Monografias | Regulación de la prostitución en relación a los Derechos HumanosRegulación de la prostitución en relación a los Derechos HumanosResumen: Antecedentes históricos sobre la prostitución y su control. Definiciones doctrinales y conceptuales. Aspectos psicológicos y socioeconómicos (Causas y efectos de la prostitución). Instituciones relacionadas con la problemática de la prostitución o trabajo sexual comercial. Aspectos legales. Anexo Propuesta de Reglamento. Índice Introducción
Antecedentes
históricos sobre la prostitución y su control Definiciones
doctrinales y conceptuales Aspectos
psicológicos y socioeconómicos (Causas y efectos de la prostitución) Instituciones
relacionadas con la problemática de la prostitución o trabajo sexual comercial
Aspectos
legales Conclusiones
y recomendaciones Anexo 1
Propuesta de Reglamento Bibliografía INTRODUCCIÓN El
presente documento contiene el informe de investigación realizada en la ciudad
de La Paz, referida a la necesidad de reglamentar la prostitución con base en
los Derechos Humanos. El tema está relacionado con las materias de Derecho
Penal, Sociología General y Derecho Constitucional, principalmente. Los motivos
principales para elegir el tema son de orden personal, ya que se pudo observar
que el grupo social conformado por las y los Trabajadores Sexuales Comerciales (TSC)
se halla desamparado de la legislación boliviana, y ello repercute en toda la
sociedad, ya que estas personas no son entes aislados, sino individuos que se
interrelacionan con el entorno que conforman. Así,
el problema dentro del tema elegido se puede resumir en el hecho de que el
ejercicio de la prostitución está regulado de manera parcial, específicamente
en el área de salud, con normas de carácter sanitario y de control; sin
embargo, se observa que el TSC no se halla regulado en aspectos tan
fundamentales como lo son los Derechos Humanos de quienes ejercen dicha
actividad. Por
otra parte, la prostitución o Trabajo Sexual Comercial (TSC) está relacionada
con el desarrollo de la sociedad misma. Más frecuente en la ciudad que en el
campo y entre las mujeres que entre los varones, afecta de un modo u otro a
todos los miembros de la comunidad urbana. Por ello, en el presente estudio se
considera sobre todo esta actividad desarrollada por las mujeres, pero sin
ignorar que en ella también se hallan involucrados varones. La
prostitución es una actividad a la que se ven forzadas mujeres, varones e
incluso niños y niñas debido a diversos factores. La situación general de
este sector de la población urbana reviste tintes dramáticos por las
peculiares condiciones en que se desarrolla. La violación de los derechos
humanos por autoridades civiles y policiales, dueños de locales y clientes, son
un hecho frecuentemente ocultado, ya que la sociedad toda estigmatiza y
discrimina esta actividad, olvidando que son personas las que lo ejercen y que
su opción solo responde a una situación desesperada. El
presente estudio parte de la premisa de la ausencia de una reglamentación específica
en este campo, lo cual facilita la violación de los derechos humanos de estas
personas. Para ello, se eligió como campo de acción la ciudad de La Paz,
particularmente los puntos donde se efectúa el comercio sexual (plazas Pérez
Velasco y Alonso de Mendoza, Av. Bolívar y otras) y las instituciones que
atienden este tipo de problemáticas (Centro de Salud Piloto, Dirección
Departamental de Salud, Asamblea Permanente de Derechos Humanos en Bolivia,
etc.). Para ello, se hizo uso de la técnica de la Entrevista, mediante la cual
se obtuvo los datos cualitativos que se utilizan en este informe. Así,
se pudo identificar que la falta de organización y cohesión de este grupo
(particularmente la falta de cohesión) impide que sus demandas sean atendidas
en forma efectiva por las autoridades y la sociedad civil. Otro de los problemas
detectados fue la percepción que la sociedad tiene de las personas que ejercen
la prostitución. Los abusos de las autoridades, particularmente policiales,
encuentran de esta manera un aliciente más. Es
importante tomar en cuenta que para abordar esta temática no se habla de un
mundo fácil de goce y placer, que es la figura que socialmente se tiene de la
prostitución (sobre todo el de la prostitución femenina). No, se habla de un
mundo cruel, donde la violencia y la total falta de consideración por la
condición humana de una persona agudizan un estado general de abandono y
postración en vida de estas personas, que deben correr un sinnúmero de riesgos
para subsistir, soportando vejaciones y humillaciones de una sociedad que las
segrega y estigmatiza, asociándolas generalmente con el crimen y la vida
disipada e irresponsable. Además, puede observarse de modo particular en el
caso de las TSC mujeres, que éstas desarrollan en la mayoría de los casos una
doble existencia, donde modifican su identidad, pues operan socialmente con otro
nombre y otros datos, practica permanentemente simulacros de amor y antepone
barreras sensoriales y afectivas a sus deseos, dado lo furtivo y banal que
terminan siendo sus encuentros sexuales. En definitiva, queda claro que
contrariamente a lo que se cree, ellas no sólo exponen su cuerpo. Por
otra parte, las TSC mujeres no tienen amigo posible. Los malos policías se
presentan para extorsionarlas, para abusarlas aún más y aprovecharse de ellas.
Por ello, viven o sobreviven entre tres tipos de abuso: el que viene de
autoridades corruptas; el que ejercen clientes prepotentes y el de los dueños
de los locales. Así, las (y también los) TSC no tienen sino a otra persona
como ellas que las comprenda mínimamente, aunque esto sea algo relativo y frágil. También
es importante considerar que mientras los impulsos sexuales del hombre y la
mujer sigan constituyendo una de las necesidades más fuertes de la naturaleza
existirá la prostitución. Es una situación lamentable, indudablemente, y sin
embargo no puede ser considerada un delito, no teniéndose por tanto justificación
para considerar a la persona prostituida con desprecio y odio. Si no se
solicitaran sus servicios, y si no llenara una necesidad definida, esta
actividad no existiría. Si no fuera por el alivio ofrecido por esta actividad,
muchas más personas estarían en riesgo de ser violadas. Las pasiones y la
lujuria de los hombres en edad sexualmente activa, sobre todo, recaerían sobre
ellas irremediablemente. Los abusos serían tan comunes como lo es la mentira
actualmente. La violación, el incesto y otros delitos serían de una frecuencia
alarmante. Finalmente,
se puede observar que el modelo económico imperante en el país desde 1985,
lejos de cumplir su promesa de bienestar social y dignidad para todos, provocó
que sectores como el que es estudiado aquí presenten un incremento
cuantitativo, lo cual refleja el abandono en que se tiene el capital humano. A
esto debe sumarse la falta de protección integral para estas personas, ya que
la salud, educación y trabajo digno son sólo una utopía. El
presente documento se divide en cinco capítulos. En el primero se efectúa una
reseña histórica de la evolución de la prostitución y su reglamentación,
partiendo de las culturas antiguas hasta su ejercicio en la sociedad boliviana. En
el capítulo dos se presentan de manera esquemática las definiciones
doctrinales y conceptuales en torno a los diferentes sistemas que tratan la temática
del Trabajo Sexual Comercial y las definiciones conceptuales relacionadas con
esta actividad. En
el capítulo tres se analizan las causas y efectos de la prostitución en la
sociedad paceña. En este capítulo se acudió tanto a fuentes documentales como
humanas. En
el capítulo cuatro se efectúa una exposición de las características
principales de las instituciones relacionadas con la temática del Trabajo
Sexual Comercial. En
el capítulo cinco se presenta un análisis de las diferentes disposiciones
legales relacionadas con el tema de estudio, tanto a nivel internacional como
nacional. Finalmente,
la propuesta resultante de este estudio se halla en el Anexo 1, luego de
presentar las conclusiones y recomendaciones respectivas. Lourdes
Magdalena Bizarroque Hidalgo CAPÍTULO
I ANTECEDENTES
HISTÓRICOS SOBRE LA PROSTITUCIÓN Y SU CONTROL El
presente capítulo tiene la finalidad de efectuar una exposición de tipo histórico
que permita comprender cuáles fueron las características de la prostitución o
Trabajo Sexual Comercial (TSC) en los diferentes períodos históricos y
sociales de la humanidad, y describir la evolución que tuvo la prostitución en
Bolivia. Para este fin, se tomará en cuenta diferentes ópticas históricas,
que por la complejidad del tema, permitirá dar una consistencia aceptable y
razonable que permitan consolidar los argumentos teóricos dentro el área
social, y fundamentalmente jurídica. El análisis histórico está, por lo
tanto, relacionado con los valores y la moral. De esta manera, se analizará las
siguientes etapas que marcan trascendencia en la evolución histórica de la
prostitución o TSC. 1.1
La prostitución en la Edad Antigua En
un primer momento, la prostitución no podía ser identificada como tal, ya que,
como hace notar F. Engels en su estudio denominado El Origen de la familia, de
la propiedad privada y del Estado, basado en las investigaciones de Lewis Morgan
sobre los pueblos primitivos, el sexo era practicado indiscriminadamente por
todos los miembros de la tribu, sin que existiese diferenciación de familias
entre sus miembros. Afirma (pág. 44-45) que "reconstituyendo de esta
suerte de historia de la familia, Morgan llega a estar de acuerdo con la mayor
parte de sus colegas acerca de un primitivo estado de cosas según el cual, en
el seno de una tribu imperaba el trato sexual sin obstáculos, de tal suerte que
cada mujer pertenecía igualmente a todos los hombres y cada hombre a todas las
mujeres". De esta forma, plantea la existencia de prácticas que por
entonces no eran consideradas promiscuas (pero que en la actualidad sí lo serían)
dadas las condiciones sociales de existencia imperantes. Engels observa, además
(páginas 84-85), los siguientes puntos: "La
prostitución venal fue al principio un acto religioso; practicábase en el
templo de la diosa del amor y primitivamente el dinero ingresaba en las arcas
del templo. Las hierodulas de Amaitis en Armenia, de Afrodita en Corinto, lo
mismo que las bailarinas religiosas agregadas a los templos de la India, que se
conocen con el nombre de bayaderas (la palabra es una corrupción del portugués
bailadeira), fueron las primeras prostitutas. La prostitución, deber de todas
las mujeres en un principio, no fue ejercida más tarde sino por estas
sacerdotisas, en reemplazo de todas las demás. En otros pueblos, el hetairismo
proviene de la libertad sexual concedida a las jóvenes antes del matrimonio; así,
pues, es también un resto del matrimonio por grupos, pero que ha llegado hasta
nosotros por otro camino. Con la desproporción entre la propiedad, es decir,
desde el estadio superior de la barbarie, aparece esporádicamente el asalariado
junto al trabajo de los esclavos, y con él, como un correlativo necesario, la
prostitución por oficio de la mujer libre, junto a la prostitución obligatoria
de la esclava. Así, pues, la herencia que el matrimonio por grupos legó a la
civilización es doble, como todo lo que la civilización produce es también de
dos caras, de doble lenguaje, contradictorio: acá la monogamia, acullá el
hetairismo, comprendiendo en éste su forma extremada, la prostitución". Por
otra parte, Mario ZAPATA (1984: 3-4), la Enciclopedia ESPASA CALPE (pág. 1102 y
ss) y las publicaciones La prostitución en 25.000 palabras, y Prostitución: el
problema social de todos los tiempos, de Toribio Anyarin Injante, efectúan una
clasificación temporal y espacial, identificando las características de la
prostitución en diferentes contextos. Inicialmente, se hace una referencia al
ejercicio de la prostitución en el Cercano Oriente, partiendo de Mesopotamia.
En efecto, los primitivos mesopotámicos ofrecen los rastros de la primera
prostitución que marcó a todas las demás civilizaciones de la humanidad.
Debemos aclarar que la hospitalidad y la prostitución estuvieron íntimamente
relacionadas en los primeros tiempos. En un primer momento, como señalan las
fuentes indicadas, el servicio sexual era hospitalario, es decir, algo más de
lo que podía disponer el viajero cansado en la casa del huésped, sin que
tuviera que pagar por esto. Luego,
a este tipo de servicio sexual sucedió el servicio sexual religioso. Este
servicio fue la primera modalidad de prostitución, ya que para tener acceso
carnal con una mujer en los templos dedicados a tal efecto el varón debía
pagar determinada suma antes o después del contacto. En Babilonia es donde se
desarrolla este primer tipo de comercio sexual. La consolidación de la familia
monogámica significa, en los hechos, el primer obstáculo definitivo al
comercio sexual sin trabas. Anayarin informa (pág. 4) que toda mujer nacida en
Babilonia estaba obligada, una vez en su vida, a ir al templo de Ishtar, la
diosa babilónica del amor, para entregarse en ese lugar a un extranjero. Cuando
una de las asistentes tomaba asiento en el lugar sagrado, no podía volver a su
casa sin que un extranjero le haya arrojado dinero en el regazo y sin que haya
tenido comercio con ella fuera del templo. Como podemos ver, surge de esta forma
la prostitución sagrada, que se complementa y engarza con la hospitalidad
sexual. Resulta
curioso observar cómo cada pueblo imprime a esta actividad su característica
especial y personalísima. La voluptuosidad más desenfrenada la aportaron los
babilonios, mientras que los fenicios dieron a la prostitución ese aire
comercial que tipifica su existencia. En la cultura fenicia existían dos
divinidades del amor: Astarté y Baal. De la unión de ambas deidades surgió la
celebración de una serie de fiestas o ceremonias que con el tiempo cobrarían
un gran esplendor. La del Duelo, por ejemplo, donde Astarté lloraba la muerte
de Baal, su divino amante. En esta fiesta, las mujeres se golpeaban duramente el
cuerpo, en inequívoca señal de desesperación, para más tarde ofrecer sus
cabellos a la diosa, o su cuerpo a un extranjero. Se cree que fue en Biblos
donde la antedicha fiesta alcanzó mayor popularidad. Allí las mujeres que querían
conservar su cabellera con evidente menosprecio de su pudor, abandonaban rápidamente
el templo y se dirigían a una especie de mercado donde sólo tenían acceso
además de ellas los extranjeros. Estaban obligadas a entregarse tantas veces
como fueran requeridas. El producto de aquel comercio carnal se destinaba a
adquirir ofrendas para las imágenes de la diosa. En
suma, los fenicios, comerciantes en toda la extensión de la palabra, perfilaron
con su propia característica la prostitución, fusionando muy íntimamente las
dos fuentes conocidas: hospitalaria y religiosa, pero comerciantes por encima de
todo. "No dudaron en desarrollar la costumbre de entregar su mujer y sus
hijas al recién llegado. De esta forma, no sólo tenían la suerte de realizar
esta entrega a la representación humana de un dios, sino que, de paso, podían
hacer también un productivo negocio" (Enciclopedia Jurídica OMEBA, pág.
654). En
Egipto, las leyes morales cumplieron su primer objetivo: desentrañar las
diferencias entre el bien y el mal. Los egipcios saben a qué atenerse, y parece
no existir las condiciones para que se desarrolle la prostitución hospitalaria
y sagrada. Pero queda la tercera: la del comercio carnal. La mujer egipcia se
entrega en los primeros tiempos por pura y simple codicia. No puede seguir la
costumbre hospitalaria, ya que el egipcio es en ese momento, por naturaleza, un
ser que odia al desconocido, a quien por nada del mundo deja entrar en su casa
ni le ofrece avíos o alimentos, creyendo sin duda que de esta mínima relación
pueden sobrevenir contagios de pestes o enfermedades infecciosas. Inútil,
por tanto, la doble cara hospitalaria y religiosa de esta actividad. Las
egipcias que se abandonan a la prostitución se hacen, por tanto, cortesanas. A
veces se presentaba la prostitución bajo la vertiente sagrada, engarzada en el
culto a Isis, la diosa del amor y la fertilidad, y su esposo, Oziris. Sin
embargo, si en Egipto llegó a existir esta forma de prostitución, fue sólo de
manera muy leve. No obstante, la otra imagen que se tiene, la nacida de la
codicia, brillaba con inusitado fulgor. Cuando cualquier egipcio, por noble que
fuese, necesitaba conseguir algo, no dudaba en entregar a su hija, esposa o
madre, con tal de satisfacer su ambición. Así,
se puede observar que en Egipto existió la prostitución desde las épocas más
remotas, pero al cabo de poco tiempo perdió su carácter religioso. Los
egipcios fueron los primeros en prohibir las relaciones carnales con las mujeres
nativas o peregrinas domiciliadas en los templos y demás lugares sagrados de la
época. Al romperse el vínculo entre prostitución y religión, la primera
continuó practicándose en forma independiente y alcanzó contornos
extraordinarios. La Enciclopedia Jurídica Omeba (pág. 654) comenta que
"en Egipto se dictaron, por primera vez, normas de carácter policial para
reglar y sanear el ejercicio de la prostitución, las que no llegaron a ejercer
ninguna influencia efectiva, pero sirvieron de antecedente a las normas de
control estatal en este terreno". La
misma fuente informa que "en Grecia hubo prostitución religiosa desde que
se fundaron los templos, por lo que se la vincula al origen mismo del paganismo
helénico. En Corinto era usual adscribir al templo de Afrodita mujeres que servían
como meretrices y que entregaban a los sacerdotes lo que recaudaban en esa
calidad. Constituían una gran atracción que contribuía al enriquecimiento de
la ciudad, e incluso llegaron a ser tratadas como benefactoras. Al comenzar el
auge del cristianismo se inició su decadencia, y en su primera epístola a los
corintios, San Pablo las fustigó en forma despiadada, poniendo fin a un estilo
y una época. En verdad, ya antes del advenimiento del cristianismo, en el período
de mayor cultura griega, se había llegado a abolir la prostitución religiosa,
pero sus huellas persistieron en muchos ritos y costumbres. Solón trató de
preservar el orden y la moral de Atenas, y para ello, además de tomar otras
medidas, reglamentó la prostitución. Creó casas especiales, a las que llamó
Dicterion, que quedaban confinadas a ciertos barrios y eran monopolio del
Estado, que las administraba y percibía impuestos especiales por su
rendimiento. Legalizaban aparentemente, el libertinaje, pero es indudable que su
implantación respondía a una necesidad de la época, y que Solón trató, por
su intermedio, de evitar graves males hereditarios y de atemperar el desorden en
el ámbito social". Las
fuentes consultadas coinciden en señalar que las mujeres que habitaban los
dicteriones eran en su mayoría extranjeras o esclavas compradas con este propósito.
Sobre éstas se imponía una serie de limitaciones: no podían transitar por
ciertas zonas de la ciudad, debían utilizar vestiduras especiales que
permitieran identificarlas, y les estaba prohibido intervenir en los servicios
religiosos. Cumplían las más humillantes funciones públicas, y los
establecimientos a que pertenecían fueron en verdad, el antecedente histórico
de los ‘lenocinios’ romanos, de las ‘mancebías’ españolas y de los
‘prostíbulos’ de nuestra época. La
vida de las dicteriades estaba rígidamente reglamentada, y sus costumbres eran
controladas con mucha mayor severidad que las de sus equivalentes actuales. Pero
al cabo de poco tiempo, la disciplina se relajó, bajo la influencia de las
mujeres extranjeras que invadieron Atenas; las mismas lograron obtener tantas
franquicias administrativas y policiales, que, al cabo de un siglo de la creación
de los dicteriones, no era difícil encontrar a sus pupilas en los lugares
sociales y hasta en el foro. Dentro
de la denominación genérica de cortesanas griegas se encontraban varios
grupos, clasificados de acuerdo a las leyes que regían su actividad. Las
pupilas del dicterion tuvieron durante muchos años, el carácter de verdaderas
esclavas: eran adquiridas por el Estado, que corría con sus gastos y
necesidades, pero fijaba al mismo tiempo, la tarifa oficial de explotación para
cada una de las mujeres del establecimiento. Éste era regenteado por un
funcionario público, que imponía disciplina y percibía las sumas recaudadas
directamente por las mujeres. Venían luego las pornai, que se ubicaban
principalmente en el pireo, en establecimientos más libres y menos
reglamentados; los visitantes podían alquilarlas, y llevárselas a vivir
consigo por períodos de una semana, un mes o un año. El
rango superior lo ocupaban las auletridas o tañedoras de flauta, que tenían
una relativa libertad de movimientos, ya que podían trasladarse a cualquier
sitio. Iban, generalmente, a fiestas de hombres solos, en las que se podía
tasar discrecionalmente su trabajo de artistas y danzarinas. La categoría más
alta de las cortesanas griegas estaba formada por las heteras, palabra que
significa "compañera". A diferencia de las pornai que eran, en su
mayoría, orientales, las heteras eran por lo general mujeres de la clase de los
ciudadanos, que habían perdido su respetabilidad o que se negaban a aceptar la
vida de reclusión de las matronas atenienses. Vivían en forma independiente y
recibían en su casa a los hombres que habían logrado atraer. Algunas de ellas
consiguieron adquirir gran cultura y refinamiento y se incorporaron, en forma un
tanto mítica, a la historia de ciertos acontecimientos de su país Aunque
no gozaban de derechos civiles y sólo podían frecuentar el templo de su propia
diosa, Afrodita, algunas heteras llegaron a gozar de muy alta consideración en
la sociedad masculina de Atenas, hasta el extremo de que en muchos casos no se
consideró bochornoso que un hombre se exhibiera públicamente en su compañía. Las
cortesanas griegas se apartaron de las simples dicteriadas y de las últimas
prostitutas que habían comenzado a acudir a Atenas, y frecuentaron la intimidad
de los grandes hombres del país, curtiéndose en sabiduría, como es notorio a
lo largo de muchos ejemplos conocidos. Sobre todo donde las cortesanas
procuraban sus amantes fue en el terreno de la filosofía. En rigor, la época
de las cortesanas comenzó en Grecia cuando Clonice enlazó las seducciones del
amor con las lecciones de filosofía. Así, vemos cómo Aspasia, vieja
dicteriada de Megara, natural de Mileto, proclamó una galante frivolidad
creando una escuela que no dudaron en seguir cientos de jóvenes griegas.
Aspasia contrajo matrimonio con Pericles que ya estaba casado con Crisila, de la
que tuvo que separarse para unirse a la hetaira pensadora, que llegaba a todas
partes rodeada de su femenina corte de honor. También
en el terreno de la política, las cortesanas de Grecia desempeñaron un
importante papel. De entre todas cabe destacar a Pitionice y Glicere, que
llegaron a obtener increíble poder. En Babilonia eran dueñas y señoras, y Hárpalo
–el protegido de Alejandro Magno, que era gobernador de Babilonia-, tuvo
amores con las dos. Por
otra parte, vemos que en la historia romana, en sus inicios, era casi nulo el
meretricio, ya que no tenían todavía a Venus como diosa oficial. Las pocas
prostitutas que había eran marginadas de la sociedad y debían vivir en los
lugares más apartados de Roma. No podían casarse y llevaban un distintivo. Con
la aceptación de los dioses Venus y Baco en el sistema religioso se incrementó
el desenfreno sexual y alcohólico y con ello la prostitución. Ante esta
situación se implantó leyes para frenar los excesos. En
la antigua civilización etrusca se conocía y admitía la prostitución, hasta
el extremo de aceptar que muchas jóvenes formaran su dote con los fondos que
recababan con su ejercicio. La Enciclopedia Jurídica Omeba (pág. 655) señala
al respecto: "La prostitución se manifestaba en la forma hospitalaria y en
la consentida. La primera se ejercía en los bosques de laurel y mirto que
rodeaban las ciudades, mientras que la reglada o consentida tenía por escenario
los arrabales de las mismas, especialmente los que rodeaban los puertos y permitían
un fácil contacto con los extranjeros". En
la Roma primitiva, las prostitutas eran muy poco numerosas, y estaban excluidas
de la sociedad romana, y se les prohibía llevar el vestido de las matronas,
signo de la mujer decente, y debían vivir confinadas en los rincones más
oscuros de la ciudad. Poco a poco se las fue organizando mediante un control muy
severo. Las prostitutas debían registrarse en la Policía, lo que constituye un
antecedente de las prácticas actuales, y quedaban disminuidas automáticamente
por ciertas incapacidades civiles. Las
inscripciones pompeyanas y los textos legales de Ulpiano y Justiniano excluyen
del concepto de prostituta a las adúlteras pasionales y las que poseían un
amante, pero incluyen, en cambio, las que ejercen clandestinamente. Sea como
fuere, es general entre los jurisconsultos romanos que el precio por sí solo no
define la prostitución, considerando como mujer honesta a la que supiera
guardar las apariencias. Las leyes del Digesto no hablan para nada de la
prostitución masculina, hetero y homosexual, tan común, sin embargo, en la
antigüedad. Toribio
Anyarin Injante (pág. 4) señala que "En 180 a.C. Marco Aurelio pone los
cimientos en la reglamentación. La prostituta debía llevar su licencia stupri
que sería la marca de la indignidad e infamia hasta su muerte. Además de ser
vigiladas por censores, debían pagar a éste el impuesto vectigal creado por
Calígula equivalente a la octava parte de su ganancia diaria, con lo que
engrosaba el fisco. En el año 149 a.C. la Ley Scantinia de Nefanda Venere
sancionaba no solamente a las mujeres que se prostituían, sino también incluía
a los pederastas". La
Enciclopedia Jurídica Omeba (pág. 656) apunta también el siguiente dato:
"En la época de Trajano, se calculaba que en Roma había más de 30.000
prostitutas censadas que vivían en las afueras de la ciudad, y a éstas había
que agregar varios millares de "paseantas" secretas no fichadas, que
practicaban la prostitución libre. Con el advenimiento del cristianismo, comenzó
la lucha contra la prostitución. Dioclesiano, Anastasio I y Justiniano trataron
de poner un dique a las costumbres licenciosas de la época, ayudando a la
rehabilitación de las mujeres caídas, mediante la destrucción de los
registros donde constaba su posición infamante, y la anulación de las
incapacidades que pesaban sobre ellas. La nueva religión condenó la corrupción
e hizo conocer el dogma del pecado mediante el cual se predicaba una moral muy
severa que honraba la castidad y la continencia, y sancionaba la monogamia como
ley sagrada. Las reformas más importantes de la nueva iglesia se realizaron en
el terreno del sexo. El paganismo había tolerado a la prostituta como un mal
menor y necesario; la Iglesia Católica las atacó sin concesiones e impuso un
patrón único de moralidad para ambos sexos. Su éxito no fue completo, ya que
la prostitución continuó su camino en el ocultamiento y el disimulo; sobrevivió
pese a tener que franquear barreras éticas y morales totalmente nuevas". En
el siglo ix Carlo Magno ordenó el cierre de todos los establecimientos donde
las mujeres se permitían tener relaciones sexuales promiscuas y dispuso el
destierro de las prostitutas. Pero dada la gran corrupción de las costumbres,
las medidas legales resultaban inocuas. Durante la Primera Cruzada, algunas
mujeres pagaban su viaje vendiéndose en las ciudades de la Ruta. Y las Cruzadas
siguientes vieron engrosadas sus filas por numerosos contingentes de mujeres
vestidas de hombres, que llegaron a crear verdaderos burdeles alrededor de la
Tienda Real. Pese
a la devoción religiosa imperante en esa época se toleraba a las prostitutas
por considerarlas un mal necesario: solaz para los soldados que combatían por
el Señor y defensa de la moral de los hogares. Como todos los trabajadores se
agrupaban en gremios, ellas también formaron el suyo que contemplaba tanto la
situación de las que se encontraban recluidas en casas especiales, como la de
aquellas que viajaban errantes tras los ejércitos. Es decir, que la prostitución
no sólo era aceptada, sino, incluso, protegida y regulada. A
pesar de las leyes, empezaron a florecer los prostíbulos. Tanto las prostitutas
como los que las dirigían debían inscribir sus nombres en los registros ediles
de los que nunca se les borraba. Más adelante se crearon los lupanares
equivalentes al dicterion griego, que debían estar fuera de la ciudad. El
Senado estableció una división entre las prostitutas de estos lugares y las
prostitutas errantes o clandestinas. Ambas eran condenadas a la infamia pública.
Lo mismo sucedía con las personas que facilitaban la prostitución. Durante
el imperio de Diocleciano la prostitución bajó notablemente gracias a la
revaluación social y religiosa producida por el cristianismo. Con la caída de
Roma en 414 d.C., los bárbaros decretaron leyes represivas contra la prostitución.
Posteriormente, todos los emperadores cristianos se esforzaron en atajar y
reprimir la prostitución. Constantino fue uno de los más fervientes defensores
de la moral romana. Él limitó el libre accionar de los homosexuales, quienes
hasta entonces no hallaban obstáculos para requerir servicios sexuales (de
varones prostitutos). Todos los emperadores cristianos sin excepción, y
Justiniano más que ninguno, se afanaron en consolidar las costumbres del
imperio haciendo uso de todos sus recursos y todo su poder. Fue Justiniano quien
cambió e impuso un nuevo e inexorable reglamento en los baños públicos tan
característicos en todo el imperio. El Emperador obligó en estos baños y como
medida preventiva la diferenciación entre los dos sexos. También dictó una
severa ley en la que exponía que el marido que fuese sorprendido en el baño
con una mujer que no fuese la propia perdiese a perpetuidad todas las donaciones
que pudiese obtener de su esposa. La
prostitución masculina, por otra parte, acabó por tomar tanto incremento desde
el siglo v a.C. en Grecia y desde la época imperial en Roma, que llegó acaso
al mismo nivel que la prostitución femenina. Tampoco era infrecuente que los
hombres se prostituyesen a las mujeres, como se encuentra mencionado en el libro
bíblico de Ezequiel y aparece en las poesías de Juvenal y Marcial. 1.2
La prostitución en la Edad Media La
Edad Media no rompió con las tradiciones de la antigüedad en lo referente a la
prostitución, adoptando, por el contrario, muchos de sus puntos de vista. La
Enciclopedia Espasa Calpe (pág. 1105) señala al respecto: "Se aprecia más
bien una transformación gradual que una verdadera reforma en tan importante
problema social, por parte de los gobiernos, filósofos y moralistas de la época.
Donde más claramente se observa esta continuidad es en el imperio Bizantino
como puede colegirse de los escritos de Procopio y de Miguel Psellos. La capital
de los emperadores de Oriente y los emperadores de Oriente ofrecía en el barrio
de Gálata el aspecto de los antiguos centros de prostitución de Grecia y Roma:
lo propio puede decirse de Chipre y Creta, que se hicieron célebres en este
sentido". En
general, la prostitución en las ciudades medievales y especialmente las del
norte, adoptó la forma cerrada de los burdeles, aunque no faltaban casos de la
ambulante en forma de danzarinas o tañedoras de arpa y cítara. Entre los árabes
se encontraban tales artistas con el nombre de mumisa, voz derivada del griego
mimas, siendo muy celebradas en las poesías árabes como el Diván de Mutalami.
Los judíos habían mantenido las prohibiciones seculares de los libros sagrados
con respecto a la prostitución, aunque la influencia griega se había traducido
en una tolerancia muy extensa en la práctica. Flavio Josefo menciona ya la
existencia de numerosas prostitutas por más que no parece hubiera una verdadera
organización de las mismas entre el elemento exclusivamente judío. Si el
Talmud menciona casos que recuerdan las costumbres grecorromanas, es sólo por
efecto de la influencia de las mismas, existiendo sectas intransigentes como las
de los Esenios que vedaban toda relación sexual ilícita. La sociedad cristiana
no adoptó el punto de vista ascético y por tanto prohibitivo, sino que
estableció la tolerancia desde los primeros tiempos, no faltando con todo, sus
protestas y reacciones momentáneamente victoriosas. En
general, las prostitutas de la Edad Media ejercían su comercio como gremio
reconocido, figurando en las entradas solemnes de príncipes en las poblaciones
festejándoles con ofrendas de flores. No era infrecuente tampoco que las
visitasen entonces grandes dignatarios, que por otra parte las obsequiaban con
regalos para bailes y festejos. Tal ocurrió en Viena durante el reinado del
emperador Segismundo en 1435 y en Praga en el del emperador Alberto ii. Las
ordenaciones acerca del comercio de las prostitutas eran tan comunes como
minuciosas, negándoseles, sin embargo, el derecho de ciudadanía a partir del
siglo xv. Se las obligaba a usar trajes especiales, separándolas de las mujeres
honradas, incluso en las tumbas, reservándoselas lugar aparte en las iglesias.
Tampoco debe olvidarse que la escasa población y menor riqueza de las ciudades
medievales impidieron el lujo y esplendor que acompañó al desarrollo de la
prostitución en Grecia y Roma. Sólo
en el oriente bizantino e islamita se hallan ejemplos que recuerdan los de las
modernas urbes mundiales en esta parte. Donde más parece haberse concentrado el
ejercicio de la prostitución es en las grandes villas universitarias, como
Padua, Florencia, París, Heidelberg, Oxford y Salamanca. Los moralistas no
cesaron de clamar contra esta proximidad cual lo demuestran en el siglo xiii las
invectivas de Jaime de Vitri. Lo propio se observa en Italia por parte de Eneas,
Silvio y del Panormita, condenando la inmoralidad de los estudiantes de Siena.
Era deber de los rectores vigilar que los estudiantes no saliesen de noche para
evitar la frecuentación de tales mujeres. Sin embargo, tales disposiciones eran
poco respetadas, renovándose sin cesar con los abusos y escándalos que se venían
sucediendo. La
Enciclopedia Jurídica Omeba (pág. 656) informa que "en 1254, el Rey Luis
ix decretó el destierro de todas las prostitutas de Francia, pero cuando comenzó
a aplicarse el Edicto, se comprobó que la promiscuidad clandestina reemplazaba
al anterior tráfico abierto, lo que indujo a revocarlo en 1256. El nuevo
decreto especificaba en qué zonas de París podían vivir las prostitutas,
reglamentaba su forma de actuar, la ropa que podían usar y las insignias que
las caracterizaba, se las sometía a una inspección y control de un magistrado
policial, que llegó a ser conocido bajo la denominación de ‘rey de los
alcahuetes, mendigos y vagabundos’. En su lecho de muerte, Luis ix aconsejó a
su hijo que renovara el Decreto de Expulsión, cosa que éste hizo con
resultados similares a los anteriores". Las
fuentes documentales consultadas coinciden en afirmar que la prohibición, la
reglamentación y la abolición de la prostitución se sucedieron a lo largo de
los siglos, con resultados diferentes. En 1561, bajo el reinado de Carlos ix, se
reeditó la ordenanza, con el propósito de combatir los estragos que el
"mal de Nápoles" o sífilis hacía entre la población. En Génova y
Venecia, la prostitución estuvo reglamentada administrativamente bajo la
dirección de una mujer a quien llamaban "reina", que se encargaba de
hacer respetar en forma estricta los reglamentos policiales. En
España ocurrió lo mismo, ya que la prostitución reglamentada tuvo una evolución
análoga a la de los demás países en la época. En el siglo xv, las mujeres se
agrupaban en mancebías enormes, cercadas por murallas, en las que su número
llegaba a centenares. Estos establecimientos fueron reglamentados por Felipe ii,
suprimidos por Felipe iv, reimplantados por Carlos ii, y legalizados,
definitivamente, en 1865. En
América, la mancebía más importante fue la que se denominó Casa de
Recogidas, fundada en La Habana en 1776. En Inglaterra había una cadena de
burdeles cerca del puente de Londres, que en un principio obtenía su licencia
del Obispo de Winchester y luego del Parlamento. En 1611 bajo el reinado de
Enrique ii se dictó una serie de ordenanzas, con las que se trató de evitar la
propagación de las enfermedades venéreas. Por las mismas se prohibía a los
dueños de los establecimientos que tuvieran mujeres atacadas por esas
enfermedades, como también la admisión de hombres que sufrieran "males
nefandos". Con
el advenimiento de la Reforma, las costumbres cambiaron totalmente, y se insistió
sobre la necesidad imperiosa de castidad. En 1650, en Inglaterra se llegó a
considerar la fornicación como una felonía, que al reiterarse podía acarrear
la pena de muerte. A partir de este año las prostitutas comenzaron a ser
juzgadas por tribunales civiles y no eclesiásticos. Se las condenaba por
indecencia pública o alteración del orden. En 1751 comenzaron a cerrarse los
burdeles y desde entonces la legislación se ocupa de las ofensas contra la
decencia en lugares públicos y trata de castigar, especialmente a los
intermediarios de la prostitución. La
influencia de la prostitución ambulante en las ferias y mercados es uno de los
rasgos característicos de esta época que excedió considerablemente a la antigüedad
en tal concepto. Lo propio puede decirse de las grandes fiestas populares como
las de los Santos, de Pascua y Carnaval, de los torneos, peregrinaciones y romerías.
En cuanto a las grandes expediciones militares como las de las cruzadas, no hay
que decir que los puertos de mar como Hamburgo, Venecia, Nápoles y Lisboa, eran
centro de una enorme prostitución como lo atestiguan las poesías de la época.
No poca influencia ejercieron también en ella las gentes de condición servil,
que no dejaron de existir en toda la Edad Media. Así, en Bizancio, a pesar de
las prohibiciones de la emperatriz Teodora, hubo un gran tráfico de esclavas.
Lo propio en Italia y en Grecia, no obstante renovarse los edictos persiguiendo
tan vergonzoso trato. En
las mancebías estaban tratadas las mujeres como verdaderas esclavas, y lo
propio acontecía en todo el Oriente musulmán, lo que se refleja en la
literatura de aquel tiempo. Alfonso el Sabio de Castilla reglamentó ya la
prostitución, ofreciendo cuadros vivos de ella las inmortales obras de Fernando
de Rojas y del Arcipreste de Talavera. Los castigos aplicados a las proxenetas,
y que se encuentran en todos los países de Europa eran muchas veces ilusorios,
y, cuando más, no tardaban en caer a poco en desuso. 1.3
La prostitución en la Edad Moderna La
Enciclopedia Jurídica "Omeba", así como Mario R. Zapata (Ob. Cit.)
informan que la prostitución reglamentada se impuso a lo largo de la Edad
Moderna. Desde principios del siglo xix esta institución se generalizó en
todas partes, y fue considerada por los distintos Estados como una necesidad
desagradable a la que era necesario reglamentar y de la que era conveniente
sacar beneficios pecuniarios. Estaba encuadrada dentro del aparato estatal,
regida por normas de carácter policial e higiénico y, aunque rechazada por un
cúmulo de conceptos morales y éticos, no podía negarse su existencia tanto
real como legal. En la actualidad, la mayor parte de los países civilizados
sustentan un criterio abolicionista, que rechaza la intervención gubernamental
en el problema, o la reduce a un mínimo. Las
leyes no disponen la abolición de la prostitución, sino la abolición de la
reglamentación correspondiente, eliminan su carácter oficial. 1.4
La prostitución en la Edad Contemporánea Mario
Zapata (Ob. Cit.) comenta que es en esta época que la prostitución adopta
diferentes formas degenerativas y de extensión universal. Despierta la
preocupación de científicos, médicos, etc., quienes plantean la problemática
desde diversos ángulos. Formulan soluciones que van desde el castigo y el libre
albedrío "hasta razonamientos como los de Schopenhauer, para quien la
monogamia es una de las causas de la prostitución" (pág. 5). La
prostitución reglamentada se impuso a lo largo de lo que podríamos considerar,
época moderna, desde principios del siglo xx, esta institución se generalizó
en todas partes y fue considerada por los distintos Estados como una necesidad
desagradable a la que era necesario reglamentar y conveniente sacar beneficios
pecuniarios. Estaba encuadrada dentro del aparato estatal, regida por normas de
carácter policial e higiénico, y aunque rechazada por un cúmulo de conceptos
morales y éticos, no podría dudarse de su existencia, tanto real como legal. Otras
fuentes, como las ya citadas en páginas anteriores, comentan que durante este
período de la historia los diferentes momentos que atravesó la prostitución:
desde un florecimiento desmedido hasta las acciones represivas del Estado. 1.5
La prostitución durante la Colonia en el territorio ocupado actualmente por
Bolivia Después
de revisar los diferentes textos a los que se pudo acceder sobre historia y
sociología de Bolivia, se llegó a la conclusión de que la prostitución en el
territorio que hoy ocupa Bolivia no se inició antes de la llegada de los españoles.
Mario Zapata (Ob. Cit.: 6) y José Arze y Arze (1989: 15-16) con base en los
Comentarios reales de los incas de Garcilazo de la Vega, mencionan a las
pampairunas, que habrían efectuado cierta conducta "irregular", que,
sin embargo, sería tan eventual que merece apenas mencionarse, además de no
aportar datos exactos. Por ello, se parte el presente apartado con la prostitución
durante la Colonia. Gustavo
Adolfo Otero (1980: 54) informa que "se otorgó a algunas mujeres a que
libremente se trasladaran al Perú, ya muy avanzada la conquista. Estas se
hallaban comprendidas entre las prostitutas llamadas ‘portuguesas’." Es
decir, la prostitución parece haber llegado a América por la vía de la
importación. Sin embargo, las nativas también fueron obligadas (de una u otra
forma) a prostituirse. El mismo autor señala sobre el particular (p. 55): "No
se castigaba a las indígenas que eran seducidas, amancebadas o prostituidas por
los españoles, recibiendo muy suavemente éstos [los españoles] las sanciones.
Había también entre las muchísimas leyes de Indias varias tendentes a
proteger el sexo débil indígena, tales como aquellas que prohibían que las
indias fueran obligadas a acompañar en los viajes a los españoles y a salir de
su residencia, igualmente que tampoco se aceptaba por las autoridades denuncias
de amancebamiento con clérigos si éstas no tenían el resguardo de las
correspondientes pruebas, a fin y objeto de poner a las mujeres indígenas a
salvo de calumnias". El
mismo autor (pág. 85) señala que "la vida sexual de la época ofrece a la
observación la característica del contubernio del sexo con la religión. Es
notable observar que los hidalgos españoles o los "acaballerados" que
desprecian a las indias racialmente, no las repugnan como sus queridas o sus
prostitutas, formando con ellas verdaderos cerrallos en sus haciendas o
conviviendo con las mismas en la ciudad. Las aventuras de la Villa Imperial de
Potosí, tan explotadas por los tradicionalistas, se inspiran en estos amores sádicos
en los que se mezcla el amor y la muerte con la religión". 1.6
Bolivia: la prostitución durante la República 1.6.1
Período de 1825-1951 Pese
al cambio de dominio, durante los primeros años de la República subsiste el
orden socioeconómico heredado de la Colonia. El feudalismo y el latifundio
permanecen intactos en un Estado contradictorio que tenía una organización jurídica
y política de corte liberal. Mario Zapata (Ob. Cit. 6) informa que durante los
primeros años de la República la prostitución no presentó diferencias
sustanciales con relación al período anterior. En
los diferentes períodos bélicos (Campaña del Pacífico, del Acre y del Chaco)
se presenta una variedad especial de prostitución: las rabonas. Éstas eran
mujeres que acompañaban a los hombres en campaña, dando sus servicios sexuales
a oficiales y soldados con lo cual mantenían "elevada" la moral de la
tropa. El cuento titulado La paraguaya (p. 212), en el libro Sangre de Mestizos
de Augusto Céspedes contiene un pasaje que, aunque de modo periférico, aborda
este aspecto. Como podrá apreciarse, las meretrices eran reclutadas de los
poblados aledaños al área de conflicto. El texto señala concretamente: "Poco
después trabó en Ballivián el ansiado contacto con una de las diminutas
meretrices, de rostro aplastado y negros senos, recolectadas de Yacuiba y
Charagua. Ella recluyó la figura de la paraguaya en su inofensiva virginidad de
estampa". Este
período se caracteriza, fundamentalmente, por el patriarcado cerrado, que no
era exclusivo del país. Sin embargo, movimientos sociales contestatarios se
iban gestando al interior de la sociedad urbana. Entre los muchos temas de
discusión se da el caso del divorcio, en el cual la mujer asume, como pocas
veces, un papel importante. Alcides Arguedas (1979: 222-3) comenta al respecto: "Un
periódico de importancia, El Diario, decide en Bolivia promover una encuesta
exclusivamente femenina. Y las damas de mayor linaje se muestran decididas
partidarias del divorcio, con entusiasmo y casi unanimidad. El movimiento en
favor del divorcio se manifiesta vigoroso y entusiasta en todas partes, hasta en
esas ciudades de abolengo, recatadas y algo austeras, como Chuquisaca." Si
bien el proceso se inició en los años 20, la aprobación legal del divorcio no
llegó sino hasta varios años después. Sin embargo, este precedente dice mucho
de la capacidad política de la mujer cuando encuentra espacios en los que puede
trabajar de manera organizada. 1.6.2
Período 1952-1984 La
revolución nacional boliviana tuvo su origen en el descontento social generado
por la Guerra del Chaco y, junto con las revoluciones de México, Cuba y
Nicaragua, fue uno de los cambios sociales más importantes producidos en
Latinoamérica durante este siglo. Se inició en abril de 1952 como un golpe de
Estado protagonizado por la pequeña burguesía urbana y el MNR, pero a lo largo
del año y medio siguiente, los militantes campesinos y mineros la transformaron
en una trascendental reorganización de la sociedad boliviana. En el período
inmediatamente posterior a los breves conflictos que marcaron el golpe, la
escalada de demandas obreras y la ocupación de facto de terrenos por parte de
campesinos en el valle de Cochabamba y la región circundante a la ciudad de La
Paz, impulsaron a la acción a los moderados líderes del MNR. La
situación del campo estaba prácticamente fuera de control y el gobierno
requirió de un amplio poder popular para consolidar una base independiente de
poder. Fue así como el MNR nacionalizó las principales minas de estaño e
instituyó una arrolladora reforma agraria que legitimó un proceso que ya
estaba en marcha en el campo y que proscribió el pongueaje. La revolución
también otorgó derechos de sufragio a mujeres e indígenas, amplió el sistema
educativo, redujo el poder del ejército y organizó a la población en milicias
civiles armadas para defender el nuevo orden social. Herbert
Klein (1999: 233) hace notar que "para una comprensión de la revolución
que se produjo en los meses que siguieron a abril de 1952 resulta imprescindible
comprender el carácter de la sociedad y la economía bolivianas a mediados del
siglo. Aunque conservaba todavía todos los rasgos clásicos de una economía
subdesarrollada, a mediados del siglo xx, Bolivia había experimentado cambios
de relieve en su composición social. Entre 1900 y 1952 la población urbana había
subido de 14,3% al 22,8% de la población total del país. [...] El nivel de
alfabetización y el número de niños que asistían a la escuela habían
aumentado durante el período mencionado, particularmente después de las sumas
importantes destinadas a la educación después de la Guerra del Chaco. Así,
entre 1900 y 1950, la población alfabeta subió del 17 al 31% de la población
total, mientras que la población estudiantil preuniversitaria pasó de
alrededor de 23.000 a 139.000 [...] Así pues, empiezan a surgir en las
tendencias del siglo xx transformaciones fundamentales en el carácter de la
población hacia un aumento rápido de la población urbana." Como
resultado de este proceso de urbanización acelerada, se puede advertir que la
prostitución también se ve incrementada. Por otra parte, vemos que el contexto
general en que se desarrollan las sociedades urbanas facilita la violencia hacia
la mujer que se institucionaliza en el matrimonio. Esto forma una cadena que
dirige la vida de varones y mujeres, prolongando las relaciones de dominación
que se puede percibir en tres dimensiones entrelazadas: etnia, clase social y género. 1.6.3
Período de 1985 a la fecha Como
pudo observarse en estos subtítulos, la prostitución en Bolivia, y
particularmente en La Paz, se inicia con la llegada de los españoles (en el
territorio que hoy ocupa Bolivia). Durante la República se operan cambios que
repercuten principalmente en el ámbito político, pero que socialmente tienen
escasa trascendencia. De este modo, las costumbres (entre las cuales se cuenta
el TSC) se mantienen inalterables. Es a partir de 1952, y fundamentalmente a
partir del último hito histórico, 1985, que se operan cambios de importancia
en la composición social paceña. La prostitución, como actividad ligada al
desarrollo de las ciudades, también se ve afectada y provoca, eventualmente,
cuestionamientos que parten de la base misma de la sociedad. En
el caso de la ciudad de La Paz, los cuestionamientos provienen principalmente de
la capa intelectual. Así, se toma en cuenta los datos contenidos en la obra
teatral La calle del pecado del autor nacional Raúl Salmón de la Barra. Dicha
obra contiene el relato de la historia de Maruja, muchacha huérfana que es
contratada por la dueña de un prostíbulo con engaños, para luego ser
arrastrada y explotada sexualmente por ésta. En el relato se encuentran, además,
detalles que ilustran la cotidiana actividad de las TSC, tomando en cuenta de
modo muy particular el tema de las enfermedades venéreas. Con
el D.S. 21060 de 1985, y bajo la presión y auspicios del Banco Mundial (BM) y
el Fondo Monetario Internacional (FMI), se pone fin a la política del estado
empresario y proveedor de fuentes de trabajo para refundar el capitalismo
dependiente y guiado por la política de libre mercado. Así, con un golpe de
timón espectacular para los cimientos ideológicos del MNR, Víctor Paz
inaugura una etapa caracterizada por la recuperación económica del país sin
tomar en cuenta el costo social. La capitalización, forma diplomática de
presentar la privatización, enajena la propiedad estatal sobre empresas estratégicas
para la economía nacional como YPFB, ENTEL, ENFE, LAB y otras. La
serie de reformas que siguieron a este proceso aún están en etapa de evaluación.
Sin embargo, es incuestionable el fracaso del modelo en su aplicación por el
alto costo social que significó. Entre los sectores más damnificados se
cuentan, como siempre, la tercera edad, la mujer y la niñez. La prostitución,
que se alimenta principalmente de mujeres, niños, niñas y adolescentes,
encuentra en este período cruento para la economía y la familia un especial
caldo de cultivo. Este
cuadro general, como podrá advertirse, facilita el incremento del TSC de las
mujeres, pero también, aunque en proporción menor, de los varones. El Diario,
en un reportaje intitulado Los hombres también "venden sus cuerpos",
de fecha 1 de agosto de 2000, señala: "La crisis económica, que tiene
como una de sus manifestaciones la falta de fuentes de empleo, también afecta a
los varones. Algunos jóvenes optaron por la ‘venta de sus cuerpos’ en el
llamado mundo de la prostitución masculina" (ver Anexos). Este reportaje
toma en cuenta la prostitución masculina en la ciudad de La Paz. CAPÍTULO
II DEFINICIONES
DOCTRINALES Y CONCEPTUALES El
propósito del presente capítulo es presentar una visión global de las
diferentes corrientes doctrinales referidas a la problemática del T.S.C., y fue
construido a partir de los enunciados contenidos en los libros iii Certamen de
ensayo sobre Derechos Humanos: los derechos humanos de la mujer 2000 de Tomás
Trujillo Flores, Criminología de Huáscar Cajías K. y Libertad de amar y
derecho a morir, de Luis Jiménez de Asúa, principalmente. Es
posible iniciar esta sección considerando que en la actualidad la multiplicidad
de competencias y órganos legislativos provoca que al interior de los países
coexistan tanto sistemas abolicionistas como reglamentaristas, por lo que
aquellas clasificaciones en las que aparecen los países ordenados conforme al
sistema que adoptan para tratar esta problemática suelen ser imprecisas. Esto
es un fenómeno que sucede en los diferentes ámbitos de la vida social. En el
caso del T.S.C. la situación se repite. Los gobiernos suscriben instrumentos
internacionales de corte abolicionista como una medida política, por lo que en
sus legislaciones penales, federales o nacionales, la prostitución no aparece
tipificada como delito. Sin embargo, en los niveles locales persiste el
prohibicionismo, tanto en disposiciones municipales y en reglamentos
administrativos como en las disposiciones sobre policía y buen gobierno. En
lo que difieren los tres sistemas es en el tratamiento legal que otorgan a las
personas involucradas. En estos sistemas todo gira alrededor de la prostituta.
Se le considera, según sea el caso, como delincuente, víctima o un mal
necesario. Para el Estado moderno, fundado en la democracia, en las libertades
individuales, en los Derechos Humanos y en el respeto por la diversidad, ninguno
de los tres sistemas da respuesta a los reclamos por lograr que los derechos de
los(as) trabajadores(as) sexuales sean respetados. Además, no consigue un
combate eficaz en contra de la explotación sexual de niñas, niños, varones y
mujeres adultos. Por
su parte, el Dr. Huáscar Cajías K., señala sobre el particular (Ob. Cit.:
150): "Cada vez menos en los países civilizados en que las disposiciones
jurídicas se limitan a prescindir de la prostitución sin tomarla en cuenta,
existen dos posiciones: la que la declara como delito o, al menos, como falta, y
la que admite su legalidad, pero dentro de una reglamentación". 2.1
Sistema Reglamentarista Bajo
el sistema reglamentarista, el Estado asume el control de la actividad. Delimita
los espacios públicos y privados, sus horarios y características. Identifica y
registra la oferta, a través de licencias o de credenciales, y a partir del
reconocimiento del riesgo de contagio de infecciones de transmisión sexual (ITS).
Ejerce un sistema de control médico obligatorio, estableciendo los mecanismos
de supervisión, además de identificar los lugares clandestinos de comercio
sexual. La
prostitución, bajo esta postura, es un mal necesario que se debe controlar
cuidando la higiene de la población. Con esta visión se llega a equiparar a
los TSC como transmisores de enfermedades. Se dice, incluso, que la reglamentación
en el plano ideológico está orientada a garantizar al cliente el acceso a los
servicios sexuales en condiciones de supuesta higiene, protegiendo con esto sus
intereses, y dejando de lado los del TSC. Además, la posición reglamentaria,
como indica Huáscar Cajías (Ob. Cit: 150), es típica de los países latinos,
habiéndose iniciado en Francia, a lo cual añade la consideración de que
"la prostitución es un mal menor y necesario". Así,
puede destacarse la función pública que cumple la prostitución. En espacial
el TSC femenino actúa como válvula de escape a una sexualidad masculina no
canalizable por otras vías. Actúa como compañía y alivio a la soledad del
hombre y es, en última instancia, un mecanismo de prevención de la violación
y el abuso sexual a otras mujeres y otras poblaciones vulnerables (niños, niñas,
ancianos). En
la actualidad, producto de la ausencia de un Reglamento que norme esta
actividad, permitiendo identificar derechos y obligaciones de las y los TSC,
como también de los dueños de locales, clientes y autoridades civiles y
policiales en relación a esta actividad, se sucede una serie de violaciones a
los derechos fundamentales de las personas, lo cual promueve una espiral de
violencia que muchas veces es ocultada, favoreciendo así la continuidad de una
situación intolerable en un Estado de Derecho. 2.2
Sistema Prohibicionista La
represión penal es la característica principal que define a este sistema. Los
países que lo practican tienen como política el tomar acciones policíacas
ante cualquier oferta sexual, pública o privada que implique una retribución
monetaria. Se pretende eliminar tanto la reglamentación como el ejercicio de la
prostitución. Para el Estado, en este sistema, la persona que practica el TSC
es un delincuente y deberá responder ante la justicia por su conducta o en el
mejor de los casos se le enviará a un establecimiento de re-educación o de
reincorporación social hasta que se logre el objetivo de eliminar el TSC. Los
bienes jurídicos tutelados son la moral pública y las buenas costumbres,
argumento que deja de lado el libre acuerdo de personas que no afectan a
terceros persiguiendo, incluso, los servicios que se otorgan en lugares
privados. En un amplio sector de la doctrina jurídica prevaleció esta
corriente que, siguiendo a César Lombroso, establece una equivalencia entre TSC
y delincuente: "La prostitución es a las mujeres lo que el delito a los
hombres, porque las prostitutas tienen los mismos caracteres físicos y morales
que los delincuentes". En el extremo de este sistema, el cliente es visto
no como sujeto activo del hecho antisocial, sino más bien como víctima de la
"invitación escandalosa" de la prostituta. Cajías
señala (Pág. 150) sobre este sistema, en lo referente al TSC: "es típica
de los países anglosajones. Implica la creencia de que el instinto puede y debe
satisfacerse sólo en las salidas reconocidas por la moral y por la ley, o sea,
dentro del matrimonio. Se basa en experiencias recogidas por la geografía y por
la historia, según las cuales hay y ha habido pueblos que practicaban la
castidad extramatrimonial; al mismo tiempo, toma en cuenta las opiniones de la
medicina moderna, según la cual un régimen de abstinencia sexual es –salvo
casos especialísimos-, perfectamente compatible con un estado de salud". 2.3
Sistema Abolicionista Actualmente,
el sistema abolicionista predomina en el escenario internacional. Se fundamenta
en la consideración de que toda prostitución es una explotación del cuerpo
del ser humano, y que la reglamentación de la actividad sólo consigue
perpetuar esta injusticia. El TSC no es considerado como delincuente, sino más
bien como víctima del tráfico humano, sujeto a rehabilitación, incluso contra
su voluntad. Esta
corriente tiene sus inicios en el siglo xix como parte del feminismo británico.
Posterior a la promulgación en Gran Bretaña de la Ley de Enfermedades
Contagiosas en 1869, surge la figura de Josephine Elizabeth Grey Buttler,
pionera y líder del movimiento que se oponía principalmente a los exámenes médicos
forzados, al registro policíaco de las prostitutas y a la reglamentación de su
actividad. Grey Buttler funda en 1874 la Federación Abolicionista Internacional
(originalmente denominada Federación Continental para la Abolición de la
Regulación de la Prostitución) con delegaciones en la mayoría de las naciones
europeas y en Estados Unidos. Una
cantidad importante de los gobiernos en Occidente adopta la tesis abolicionista
en parte por la presión internacional generada sobre el tema, siendo que las
leyes prohibicionistas que sobrevivieron a la segunda mitad del siglo xx se
enmarcan en una tendencia de moralización de la post-guerra. Más allá de los
principios humanitarios en que se inspira el abolicionismo, éste fue retomado
como consecuencia del fracaso del prohibicionismo. Trujillo
remarca (pág. 23) el hecho de que "los sistemas abolicionistas son en
realidad una combinación entre la abolición de la normatividad general sobre
la prostitución y el mantenimiento de la prohibición instrumentada a través
de medidas coercitivas en los niveles locales o municipales. En teoría, al ser
considerada como víctima, la prostituta no es detenida, sino sujeta a programas
de tratamiento y reeducación. El sistema abolicionista persigue a aquellos
agentes que inducen, mantienen, permiten y se benefician de la prostitución
ajena. Bajo los tipos penales de lenocinio, corrupción de mayores y menores, tráfico
de personas, entre otros, los beneficiarios son perseguidos para imponérseles
sanciones que llegan hasta la pena de muerte en el caso de China". Tomás
Trujillo comenta adicionalmente (Ob. Cit.: 22) que las sociedades que practican
la doble moral tuvieron como blanco principal de sus ataques a la prostituta, no
la prostitución como institución, ya no por medio de las leyes generales, lo
cual les sería imposible bajo el membrete del abolicionismo. En cambio,
adecuaron los reglamentos y disposiciones de procedimientos administrativos para
aplicarlas a los TSC. En cuanto a los arrestos, se puede advertir que éstos
parecen estar vinculados a la necesidad de recordar a la TSC, que aunque se le
tolere, nunca serán respetados sus derechos en su cabalidad. Algunos
juristas recomiendan el sistema abolicionista de manera optimista, ya que
"libera a las prostitutas de sus explotadores –tratantes de blancas,
proxenetas y rufianes-, y la deja libre, sin más obligaciones que tratarse si
está enferma y respetar el decoro público" (Jiménez de Asúa Ob. Cit.:
83). El mencionado autor señala, además, que la esencia del abolicionismo no
es castigar a las prostitutas. Recalca además (pág. 83) "El principio V
de los estatutos de la Federación Abolicionista dice así: ‘Considerando que
el simple hecho de la prostitución personal y privada no pertenece sino a la
conciencia y no constituye delito, la Federación declara que la intervención
del Estado en materia de costumbres debe limitarse a los siguientes puntos’:
represión de los atentados y de los ultrajes públicos al mismo; represión de
las provocaciones públicas al libertinaje, y castigo de las proxenetas". Otro
aspecto que debe tomarse en cuenta es que en este sistema se pierde el control
de las ITS (Infecciones de Transmisión Sexual), arriesgando a la sociedad a una
epidemia, debido a que el TSC pasa automáticamente a ser clandestino, lo cual
imposibilita la detección y seguimiento de casos. 2.4
Derechos Humanos "Los
Derechos Humanos son literalmente los derechos que una persona posee por el
simple hecho de que es un ser humano" (DONNELLY 1994: 23). Es decir, todos
tenemos derechos humanos sin distinción de ningún tipo, sea de raza, sexo,
actividad laboral, edad, condición social, religión, adhesión ideológica,
etc. 2.5
Prostitución (Trabajo Sexual Comercial – TSC) La
definición de prostitución o Trabajo Sexual Comercial (TSC) implica la revisión
de términos incompletos e incluso contradictorios entre sí. Para el presente
trabajo se toma en cuenta los postulados de la OMS, de Huáscar Cajías (Ob. Cit.)
y Claudio Alarco V. en su obra Diccionario de la sexualidad. La conceptualización
precisa será tomada de los postulados de Cajías y la OMS, en tanto que esta
sección introductoria contiene un resumen de los puntos de vista del último
autor (pág. 304). Alarco
señala que ésta ha existido siempre, especialmente en las sociedades de
tecnología avanzada, es decir, en las sociedades industriales; en las ágrafas
casi no se ha dado (véase el capítulo anterior, subtítulos 1.5 y 1.6). Es más
frecuente en el área urbana que en la rural. Las personas que ejercen el TSC
son en su mayoría mujeres, aunque a veces la practican los varones
(generalmente individuos que prestan servicios sexuales a homosexuales y en
algunas ocasiones a mujeres de edad y adineradas). En
algunos países está legalizada y organizada en burdeles, donde es más fácil
que las mujeres puedan ser sometidas a una revisión médica cada cierto tiempo
con el fin de controlar las enfermedades venéreas. En otros, está prohibida,
lo cual provocó que se recurra al TSC clandestino (en salones de masaje,
saunas, bares, cafés, etc.). Alarco identifica entre los motivos principales
que empujan a una persona al TSC la inestabilidad familiar, la falta de calor
afectivo, la miseria económica, la influencia del ambiente y el deseo de ganar
dinero por la vía fácil. En cuanto a los varones que frecuentan a las TSC o
los burdeles, no hay un tipo único: pueden ser solteros que no tienen acceso a
una mujer, neuróticos y viciosos, maridos insatisfechos sexualmente en el
matrimonio, jóvenes que buscan su primera experiencia sexual, etc. Sobre todo
en los países industrializados el TSC perdió el interés que tuvo hasta hace
unos lustros a causa de la liberalización de la mujer. Sin embargo, continúa
estando muy extendido. 2.5.1
Concepto Etimológicamente,
prostitución viene del latín prostitutio onis, de prostituere, exponer en público,
poner en venta. Son las relaciones sexuales que mantiene una persona a cambio de
dinero. El término Prostitución o Trabajo Sexual Comercial (TSC) es el que
engloba a las diferentes categorías de trabajadores sexuales comerciales. Huáscar
Cajías K. (1997: 150) señala sobre la prostitución: "Para
que exista prostitución se requiere las siguientes condiciones: 1) Que haya
relaciones sexuales, normales o anormales (homosexuales). Pollitz considera que
sólo puede hablarse de prostitución cuando una mujer ejerce su comercio con
varones. Sin embargo, creemos que no debe excluirse el caso de la
homosexualidad, en vista de que existe desde hace tiempo una verdadera
profesionalización de este tipo, sobre todo en las grandes ciudades; 2) que el
acto se realice por una remuneración; no se debe tener en cuenta sólo el pago
en dinero, sino también el que se hace por cualquier otro medio que implique
una recompensa traducida en ventajas materiales; 3) que los actos sexuales sean
frecuentes; 4) que exista como elemento característico un cierto número de
personas con las cuales el acto se realiza." Por
su parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS) define la prostitución o
TSC como toda "actividad en la que una persona intercambia servicios
sexuales a cambio de dinero o cualquier otro bien" (OMS 1989, citada en
CONAPO 1994: 761). Esta definición sintetiza los puntos de vista de Cajías,
sin contraponerse a ellos. Jiménez
de Asúa, en su obra citada Libertad de amar y derecho a morir, pág. 80,
considera la prostitución como "el ejercicio público de la entrega carnal
promiscua, por precio como medio de vivir de una persona (decimos persona en vez
de mujer, porque también los hombres pueden ser sujetos de la prostitución,
como en el caso de homosexuales que públicamente de modo constante y por precio
se entregan promiscuamente a otros hombres)". Con estos puntos de vista,
desestimamos todos aquellos conceptos que limitan la actividad de la prostitución
o TSC al ámbito femenino. El presente estudio considera también el TSC
masculino, como podrá observarse en el desarrollo, con lo cual se obtiene una
visión panorámica y holística de la problemática. 2.5.2
Términos relacionados con el TSC Dentro
del campo de la prostitución, puede evidenciarse la existencia de una serie de
personas y términos involucrados. Benjamín Miguel (1990), Alicia "Por
Mujeres Nuevas" (seudónimo) en el libro Trabajo sexual y mujeres en la
ciudad de El Alto, pág. 33-35, y Claudio Alarco (Ob. Cit.) ofrecen una lista de
tales términos, a las cuales se añadió otras, producto de la observación y
reflexión. Estas categorías pueden ser interpretadas como grados progresivos
de prostitución o variantes de ésta según la especialidad. 2.5.2.1
Copetinera Muchas
mujeres fueron iniciadas en el TSC por el proxeneta, primero como meseras,
quienes después de cierto tiempo y con el afán de conseguir más ingresos se
convierten en copetineras, quienes ocasionalmente ofrecen sus servicios
sexuales, llegando al final a ser prostitutas, meretrices o trabajadoras
sexuales comerciales (TSC) en los términos más puros. Entonces, una definición
de copetinera consistiría en identificar a la mujer que realiza la actividad de
acompañante placentera de uno o varios clientes, obteniendo remuneración
monetaria, regalos y otros tipos de favores de dos fuentes: una del mismo local,
que tiene la denominación de Whiskería o Night Club por consumir y hacer
consumir bebidas alcohólicas, y otra explícitamente del cliente que
corresponde por ofertar ocasionalmente sus servicios sexuales. 2.5.2.2
Bailarina Bailarina
es toda mujer que brinda espectáculos musicales en centros de diversión
nocturna. Por la naturaleza del baile, estas mujeres buscan excitar sexualmente
a los potenciales clientes, con los que luego mantienen relaciones sexuales a
cambio de dinero. En nuestro medio se las puede encontrar tanto en clubes
nocturnos como en whiskerías y discotecas. 2.5.2.3
Proxeneta En
la actividad del TSC, uno de los actores que ha contribuido a su desarrollo es
el proxeneta, quien se constituye en la persona que fomenta la actividad del TSC.
La actividad del proxenetismo, al igual que la prostitución en sí, puede ser
ejercida por un varón o una mujer que tenga los contactos suficientes o el
ambiente necesario para promover, facilitar o contribuir a la prostitución de
personas de cualquier sexo. Benjamín Miguel (1990: 255) expresa al respecto:
"Proxeneta en sentido jurídico expresa todo acto deshonesto y todos los
modos mediante los cuales un tercero se entromete entre dos personas,
ordinariamente de sexo diverso, para que una acceda al deseo carnal de la otra,
o para que se realicen los recíprocos deseos de ambas de conocerse
carnalmente". Por
otra parte, la figura de rufián que era contenida en el Código Penal (artículo
322), fue derogada por la Ley 2033 de 29 de octubre de 1999 en su artículo 19. 2.5.2.4
Meretriz La
meretriz trabajaba en forma clandestina, a diferencia de la mujer del
prostibulum, quien lo hacía declaradamente. En la actualidad y en nuestro
medio, las TSC que trabajan en lenocinios generalmente no son muy jóvenes. Sin
embargo, también se encuentran chicas de corta edad, quienes viven en el local,
pero son un grupo muy reducido. Cuando tienen hijos, éstos son dejados al
cuidado de una empleada o pariente. Como en este tipo de locales ya no se venden
ilusiones, las TSC denominadas meretrices se visten de forma menos llamativa y
no se maquillan mucho. El pago que perciben por sus servicios es inferior al de
las copetineras de los night club, sino simplemente por las piezas o relaciones
sexuales que mantiene cada una. 2.5.2.5
Patinadora Las
patinadoras no tienen un local donde desarrollar sus actividades. Son TSC que
dentro de la problemática de la prostitución en la ciudad de La Paz trabajan
por cuenta propia y en la calle. Estas personas buscan a sus clientes en la
calle, y los llevan a un alojamiento que conocen ellas por los alrededores para
prestar sus servicios sexuales. Este grupo de TSC poseen matrícula y se someten
al control sanitario respectivo. Algunas de ellas comenzaron trabajando en algún
local, mientras otras realizan sus actividades directamente en la calle. El
aspecto de estas TSC muchas veces no se distingue de otras mujeres que transitan
por el lugar. La remuneración que obtienen por vender sus servicios es
comparable o a veces inferior al que perciben las meretrices, y no ofrecen un
trato afectivo disimulado hacia sus clientes como éstas. Este
grupo de TSC es bastante estable, se conocen unas a otras y se apoyan
mutuamente. En algunas ocasiones sufren la competencia de otras mujeres que se
presentan por el lugar o la zona por la eventual clausura de algún local cuando
tienen necesidad de dinero en tiempos de marcada crisis económica. 2.5.2.6
Masajista Es
la TSC que brinda sus servicios sexuales en los denominados salones de masajes.
El masaje, como se sabe, aplicado en las zonas erógenas puede producir
sensaciones de placer y estimular la actividad sexual, situación que es
explotada hábilmente en dichos salones. 2.5.2.7
Prostituto Cecilia
Rea Céspedes (1999: 19) hace notar que cuando se habla de prostitución
masculina, ésta se asocia inmediatamente con hombres homosexuales travestíes,
tal vez por que este tipo de prostitución es más conocido en la actualidad.
Sin embargo, puede observarse que prostituto es todo varón que vende sus
servicios sexuales a un grupo mayoritariamente conformado por varones maduros
homosexuales. En menor cantidad, según la señalada autora, lo hacen con
clientes mujeres. El prostituto recibe diferentes denominativos, como ser gigoló,
por el cual lo identifican sus clientes y se identifican ellos mismos. Ofrecen
sus servicios en la plaza Isabel la Católica, la plaza del Estudiante, y
locales tales como "La chicharra", "Rancho Seco", el Café
Ciudad, entre otros. El
Diario, en fecha 1 de agosto de 2000, presenta un reportaje sobre el TSC
masculino, en el cual incluye una descripción de esta actividad reservada a jóvenes
varones que ofertan sus servicios sexuales a clientes homosexuales y señoras de
edad madura de elevada posición social. 2.5.2.8
Prostituto homosexual y/o bisexual 2.5.2.9
Cliente El
cliente es una categoría de sumo interés para el presente estudio, tomando en
cuenta que éste es el alma y la razón de la existencia del TSC. En la temática
del TSC existe una relación en la que interactúan dos fuerzas: la oferta,
constituida por el o la TSC, que ofrece sus servicios, a uno o varios clientes a
cambio de una remuneración o compensación no siempre económica por una parte,
y, por otra, la demanda, constituida por los clientes, quienes desean satisfacción
sexual y pagan por conseguirla. En su generalidad, el cliente es anónimo. Tiene
derecho al respeto y jamás se le inquieta. Sin embargo, uno debe preguntarse
quién hace vivir a los proxenetas y a las prostitutas, y necesariamente llegará
a la conclusión de que es el cliente, quien se constituye en otro de los
actores principales que promueve y fomenta el TSC. Uno puede interrogarse sobre
las motivaciones de los clientes, quienes acceden a este tipo de servicios. Pero
las respuestas son pocas, ya que los mudos de la historia son los clientes. Sin
embargo, se puede afirmar que en líneas generales los clientes al recurrir al
TSC femenino buscan remedio a dos clases de trastornos: los problemas
relacionales (timidez, impedimento anímico y carencia de afecto), así como
problemas psicológicos (impotencia, perversiones, eyaculación precoz). En lo
referente al TSC masculino, se puede advertir que los clientes varones desean
satisfacer sus impulsos homosexuales con estos servidores sexuales, en tanto que
se puede presumir que las clientes mujeres manifiestan una insatisfacción
sexual con su pareja formal, o bien por que buscan una aventura informal sin
complicaciones de otro tipo. 2.5.2.10
Prostitución infantil La
prostitución infantil y juvenil es otro gran problema, ya que atenta contra un
grupo altamente vulnerable y desprotegido. Ésta generalmente se debe a
problemas de pobreza, la cual se ve agudizada debido al régimen económico en
actual vigencia. La oficina Católica de la Infancia, BICE (1991: 7-8)
identifica las siguientes características sobre la prostitución infantil y
juvenil en América Latina: La
deuda externa, que tiene como efecto íntimamente relacionado la agudización de
los países pobres y la profundización de la dependencia de éstos hacia los países
desarrollados. La
prostitución como estrategia de supervivencia de los sectores más empobrecidos
no puede ser considerada una opción de vida, sino una forma de esclavitud Existen
otras formas de prostitución que no están directamente relacionadas con las
situaciones de exclusión socio-económica y política más críticas, sino más
bien determinadas por elementos axiológico-culturales como el consumismo y la
presión hacia el éxito. A
los determinantes económicos se suman factores culturales que reproducen y
mantienen la situación de opresión de la mujer. La prostitución es una
expresión de esta opresión, pero también, de la opresión a otros grupos
vulnerables como niños, niñas y adolescente. Si bien se reconoce que también
existe prostitución de varones, se entiende que la mayoría son niñas y jóvenes
de sexo femenino. Los
Medios de Comunicación Social entregan contenidos y mensajes que contribuyen al
desarrollo de una sexualidad malsana que utiliza a la mujer y los niños como
objetos publicitarios. Los
sistemas legales de nuestro país presentan serias deficiencias en relación a
los menores: no existen mecanismos efectivos de protección ante situaciones de
explotación, abuso y maltrato, ni tampoco voluntad política para generarlos. La
Policía en muchos casos, lejos de resguardar los derechos ciudadanos, establece
redes de complicidad con quienes detentan el poder económico ligado a la
explotación sexual. Estas redes tienen distintos niveles de visibilidad en los
países. Los
servicios de salud no están preparados y no posibilitan el acceso a un grupo
importante de los sectores excluidos y menos aún a niñas en situación de
prostitución, lo que implica que éstos estén mucho más desprotegidos que los
adultos prostituidos y por lo tanto más expuestos a enfermedades venéreas y el
SIDA. Sobre
este punto en particular, el Código Niño, Niña y Adolescente toma en cuenta
los siguientes aspectos: El
artículo 1 determina el objeto del Código, señalando que el mismo
"establece y regula el régimen de prevención, protección y atención
integral que el Estado y la sociedad deben garantizar a todo niño, niña o
adolescente, con el fin de asegurarles un desarrollo físico, mental, moral,
espiritual, emocional y social en condiciones de libertad, respeto, dignidad,
equidad y justicia". Es decir, determina las finalidades de este cuerpo
legal, priorizando los deberes del Estado y la sociedad para con los niños, niñas
y adolescentes. Por
su parte, el artículo 3 define la aplicación del Código, cuyo alcance implica
a todos los niños, niñas y adolescentes nacidos y habitantes en el territorio
nacional. El
artículo 100 identifica, entre otros, el derecho a la libertad, al respeto y a
la dignidad como persona de los niños, niñas y adolescentes. Remarca también
el reconocimiento de sus derechos civiles, políticos, económicos, sociales y
culturales garantizados por la Constitución, las leyes, la Convención
Internacional sobre los derechos del niño, etc. Con
relación a los trabajos peligrosos e insalubres, el artículo 134, numeral 17
señala que están prohibidas en general "las actividades que crean riesgo
para la vida, salud, integridad física y mental". El
artículo 135 identifica como sitios atentatorios para la salud e integridad física
y moral de niños, niñas y adolescentes "1) Salas o sitios de espectáculos
obscenos, talleres donde se graban, imprimen, fotografían, filman o venden
material pornográfico; 2) locales de diversión para adultos como boites,
cantinas, chicherías, tabernas, salas de juego y otras similares; y, 3)
propagandas, películas y videos que atenten contra la dignidad. Los
problemas no terminan con el hecho de que un niño, niña o adolescente se
prostituya. La sociedad en general ingresa en un período de franca descomposición,
lo cual implica un deterioro general en las condiciones de vida, una pérdida de
valores y una agudización de la anomia. También es importante considerar que
un niño o niña no puede, debido a su edad y todo lo que ello implica,
discernir entre salud y enfermedad, prevención y cómo realizarla. Por ello está
más expuesto a enfermedades, drogadicción y embarazos. Además,
se debe considerar que en muchos hogares cuya cabeza es una mujer que ejerza la
prostitución existe una criatura que recibe pautas que facilitarán su ingreso
a la prostitución. Por otra parte, está el hecho de que el aumento en el número
de mujeres infectadas generará mayor demanda de prostitutas
"seguras", suponiendo que aquellas de menor edad han tenido menos
oportunidades de contagio. Como
se podrá observar, las condiciones de vida en la calle o en el medio de la
prostitución generan mecanismos de adaptación, que pueden afectar la posterior
inserción en otros ámbitos. La violencia en este medio determina la creación
de lazos de solidaridad en el grupo de pares, pero también el deterioro de la
autoestima. 2.5.2.11
Burdel Claudio
Alarco (Ob. Cit.: 54) define los burdeles como "casas públicas donde se
ejerce la prostitución. Sinónimo de lupanar, prostíbulo, mancebía, casa de
citas, casa de tolerancia". A esta lista conviene añadir el término
lenocinio. Benjamín Miguel añade a este respecto (Ob. Cit.: 255): "En
Roma se consideró lenocinio especialmente la práctica del oficio de tener
esclavas o mujeres libres para lucrar con su comercio carnal. Pero también se
consideró como lenon al que lucraba con la prostitución de su mujer, al que
prestaba su casa para el comercio carnal y legítimo". 2.5.2.12
Infecciones de Transmisión Sexual (ITS) Antes
denominadas Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS), las ITS según Claudio
Alarco (Ob. Cit.: 129) son también conocidas como enfermedades venéreas, y son
afecciones contagiosas, producidas por microbios o virus que habitualmente se
transmiten a través de las relaciones sexuales. Las más importantes por su
frecuencia son la sífilis y la gonorrea. Otras enfermedades venéreas son el
herpes simple, el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA), la
tricomoniasis, el chancro blando, el linfogranuloma inguinal, el granuloma
inguinal, etc. Según Ruth Maldonado B. (1988b: 303) "casi todas ellas
pueden transmitirse de la madre embarazada al embrión o feto, por la placenta.
Algunas, como la sífilis y el SIDA, lo hacen también a través de las
transfusiones sanguíneas". Respecto
a esta última enfermedad, cabe aclarar que el SIDA (Síndrome de
Inmunodeficiencia Adquirida) "es causado por el VIH (Virus de
Inmunodeficiencia Humana), el virus que ataca al sistema inmunológico del
organismo [...] Aunque el término de SIDA es ampliamente usado para fines médicos,
ha sido sustituido por clasificación que describe etapa por etapa la infección
por el VIH. El SIDA se refiere sólo a los últimos estadios de la supresión
del sistema inmunológico". 2.5.2.13
Aborto (Del
latín abortus, de ab, privat y oertus, nacimiento). Alarco afirma que es la pérdida
del fruto de la concepción que tiene lugar normalmente en el curso del segundo
mes del embarazo. Ruth Maldonado B., (1988b: 129) señala que el aborto
"consiste en la interrupción espontánea o provocada del embarazo, antes
que el feto haya alcanzado su viabilidad, o sea, la capacidad de vida
extrauterina, independiente". 2.6
Dignidad de la persona La
consideración de la dignidad de la persona pasa por reconocer lo que se
entenderá tanto por dignidad como por persona. Su tratamiento implica el
reconocimiento de la individualidad del hombre, sus potencialidades, así como
sus limitaciones. Quizá la concepción que más se aproxime a estos postulados
sea la de Luis Recaséns, quien señala: "El pensamiento de la dignidad
consiste en reconocer que el hombre es un ser que tiene fines propios suyos que
cumplir por sí mismo, o, lo que es igual, diciendo en una expresión negativa,
la cual tal vez resulta más clara, el hombre no debe ser un mero medio para
fines extraños o ajenos a los suyos propios" (Luis Recaséns S., citado
por MONROY, Marco 1980: 13). Podemos
observar que los derechos humanos suponen el imperio del derecho y la
existencia. de una democracia constitucional en la cual los principios de
legalidad y legitimidad sean reconocidos. Fuera de esto, el respeto de los
derechos supone necesariamente un sistema de protección, siendo el más
deseable el jurisdiccional. Algunos han propuesto la Corte Internacional de los
Derechos Humanos, el Alto Comisionado para protección de Derechos Humanos, y
actualmente existen algunos mecanismos, como la Comisión Europea de Derechos
Humanos, la Comisión y la Corte Interamericanas de Derechos Humanos (de que
trata la Convención Americana de Derechos Humanos), el Comité y la Comisión
de Naciones Unidas, etc. La
humanidad, al reconocerse superior a los demás seres vivos y al sentirse sus
miembros poseedores todos ellos, sin excepción, del atributo del raciocinio y
la inteligencia, establecieron las condiciones de su igualdad, sobre la que
reposa la dignidad, que es la valorización exacta y el respeto de la condición
del hombre. En el caso de las y los TSC, como en muchos otros, estos principios
de validez universal son muchas | |||||||||