Monografias | Valoración teórica general sobre la pedofiliaValoración teórica general sobre la pedofiliaResumen: Definiciones conceptuales necesarias. El abuso sexual de niños más allá de la pedofilia. La investigación centró el análisis en el fenómeno de la Pedofilia y su preocupante auge mundial. Valorativamente establecimos las principales categorías asociadas al tema tratado, entre las que se encuentran el concepto de pedofilia, su diferencia con la pederastia, la categoría abuso sexual; especificando la definición conceptual de "niño", conjuntamente con el estudio de las consecuencias de las prácticas abusivas pedófilas para las víctimas. La investigación centró el análisis en el fenómeno de la Pedofilia y su
preocupante auge mundial. Valorativamente establecimos las principales categorías
asociadas al tema tratado, entre las que se encuentran el concepto de pedofilia,
su diferencia con la pederastia, la categoría abuso sexual; especificando la
definición conceptual de "niño", conjuntamente con el estudio de las
consecuencias de las prácticas abusivas pedófilas para las víctimas.
Propusimos razonadamente la ampliación del concepto de pedofilia más allá de
su sentido clínico original, basándonos para ello en la alta incidencia actual
de este abuso sexual, debido a múltiples razones que no se reducen solo a una
inclinación sexual desviada. PALABRAS CLAVES: Pedofilia, abuso sexual, parafilia, niño victimizado,
explotación sexual infantil, abuso pedófilo. La crisis civilizatoria que ha caracterizado el nacimiento del tercer milenio
genera una sociedad mundial en conflicto creciente, que presenta entre sus múltiples
fenómenos desesperanzadores, el inaudito y preocupante auge de la pedofilia,
como expresión corruptora y abusiva de niños, niñas y adolescentes, en el
plano sexual. El actual ejercicio de la pedofilia se ha extendido geográfica y
poblacionalmente, pues ya no se circunscribe al individuo clínicamente
diagnosticado como tal, se extiende a otras muchas personas que distan de ser
verdaderos desviados sexuales; convirtiéndose así en una patología social de
preocupantes dimensiones. Más que la manifestación de una desviación sexual
aislada, la práctica pedófila se constituye en un fenómeno que refleja el
alarmante deterioro moral de nuestras sociedades y de por sí exige una acción
enérgica de los Gobiernos y de las diferentes instituciones de la sociedad
civil. Le presentamos a continuación una exposición detallada, en la que el análisis
de la pedofilia como patología social se convierte en el hilo conductor del
discurso. Nuestros razonamientos persiguen como meta establecer las relaciones
concatenantes y potenciadoras que interactúan entre el crecimiento de la
demanda pedófila del mercado sexual y el desarrollo mundial acelerado de la
comercialización del sexo con niños. DESARROLLO I- DEFINICIONES CONCEPTUALES NECESARIAS. I.1- Generalidades. La sexualidad humana constituye parte integrante del desarrollo de la
personalidad y se expresa mediante manifestaciones biológicas, psicológicas y
sociales que evolucionan en correspondencia con el grupo etáreo a que pertenece
el individuo. La sexualidad se encuentra presente en todo el ciclo vital humano
y se caracteriza por ser un fenómeno permanente, sui-géneris y variable que
comienza con el nacimiento y termina con la muerte, expresándose
diferenciadamente de acuerdo con las distintas etapas de desarrollo del ser
humano en cada sociedad, en cada cultura y en cada persona. Precisamente en la etapa infantil, objeto de nuestra atención, la sexualidad
se caracteriza por la autoexploración, el descubrimiento del propio cuerpo y la
construcción de la identidad sexual. Si durante este periodo vital se introduce
al niño en prácticas y actividades sexuales no adecuadas para su edad, se
genera una violencia en la evolución saludable de su sexualidad; provocándose
secuelas afectivas y cognitivas de repercusiones incalculables para su
desarrollo futuro. Esa violencia de entidad sexual y de nefastas consecuencias para los niños
se comete, en muchos casos, por individuos adultos con determinadas características
e inclinaciones sexuales anómalas, conocidos comúnmente como pedófilos. En función de clarificar los términos que usaremos en el presente trabajo,
nos dedicaremos a continuación a dimensionar conceptualmente varias categorías
de importancia para el tema tratado y sobre las que no siempre existe acuerdo
doctrinal. El concepto de pedofilia se deriva del idioma griego y significa
originariamente "amor por los niños". En la actualidad se considera
la pedofilia como un trastorno sexual de índole clínica definido como "la
atracción sexual del adulto por niños de cualquier sexo". Evidentemente
la pedofilia como categoría clínica posee un horizonte limitado y específico,
pues "el término pedofilia, en su sentido médico, designa al adulto que
padece un trastorno de la personalidad consistente en mostrar un interés sexual
centrado expresamente en los niños que aún no han llegado a la pubertad". Considerada una parafilia típica, la pedofilia ha sido erróneamente
identificada con la pederastia; aún cuando reconocemos la existencia de una
evidente cercanía conceptual entre ambos términos. Definimos la pederastia
como las relaciones homosexuales con penetración entre varones, sinónimo de
sodomía. Deduciendo entonces que la pederastia como práctica homosexual
masculina puede implicar entre sus manifestaciones la relación entre hombres
adultos y niños, con lo que aparece la variante pedófila de la pederastia,
estableciéndose así el punto de contacto entre ambas categorías. Desde otro
ángulo analítico podría aceptarse una identificación factual entre versiones
de ambos fenómenos, caracterizándose estos tipos específicos por la
coincidencia en la existencia de niños víctimas del sexo masculino y de
adultos varones como sujetos activos del abuso sexual. El profundo conocimiento de los hábitos de comportamiento de los pedófilos
propicia su reconocimiento y permite evitar en algunos casos, la consumación de
su accionar irregular. La literatura psiquiátrica en comunión con la sexología
moderna ha descrito hasta el detalle las formas de orientación sexual, las
manifestaciones conductuales, los tipos o variantes fundamentales de la
pedofilia, etc. Con respecto a ello la organización categorial de estos
conceptos responde a una documentada práctica médica y sexológica, en la que
se precisa la distinción de los pedófilos, por ejemplo, en cuanto a su
preferencia sexual, dividiéndose en orientación heterosexual, homosexual o
ambas; o en relación con las actividades pedófilas propiamente dichas, entre
las que se enumeran y describen una amplia gama conductual que oscila entre las
caricias y la penetración sexual violenta en cualquiera de sus modalidades. De
igual forma se detalla exhaustivamente las dos variantes fundamentales de la
pedofilia: la sentimental homoerótica y la agresiva heterosexual. En el análisis
clínico de este tipo de parafilia se localizan determinadas líneas de
comportamiento pedófilo, tales como: los seductores, los introvertidos, los sádicos,
etc. Aún cuando resulta importante y factible reconocer determinados hábitos
comportamentales de connotación pedófila; se debe especificar el hecho de que
las personas portadoras de este tipo de perturbación sexual no pertenecen
exclusivamente a una clase o estrato social, y por el contrario, se distribuyen
por todo el entramado social, comportándose como individuos aparentemente
normales y en muchos casos con una plena integración social y comunitaria. Dentro de los pedófilos, la mayor peligrosidad es portada por aquellos
individuos en que los niños confían por naturaleza, a partir de ser amigo de
su familia; realizar funciones relacionadas con la atención a la infancia, por
ejemplo: profesor, sacerdote, etc.; o cuando desempeña alguna profesión
idealizada por los niños, tales como: policía, bombero, etc. Este tipo de
agresión sexual proveniente de personas supuestamente confiables genera
cicatrices profundas, matizadas en el infante bajo la forma de sentimientos de
culpa y angustia. En un sentido preventivo vale demostrar especial cuidado y control en la
selección del personal que labora en los organismos encargados de la niñez,
pues algunos pedófilos buscan obtener empleo en esas entidades, con la malévola
intención de tener acceso a niños y ganar su confianza, consumando
posteriormente sus propósitos. Muchas veces estos trastornados sexuales se
disfrazan de filántropos aparentemente deseosos de ayudar financieramente a la
atención de los niños en países en desarrollo o en zonas donde se produce o
recién ha concluido un conflicto bélico. Resultan obvias las dañinas consecuencias que provocan en las víctimas el
actuar pedófilo, independientemente de las diferentes formas que adopten sus
actos. Sin embargo, con el fin de neutralizar los sentimientos de culpabilidad
por estos daños y garantizar así su estabilidad emocional, los pedófilos
desarrollan una especie de "construcción" psicológica distorsionada
y supuestamente racional en torno a sus repugnantes acciones; racionalidad
justificante elaborada a partir del cuestionamiento y replanteo conveniente de
las percepciones sociales críticas hacia la práctica de sexo con niños,
salvando así el fenómeno de la "disonancia cognitiva" generado por
su comportamiento sexual desviado. En aras de la negación de las nefastas consecuencias de sus actos, estos
agresores racionalizan sus abusos, exhibiendo "actitudes y creencias
distorsionadas que les permiten percibir que los niños son de alguna manera
responsables de su propio abuso, y/o imaginarse que los niños no sufren daño
cuando mantienen contactos sexuales, y/o que los niños cuentan con capacidad de
otorgar libremente su consentimiento a las relaciones sexuales con los adultos,
u obtener beneficios de las mismas". I. 2- Definición de la categoría "niño". Posiciones al respecto. Un punto focal de controversia entre los profesionales, ONGs y dependencias
gubernamentales que trabajan el problema de la pedofilia, radica en la definición
de niño y por tanto en la definición de la edad en que el individuo puede ser
víctima de las prácticas sexuales pedófilas. La Convención de los Derechos
del Niño en su primer artículo define como niño a "todo ser humano menor
de dieciocho años de edad, salvo que, en virtud de la ley que le sea aplicable,
haya alcanzado antes la mayoría de edad". El término niño alude un rango
de edad cronológica que comienza con el nacimiento y termina en una edad tope
determinada legalmente. Por lo estipulado en la Convención se deduce que las legislaciones
nacionales son los documentos definitorios de la edad legal que funciona como
frontera entre la niñez y la adultez. La variabilidad de un país a otro, en lo
que concierne a este aspecto, responde a tradiciones culturales y jurídicas; es
así que legislativamente se implanta una edad tope para definir un grupo de
individuos que por su incompleto desarrollo físico e intelectual no se
encuentran capacitados para decidir aspectos fundamentales de su vida; esta
incapacidad decisoria establece una incapacidad jurídica y consecuentemente el
Sistema Legal les brinda protección especial o tutela penal contra violaciones
de sus derechos, tales como ataques o abusos sexuales. Teniendo en cuenta las diferencias de intereses entre las distintas ramas del
Derecho, el Sistema Legal de un mismo país es variable en cuanto a la definición
de la categoría niño. Existen diversas definiciones en términos de edad
cronológica asociados a variados aspectos o actividades a realizar por el
individuo. Así por ejemplo, se establece la edad de responsabilidad penal, la
edad de votar en elecciones, la edad de trabajar, la edad para contraer
matrimonio y precisamente del tope etáreo previsto en la legislación para la
protección de las relaciones sexuales, se deduce la edad para otorgar libre
consentimiento en los intercambios de entidad sexual. Es decir, al determinar
legalmente hasta que edad el niño puede ser víctima de delitos contra la
libertad sexual, por el solo hecho de ser niño, se está definiendo el límite
a partir del cual la persona es libre de decidir con quién, como y cuando
establece sus relaciones sexuales. Siendo así, la definición de niño constituye una decisión legal y de
ninguna manera puede ser interpretada a partir de si la persona desarrolló de
forma precoz las características sexuales exteriores, tales como vello púbico,
aumento de volumen de los senos, crecimiento de los genitales exteriores, etc. A
menudo se ha usado ese desarrollo exterior prematuro como justificante en la
victimización de niños que siendo menores en términos de edad cronológica
poseen, sin embargo, un desarrollo corporal de persona adulta. El uso persistente de imágenes de niños de corta edad como víctimas
preferentes de los pedófilos, distorsiona en cierto sentido esas prácticas e
implica una visión reduccionista en cuanto a las víctimas. La pedofilia como
práctica no solo abusa de niños menores representantes indiscutibles de la
inocencia infantil; por lo que una estrechez de visión de esa índole sugiere
erróneamente que solo constituyen prácticas pedófilas aquellas que usan a
seres de muy corta edad. Esta representación estereotipada de las víctimas de
la pedofilia excluye a otros sectores infantiles que no poseen tan corta edad,
pero siguen siendo niños necesitados de protección contra acciones infames,
ignorándose también a aquellos niños prostituidos que han sido obligados a
perder su inocencia. "Al cargar constantemente las tintas con respecto al
abuso de los niños pequeños, pasivos y dependientes (...) se están reforzando
las actitudes populares en las que se basan muchos explotadores para justificar
racionalmente los actos de explotación sexual comercial de niños, por ejemplo,
que un niño que no es pequeño, dependiente o sexualmente inocente no debería
ser considerado niño". I.3- Consecuencias de las prácticas pedófilas en los niños víctimas. La mayor o menor gravedad de las secuelas que presenta el niño abusado
sexualmente depende de varios factores, entre los que se encuentran: el tipo de
agresión, la severidad de la violencia o coacción usada, el grado de relación
con el agresor, el desarrollo de la personalidad del infante, la reiteración o
no del abuso, el apoyo familiar, etc. Los efectos nefastos pueden ser de varios
tipos y en función de ello adquieren diversas clasificaciones, por ejemplo:
existen autores que dividen las secuelas del abuso sexual en: secuelas físicas
y secuelas psicológicas. Otros parten del criterio clasificatorio proveniente
de la duración de las consecuencias, son aquellos que fraccionan las mismas en
dos grandes grupos con sus subdivisiones correspondientes, esas amplias
parcelaciones son conocidas como: secuelas a largo plazo y secuelas a corto
plazo. No resulta objetivo de nuestro trabajo el análisis minucioso de las
consecuencias de las prácticas pedófilas en niños, sin embargo no conseguimos
sustraernos a la necesidad de mencionar someramente algunos de estos efectos
traumáticos. En el plano físico se presentan los dolores corporales propios de
las lesiones generadas en el transcurso del abuso sexual violento del niño, la
posible transmisión de enfermedades venéreas, la adquisición del SIDA, los
embarazos como subproducto del maltrato, etc. Los efectos psicológicos por su parte, aunque no visibles, pertenecen al
grupo de los más perdurables. Los trastornos mentales se manifiestan en los
planos emocional, cognitivo y comportamental. Sin hacer distinción entre estos
planos podemos enumerar, por ejemplo: los estados ansiosos y depresivos, el
desarrollo de fobias asociadas a determinados estímulos recordatorios del abuso
sexual, problemas en la autovaloración, autoculpabilización, sentimientos de
indefensión, etc. En el plano comportamental manifiestan generalmente
comportamientos agresivos, problemas de relación a partir de elementos hostiles
hacia los demás, conductas sexuales promiscuas, etc. En definitiva, el abuso sexual genera en los niños un deterioro marcado de
la autoimagen y la autoestima; las víctimas magnifican su dolor y tragedia
percibiéndose a sí mismos como seres estigmatizados. No resulta secreto que la
acción abusiva sexual compromete gravemente el desarrollo de los niños y
limita el acceso al pleno disfrute de sus derechos como seres humanos. II- EL ABUSO SEXUAL DE NIÑOS MÁS ALLÁ DE LA PEDOFILIA. La materialización del comportamiento pedófilo siempre implicará en sí
mismo la existencia de un abuso sexual, consistente en la comisión de un acto
sexual directo o indirecto sobre el niño, acción tendente a estimular y
satisfacer sexualmente al adulto. El abanico de comportamientos sexuales
abusadores se extiende desde las caricias o manoseos, hasta la penetración
bucal, vaginal o anal. El abuso sexual contempla insito otras variantes como las
prácticas pornográficas caracterizadas por fotografías y filmaciones en
solitario o con interacciones sexuales entre infantes, aún cuando dichas prácticas
no impliquen un contacto físico con el adulto abusador. La ocurrencia del acto
abusivo se puede manifestar en contextos diferentes y en interrelaciones
sociales muy diversas. Los abusos sexuales deben ser analizados a partir de dos grandes categorías:
la coerción y la asimetría de edad. "La coerción (con fuerza física,
presión o engaño) debe ser considerada por sí misma criterio suficiente para
que una conducta sea calificada de abuso sexual de un menor, independientemente
de la edad del agresor. Por su parte, la asimetría de edad impide la verdadera
libertad de decisión y hace imposible una actividad sexual común, pues los
participantes tiene experiencia, grado de madurez biológica y expectativas muy
diferentes. Esta asimetría supone en sí misma un poder que vicia toda
posibilidad de relación igualitaria. Por consiguiente siempre que exista coerción
o asimetría de edad (o ambos casos a la vez) en el sentido propuesto entre una
persona menor y cualquier otra, las conductas sexuales deben ser consideradas
abusivas. Este concepto tiene la ventaja de incluir también agresiones sexuales
que cometen unos niños contra otros". Afirmamos con anterioridad que el accionar pedófilo genera la existencia del
abuso sexual infantil, aún cuando no resulta factible identificar
simplistamente la pedofilia clínica declarada con los abusadores sexuales. El
actual fenómeno del abuso sexual va más allá de la pedofilia, extendiéndose
a un creciente sector poblacional del planeta convertido en abusadores sexuales
de niños, a pesar de no poseer las peculiares desviaciones preferenciales de
los pedófilos diagnosticados clínicamente. Ese progresivo conjunto de
individuos, que sin sufrir una atracción sexual anómala demandan el uso de niños
en sus prácticas sexuales, debe ser reconocido como un grupo que padece una
pedofilia no clínica de entidad ocasional o episódica, que por sus dimensiones
se ha constituido en una patología social de alcance epidémico mundial,
generando enorme preocupación entre los gobiernos y la sociedad civil, por su
trascendencia de inmenso deterioro moral y psicosocial. En este momento del análisis cabe introducir un tercer concepto referido a
los explotadores sexuales de niños, entendidos estos "como los individuos
que se aprovechan injustamente de algún desequilibrio de poder entre ellos y
una persona menor de 18 años con el fin de usarlos sexualmente, ya sea para
obtener beneficios materiales o por placer personal". Esa definición de
explotador sexual absorbe la categoría de abusador sexual, aunque si llegar a
coincidir totalmente. Así pues, a manera de resumen parcial podemos relacionar las tres categorías
analizadas hasta el momento: la pedofilia, el abuso sexual infantil y la
explotación sexual de niños; todas ellas constituyen un continuo conceptual
que implica la progresiva ampliación de dimensiones con una correlativa
identificación. La pedofilia como concepto clínico originario constituye
apenas una manifestación del abuso sexual infantil, y este último a su vez
forma parte de la categoría del explotador sexual. Observado de una manera más
simple y graficada podríamos afirmar que no todos los explotadores sexuales de
menores son ellos mismos abusadores sexuales, por cuanto existe una parte de
esos explotadores que no accionan sexualmente con los niños, aunque si
propician el contacto sexual de esos niños con una tercera persona, percibiendo
por ello un beneficio económico. Esto se explica en tanto recordemos que el término
de abuso sexual de niños solo contempla a aquellos individuos que reciben
gratificación sexual directa. Valorando la correlación identificativa de estos conceptos desde una óptica
progresiva de lo particular a lo más general y en términos de acción
individual, sustentamos que el pedófilo activo será siempre un abusador y un
explotador sexual infantil; sin embargo, visualizándolo en sentido inverso, no
todo explotador sexual de niños constituye un abusador sexual, ni a su vez todo
abusador sexual será un portador del trastorno sexual pedófilo. El punto focal
de coincidencia conceptual se produce por la razón de que todos convergen con
su accionar en la victimización de niños. El desarrollo progresivo de la demanda de niños para prácticas sexuales se
produce por la ampliación escalonada de grupos de individuos solicitantes.
"Se ha comprobado que los clientes que solicitan servicios sexuales
infantiles pertenecen fundamentalmente a los siguientes grupos: pedófilos, los
que sienten inclinación preferente por los niños, los usuarios habituales de
servicios sexuales que recurren ocasionalmente a los niños, los cliente locales
de la prostitución, turistas, personas en viaje de negocios, inmigrantes
extranjeros, soldados, funcionarios públicos destinados en lugares aislados y
otras personas". Se evidencia que los horizontes del problema no se limitan a la pedofilia
como categoría psiquiátrica. La cada vez más alarmante explosión del abuso
sexual de niños cometidos por un gran número de hombres y mujeres que no son
pedófilos clínicamente hablando, nos llama a la reflexión en cuanto a la
conveniencia de redimensionar conceptualmente la pedofilia, concibiéndola como
una patología social actual más allá de su definición médica y sexológica
original; atemperándonos así a la realidad de un problema que desde hace
tiempo supera con creces las desviaciones sexuales aisladas y extrañas al
conglomerado social. El enfoque sociológico de la pedofilia como patología nos obliga a la
investigación etiológica del fenómeno y secuencialmente nos acerca, por
tanto, al cuestionamiento de nuestras sociedades y a la toma de conciencia
alrededor de la necesidad de una reacción oportuna y crítica ante la
progresiva deshumanización, ante el consumismo frenético que nos esclaviza y
nos "cosifica" y ante la degradación y la discriminación de sectores
poblacionales en alto riesgo victimógeno, como son nuestros niñas y niños.
Nuestro cuestionamiento crítico debe extenderse, entre otros aspectos, a la
desenfrenada y distorsionada comercialización de la sexualidad, incentivante de
la demanda del sexo rentado y de manera especial al control de la violencia en
sus múltiples manifestaciones, ya sea física, emocional o sexual. La violencia constituye un elemento cotidiano en la vida de las sociedades
contemporáneas, es un fenómeno estructural asociado a los mecanismos de poder
y a la propia construcción de las relaciones sociales. La violencia se
desarrolla a partir de un condicionamiento histórico y su pretendida explicación
etiológica resulta harto complicada, por cuanto sus características se adecuan
a procesos e interacciones humanas generadas en ambientes específicos. La
violencia social contemporánea en sus diversas formas, ya sea física, psicológica,
simbólica, mediática, etc.; se encuentra asociada en el nivel personológico a
frustraciones psicológicas y materiales producidas por situaciones de
inequidad, por la búsqueda de estímulos violentos de determinadas personas
hartas de placeres, por la marginalidad o en otros casos aparece como resultado
colateral de una estresante cotidianidad. Por ser un síndrome complejo de carácter perenne y extendido a todo el
entramado social, la violencia se constituye en un fenómeno continuo y
permanente, pudiendo generar esta habitualidad, una especie de insensibilidad
social ante la frecuente ocurrencia de actos agresivos sexuales y más
concretamente hacia la incidencia violenta que representa el abuso sexual en niños.
Con todas nuestras fuerzas debemos instaurar un consenso en torno a considerar
el abuso sexual pedófilo como una de las manifestaciones más dramáticas y
extremas de las agresiones sexuales y a partir de ese consenso evitar que por lo
explicado antes, en el enfoque valorativo social se entronice una indiferencia
nada favorable a la lucha contra la pedofilia como patología social, lográndose
en definitiva estimular los sentimientos de rechazo e intolerancia social hacia
las acciones pedófilas. En las páginas del presente trabajo procuramos dejar constancia lo
suficientemente fiel de nuestra concepción de la pedofilia como un fenómeno de
entidad y nocivo efecto social, materializado en el actual incremento de su
gravosa incidencia. Las razones de este preocupante crecimiento se vinculan a
mecanismos socio-estructurales de carácter criminógeno y como reiteradamente
expresamos, se extiende a todos los estratos sociales y a la gran mayoría de
los países del planeta. Ante esta dantesca realidad representada por el apogeo de la pedofilia, la
comunidad internacional se encuentra obligada a instaurar una agrupación de carácter
mundial, que dirija las acciones destinadas a ponerle fin a este fenómeno. Solo
cuando en los niveles nacional, regional e internacional se trabaje
mancomunadamente, podremos hablar de una lucha que poseerá esperanzas de éxito. El fantasma representado por el ejercicio de la pedofilia recorre el mundo,
constituye un fantasma de pesadilla social que a grandes zancadas aplasta la
inocencia, el bienestar, la dignidad y el sano desarrollo de la más joven
generación de nuestras sociedades. Ya en los finales de este trabajo, cabe
preguntarse entonces si estamos conscientes, si estamos dispuestos y si podemos
ocuparnos seriamente de la disminución de esas denigrantes prácticas pedófilas.
No hacerlo sería hipotecar el futuro de nuestros niños y de nuestras
sociedades. Pequeño Larousse Ilustrado. 1996. 2 3 Trastorno de índole sexual o desviación sexual. La Psiquiatría las clasifica en típicas y atípicas. Como parafilia típica, además de la pedofilia, se conoce el travestismo, el exhibicionismo, la zoofilia, etc. En la categoría de atípicas aparecen la coprofilia, la urofilia, la necrofilia, etc.4 Variante pedófila caracterizada por el uso de niños varones como objeto de interés, con exclusión de las víctimas infantiles femeninas; se materializa principalmente mediante caricias que generan el máximo placer.5 Variante de la pedofilia en que las relaciones implican una actividad heterosexual, mayoritariamente víctimizando a niñas con métodos que generalmente se caracterizan por mayor o menor dosis de violencia, pudiendo llegar en casos extremos al homicidio sádico.6 Concepto psicológico que define las incongruencias existentes entre la creencias, actitudes y comportamientos del individuo, generando ansiedad y daño psíquico a partir de dificultades en la autovaloración. Ampliar en: O` Connell Davidson, Julia. (2001). El Explotador Sexual. Acápite No. 3. Internet. http://www.focalpointngo.org/yokohama/spanish/default.htm.7 Julia O` Connell Davidson. (2001). Obra citada. Párrafo No. 22.6 Julia O` Connell Davidson. (2001). Obra citada. Párrafo No. 97.9 En: Colectivo de Autores. (2000). El abuso sexual del niño y su protección jurídico penal en Cuba. Ponencia al VI Evento Técnico de la Fiscalía Provincial de Villa Clara. Santa Clara. Págs 14-15.10 Julia O` Connell Davidson. (2001). Obra citada. Párrafo No. 9.11 Informe Provisional de la Relatora Especial de la Comisión de Derechos Humanos sobre la venta de niños, la prostitución infantil y la utilización de niños en la pornografía. Octubre de 1996. Presentado al quincuagésimo primero período de sesiones de la Asamblea General de la ONU. Párrafo 18. Disponible en Internet. http://www.unhchr.ch/Huridocda/Huridoca.nsf/.12 Ver: Leal, Gustavo. (2000). Presentación de un panorama global de la violencia y explotación sexual contra niños y niñas en América Latina y el Caribe. En CD. "Derecho a tener Derecho. Infancia, derecho y políticas sociales en América Latina". Material de la UNICEF. Párrafo 26.Colectivo de Autores. (1996). Niños víctimas de delitos sexuales. (Primera Parte). En Revista de "Sexología y Sociedad". Año 2, No.6. Diciembre de 1996. La Habana. Colectivo de Autores. (1997). Niños víctimas de delitos sexuales. (Segunda Parte). En Revista de "Sexología y Sociedad". Año 3, No.7. Agosto de 1997. La Habana. Convención de los Derechos del Niño. (1990). Declaración y Programa de Acción del Primer Congreso Mundial contra la Explotación Sexual de los Niños. (1996). Estocolmo. Suecia. Disponible en Internet. http://www.elamoresmasfuerte.com.Duran, Aleida. (2002). El abuso sexual infantil casi epidémico. Disponible en Internet. http://www.contactomagazine.com.Informe de la Relatora Especial de la Comisión de Derechos Humanos sobre la venta de niños, la prostitución infantil y la utilización de niños en la pornografía. Septiembre de 1995. Presentado al Quincuagésimo Período de Sesiones de la Asamblea General de la ONU. Disponible en Internet. http://www.unhchr.ch/Huridocda/Huridoca.nfs/.Informe de la Relatora Especial de la Comisión de Derechos Humanos sobre la venta de niños, la prostitución infantil y la utilización de niños en la pornografía. Octubre de 1997. Presentado al Quincuagésimo Segundo Período de Sesiones de la Asamblea General de la ONU. Disponible en Internet. http://www.unhchr.ch/Huridocda/Huridoca.nfs/.Informe del Relator Especial de la Comisión de Derechos Humanos sobre la venta de niños, la prostitución infantil y la utilización de niños en la pornografía. Febrero del 2002. Presentado al 58º Período de Sesiones de la Comisión de Derechos Humanos. Disponible en Internet. http://www.unhchr.ch/Huridocda/Huridoca.nfs/.Informe Inicial presentado por Cuba al Comité de los Derechos del Niño. Febrero de 1996. Disponible en Internet. http://www.unhchr.ch/tbs/doc.nfs/.Informe presentado por la Federación de Mujeres Cubanas a la Comisión de Derechos Humanos. Enero del 2002. 58º Período de Sesiones. Disponible en Internet. http://www.unhchr.ch/Huridocda/Huridoca.nfs/testframe_sp.htm.Informe Provisional de la Relatora Especial de la Comisión de Derechos Humanos sobre la venta de niños, la prostitución infantil y la utilización de niños en la pornografía. Octubre de 1996. Presentado al Quincuagésimo Primer Período de Sesiones de la Asamblea General de la ONU. Disponible en Internet. http://www.unhchr.ch/Huridocda/Huridoca.nfs/.Leal, Gustavo. (2000). Presentación de un panorama global de la violencia y la explotación sexual contra niños y niñas en América Latina y el Caribe. En CD "Derecho a tener Derecho. Infancia, Derecho y Políticas Sociales en América Latina". Programa regional/nacional de capacitación de la UNICEF. O` Connell Davidson, Julia. (2001). El Explotador Sexual. 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Disponible en Internet. http://www.cmrioja.es/asexorate/numero18.html.DATOS DE LA AUTORA: Graduada de Licenciatura en Derecho en la Universidad de La Habana en el año 1982 y titulada de Master en Pedagogía de la Educación Superior desde el año 2000. Posee 20 años de experiencia en la labor docente universitaria. Pertenece a la Sociedad Cubana de Ciencias Penales de la Unión de Juristas de Cuba y a la Sociedad de Pedagogos de Cuba. Posee una vasta experiencia en la investigación; ha desarrollando sus pesquisas en el área criminológica, específicamente en la esfera microambiental delictiva, en el área de la Personalidad, en la Prevención Criminal y Victimal, en el Control Social Formal e Informal, en temas de Derecho Penal Especial y en la Enseñanza del Derecho.
Msc. Marta González Rodríguez Profesora de Criminología y Derecho Penal Universidad Central de Las Villas.CUBA Publicación enviada por Msc. Marta González Rodríguez Contactar mailto:martag@sociales.uclv.edu.cu Código ISPN de la Publicación EpyAkyFVlZNAQnyeIW Publicado Wednesday 19 de November de 2003 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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