Monografias | Deróguese la ley de la gravedad

Deróguese la ley de la gravedad

Resumen: Muchos intelectuales – afortunadamente no todos - construyen castillos en el mundo de las ideas que se caerían si tuvieran que ser construidos en el mundo real. Esto no es de por sí algo malo, porque las utopías son parte importante de la construcción de compromisos compartidos sobre el deber ser de los hombres.(V)

Publicación enviada por Carlos Petrella


 

Muchos intelectuales – afortunadamente no todos -  construyen castillos en el mundo de las ideas que se caerían si tuvieran que ser construidos en el mundo real. Esto no es de por sí algo malo, porque las utopías son parte importante de la construcción de compromisos compartidos sobre el deber ser de los hombres.

Precisamente arte de las grandes utopías del siglo XX se han construido a partir de los ideales de aquellos que se atrevieron a pensar un futuro mejor que sirviera como referencia para transformar aquello que en en su momento dejaba bastante que desear.

 

Lo que los hombres legislan para construir una sociedad más justa y solidaria es la materialización de parte de esos ideales, que constituyen el sustento del tejido moral de las sociedades bajo la forma de constituciones, leyes, decretos, ordenanzas, reglamentos o la forma que quiera dárseles.

 

Sin embargo una constitución, una ley, un decreto, una ordenanza o un reglamento son solamente parte del orden jurídico que establece el conjunto de derechos y obligaciones de los ciudadanos en un país. Son algo así como el esqueleto para dar sostén a ciertos mecanismos de convivencia armónica entre las partes.

 

Este esqueleto requiere además del músculo que genere las riquezas que la sociedad necesita para satisfacer sus necesidades espirituales y materiales.  El músculo es el aparato productivo constituido por las organizaciones que fabrican  los bienes y prestan los servicios, en el marco del orden jurídico establecido.

 

Si tenemos una sociedad materialmente rica, en la que el músculo está disponible y activo, efectivamente podemos legislar para que la estructura jurídica mejore la distribución de esa riqueza. Esto es lograr que mediante ciertos ajustes, los integrantes de la sociedad en su conjunto puedan vivir mejor.

 

Sin embargo, si tenemos una sociedad materialmente empobrecida, en la que el músculo está debilitado cuando no destruido, podemos legislar para que la estructura jurídica mejore la distribución de la riqueza disponible, pero ciertamente habrá poca riqueza para repartir.

Uruguay, de un tiempo a esta parte, está más cerca del segundo escenario que del primero. Esto es, tenemos un aparato productivo que ha sido muy afectado por la crisis. Producimos cada vez menos y a pesar de los cuidados por legislar, tenemos cada vez menores posibilidades de mejorar nuestra calidad de vida.

Curiosamente siguen persistiendo esfuerzos de formalización de nuestro orden jurídico – lo que no está mal – esperando que por esta vía se generen mágicamente salidas a la crisis – lo que no está bien.  Una estructura legal que no sustenta un aparato productivo no ayuda. Casi se podría decir que es ineficaz.

 

Como lo que sabemos hacer mejor los uruguayos es construir constituciones, leyes, decretos, ordenanzas o reglamentos  esperamos de todos ellos algo que no nos pueden dar. Esto es esperamos que planten trigo, produzcan lana, curen enfermedades o eduquen a nuestros hijos. 

 

Eso funcionó en el pasado porque habían compromisos productivos que ponían en movimiento los músculos capaces de plantar trigo, producir lana, curar enfermedades o educar a nuestros hijos. Compromisos que no salen de las leyes sino de gente  que creía en su país y tenía motivos para hacerlo.

 

Por supuesto que, sin desconocer la importancia de un ordenamiento jurídico que actúe como catalizador de la producción nacional, la punta de la lapicera de la mano de un legislador, no sustituye la punta del arado de la mano del agricultor. No va primero uno con su doctorado y segundo otro con sus cosechas.

 

Es sorprendente como los hacedores de riqueza nacionales han sido dejados de lado por los hacedores de normas. Nos gobiernan personas extraordinarias, pero lamentablemente convencidas de que si un día la ley de gravedad perjudicara nuestras exportaciones, sería suficiente con derogarla.

Por Carlos A. Petrella Ingeniero de Sistemas, MBA. Consultor en procesos de transformación institucional

 Carlos A. Petrella es Ingeniero en Computación de la Universidad Mayor de laRepública (Uruguay) y tiene una maestría en negocios y una maestría eneducación en la Universidad Católica de Montevideo.

Carlos Petrella un investigador con más de 20 años de trayectoria encuestiones relacionadas con el cambio organizacional y con al educación conamplios conocimientos de cultura organizacional y proyectos de cambio.

Ha dictado múltiples Conferencias en Congresos y Universidades, ha realizadopublicaciones en diversas revistas especializadas y es autor de ocho libros sobre organizaciones, educación y arte.

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Publicación enviada por Carlos Petrella
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Código ISPN de la Publicación EpluulEFAlSbnsqogA
Publicado Thursday 13 de May de 2004

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