Monografias | Deróguese la ley de la gravedadDeróguese la ley de la gravedadResumen: Muchos intelectuales – afortunadamente no todos - construyen castillos en el mundo de las ideas que se caerían si tuvieran que ser construidos en el mundo real. Esto no es de por sí algo malo, porque las utopías son parte importante de la construcción de compromisos compartidos sobre el deber ser de los hombres.(V) Muchos
intelectuales – afortunadamente no todos -
construyen castillos en el mundo de las ideas que se caerían si tuvieran
que ser construidos en el mundo real. Esto no es de por sí algo malo, porque
las utopías son parte importante de la construcción de compromisos compartidos
sobre el deber ser de los hombres. Precisamente
arte de las grandes utopías del siglo XX se han construido a partir de los
ideales de aquellos que se atrevieron a pensar un futuro mejor que sirviera como
referencia para transformar aquello que en en su momento dejaba bastante que
desear. Lo
que los hombres legislan para construir una sociedad más justa y solidaria es
la materialización de parte de esos ideales, que constituyen el sustento del
tejido moral de las sociedades bajo la forma de constituciones, leyes, decretos,
ordenanzas, reglamentos o la forma que quiera dárseles. Sin
embargo una constitución, una ley, un decreto, una ordenanza o un reglamento
son solamente parte del orden jurídico que establece el conjunto de derechos y
obligaciones de los ciudadanos en un país. Son algo así como el esqueleto para
dar sostén a ciertos mecanismos de convivencia armónica entre las partes. Este
esqueleto requiere además del músculo que genere las riquezas que la sociedad
necesita para satisfacer sus necesidades espirituales y materiales.
El músculo es el aparato productivo constituido por las organizaciones
que fabrican los bienes y prestan los servicios, en el marco del orden jurídico
establecido. Si
tenemos una sociedad materialmente rica, en la que el músculo está disponible
y activo, efectivamente podemos legislar para que la estructura jurídica mejore
la distribución de esa riqueza. Esto es lograr que mediante ciertos ajustes,
los integrantes de la sociedad en su conjunto puedan vivir mejor. Sin
embargo, si tenemos una sociedad materialmente empobrecida, en la que el músculo
está debilitado cuando no destruido, podemos legislar para que la estructura
jurídica mejore la distribución de la riqueza disponible, pero ciertamente
habrá poca riqueza para repartir. Uruguay,
de un tiempo a esta parte, está más cerca del segundo escenario que del
primero. Esto es, tenemos un aparato productivo que ha sido muy afectado por la
crisis. Producimos cada vez menos y a pesar de los cuidados por legislar,
tenemos cada vez menores posibilidades de mejorar nuestra calidad de vida. Curiosamente
siguen persistiendo esfuerzos de formalización de nuestro orden jurídico –
lo que no está mal – esperando que por esta vía se generen mágicamente
salidas a la crisis – lo que no está bien.
Una estructura legal que no sustenta un aparato productivo no ayuda. Casi
se podría decir que es ineficaz. Como
lo que sabemos hacer mejor los uruguayos es construir constituciones, leyes,
decretos, ordenanzas o reglamentos esperamos
de todos ellos algo que no nos pueden dar. Esto es esperamos que planten trigo,
produzcan lana, curen enfermedades o eduquen a nuestros hijos.
Eso
funcionó en el pasado porque habían compromisos productivos que ponían en
movimiento los músculos capaces de plantar trigo, producir lana, curar
enfermedades o educar a nuestros hijos. Compromisos que no salen de las leyes
sino de gente que creía en su país
y tenía motivos para hacerlo. Por
supuesto que, sin desconocer la importancia de un ordenamiento jurídico que actúe
como catalizador de la producción nacional, la punta de la lapicera de la mano
de un legislador, no sustituye la punta del arado de la mano del agricultor. No
va primero uno con su doctorado y segundo otro con sus cosechas. Es
sorprendente como los hacedores de riqueza nacionales han sido dejados de lado
por los hacedores de normas. Nos gobiernan personas extraordinarias, pero
lamentablemente convencidas de que si un día la ley de gravedad perjudicara
nuestras exportaciones, sería suficiente con derogarla. Por
Carlos A. Petrella Ingeniero de Sistemas, MBA. Consultor en procesos de
transformación institucional Carlos
A. Petrella es Ingeniero en Computación de la Universidad Mayor de laRepública
(Uruguay) y tiene una maestría en negocios y una maestría eneducación en la
Universidad Católica de Montevideo. Carlos Petrella un investigador con más de 20 años
de trayectoria encuestiones relacionadas con el cambio organizacional y con al
educación conamplios conocimientos de cultura organizacional y proyectos de
cambio. Ha dictado múltiples Conferencias en Congresos y
Universidades, ha realizadopublicaciones en diversas revistas especializadas y
es autor de ocho libros sobre organizaciones, educación y arte. Publicación enviada por Carlos Petrella Contactar mailto:cpetrell@ucu.edu.uy Código ISPN de la Publicación EpluulEFAlSbnsqogA Publicado Thursday 13 de May de 2004 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
ilustrados.com nace con el fin difundir el conocimiento publicando trabajos de investigación, monografias, tesis, presentaciones powerpoint y afines. Publicar trabajos en ilustrados.com ha alcanzado prestigio y reconocimiento internacional siendo cada vez más el número de académicos, empresas, investigadores, científicos que consultan las publicaciones de nuestro portal. | |||||||||