Monografias | De las patas en la fuente a Jose Leon Suarez

De las patas en la fuente a Jose Leon Suarez

Resumen: En el mismo instante, trescientos cincuenta kilómetros al norte de esa persiana platense, junto a una rosarina persiana de la calle Montevideo, el niño duerme placidamente en la seguridad del hogar en esa gélida noche invernal. Afuera queda junto a los miedos infantiles un contexto terrible. Inmune en apariencia, su propia y corta historia está indisolublemente unida a ese contexto.

Publicación enviada por Adolfo Marcelo Ortiz de Guinea


 

OCTUBRE DE 1945/JUNIO DE 1956: RITUALES DE INVERSION Y DE REFUERZO Y ECONOMIA DE LA VIOLENCIA. ALGUNAS CONSIDERACIONES APLICADAS A LA CAIDA DEL PERONISMO .

Tampoco olvido que, pegado a la persiana, oí morir a un conscripto en la calle y ese hombre no dijo: “Viva la patria”, sino que dijo: “No me dejen solo, hijos de puta”. (Walsh 1972:10).

 

En el mismo instante, trescientos cincuenta kilómetros al norte de esa persiana platense, junto a una rosarina persiana de la calle Montevideo, el niño duerme placidamente en la seguridad del hogar en esa gélida noche invernal. Afuera queda junto a los miedos infantiles un contexto terrible. Inmune en apariencia, su propia y corta historia está indisolublemente unida a ese contexto.  Ha nacido el mismo mes y año en que envuelto en turbios negociados se suicida el secretario privado y cuñado del Presidente de la Nación, y en que este, aún no acallado el escándalo de esa muerte, convoca a sus partidarios a una concentración  en Plaza de Mayo, acto que es interrumpido en su desarrollo por el estallido de sendas bombas colocadas en la boca de salida del tren subterráneo. La primera explosión provoca una salida casi jocosa de Perón, “restando importancia a lo sucedido:

-Los mismos que hacen circular rumores todos los días parece que hoy se han sentido más rumorosos, queriéndonos colocar una bomba…

Otra explosión volvió a cortar sus palabras, sobre el costado derecho de la plaza, y ahora se produjo una gran corrida de ese lado, mientras otros asistentes trataban de calmar a la muchedumbre. Ya no cabían dudas. El general Perón arengó a sus partidarios:

-¡Podrán tirar muchas bombas y hacer circular muchos rumores, pero lo que nos interesa a nosotros es que no se salgan con la suya! Y de esto, compañeros, yo les aseguro que no se saldrán con la suya: ¡hemos de ir individualizando a cada uno de los culpables, y les hemos de ir aplicando las sanciones que les correspondan! Compañeros: creo que según se puede ir observando, ¡vamos a tener que volver a la época de andar con alambre de fardo en el bolsillo!

Excitada la concurrencia, enardecida  por la provocación y por las agresivas palabras vertidas, comenzó a reclamar:

-¡Leña, leña!

Y Perón provocó la fatídica autorización:

-Eso de la leña[1] que ustedes me aconsejan, ¿por qué no empiezan ustedes a darla?” (Ruiz Moreno, 1994:65 T I).

Esa noche bandas que se desconcentraban del acto en la plaza, incendiaron y saquearon con mayor o menor éxito en su raid destructivo, las sedes del Partido Radical y del Partido Socialista, un comité conservador y la sede por antonomasia de la denostada oligarquía: el Jockey Club de Buenos Aires, donde fue destruida su pinacoteca[2], aunque no su biblioteca. “Contra la creencia generalizada, la mayor parte de las valiosas colecciones de libros del Jockey Club se salvó de la pérdida “(Ruiz Moreno, 1994:66 T I).

            Obvio es que el niño no puede recordar esos sucesos de Abril de 1953, pero se va nutriendo de experiencias que conformarán su posicionamiento ideológico a futuro, dentro de un hogar opositor. Su padre, profesor titular de una cátedra en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional del Litoral, ha presentado la renuncia a la misma, asqueado por los excesos de un régimen que subleva su espíritu liberal conservador. Es en el ámbito de la intelectualidad y su marco contextual: la educación superior, donde el peronismo obtiene menos adhesiones. Se explica este rechazo (del que participa el padre del niño) por el hostigamiento y persecución de las voces disidentes, y el intento de imponer un discurso ideológico uniforme, confesional y de extrema derecha. Como ejemplo, en el campo de la filosofía se intenta atraer a figuras cuyo talento intelectual está mediado por su adscripción al nazismo:  “El embajador Benito Llambí, desde Berna, el 27 de Diciembre de 1948, le escribe (a Carl Schmitt):

 -Acabo de recibir una carta de mi amigo, el Sr. Marcelo Sánchez Sorondo, profesor en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de Buenos Aires, en la cual me informa de su deseo de viajar a la Argentina. Tanto a mi amigo como a mí nos alegraría enormemente que un científico como usted pudiera establecerse en Argentina.”(Dotti, 2000:121-122).

Su hogar es su mundo. Es todo el mundo. El niño entonces no guarda recuerdos de los sucesos del año anterior, de Junio y de Setiembre, ni puede comprender que tales hechos marcan desde lo fáctico, lo dividido que está el mundo, más allá de su mundo. Una percepción que sí tendrá una joven, futura historiadora, que desde su hogar situado muy cerca del hogar  del niño, captará la división de ese mundo: “En la semana del 16 al 23 de Setiembre de 1955, desde los balcones de mi casa asistí  a una escena escalofriante. Puertas casi contiguas estaba una repartición del ejército, el Distrito Militar. Desde su entrada, un suboficial exigía a un soldado que tirara a cuatro o cinco obreros que se desplazaban con un caballo al que le habían colocado sobre el cuello un afiche del líder al grito de ¡La vida por Perón! [3] Ante la resistencia del joven civil bajo bandera, el militar lo amenazó con su propia arma y el soldado disparó, alcanzando a uno de los manifestantes que cayó a la calle. La consternación, la impotencia y lo absurdo que rodeaba el hecho constituyeron el punto de partida para reconocer otro peronismo, el que sentía la gente a la cual ese líder le había dado tanto y había abandonado. Esas jornadas, por las cuales Rosario conseguiría un nuevo mote, el de capital del peronismo,[4] resumían las contradicciones de la coyuntura. Mientras el centro de la ciudad se atrevió a manifestar su fe antiperonista, custodiado por los jóvenes de la burguesía rosarina transformados en comandos civiles, en los barrios el fervor, la bronca y la tribulación se combinaban para dar aliento a dieciocho años de resistencia” (Sonzogni, 2000:9)

Tampoco en esta fría noche de sábado, en este gélido 09 de Junio de 1956 nada fuera de lo habitual perturba el sueño del niño, pese a que “un grupo de civiles armados, haciendo gala de extraordinaria audacia, ocupa a las 23, la emisora L.T.2, de la red Splendid[5]. A las 23.25 comienzan a difundir la proclama revolucionaria…A las 2.30 del 10 de Junio, L.T.2 enmudece…minutos después el grupo de audaces se rinde a las fuerzas de represión. En Rosario, todo el plan de acción gira en torno al copamiento del regimiento 11 de infantería, lo cual no se logra” (Ferla, 1972:91.) Los cuarteles del “once” quedan lejos de la casa de la  calle Montevideo, casa donde solo se escucha Radio El Mundo…, nada perturba el sueño del niño.

¡Alto el fuego! ¡La Marina se entrega al Ejército pero no a los civiles!” (Ruiz Moreno, 1994:281)

Cuarenta y seis años después vuelvo a ese niño (que fui), no para sustraer su imagen del paraíso perdido de la primera infancia, sino para, utilizando parte de las argumentaciones de Plotkin,  demostrar el porqué el terrible contexto social en el que el niño  comenzó a ser, no derivó en la guerra civil o la anarquía, subsumiendo los recuerdos en el horror, haciendo desaparecer la arcadia placentera con otras mediaciones más hostiles de la memoria. Creo que el análisis que Plotkin realiza sobre la celebración del día de la Lealtad en el primer peronismo, es válido de trasladar, dando sentido al proceso de disciplinamiento y control de las masas que se opera en el imaginario del 17 de Octubre, a los sucesos que ocurren entre Junio de 1955 y Junio de 1956. Cobra validez entonces la cita que Plotkin hace de “Roberto Da Matta, (que) en su libro sobre los carnavales brasileños distingue entre ritos de inversión y ritos de refuerzo.[6] Los primeros implican una ruptura en el sistema de clasificaciones sociales, poniendo junto lo que usualmente está separado e integrando elementos que de otra manera estarían excluidos de un espacio social particular. Los rituales de refuerzo[7] en cambio, tienden a reforzar los mecanismos existentes de clasificación social, dejando claro el lugar de cada uno en la sociedad” (Plotkin, 1993:215) Es claro que de 1945 a 1955 se ha completado el pasaje de un ritual a otro. La relación asimétrica trazada entre el líder y el pueblo, casi desde el vamos, desde el discurso inaugural en la noche del inaugural 17, se ha consolidado en esa desigualdad de ubicación. El pueblo, “las expresiones `clase obrera`, `descamisados` y `pueblo` se convirtieron en sinónimo para los diarios peronistas” (Plotkin, 1993:206), es funcional a intereses en que actúa no de forma autónoma, sino  colectivamente manipulado por el gran prestidigitador. Este, en una reunión de gabinete realizada en Junio de 1955, cuatro días después de la procesión del Corpus, en la víspera de la sangrienta asonada aeronaval, graficó esta posición subordinada de las masas, útiles para ser utilizada funcionalmente como arma a usar contra la oposición:“El ambiente era ciertamente demencial y cargado con presagios de muerte …El Presidente continúo hablando: manifestó que tenía los negros[8] listos con latas de nafta para incendiar el Barrio Norte” (Olivieri, 1958:117). Al día siguiente se produce el golpe. “Fue un golpe abortado que, al intentar concretarse dentro de una total desincronización, provocó centenares de muertes inútiles. Porque minutos después de las 13 horas, el secretario adjunto (de la CGT) convocó a los trabajadores a defender a Perón…La convocatoria de Di Pietro era una locura y, además, era inútil. Poner a miles de civiles en los alrededores de un bombardeo era una locura. Inútil, porque las unidades del Ejército estaban ya cercando el único foco rebelde de tierra, el Ministerio de Marina. Algunos centenares de obreros llegaron en camiones a los alrededores de la Plaza de Mayo” (Luna, 1986:244). Obreros que constituían sin duda, una amenaza para los sublevados “¡Alto el fuego! ¡La Marina se entrega al Ejército pero no a los civiles!” (Ruiz Moreno, 1994:281) pero que no tuvieron un rol determinante en la derrota del movimiento sedicioso. Sucesos concomitantes o producto de la situación planteada por el intento de golpe, tales como la quema de las iglesias, tuvieron como protagonistas a grupos de choque del aparato estatal, no participando en ellos los sectores populares que apoyaban al gobierno. El mensaje estaba claro: eran las fuerzas estatales de seguridad (se tratara del Ejército, la policía o la Alianza Libertadora Nacionalista) las únicas que contaban con el monopolio institucional del uso de la fuerza. Fuerza que podrían utilizar tanto para defender el orden constitucional como para perseguir, torturar o asesinar a opositores.[9] Los rituales de refuerzo habían dado resultado. El lugar de las masas peronistas en los momentos decisivos había sido definido desde arriba. Sin participación de las mismas en tal definición. Tres meses después, con la revolución triunfante, ello sería patéticamente evidente.

Afirma Plotkin que “está claro que si el carisma de Perón tiene fecha de nacimiento, esta es el 17 de Octubre. Pero también es claro que esta relación carismática debía ser perfeccionada y recreada para mantenerse viva. Uno de los fundamentos del “vínculo carismático” es la existencia de una relación directa, sin intermediarios, entre el líder carismático y sus seguidores” (1993:217). Esa relación entrará ostensiblemente en crisis a partir del viernes 16 de Setiembre. “El general Juan Perón, Presidente de la República, guardó una conducta reticente durante el fin de semana en que los violentos choques armados tenían lugar en distintos puntos del país. Partidarios y opositores se extrañaban de su pasividad, mientras las batallas que decidirían el futuro de la Nación y el suyo propio se libraban encarnizadamente por tierra, aire y agua. Ninguna alocución fue pronunciada por el Presidente Perón por las radios, como todos esperaban. Quién usara de la palabra hasta varias veces por día ante distintos auditorios, ahora mantenía un silencio enigmático…Esa postura sorprendía y disgustaba a sus adictos” (Ruiz Moreno, 1994:293 T II) ¿Abulia? ¿Cobardía? ¿Confianza en que la situación se resolvería-tal lo previsible-por medios exclusivamente militares? Tal vez simplemente, una lúcida visión global del proceso. De hasta donde o no  podía sobrevivir un régimen sin utilizar medios (la movilización popular) que pusieran en peligro la persistencia del sistema.

Paradójicamente y en paralelo a este literal silencio de radio del Líder,  para sus seguidores, “el fin de semana sería empleado en escuchar la radio y comentar las noticias” (Ruiz Moreno, 1994:168 T II). Influían sin duda en esta parálisis popular, la declaración del estado de sitio primero y del toque de queda después, y la suspensión de las actividades deportivas y los espectáculos públicos. Suspensión que fue curiosamente burlada en algunos casos concretos: así en el Hipódromo de Rosario,  se celebró una reunión hípica el sábado 17, y tanto ese día como el domingo 18, los cines funcionaron a pleno en Pergamino, a tenor por lo informado el día Lunes por el periódico local “El Conductor”[10]

Excepciones anecdóticas al margen, lo concreto es que entre el 19 y el 22 de Setiembre, se inicia un proceso de negociación entre los estamentos militares que culmina con el desplazamiento de Perón del gobierno. Si algo está ausente en este proceso, es la real participación popular. La tensión es innegable, el clima de odio y revancha también. Pero el sistema necesita poner paños fríos inmediatamente. Si comparamos el discurso radial del secretario cegetista, Hugo Di Pietro el día 16 de Junio ya citado, con el que pronuncia por Radio del Estado al mediodía del 21 de Setiembre, esta urgencia es evidente: “En momentos en que ha cesado el fuego entre hermanos y por sobre todo se antepone la Patria, la Confederación General del Trabajo se dirige una vez más a los compañeros trabajadores para significarles la necesidad de mantener la mas absoluta calma y continuar en sus tareas recibiendo únicamente directivas de esta central obrera…Tengamos fe, lo demás lo hará la Patria” (Lonardi, 1981:196)

Lo demás no lo hizo la patria. Lo hicieron los hombres, devenidos de actores individuales en sociales. Actores sociales que expresaron las contradicciones de una sociedad escindida. La posibilidad de un peronismo sin Perón, de reeditar con otros protagonistas la alianza que había posibilitado la emergencia del justicialismo, demostró ser impracticable. Desplazado Lonardi, a partir de Noviembre de 1955 el sector más marcadamente antiperonista se hace cargo del gobierno provisional.

En el Ejército se produce una gran purga de elementos adictos al gobierno depuesto. Hasta la mera neutralidad es castigada. Se desconfía en especial de la suboficialidad. El odio y el prejuicio de clase se potencian en las filas castrenses. El fantasma de Curuzú Cuatiá[11] sobrevuela la mente de los oficiales. El cóctel de oficiales desplazados, suboficiales sospechados de lealtad al peronismo y la posible participación de las masas obreras en cualquier intento revolucionario, es una peligrosa amalgama para el gobierno provisional. Y para la sociedad que este representa: la otra mitad de la Argentina. La de las clases medias y altas, la de los intelectuales, la de los militantes de izquierda, la de los partidos políticos que integran en amplio espectro la Junta Consultiva Nacional, remedo de poder legislativo de ese gobierno surgido de un golpe militar que intenta legitimarse con el apoyo de los amplios sectores civiles citados

Debidamente infiltrado por los servicios de inteligencia,  el estallido revolucionario se produce el 09 de Junio de 1956. Aunque inconexo, y con pocos contactos con oficiales en servicio activo, los rebeldes tienen una carta temible: que el alzamiento militar se transforme en pueblada, a poco que logren capturar y mantener algún objetivo estratégico. Para conjurar ese peligro se apela a un principio enunciado por un pensador florentino. “A César Borgia se le consideraba cruel, pero su crueldad había reorganizado la Romaña, la había unido y le había devuelto la paz y la lealtad. Bien considerado, se verá que aquél resultó ser mucho más piadoso que el pueblo florentino, que para evitarse el nombre de cruel, dejó que Pistoya fuera destruida. Por lo tanto, un príncipe no debe preocuparse de tener fama de cruel por mantener a sus súbditos unidos y fieles, porque, con muy pocos ejemplos, será más piadoso que aquellos que por ser demasiado humanos dejan que sigan los desórdenes” (Maquiavelo, 1995:115)

Economía de la violencia en definitiva. Una treintena de ejecuciones, la mayoría al comienzo del alzamiento, por más atroz que toda muerte sea, con todo el respeto a la memoria de los ajusticiados, alguno de ellos sin duda inocentes (seguramente la mayoría de los detenidos en Florida); evitaron al constituirse en un llamado de atención sobre las consecuencias que podría acarrearle a cualquier peronista sumarse a la rebelión, una posibilidad real: el comienzo de una guerra civil o de una anarquía inmanejable. Cuando el día 12 de Junio, el general Aramburu ordenó la última ejecución, la del cabecilla del alzamiento,  general Valle (por dramática e irónica circunstancia: su compañero de promoción y amigo del alma hasta el año anterior), tal vez halla intuido que llevaría esas muertes como un sino trágico el resto de su vida[12] Pero la paz de la Argentina y la razón de estado así lo exigían. Retrospectivamente, hizo lo que tenía que hacer. Aunque más no sea para no perturbar el sueño de un niño.

ADOLFO MARCELO ORTIZ DE GUINEA*


* Escuela de Historia. U.N.R., Miembro del Foro de Prohistoria.

[1] En bastardilla en el original (N. del A.)

[2] Muchos opositores se convirtieron de súbito en amantes de las artes plásticas y “expertos conocedores en la materia”. Arturo Jauretche solía hacer “entrar” a estos ignaros, lamentado la destrucción en el Jockey Club de un valioso cuadro de “Petinatto”. Los “expertos” se sumaban al lamento, de donde se infiere que “conocían” tanto la obra de Emilio Petorutti, que podían confundirlo sin rubor con Roberto Petinatto, director del Servicio Penitenciario Nacional.

[3] En bastardilla en el original (N. del A.)

[4] Idem.

[5] La “broadcasting” de todos los hogares, donde las estrellas brillan más. Cuatro décadas después, el alter ego del niño, sigue recordando el pegadizo “jingle”

[6] En bastardilla en el original. (N. del A.)

[7] Idem.

[8] Idem.

[9] Dos días después del golpe, la policía rosarina detiene, tortura y asesina al médico Juan Ingallinella, militante del partido comunista. El “caso Ingallinella” se convirtió en paradigmático, y como se verá en el anexo documental ha dado lugar a múltiples relecturas y cambio de sentido a lo largo de estos años.

[10] Las carreras se disputaron con pista liviana, según el informe del Comisariato del Hipódromo, en letras rojas sobre el programa oficial (ver anexo documental). Importa tanto como la fecha de la reunión (17 de Setiembre), cuando se pudo realizar la siguiente, esto es recién el 01 de Octubre. Lo cual demuestra el clima de convulsión social en que quedó Rosario, tras estos sucesos. El periódico “El Conductor”, tenía como subtítulo “una inquietud peronista al servicio de la comunidad”, rótulo que mantuvo valientemente hasta su desaparición a fines de Setiembre. Ya afianzado el gobierno de Lonardi, se atreve a hacer  una defensa del general Perón. Fue su último número. Agradezco a los compañeros Fernando Cesaretti y Florencia Pagni, el acceso  a estas fuentes y el comentario de las mismas, las que forman parte de la documentación que están recopilando para distintos proyectos de investigación.

[11] Donde en Setiembre de 1955, la suboficialidad peronista retomó la guarnición que había sido copada por oficiales rebeldes, poniendo  en fuga al jefe de los mismos, general Aramburu.

[12] El comando que acabó con la vida de Aramburu en 1970, llevaba el nombre del general Valle.

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Publicado Saturday 24 de April de 2004

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