Monografias | Las actitudes lingüísticas en HolguínLas actitudes lingüísticas en HolguínResumen: La difusión de una lengua en el territorio de varios estados brinda condiciones favorables para la intensificación de la divergencia lingüística, lo que conlleva a la formación de variantes dentro de un mismo sistema. A partir del siglo XIX, con el surgimiento de nuevos estados independientes en los países hispanohablantes de América Latina, fueron apareciendo -junto a las normas académicas- una serie de normas nacionales que, desde el punto de vista lingüístico, son tan legítimas como las normas académicas. La
difusión de una lengua en el
territorio de varios estados brinda condiciones favorables para la intensificación
de la divergencia lingüística, lo que conlleva a la formación de variantes
dentro de un mismo sistema. A
partir del siglo XIX, con el surgimiento de nuevos estados independientes en los
países hispanohablantes de América Latina, fueron apareciendo -junto a las
normas académicas- una serie de normas nacionales que, desde el punto de vista
lingüístico, son tan legítimas como las normas académicas. En la aparición
de estas normas nacionales influyeron múltiples
factores, fundamentalmente de carácter extralingüístico como: tiempo
de la colonización, procedencia territorial y social de los primeros
colonizadores, contactos lingüísticos, formación de la conciencia nacional,
democratización de la lengua, y otros. El
establecimiento de las normas cultas de las variantes nacionales de la lengua
española exige, ante todo, la precisión en el uso de conceptos de carácter
valorativo como corrección-incorrección. El concepto de corrección está estrechamente ligado con los de norma y codificación,
por lo que con frecuencia se confunden llegándose a calificar como incorrecto
todo lo que no coincida con las normas codificadas por la RAE, aunque sí
esté dentro del sistema de la lengua española. La
extensión territorial y la amplia variabilidad de la lengua española que
funciona como lengua especial en más de 20 países no permite tener un concepto
estrecho de corrección. Súmense a ello los más de veintidós millones de
hispanohablantes en los Estados Unidos. A
pesar de que el reconocimiento de la existencia de
multiplicidad de normas en la lengua española se puede encontrar en los
trabajos de Menéndez Pidal, el problema de la corrección en la hispanística
es comprendido de maneras muy diferentes. Existen
diferentes criterios o teorías que han ganado popularidad entre los lingüistas
para determinar la corrección de un hecho lingüístico: teoría
de la autoridad literaria, teoría de la autoridad territorial y teoría del uso
general. Las
dos primeras toman como base una
misma realidad lingüística, por lo regular solo uno u otro dialecto
territorial, una u otra lengua literaria. Así, por ejemplo, para el español en
la época de la formación de la lengua nacional era el dialecto castellano y
específicamente el habla de las Cortes de Toledo. El
criterio geográfico es el primero que actúa en la comunidad idiomática
castellana. En Burgos nació el castellano común cuando se convirtió esta
ciudad en centro político del Condado de Castilla, en tiempos de Fernán González.
Pronto esta zona comienza a ejercer una notable acción niveladora sobre las
zonas limítrofes y así se fueron borrando diferencias en el habla. En
1713, cuando se funda la Real Academia Española, se decreta que, para
pertenecer a ella, había que ser de de Madrid o residir en esta ciudad. Desde
entonces es Madrid la que ejerce gran influencia lingüística. Antes (hasta el
siglo XV) la norma que se seguía era la de Toledo, ciudad de rico significado
histórico y cultural. Al unificarse Castilla y Aragón, el castellano pasa a
ser la lengua de la nación y se va extendiendo a todos los territorios
conquistados. Hoy,
hablar de una sola norma o de un solo centro de corrección para el amplísimo
territorio que hoy utiliza la lengua española, constituye una ficción. En
contra de lo que consideraba, entre otros, Clarín, los españoles no son los
dueños del idioma; por tanto, no tienen ni deben imponer la norma idiomática
ni sentir que ellos son los que determinan el destino de la lengua española. El
idioma español es criterio de todos los hispanohablantes sin excepción. Hispanoamérica
es muy celosa de su independencia espiritual –dice Rosemblat- .No hay que
pretender, por consiguiente, una subordinación lingüística de los pueblos
americanos a las normas establecidas únicamente por los españoles. No debe
haber en el aspecto lingüístico pretendidas hegemonías. Además, hemos de
reconocer humildemente que somos minoría dentro de la gran comunidad
hispanohablante, y que no habla mejor un trabajador en Jaén que un “jíbaro”
puertorriqueño. […] Dicho de otra manera: en los destinos generales del español
deben intervenir españoles e
hispanoamericanos. (1977: 17) En
relación con los criterios de valoración, el lingüista cubano Adolfo Tortoló
defendió ante los académicos de su época el seseo americano (1956):
Si el seseo es defecto hay que llegar a una conclusión desoladora: los
hispanoamericanos, mientras más estudian su lengua, más mal la hablan.
Pero como eso sería absurdo, este
hecho nos obliga a desechar definitivamente toda idea de defecto en el seseo:
nada de vicio de pronunciación, nada de incultura, nada de confusión, nada de
descuido: nada que pueda, ni remotamente, significar inferioridad.
El defecto no está en el seseo. Habrá
que buscarlo, pues, en la norma de valoración que hasta hoy se ha aplicado.
(1956: 193). Don
Miguel de Unamuno consideraba un verdadero error ver en la norma madrileña el
‘modelo’ de corrección para todo el mundo hispánico y propuso la necesidad
de reconocer para cada nación latinoamericana una norma propia, las cuales
compondrían el ‘mosaico’ de la lengua española. En este la norma madrileña
sería la primera entre iguales: “En este conjunto de normas, a Madrid le
correspondería el prestigio histórico pero de ninguna forma el privilegio de
ser el modelo de corrección". (Unamuno, 1964: 167). Los
partidarios de la teoría de autoridad literaria ven en la lengua de las obras
de los escritores famosos el ‘ideal de lengua’. Según ellos, estos
ejercen una influencia decisiva sobre la comunidad lingüística en todos los
niveles de la lengua en sus formas oral y escrita. Proclamar
el modelo literario como única forma correcta de la lengua es olvidar o
dejar de reconocer el hecho de que la lengua cambia, negar el principio del
movimiento permanente de la lengua y no ver que la norma literaria es solo una
de las normas del archisistema de
cualquier lengua nacional desarrollada. La
teoría del uso general
es, quizá, la más cercana a la realidad lingüística y es por ello que sobre
su base se puede determinar con mayor objetividad la corrección de un fenómeno
lingüístico. Esta teoría supone la posibilidad de elegir entre diferentes
variantes que forman parte del archisistema de la lengua en una situación
socialmente determinada. Los hechos lingüísticos pueden ser reconocidos como
correctos solo cuando corresponden al uso general Por tanto, no pueden ser
reconocidos como tal las creaciones
individuales y ocasionales de los hablantes. El
lingüista latinoamericano José Pedro Rona, desde una perspectiva sociológica
que apoya a esta teoría del uso general, define lo correcto
como lo que se corresponde con el sistema y sus realizaciones en la comunidad y
con el momento expresivo de su uso. Según este especialista, los modos que
corresponden a la norma literaria deben considerarse como ejemplares - que, sin
embargo, pueden o no ser correctos. Por ello recomienda para los estudios
dialectológicos en Hispanoamérica un enfoque tridimensional: en la escala
cultural, en el tiempo y en el espacial o geográfico. La
norma académica es una norma de ejemplaridad.
La porción de habla culta de determinado lugar que se aparta de la norma de
ejemplaridad, no deja de ser por ello "correcta" en ese lugar, sino
que simplemente no es ejemplar, es decir, representativa del español en su
totalidad. Un
importante aporte al estudio y esclarecimiento del problema de la norma lingüística
pertenece al eminente hispanista soviético G.V. Stepanov: partiendo de la teoría
general de la norma formulada por Eugenio Coseriu; él supera el carácter estático
de que la misma adolece al delimitar dos aspectos: -
aspecto objetivo o norma objetiva:
formación de las posibilidades de realización de los diferentes recursos lingüísticos
y -
el aspecto subjetivo: constituye la
aceptación o no de estos recursos como correctos y que constituyen el aspecto
valorativo de la norma o norma axiológica. El
aspecto objetivo de la norma
presupone la observación imparcial, objetiva y el estudio
de los hechos lingüísticos sin ningún tipo de valoración. El subjetivo
o axiológico subraya la valoración de los hechos desde el punto de vista
de la corrección - incorrección.
Este último está relacionado con aspectos sociales, históricos y a él
también se refieren los problemas de la codificación. Ambos aspectos se
relacionan dialécticamente: el objetivo
siempre es el primero, es decir, antecede un criterio axiológico porque no se
puede valorar un fenómeno si no se estudia antes. En
entrevista al actual Presidente de la Academia Cubana de la Lengua, el profesor,
escritor e investigador Salvador Bueno, le planteaba la periodista que se ha
puesto de moda el criterio de que 500 palabras pueden bastar a un periodista o a
una persona medianamente culta para comunicarse y hacerse entender bien. A ello
respondió nuestro académico: "para comunicarse tal vez, solo que ningún
profesional de la especialidad que
sea puede conformarse con esa cifra. Eso es reducir el vocabulario. No es
antinacional hablar con cuidado, tener un vocabulario pródigo. Heredia es un clásico
que aun se estudia fuera de Cuba y nosotros estamos desperdiciando esa
herencia". (1995: 6). Tradición
y nacionalidad se unen aquí a lo literario. No deben verse separadas
en la lengua porque esta, al decir de Federico Engels, "no es obra de una
clase cualquiera, sino de toda la sociedad, de todas las clases sociales, del
esfuerzo de centenares de generaciones" y como tal ha de ser considerada. Los
criterios tratados hasta ahora y la existencia de una norma objetiva en cada
zona hispanohablante invita a verificar los mismos en la ciudad de Holguín.
Capital de una provincia con más de un millón de habitantes y con notable
crecimiento demográfico, económico, cultural, con una rica historia desde su
fundación en 1752 y caracteres particulares hoy y desde su origen, fue tomada
con otras capitales cubanas para obtener información sobre aspectos como los
siguientes: 1.
¿Cómo denomina a su lengua
materna? 2.
¿Dónde se habla mejor: en España o en América? 3.
¿Dentro de América, dónde se habla mejor? ¿Qué países tienen el
habla más semejante a la de Cuba? 4.
¿Se habla mejor en la Ciudad de La Habana que en Holguín? 5.
¿En qué parte de Cuba se
habla mejor? 6.
¿Qué norma debe utilizar el hablante holguinero? Como
se observa, los informantes deben valorar y tomar en cuenta los criterios de corrección
e incorrección. Se ha
comprobado que los hablantes están prestos a defender su modalidad o norma lingüística
en Holguín. Esta es una actitud positiva del holguinero frente a su lengua. A
continuación se comentan los criterios recogidos en
encuestas aplicadas a 120 trabajadores profesionales y estudiantes
universitarios holguineros. Todos ellos se incluyen dentro de la norma culta de
Holguín. Todos los
encuestados sin excepción denominan español a su lengua, independientemente de
que en la mayoría de los casos conocen que existen otras denominaciones como:
variante del español, castellano, variante nacional y otras. Es
interesante cómo más del 90% de los informantes reconocen la supremacía histórica
de Madrid y España en general; sin embargo, consideran que en América también
se habla bien el español porque existe una comunidad de hablantes de alta
cultura que toman lo bueno del español general y añaden al mismo lo particular
de sus variantes nacionales. En
relación con América estos hablantes no ven
marcadas diferencias entre las naciones constituyentes. Poseen una visión
más o menos homogénea, con un desarrollo equiparable, aun cuando reconocen
particularidades –fundamentalmente léxicas y fonéticas- que las convierten
en entidades individuales. Predomina así en más dl 90%
de los encuestados una visión de unidad y compenetración mutua entre
los pueblos hispanoamericanos debido a su cercanía histórica. Hay que decir
que este criterio predomina principalmente entre maestros y profesores, junto a
los estudiantes. Entre
los países que mencionan como más semejantes a Cuba por su aspecto lingüístico
se encuentran: puertorriqueños, venezolanos y dominicanos. Aquí
la mayoría explica razones históricas. Luego
se mencionan otros, pero de manera desigual: panameños,
chilenos, mexicanos, nicaragüenses, colombianos. Cuando
se refiere al contraste entre Ciudad de La Habana y Holguín, el 100 % afirma
que se habla mejor en Holguín. Critican duramente el habla habanera: omisión
de sonidos, demasiado rápida, palabras incompletas, chabacanería, son
rasgos que se señalan al habla de la capital de Cuba. La
actitud de los hablantes holguineros referente a la lengua es positiva cuando
responden que Holguín –ya sea el municipio, la ciudad o la provincia- no
tiene que copiar o adoptar otra norma que no sea la suya. Incluso aseguran que
es en esta zona donde se habla mejor. Cada uno de los informantes se identifica
plenamente con su modalidad lingüística. Sienten que Holguín, dentro de Cuba,
constituye un modelo de corrección si se compara con las restantes zonas, tanto
desde el punto de vista léxico como fonético. No obstante, mencionan otras
zonas donde se “habla bien”: Ciudad
de Camagüey 33 informantes Ciudad
de Tunas
13 “ Provincia
de Camagüey 12
“ Centro
de Cuba
8 “ Bayamo
5 “ Observe
cómo no aparece la capital cubana en ninguno de los casos. El mismo hecho de
reconocer como hablas de prestigio o correctas las zonas aledañas a Holguín es
una manera de confirmar y
testificar que en su comunidad se habla “bien”. Un elemento relevante aquí
es que cuando mencionan estas zonas, nunca las ubican por encima de Holguín. En
general estos informantes estiman que existe unidad lingüística en las zonas
comprendidas entre Camagüey y Holguín, incluyendo a la ciudad de Bayamo. El
hecho de identificar a Holguín con Camagüey no deja de ser una manifestación
más del sentimiento positivo referente a su modalidad de lengua, pues Camagüey
es la zona cubana de más prestigio lingüístico desde el punto de vista valorativo, subjetivo o axiológico.
Este criterio ha predominado cuando se han aplicado encuestas en las demás
provincias cubanas. Entre los elementos que señalan como correctos es la
pronunciación (no se omite la /s/) y el léxico cuidadoso. En
Cuba, a diferencia de otras naciones, el habla de mayor prestigio no es la de
Ciudad de La Habana: es la de Camagüey. Así
también lo consideran los holguineros –como se afirmó anteriormente- sin
dejar de apreciar su propia norma ni desear utilizar una ajena. Se
ha podido observar hasta aquí cómo
las actitudes lingüísticas guardan una estrecha relación con los
criterios de corrección e
incorrección y con los criterios de valoración de las lenguas. Durante
varias centurias se consideraba verdadero español solo el que se hablaba en
España; la multiplicidad de normas existentes fuera de la península no eran
consideradas ejemplares. Por tanto, caían en el estigma de lo incorrecto. Hoy día
se ha avanzado en este aspecto, pues ya se reconocen otras hablas como
prestigiosas: las de Argentina, Uruguay, Chile, Colombia. Las demás normas
hispanoamericanas –en especial las caribeñas- quedan en el lado opuesto o
hablas estigmatizadas. Lengua
nacional, norma, corrección,
son conceptos que deben ser tenidos en cuenta, así como su interrelación
indiscutible para los estudios lingüísticos hoy día. Tampoco deben olvidarse
conceptos como los de tradición, herencia, y dinamismo,
presentes en los criterios de valoración de los hechos de la lengua. En los
resultados presentados después de la aplicación de encuestas a ciento veinte
holguineros representantes de habla culta, puede verse cómo se consideran todos
estos factores en los criterios valorativos de aquellos que, día a día, hacen
la lengua. Sin
temor a equivocación, hay en el hombre holguinero apego a lo genuinamente suyo,
a lo que lo identifica como ente dentro de una gran diversidad. Con ello se
confirma este pensamiento del gran filósofo mexicano: “El problema de la
identidad radica en la capacidad de reconocer lo propio y aceptarlo, y no
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Velázquez Pratts (Banes, 1952).
Licenciada en Letras y Literatura Hispanoamericanas(1977). Profesora Auxiliar.
Ha explicado asignaturas lingüísticas como Lingüística General, Fonética y
Fonología Españolas, Estilística, Dialectología y otras. Coautora de
Conferencias de Lingüística (1991) y autora de varios artículos publicados en
revistas provinciales, nacionales y de Venezuela. Publicación enviada por Hidelisa Velázquez Pratts Contactar mailto:hvelazquez@fh.uho.edu.cu Código ISPN de la Publicación EplykkykuAzpIJanQa Publicado Wednesday 2 de June de 2004 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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