Monografias | Educación Comunitaria del Adulto MayorEducación Comunitaria del Adulto MayorResumen: Envejecer es una parte del ciclo vital y si fuéramos estrictos, deberíamos considerar que se empieza a envejecer en el momento de nacer. Envejecer es un fenómeno evolutivo, universal; es un proceso natural, gradual, de cambios y transformaciones a nivel biológico, psicológico y social, que se estructuran en torno al tiempo.(E) No
hay una sola vejez, se envejece de muchas formas, tantas como “las condiciones
en que se vivió” (J. Rodríguez López). Al pensar en la vejez como bloque
genérico y homogéneo, se omiten las diferencias individuales, así como la
naturaleza y amplitud de los cambios y el modo en que éstos se interrelacionan
con las circunstancias del medio social (Mishara y Riedel, 1986) Envejecer
es una parte del ciclo vital y si
fuéramos estrictos, deberíamos considerar que se empieza a envejecer en el
momento de nacer. Envejecer es un fenómeno evolutivo, universal; es un proceso
natural, gradual, de cambios y transformaciones a nivel biológico, psicológico
y social, que se estructuran en torno al tiempo. El
envejecimiento es un proceso normal del ser humano que no puede considerarse jamás
una enfermedad pero exige esfuerzos
adaptativos especiales, sobre la base de los cambios que se experimentan tanto
dentro como alrededor del
anciano La
compleja realidad de las formas en que la violencia, la discriminación y la
descalificación social afectan a las personas de edad generan situaciones de
trauma psicosocial. Suma sus efectos la crisis del desarrollo propia del
envejecimiento, induciendo a identificar a los adultos mayores como un grupo
vulnerable. Esta situación afecta los recursos de afrontamiento frente al hecho
en el que se combinan los factores traumáticos psicosociales y las
preocupaciones críticas propias de una etapa del curso vital. El
incremento de la población anciana a nivel mundial supone que cada vez más
personas se enfrentan al desafío de la adaptación al proceso de envejecimiento
y a los cambios biológicos, psicológicos y sociales propios de la última
etapa de la vida. La
vejez supone un conjunto de modificaciones físicas, psicológicas, afectivas y
sociales sujetas al tiempo vivido, lo que implica el tránsito a través de una
crisis y la necesidad de adaptación, ya que el cambio es en sí mismo
conflictivo porque plantea nuevas exigencias que deben enfrentarse y cuya
resolución requeriría el uso de recursos de afrontamiento de parte de quien
envejece. En este sentido,
el envejecimiento representa una crisis del desarrollo desencadenada por dichas
condiciones cambiantes provenientes del propio organismo y del medio social y
cultural. La
sociedad actual presenta innumerables contradicciones y pluralismos. Así,
mientras se sostiene una ética del respeto por las diferencias como principio
fundamental de las relaciones humanas, se acentúa la discriminación social.
Certezas absolutas, valores universales instituidos, progreso por la razón y la
ciencia, y demás reliquias del paradigma de la modernidad sostenidas por el
colectivo social desaparecen en su calidad de refugios de la subjetividad, a la
vez que el mundo se vuelve cada vez más complejo. Perspectivismo, relativismo
moral, crisis socioeconómica mundial, terrorismos, impunidad política, leyes
del mercado neoliberal, etc. evidencian al medio social como un lugar inseguro a
la vez que exponen al hombre, como nunca antes, a la vulnerabilidad del
desamparo. La sociedad actual sacudida por la incertidumbre y el azar, produce
situaciones de crisis psicosocial y es fuente de sufrimiento psíquico, dando
lugar a diversas manifestaciones sintomáticas Los
adultos mayores, hoy sufren también las contradicciones de la posmodernidad:
mientras que se incrementa la esperanza de vida y aumenta la proporción de
personas de edad avanzada, paradójicamente se agudizan las problemáticas de
aislamiento, marginación y exclusión social de este grupo etario
(Katz, 1992). El fenómeno del creciente envejecimiento poblacional (Asamblea
Mundial del Envejecimiento, Viena 1982) converge con la fragmentación de lazos
de solidaridad, la modificación en la conformación y función de la familia
tradicional, la cultura individualista, el corrimiento del rol social y
asistencial de los Estados nacionales que caracterizan a nuestra sociedad
actual. Nuestra
cultura, por otra parte, privilegia los ideales narcisistas de belleza y
juventud incidiendo en la producción de una representación social
predominantemente negativa de la vejez, que tiene sus efectos en las condiciones
de vida del sujeto que envejece, favoreciendo a la exclusión social del adulto
mayor. Este cúmulo de perspectivas y situaciones concernientes a la
circunstancia histórica particular se suma a la crisis del desarrollo del
envejecimiento, lo cual induce a concebir a la población anciana como un grupo
vulnerable. Al
analizar el nivel de vulnerabilidad de esta población, si bien la edad ha sido
históricamente considerada de referencia para determinar la situación de
riesgo de un grupo social, hoy es necesario la incorporación de variables
psicológicas y psicosociales como el nivel cultural y socioeconómico, estilo
de vida, redes de apoyo social, calidad de vida, impacto de los cambios en la
estructura social, etc. que en su conjunto permiten explicar el grado de
integración social del adulto mayor. Estos factores que se suman a la crisis
del desarrollo, incrementan la situación de vulnerabilidad en el adulto mayor. El
concepto de trauma da cuenta del interjuego entre la realidad externa (la
situación sufrida) y los recursos internos para afrontarla. Entendemos que la
realidad externa actuará provocando un trauma psíquico en relación a la
disposición, provista por la estructura psíquica particular y con ella, de la
capacidad de afrontamiento que haya desarrollado la persona en su vinculación
con el medio social. En
los cuadros de crisis es donde se vislumbra la compleja realidad de las formas
en que la violencia, discriminación y segregación social generan situaciones
de trauma psicosocial. Según Castel, (1991) las situaciones de discriminación
social de la vejez suponen un acontecimiento de quiebre del lazo social
representando una verdadera crisis psicosocial. En algunos casos el prejuicio
social hacia la vejez y la segregación consecuente, incrementan condiciones de
aislamiento social, sentimiento de soledad, síntomas depresivos (De la Gándara
y Alvarez, 1992), situaciones patológicas de “muerte social” (Matusevich,
1996) e incluso suicidio. La soledad durante la vejez es sumamente peligrosa
pudiendo propiciar estados patológicos. Muchos de estos casos culminan con la
muerte solitaria en el propio hogar (Campion, 1996). Las
situaciones traumáticas exponen a una necesidad de reorganización subjetiva.
Las estrategias de afrontamiento permiten resignificar la situación, conservar
el sentimiento de integridad personal y renovar los vínculos sociales ante la
perspectiva de cambios y pérdidas del envejecer. El
término afrontamiento (coping) fue definido por Lazarus y Folkman (1986) como
los esfuerzos cognitivos, emocionales y conductuales dirigidos a manejar las
demandas internas y ambientales y los conflictos entre ellas, que ponen a prueba
o exceden los recursos de la persona (Font Guiteras, 1988). Estas habilidades de
afrontamiento serían un mediador entre los sucesos estresantes y la respuesta
psicológica. Se
supone una relación entre la utilización de determinadas habilidades de
afrontamiento y una mejor adaptación a la situación (Lazarus y Folkman, 1986;
Aldwin y Revenson, 1987; Moos,1988; Font Guiteras,1988). En general, las formas
de afrontamiento activas se refieren a esfuerzos para manejarse directamente con
la situación conflictiva. Las formas evitantes consisten en la ausencia de
enfrentamiento con el problema o en conductas de escape. El afrontamiento
activo, la confrontación y la planificación son usualmente descriptas como
exitosas, mientras que la negación o resignación son consideradas como menos
exitosas, (Folkman, et. al. 1987). Los
factores del medio social afectan la resolución de la situación crítica. Así
como la falta de contención social puede exacerbar los efectos de los
acontecimientos vitales críticos, el apoyo social puede ser un factor moderador
del trauma psicosocial. Así, los vínculos sociales, en tanto sean vivenciados
como beneficiosos y significativos, favorecen la adaptación en la vejez.
Estudios acerca de las redes de apoyo social en la vejez como recursos externos
mostraron que los individuos con mas recursos sociales y familiares tienden a
usar estrategias de afrontamiento activas enfocadas al problema. Envejecimiento
saludable y envejecimiento patológico En
el proceso de envejecer, la actitud de cada persona sobre la vivencia de su
vejez es un factor de gran importancia a la hora de incorporar los cambios que
se van dando a lo largo del ciclo vital. Suele hablarse o diferenciarse entre
envejecimiento normal o envejecimiento patológico. Para
R. Moragas (1991) en el proceso de envejecer la normalidad o patología se
definiría “globalmente por la interrelación de los factores biológicos, psíquicos
y sociales”. Antes
de llevar a cabo hipótesis sobre el envejecimiento patológico, debemos
considerar algunos aspectos. Por ejemplo, en el plano de la salud física, no
debemos descartar que, en la vejez, aumenta la probabilidad de las consecuencias
negativas que pueden tener algunas enfermedades para el organismo. Las
enfermedades tienden a cronificarse y a dejar su huella en el cuerpo; y los
episodios agudos de enfermedad, pueden tener consecuencias importantes. Dada la
naturaleza crónica de muchas enfermedades en la vejez, la empresa debería
concentrarse en la prevención y potenciación de la capacidad de funcionamiento
autónomo del individuo, ya que muchas veces la cura no es posible como en
edades más jóvenes. Prejuicios
y mitos sobre la vejez La
vejez no es ninguna enfermedad, forma parte de nuestro proceso evolutivo, del
ciclo de vida.
Las limitaciones que llegan con la vejez, no son enfermedades. Podemos hablar de
cambios, de ritmos distintos, de necesidades distintas. Incorporar el concepto
de diferente de una forma no discriminativa sino comprensiva, es útil para
comprender mejor este proceso y poder percibir las potencialidades que también
llegan con el paso del tiempo. Muchas veces se atribuye al envejecimiento,
dificultades que están dadas por la falta de hábito o de entrenamiento Es
básico llegar a la comprensión del sentido profundo de la vejez, sobretodo su
significado para el que se halla en ella, y apreciar los recursos y las
potencialidades que se depositan en esta etapa de la vida. La vejez posee unas
características propias que son compartidas por todos cuantos se encuentran en
ella, las cuales les sitúan en una peculiar red referencial frente a la vida El
peor prejuicio sobre la vejez es aquel que nos obliga a verla como una
enfermedad y no como una parte del proceso de la vida. Es demasiado frecuente,
incluso entre los profesionales que trabajan con personas mayores, ver a los
“viejos” (palabra que se usa a veces con cierta carga negativa) como
enfermos o incapacitados, estableciéndose una fuerte sinonimia entre “vejez
igual a enfermedad” que entraña un riesgo enorme. En una sociedad de masas
como la nuestra, el peligro aparece cuando sustituimos la opinión racional,
basada en hechos, por la opinión basada en mitos. Y nuestros mitos sobre la
vejez se fundamentan mayoritariamente en actitudes y estereotipos negativos. Crisis
en la vejez En
este periodo de crisis, la persona mayor debe redefinir su propia identidad, los
cambios en la vejez deberían suponer una transformación que hiciese posible la
reorganización del individuo ante la nueva situación. El
adulto mayor debe conservar su identidad, debe lograr la continuidad a través
de los cambios. Las
experiencias de pérdida que conlleva el envejecer tienen un impacto sobre la
imagen que cada uno se hace de sí mismo. La autoimagen tiene gran predominio
sobre el funcionamiento de la personalidad porque en realidad es una evaluación.
Incluye siempre un juicio de valor. La estima de uno mismo es el sentimiento que
el individuo posee de su propia eficacia y de su propio valor en cuanto persona. Tanto
desde el punto de vista de la autoimagen como de la autoestima, las pérdidas
vinculadas al proceso de envejecimiento son fuente para el individuo de un campo
de experiencias que pueden ser vivenciadas como un ataque a su identidad
personal. Cuando hacemos referencia a estas pérdidas, lo hacemos pensando en
cuestiones que están relacionadas con los incidentes de la vida cotidiana, para
los que la persona mayor puede ver mermadas algunas de sus cualidades, por
ejemplo: la rapidez con la que uno puede levantarse de la cama o de una silla;
la necesidad de anteojos para la lectura, o de un bastón para salir a pasear. Hay
otras pérdidas que podemos encontrar en la vejez, como la disminución de la
autonomía. También la creciente soledad, seguida de la pérdida del papel
social, juntamente con las defunciones cada vez más numerosas de miembros de la
propia generación (J. Laforest). Las
necesidades cada vez más crecientes de la sociedad, las migraciones internas e
internacionales, la búsqueda de mejores condiciones de vida, acabaron poco a
poco con la familia extensa y las comunidades aldeanas y urbanas. La antigua
estructura social se fue esfumando lentamente, convirtiéndonos en núcleos
humanos con relaciones solamente primarias (padres a hijos) y en países
“desarrollados” la tendencia es a la eliminación de estas relaciones
primarias . . La
familia del adulto mayor deja de tenerlo en cuenta en la comunicación en el
estado de deterioro límite y luego cuando comprenden lo cercano que esta del
fin de la vida, quieren brindarle el amor que ya no surtirá mucho efecto pues
el anciano esta deteriorado intelectualmente Lo cual
requiere de políticas y estrategias que comprometan la participación de
miembros de la comunidad partiendo para ello de estudios exploratorios, de
investigaciones diagnósticas, que reflejen más o menos objetivamente la
situación de vida, en el propio ambiente natural de posibles beneficiarios. Estudios o
investigaciones que por lo general deben hacerse sobre la marcha, con ausencia
de exagerado burocratismo, sin pretextar imperiosas exigencias de “rigor científico”,
que en ocasiones se confabulan para demorar o postergar el inicio del proceso. Una educación
comunitaria, que acertadamente exige con rigor mínima ingerencia de agentes
externos, logrando instrumentar procedimientos que armónicamente compendiaban
aspectos de investigación diagnóstica, planificación y programación;
elementos de control y mecanismos de sistematización y coordinación. De suerte qué,
privilegiando la participación de la comunidad como un todo, es posible,
–mediante esfuerzo compartido de miembros lugareños con autoridades, de
sujetos y agentes, animadores, instructores y beneficiarios– fundamentar y
llevar a la práctica un currículum ad hoc. O sea, hecho a la
medida de una población circunscrita o delimitada; inserta
dentro de un entorno, en un ambiente determinado. Es decir, de
un currículum integral, participativo en su fundamentación, como en su
estructura y desarrollo; que conllevaba como finalidad el bienestar dentro de
una dimensión educativa tal, de conocimientos, habilidades, destrezas,
competencias, disposiciones y actitudes, para que sus miembros lograran mejores
satisfactores de vida, dentro de responsabilidad plena, compartida, de cogestión,
de covisión, que radicara en la comunidad misma. Es
importante enfatizar que el currículum referido, no se centra en contenidos formales de instrucción
como eje del proceso, sino que requiere y exige la incorporación de aspectos
estructurales o en su defecto coyunturales que tengan relación con elementos,
con fundamentos de “situación de vida” de la propia comunidad, de su gente,
de sus organizaciones, de su cultura, su historia, sus costumbres, sus
tradiciones, etcétera. ¡ En tales condiciones podría afirmarse que
efectivamente se trataba de una auténtica educación en la vida, para la vida
misma y a lo largo de la vida En síntesis,
una propuesta educativa que influya en hombres y mujeres, en niños y niñas, en
jóvenes y adultos e incida en todo en cuanto tiene que ver con la economía, la
vida en familia, la educación básica, la recreación, las expresiones artísticas
y culturales; el deporte, la ecología, el amor a la naturaleza; la educación
sanitaria, el respeto a los semejantes, la solidaridad, los derechos y deberes,
la dignidad humana, la convivencia social, las normas de vida sana, en procura
de satisfactores que sí garantizaran bienestar común, en paz, tolerancia,
respeto mutuo, equidad y justicia. Bibliografía Cartensen
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Ageing and Health, Division of Mental Health and Prevention in Aging, Whoqol
Group. Autores: Héctor
Lamas Rojas. Dr
en Psicología. Presidente de la Academia Peruana de Psicología y de la
Sociedad Peruana de Resiliencia. Decano Regional de Lima del Colegio de Psicólogos
del Perú. halamasrojas@yahoo.com Martha
Lara Gutierrez. Profesora. Francisco
Javier Lamas Lara. Cirujano Dentista. Maestría en Gerontología.Miembro de la
Sociedad Peruana de Resiliencia: Ärea Adulto Mayor javierlamasl@hotmail.com César
Lamas Lara. Cirujano Dentista. Miembro de la Sociedad Peruana de Resiliencia Cesar2579@hotmail.com ociedad
Peruana de Resiliencia Publicación enviada por Dr Héctor Lamas Rojas y Otros Autores Contactar mailto:halamasrojas@yahoo.com Código ISPN de la Publicación EpluyuuyVlmOTyZDkI Publicado Saturday 15 de May de 2004 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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