políticos Instituto
de Educación y Pedagogía Universidad
del Valle. Según
la epistemología popular, con mucha frecuencia en los eventos humanos
“ni son todos los que están ni están todos los que son”; en el
mundo actual, por ejemplo, en materia de identificar como terroristas a personas
y grupos, ni lo son todos a los que
se les cuelga la babosa pero ‘marcante’ denominación y sí lo son, o, por
lo menos, parecen caber en el molde, algunos personajes y Estados muy
importantes, que en la coyuntura llevan la iniciativa en el uso intensivo y
manipulador, ideológico y virtual, de la adjetivación. Haya
el que haya sido el autor del siniestro y macabro evento acaecido
en España en otro fatídico 11, ahora de marzo, - Eta, Alkaeda, una
alianza global terrorista o, de
modo indirecto, la extrema derecha española a la que en las calles de Madrid le
agitaron la consigna “vosotros los fascistas sois los terroristas”-,
constituyó aquel un
acto definitoria y definitivamente terrorista. Somos
ya muchos los analistas colombianos que, como ciudadanos autónomos y
democráticos, in nuce, y casi por odio visceral, repugnamos toda forma
de terrorismo a la par que cuestionamos la lucha armada como metodología de
acción y oposición políticas; pero, estas dos
posturas, claras y explícitas,
no obstan para que repugnemos también el uso
intensivo del término
“terrorista”,
en la actualidad asociado a la representación social de que toda
manera de oposición violenta
a un gobierno dado, por sí misma le da forma al terrorismo como realidad política.
En este caso, no se trata de una defensa a ultranza de las violencias- éstas,
en lo ético, por lo general son ilícitas
y en lo político, por lo menos, son no deseables- pero para cada
circunstancia concreta se deberá examinar, si no con objetividad por lo menos sí
con la suficiente descarga ideológica
y valorativa, la naturaleza de la base histórica y sociológica de conflictos
acumulados que las han desencadenado. 1.
Se torna urgente recuperar la visión histórica del conflicto armado Numerosas
son las razones que apuntan a significar que ahora, como nunca, importa rescatar
la mirada histórica sobre el conflicto armado colombiano; su historización
constituye una urgencia
intelectual, política y ética, pues el puntualismo en la reflexión, así
como el coyunturalismo en los análisis,
al reforzar el imaginario de que las guerrillas nacieron ayer con
“Pastrana”, inhiben la visualización de las continuidades y los cambios
históricos, es decir, de eso que, al mantenerse o modificarse en y desde el
pasado, los investigadores llamamos regularidades
sociales,
a la par que facilitan el ocultamiento y la ideologización de
ciertos niveles de realidad
y, sobre todo, de una realidad tan incierta y compleja como ha sido la asociada
a la guerra interna colombiana. ¿Cuándo, por ejemplo, como ciudadanos medios
nos preguntamos por qué, en menos de 25 años,
unos”mismos”
gobiernos de un “mismo”
Estado, que en lo sustantivo no se ha modificado, han usado
denominaciones en lo semántico tan distintas para referirse a una misma
realidad objetiva llamada guerrillas? Estas, aunque por cierto han sufrido
cambios importantes, continúan, sin embargo, manteniendo unas motivaciones políticas
centrales. “Bandoleros”
los llamó
Turbay Ayala a una distancia temporal de apenas cuatro años de que
Belisario Betancurt los diagnosticara como “agentes políticos”
que, armas en mano, respondían a un
establecimiento en el que las exclusiones políticas y sociales presentaban
determinaciones objetivas;
y cuando los dos gobiernos subsiguientes socialmente ya habían
acomodado en las mentes ciudadanas
la marca de “narcoterroristas”,
llegó Pastrana a exorcizarlos de toda culpa al denominarlos realista
y respetablemente como “actores
políticos”.
Finalmente, entre el 22 de febrero del 2002, cuando se clausuró el
frustrado experimento del Caguán,
y el día siguiente, cuando Uribe
empezó la escalada electoral-simbólica, pasaron de la condición de “protagónicos
actores de la vida nacional” a la de “delincuentes
terroristas,”
responsables universales de todas
los males y desgracias y perversidades y maldiciones
nacionales. Por
otra parte, si las guerrillas no nacieron ayer
con el “Caguán”, tampoco las propuestas de una posible y dificultosa
negociación han sido un asunto de la hora nona. Es esta la imagen que el
gobierno ha intentado proyectar: que la negociación es una propuesta
desvirolada, inviable y malintencionada que, para torpedear la salvadora
Estrategia de Seguridad democrática, ha sido levantada por un
recalcitrante grupúsculo de opositores,
a quienes los uribistas, como nuevos contralores colectivos de oficio,
insinúan como proterroristas, velando así el propósito real de esta oposición
que no es otro que el de ponerle también punto final a la guerra, pero por los
senderos de la negociación. Pero, por desgracia los colombianos medios hemos
olvidado que en los últimos quince años al actual establecimiento ya han
ingresado, bajo forma de una sana inserción social, cuatro o cinco
organizaciones guerrilleras. Para iluminar caminos futuros, está haciendo falta
un balance sólido crítico de esos procesos y sus resultados: ¿Ingresaron
de modo gratuito a la vieja institucionalidad limitándose a reproducirla y
salvarla? ¿Lograron crear una institucionalidad,
siquiera, menos antidemocrática?
¿Han sido capaces de desatar, desde la institucionalidad, procesos democráticos
de transformación institucional? ¿Acaso lo que ahora se insinúa y medio
esboza como nueva izquierda es una resultante dialéctica del conjunto de esos
conflictivos y contradictorios procesos de
adiós a las armas? Finalmente,
qué alivio, ese rescate de la visión histórica nos colocaría a los analistas
en otro nivel de realidad y de complejidad, ahora cuando, al abordar los análisis
de coyuntura, apenas si alcanzamos
a identificar sus notas y factores más definitorios, sobreocupados como nos
encontramos por aislar, o hacer a un lado, todas esa carga de grises simplismos,
así como de caricaturas de reflexión, todas ellas muy eficaces, que sobre
nuestros cerebros medios descargan a toda hora, los mass media y el gobierno y
los actores directos del conflicto y el establecimiento y la globalización
busheana. Qué
relajante, entonces, recuperar la
visión de mediano plazo para entre soñar y prever( en el primer caso con los
pies muy puestos sobre la tierra y en el segundo dentro de la hipótesis
coeteris paribus) que a Uribe no le va al alcanzar ni la voluntad política - la
cultura transaccional dominante en el país cada día se la inhibe más-, ni los
recursos estatales - este Estado, puesto a reguerrear, en el mediano plazo es
fiscalmente inviable-, ni los
apremios y angustias sociales -en materia de
pauperización y de “indigentización”, la gente ya no da más-, ni
los apoyos internacionales - lo de la reelección de Bush es cada vez más
precario-, para enterrar a las guerrillas a
varios kilómetros bajo un cementerio nacional, tal como lo anhela
una de las tres fracciones uribistas, la más radical entre ellas.
Entonces, al hacer presencia la historia, podremos recuperar la hipótesis según
la cual ya sea que a Uribe le
alcancen o no le alcancen los tiempos, los recursos y los apoyos para debilitar
militarmente a las Farc,
tarde o temprano se va a llegar a un acuerdo político;
atrapados en y por la inmediatez de la coyuntura y de las
circunstancias, con mucha frecuencia
se nos desdibuja este horizonte estratégico, al que sólo el análisis histórico
logra mantener iluminado. A
esa conclusión, de manera reiterada, ha llegado Alfredo Rangel(1) quien, aunque
muy conservadoramente inscrito dentro de las lógicas de fortalecimiento militar
de lo que tenemos de Estado,
es un politólogo lúcido y acertado cuando examina la dimensión política de
la evolución de la guerra, vale decir, cuando analiza la evolución de lo
militar en términos de correlaciones de fuerza. 2.
El discurso belicista de Uribe: un revolcón lingüístico-semántico-simbólico. Pero,
no obstante ese nuevo horizonte de análisis, en el momento actual
no es
fácil reflexionar sobre la
evolución de esta guerra y, mucho menos, establecer un
diálogo crítico racional con el gobierno sobre la base de una información,
por lo menos, confiable. De muchos modos, y por medio de numerosas trampas técnicas
anticientíficas, la producción de estadísticas oficiales está siendo
manipulada. Aferrados al imaginario de que a su Enfoque
de manejo del país, la Estrategia de seguridad democrática, subyace la
“verdad política”,
una
verdad apenas en los últimos años
descubierta por ellos, los uribistas
a nadie le creen; son muchos los que les han dicho, así lo han hecho
algunos de sus más cercanos admiradores y patrocinadores, el Departamento de
Estado, por ejemplo, que manejen con cuidado el impacto que sobre el estatuto de
los derechos humanos puedan alcanzar iniciativas como las de la Alternatividad
Penal y el Estatuto antiterrorista, y se han irritado con los subordinados de
Bush. Con mayor vigor y mayores
alcances políticos se lo dijeron a Uribe en su periplo por Europa a la par que
se lo han señalado el Congreso
y la Fiscalía de Estados Unidos y lo han reiterado por estos días las
Naciones Unidas. A todos les han dado más o menos la misma respuesta: que no
alcanzan a comprender la naturaleza del conflicto colombiano o que las cifras
por ellos manejadas, no coinciden con las estadísticas del gobierno. Pero,
desde otras lógicas teóricas- para qué decírselo al gobierno, que menos le
va a creer al pensamiento criollo, es mejor que cada quien lo piense in pectore-
se transparenta cómo ha sido el
propio Uribe el que, al
universalizar el conflicto como un simple problema de delincuencia muy repleto
de terrorismo, se ha colocado en condiciones intelectuales poco propicias para
la comprensión de su naturaleza efectiva.
Al ser ello así, el gobierno fabricó y exportó una visión del
conflicto tan abstracta y
elemental y empobrecida, la misma que maneja en los Consejos
comunitarios, que ni los europeos políticamente
más estrechos, estilo Berlusconi, le
creyeron. Entre
sus notas distintivas más destacadas, el discurso de Alvaro Uribe Vélez, como
presidente, se ha destacado por “patasarribiar” la gramática de los viejos
y nuevos análisis sociológicos del conflicto armado colombiano, por revolcar
semánticamente las más clásicas categorías políticas,
jurídicas y antropológicas de análisis
del DIH, así como por rectificar acrítica y superficialmente a los
grandes teóricos clásicos y neoclásicos del terrorismo; en todas estas
dimensiones, de muchos modos interrelacionadas, ha ensayado o, más bien, ha
copiado un nuevo lenguaje estatal caracterizado por la
abstracción, la generalidad, la vaguedad, la selectividad, la reiteración,
el simplismo y la virulencia. Al
FBI en su edición busheana, por ejemplo, le copió el concepto según el cual
“el terrorismo es el uso ilegal de la fuerza o la violencia contra las
personas para intimidar o
coaccionar al gobierno, a la población civil o a cualquier segmento de
aquellas, dirigida hacia objetivos sociales y políticos”. (1) Pero, más allá
de las peleas callejeras o más estrictamente interpersonales, en la práctica
no hay forma de violencia que, de
modo directo indirecto, no busque coaccionar a “alguien” con algún propósito
personal, social o político. Es decir, a partir de un molde definitorio tan
baboso en la
definición del terrorismo, en la práctica no habría casi ninguna forma
de violencia que no pudiese encajar dentro de él. 3.
Hacia una Definición descriptiva neoclásica de terrorismo. Importa
resaltar ahora cómo a partir del primer
11, el de septiembre, el neoimperialismo impuso
una noción global de
terrorismo tan simple y elástica
como para, sin mayores dificultades conceptuales, poderla extender a cualquier
lugar del planeta tierra, y quizás del espacio cósmico por los
humanos territorializado, donde hubiese “alguien” que osase
apelar a la violencia para oponerse a los intereses estratégicos de su
“seguridad nacional”. Y como detrás de
las palabras y los discursos también se mueven relaciones de poder, en este
caso las de las transnacionales y las del Estado central hegemónico, sobre
todo, la palabreja “terrorismo” alcanzó la más elevada
centralidad en el nuevo discurso político de las ideologías de la
globalización capitalista. Fue así como a partir del desplome real y simbólico
de las torres gemelas, los socios, aliados y súbditos complacientes del
gobierno norteamericano, entre ellos los de Aznar y
Uribe, con fines de consumo interno se apropiaron también del término
con ese contenido preciso; a él, adicionó Aznar una posición dura y
cerrada contra el terrorismo real de ETA. En Colombia, por su parte, donde un
gobierno por primera vez en la historia se proponía la derrota militar de
una guerrilla en ascenso, el uso institucional ideológicamente
manipulado del término, cayó como anillo al dedo real y virtual de Uribe. En
el caso colombiano, enorme ha sido
la rentabilización política y electoral y publiscitaria del uso intensivo,
manipulador y simplista, de la palabreja “terrorismo”,
uso orientado, en primer lugar a descalificar
la oposición al gobierno al asimilar “antiuribismo” a alguna forma
de identidad, alianza o empatía
con “la delincuencia terrorista guerrillera” y, en segundo lugar, a aislar
mentalmente a la población de la
guerrilla. Pero,
y es ésta la hipótesis central de este Ensayo, ni la oposición, dentro de la
cual se destaca una tendencia de nueva izquierda, es proterrorista ni
definitivamente es terrorista la
realidad política colombiana a la que así se ha pretendido caracterizar. Pero,
que terrorismo no sea lo que la hegemónica academia, la global o la nacional,
de poder ordena, ello no significa que el terrorismo no exista como siniestra
realidad internacional político organizacional, así
como de
cósmica máquina de muerte.
Por encima de los terrorismos locales, los de ETA y el IRA, por
ejemplo, y cada vez más consolidado, en plena evolución se encuentra un terrorismo
de Vendetta, de inspiración islámica pero de proyección cósmica,
que, con acciones concretas, le está diciendo al mundo que ni olvida ni olvidará.
El nuevo eje del”bien”, del que han hecho parte Uribe y Aznar, bajo
el liderazgo de BUSH, sin imaginación alguna se
inventaron este enemigo de
manera similar a como, guardadas las proporciones, hace cuarenta años el
establecimiento colombiano, por no realizar una reforma social agraria democrática,
“creó su propio enemigo” llamado Farc. Entonces, para combatir ese
terrorismo “el eje del bien” ha respondido con guerras antiterroristas aún
más desastrosas, como si para derrotar a “unos pocos” la respuesta adecuada
pudiese ser una guerra y no, como en estos días, ha reiterado Habermas, una
afinada Estrategia de inteligencia acompañada de la
interculturalidad democrática internacional. Pero, nunca se avanzará
por esta vía, pues “el eje del bien” no busca terroristas si no petróleo,
aunque para ello tenga que aplastar a pueblos en cadena.
Es por esto, y para clarificar un poco el asunto aunque so pena de pasar
por obsoleto de cara al nuevo discurso de Uribe, por lo que reensayo la
construcción de una concepto de terrorismo más descriptivo que teórico y de
corte más neoclásico.(2) Como
terrorista puede ser pensado: 4.Atrevesados
por Falacias y Desviaciones los farianos son,
sin embargo, algo y mucho más que una
Colección de “Nogales”. Examinado
fuera de contexto- de la historia concreta de la organización que lo realizó y
de sus tácticas militares y de sus estrategias
político militares y de sus discursos y de sus maneras cotidianas de existir y
de actuar- una acción como la del Club el Nogal, por ejemplo, se ajusta a
casi todos los ocho términos
de la definición brindada de terrorismo, hechas dos importantes excepciones. En
primer lugar, las Farc no agotan su quehacer militar en acciones de ese tipo y,
en segundo lugar, no se encuentran desprendidas de nexos importantes con
sectores de la población. Puede
pensarse que los farianos son obsoletos y premodernos; quizás desde hace más
de una década, han estado más preocupados por controlar, decontrolar y
recontrolar territorios que por los aspectos programáticos de una revolución
social; se puede imaginar que bailotean en las fronteras entre una propuesta de
revolución estatal socialista y las acechanzas y
tentaciones del dinero del narcotráfico; es incuestionable que mantienen
una relación problemática con el estatuto de los derechos humanos de las
poblaciones donde operan, así como con el DIH; es válido que, en el caso del
experimento del Cagúan, se farrearon una excelente coyuntura de ocasión para
demostrarle a Colombia y al mundo que podían ser en el país una imaginativa y
eficaz alternativa de gobierno; es cierto que, al exacerbar su enfrentamiento
con el Estado, para ellas su enemigo estratégico, han sido las sociedades
civiles las que más han sufrido las consecuencias perversas
de su accionar armado, pero, no obstante tantas falencias y desviaciones,
las Farc
han sido y son algo más y mucho más
que una acumulación de Nogales en cadena. Por
otra parte, por las razones que sean- identidad, coerción aceptada a cambio de
contrabeneficios paraestatales, simpatías, alianzas, intimidaciones- históricamente
han construido nexos orgánicos con
importantes sectores poblacionales en aldeas, pueblos, ciudades intermedias y
hasta en medios culturalmente más citadinos. De no ser así,
inexplicable resultaría que los esfuerzos sistemáticos por aislarlas de la
población civil, constituyesen en la actualidad uno de los componentes
centrales de la Estrategia de Seguridad democrática de Uribe Vélez cuando, por
definición, toda organización terrorista, por sus estilos y métodos, tiende a
aislarse por sí sola. Entonces,
por fuera de contexto, acciones aisladas, periódicas y no cotidianas, como las
del Nogal, no pueden constituirse en el criterio central y objetivo en la
caracterización de la naturaleza de organizaciones, polémicas y polemizables
por cierto, como las Farc o el Eln
o las propias Auc. Por
analogía, sacadas también de contexto- de las tácticas y estrategias
antisubversivas del Estado- algunas acciones de éste, por sus estilos, dinámicas
y resultados, pueden asimilarse a terroristas. Es éste el caso de la Política
de identificaciones y capturas masivas del actual gobierno, que,
aunque cuenta con el apoyo activo de un millón ochocientos mil dudosos
informantes, está generando terror
y pánico en muchas regiones; precisamente en aquellas en donde, en contraste
con lo existente a escala nacional, en la cotidianidad
se están desarrollando genuinas guerras civiles locales. Y no es para
conmoverse por la adjetivación de esa masa crítica de informantes como
“dudosa”, pues en una sociedad de desempleados y de pobres y de indigentes,
de cada100 colombianos ésa es la condición de 65, la salarización de los
testimonios , única base probatoria de judicializaciones a priori, no puede
menos que desencadenar terror. Esto
no obstante, como la Estrategia de Seguridad democrática no se agota en esa
acción, errado sería caracterizar como
terrorista una política que, por cuestionable que sea, no es más que uno de
los componentes de ese horizonte estratégico belicista del Estado. Otra cosa es
señalar que, en Colombia y en Cafarnaún el
Estado que no se defienda, se está haciendo el haraquiri. Sin embargo,
si un gobierno es o, por lo menos,
presume de democrático, su defensa debe estar enmarcada en la Constitución y
en las leyes y en criterios
informales de Cultura democrática,
así como en los Convenios que ha firmado y que son protectores de los derechos
humanos y no como se
está defendiendo en Colombia, deconstruyendo democracia. En
esta sociedad mientras más avanza y
se exacerba la guerra, menos democracia se tiene. No es para
asustarse ahora, pues, desde años atrás se había
dicho que el desenlace final que tuviese esta guerra no era inofensivo,
inane e inocente frente al futuro de la sociedad, del de la democracia real,
sobre todo. Al respecto, al hablar de los posibles desenlaces de la guerra,
el autor escribió en 1998:”A su turno, del desenlace guerrerista no se
derivaría otra alternativa que la de un Estado
fuerte cercano a la dictadura y al ejercicio de la violencia estatal.
En
estas condiciones, la dirección del Estado quedaría en manos del actor
triunfador, ya se trate del militarismo de derecha o del militarismo de
izquierda; por otra parte, el actor perdedor quedaría física y políticamente
‘asesinado’ mientras que el resto de la sociedad se quedaría
sin mayores márgenes ni para el pensamiento ni para la acción autónomas.
En lo social, por otra parte, si el actor vencedor es el militarismo civil de
derecha, éste se retrotraería a la defensa radical del establecimiento social;
pero sí lo es el militarismo de izquierda, seguramente avanzaría a la gestación
de nuevas realidades sociales dentro
de un marco político autoritario”.(3) 5.
La Estrategia de Seguridad democrática: antiterrorista en el discurso y
antisunversiva en la práctica; la fascinación de Uribe por lo simbólico. Al
examinar de cerca la aplicación práctica de la Estrategia de Seguridad democrática,
una importante conclusión que se
allega es la de que, no obstante el
discurso antiterrorista de Uribe, aquella funciona como una estrategia
efectivamente antisubversiva, es
decir, que la Estrategia de guerra de Uribe es antiterrorista en el discurso
pero antisubversiva en la práctica. En esta línea,
el discurso antiterrorista del Presidente también está cumpliendo una
importante función de aislamiento de las guerrillas de la sociedad, ahora
en el plano de las ideas. Esta nueva contradicción no hace
más que reconfirmar la obsesión y fascinación de Uribe por el mundo de
lo simbólico. De
todos modos, este juego es altamente peligroso, pues si bien lo simbólico lo
eligió en la primera vuelta como presidente y le ha alimentado un altísimo
porcentaje de simpatías más que como jefe de Estado, como líder
antiguerrillas, lo simbólico también le produjo la frustración del
referendo, así como el fracaso de su último
recorrido por Europa. En el caso del referendo, por ejemplo, los asesores en
comunicación echaron por la borda un abecé que enseña que si bien
lo simbólico es muy eficaz en el forjamiento de determinadas realidades,
sin embargo, su uso intensivo abusivo se puede tornar contraproducente. El 80%
de simpatías le puede servir a Uribe para golpear a las guerrillas, pero
necesariamente no para buscar su reelección o para hacer lo que le venga en
gana o para represar
aún más las ya deprimidas condiciones sociales, laborales y pensionales
de existencia de los colombianos. A
Uribe le puede pasar algo muy grave: de que se imagine, como cuando con
el referendo se imaginó que obtendría diez millones de votos, que en la
realidad está ganando la guerra o
porque la gente así se lo representa o porque el propio gobierno se
autosugestiona de que no puede suceder de
otra manera, dada la eficacia
colectiva inherente a la publicitación cotidiana,
casi coercitiva, de resultados dudosos en lo militar. De
nuevo, por la vía de lo simbólico, el gobierno lo puede derrotar su propio
invento. Ya en un plano de verdad real, y al otro lado de las realidades
virtuales, el gobierno podría
obtener una indicación empírica robusta de que efectiva y definitivamente está
debilitando en lo militar a las guerrillas, el día en que cada uno de los
millares de entusiastas y reactivados
turistas pueda viajar por todo el país sin un soldado al lado. Sería
ésa una señal segura de que se ha iniciado un proceso sostenible
de debilitamiento militar de las guerrillas, a las que, hasta ahora, el gobierno
sólo ha sacado de muchos, no de
todos, cascos urbanos donde no había
presencia estatal policial, conmoviéndolas en las propias territorialidades bélicas
y obligándolas a correrse hacia el campo o hacia la montaña o hacia la selva o
hacia retaguardias todavía intactas, sin que haya habido hasta el momento
resultados militares más o menos contundentes y decisivos. 6.
In pectore el Presidente sabe ya muchas
cosas objetivas sobre esta Guerra. Al
acercarse a la mitad de su mandato el Presidente
ha aprendido ya muchas cosas. Con certeza sabe
que el país eligió a un convencido de la
“causa” o para derrotar
a las guerrillas o, por lo menos, para debilitarlas en lo militar hasta
obligarlas a negociar sin mayores exigencias
de reformas estructurales; también sabe que los resultados militares se
encuentran muy a la zaga de las expectativas iniciales; en cuarto lugar, en la
práctica ha aprendido que en Colombia una guerra de mediana duración no
es viable ni en términos de dineros fiscales ni en
los de las angustias
sociales de la población ni, finalmente, en términos de cultura política; por
otra parte, sabe que, en el nivel internacional, cada día se le estrecha más
el margen de acción para construirle y regularizarle apoyos a su
unidimensional y guerrerista Estrategia de seguridad democrática; en
sexto lugar, el recorrido hasta ahora hecho lo ha convencido de que los tiempos
para lograr aquello “para lo que lo eligieron”, son muy cortos y que, por lo
tanto, requiere o de una prórroga o de una reelección; y ha mandado el mensaje
al respecto porque también sabe, y aquí
la vanidad no tiene nada de malsana, que con la sola resolución del conflicto
armado, por la vía que fuese, su gobierno
sería
histórico. 7.
Uribe también sabe el secreto más íntimo sobre la precariedad del proceso con
las Auc: El rezago gubernamental en el proceso de desterritorialización y
debilitamiento militar de las Guerrillas. In
pectore todo esto lo sabe Uribe y
por ello, sin evidenciar dudas ni vacilaciones, por algún tiempo en público
persistirá en una línea dura, que, por lo demás, se encuentra ajustada a sus
convicciones. Pero, en mi concepto, van a ser los resultados de un proceso, ya
en marcha, los que van a empezar a reblandecer el encallecido pellejo de las
razones uribistas. El
punto de toque de la “enredadera estructural” en que se halla encallado el
proceso con las Auc, se origina en los rezagos gubernamentales en el proceso de
desterritorialización y de efectivo debilitamiento militar de las guerrillas en
general, Farc y Eln incluido Por razones históricas, lógico-conceptuales y fácticas,
no es descabellada la hipótesis que afirme que los avances en el proceso de
reblandecimiento militar de las guerrillas es directamente proporcional a
los avances en el proceso de diálogos con Carlos Castaño, y los líderes
aucianos ;como
decir, que la formalización e institucionalización de las fuerzas
paramilitares son asuntos que, en el caso específico de este gobierno,
dependen, ante todo y sobre todo, de los resultados concretos de la Estrategia
de Seguridad democrática.
Para
apuntalar esta hipótesis basta traer a colación dos asuntos centrales: de un
lado, que fueron las propias Auc las que, desde un principio, señalaron que la
razón de su existencia no era otra que la existencia de unas guerrillas
militarmente poderosas frente a un Estado casi colapsado; y del otro, que fueron
las paramilitares y no
los soldados del Ejército,
los que iniciaron el proceso de desterritorialización de las guerrillas. Bastaría,
por ahora, recordar los casos de Puerto Boyacá y del Urabá antioqueño.
Entonces, hayan los que hayan sido los resultados históricos de esos procesos
de desterritorialización y de contraterritorialización, las Auc, al observar
el repunte institucional militar del Estado, han tomado la decisión
genérica de la desmovilizacíón. Pero,
puede decirse que no irán más allá de los límites de los resultados
militares alcanzados por el gobierno. Aún más, no obstante que la recuperación
de la soberanía territorial interna es uno de los objetivos centrales del
gobierno, la confrontación territorial Farc-Auc no sólo no ha terminado si no
que, más bien, en los dos últimos años se ha exacerbado. Sin poner en cuestión
la intención gubernamental de legítima
institucionalización militar de la soberanía
interna en todo el país, el cuadro clínico de saneamiento territorial
no es halagueño: pueblos antioqueños de donde salieron las Farc y la policía
se emborracha hasta altas horas de la noche en abrazo fraternal con los
paramilitares; ciudades intermedias del Magdalena Medio donde los
contrabeneficios paraestatales ya no las hacen los farianos, si no los paracos;
municipios del Sur de Bolívar
donde la población se subleva porque a una cuadra de la Alcaldía y del Cuartel
de Policía, de una lista de 32 comerciantes asesinan al primero por negarse a
tributar a las Auc. Como
podemos observar, aún en el gobierno de Uribe, la lucha del Estado contra la
insurgencia guerrillera, más que una lucha antiterrorista es una genuina lucha
antisubversiva. 1.
Rangel Suárez, Alfredo, Entrevista de Natalia Villegas, en,CIDAN, marzo 11 de
2004. 2.
Este concepto lo obtuve, reelaborando un viejo artículo
llamado”Violencia terrorista, Violencia subversiva”. 3.
Vélez Ramírez, Humberto, “El Conflicto político armado en Colombia”
Negociación o Guerra, Editorial Universidad del Valle, Cali,1998, pgs.192-193. Publicación enviada por PALENQUE Contactar mailto:palenque@ifrance.com Código ISPN de la Publicación EplkVAyuyZkLPjTnfF Publicado Wednesday 21 de April de 2004 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
ilustrados.com nace con el fin difundir el conocimiento publicando trabajos de investigación, monografias, tesis, presentaciones powerpoint y afines. Publicar trabajos en ilustrados.com ha alcanzado prestigio y reconocimiento internacional siendo cada vez más el número de académicos, empresas, investigadores, científicos que consultan las publicaciones de nuestro portal. | ||||||||