Monografias | ¡Cuidado con el Marketing!¡Cuidado con el Marketing!Resumen: El Marketing es un conjunto de técnicas concebidas para brindar apoyo a las funciones del Negocio, especialmente las Ventas. El Marketing no es un objetivo básico o terminal para los intereses del Negocio. El entendimiento de Marketing no debe tener preeminencia sobre aquel que es indispensable para el caso de las Ventas. El Marketing no dirige el esfuerzo de Ventas, la Estrategia lo hace. El
Marketing es un conjunto de técnicas concebidas para brindar apoyo a las
funciones del Negocio, especialmente las Ventas. El Marketing no es un objetivo
básico o terminal para los intereses del Negocio. El entendimiento de Marketing
no debe tener preeminencia sobre aquel que es indispensable para el caso de las
Ventas. El Marketing no dirige el esfuerzo de Ventas, la Estrategia lo hace. Esta
falta de orden en la subordinación de conceptos es producto del ejercicio
exagerado de “sincretismo” por parte de la Administración. Por medio de él
la Administración recurre a cuanto conocimiento le sea de utilidad para la práctica
de sus tareas... y el Marketing está allí: pleno, flexible y lleno de un vigor
permanentemente renovado. Por medio del Marketing la Administración trata de
perfeccionar un afán epistemológico respecto a las variables externas que
afectan el desenvolvimiento organizacional. Sin embargo ésta es una tarea que
no le está reservada al Marketing, es una tarea que le corresponde a la
Estrategia. La
Estrategia es el elemento natural de gobierno del Negocio y sus funciones básicas:
ventas y producción. La aplicación de estas funciones en el mercado es la que
somete el Negocio a Competencia y a Conflicto. Y el ser humano no ha descubierto
método mas eficaz de interactuar con el Conflicto que la Estrategia. Por
efecto de su relación ontológica con el Conflicto la Estrategia no es un plan
ni una orientación de largo plazo. La Estrategia es orientación para la acción
inmediata. Dado
que en los sistemas abiertos (el caso del Negocio), las variables externas
condicionan el desenvolvimiento interno, entonces la Estrategia condiciona a la
Administración y, por supuesto, al Marketing. ¡CUIDADO
CON EL MARKETING! La
Administración, como ciencia de gobierno de las organizaciones, sostiene de
manera muy evidente el “sincretismo” como método de nutrición gnoseológica.
La Administración no es una ciencia general que se fundamente en un
conocimiento independiente y original de las cosas que constituyen su objeto de
estudio y su función. La Administración recurre reiteradamente al conocimiento
de otras ciencias para alimentarse a sí misma. Por ello se dice que tiene carácter
sincrético, porque opta por conocimientos de diverso origen y los transforma
para explicar sus propósitos, como quien trabaja sobre una amalgama compuesta
de muchos elementos pero con un fin específico. Las
ciencias que explican el carácter estructural de la Administración son,
esencialmente, la jurisprudencia y la psicología social. Y las ciencias que
explican su carácter funcional son la economía y la politología. Entre estas
cuatro ciencias abreva la Administración. Entre ellas se nutre para dar forma a
su propio estado. Sin embargo su esencia sincrética no la priva de recurrir a
otras ciencias que le sean de beneficio para el trabajo que debe desempeñar. Esta
falta de raíz, le otorga a la Administración una flexibilidad y una capacidad
de adaptación a las circunstancias que pocas ciencias tienen. El mensaje de su
sentido de misión es casi una apología de lo práctico, una oda al
pragmatismo. Pero
tal como suele suceder en muchas cosas de la vida, es precisamente entre su
virtud principal que la Administración encuentra también sus debilidades mas
grandes. Su flexibilidad, su capacidad de adaptación, su inherente pragmatismo,
la alejan repetidamente de la indispensable seguridad que proporcionan los
conceptos. Cada
vez con mayor vigor (como generando una respuesta a la dinámica creciente de
los cambios), la Administración se está convirtiendo en una ciencia
atrincherada entre un conjunto de técnicas. Está llegando al punto
preciso en que el “utilitarismo” reemplaza la reflexión y la sabiduría. Ésa
cultura del “tip” y del “clip” que caracteriza muchos aspectos de la
vida en las sociedades actuales, acostumbradas progresivamente al
“facilismo”, al “inmediatismo” y al conjunto de los conceptos
“light”, está haciendo presa de la Administración con inusual rapidez y
contundencia. Las
diferentes generaciones de profesionales en Administración,
ingresan al mercado de trabajo provistos de técnicas cada vez mas
numerosas y extrañas. Hoy por hoy, ningún profesional puede preciarse como tal
sino interpone conocimientos generales de algunas de ésas técnicas
variopintas: planificación estratégica, reingeniería, “downsizing”,
“benchmarking”, calidad total, equipos de manejo de crisis, “tableros de
comando”, etc, etc. La “cabina de control” del administrador se parece
cada vez más a la de ésos aviones comerciales de los años 70, llenas de
innumerables e incomprensibles relojitos y pantallas, a todo lo ancho y largo de
su estructura. Y
a la sombra de esta variedad multiforme de técnicas yacen exiguos y casi
abandonados los Conceptos. Aquellos que son el verdadero fundamento de la
ciencia. Aquellos que son, en última instancia, los únicos que podrán
diferenciar la propia ciencia del arte puro. Ahora
bien, la técnica mas representativa de éste estado de las cosas, aquella que
en buena parte encabeza el tránsito progresivo de la Administración hacia el
“utilitarismo”, es el Marketing. El
Marketing se ha convertido en una técnica de “mil cabezas”. De él emergen
muchas técnicas menores, en él se amparan y encuentran sustento. Esta
poderosa energía de inercia que ahora existe detrás del Marketing, incluso lo
está alejando de la propia Administración. No
es extraño que muchos profesionales en administración estén convencidos que
sus grandes o pequeños conocimientos de Marketing, califican en realidad su
propio valor profesional. Los mismos especialistas en Marketing se convierten,
muchas veces, en las víctimas principales de esta suerte de culto en el que se
hallan involucrados. Entre la cultura popular de los negocios (porque ella también
existe en el mundo organizacional), el especialista en Marketing casi forma
parte del mundo fantástico de Harry Potter, antes que de un colectivo de
profesionales de gobierno. En
realidad el problema no radica en las técnicas en sí, o en el Marketing en sí
mismo, para este caso. Las técnicas son, por supuesto, absolutamente necesarias
y útiles para los propósitos de gobierno organizacional. El problema surge
cuando las técnicas carecen de otros fundamentos que no sean estrictamente los
propios. Cuando las técnicas desconocen las estructuras de las que forman parte
y se vuelven autosuficientes, se transita de lo práctico al “utilitarismo”. Las
técnicas sólo se justifican cuando emergen como una necesidad funcional de los
Conceptos, cuando complementan y hacen viable el alcance gnoseológico de
aquellos. El conocimiento estructurado e integral se encuentra entre los
Conceptos, no entre las técnicas. Ahora
bien, ¿cómo cabe determinar qué conocimientos se encuentran entre Conceptos y
cuales entre técnicas?. ¿De qué manera se justifica la afirmación de que el
Marketing es una técnica y no un Concepto de gestión?. Para
absolver el interrogante es necesario desarrollar un proceso deductivo lógico
de la subordinación que existe entre unos conceptos y otros. Esta es la forma
de alcanzar la génesis del proceso de preeminencia y alcance de un concepto en
relación a otro. A efectos del Concepto mayor, el menor puede concebirse
perfectamente como una técnica. De
manera rápida y sencilla éste proceso deductivo puede plantearse de la
siguiente forma: La
Administración es un sistema de gobierno que tiene como objeto de trabajo la
Organización, es decir la estructura social ordenada y básica del hombre. El
ser humano es un agente que se desenvuelve entre organizaciones. Existen muchos
tipos de ellas, desde un extremo del continuo en donde aparece la familia, hasta
el otro extremo en donde aparecen las naciones y la propia civilización. El
medio ambiente fundamental del hombre es un mundo de organizaciones en el que se
desenvuelve desde que nace hasta que muere (en este sentido puede resultar
interesante especular sobre los probables alcances y efectos que podría tener
una hipotética “Ecología Organizacional”). Las
organizaciones son diferentes entre sí a efectos del propósito que persiguen,
pero todas ellas, absolutamente todas, precisan de Administración. Por ello la
Administración es el sujeto y la Organización el objeto; la Administración la
función y la Organización la estructura. Dado
que esta relación estructural-funcional no es estática, debe determinarse el móvil
que genera su dinámica. Todas las organizaciones se forman a efectos de
perseguir un Propósito, todas ellas desarrollan alguna actividad, una que además
debe generarles cierto beneficio. Las organizaciones no forman parte de un
sin-sentido, forman parte de un Propósito racional. El
Propósito central de toda Organización es el Negocio que la sustenta y que la
explica. El
término Negocio proviene del vocablo latín “negotium” que etimológicamente
quiere decir “toda actividad que genera utilidad, interés o provecho para
quien la practica”. Este es el significado de beneficio que perfecciona el
Propósito de las organizaciones. El
concepto de Negocio, por lo tanto, no es ajeno a ningún tipo de Organización,
pues todas ellas desarrollan alguna actividad que les genera “utilidad, interés
o provecho”. El Negocio es por ende una función, no es una estructura, y en
ello bien cabría establecer una diferencia vital que muchas veces no queda
clara. Por
otra parte, el concepto de Negocio explica un beneficio genérico y con ello
también se aleja de una interpretación frívola y común: aquella que lo
asocia específicamente con los criterios económicos, financieros o monetarios. Una
Organización como la familia está sustentada por un Negocio de la misma forma
que una empresa que vende automóviles, porque las dos desarrollan actividades
que les generan algún tipo de utilidad, interés o provecho. El
Negocio en las organizaciones está formado por un conjunto de actividades que
buscan alcanzar beneficios. Se supone que todas las actividades que se
desarrollan en la Organización tienden a perfeccionar el Negocio que la
sustenta, pero entre las diferentes actividades que se ponen en práctica
algunas alcanzan el beneficio, la utilidad o el provecho de manera mas directa y
eficaz. Y
ninguna función que la Organización pone en practica consigue ello de manera
mas directa que las funciones de Producción y de Ventas. Estas son las dos
funciones que realmente perfeccionan el Negocio. Y
así como todas las organizaciones están sustentadas por un Negocio, todas
ellas producen y venden algo, porque sólo a partir de estas tareas se consigue
alcanzar los propósitos. Desde la familia, pasando por la iglesia, la empresa
comercial o el Estado, todas las organizaciones producen y venden algo,
perfeccionando de esta manera su Negocio. Ahora
bien, en este punto existe una sutileza que no deja de ser vital. Si bien todas
las organizaciones producen y venden algo, en realidad ninguna llega a producir
algo que no podrá venderse luego. Por ello la función de Ventas alcanza
preeminencia sobre la de producción. Y de esta manera se genera una conclusión
básica: la función de Ventas perfecciona el Negocio. Sólo
la Organización que se enfoca en su Negocio, o lo que es lo mismo, en sus
actividades de Venta, puede alcanzar niveles apropiados de salud. A
partir de este punto otra variable ingresa para explicar la dinámica
organizacional: el tamaño, la magnitud. Si
bien toda Organización se forma a partir de las funciones del Negocio, es decir
la producción y la venta de algo, llega un momento en que estas mismas
funciones demandan otras tareas de apoyo para optimizar su desempeño. Y entre
estas funciones de apoyo se incluyen progresivamente todas aquellas que
tipifican una Organización promedio. Entre las empresas comerciales, por
ejemplo, las funciones de apoyo se inscriben entre las tareas contables, las
financieras, las de logística, las de compras, las de investigación y
desarrollo, las de recursos humanos, etc, etc. En
realidad son funciones de apoyo todas aquellas que no forman parte del Negocio,
es decir todas a excepción de las funciones de Ventas y de producción. Muchas
veces, estas funciones de apoyo se clasifican como funciones burocráticas o
pertenecientes a la Burocracia. Este es un ejercicio metodológico que busca
esencialmente diferenciarlas de las funciones del Negocio. Aquí el termino
Burocracia se utiliza en su acepción positiva, aquella que la vincula a tareas
que se realizan en el “bureau”. De
acuerdo a su magnitud, las organizaciones están conformadas por el Negocio y
por la Burocracia. Esta última se subordina claramente al primero. La
Burocracia por sí sola no genera ningún tipo de utilidad, interés o provecho.
Sólo las funciones del Negocio (esencialmente las Ventas), lo consiguen. Muchos
de los problemas mayores que enfrentan las organizaciones de negocios, se
generan en el error simple de no entender las diferencias vitales que existen
entre estos conceptos. En muchas organizaciones, las estructuras burocráticas
alcanzan tal magnitud que de hecho “asfixian” al Negocio. Y éste permanece
dramáticamente “oculto”, hasta
el punto que reconocidos pensadores de la ciencia de los negocios llegan a
recomendar que la Organización se plantee la pregunta ¿en qué negocio
estamos?. Y
resulta lógico entender que organizaciones muy grandes pierdan el norte. Cuando
en una Organización las funciones de producción y de Ventas no son homogéneas,
es muy difícil definir el Negocio. Si en una Organización se producen y se
venden muebles, automóviles y bienes raíces, debe entenderse que existe mas de
un Negocio y que por lo tanto la Organización tiene una estructura de carácter
corporativo. Luego, resulta muy complicado determinar cual es el Negocio de la
corporación en su conjunto. En
estas grandes organizaciones (que por otra parte cada vez se encuentran mas
cerca de ser llamadas con propiedad “organizaciones jurasicas”), la
estructura burocrática adopta tal magnitud que condiciona el enfoque de gestión.
La gerencia administra la Organización enfocada en los intereses de la
Burocracia y no en los intereses del Negocio, porque además muchas veces cabe
preguntarse ¿cuál es realmente el Negocio?. Dada
la existencia de funciones que justifican por un lado el Negocio y por otro la
Burocracia, resulta apropiado inquirir ¿dónde se inscribe la función de
Marketing?. Ningún teórico del Marketing aceptará fácilmente posicionar éste
término como un sinónimo de Ventas. El entendimiento de Marketing pasa hoy mas
allá de esta sola consideración. Transita entre la evaluación y la propuesta
de muchos factores adicionales de la fenomenología comercial: mercado,
clientes, tendencias, hábitos, inclinaciones, disposiciones, costumbres,
cultura, etc. Funcionalmente,
el Marketing se atribuye un alcance de trabajo mayor al que puede entenderse
para las ventas. En muchos casos incluso se ve en la disyuntiva de acotar o
clasificar su propio alcance de trabajo. Sobre
este punto son muy interesantes los comentarios de Jean Jacques Lambin, quien en
su libro Marketing Estratégico dice que existen tres acepciones populares de
Marketing: “El marketing, dice una, es la publicidad,
la promoción y la venta a presión, es decir, un conjunto de medios de venta
particularmente agresivos, utilizados para conquistar los mercados
existentes”. “El marketing, dice otra, es un conjunto de
herramientas de análisis, de métodos de previsión y de estudios de mercado,
utilizados con el fin de desarrollar un enfoque prospectivo de las necesidades y
de la demanda”. “El marketing, dice la última, es el gran
corruptor, el arquitecto de la sociedad de consumo, es decir, de un sistema de
mercado en el cual los individuos son objetos de explotación
comercial por el vendedor”. Por último, el propio Lambin da una
interpretación de Marketing: “El marketing es el proceso social,
orientado hacia la satisfacción de las necesidades y deseos de individuos y
organizaciones, por la creación y el intercambio voluntario y competitivo de
productos y servicios generadores de utilidades”. La
forma en que Lambin plantea las interpretaciones ilustra, incluso, una especie
de proceso evolutivo del significado de Marketing, al menos en términos del
entendimiento popular (y no hay porque pensar que esto no se comparta en la óptica
profesional). De entenderse primero como un “conjunto de medios agresivos de
venta”, concluye por entenderse como “un proceso social”. Lo
que queda claro es el que el Marketing no se concibe como un termino sustituto
del de Ventas, lo que por otra parte es absolutamente lógico, pues no existiría
esfuerzo mas absurdo que aquel invertido en el solo hecho de encontrar palabras
o conceptos perfectamente sustitutos. Ahora
bien, si se coincide que Marketing no es lo mismo que Ventas, entonces en
respeto básico a la metodología de análisis, habrá que descartarlo como una
función del Negocio y habrá que incluirlo entre las funciones de la
Burocracia. Desde
el punto de vista del análisis estructural (la Organización como tal y el
Negocio que la sustenta), el Marketing recibe un primer calificativo vital: es
una función de apoyo y como tal se encuentra subordinado a las Ventas. Esta
subordinación debe dejar muy claro que el Marketing no es una función que
dirija las Ventas, puesto que apoyo no puede entenderse nunca como dirección. Y
con el Marketing se cumple lo mismo que con cualquiera de las otras funciones de
la Burocracia: si la Organización orienta sus enfoques de gestión desde los
intereses de la Burocracia, debilita notablemente los intereses del Negocio. El
Negocio demanda que el enfoque de gestión parta desde las Ventas y no que
llegue a ellas. En
el afán de entender por qué la interpretación de Marketing llega al punto de
situarse como elemento rector de las Ventas, en violación clara a una
subordinación conceptual básica, se inicia el proceso de análisis de la
segunda dimensión del fenómeno organizacional: el aspecto funcional. Si
en términos estructurales la Organización está conformada por el Negocio y
por la Burocracia, en términos funcionales su gobierno está a cargo de la
Estrategia y de la Administración. La
confusión que existe en el análisis funcional del fenómeno explica claramente
esa especie de “usurpación gnoseológica” que el Marketing comete al
atribuirse la dirección de las Ventas. Tanto
Administración como Estrategia son conceptos de gobierno. Sin embargo a efecto
de sus objetos específicos de trabajo se diferencian de una manera notable. Si
bien el criterio de subordinación conceptual entre ambos no queda muy claro, la
diferencia entre sus alcances funcionales puede entenderse a la perfección. La
Estrategia como concepto de gobierno precede históricamente al concepto de
Administración científica. El hombre conoce y practica Estrategia mucho antes
que Administración en sus formatos actuales. Etimológicamente
Estrategia proviene del vocablo griego “strategos”, que quiere decir
General. Este último era el responsable de comandar las operaciones en las
organizaciones militares. El “strategos” ejercía, por supuesto, funciones
de gobierno, pero lo hacía entre un marco específico de hechos y
circunstancias. Las
operaciones militares se diferencian de otras porque entre ellas prevalecen
factores de confrontación: disputas, combates, rivalidades. Y todos estos
aspectos tienen entre ellos un denominador común: Conflicto. La
Estrategia es la función de gobierno del STRATEGOS orientada a la resolución
de un Conflicto a favor de los intereses propios. Es
cierto que también en el caso de la Estrategia, la Administración y su
sincretismo han distorsionado el buen entendimiento. Hoy es casi imposible
encontrar consenso entre los pensadores con respecto al significado fundamental
de Estrategia. Para la Administración la Estrategia está cerca de ser “un
tipo de plan” de largo plazo, un sistema de orientación para establecer
posiciones, patrones y perspectivas de comportamiento organizacional. Sin
embargo la Estrategia nunca ha dejado de ser básicamente la función del
STRATEGOS para dirimir favorablemente el Conflicto, y en tanto el buen juicio
prevalezca, debe entenderse que la resolución del Conflicto no comienza y
termina con un plan porque es fundamentalmente Acción, y tampoco proyecta su
resolución en el largo plazo, porque el Conflicto se desarrolla aquí y ahora. La
Estrategia es un elemento de gobierno que se fundamenta en la Acción y en el
corto plazo. Y esta afirmación no obedece a ninguna interpretación osada, se
remite básicamente al entendimiento de Conflicto. Este no se resuelve únicamente
con planes de largo plazo. El Conflicto se resuelve con Acción Inmediata. Entre
las organizaciones no-militares existe también el tipo de Conflicto al que
esencialmente se orienta la Estrategia. Esto es mucho mas evidente en el caso de
las organizaciones de negocios. Allí el Conflicto tiene una naturaleza
transparente y una dimensión muy real: la Competencia. La
existencia de Competencia determina la existencia del Conflicto. Cualquier
organización de negocios que reconozca la existencia de un competidor debe
reconocer también la existencia de Conflicto. En
este punto tampoco es razonable (y mucho menos favorable) permitir que la
Administración trate de incluir interpretaciones diferentes para lo que
significa la Competencia y su efecto en los intereses de la Organización. En
la búsqueda de perfeccionar los intereses propios, la Competencia afecta los
intereses de otros. ¡Así de claro!. Provoca daño, genera perjuicio, evita la
maximización de los resultados propios, obliga a desarrollar estructuras de
costos y gastos adicionales, demanda el establecimiento de un permanente estado
de apronte, etc. La
Organización no busca por sí ninguna de estas cosas; se ve obligada a hacerlo
para mitigar los daños que le puede ocasionar el competidor. Ahora
bien, no es la Organización como tal, al menos en su entendido integral, la que
se ve sometida a Competencia y a Conflicto. Esto se reserva para el Negocio. Es
el Negocio que sustenta la Organización el que se ve enfrentado a las
arremetidas del competidor. No existe competencia entre Burocracias o entre
organizaciones, existe competencia entre negocios. A partir que el Negocio se ve
expuesto a competencia se puede afirmar que la Organización está también
expuesto a ella. Y
la variable que explica la dinámica competitiva entre los negocios tiene
nombre: las Ventas. En última instancia son las Ventas las que se disputan los
competidores y las que explican la existencia de un estado de Conflicto. El
sistema de gobierno mas evolucionado y eficaz que el hombre conoce para lidiar
con el Conflicto es la Estrategia. Por ello debe entenderse que es la Estrategia
la responsable de dirigir los intereses del Negocio y para su efecto, los
intereses de Ventas. No
es el Marketing quien dirige los intereses de las Ventas, ni aún siquiera la
Administración, es únicamente la Estrategia. El
ejercicio de la Estrategia está fundamentado en la orientación que
proporcionan los Principios Estratégicos. Son estos principios los que en el
fondo particularizan a la Estrategia y la diferencian de cualquier otro sistema
de gobierno. Los
Principios Estratégicos constituyen sabio resumen de las experiencias de miles
de STRATEGOS en su interacción con miles de Conflictos a lo largo de miles de años
de historia. Principios
Estratégicos como Concentración; Fortalezas contra Debilidades, siempre;
Convertir el tiempo en aliado; “Todo el mundo debe beneficiarse de las
victorias”; Cuidado con la relación general-soberano; Coordinación de
impulso y tiempo; Asumir la iniciativa; Planificar la sorpresa; Engañar al
competidor; Conseguir la ventaja mental, etc., constituyen sólido y prudente
conocimiento para orientar la acción. La
Estrategia trabaja funcionalmente en la Organización de “afuera hacia
adentro”, porque el Conflicto fundamental (la Competencia) se desarrolla en el
entorno organizacional. En
cambio la Administración, como conjunto ordenado de conocimientos para el
gobierno, se desenvuelve mejor en la gestión de los intereses organizacionales
de “adentro hacia fuera”. Por ello la Administración es muchas veces mas
eficiente en la gestión de la Burocracia. Pero
dado que el entorno condiciona a la Organización y dado que el Negocio debe
condicionar a la Burocracia, es admisible suponer que entonces la Estrategia
condiciona a la Administración. En todo caso el debate epistemológico sobre
este último aspecto sostiene aún ríspidas aristas, y su trato no es de
conveniencia en lo que aquí se toca. Sí
queda claro, sin embargo, que la Estrategia gobierna los intereses del Negocio,
especialmente los intereses de Ventas. Y con ello asume pleno derecho sobre el título
de Estrategia de Ventas. Todos
los planes y programas de trabajo, las previsiones y las acciones, el enfoque
mental, la prioridad de gestión y la lógica general de trabajo de la
Organización deben supeditarse a los intereses de la Estrategia de Ventas. Esta
incluye todo en un acto de carácter holistico. Acá
resulta pertinente hacer otra aclaración: conceptualmente no existe nada que
pueda brindar utilidad al asumir que existen “otro tipo” de estrategias:
Estrategia de Marketing, Estrategia Financiera, Estrategia de Recursos Humanos,
etc. En la ciencia de los negocios (y prácticamente en la generalidad de las
organizaciones), el término de Estrategia está reservado en estado puro,
limpio y virginal para las Ventas. Tampoco
existe beneficio alguno en la utilización del concepto de Estrategia como
adjetivo calificativo de otras funciones. La riqueza de la Estrategia no se
manifiesta ni siquiera de manera parcial cuando a ella se refieren
“construcciones conceptuales” como marketing estratégico, planificación
estratégica, administración estratégica, etc. En todos estos casos la
Estrategia adquiere un carácter casi cosmético, algo que ni ella precisa y
tampoco las funciones a las que supuestamente está llamada a enriquecer. El
marketing, el plan, la administración, etc., son una cosa y la Estrategia otra.
Ni ellos, ni ésta, requieren “muletillas”. Ahora
bien, como la Administración encuentra una
“zona de confort” en la gestión de los intereses de la Burocracia,
muchas veces enfatiza también la importancia de las funciones que la componen.
Incluso cuando ello le representa flaco beneficio al Negocio. Cuando
el concepto de Estrategia no es firme o no está establecido claramente en las
practicas de gestión, la Administración gobierna los intereses del Negocio
desde la Burocracia. Y el mecanismo mas útil y apropiado que encuentra es el
Marketing. A partir del Marketing la Administración llega a las Ventas. En
estos casos el Marketing adopta un papel rector y no la labor de apoyo. Cuando
el proceso se repite de manera sistemática el Marketing termina por desplazar
el simple y elemental sentido que las Ventas tienen para perfeccionar el
Negocio. Entonces pueden generarse largos e interminables periplos en los que se
desarrolla una alquimia fantástica de Marketing y no se vende. Luego el
Marketing se ve arrastrado a mayor complejidad para ser efectivo y acrecienta su
distanciamiento del proceso de ventas. Se llega de esta forma a un estado en que
el Marketing se convierte en objeto de estudio y de atención en sí mismo. Los
esfuerzos se orientan hacia él y no desde él hacia un fin mas elevado. Cada
vez existe un número mayor de organizaciones que desarrollan brillantes y
complicados programas de Marketing y que sin embargo no venden en la proporción
que garantice la solidez del Negocio. Cada vez existen más especialistas en
Marketing que trabajan lejos de las ventas y que son ineficaces. Grandes
gerentes de Marketing desconocen conceptos elementales del Conflicto y trabajan
en el estilo propio de la Burocracia: largas y simpáticas jornadas alrededor
del “bureau”, esperando “ésa” idea brillante, ésa visita de la musa
que califica el arte. El
Marketing profesa reiteradamente ésa idea errónea del culto a la “inspiración”.
Una idea que frecuentemente asemeja a grandes ejecutivos de marketing con
artistas de música rock; tanto en la rebeldía como en el deseo firme de hacer
prevalecer conocimientos casi místicos, hipotéticamente difíciles de ser
comprendidos por los espíritus simples. Bajo
la lógica de la Administración, es tan determinante la existencia del
Marketing que su actuación define el ser y estar de las otras funciones. Cada
vez son mas los responsables financieros en las organizaciones que en poco
valoran estas disquisiciones de Marketing y no son pocos los propios
responsables de ventas que entienden perfectamente la necesidad y las formas de
vender y sin embargo no comprenden por qué los grandes ejecutivos de Marketing
no lo consiguen o no lo hacen. Bien
hacía Napoleón (ése gran STRATEGOS) al decir doscientos años atrás que
“la guerra sólo se aprende yendo hacia los disparos”. Y en el mundo de los
negocios eso sólo se cumple en la trinchera de las Ventas. El
Marketing tampoco es capaz de convertirse en una función aglutinadora. Una que
consiga el compromiso y el accionar ordenado del resto de las funciones
organizacionales hacia propósitos comunes. Y éste, por supuesto, es el caso típico
de las técnicas. Ellas están destinadas a complementar y no pueden ser
efectivas constituyendo el todo. En
este esquema de trabajo inapropiado y disfuncional, la Administración sigue
recurriendo a su sincretismo para alimentar sin pausa un enfoque de Marketing
que no se perfecciona. En apariencia el Marketing sigue evolucionando, pero en
buena parte de los casos se sigue alejando de su fundamento, de su misión de
apoyo y de la efectividad que en ella está garantizada. Ahora
bien, el aspecto mas peligroso de esta realidad radica en que la mal entendida
preeminencia del Marketing, afecta notablemente a la Estrategia. En tanto que el
ímpetu del Marketing crece, la atención a la Estrategia mengua. En tanto que
la atención se centra sobre el Marketing, decae aquella que es primordial
otorgarle a la Estrategia. En tanto que se hace Marketing, muchas veces no se
hace Estrategia. Bien
claro está que el Marketing debe incluirse en la Estrategia, pero en el afán
de incorporar la Estrategia entre los intereses de Marketing, se erosiona
irremediablemente la solidez del Negocio. Y
en este punto no cabe duda alguna: todo lo que afecte al Negocio afecta la
existencia misma de la Organización. La
responsabilidad por éste estado de las cosas no es del Marketing, es de la
Administración. Ésta debe hacer un giro, mas temprano que tarde, hacia el
origen y el poder de ciertos conceptos. Debe detener o postergar un poco el
ejercicio sincrético o al menos debe orientarlo hacia los conocimientos que
mejor sustenten el desarrollo de los conceptos. Existe mucho que la Administración
debe hacer aún en el entendimiento de la fenomenología y dinámica de la
Organización, mucho por optimizar en sus enfoques y
políticas de gobierno de la Burocracia y sobre todo mucho por hacer para
comprometerse efectivamente con los intereses del Negocio. En este
camino, el sincretismo seguirá siendo un gran apoyo para la Administración,
pero algo mas distante del peligroso punto que limita con el “utilitarismo”
y la comodidad gnoseológica. El
Marketing es un inapreciable conjunto de técnicas que en mucho ayuda a la
efectividad de la Estrategia. Sin conocimientos bien sustentados de Marketing y
aplicación de sus técnicas, la Organización adolece de una severa desventaja
competitiva. En
el apoyo a las Ventas radica la fortaleza del Marketing. En su inclusión
apropiada a la Estrategia radica su valor. Ahora
existe mucho “marketing” detrás del propio Marketing, y esto no es
necesario. Sobre
la Estrategia reposa la gran responsabilidad por la salud de las organizaciones
en esta nueva era de grandes “externalidades”. La
naturaleza del Conflicto para las organizaciones evolucionará indefectiblemente
en términos de complejidad. Pocos adelantan un vaticinio diferente. Por delante
sólo se puede esperar más turbulencia. La
tensión dinámica que caracteriza la relación de la Organización con su
ambiente, transita los límites mismos de ruptura del equilibrio. El entorno es
cada vez mas grande y poderoso. La Organización precisa recurrir a cada gramo
de esfuerzo que pueda proporcionar su estructura. Y el mecanismo mas inteligente
que el hombre ha creado para lograrlo no es el Marketing, es la Estrategia. BIOGRAFIA DEL AUTOR www.elstrategos.com Carlos
Eduardo Nava Condarco es natural de Bolivia, reside en la ciudad de Santa Cruz
de la Sierra. Nació el 13 de octubre de 1964 y actualmente tiene 39 años. Tiene
una licenciatura en Administración de Empresas de la Universidad Católica de
Bolivia y ejerce la profesión desde hace 15 años. El
señor Nava ha desempeñado cargos gerenciales de importancia en empresas de su
país orientadas especialmente a la comercialización de productos de consumo
masivo: bebidas gaseosas (Coca-Cola), cemento (SOBOCE S.A), comida rápida
(Burger King). En estas organizaciones su responsabilidad principal ha estado
siempre vinculada a la dinámica de los mercados y a la competencia, en cargos
de Gerencias Comerciales y de Operaciones. El
señor Nava es catedrático de la Universidad Católica Boliviana desde hace 8 años,
en la materia de Política y Estrategia Empresarial. Ha
dedicado mas de 12 años de investigación profesional a la Estrategia de
Negocios y se encuentra en proceso de publicar el libro “El STRATEGOS y la
guerra en el mundo de los negocios”, del cual éste artículo es un extracto
adaptado. Por:
Lic. Carlos Nava Condarco Publicación enviada por Lic. Carlos Nava Condarco Contactar www.elstrategos.com Código ISPN de la Publicación EpllllAAZAvUoERDjN Publicado Saturday 3 de July de 2004 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
ilustrados.com nace con el fin difundir el conocimiento publicando trabajos de investigación, monografias, tesis, presentaciones powerpoint y afines. Publicar trabajos en ilustrados.com ha alcanzado prestigio y reconocimiento internacional siendo cada vez más el número de académicos, empresas, investigadores, científicos que consultan las publicaciones de nuestro portal. | |||||||||