Monografias | Introducción a María, de Jorge IsaacsIntroducción a María, de Jorge IsaacsResumen: Hemos seleccionado la novela María como obra representativa del metagénero sentimental hispanoamericano. Jorge Isaacs logra crear un climax romántico, dominado por la exaltación de la naturaleza, la categorización sentimental, el tono larmoyant, el convencionalismo social, la presencia del «infierno verde» de la selva, la estructuración del mundo rural, el convencionalismo paternalista frente a los grupos étnicos indios y negros. Índice Introducción a María , de Jorge Isaacs Jorge Isaacs y su obra La elaboración de «María» El espacio geográfico Técnicas descriptivas Estructuración socioeconómica Tipología romántica de los agentes Hemos
seleccionado la novela María como obra representativa del metagénero
sentimental hispanoamericano. Jorge Isaacs logra crear un climax romántico,
dominado por la exaltación de la naturaleza, la categorización sentimental, el
tono larmoyant, el convencionalismo social, la presencia del «infierno
verde» de la selva, la estructuración del mundo rural, el convencionalismo
paternalista frente a los grupos étnicos indios y negros. La crítica positiva
se ha mantenido desde las reseñas contemporáneas hasta las valoraciones de
hoy. Seleccionamos, como ejemplo, el viejo juicio de Rubén Darío(1):
«La novela americana no ha pasado de una que otra feliz tentativa. La María
del colombiano Jorge Isaacs es una rara excepción. Es una flor del Cauca,
cultivada según los procedimientos de la jardinería sentimental del inefable
Bernardino. Es el Pablo y Virginia de nuestro mundo... Dos generaciones
americanas se han sentido llenas de Efraínes y Marías». Varios
factores determinantes actúan en el carácter y la producción literaria de
Jorge Isaacs: la ascendencia judía de su padre, Jorge Enrique Isaacs; la
herencia española de su madre, Manuela Ferrer; su enraizamiento telúrico
colombiano, en el estado del Cauca. Su entrañable identificación [2]
arranca de su nacimiento en Cali, en 1837, y se consolida con constantes
retornos: en sus intentos de reconstruir la
hacienda familiar, después de la muerte de su padre; como inspector del camino
del río Dagua; el regreso a la hacienda «El Paraíso», enfermo de paludismo,
en 1865; y unos años después de la publicación de María, como
superintendente de Instrucción Pública de Cauca y Popayán. El
segundo ambiente que influye poderosamente en la obra de Isaacs es Bogotá. Sus
estudios secundarios en el Colegio del Espíritu Santo, su ingreso en la
Facultad de Medicina, el deambular por la ciudad, por los círculos literarios,
le descubren nuevos horizontes: el contacto con las obras literarias, el
aprendizaje poético juvenil, la afición al periodismo, la dedicación a la política,
la práctica de sus excelentes cualidades oratorias. Colabora en la revista El
Mosaico y publica el volumen Poesías (1864), tres años antes que
su novela. A lo largo de treinta años se mantendrá fiel al género lírico,
orientado por las influencias de Shelley, Lamartine, Victor Hugo... Dos
actividades absorbentes frenan la producción literaria de Jorge Isaacs: el
activismo político, de lucha abierta en grupos liberales y como representante
en la Cámara Nacional, y la búsqueda de minas de utópico rendimiento, a lo
largo de la costa atlántica, desde La Guaira al golfo de Darién, hasta su
retiro en Ibagué, la capital del estado de Tolima, en 1895. La
génesis de la novela María tiene tres bases: los modelos de la
Weltanschauung romántica, la geografía del Cauca y las experiencias autobiográficas.
La residencia familiar de «El Paraíso», orientada hacia el valle y las verdes
colinas, le proporciona los elementos topográficos y ambientales. El
autobiografismo se proyecta sobre Efraín. Este agente-narrador, lo mismo que el
novelista, abandona el valle del Cauca para estudiar en un colegio bogotano.
Intenta cursar Medicina, escribe poesías, trabaja en la hacienda. Se repite,
además, la coincidencia de que su padre procede también de Jamaica; se
convierte al catolicismo al contraer matrimonio; es creador de nuevas formas de
riqueza; sufre reveses económicos; quizá pueda identificarse con el irlandés
que explota minas de oro en el Chocó. Considero clave para establecer este
autobiografismo el capítulo VIII: el agente cuenta cómo su padre vino muy
joven a Sudamérica y se casó con la hija de un capitán de un navío español,
después de adjurar del judaísmo, y establece el parentesco con María, hija
del primo Salomón, nacida en Jamaica y traída al Cauca después de su
orfandad. Las
fuentes literarias están en el metagénero de las autobiografías sentimentales
europeas. Los modelos más influyentes proceden de Paul et Virginie, a
pesar de la opinión contraria del profesor Warshaw. Donald McGrady basa la
influencia de la novela de Saint-Pierre, además de en la estructuración
general de la narración, el sentimentalismo y una serie de rasgos secundarios,
en la equivalencia de los siguientes elementos funcionales: retrato de Virginia
María comitiva fúnebre de Virginia
entierro de María enfermedad de Pedro
enfermedad de Efraín, después
de la muerte de la amada [3]
desesperación de Pedro
desesperación de Efraín Otra
fuente inspiradora de la prosa del novelista colombiano es Chateaubriand. Efraín,
en sus clases a María y a Emma, emplea como libro de lectura El genio del
Cristianismo, y la protagonista se identifica con el climax romántico
del novelista francés: «Las páginas de Chateaubriand iban lentamente dando
tintas a la imaginación de María... los pensamientos del poeta, acogidos en el
alma de aquella mujer tan seductora en medio de su inocencia, volvían a mí
como eco de una armonía lejana y conocida cuyas notas apaga la distancia y se
pierden en la soledad». En otra ocasión el agente, ante el valle majestuoso y
callado, lee el episodio de Atala, y las mujeres sienten la «melancolía
aglomerada por el poeta para hacer llorar al mundo», se estremecen y lloran con
la desgarradora despedida. El
novelista selecciona zonas concretas del departamento Valle del Cauca, traza
varios itinerarios a lo largo de su geografía, para tomar contacto con
panoramas y paisajes distintos: el valle regado de riachuelos, las colinas, las
verdes pampas y los bosques frondosos, abiertos hacia las estribaciones de la
Cordillera Central y los pliegues y senos de la Occidental. Si seguimos por un
mapa las andanzas del agente-narrador, notamos algunos imprecisos
desplazamientos geográficos, como el del Zabaletas al Amaine. Pero, en general,
la acción está rigurosamente ambientada en las proximidades de Cali.
Recordemos cómo Efraín, cuando va a buscar al médico, pasa a la izquierda de
las cabañas de Santa Elena, cruza trabajosamente el río Amaine, rodea el Nima
y atraviesa la villa de Palmira. Isaacs sólo contempla los pueblos de la
comarca en lejana perspectiva: «Sobre los montes occidentales, limpios y
azules, amarillearon luego los templos de Cali, y al pie de las faldas
blanqueaban... los pueblecillos de Yumbó y Vijes». Además
de los núcleos y los itinerarios geográficos, el novelista selecciona franjas
contextuales del concreto cerco de la realidad (CR); este mundo referencial
seleccionado lo convierte en legible, en materia novelada positiva (N+), frente
al adtexto o contigüidad de la obra, no novelada (-N). Sobre el cerco narrativo
(CY) se dinamiza el proceso agencial de María y Efraín. Veamos la síntesis
diagramática de la interrelación entre la realidad y lo novelado:
El
novelista tiene presente, al escribir su novela, las vivencias infantiles y
juveniles. A través del protagonista-narrador describe los remansos del río,
los senderos bordeados de árboles, los caminos de la montaña, las perspectivas
de los valles, los rumores y peligros de la selva; visita los platanales, los
maizales, los desmontes, el fondo de las cañadas; se detiene en las cabañas
montañesas, participa en frugales comidas familiares... Demuestra,
por otro lado, un profuso conocimiento de la fauna y la flora colombianas; deja
ver una experiencia directa de las formas de vida rural. Sus vivencias
personales modifican la óptica temperamentalmente romántica del
protagonista-narrador, objetivizan, a veces, su visión del paisaje. Puede
servirnos de ejemplo la interpretación realista de la hacienda de don Ignacio: [4]
«Atravesé un corto llano en el cual el rabo-de-zorro y el friega-plato y
la zarza dominaban sobre los gramales humillados y pantanosos; allí
ramoneaban algunos caballejos molenderos rapados de crin y cola,
correteaban potros y meditaban burros viejos, tan lacrados y mutilados por
el carguío de leña y la crueldad de sus arrieros que Buffón se hubiere
encontrado perplejo al tener que clasificarlos entre los cuadrúpedos». Al
lado de la vegetación exuberante, abovedada, del valle, del fondo selvoso de
las cañadas, del bosque medio civilizado, el novelista nos sugiere las selvas
sombrías de la costa, las frondas lejanas, los manglares de la ribera. A medida
que se alejan de la costa, los bosques se adensan, se enmarañan, intensifican
su policromía. Esta selva se puebla de peligros, de víboras, «terror y
pesadilla de los viajeros», tigres enfurecidos perseguidos por los cazadores.
La naturaleza del Cauca ofrece, además, realidades impresionantes: los peñascos
escarpados de la Víbora, las impetuosas corrientes del río Dagua, el derrumbe
del Arrayán... Este
espacio geográfico de María está transformado por los procedimientos
descriptivos seleccionados por el novelista. Los elementos referenciales se
embellecen por la sensibilidad subjetivada del «pacto autobiográfico», por la
percepción interna del «yo» del agente-narrador; su mirada es la que
selecciona y delimita el campo; los componentes del paisaje, al afluir a su
conciencia, pierden parte de su exterioridad, se fijan en la prosa con una
intención romántica de encantamiento. Nos encontramos ante un ejemplo tardío
de estimativa romántica, de deslumbramiento, de ensoñación, impuesta por los
románticos europeos. Al postulado de origen kantiano de que la belleza y el
arte dependen del juego libre de la imaginación se une un realismo
transfigurado, derivado, en cierta manera, de las teorías de dos filósofos
alemanes, la «intuición intelectual» de Fichte y el «alma universal» de
Schelling. El
novelista colombiano adapta los esquemas románticos, los clisés descriptivos
de Chateaubriand y Senancourt, para interpretar la plástica exuberancia de la
naturaleza tropical americana. Sobre las perspectivas del valle del Cauca
elabora varios modelos: el llano, el río, la selva, las montañas. Pero sus
visiones son ejemplos de la artificialización de la naturaleza, en distintas
horas del día y en distintas estaciones del año. Podemos comprobarlo con la
lectura de las descripciones de los capítulos II, IX, XV, XXXVIII, XXXIX, XLIII
y LVIII. Pero debemos resaltar que estos paisajes están lejos de la sistemática
estructuración de los escenarios. El propio escritor confiesa la influencia del
estado emocional: «Las grandes bellezas de la Creación no pueden a un tiempo
ser vistas y cantadas: es necesario que vuelvan al alma empalidecidas por la
memoria infiel» (capítulo II). Mediante
el «pacto autobiográfico», Jorge Isaacs transmite al agente narrador su
interpretación lírica de la naturaleza. Efraín proyecta sobre ella la
nostalgia de la emigración, los sentimientos amorosos, los estados de felicidad
y sobresalto; desde su perspectiva interna, reconstruye ámbitos de belleza edénica;
está dotado de una hipersensibilidad especial para resaltar las percepciones
sensoriales, cromáticas, olfativas o auditivas, adecuadas a cada situación, a
cada alternancia sentimental. La función connotativa, de claro enfatismo romántico,
se produce en dos campos sémicos diferentes: cromático y auditivo: Función connotativa Cromática Auditiva [5]
«mantos de terciopelo azul» «tardes
doradas» «resplandores
de topacio» «plata
líquida» (río) «luz
fosfórica de las luciérnagas errantes» (luz
lunar que) «argenta las espumas de los torrentes» «muros
pálidamente iluminados» «gemidos del viento»
«lejanos
ecos» «vagos
rumores» «suspiros
del viento» «acentos
quejumbrosos, profundos y lentos» «sollozos
del río» «silbido
siniestro» Con
frecuencia, el juego sensorial se amplía con modificadores directos,
subsintagmas nominales, imágenes plásticas. Podemos espigar isotopías de
intensificación policroma: «Sobre los ropajes turquíes
de las montañas blanqueaban algunas nubes desgarradas, como chales de
gasa nívea que el viento hiciese ondear sobre la falda azul de una
odalisca, y la bóveda diáfana del cielo se arqueaba sobre aquellas
cumbres sin nombre, semejante a una urna convexa de cristal azulado
incrustada de diamantes...» «La luz de los arreboles
moribundos del ocaso se confundía bajo un cielo teñido de lila con los
rayos de la luna naciente, blanqueados como los de una lámpara al cruzar
un globo de alabastro...» Los
procedimientos descriptivos para lograr la plasticidad polisensorial surgen, con
frecuencia, de la proyección sentimental del agente narrador. A veces, los
encuadres más luminosos le «parecen tristes» a Efraín; la imagen de la amada
está representada en los elementos de la naturaleza, que se embellecen con su
presencia; pero también transmite estados de «frenesí», de «dolorosa
ansiedad». El estado emocional de su marcha trasciende, también, al entorno:
«Mi corazón iba diciendo adiós a cada uno de estos sitios, a cada árbol del
sendero, a cada arroyo que cruzaba». Incluso el claro de luna, al reflejarse en
las riberas del Dagua, es un presagio fúnebre; expande «resplandores trémulos
y rojizos, como los que esparcen los blandones de un féretro sobre un pavimento
de mármol y los muros de una sala mortuoria». Asimismo, a la luz lunar,
descubre Efraín «el paño fúnebre medio rodado de la mesa donde su ataúd
descansó; los restos de los cirios que habían alumbrado el túmulo» de María... La
selva de las riberas del Dagua se adensa, se enmaraña, al alejarse de la costa,
se convierte en una múltiple fuerza germinadora, en «un infierno verde»,
precedente de los novelistas José Eustasio Rivera, Rómulo Gallegos, Uribe
Piedrahita, Botelho Gosálvez, Alejo Carpentier. Ya a comienzos de siglo, los
escritores europeos habían sentido la poderosa atracción de la selva virgen
americana: pero en Jorge Isaacs no es el gusto por lo exótico, sino la
absorbente realidad del bosque colombiano. Para describir sus peligros, el
novelista emplea algunos encuadres realistas, objetivos; tenemos un buen ejemplo
en la precisión de las características de la serpiente «viejota»: «Gruesa
como un brazo fornido, como de tres varas de largo, de dorso áspero, color de
hoja seca y salpicada de manchas negras; barriga que parecía de piezas de
marfil ensambladas, cabeza enorme y boca tan grande como la cabeza misma; nariz
arremangada y colmillos como uñas de gato». Pero
esta larga culebra, confundida entre los árboles frondosos, es un peligro
alucinante para el viajero, como podemos comprobar en esta dinámica secuencia
del capítulo LVII: [6]
«Agarrada de alguna rama o bejuco con una uña fuerte que tiene en la
extremidad de la cola, endereza más de la mitad del cuerpo sobre las
roscas del resto; mientras la presa que acecha no pasa a distancia tal que
solamente extendida en toda su longitud la culebra pueda alcanzarla,
muerde a la víctima y la atrae a sí con una fuerza invencible; si la
presa vuelve a alejarse a la distancia precisa, se repite el ataque hasta
que la víctima expira; entonces se enrolla envolviendo el cadáver, y
duerme así por algunas horas. Casos han ocurrido en que cazadores y bogas
se salven de ese género de muerte asiéndole la garganta a la víbora con
entrambas manos, luchando contra ella hasta ahogarla, o arrojándole una
ruana sobre la cabeza; mas eso es raro, porque es difícil dístinguirla
en el bosque, por asemejarse armada a un tronco delgado en pie y ya seco». Encontramos
también en María procedimientos costumbristas, escenas populares, que
tienen cierta relación con el Museo de cuadros de costumbres,
publicado en dos volúmenes en Bogotá, en 1866, por el círculo de la revista El
Mosaico. Y los enfoques realistas reaparecen en la textura de los bogas del
Dagua; la indumentaria de Emigdio; las comidas familiares; el rodeo en el
corral, la polvareda levantada por la torada en movimiento, la marca candente
aplicada a los toros tendidos, la figura del rico hacendado. La cacería del
tigre, en la selva del Cauca, tiene el dinamismo de un relato realista y nos
hace pensar en la posterior cacería de osos, en Peñas Arriba, de
Pereda. Efraín acompaña a los campesinos en el rastreo. Después de destripar
dos perros, el tigre, herido, serpentea la cola, eriza el dorso, sacude la
enorme cabeza, lanza bufidos roncos, ruge a cada disparo, hasta caer fulminado,
arrojando sangre espumosa por la boca. La
localización geográfica de María impone la exploración de las
estructuras socioeconómicas del mundo rural y de las condiciones de convivencia
entre los grupos étnicos. Este enfoque, a pesar de su asistematización,
analiza las diferencias entre los latifundios de las planicies y el minifundismo
de la sierra. La hacienda «El Paraíso», de la familia Isaacs, sirve de modelo
para la descripción del latifundio de «tierra caliente» de la familia de Efraín,
adquirido durante la guerra de la emancipación. Aunque el padre ocupa la posición
de señor feudal, se diferencia de los hacendados autoritarios de la época,
como don Jerónimo; practica el paternalismo con sus esclavos. También Efraín
sostiene relaciones amistosas con la familia campesina de la montaña y es
recibido en ella con respetuosa sumisión. La superioridad socioeconómica está
patente en la mansión cómoda y lujosa, con servidores y esclavos; tiene
amplias propiedades, extensas dehesas con ganado vacuno, buenos celaderos,
muchas fanegadas de caña; a la propiedad ha llegado, incluso, el progreso
industrial, con el montaje de una fábrica de azúcar. Al lado de este
latifundio en transformación tenemos la hacienda del rico propietario don
Ignacio, que trabaja directamente sus tierras. Uno de sus hijos estudia en Bogotá,
pero vuelve a cultivar el campo y tiene que renunciar a su amor ciudadano,
porque la mujer de la capital viviría desarraigada en el medio rural, se echaría
a perder en la trasplana. La oposición campo - ciudad está también claramente
expresada así por don Ignacio: «Los bogotanos le tienen miedo al sol y a los
toros bravos». La
otra cara del mundo sociocultural campesino está representada por las pequeñas
viviendas rústicas, con cocinas de caña menuda, poyos de guadua cubiertos de
esteras de junco y pieles de oso. A veces, las casas de los chagreros son una
estampa realista, de revuelta arca de Noé, alborotada por patos, gallinas,
pavos criollos, cerdos, loros maiceros y gritos espantando animales. Pero
predominan los tonos suaves, la sencillez, la limpieza, el orden, la idealización...
Después de los blancos de la sierra, en una escala descendente, está la
familia de Custodio, mulatos libres que viven en una casucha de piso de tierra y
techumbre de paja, y cultivan su chagra, o pequeña propiedad, y hablan una
lengua popular, llena de formas diastráticas, de alteraciones [7]
de la norma fonética y morfológica. La
base de la pirámide social está representada por el mundo negro: los bogas del
Dagua, los criados libres y los esclavos. Pero no se producen conflictos
violentos. Las barreras clasistas apenas están apuntadas en el amor imposible
de Edigio por una hapanguita, porque su padre sólo quiere señoras. La
nota dominante es la convivencia, la casi paradisíaca coexistencia de los
distintos estamentos. Convivencia patriarcal entre hacendados, servidores,
mestizos, mulatos y negros. No ha sido abolida la esclavitud, pero no hay
hombres de presa, ni gamonales crueles, ni conflictos vecinales. Estamos aún
lejos de la novela de conflictos económicos y raciales del siglo XX. Podemos
pensar, en cambio, en la idealización de la literatura indianista. El
convencionalismo se descubre, sobre todo, en la visión del mundo negro. El
novelista convivió con los negros de la servidumbre de su casa, como la mayor
parte de los escritores americanos de la época, pero idealiza sus formas de
convivencia. Efraín confiesa su admiración por la mulata Salomé y por la
negra Remigia, siente hondo pesar por la muerte de Feliciana, mientras que María
manifiesta su ternura por el negrito Juan. Jorge
Isaacs delimita los distintos grupos, diferenciados por factores étnicos y
niveles económicos, pero en su exploración convencional dominan la convivencia
amistosa y el paternalismo:
Este
planteamiento idealizador, carente de abierta conflictividad con las
interrelaciones étnicas regidas por el paternalismo, chocan con la novela
indigenista y neoindigenista del siglo XX. Pero también significa un retroceso
con respecto a las novelas antiesclavistas de la primera mitad del XIX: Sab
(1841),de Gertrudis Gómez de Avellaneda: Francisco, de Anselmo Suárez
y Romero: Cecilia Valdés (1839), de Cirilo Villaverde. También la
idealización del hacendado choca con el cruel gamonal, creado por Clorinda
Matto de Turner en Aves sin nido (1889) e intensificado por Alcides
Arguedas en Raza de bronce (1919) y por Jorge Icaza en Huasipungo
(1934). Los
escritores románticos, con su «mentalidad impetuosa», alteran la psicología
humana, crean una nueva tipología al exaltar los sentimientos, al acumular la
soledad, la melancolía, el desarraigo, el delirio amoroso. Con las autobiografías
sentimentales se difunden diversos tipos de introvertidos melancólicos. Esta
tipología arraiga en Europa con el Werther, de Goethe; René,
de Chateaubriand; Obermann, de Senancourt; Jacobo Ortis, de Fóscolo;
Stello, de Vigny; y se difunde en América, a lo largo de la segunda
mitad del siglo XIX, con la novela sentimental. Jorge
Isaacs aprovecha la herencia de las autobiografías sentimentales para la
caracterización y comportamiento amoroso de la pareja de agentes. Efraín se
ajusta a la tipología romántica; gira constantemente dentro de dos círculos:
sentimentalismo y amor apasionado. De la influencia de [8]
estas dos órbitas deriva la doble escala de actitudes, de reacciones. Se
mueve en una vía purgativa, intensificada por la emigración, por la grave
enfermedad, por la muerte de María. Esta función irreversible genera una
violenta conmoción, la suspensión sensorial, la idea de suicidio. Pero el
desenlace no tiene la fatalidad de algunas novelas románticas. Efraín cierra
su andadura novelística, entre cantos y vuelos de aves agoreras, cabalgando «a
galope por enmedio de la pampa solitaria, cuyo vasto horizonte ennegrecía la
noche». Podemos diagramar así el proceso:
También
sobre María se acumulan los signos caracterizadores típicamente románticos.
La melancolía en sus diversas formas: mal du siècle, Weltschmerz,
desengaño. A pesar del amor correspondido, menudean sus cambios de carácter:
alegría, tristeza, sombríos presagios, desmayantes emociones. Además de su
parentesco con Atala y Virginia, o con Graziella, de Lamartine, por su incurable
enfermedad y por su muerte, María puede considerarse como una Margarita Gautier
rezagada. Por otro lado, no podemos olvidar la base autobiográfica; en adición
a la inspiración de las experiencias amorosas de Isaacs, es como una síntesis
lírica de algunos de sus poemas, como «Elena», «Teresa», «Virginia del Páez»...
Para algún crítico, María es una fuente del «Nocturno III» del modernista
José Asunción Silva. Pero
lo significativo es que María está moldeada, idealizada, por el temperamento
de su amado, el agente-narrador. La presencia constante de María en el medio
familiar está impresionando a Efraín para elaborar su tipología. En un nivel,
aparece transmutada en figura idealizada, como mujer-ángel, como «emanación
del alma»; en otro, se va humanizando, corporeizando, con la acumulación de
datos físicos; surge, incluso, con rasgos sensuales, como mujer «apta para
prestarse a todas las modulaciones de la pasión». En conclusión, su tipología
responde al procedimiento acumulativo de esta constelación seleccionada, de
signos caracterizadores positivos: [9]
Publicación enviada por Varela Jácome, Benito Contactar http://www.cervantesvirtual.com Código ISPN de la Publicación EpyAlpVyZVLnEDBWnf Publicado Tuesday 25 de November de 2003 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
ilustrados.com nace con el fin difundir el conocimiento publicando trabajos de investigación, monografias, tesis, presentaciones powerpoint y afines. Publicar trabajos en ilustrados.com ha alcanzado prestigio y reconocimiento internacional siendo cada vez más el número de académicos, empresas, investigadores, científicos que consultan las publicaciones de nuestro portal. | |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||