Monografias | Anhidrido dadivoso: gas inerte que se produce en Uruguay

Anhidrido dadivoso: gas inerte que se produce en Uruguay

Resumen: Hay gases como el anhídrido carbónico que tienen una gran importancia para plantas y animales, y en particular para el hombre. Gases como el anhídrido carbónico son parte importante del sistema que genera las condiciones para que los seres vivos respiremos, formando una compleja cadena de sustentación de la vida en el planeta.

Publicación enviada por Carlos Petrella


 

              Hay gases como el anhídrido carbónico que tienen una gran importancia para plantas y animales, y en particular para el hombre. Gases como el anhídrido carbónico son parte importante del sistema que genera las condiciones para que los seres vivos respiremos, formando una compleja cadena de sustentación de la vida en el planeta. La naturaleza ha sido lo suficientemente sabia como para lograr equilibrios que hacen posible que las plantas y los animales se complementen admirablemente para que todo ocurra naturalmente y nosotros los seres humanos lo aprovechemos.

 

              Se ha desarrollado pacientemente una especie de sabiduría natural que en realidad ha sido el producto de la evolución del planeta mediante procesos de selección natural durante millones de años. Una evolución que ha generado complejos engranajes ecológicos que operan para darle a cada integrante de la cadena de la vida lo que necesita mientras cada ser vivo ocupando individualmente su lugar de la cadena – y simplemente viviendo - genera lo que los siguientes integrantes requieren, hasta completar el ciclo de la vida.

              Lamentablemente los seres humanos no siempre logramos prolongar esa especie de sabiduría natural producto de la evolución, porque construimos cadenas diferentes en las que – para bien o para mal – aplicamos nuestros sentimientos y nuestra razón para generar sistemas sociales en los que las cadenas que armamos no parecen funcionar con tanta fluidez. Toneladas de tinta y no menos hectolitros de sangre hemos gastado durante siglos para mostrar que una forma de establecer esas relaciones es mejor que la otra. Ese debate no será esclarecido hasta el final de los tiempos.

 

              Sin embargo sería bueno – más allá de las grandes utopías y las realidades construidas a partir de ellas – poder sacar en limpio algunas cosas que hacen al equilibrio en los sistemas, para que permanezcan estables, aún cambiando.  Si a cualquier sistema individualmente o colectivamente le quitamos algo y no agregamos nada, fatalmente se achica. Si quitamos mucho se achica más rápido, si quitamos menos, con más lentitud.  Y eso pasa en los sistemas naturales y en los sistemas sociales. Si lo analizamos desapasionadamente parecería que el argumento es sólido.

 

              Sin embargo, cuando estamos metidos dentro de un sistema social, es difícil verlo todo. Cada uno ve un pedazo de la realidad y entonces se dificulta enormemente comprender como funcionamos. Cada parte puede sentir que aporta más de lo que recibe. Y puede ser una percepción equivocada o una valoración acertada de la realidad. Cada vez que se crea una necesidad y se requiere algo para satisfacerla, se genera una tensión. Una tensión que a veces se hace muy fuerte cuando hay sistemáticamente más pedidos reclamados que  necesidades cubiertas.

 

              Hay una torta con ofertas y muchos comensales demandando.  Esto marca los equilibrios y desequilibrios entre la oferta y la demanda. Y por supuesto genera prioridades para atender lo que se demanda, con lo que se tiene. No hay duda que esta tarea es un asunto fundamental para la estabilidad de los sistemas y en particular para cada nación. Los uruguayos hemos experimentado estas tensiones últimamente, cuando vimos reducirse el tamaño de la torta, sin querer reducir el tamaño de las porciones. Así fue que hicimos lo que hicimos. Pedimos prestado para comprar torta, que es una manera de pasarla mejor tirándole el problema a nuestros hijos y nuestros nietos. 

 

              Hasta aquí nada es demasiado original. Los uruguayos hemos hecho lo que muchos países hermanos también han realizado. Tratar de mantener un sistema funcionado en las mismas condiciones pero pidiendo prestado, sin atender que tarde o temprano hay que devolver lo que se pidió. El problema no es por supuesto, pedir prestado sino para qué hacerlo. Y lo hicimos no precisamente para aprender a fabricar nuevas tortas, sino para comprarlas y comerlas. Esto es pedimos prestado para seguir funcionando como estábamos, no para funcionar mejor. En definitiva, generamos compromisos que en el futuro - que hoy ya es el presente - nos hacen menos libres y ya no nos dan más de comer.

 

              Sin embargo, y esto es lo original de los uruguayos, no parece que hayamos aprendido. Luego de haber mantenido la estabilidad del sistema, casi por arte de un milagro, seguimos insistiendo en que se puede repartir lo que no se tiene. Basta mirar los periódicos o ver la televisión para encontrar mensajes voluntaristas del tipo “vamos que podemos” sin ningún sustento real. Mensajes que distribuyen a futuro, lo que materialmente no tenemos. Presupuestos que sabemos sobradamente que no tienen financiamiento. Así generamos expectativas que luego se frustran. Repartimos aire en cajas que por fuera tienen rótulos de tortas. Solo falta que aceptemos nuevamente que la inflación puede ser una solución.

 

              Los uruguayos no hemos logrado tener conciencia a escala nacional de que nuestro país es un sistema en el que no se puede sacar sistemáticamente, sin poner algo en su lugar. Esto es sin generar más riqueza que la que luego queremos disfrutar, o por lo menos la misma cantidad, si todavía no somos capaces de ahorrar.  Se trata de un compromiso necesario para preservar la calidad de vida en nuestro país. Sin embargo, desde hace muchos años – y desde tribunas que no son patrimonio de la derecha ni de la izquierda - empaquetamos anhídrido dadivoso en cajas para atender a los uruguayos más necesitados.  ¡Cuando los destinatarios abren esas cajas vacías, la decepción es tremenda! Paremos esto. Hace daño.  

Por Carlos A. Petrella Ingeniero de Sistemas, MBA. Consultor en procesos de transformación institucional

Carlos A. Petrella es Ingeniero en Computación de la Universidad Mayor de laRepública (Uruguay) y tiene una maestría en negocios y una maestría eneducación en la Universidad Católica de Montevideo.

Carlos Petrella un investigador con más de 20 años de trayectoria encuestiones relacionadas con el cambio organizacional y con al educación conamplios conocimientos de cultura organizacional y proyectos de cambio.

Ha dictado múltiples Conferencias en Congresos y Universidades, ha realizadopublicaciones en diversas revistas especializadas y es autor de ocho libros sobre organizaciones, educación y arte.

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Publicado Thursday 13 de May de 2004

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