Monografias | El problema docente en medio de los procesos de reformas educativasEl problema docente en medio de los procesos de reformas educativasResumen: Enmarcar la problemática docente bajo la premisa general de aceptación de que los Sistemas Educativos Nacionales (SEN), viven un momento crítico. Desde los más diversos ángulos y a partir de razonamientos que recorren caminos muy diferentes existe la coincidencia de reclamar un punto de inflexión en el curso seguido hasta ahora. La crisis aludida se expresa desde la sensación epidérmica de insatisfacción hasta las complejas consideraciones político -institucionales.(V) Ningún
problema surge en un vacío previo, ni como fruto de una observación de hechos
que se manifiestan ante nuestros ojos. Por el contrario, como lo establece K.
Popper (1978), “el conocimiento no
comienza con percepciones u observación o con la recopilación de datos o de
hecho sino con problemas…todo problema surge de descubrimientote que algo no
está en orden en nuestro presunto saber; o, lógicamente considerado, en el
descubrimiento de una contradicción interna en nuestro supuesto conocimiento y
los hechos; o expresado quizás más adecuadamente, en el descubrimiento de una
posible contradicción entre nuestro supuesto saber y los supuestos hechos.”[1] A
partir de lo anterior es necesario enmarcar la problemática docente
bajo la premisa general de aceptación de que los Sistemas Educativos
Nacionales (SEN), viven un momento crítico. Desde los más diversos ángulos y
a partir de razonamientos que recorren caminos muy diferentes existe la
coincidencia de reclamar un punto de inflexión en el curso seguido hasta ahora.
La crisis aludida se expresa desde la sensación epidérmica de insatisfacción
hasta las complejas consideraciones político -institucionales. La
disconformidad está presente en todos los actores. Ello ha llevado a que se
impulse con gran fuerza a partir de la primera mitad de la década pasada
intentos de reforma de la enseñanza. Dichas reformas tienden a solucionar males
endémicos de nuestros respectivos sistemas, su dinámica, sus niveles de
pertinencia con relación a disciplinamiento y capacitación laboral. A nivel de
todo el continente hemos asistido a un aumento significativo de los recursos
puestos a disposición de las nuevas propuestas, ello ha revertido la tendencia
que dominara en la denominada década perdida y en la anterior. Evaluados
sus primeros resultados se constata que aún estamos lejos de alcanzar los mínimos
propuestos y que cómo lo indica uno de los informes internacionales “estamos
quedándonos atrás”.[2] Esto significa que si
comparamos los niveles de aprendizaje realizados por alumnos de las naciones
desarrolladas y las comparamos con los nuestros, las distancias tienden a
continuar creciendo. A. Latina incluso se coloca claramente detrás de otras
naciones que si bien ubicadas en un segundo plano desde el punto de vista de los
niveles económicos, están avanzando a un muy buen ritmo. Múltiples
son los factores identificados en trabajos como los de Marcela Gajardo[3],
Inés Aguerrondo[4] o Javier Corrales[5]
. Dentro de esos obstáculos a vencer en este caso nos ocuparemos de un
aspecto puntual: las necesidades formativas de los docentes actuantes en medios
sociales altamente vulnerables de bajo capital social y cultural. En una investigación
realizada en el marco de la UCUDAL en
10 escuelas de Montevideo, dirigida a Maestros, Directores e Inspectores de
dichos centros y con el propósito (dentro de otros) de evaluar los resultados,
percibidos por los docentes, de los cursos de perfeccionamiento llevados a cabo
durante dos años, surgen elementos de sumo interés. En las entrevistas se
procuró profundizar en las siguientes líneas: ·
Analizar en qué medida se atienden en el proyecto curricular,
las desigualdades producidas por la pobreza en el aprendizaje de los alumnos. ·
¿Son adecuadas a nivel aula y su contexto, las estrategias
pedagógicas sugeridas a los docentes con tal fin? ·
¿Se definen perfiles de entrada de los alumnos, contemplándose
el capital cultural y social de los niños provenientes de hogares deprivados,
utilizando para ello, los maestros esos especiales códigos como elementos del
currículo? La investigación aludida
concluye, según expresiones de los docentes entrevistados: a) En la práctica no se
logró. Se pone seriamente en duda la validez de la propuesta a la luz de la
falta de coordinación del proyecto pedagógico y el proyecto social.
La UMRE en sus evaluaciones (1996-1999) reconoce los pocos avances
realizados. b) A la pregunta número dos,
en forma casi unánime los maestros indican que no se les brindan elementos
concretos para trabajar en el aula
las singularidades de esos niños. Cuando se habla de diversidad siempre se
concluye en rezagos pedagógicos para "igualar" con los "demás",
pero no a una personalización educativa que tenga en cuenta y utilice
curricularmente el capital cultural y social que sí traen. c) En lo que refiere a los
perfiles de entrada de los alumnos aludidos, las respuestas son unánimes en
todos los niveles docentes. No tienen en sus fichas de diagnóstico ningún
elemento con el que puedan configurar tal perfil. Todos aluden a una muy
buena información teórica pero no se les dieron estrategias prácticas para
trabajo de aula. Es Decir que en las respuestas subyace el reclamo de técnicas
efectivas a poner en juego dentro del aula. Algunos
autores han afirmado a lo largos de sus trabajos que una de las formas más
seguras de bloquear los procesos de transformación educativa es pretender
imponerlos. Se torna esencial la participación, pero la misma no es un fruto
mecánico que podemos recoger a partir de un compromiso, más o menos
superficial y un consenso muy general sobre el camino a recorrer. “Y para que esta participación tenga sentido y sea productiva, no
basta con que los maestros adquieran nuevos conocimientos sobre los contenidos
curriculares o nuevas técnicas de enseñanza. Los profesores no son simples
aprendices técnicos; también son aprendices sociales.”[6]
En tanto tales están necesitados de comprender el escenario donde deben
desarrollar su acción para tener la capacidad de crear y desplegar estrategias
alternativas que permitan alcanzar los logros propuestos por la sociedad y sus
demandas. El
primer paso consiste en comprender las claves del proceso que llevó a la
consolidación de una determinada estructura organizativa y a una cultura
institucional, con bases muy firmes y no siempre explícitas. La
escuela tal como hoy la conocemos nace en consonancia con un determinado modelo
de organización social, el cual es identificado con el nombre de modernidad. A
partir de entonces los sistemas educativos se transformaron en un instrumento
estratégico en la consolidación del propio Estado. En este sentido Gimeno
Sacristán es totalmente claro al afirmar: “El
desarrollo de los sistemas escolares va ligado a la formación del estado
moderno, amalgamando en este esfuerzo motivaciones diversas: preparación de
mano de obra para la maquinaria productiva, disciplinamiento, a través de
procedimientos simbólicos no coercitivos, divulgación de una cultura acorde
con la idea de nación, ideales ilustrados de liberación de los individuos a
través de la cultura, cuidado de la infancia y logro de una cierta igualdad.”[7] Acorde
con lo anterior desde un comienzo, en el caso uruguayo, se procedió a la
formación de cuadros docentes que eran imbuidos de las ideas claves acordes a
dichos planteos. Los ejes de la formación profesional señalada se ubicaron con
referencia a dos de los grandes conceptos controversiales que orientaban los
discursos de la época: laicidad y homogeneidad entendida como escuela común.
Según se fueran procesando fuerzas y líneas de tensión dentro de la sociedad,
se ajustaron las dimensiones de
estos dos grandes temas, sin que se alcanzara un consenso pleno en torno a
ellos. Sin
lugar a dudas el desenvolvimiento histórico demostró que el modelo de formación
edificado, con un determinado equilibrio entre teoría y práctica, favorable a
esta última, fue eficiente. Permitió con periódicos ajustes ganar en
democratización interna y expandirse a toda la sociedad. Hoy
nos enfrentamos a una situación diferente. El escenario es otro. La
hiperintegración o la cercanía según tomemos la formulación de G. Rama o
Real de Azúa respectivamente, tiende a desaparecer siendo sustituida por una
segmentación más que importante. El debilitamiento de las capas medias y de su
proyecto social, afincado en el Estado Benefactor, ha determinado que esta deje
de ser reconocida y aceptada como un referente válido para toda la sociedad con
lo que el mensaje asociado a aquel, no encuentra el eco necesario. Es decir que
el imaginario de las capas medias y sus formas de manifestación dejan de ser
reconocidos y aceptados por todos Todo
el lenguaje curricular e institucional pasa a ser un “extraño” para amplios
sectores de la sociedad y por ende no correspondientes a una identificación
buscada. En definitiva la significatividad del mismo deja de tener como
escenario la totalidad del espacio social para reducirse a un sector decadente y
en retroceso. Por
tanto una reforma educativa, debe pasar por una redefinición las premisas básicas
en el que se sustenta así como un ajuste de los objetivos a los que apunta.
Ello es imposible sino modificamos la lectura de la sociedad y de la propia
esfera educativa. Entre muchas cosas se debe tomar en cuenta que la escuela ha
dejado de ser el único centro de formación y detentora de una cultura superior
y única. Por el contrario es un espacio cruzado por conflictos, ubicado muchas
veces en contextos que no comulgan con los mismos valores difundidos desde las
aulas. Una
formación docente que en líneas básicas ha seguido las líneas tradicionales,
se muestra ineficiente para afrontar los requerimientos generales del conjunto
social y específicos de los diferentes sectores de modo de reconstruir el
entramado social. Problemas específicos requieren soluciones igualmente específicas,
construidas dentro de una estrategia global y en torno a un cuerpo de valores y
determinado capital cultural que se considera vital conservar e impulsar. A
esto se asocian las modificaciones producidas en el terreno del empleo y de la
producción. Más allá de aspectos coyunturales, la tasa de desocupación ha
crecido por encima de los promedios históricos. Se ha generado así mecanismos
de marginación hacia el interior de nuestras ciudades que exigen respuestas
nuevas, también en el plano educativo. Es en este punto en que debemos retomar
las palabras de Hargreaves, respecto a la necesidad de que cada docente sea un
aprendiz social. En este punto existe coincidencia con la postura que reclama
Giroux, en cuanto a que el docente deba necesariamente asumir su papel de
intelectual transformativo. Uno de los principales obstáculos a superar deviene
de la propia formación del docente en un doble proceso. Al respecto resultan válidas
las afirmaciones del mencionado Giroux las cuales señalan
rasgos esenciales que desde nuestro ángulo definen los procesos de
formación básicos. “En lugar de
aprender a plantear cuestiones acerca de los principios subyacentes a los
diferentes métodos pedagógicos, a las técnicas de investigación y a las teorías
educativas, los estudiantes se entretienen a menudo en el aprendizaje del como
enseñar, con que libros hacerlo,
o en el dominio de la mejor manera de transmitir un cuerpo dado de
conocimientos”[8]
Esta apreciación sobre la formación formal del cuerpo docente debe ser
necesariamente complementada por un ángulo aportado por M. Poggi. La formación
“… comienza mucho antes del ingreso a
un instituto de formación docente o a la universidad, se inicia a partir de una
larga exposición como alumnos frente a distintos maestros y profesores, proceso
que Lartie denominó aprendizaje por observación, el cual tiene además un
fuerte componente de procesos de identificación con actuaciones que se van
recortando como modélicas.”[9] Esto nos permite
entrever un proceso reproductivo de determinadas prácticas y actitudes que
continúan proyectándose en las aulas. Por
todo lo anterior surge la premisa básica que encuadra la presente búsqueda: no
es posible ninguna reforma si la misma no penetra dentro del aula y modifica
mecanismos esenciales de la acción docente. Será a partir de este axioma que
construiremos las grandes interrogantes cuyas respuestas pretenden ser
construidas a partir de las conclusiones de la investigación. Si
definimos el concepto de capital pedagógico como el conjunto de experiencias de
los docentes, tanto previas como a lo largo de su vida profesional, y sus
conocimientos y creencias sobre el aprendizaje, la enseñanza y los propios
contenidos curriculares manifiestos y ocultos,
cabe preguntarse: a)¿Cómo
se proyecta ese capital pedagógico en las aulas de las escuelas de contexto
socialmente desfavorable? Es decir cómo estructura el discurso educativo cada
uno de los docentes y qué líneas deberán ser priorizadas a los efectos de
reorientar aquellos elementos negativos para el logro de los objetivos. En este
aspecto es vital considerar el grado de coherencia que existe entre el discurso
manejado y la práctica concreta a escala de aula. b)¿Qué
capacidad de lectura de la realidad tiene cada uno de los docentes y que
mecanismos institucionales existen de modo de posibilitar la colectivización de
experiencias? c)¿En
qué medida el docente y la institución son capaces de construir puentes con el
entorno de manera de influir en la resignificación de las experiencias
cotidianas de los alumnos? d)
Dadas las características del universo a considerar y a la presencia de
docentes con formaciones originales muy diferentes ¿Cómo se integran entre sí
las mismas en pos de un mismo objetivo y una estrategia general de la institución?
En otras palabras, ¿los códigos manejados por los diferentes nucleamientos
docentes se procuran aunar a través de una yuxtaposición mecánica o mediante
una integración de interdisciplinariedad integral? e)
¿Qué elementos del capital pedagógico son susceptibles de oficiar de
bloqueadores de proyectos innovadores que surgen a partir de la misión – visión
de la institución? Paralelamente
¿qué prioridad registra cada uno de ellos, en función de su capacidad de
impacto sobre el hacer educativo? En
síntesis estamos frente al siguiente problema. Los cambios producidos en el
escenario y los procesos de segmentación social, determinan la necesidad de
construir propuestas educativas alternativas efectivas. Hasta
el presente se han llevado adelante modelos de escuelas que procuran incorporar
los principios emanados del discurso reformista. Pese a los esfuerzos
desplegados, no se aprecian mejoras
de la calidad educativa en los diversos planos, en consonancia a los niveles de
inversión producidos. No
es aventurado afirmar que un conjunto muy importante de escuelas, muchas
situadas precisamente en las zonas donde más se requeriría su aporte, se han
transformado en “estacionamientos temporales” de niños. Su tránsito por
las aulas no significa
modificaciones sustantivas de su capital cultural y social. Se
puede constatar empíricamente que
la distancia que separa culturalmente los diferentes segmentos sociales y la
posibilidad de que la misma desemboque en un debilitamiento mayor del entramado
social con las consecuencias previsibles, impone la necesidad de encontrar
estrategias alternativas, para lo cual los docentes deberán introducir cambios
sustanciales. Si
los docentes no son capaces de comprender el distanciamiento cultural que media
entre ellos y sus alumnos comprendiendo las razones de ellos y actúa
efectivamente sobre ellos, los niveles de calidad total requeridos permanecerán
lejanos. Preparar
a los docentes técnicamente para materializar en el interior de las aulas prácticas
efectivas que garanticen niveles superiores de aprendizaje es el gran propósito
que deberá acompañar cualquier decisión de introducir innovaciones eduativo
– institucionales. Mtro
Insp. Magíster Douglas Ifrán
Marzo
2004 [1]
K. R. Popper. La lógica
de las ciencias sociales. Tesis 4. Página 10. Ediciones Grijalbo. México
1978. [2] Comisión Internacional
sobre Educación, Equidad y Competitividad Económica en América Latina y
el Caribe “Quedándonos
atrás” Informe Internacional Diciembre 2001. Preal Chile [3] Marcela
Fajardo. Reformas Educativas en A. Latina. Balance de una década. Preal.
Chile Setiembre de 1999. [4] Inés
Aguerrondo. América Latina y el desafío del Tercer Milenio. Educación de
mejor calidad con menores costos. Preal. Enero de 1998 [5] Javier
Corrales. Aspectos políticos en la implementación de las Reformas
Educativas. Preal Julio de 1999 [6] A.
Hargreaves. Profesorado, cultura y postmodernidad. Editorial Morata. Madrid
España. 1999. Página 39. [7] J.
Gimeno Sacristán. Poderes inestables en educación. Editorial Morata
1998. Madrid. España. Página 256. [8] H.
Giroux. Los profesores como intelectuales. Hacia una pedagogía crítica del
aprendizaje. Paidós Barcelona. España. 1990. Página 174 [9] Margarita
Poggi. Instituciones y trayectorias escolares (Replantear el sentido común
para transformar las prácticas educativas) Editorial Santillana. Buenos
Aires. 2002. Página 101. Publicación enviada por Mtro Insp. Magíster Douglas Ifrán Contactar mailto:di1950@movinet.com.uy Código ISPN de la Publicación EplpFkFEpunstwBsjh Publicado Friday 26 de March de 2004 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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