Monografias | La sangre eterna de los inocentesLa sangre eterna de los inocentesResumen: Como si fuera un tablero de ajedrez, el proceso político de los países se desarrolla fría y calculadamente en base a los intereses de índole nacional. Estados Unidos de Norteamérica, el Reino Unido de Gran Bretaña, España e Irak tienen cada uno sus respectivos objetivos a ser alcanzados como meta fundamental del Estado nación. Como
si fuera un tablero de ajedrez, el proceso político de los países se
desarrolla fría y calculadamente en base a los intereses de índole nacional.
Estados Unidos de Norteamérica, el Reino Unido de Gran Bretaña, España e Irak
tienen cada uno sus respectivos objetivos a ser alcanzados como meta fundamental
del Estado nación. La coalición que ahora ocupa el país de las mil y una
noches desempeña, sin embargo, el papel activo del conflicto, en cuanto
despliegue de actividades encaminadas a conseguir resultados en territorio
soberano distinto al suyo: el equivalente al prehistórico avance de la tribu en
medio de la oscuridad de lo desconocido. Los
motivos de la concreta ocupación de Irak son múltiples y variados, como lo son
los móviles del pueblo iraquí para no ser partícipes de la democracia
occidental de tipo republicana representativa, en el contexto de un Estado de
derecho en donde la religión oficial se encuentra separada de los niveles de
actuación estatal. El rechazo del Estado laico es más que evidente en un país
árabe y musulmán como Irak. Pero a pesar de ello se emprendió, en Marzo del año
2003, la guerra contra ese pequeño país, y, a pesar de ello, se mantiene hasta
la actualidad la ocupación, aún cuando el dictador ya no está más en el
poder, y aún cuando no se han descubierto las armas biológicas de destrucción
masiva, que fueron oficialmente los objetos de la justificación de la agresión.
Por
la defensa de los estadounidenses, en el contexto de una lucha contra el
terrorismo, la televisión internacional mostró imágenes de cobardes
bombardeos a Bagdad, la ciudad capital del país agredido. Cada uno de los
hongos de polvo y destrucción que se levantaban ante cada impacto iba acompañado
por numerosas muertes en la población civil, totalmente indefensa frente a los
dos fuegos: la guerra de la coalición contra Irak tuvo desde el comienzo su
cuota de sangre inocente. Y los niños mutilados fueron imágenes ordinarias del
conflicto. Lo
acontecido en la reciente guerra de la coalición estadounidense – británico
- española contra Irak reproduce, en líneas generales, el terrible drama
humano de los conflictos armados que tienen como víctimas inocentes a los
civiles, los cuales muchas veces se encuentran entre los dos fuegos de los
bandos antagónicos. Los niños y los ancianos son, por excelencia, los que
perecen o resultan gravemente heridos, bajo el fuego cruzado y los brutales
bombardeos, con indeterminadas secuelas psíquicas que agrietan el alma en los
inocentes sobrevivientes. Cual dios sediento de sangre, como ofrenda de
sacrificio de los creyentes, la guerra se alimenta de la sangre de los
inocentes. Es el dominio del sol rojo, en un horizonte teñido de sangre humana.
La
muerte de civiles ajenos al conflicto en España, durante el mes de Marzo de
este año, con las imágenes de la televisión captando la tragedia, es parte de
tal drama humano. Frente a eso muchos pueden resignarse a contemplar el
asesinato de inocentes como un rasgo inevitable de los conflictos armados, a
manera de una fatalidad determinada desde el principio de los tiempos. Muchos
pueden haber perdido la esperanza de cambiar las cosas al respecto. Pero
nosotros no podemos callar. Nosotros no podemos mirar lo que sucede a nuestro
alrededor sin hacer nada para que ya no se derrame más sangre inocente. No lo
podemos hacer porque somos seres humanos con sentimiento y pensamiento lo
suficientemente claros como para darnos cuenta que somos parte de la solución a
partir del reconocimiento del rol que nos concierne como agentes de denuncia y
propuestas de cambio y mejora. Después
de todo, no hay guerras buenas ni malas, sino solamente guerras y conflictos
armados que, junto con los caídos en combate, trae consigo a innumerables víctimas
civiles. Lo único bueno de las guerras son sus himnos marciales, la música
característica de los mismos. Nada más. El resto es derramamiento de sangre y
destrucción por doquier. Eso tiene que quedar bien entendido en las nuevas
generaciones. De ellas depende el paso decisivo para la supresión del
sacrificio de sangre inocente. Los
inocentes no tienen por qué derramar su sangre eterna. Los niños no tienen por
qué quedar mutilados ni abandonados ni tristes porque su inocencia y su sonrisa
son eternas. De nosotros depende, en gran medida, que muchos de ellos vuelvan a
sonreír otra vez como solamente lo pueden hacer los inocentes, los inocentes en
un mundo iluminado por un resplandeciente Sol. Iván
Guevara Vásquez DNI
18069920 Profesor
de derecho y metodología de la investigación científica en la Escuela de
Posgrado de la Universidad Nacional de Trujillo – Perú, 34 años (Trabajo
realizado en Abril del 2004). Publicación enviada por Iván Guevara Vásquez Contactar mailto:iusfilosofia@yahoo.es Código ISPN de la Publicación EplkluFAAEyZKolrrV Publicado Saturday 24 de April de 2004 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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