Monografias | Otras formas de multiplicarOtras formas de multiplicarResumen: ¿Cómo calculaban los romanos?. ¿Desde cuándo se utilizan las números actuales?. ¿Siempre se ha multiplicado de la misma manera con las cifras actuales?. No siempre los números se han anotado de la misma manera que hoy. Para que nos demos cuenta de este hecho basta recordar las cifras romanas que utilizamos todavía en algunas ocasiones para dar relevancia a algún número en particular (numeración de los siglos por ejemplo). Llama la atención la realización de cálculos con dichos números pues hoy día sólo se utilizan los números romanos para designar una determinada cifra, pero no se calcula con ellas. No siempre los números se han anotado de la misma
manera que hoy. Para que nos demos cuenta de este hecho basta recordar las
cifras romanas que utilizamos todavía en algunas ocasiones para dar relevancia
a algún número en particular (numeración de los siglos por ejemplo). Llama la
atención la realización de cálculos con dichos números pues hoy día sólo
se utilizan los números romanos para designar una determinada cifra, pero no se
calcula con ellas. Por ejemplo, si nos encontramos con que tenemos que
multiplicar dos números romanos como XXV y IV, mentalmente hacemos la
multiplicación con los números por todos conocidos, es decir 25 x 4 = 100, y
anotamos el resultado con la cifra romana correspondiente que hemos aprendido es
una C.
¿Cómo calculaban los romanos? ¿Desde cuándo se
utilizan las números actuales? ¿Siempre se ha multiplicado de la misma manera
con las cifras actuales? Estas cuestiones no se resuelven en los tratados de
aritmética al uso ni en los manuales escolares. Por otra parte, no son
asequibles textos que traten del tema si no se tiene un conocimiento amplio de
las matemáticas y de su historia. Existe una obra enciclopédica: Historia
Universal de las Cifras, de Georges Ifrah (Ed. Espasa, Madrid, 1997) que
permite responder a las cuestiones anteriores y muchas otras ya que es una obra
extensa (1996 páginas). Todo lo que se expone a continuación se basa en los
contenidos de dicha obra. Las afirmaciones y conclusiones tomadas del texto se
recogen entrecomilladas.
Los romanos no conocían nuestra numeración decimal
de posición ni el cero matemático ni las bases del cálculo escrito tal como
lo practicamos hoy día. Los números y la aritmética que utilizamos
actualmente y que están extendidos a nivel mundial
se inventaron en la India: «la invención de este sistema se produjo a
mediados del siglo V d. C. y se debe a la civilización india». Tuvieron que
pasar otros ocho siglos para que dicho sistema se instaurara en Europa: «se
necesitaron más de cinco siglos para que se transmitieran las nueve cifras
significativas a la Europa cristiana. A continuación, hubo todavía que esperar
dos o tres siglos para que hiciera su aparición el cero junto con los métodos
de cálculo indios, y un lapso de tiempo aún más considerable para que se
propagaran y fueran definitivamente aceptadas en el mundo occidental...».
Actualmente llamamos a las cifras “números árabes” pues fueron los sabios
arábigo-musulmanes los primeros en aceptar dicho sistema transmitiéndolo a las
demás culturas.
Los números romanos, como los de otras
civilizaciones antiguas, no se basan en el sistema decimal de posición sino que
establecen símbolos para las cantidades. En realidad lo que hacen es contar.
Ifrah utiliza un ejemplo clarificador para explicar el origen de los números
romanos arcaicos y que me he permitido modificar para establecer ya los números
romanos que todos conocemos: un pastor quiere contar sus ovejas utilizando un
bastón de madera sobre el que hará tantas muescas como ovejas
I I
I I
I I
I I I
I I
I I I
I I
I I
I . . 19 ovejas
este
proceder no es cómodo pues obliga a recontar las muescas cada vez que se quiera
saber el número total de ovejas. El ojo humano puede distinguir fácilmente al
primer golpe de vista (sin contar) uno, dos, tres o incluso cuatro trazos
paralelos. Por tanto, para facilitar el proceso, el pastor cambia el tipo de
trazo cada 5 marcas para que pueda ser reconocida al primer golpe de vista
(también puede ser una coincidencia con el número de dedos de las manos)
I I
I I V I
I I
I X I I
I I V I I
I I
. . .19 ovejas
contar en
este segundo caso es más sencillo que en el primero.
Con el
tiempo el trazo utilizado para el número 5 y para el número 10 se bastan a sí
mismos, sin necesidad de transcribir los trazos que les preceden
X V I I
I I . . . . . . . . 19
ovejas
La evolución posterior
de este sistema de numeración pasa por abreviar. En lugar de escribir el número
4 con cuatro trazos, se anota con la forma IV, expresando así que el cuarto
trazo de la serie se encuentra justo antes del “V”. Del mismo modo, en lugar
de escribir el número nueve con la forma VIIII, se escribe IX. El pastor
escribirá finalmente
XIX . . .
. . . . . 19 ovejas
Como
sabemos, la numeración romana también establece símbolos especiales para el número
50 (L), 100 (C), 500 (D) y 1000 (M).
Podemos
pasar ya a las operaciones aritméticas con estos números romanos. «Para
efectuar las operaciones aritméticas, los griegos, los etruscos y los romanos
no utilizaron sus cifras, sino ábacos.... La palabra latina abacus
deriva del griego abax o abakion, que significa “bandeja, mesa o tablilla”.... Un
instrumento empleado en Roma fue el ábaco de cera, una auténtica
“calculadora” portátil que se colgaba al hombro. Este ábaco consistía en
una pequeña plancha de hueso o madera bañada en una fina capa de cera negra,
donde se delimitaban las columnas sucesivas y se trazaban las cifras por medio
de un estilete de hierro». La estructura del ábaco, una serie de columnas
sucesivas que marcan de izquierda a derecha las unidades, decenas, centenas,
millares, etc., permite que se pueda utilizar para realizar operaciones aritméticas
con cualquier tipo de numeración. A modo de ejemplo voy a multiplicar 310 y 25
en el ábaco de cifras romanas. Se empieza por escribir el multiplicando (310) y
el multiplicador (25) en la parte inferior de las columnas del ábaco (figura
1).
Figura 1.
Después,
se multiplica el 2 del multiplicador (que equivale a 20) por el 3 del
multiplicando (que vale 300); se obtiene 6 (o mejor 6000). Se escribe entonces,
en la parte superior, la cifra 6 en la cuarta columna (la de los millares). El
proceso es el mismo en los demás pasos (figura 2).
Figura
2.
Finalmente, se borran el multiplicando y el
multiplicador y se procede a realizar las reducciones correspondientes en cada
columna, comenzando por la que se ha asignado al orden de las unidades más
bajas. No queda más que leer el resultado sobre las columnas
En cuanto
a la última cuestión planteada: ¿Siempre
se ha multiplicado de la misma manera con las cifras actuales?, creo que resulta
evidente responder que no siempre se ha multiplicado de la manera que lo hacemos
hoy con los números actuales. En la obra de Ifrah se pueden encontrar varias
formas de multiplicar que han precedido a la actual (al menos siete
procedimientos con sus respectivas variantes). En realidad la cuestión no es más
que un pretexto para exponer una de esas formas que más me llamó la atención,
se trata de la multiplicación llamada “de la celosía”.
El nombre
de multiplicación de la celosía alude a la disposición de las cifras cuando
se ha terminado la multiplicación que recuerda «a las mallas de madera o metal
tras las que las mujeres, y sobre todo los maridos celosos, podrían observar
sin ser vistos». El procedimiento (un algoritmo, es decir, un conjunto ordenado
y finito de operaciones que permite hallar la solución de un problema) fue
inventado por «los árabes alrededor del siglo XIII, transmitiéndolo
posteriormente a Europa occidental.... Hay una descripción del método en una
obra anónima de aritmética publicada en Treviso en 1478), así como en la Summa
de arithmética, geometría, proporzioni di proporcionalita del matemático
italiano Luca Pacioli (Venecia, 1494)».
El mismo
Ifrah reconoce que la disposición de los números es bastante peculiar, sin
embargo el resultado final «se obtiene poco más o menos como en nuestra técnica
actual, sumando los productos de las diversas cifras del multiplicando y el
multiplicador». Supongamos que hay
que multiplicar 325 y 243. Se empieza por dibujar una tabla de tres filas y tres
columnas pues los dos números a multiplicar tienen tres cifras cada uno. A
continuación se trazan las diagonales de cada celda de la tabla y se colocan
los números a multiplicar empezando por el multiplicando (325) cuyas tres
cifras encabezarán cada una de las columnas de izquierda a derecha. El
multiplicador (243) se coloca al final de cada fila de abajo a arriba, es decir,
el 2 al final de la última fila, el 4 al final de la fila central y el 3 al
final de la primera fila.
A
continuación «se efectúa el producto de cada una de las cifras del
multiplicando por cada una de las cifras del multiplicador, inscribiendo el
resultado en la casilla correspondiente, solo que la cifra de las unidades de
cada producto parcial se escribe en el espacio superior derecho de la casilla, y
la de las decenas, si la hay, en el inferior izquierdo; si no lo hay, puede
dejarse el espacio vacío o escribir en él un cero».
Finalmente
se suman las cifras de cada banda oblicua comenzando por la que se encuentra en
el extremo superior derecho. Así, en nuestro caso:
Primera
banda: tiene un 5
Segunda
banda: 6 + 1 + 0 = 7
Tercera
banda: 9 + 0 + 8 + 2 + 0 = 19 (anoto 9 y me llevo 1 a la banda siguiente).
Cuarta
banda: 0 + 2 + 0 + 4 + 1 + 1 = 8 (el último 1 procede de la banda anterior).
Quinta
banda: 1 + 6 + 0 = 7
El
resultado final se lee al revés que se ha sumado, es decir 325 x 243 = 78.975
Respecto
al procedimiento que utilizamos hoy, el método del algoritmo de la celosía
parece más largo, sin embargo ofrece la ventaja de no tener que memorizar la
cifra que nos llevamos en cada multiplicación parcial. Por ejemplo, al
multiplicar 325 x 243 empezamos multiplicando 3 x 5 = 15, anotamos un 5 y nos
llevamos 1 a la siguiente multiplicación. Ifrah no repara en otra ventaja de
este método: no importa el orden en que se multiplican las cifras parciales ya
que el resultado de cada una de dichas multiplicaciones tiene asignada una celda
concreta en la tabla (o celosía).
Bibliografía:
Ifrah,
Georges (1997). Historia universal de las
cifras. Madrid: Espasa.
Autor: Publicación enviada por Felipe Moreno Romero Contactar mailto:fresenius@terra.es Código ISPN de la Publicación EpyAVEFEuuprvPkRFA Publicado Saturday 22 de November de 2003 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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