Monografias | La Dirección de la Cura "Amarás a tu analista como a ti mismo"La Dirección de la Cura "Amarás a tu analista como a ti mismo"Resumen: Cuando de lo que se trata es de ser paciente con el paciente. El Diván de Procusto. Cuando tus analizantes se te parecen.-Realidad y Superyó-. Referencias. Bibliografía. 1.
Introducción
2.
Cuando
de lo que se trata es de ser paciente con el paciente 4.
Cuando
tus analizantes se te parecen.-Realidad y Superyó- 5.
Referencias
"Estas
desviaciones no las mostramos por nuestro gusto, sino más bien para hacer de
sus escollos boyas de
nuestra ruta". (J.
Lacan. "La dirección de la cura y los principios de su poder") La experiencia del Cartel se sustenta sobre un
objetivo común a un grupo de sujetos que, movilizados por su "ignorancia
productiva"(aquella que los incita a producir), indagan sobre un aspecto
particular de la teoría psicoanalítica. Esta modalidad de trabajo supone
criterios formales que deben ser tomados en cuenta, la "puesta a cielo
abierto" es ese primer momento en que lo propio de cada integrante del
Cartel comienza a circular. Como resultado de esta primera instancia se
comienzan a materializar interrogantes específicos que, a fin de cuentas, son
los que motivan esta indagación. Es "la dirección de la cura" el tema
que convocó a los miembros del Cartel, cuando se supone una dirección también
se le suponen desviaciones respecto de ella, denuncia que Lacan ejercita y que
es solidaria con el resto de su obra.(1) Un objetivo de este ensayo es el de indagar sobre
un fenómeno que se sitúa a nivel de un malentendido, aquel que Lacan formula
en relación al fin de análisis tal como lo comprendían sus contemporáneos a
excepción de los kleinianos.(2) A este respecto argumenta que los post
freudianos entendieron el fin de análisis como la identificación del paciente
al analista, suceso extremadamente complejo que nos obliga a revisar las
relaciones entre el Superyó, la realidad, la función del Sujeto Supuesto Saber
y los fenómenos transferenciales. La trasnferencia supone un efecto que toma el
formato de lo que llamamos amor transferencial y como todo amor tiene una
dimensión imaginaria que abre las puertas al ideal, a la perfección, a la
completud, a la búsqueda de "la otra mitad", de la que uno fue
brutalmente separado por el enfado de los dioses según el elogio de Aristófanes
en el famoso dialogo de Platón. Dentro de esta línea argumentativa se puede
afirmar que el analista adviene a la posición del Sujeto Supuesto Saber como
efecto de estructura dentro de la relación analítica, esta distinción es
fundamental a la hora de pesquisar las razones que motivaron a algunos
psicoanalistas a cometer la "canallada" de identificarse con la posición
del Otro.(3) Creo oportuno señalar que el dispositivo analítico
facilita el abuso de la función del analista, "El paciente se ve compelido
a renunciar a sus resistencias por amor a nosotros. Nuestros tratamientos son
tratamientos por el amor"(4), en esta cita Freud trae a consideración un
aspecto que otras disciplinas del campo "Psi" no han tenido en cuenta
como categoría válida de análisis. Nos encontramos a principios del siglo
pasado con una nueva disciplina que acredita un dispositivo terapéutico que se
jacta de poder captar la estructura que soporta el enamoramiento y que también
puede utilizarla como categoría de análisis legitimada por la naturaleza de su
método. Dentro de este marco se puede sentenciar que el psicoanálisis puede
sostenerse como una garantía para los analistas, pero los analistas no son un
garantía para el psicoanálisis.(5) I "Cuando
de lo que se trata es de ser paciente con el paciente" "El
analista que quiere el bien del sujeto repite aquello en lo que ha sido formado,
e incluso ocasionalmente torcido. La mas aberrante educación no ha tenido nunca
otro motivo que el bien del sujeto." (J. Lacan. "La dirección de la
cura y los principios de su poder") Hace años que el campo del psicoanálisis ha
perdido homogeneidad, se ha diversificado, ha mutado hasta el punto que ya no es
fácil trazar la frontera que separa al mismo de otras corrientes. Cuando una
disciplina basa su ciencia en la obra de un sólo pensador, es inevitable que su
legado sea reclamado por sus herederos sean estos legítimos o no. Muchos se
jactan de haber sabido captar la verdadera esencia del descubrimiento freudiano,
otros tantos se deleitan con sus análisis y sus intervenciones. ¿Podría
pensarse que la mejor manera de homenajear al maestro es refutando los
principios fundamentales de su descubrimiento? Si bien en esta pregunta subyace
una epistemología contemporánea, no creo que necesariamente esta sea la única
forma de homenajear al maestro. Este pequeño rodeo tiene como fin instalar un
debate entre los teóricos "activos" del psicoanálisis y los que son
llamados por sí mismos a ser "pasivos". En primer lugar, se entiende
por "analistas activos" a los terapeutas que no pueden sostener la
transferencia sin abusar de la sugestión. Wilhem Reich dice respecto de los
pacientes -que dicen de todo y no dicen nada- "...somos nosotros -los
analistas- los que debemos llevarlo de vuelta al camino recto, y es sólo cuando
lo hayamos obligado a pensar en lo que no quiere pensar, que empezaremos a
analizar el inconsciente".(III) Es evidente que sobran los motivos por los cuales
Freud se sintió motivado a escribir "Sobre el psicoanálisis «silvestre»"
en el año 1910, en este trabajo señala que siempre que no se respeten las
resistencias del paciente y que se le arroje sobre sí los contenidos
inconscientes en bruto, uno pasará a formar parte de las filas de los analistas
salvajes. J-A Miller lo dice de esta forma: "Finalmente podríamos decir
que el paciente es paciente y el analista que practica el análisis de las
resistencias, es él impaciente" (III) Por último, este autor argumenta
que desde la década del ´30 el psicoanálisis en su totalidad se inclinó por
la posición activa (6), suceso que se modificaría con la introducción del
lacanismo en Francia. II "Pretendemos
mostrar en qué la impotencia para sostener auténticamente una praxis , se
reduce, como es corriente en la historia de los hombres, al ejercicio de un
poder". (J.
Lacan. "La dirección de la cura y los principios de su poder") Procusto es el apodo del mítico posadero de
Eleusis, que atacaba a la personas en el camino de Megara a Atenas. Su apodo
significa "el estirador" dado que en su posada tenía dos camas, una
pequeña y otra grande. Según las leyendas clásicas, invitaba a sus despojados
huéspedes a su lecho. Pero ocurre que la hospitalidad de este bandido tenía
una dimensión maniática, materializada por procedimientos traumáticos. Tan
obsesionado estaba por el acomodo que, una vez tendidos, ora les cortaba las
extremidades si sobresalían, ora, con no menor violencia, se las estiraba hasta
amoldarlas a la longitud de la cama. Esta figura mitológica soporta una peligrosa
analogía que nos interroga sobre la clínica que se intenta implementar, Jorge
Yunis en un trabajo presentado en la Escuela de Orientación Lacaniana se
pregunta: "¿cómo transitar los caminos sin caer en el lecho de Procusto,
es decir, sin que se nos recorten los fundamentos básicos o sin estirar al
psicoanálisis para transformarlo en un recurso más del sistema? (como
efectivamente sucedió con la Psicología del Yo en los Estados Unidos)."
(V) En esta pregunta reside uno de les ejes de la "dirección de la
cura", Procusto se nos presenta como un vivo reflejo del daño que se puede
infringir cuando se busca el bien del sujeto. Según J. Lacan la imposibilidad de sostener una
praxis conlleva el ejercicio de un poder, afirmación que es solidaria con la
metáfora del diván de Procusto.(II) Si no remitimos al Seminario VII podemos
situar lo que Lacan denominó como el deseo del analista, dice allí que este no
puede ser el deseo de "hacer el bien". En todo modo de dirigir una
cura se le supone una posición ética, si esta es de carácter normativo,
decimos que forma una peligrosa alianza con las prescripciones de los discursos
dominantes. (7) Dentro de este marco teórico se robustecen conceptos como el de
adaptación y realidad efectiva, el analista -en tanto sujeto bien adaptado- se
ofrece como pastor de la oveja descarriada. En este sentido la Psicología del
Yo parece ignorar las advertencias de Freud: "Nos negamos de manera
terminante a hacer del paciente que se pone en nuestras manos en busca de un
auxilio un patrimonio personal, a plasmar por el su destino, a imponerle
nuestros ideales y, con la arrogancia del creador, a complacernos en nuestra
obra luego de haberla formado a nuestra imagen y semejanza". (IV) Ahora
Bien, ¿no es cierto que Procusto solo buscaba la comodidad de sus huéspedes?,
¿Procusto no desea el bienestar de estos? El problema es que en su proceder -léase
dirección de la cura- se materializa una premisa de aparente carácter
universal, a saber, "los altos han de estar más cómodos cuando sus
extremidades inferiores no sobresalgan de la cama y, del mismo modo, los mas
bajos se sentirán mas a gusto si sus extremidades fuesen proporcionales a la
longitud de la cama". No sin cierta ironía vemos plasmar al analista -en
forma ineludiblemente violenta- el destino de sus analizantes, de esta forma se
pierde en el horizonte uno de los distingos fundamentales del psicoanálisis, es
decir, el respeto casi religioso por la especificidad de la experiencia
subjetiva del paciente que, de por sí sola, no es susceptible de ser universal. Si el psicoanálisis lacaniano ha hecho hincapié
en el repudio hacia cierto ideal del bien es porque ha sabido leer los efectos
que produce en la clínica psicoanalítica. Dentro de este marco se entiende el
sentido de la lucha de Lacan por instaurar el "psicoanálisis lego" en
Francia.(8) Por otro lado, J-A Miller sitúa -al igual que
Freud- dos peligros para el psicoanálisis, a saber, los médicos y los
sacerdotes en tanto les es posible estar es posición de abusar del gran Otro. Dijimos inicialmente que el Sujeto Supuesto Saber
es un efecto y una suposición de la estructura del dispositivo analítico,
decimos que el analista se encuentra allí con un poder. Lo inédito freudiano
es la no utilización de ese poder. Según Lacan "...ese poder no le daba
la salida del problema sino a condición de no utilizarlo, pues era entonces
cuando tomaba todo su desarrollo de la transferencia". (II) III "Cuando
tus analizantes se te parecen" -Realidad
y Superyó- "La
posición del Otro es una posición de amo, y el psicoanalista se identificó
gustoso al amo, al maestro, al que exhorta, al que demanda, al Otro
poderoso" (J-A
Miller "Cinco conferencias caraqueñas sobre J. Lacan") En este último fragmento del trabajo quisiera
hace alusión a una problemática que se sitúa en el final de un proceso, la
cura analítica se nos muestra como un tiempo lógico -con principio, medio y
fin- que llamamos fin de análisis. El ejercicio de esta disciplina nos señala
que no existen consensos entre las diferentes escuelas en lo relativo a qué
supone un fin de análisis. Es posible que esta pregunta sea una herramienta práctica
a la hora de pesquisar las verdaderas diferencias entre las escuelas psicoanalíticas.
Algunos entendieron la necesidad de hacer conciente lo inconsciente, sin tomar
en cuenta las resistencias de sus pacientes, y tanto Freud como Lacan han
revisado constantemente sus concepciones en cuanto al fin de análisis. En adelante quisiera remitirme a una concepción
muy difundida del fin de análisis, impulsada principalmente por la escuela
anglosajona que se consagra en ubicar al analista como superyó del paciente y,
en consecuencia, a este último no le queda otra salida que la identificación
con su analista. El psicoanalista desde esta posición se enviste de la
legitimidad necesaria como para sugerir valoraciones que tienen como único fin
la correcta adaptación del sujeto a la realidad. Este enfoque supone que el
analista abriga en su persona las coordenadas de la realidad y, como ya hemos señalado,
las ofrece a su paciente como si él fuese la medida de todas las cosas. Ahora
bien, el problema aquí no sólo es que el analista se sienta investido de tal
forma, sino que allí se supone una relación de congruencia entre lo que
llamamos realidad y la instancia del superyó. En este contexto el analizante
introyecta la figura ejemplar y acabada de su analista.(9) Para poder pesquisar la verdadera dimensión de
esta incongruencia es necesario retrotraernos hacia el esquema presentado por
Freud en "Psicología de las masas y análisis del Yo". En dicho
ensayo desarrolla un tipo de identificación por medio de la cual un objeto
exterior es colocado en el lugar del Ideal de Yo y señala un segundo tipo de
ligazón entre los Yo en serie de la masa. El analista se presenta como un líder
y sus analizantes se presentan como los yo de la masa. "Esto explica porque
los analizantes de un mimos analista terminan por parecerse". (III) Es importante señalar que Freud recurre a este
esquema para ilustrar procesos como la hipnosis y la sugestión que, como ya
sabemos, no constituyen los pilares fundamentales de la regla analítica
fundamental. A este respecto Freud retoma esta problemática en "Nuevos
caminos de la terapia psicoanalítica" y escribe allí un párrafo que
puede dar lugar a diversas interpretaciones: "Es que por fuerza debemos
aceptar también pacientas hasta tal punto desorientados e ineptos para la
existencia que en su caso es preciso aunar el influjo analítico con el pedagógico,
y no sólo eso: en la mayoría de los casos el médico se ve aquí y allí en la
necesidad de presentarse como pedagogo y educador. Pero esto debe hacerse
siempre con gran cautela, no se debe educar al paciente para que se asemeje a
nosotros, sino para que se libere y consume su propio ser". (IV) De esta forma el "influjo pedagógico"
del analista es propicio sólo en ciertas ocasiones, distinción sensiblemente
dificultosa a la hora de ser implementada en la práctica. Supongamos que llega
a consulta un paciente que reúne estas características, todavía allí hay un
obstáculo que el analista podría no remover. La hipótesis que subyace aquí
es la siguiente: decimos que las valoraciones morales e ideales del analista están
estrechamente ligadas con su superyó, el obstáculo se encuentra allí mismo,
es que lo importante es que "El superyó no es por supuesto la fuente de la
realidad" (II), y mucho menos "...un órgano de adaptación a la
realidad".(III) Uno podría concluir que todo influjo pedagógico
por parte del analista estaría impregnado por esta incongruencia entre la
realidad y el superyó, de todas formas el problema parece ser mas complejo y
supera sensiblemente los alcances de este trabajo. Para algunos autores el superyó actúa en forma
refleja, con informaciones sobre la realidad fuera de fecha, arcaicas. Desde
esta perspectiva el superyó no aparece como una función de adaptación, sino
de inadaptación del sujeto.(III) En este punto toman consistencia las
afirmaciones de J-A Miller cuando alude a que la escuela anglosajona y su
concepción del fin de análisis como la identificación al analista:
"...es el momento en que el superyó obsceno y feroz ha finalmente
consumido al paciente, es el análisis que podríamos llamar caníbal".
(III) (1) "Volveré pues a poner al analista en el
banquillo...". J. Lacan. "La dirección de la cura y los principios de
su poder". (2) Malentendido que Lacan señala durante todo
su obra, especialmente en sus continuos embates contra la llamada "Psicología
del Yo". (3) Es probable que esta identificación
"legitime" a estos analistas a ofrecerse como modelo de adaptación a
la realidad, y posibilitar la operación simbólica por la cual el paciente
introyecta el Super Yo del analista según el modelo planteado por Freud en
"Psicología de las masas y análisis del Yo". (4) Declaración de Freud en una de las
"reuniones de los miércoles" el 30 de Enero de 1910. (5) Si bien esta afirmación no goza de un
consenso generalizado, no podemos desconocer que existen en Freud claras
referencias que señalan lo inapropiado de la reeducación moral del paciente. (6) Un claro exponente y defensor del psicoanálisis
activo lo encontramos en la figura de Ferenczi, autor con el cual Lacan haría
manifiestas sus diferencias. * Título inspirado en el libro "El Diván
de Procusto" de O. Mannoni. (7) "Así, como Procustes, es la ilusión
del discurso del Amo: que todos se avengan a su medida". (V) (8) Temática ya abordada por Freud en
"Pueden los legos ejercer el psicoanálisis". (9) "...el analista se ofrece así como una
ostia" (III). I)- Dylan Evans. "Diccionario introductorio
de psicoanálisis lacaniano".Editorial Paidós. 2000 II)- J. Lacan. "La
dirección de la cura y los principios de su poder". Escritos I. 1958 III)- J. A. Miller. "Cinco conferencias
caraqueñas sobre J. Lacan". 1979 IV)- S. Freud. "Nuevos caminos de la terapia
psicoanalítica". Obras completas. 1919 V)- Jorge Yunis. "Belleza Global".
Jornadas anuales de la Escuela de Orientación Lacaniana. Santa Fe. 2002 VI)- Elizabeth Roudinesco, Michel Plon
"Diccionario de Psicoanálisis". Anónimo (I.J. N) Publicación enviada por Anónimo (I.J.N) Contactar Código ISPN de la Publicación EpluulFlAVUOqWNnnD Publicado Thursday 13 de May de 2004 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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