Monografias | Parcial de Introducción al pensamiento socialParcial de Introducción al pensamiento socialResumen: Material importante y Específico sobre Comte, Tocqueville, Marx, Durkheim y Weber. 1.
¿Cómo se caracteriza, según Comte, el espíritu positivo? ¿Por qué
lo considera el estado superior de la evolución intelectual de la humanidad, y
que destino avizora para el mismo?. 2.
¿Qué riesgos implica, para Tocqueville, la ardiente búsqueda de la
igualdad en la que están inmersos los pueblos modernos? ¿Cómo lograron los
norteamericanos, según este autor, contrarrestar tales efectos?. 3.
Explique los conceptos de estructura y superestructura que
utiliza Marx como un modo de describir la sociedad. ¿Qué elementos implica
cada uno de ellos? ¿Cómo se relacionan entre sí? ¿A qué llama Marx el
“fetichismo de la mercancía”?. Responda con relación a esta frase del Prólogo
de la Contribución a la crítica de la economía política: “ En la producción
social de su vida, los hombres entran en determinadas relaciones necesarias e
independientes de su voluntad, relaciones de producción, que corresponden a un
determinado grado de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales” (p. 6). 4.
¿Qué entiende Durkheim por “solidaridad orgánica”?. 5.
¿La aparición e imposición de que factores, según Weber, hizo posible
la organización del capitalismo moderno?. Por otra parte, ¿qué principios e
ideas habrían dado lugar al surgimiento del cálculo empresarial, a lo que
Weber llama “el espíritu del capitalismo”?. Los pueblos modernos
experimentan una pasión mucho más ardiente y tenaz por la igualdad que por la
libertad. Siendo todos iguales no podrá ejercer ningún tirano. Los hombres,
todos, serán enteramente iguales y por esto perfectamente libres; y viceversa. Estos podrán ser iguales en lo
civil, sin participar en igual medida en lo político. Es más, podrá darse
igualdad política sin tener la libertad política correspondiente: cada hombre
es igual a su semejante, menos a uno que es el amo de todos indistintamente, y
que elige entre el pueblo a quien será de su confianza y, probablemente,
protegerá. Entonces, el amor que sienten
los hombres por la libertad es diferente al amor que sienten por la igualdad. La libertad no puede ser
considerada característica de la democracia, ya que, se puede encontrar en
diversas épocas y bajo formas de
gobierno diferentes. En cambio la igualdad de condiciones caracteriza a los
hombres en época de democracia. La igualdad es el carácter distintivo de la época
en que viven y esto alcanza para que la prefieran antes que a la libertad. Seguramente, dice Tocqueville,
los hombres no escucharán cuando se les diga que, ante esta pasión exclusiva,
comprometen sus más preciados intereses. Están ciegos y no pueden notar que la
libertad se les escapa de las manos. “Creo que los pueblos
democráticos tienden naturalmente a la libertad; entregados a sí mismos, la
buscan, la aprecian, y les duele grandemente que se les aparte de ella. quieren igualdad en la
libertad, y no pueden obtenerla así, la quieren incluso en
esclavitud. Soportarán la pobreza, la servidumbre, la barbarie, pero no
soportarán a la aristocracia.”
(Tocqueville, “La democracia en América II”, Cáp. I., Pág. 88). En
tiempos de igualdad reinante, los hombres centran todos sus sentimientos en sí mismos. El individualismo es un
sentimiento plácido y ensimismado que induce a cada uno de los hombres a
incomunicarse de sus semejantes y a apartarse con su familia y amigos. Es propio de la
democracia y se acrecenta cada vez más, a medida que las condiciones sociales se
igualen. Si, en ese momento un hombre
ambicioso y sagaz se hace cargo del poder: tiene libre el camino para todos los
fraudes que se le antojen. Un pueblo que le pide a su gobernante que brinde tan
sólo orden, quiere la tiranía desde lo más profundo de su alma. En los pueblos democráticos, sólo
importan los familiares más próximos y no los que antepasados ni los que han de
sucederse. “La aristocracia ha
hecho con todos los ciudadanos una larga cadena que se remontaba
desde el aldeano al rey; la democracia rompe la cadena y separa cada eslabón.”(Tocqueville,
“La democracia en América II”, Cáp. II., Pág. 90). Quienes
se han bastado con conocimientos y bienes suficientes, gracias a que las condiciones
sociales se igualan, no deben nada a nadie; ni esperan nada de nadie y piensan
que está en sus manos su propio destino. “Esas
sociedades no sólo contienen gran número de ciudadanos independientes; hay
además una masa de hombres que, recién llegados a la independencia, se
embriagan con su nuevo poder, confían
presuntuosamente en sus propias fuerzas y, convencidos de que en adelante ya no
tendrán que solicitar la ayuda de sus semejantes, muestran claramente que no se
ocupan sino de sí mismos.” (Tocqueville, “La democracia en América II”, Cáp. III, Pág.
91). Entonces, dice Tocqueville, la
democracia lleva al individualismo, pero las revoluciones democráticas los
inducen a huir unos de otros, y subsisten, en el centro de la igualdad, los
odios que generará la desigualdad. La diferencia fundamental entre
americanos y franceses es que, los americanos nunca tuvieron que pasar por una
revolución para llegar a la democracia porque nacieron iguales sin necesidad de
llegar a serlo. “El despotismo, medroso por
naturaleza, ve en el aislamiento de los hombres la mayor garantía de su propia
duración, por lo que dedica a ello sus mayores esfuerzos.” (Tocqueville, “La democracia en América II”, Cáp. IV.,
Pág. 92). Podemos
decir que, como en una sociedad democrática se da el individualismo es en ésta
donde gobiernan los déspotas. El despotismo da origen a la indiferencia
general. Los
americanos pugnaron con la libertad el individualismo característico de la
igualdad. Los
legisladores de América decidieron que era necesario, para combatir al
individualismo, que cada parte del territorio tuviera su propia vida política,
con el objetivo de que todos los ciudadanos vieran continuamente las
oportunidades de actuar en conjunto y sintieran que dependían unos de otros,
inevitablemente. Así, los ciudadanos se interesarán por el bien público y
notarán la necesidad inquebrantable que tienen los unos de los otros para
administrar dichos asuntos. En
los Estados Unidos los ciudadanos más ilustres, no dejan de pensar, ni un
segundo, en que pueden inventar para poder aumentar la holgura común y una vez
que encuentran la manera, no hacen más que ponerlo a disposición de las masas. “En los Estados Unidos, los
más opulentos ciudadanos procuran no aislarse del pueblo; por el contrario, se
acercan a él continuamente, le escuchan a gusto y le hablan a diario. Saben que
los ricos de las democracias siempre precisan de los pobres, y que, en esos
tiempos, se atrae uno al pobre mejor con las maneras que dispensándole
beneficios.” (Tocqueville,
“La democracia en América II”, Cáp. IV., Pág. 94). Hay
dos puntos clave, para poder dilucidar cómo hicieron los americanos para
contrarrestar los efectos del individualismo, característico de la democracia. En
la democracia americana, no es el magistrado que se elige el que la hace
prosperar (a la democracia), sino que prospera porque éste es electivo. Además,
las instituciones civiles que poseen los americanos y los derechos políticos de
los que hacen uso continuamente, le recuerdan en todo momento y de maneras
diferentes que viven en una sociedad. Hay asociaciones comerciales,
industriales, religiosas, morales, serias, triviales, generales y particulares,
colosales e imperceptibles. “Por mi parte, afirmo que
para combatir los males que puede producir la igualdad, sólo hay un remedio
eficaz: la libertad política.” (Tocqueville,
“La democracia en América II”, Cáp. IV., Pág. 95). Entonces,
para Tocqueville, será el país más democrático el que haya perfeccionado el
arte de perseguir colectivamente el objeto de sus deseos en común y apliquen al
mayor número de objetos esa nueva sabiduría. Si
los hombres que viven en sociedades democráticas no adquiriesen la práctica de
asociarse en la vida ordinaria, la civilización se hallaría en peligro. También
es necesario, en una nación democrática, que las asociaciones que existan
tenga numerosos asociados para que tenga cierta fortaleza. “En los pueblos democráticos,
las asociaciones deben reemplazar a los individuos poderosos que la igualdad de
condiciones ha hecho desaparecer.”(Tocqueville,
“La democracia en América II”, Cáp. V., Pág. 99). Las
asociaciones políticas e industriales de los americanos, son fácilmente
comprendidas pero las demás (morales, religiosas, etc.) escapan a nuestro
entendimiento y al estudiarlas las interpretamos mal, porque no conocemos algo
semejante. No sólo las asociaciones políticas e industriales son importantes
para los americanos, todas son completamente necesarias. El americano se ocupa
de sus acciones privadas con gran interés, pero luego se da a la tarea pública
como si las hubiera olvidado. “En los pueblos democráticos,
la ciencia de la asociación es la fundamental; el progreso de todas las demás
depende del suyo.”(Tocqueville,
“La democracia en América II”, Cáp. V., Pág. 99). Es
necesario que cuánto más aumente la igualdad de condiciones sociales, más se
desarrolle y perfeccione la práctica asociativa; para que los hombres puedan
conservar su civilización o la alcancen. 3. “En la producción social
de su vida, los hombres entran en determinadas relaciones necesarias e
independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a un
determinado grado de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. Estas
relaciones de producción en su conjunto constituyen la estructura
económica de la sociedad, la base real sobre la cual se erige la superestructura jurídica y política y a la que corresponden
determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida
materia, condiciona el proceso de vida social, político y espiritual.” (Marx,
“Contribución a la crítica de la economía política”, Pág. 6). Marx
elaboró esta teoría invirtiendo el punto de vista de Hegel, ya que para Hegel
es la conciencia la que determina el ser social del hombre en tanto que para
Marx es el ser social del hombre el que determina su conciencia. Según
Marx, cualquier estructura social está constituida por dos grandes elementos
que la configuran: Ø
La
estructura económica. Ø
La
superestructura ideológica. La
estructura económica a su vez se divide en: v
Fuerzas
productivas:
comprende la fuerza del trabajo desarrollada por la clase productora y los
medios de producción. Las fuerzas productivas constituyen el motor de la
historia. Las épocas históricas cambian gracias a los cambios que se producen
en la fuerza de trabajo y los avances tecnológicos de los medios de producción. v
Relaciones
de producción:
las relaciones entre la clase social poseedora de los medios de producción y la
clase social trabajadora. Actúan como freno al cambio social, ya que la clase
dominante tiende a perpetuar su situación de privilegio. La
estructura económica determina la historia y además se autodetermina, ya que
expresa la oposición entre dos elementos que la configuran, las fuerzas
productivas y los medios de producción. Cada sociedad se caracteriza por poseer
una estructura económica determinada, que es lo que realmente distingue a unas
sociedades de otras. La
superestructura ideológica es el primer elemento que aparece en cualquier
estructura social, aunque no el elemento determinante. Marx entiende por
superestructura ideológica, una deformación de la realidad que falsea, esconde
y justifica las contradicciones internas del sistema económico y por tanto es
un arma utilizada por las clases dominantes. Pertenecen a la superestructura
ideológica los elementos de la política, el derecho y el estado, así como el
arte, la literatura, la poesía, la filosofía o la religión que actúan como
elementos justificadores de la injusticia social. Las
formas ideológicas no pueden determinar ni cambiar la historia. Solamente la
oposición dialéctica fuerzas
productoras-relaciones de producción son los agentes del cambio social. Las
ideologías no son más que productos históricos transitorios que actúan en
unos casos como “sustancia” que pretende adormecer la conciencia (religión)
y en otros casos como deformaciones justificadas de la realidad (filosofía). La
superestructura ideológica tiene un proceso de generación o de creación en
cualquier sociedad que comprende los siguientes momentos: 1.
Las ideas se elaboran dentro de la misma clase dominante, por lo que Marx
llama ideólogos
activos, cuya tarea es promover dentro de la misma clase
dominante la ilusión sobre ella misma. Este primer paso se produce de una forma
oculta y va unido a la generación de la misma clase dominante. 2.
Representar los intereses de una determinada clase social dominante como
los intereses propios de toda la humanidad, dotándolos de una falsa
universalidad y racionalidad. Las
relaciones existentes entre superestructura y estructura se encuentra
determinada por las formas de poder discursivo que emanan de la propia sociedad. Para
el Materialismo Histórico el poder que ejerce el bloque dominante sobre el
resto de la sociedad no es sólo un poder de carácter económico que se
explicita en el concepto de alineación material (la plusvalía), sino también
del carácter político e ideológico. Político porque el grupo dominante
controla el aparato del Estado e ideológico porque desarrolla una forma de
alineación ideológica sobre la mayoría social.
El
control del sistema productivo permite al grupo dominante desarrollar un
discurso propio y hacerlo hegemónico. Esta situación sería posible a través
del control de los Medios de Comunicación, el discurso burgués se convierte en
dominante y se hace llegar a todo el mundo. En
el curso de su desarrollo, las fuerzas productivas de la sociedad entran en
contradicción con las relaciones de producción existentes, y esas relaciones
se convierten en trabas de las relaciones productivas. Se abre entonces una era
de revolución social, que afecta a la estructura ideológica, de forma que los
hombres adquieren conciencia del conflicto. Históricamente, las relaciones
capitalistas de producción serían la última forma antagónica del proceso
histórico. El modo de producción del capitalismo industrial conducirá a la
superación de la propiedad privada, no sólo por la rebelión de los oprimidos
sino por la propia evolución del capitalismo, en el que la progresiva acumulación
del capital determinaría la necesidad de nuevas relaciones de producción
basadas en la propiedad colectiva de los medios de producción. Superada la
propiedad privada, el hombre vencería la enajenación económica y a continuación,
todas las demás. La
Fetichización de la mercancía es la materialización de las relaciones de
producción inherentes a la economía mercantil basada en la propiedad privada
sobre los medios de producción. Esta materialización posee un carácter
objetivo. Los nexos sociales entre los productores privados únicamente se
manifiestan en el mercado, en el proceso del cambio de sus mercancías. Nadie
controla ni regula conscientemente estos nexos, que se desarrollan espontáneamente.
Las relaciones entre los productores aparecen como relaciones entre los
productos del trabajo humano. Esta forma específica de la expresión de las
relaciones sociales se halla condicionada por el peculiar carácter social del
trabajo que produce mercancías. En la producción mercantil basada en la
propiedad privada, los frutos del trabajo son productos de trabajos privados
independientes entre si. Al mismo tiempo, entre los productores privados existe
una estrecha conexión y dependencia recíproca basada en la división social
del trabajo. El trabajo de cada productor de mercancías representa una partícula
del trabajo social global, mas este carácter social de su trabajo únicamente
se pone de manifiesto en el mercado, donde el productor comprueba si su mercancía
es necesaria y por ende, si es necesario su trabajo para la sociedad. Resulta,
pues, que toda mercancía, para obtener un reconocimiento social, ha de ser
equiparada a otra mercancía por ejemplo al oro con el que ha de ser cambiable
en una determinada proporción. Subjetivamente, los productores de mercancías
ven dicha materialización de las relaciones de producción como una facultad
misteriosa e independiente de ellos mismos que posee una cosa de cambiarse por
otras en unas determinadas relaciones cuantitativas. Esta facultad parece una
propiedad natural de la mercancía como lo son el peso u otras propiedades físicas.
Los productos que fabrica el hombre con sus manos, aparecen como seres
independientes dotados de vida propia, que se encuentran en determinadas
relaciones con los hombres y entre si. En ello estriba, precisamente, el
fetichismo que atribuye a la mercancía propiedades sobrenaturales. El producto
superior en que se desarrolla el cambio de mercancías es el dinero, el capital
y por este motivo el fetichismo de la mercancía encuentra su materialización más
completa en el fetichismo del dinero, del capital, en el poder del oro sobre los
hombres. Parece que no es el desarrollo de la producción mercantil y del cambio
ni el desarrollo de las relaciones sociales lo que ha conducido a que una
determinada mercancía, el oro, se convirtiera en dinero, sino, por el
contrario, que todas las mercancías se cambien por oro y expresan en él su
valor únicamente porque el oro es dinero por naturaleza. Todas las categorías
económicas de la sociedad burguesa se hallan revestidas de forma material y por
este motivo poseen un carácter fetichista. La economía política burguesa,
intentando eludir el análisis de las contradicciones internas del capitalismo,
se imita a estudiar el aspecto externo de los procesos económicos tras las
relaciones entre las cosas no descubre las relaciones sociales entre los
hombres. Tan
sólo la economía política marxista que descubre, bajo la envoltura material,
las relaciones de producción entre los hombres efectúa un análisis auténticamente
científico de todas las categorías de la producción mercantil y capitalista.
Al suprimirse la propiedad privada sobre los medios de producción y
establecerse la propiedad social sobre dichos medios a la ver que se organiza la
economía planificada, se elimina, bajo el socialismo, también la base económica
que engendra el fetichismo de la mercancía. 4. En
las sociedades modernas, la solidaridad es orgánica y se funda en la división
del trabajo, en la complementación para la obtención de los medios de
subsistencia. Solidaridad
orgánica es aquella en la cual el consenso, es decir la unidad coherente de la
colectividad, resulta de la diferenciación o se expresa en ella. Los individuos
ya no son semejantes, sino diferentes; y hasta cierto punto precisamente porque
son distintos se obtiene el consenso. Durkheim
denomina orgánica a una solidaridad fundada en la diferenciación de los
individuos por analogía con los órganos del ser vivo, cada uno de los cuales
cumple su propia función, y no se asemejan a los demás, pese a lo cual todos
son igualmente indispensables para la vida. La
toma de conciencia de la individualidad se desprende del propio desarrollo histórico.
En las sociedades primitivas, cada un es lo que son los otros; en la conciencia
de cada uno dominan, tanto por el número como por la intensidad, los
sentimientos comunes a todos, o sentimientos colectivos. Donde reina la
solidaridad orgánica, Durkheim cree observar simultáneamente una reducción de
la esfera de existencia correspondiente a la conciencia colectiva, un
debilitamiento de las reacciones colectivas contra la violación de las
prohibiciones, y sobre todo un margen más amplio de interpretación individual
de los imperativos sociales. De
este análisis, Durkheim deduce una idea que ha mantenido toda su vida, y que
por lo tanto se encuentra en el centro de su sociología, la que afirma que el
individuo nace de la sociedad y no la sociedad de los individuos. Durkheim
es consciente de que la solidaridad orgánica perfecta es casi imposible, este
motivo hace que proponga el fortalecimiento de la densidad moral a través de la
institucionalización de las redes asociativas. La responsabilidad debe caer
sobre todos los segmentos de la sociedad, no solo sobre uno de ellos como sería
el Estado. 5. La
ética protestante,
donde explica Weber la aparición del capitalismo moderno no por una sucesión
de causas económicas sino por la conjunción de una situación económica
favorable (que también se había dado en otros momentos de la historia sin
generar un efecto similar) y una mentalidad religiosa que veía en el éxito
económico la señal de la predestinación para la salvación eterna. Sus
estudios acerca de la economía y la religión son aún de gran relevancia,
destacando “Economía y sociedad”, y sus estudios sobre las religiones
mundiales, especialmente “La ética protestante y el espíritu del
capitalismo”. Así, sus teorías se enfrentaron a aquellas que proponían a
los medios de producción como los únicos capaces de condicionar la conducta
humana, evitando un determinismo que el materialismo,
en cierta medida, acepta implícito en el sistema social. Max
Weber no pretendía explicar el comportamiento económico a partir de la religión,
sino mostrar que las ideas y la visión del mundo que tienen los grupos humanos
ejercen una influencia en la conducta individual, independiente de otras fuerzas
sociales (como el trabajo y las relaciones de producción). Las creencias y los
valores son tan reales como las fuerzas materiales para explicar la historia y
la acción humana. Además, Weber, estaba convencido de que las concepciones
religiosas son factores esenciales en la transformación económica de las
sociedades. Sobre esta dos cuestiones gira su estudio: quiere saber por qué el
capitalismo se desarrolló exclusivamente en Occidente. El
gran sociólogo alemán, señalaba que la característica distintiva del
capitalismo moderno frente al antiguo era su carácter de empresa productiva,
racional y eficiente, frente a la mera búsqueda del beneficio, a costa de la
expoliación y el saqueo, que distinguía al capitalista aventurero de la Antigüedad. Weber
definió al capitalismo, aún, de una manera más simple: como existente
dondequiera que se realiza la satisfacción de necesidades de un grupo humano,
con carácter lucrativo y por medio de “empresas” y a una “explotación
racionalmente capitalista” como una explotación “con contabilidad de
capital”, recurrió, además, al espíritu del capitalismo “para describir
la actitud que busca la ganancia, - racional y sistemáticamente”. Weber,
advirtió magistralmente que el origen del capitalismo estaba en el surgimiento
de un nuevo tipo de normas y valores que llamó “la ética protestante”.
Observó que en Alemania los niños protestantes asistían a las escuelas
comerciales en mayor proporción que los niños católicos. Observó que el
capitalismo moderno floreció primero en países protestantes, como Inglaterra y
los Países Bajos. El protestante es estimulado
a trabajar duramente y a practicar la austeridad para mayor gloria de Dios. En
el calvinismo, la doctrina de la predestinación alienta al creyente a buscar
signos de su elección, entre los cuales se destaca el éxito en el trabajo y en
el mundo financiero. Weber
distingue cuatro corrientes principales del protestantismo ascético:
calvinismo, metodismo, pietismo y sectas baptistas. El estudio que hace Weber
del protestantismo ascético no pretende una descripción general de sus dogmas,
sino que se interesa solamente por aquellos elementos de sus doctrinas que
afectan en forma más directa y significativa a la conducta práctica de los
individuos en su actividad económica. La parte mas importante del análisis se
concentra en el calvinismo. EL
principal efecto de la Reforma, y de la posterior historia de las sectas
protestantes, fue trasladar esto desde el monasterio al mundo ordinario Por
todo el mundo, el capitalismo evoca odio. Esta palabra se asocia al egoísmo, la
explotación, la desigualdad, el imperialismo, la guerra. El capitalismo democrático
parece haber perdido su espíritu. La invocación de la lealtad hacia el
capitalismo democrático porque genera la prosperidad parece una actitud
puramente materialista. El talón de Aquiles del capitalismo democrático es el
hecho de que durante dos siglos ha apelado demasiado por el espíritu humano. Esta
deficiencia no es obra de la fatalidad. No es una falla absolutamente inevitable
sino una omisión intelectual. La falla irónica en el capitalismo democrático
es esta: que sus 0xitos
en el orden político y en el orden económico lo miran en el orden cultural.
Entre más triunfa, más fracasa. Weber
expone un documento de Benjamín Franklin que resume características del “espíritu”,
resume los principios de esa ética o ethos del capitalismo moderno
(Occidental), que viene a decir que la moralidad es útil porque proporciona crédito
y éstas con virtudes que benefician solo al individuo. Esto es un fin vital, el
expresar la virtud en el trabajo. Comenta
el autor algunos rasgos del espíritu. Defiende que la mentalidad profesional es
el fruto de un proceso educativo, ni se nace con ella ni se induce con salarios.
El hombre no existe para el negocio, sino que el negocio existe para el hombre.
El “espíritu” rechaza la ostentación y el reconocimiento social, de la
importancia a lo cualitativo y no lo cuantitativo. Después
de describir brevemente las características básicas del ethos, se expondrá la
visión de Weber respecto a la influencia sobre el mismo del protestantismo. La
palabra “profesión” se utiliza por primera vez en la traducción Luterana
de la Biblia (en sentido literal), y en sentido ideal constituye un dogma común
a todas las confesiones protestantes. Sienten como un deber la tarea del trabajo
y el cumplimiento de los propios deberes es la mejor forma de agradar a Dios.
(Esta afirmación constituye la principal aportación de la reforma). Weber
critica de Lutero el hecho de que predique la obediencia a la autoridad, que
hace que cada cual se “conforme” con lo que le ha tocado en la vida. Weber
dice que no hay afinidades muy claras entre Lutero y el capitalismo, por ello
desvíala investigación hacia el calvinismo y otras sectas puritana, con el
objetivo de buscar ese nuevo sentido que se da en la ética capitalista, la obra
social para Dios, para salvar el alma. Es una ética profesional que está al
servicio de la vida terrenal de la colectividad. Son tareas impuestas de manera
objetiva e impersonal por ley natural, y no son elegidas por Dios, son
“instrumentos” de él y no “recipientes”. Al estado de gracia se llega
con la fé en uno mismo, con seguridad. Esta
necesidad del trabajo se inculca para ahuyentar toda duda religiosa,
racionalizando así la vida moral, sistematizándola. Dentro de esta ideología
entre la preocupación por el porvenir y no por el goce (ascetismo protestante).
Esto le acerca bastante al frío espíritu jurídico y activo del empresario
burgués capitalista. El
hecho de pasar al estado de gracia a través de la reflexión, le daba a la
ideología reformada el carácter ascético y este tenía un poder liberador ya
que era una ascesis terrenal, y no sobrenatural (como la ascesis puritana defendía). En
la última parte de su obra, Weber refleja la conexión que hay entre el
ascetismo protestante y la economía. Para
esta ideología la riqueza era un grave peligro. Aspirar a ella es absurdo
(comparado con la inmensidad de Dios) y éticamente reprobable. El
ascetismo protestante se va aumentando por la influencia de otros dogmas como el
movimiento bautizante o los cuáqueros. Surge un nuevo protestantismo ascético
más riguroso que el calvinismo (aunque se basa en él). La
nueva ascesis va contra todo ánimo de lucro, riquezas...Es moralmente
reprobable descansar en la riqueza y gozar de los bienes. Prohibía tomarse el
trabajo como algo ocioso por que era el fin absoluto de la vida prescrito por
Dios. Las
consecuencias de esta nueva ascesis son: Ø
Se
van especializando los trabajos, se desarrolla mayor destreza, por lo que
aumenta tanto cualitativa como cuantitativamente el provecho del bien general.
La profesión no fija llevaba al ocio en el trabajo, al desorden en la vida. El
trabajador que era profesional tenía un orden en su trabajo, era un ejercicio
virtuoso y una comprobación del estado de gracia a través de la honradez,
cuidado y método. Ø
No
hay que conformarse con lo que “disponga Dios”. Sino que hay que cambiar de
trabajo si va a resultar más grato (útil) según criterios éticos, de bienes
para la colectividad y de provecho para el individuo. Esto es, no era una lucha
contra el lucro racional, sino contra el uso irracional de las riquezas. De este
modo, si Dios da un lucro en el camino lo hace por un fin y hay que
aprovecharlo. La riqueza es ilícita solo cuando supone un goce y un
despreocupación. Ø
Respecto
a la producción de bienes, el ascetismo lucha contra la sed de bienes
instintivas, deslealtad y consumo. No gastar inútilmente, sino que se debe
invertir en fines productivos. Es así como se forma un capital como
consecuencia de la acción ascética del ahorro. Ø
El empresario burgués ascético podría girarse por interés
de lucro si su estado de gracia era bendecido por Dios. Siempre se mueve dentro
de los límites de la corrección normal con una conducta ética intachable, por
lo que nunca hacía uso inconveniente de las riquezas. Ø
Éste
empresario ponía a su disposición trabajadores sobrios, de gran resistencia y
lealtad profesional. Ø
Si
existe una repartición desigual de bienes, es obra de la providencia divina. Ø
Respecto
a la productividad de los salarios bajos, opinaban que la pobreza movía a la
gente a trabajar (Calvino). Ø
De
todas estas actitudes de vida se concluye que se ha afianzado la raíz religiosa
y aumentado el sentido utilitarista. Weber, después de este análisis,
considera esta ideología ascética como la máxima palanca de la expansión de
la concepción de la vida que él llama “Espíritu del Capitalismo”. Universidad
Nacional de Quilmes Publicación enviada por Jimena Toledo Contactar mailto:anjy020@yahoo.com.ar Código ISPN de la Publicación EplllAEpAAGxsOaKny Publicado Saturday 3 de July de 2004 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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