Monografias | La fe pública en el Sistema Registral peruanoLa fe pública en el Sistema Registral peruanoResumen: Noción conceptual. Fundamento. Requisitos. Beneficiario de la fe publica registral: el tercero registral. En líneas generales, la protección que brinda el Registro tiene dos destinatarios perfectamente definidos. Por un lado, el titular registral, esto es, aquél que tiene un derecho inscrito en el Registro. Y, por otro, los terceros, es decir, aquéllos que adquieren un derecho amparados en la publicidad que brinda el Registro.. Índice Noción
conceptual. Fundamento
Requisitos
NOCIÓN
CONCEPTUAL. En
líneas generales, la protección que brinda el Registro tiene dos destinatarios
perfectamente definidos. Por un lado, el titular registral, esto es, aquél que
tiene un derecho inscrito en el Registro. Y, por otro, los terceros, es decir,
aquéllos que adquieren un derecho amparados en la publicidad que brinda el
Registro. La
protección del titular registral surge a través del principio de legitimación
registral en la medida que de la presunción relativa de exactitud que impone,
se desprende que aquél no podrá ser despojado de su derecho sin su previo
consentimiento o intervención (Art. 2013 del C.C. y Art. VII del NRGRP). Por su
parte, la protección de los terceros, además del principio de oponibilidad de
lo inscrito, emana del principio de fe pública registral. Este, en líneas
generales, establece que, aquéllos no podrán ser perjudicados en sus derechos
si las eventuales causas de invalidez o ineficacia que puedan afectarlos, no
constaban en el Registro al tiempo de su adquisición (Art. 2014 del C.C. y Art.
VIII del NRGRP). El
principio de fe pública registral, como se advierte, adquiere especial
importancia dentro de la dinámica de los derechos. Opera en beneficio de los
terceros que, dentro del tráfico jurídico-comercial, adquieren un bien de
quien, aparentemente, se encontraba facultado para hacerlo, y/o a través de un
negocio jurídico desprovisto, también en apariencia, de toda causa que lo
pudiera tornar ineficaz. La protección que materializa convirtiendo en
inatacable el derecho del tercero. Veamos
lo dicho a través de ejemplo: Juan desea adquirir un inmueble. Encuentra uno a
satisfacción y acude al Registro. Allí toma conocimiento que el propietario
del mismo es Pedro, que sobre el inmueble no pesan cargas, gravámenes ni
anotaciones de demanda. Sobre la base de tal información, busca a Pedro y
celebra con él un contrato de compraventa. Como efecto de aquel negocio jurídico,
Juan se convierte en nuevo propietario del inmueble e inscribe su derecho en el
Registro. Sí, posteriormente, se declara judicialmente la nulidad del negocio
jurídico por cuyo efecto, en su oportunidad, Pedro había adquirido el
inmueble; él principio de fe pública registral surge señalando que aquella
nulidad no afectará el derecho de propiedad que, ahora, ostenta Juan. En este
sentido, si se quiere, el principio de fe pública registral enerva el
"efecto arrastre" que, de ordinario, suscita la invalidez de un
negocio jurídico. Como
se aprecia, este principio protege vigorosamente a quien de buena fe y a título
oneroso ha adquirido algún derecho de persona que, en el Registro, aparecía
como titular y facultado para disponerlo. La protección despliega su eficacia
en la adquisición a non domino. En este orden de ideas, señala García García
que en virtud de este principio "el tercero que adquiere sobre la base de
la legitimación dispositiva de un titular registral es mantenido en la
adquisición a non domino que realiza, una vez que ha inscrito su derecho, con
los demás requisitos exigidos por la Ley". La
Exposición de motivos del Código Civil destaca la importancia de este
principio calificándolo como el más trascendental avance en materia de derecho
registral porque constituye en todo sistema registral donde aparece, la médula
central de su estructura y la expresión mas clara de los alcances de la
protección que el registro brinda al tráfico patrimonial. Las
normas jurídicas que, entre nosotros, de modo directo recogen el principio de
fe pública registral, se encuentra contenidas, fundamentalmente, en el Art..
2014 del C.C. y Art. VIII del NRGRP. Veamos: Art. 2014 C.C.: "El tercero
que de buena fe adquiere a título oneroso algún derecho de persona que en el
registro aparece con facultades para otorgarlo, mantiene su adquisición una vez
inscrito su derecho, aunque después se anule, rescinda o resuelva el del
otorgante por virtud de causa que no consten en los registros públicos. La
buena fe del tercero se presume mientras no se pruebe que conocía la
inexactitud del registro". Art. VIII del NRGRP: "Principio de fe pública
registral.- La inexactitud de los asientos registrales por nulidad, anulación,
resolución o rescisión del acto que los origina, no perjudicará al tercero
registral que a título oneroso y de buena fe hubiere contratado sobre la base
de aquéllos, siempre que las causas de dicha inexactitud no consten en los
asientos registrales". Veamos. Por
otro lado, encontramos referencias indirectas al principio que nos ocupa en el
Art. 87 y 97 del NRGRP. Veamos: Artículo 87, NRGRP: "Derechos adquiridos
por terceros.- En ningún caso la rectificación del Registro perjudicará los
derechos adquiridos por tercero de buena fe durante la vigencia del asiento que
se declare inexacto". Art. 97 del NRGRP: "Inoponibilidad de la
cancelación.- La cancelación de las inscripciones y anotaciones preventivas no
perjudica al tercero amparado en lo establecido por el artículo 2014 del Código
Civil. Tampoco perjudicará la inscripción de los títulos pendientes cuya
prioridad registral sea anterior al asiento cancelatorio". 2.
FUNDAMENTO García
García señala las ideas-fuerza que, a modo de fundamento, subyacen en el
principio de fe pública registral son: la confianza en la apariencia registral,
la ineficacia del negocio jurídico precedente al del tercero, la inexactitud
del registral y la adquisición inmobiliaria a non domino. Inspirado en tal
criterio, a continuación desarrollamos cada uno de tales aspectos. 2.1.
LA CONFIANZA EN LA APARIENCIA REGISTRAL. El
propósito del principio de fe pública, al igual que el de oponibilidad de lo
inscrito, es brindar protección al tercero registral. Pero, a diferencia de éste,
la sustenta en la confianza que merece lo publicado por el Registro, seguridad
que resulta del principio de legitimidad previsto en el Art. 2013 del C.C. que
rige al contenido de las inscripciones. Ya
hemos anotado que el principio de fe publica registral guarda estrecha relación
con el principio de legitimación: si el contenido de los asientos registrales
se presumen ciertos y válidos, lógico es proteger a quien, bajo su amparo,
adquiere un derecho y lo inscribe. Las inexactitudes que no consten en el
Registro, no pueden perjudicar al adquirente. 2.2.
LA INEFICACIA DEL NEGOCIO JURÍDICO PRECEDENTE AL DEL TERCERO. De
lo expuesto por el Art. 2014 del C.C. se desprende que uno de los elementos que
integra el supuesto del principio de fe pública registral, es la preexistencia
de un derecho inscrito y afectado por causales de invalidez o ineficacia. Siendo
que, sobre la base de tal derecho (inválido o ineficaz), posteriormente, un
tercero adquiriere el suyo inscribiéndolo en el Registro. En otros términos,
el principio que tratamos se plantea como hipótesis normativa la invalidez o
ineficacia de un derecho inscrito en el Registro, interrogándose sobre el
destino de los derechos ulteriores, derivados de aquél, también inscritos en
el Registro. Es
verdad que el Art. 2014 del C.C. se refiere textualmente sólo a la
anulabilidad, resolución o rescisión como causales de invalidez o ineficacia
que pueden afectar al negocio jurídico del cual deriva el derecho inscrito en
el Registro. Tal circunstancia suscita una interrogante: ¿Quedan excluidas las
causales de nulidad que, desde luego, también pueden provocar la invalidez e
ineficacia de los negocios jurídicos?. La
Exposición de Motivos del Código Civil, reprochando el contenido del Art.
1052-A del C.C. de 1936, manifiesta que aquella norma jurídica hacía alusión
a la anulación del derecho del otorgante, lo que podía prestarse a una
interpretación restringida o a una extensiva. Por la restringida, el término
anulación se podía entender como referida a las causales de nulidad del acto
jurídico sancionadas en el Artículo 1123 del Código del 36. En tanto que por
la interpretación extensiva, era posible concluir que dicho término hacía
referencia tanto a razones de nulidad como de anulación del acto jurídico. Y,
resaltando las novedades del Artículo 2014 del Código Civil de 1984, señala
que las causas que atenten contra el derecho del otorgante no tendrán que ser sólo
de nulidad sean absoluta o relativa sino, que también podrán ser causas de
rescisión y resolución. Puede advertirse pues, que el propósito del
legislador del Código Civil de 1984 ha sido incluir a la nulidad dentro de los
alcances de invalidez e ineficacia del negocio jurídico. El
Art. 173 del ARGRP (Antiguo Reglamento General de los Registros Públicos) exponía
la misma idea cuando señalaba: "Conforme a lo dispuesto en el Art. 1051
del Código Civil, la nulidad que se declare no afectará al quién ha adquirido
un derecho al amparo de los Registros, salvo en los siguientes casos: a) Cuando
la adquisición se haya producido a título gratuito; b) Cuando la causal de
nulidad aparezca claramente del contenido mismo de la inscripción preexistente;
y, c) Cuando se compruebe que el adquirente ha procedido con mala fe" (las
cursivas son nuestras). Téngase en cuenta que el Código Civil de 1936, vigente
en la fecha de la promulgación del ahora abrogado ARGRP (1968), contemplaba en
el Art. 1123 los supuestos de nulidad y en el Art. 1125, de anulabilidad del
acto jurídico. El
Art. VIII del NRGRP ha venido aclarar el asunto. Además de las causales de
invalidez e ineficacia referidas por el Art. 2014 del C.C., expresamente,
incluye las de nulidad. Así, señala: "Principio de fe pública
registral.- La inexactitud de los asientos registrales por nulidad, anulación,
resolución o rescisión del acto que los origina, no perjudicará al tercero
registral que a título oneroso y de buena fe hubiere contratado sobre la base
de aquéllos, siempre que las causas de dicha inexactitud no consten en los
asientos registrales" (las cursivas son nuestras). 2.3.
LA INEXACTITUD REGISTRAL El
principio de fe publica registral parte, también, de la consideración que no
siempre existe conformidad entre el contenido del Registro (verdad oficial) y la
realidad extrarregistral, que pueden existir circunstancias que no han quedado
representadas en la inscripción. Dicho de otro modo, que el Registro no siempre
es fiel reflejo de la realidad como sería, por ejemplo, el caso en que, siendo
que en el Registro no aparece anotada demanda alguna, en el mundo de la realidad
se esté discutiendo judicialmente el derecho de propiedad de quien, hasta el
momento, aparece como propietario del inmueble. A
esto alude el Art. 2014 C.C. cuando impone que el tercero registral
"mantiene su adquisición una vez inscrito su derecho, aunque después se
anule, rescinda o resuelva el del otorgante por virtud de causas que no consten
en los registros públicos." Ahora, siendo que el vocablo "causas que
no consten en los registros públicos" que utiliza el Art. 2014 del C.C. es
demasiado amplio, conviene precisar su significado. En
verdad, no todo lo que obra en el Registro es relevante para los fines del
principio de fe pública registral. Para nosotros es claro que las partidas
registrales (ellas y solo ellas) hacen el Registro Público. Sin embargo, la
jurisprudencia civil no ha sido muy afortunada a la hora de definir este tema
pues, además, algunas veces se ha dado por incluir a los denominados títulos
archivados que, ciertamente, existen y se conservan en el Registro. Sin embargo,
el NRGRP ha venido a resolver el asunto excluyendo, con claridad, estos últimos.
Veamos. La
partida registral ha sido definida por el Art. 6 del NRGRP como la unidad de
registro, conformada por los asientos de inscripción organizados sobre la base
de la determinación del bien o de la persona susceptible de inscripción; y,
excepcionalmente, en función de otro elemento previsto en disposiciones
especiales. Según lo prevé el Art. 108 del NRGRP, las partidas registrales
pueden constar en tomos, fichas movibles, discos ópticos y otros soportes magnéticos,
todo lo que forma parte del archivo registral y, consiguientemente, hacen el
contenido del Registro. Ahora bien, acorde al principio de especialidad previsto
por el Art. IV del NRGRP, por cada bien o persona jurídica se abre en el
Registro una partida registral independiente. Allí se extienden la primera
inscripción de aquéllas, así como los actos o derechos posteriores relativos
a cada uno. En el caso del Registro de Personas Naturales, en cada Registro que
lo integra, se abre una sola partida por cada persona natural. Igualmente, allí
se extienden los diversos actos inscribibles. Sobre
la base de estas consideraciones normativas, el Art. VIII del NRGRP, refiriéndose
al principio que nos ocupa, señala, taxativamente, que: "La inexactitud de
los asientos registrales por nulidad, anulación, resolución o rescisión del
acto que los origina, no perjudicará al tercero registral que a título oneroso
y de buena fe hubiere contratado sobre la base de aquéllos, siempre que las
causas de dicha inexactitud no consten en los asientos registrales" (las
cursivas son nuestras). De
este modo, queda claro que en la determinación del principio de fe pública
registral se debe tener en cuenta, únicamente, los diversos asientos de
inscripción (o anotaciones preventivas) de la partida registral a que
corresponda el bien y cuyo mejor derecho se discute y pretende resolver con este
principio. Igualmente, se debe considerar las demás partidas registrales, sean
del mismo Registro o de otros distintos, en cuanto tengan relación directa con
aquel. En
tal orden de ideas y a modo de ejemplo, quien pretenda beneficiarse del
principio de fe pública registral deberá examinar, simplemente, dos cosas: por
un lado, la partida registral del inmueble que pretenda adquirir y, por otro,
las partidas registrales referidas a otros Registros con el propósito de
verificar, por ejemplo, la existencia y suficiencia de los poderes y facultades
con que proceden los vendedores o, las posibles restricciones de la capacidad de
ejercicio los mismos. En
cuanto a los títulos archivados, el Art. 108 del NRGRP señala que son aquellos
que han servido para extender las inscripciones, las solicitudes de inscripción
con las respectivas esquelas de observación y tacha. Ellos también forman
parte del archivo registral y, por ende, también conforman aquello que hemos
venido ha denominar contenido del Registro. Ciertamente,
los títulos archivados pueden contribuir a los fines de la calificación
registral pues, proporcionan información adicional necesaria para dicho propósito.
Tal sería el caso, por ejemplo, de un título archivado que contiene un
reglamento de propiedad horizontal que, no cabe duda, permite conocer con
amplitud la naturaleza de dicho régimen y, por ende, hace viable la adecuada
calificación de un título nuevo que verse sobre dicho asunto. Sin embargo, de
aquí no se puede concluir que se deban tener en cuenta a la hora de determinar
el beneficio del principio de fe pública registral. Es necesario tener en
cuenta que, únicamente, los asientos registrales, comprendidos en las partidas
registrales, se encuentra beneficiados con los efectos de la publicidad material
(legitimidad, fe pública, oponibilidad, preferencia registral). Así se
desprende de la simple lectura del Art. I, III, VII, VIII, IX del NRGRP que,
indistintamente, utilizan las palabras asientos registrales y partidas
registrales. 2.4.
LA ADQUISICIÓN INMOBILIARIA A NON DOMINO. El
principio se plantea como supuesto normativo la adquisición de un derecho
mobiliario de quien no es titular del mismo. Cuando hablamos de la adquisición
a non domino estamos aludiendo a la circunstancia de haber adquirido el derecho
de propiedad de persona que no era propietaria del inmueble o, de quien ha
dejado de serlo. Conforme
se deduce del Art. 2014 del C.C., el carácter a non dominio de la adquisición
debe ser consecuencia de la invalidez (nulidad o anulabilidad), rescisión o
resolución del derecho del transmitente, ciertamente, por causas que no
constaban en el Registro (partidas registrales) cuando el adquirente inscribió
su derecho. Frente a tal situación, el Art. 2014 del C.C., que recoge el
principio que tratamos, dispone que el tercero registral no será perjudicado
pues, "mantiene su adquisición". Lo mismo señala el Art. VIII, T.P.,
del N.R.G.R.P. cuando, en tal suposición, dispone que "no perjudicará al
tercero registral". En
esta regla pone de manifiesto el juego positivo de la apariencia registral, como
fundamento del principio de fe pública registral. Así, por ejemplo, cuando el
comprador adquirió el derecho de propiedad de persona que, según el Registro,
estaba legitimado para transferirlo (del vendedor que, en el Registro, aparecía
como propietario del bien y sin ninguna circunstancia que limitara tal
titularidad); advertimos que su decisión la tomó sobre la base de la confianza
que le brindaba el Registro. Si posteriormente, luego de la inscripción del
derecho del comprador, se revela que éste adquirió el derecho de propiedad a
non dominio por que, en realidad, aquel vendedor no era propietario del inmueble
(el derecho de éste era ineficaz por que estaba afectado por causales de
invalidez, rescisión o resolución); el comprador no podrá ser perjudicado.
Mantendrá su derecho. 3.
REQUISITOS De
lo expuesto por el Art. 2014 del C.C. se puede concluir que las exigencias
necesarias para que el principio de fe pública registral despliegue sus
efectos, son: adquisición válida de un derecho, previa inscripción del
derecho transmitido, inexpresividad registral respecto de causales de ineficacia
del derecho transmitido, onerosidad en la transmisión del derecho, buena fe del
adquirente e inscripción del derecho a favor del adquirente. Estos requisitos
son necesarios e indispensables pues, el beneficio que confiere el principio no
es poca cosa: convierte en invulnerable el derecho adquirido por el tercero
registral. ADQUISICIÓN
VÁLIDA DE UN DERECHO La
protección que brinda el principio de fe publica se despliega en favor de la
adquisición derivada que surge de un negocio jurídico. Precisamente, el Art.
VIII del NRGRP despliega los efectos del principio que tratamos a favor de quien
"hubiere contratado" sobre la base de los asientos registrales La
doctrina ha excluido de la protección a las adquisiciones no-derivadas como serían
las realizadas por ministerio de la ley, accesión, usucapión, etc., toda vez
que el propósito del principio es proteger el tráfico jurídico-comercial
inmobiliario que, justamente, se plasma a través de la contratación civil o
comercial. Es
importante tener en cuenta que la protección que brinda el principio despliega
su eficacia, únicamente, respecto del negocio jurídico previamente inscrito.
No se hace extensivo al negocio del tercero registral por cuyo mérito adquiere
su propio derecho. Veamos
lo dicho en el siguiente ejemplo: Juan vende un inmueble a Pedro, quien inscribe
su derecho en el Registro (compraventa 1). Posteriormente, Pedro vende el mismo
inmueble a Mario quien, de igual modo, inscribe su derecho en el Registro
(compraventa 2). En
el caso propuesto, según el principio de fe publica registral, la eventual
invalidez de la compraventa 1 (Juan vende a Pedro); no perjudicará al derecho
de propiedad de Mario. Esto es así porque Mario adquirió el inmueble de
persona que aparecía legitimado como propietario por el Registro: el Registro
publicaba que Pedro era propietario del inmueble (compraventa 1) y, además,
porque en el Registro no constaba ninguna causal de invalidez del derecho de
Pedro (en el Registro no aparecía, por ejemplo, que Juan, que vendió el
inmueble a Luis, antes de celebrar la compraventa 1, ya había sido declarado
incapaz por ebriedad habitual. En
consecuencia, la protección que brinda el principio de fe pública registral se
manifiesta en el sentido que, la eventual invalidez del derecho de propiedad de
Pedro (invalidez de la compraventa 1); no arrastrará la invalidez del derecho
de propiedad de Mario (es decir, de la compraventa 2). Por eso se dice que el
Registro protege al adquirente (Mario), respecto del derecho previamente
inscrito (derecho de propiedad de Pedro). Sin
embargo, en el caso propuesto, la protección del principio de fe publica
registral no se extiende a la compraventa 2. En otros términos, Mario estará
protegido sólo respecto de las causales de invalidez del derecho de su
transmitente Pedro (compraventa 1). Mas no, de las causales de invalidez del
negocio donde él ha sido parte (compraventa 2). Así, el derecho de propiedad
de Mario será inválido si, por ejemplo, Pedro (vendedor en la compraventa 2)
le transmitió el bien siendo éste absolutamente incapaz. Por
eso se ha dicho que el segundo negocio jurídico (donde ha sido parte el tercero
registral: Mario, en el ejemplo) debe ser válido, pues, en nuestro sistema
registral, como en el español, la inscripción no convalida los actos o
contratos inválidos con arreglo a la Ley que corresponda. Precisamente, el Art. 94
del NRGRP dispone que "La cancelación total de las inscripciones y
anotaciones preventivas se extiende: ... b) Cuando se declara la nulidad del título
en cuya virtud se hayan extendido; c) Cuando se declara la nulidad de la
inscripción o anotación preventiva por falta de alguno de los requisitos
esenciales establecidos en el Reglamento correspondiente, sin perjuicio de los
supuestos de rectificación de asientos previstos en este mismo
Reglamento;..." (las cursivas son nuestras). 3.2.
PREVIA INSCRIPCIÓN DEL DERECHO TRANSMITIDO. Hemos
insistido en que el principio de fe publica registral despliega su eficacia
protectora respecto del acto o derecho previamente inscrito en el Registro pues,
confiere protección a quien adquirió un derecho de persona que, según el
Registro, se encontraba legitimado para transmitirlo. El
Art. 2014 del C.C. pone de manifiesto este hecho. Indica: "El tercero que
de buena fe adquiere a título oneroso algún derecho de persona que en el
registro aparece con facultades para otorgarlo, mantiene su adquisición una vez
inscrito su derecho, aunque después se anule..." Igualmente, el Art. VIII,
T.P., del N.R.G.R.P. señala: "La inexactitud de los asientos registrales
por nulidad, anulación, resolución o rescisión del acto que los origina, no
perjudicará al tercero registral que a título oneroso y de buena fe hubiere
contratado sobre la base de aquéllos...". En
el ejemplo propuesto, la compraventa 1 (derecho de propiedad Pedro) debe haber
sido inscrita antes que la compraventa 2 (derecho de propiedad de Mario). De
las reglas glosadas se deduce que no será beneficiario de la fe publica
registral quien, inmatriculando el bien, inscribe su derecho de propiedad como
primera de dominio, pues, aquí no se ha cumplido con el requisito de la previa
inscripción del derecho adquirido. Igualmente, quien adquiere el derecho de
propiedad por prescripción adquisitiva de dominio, tampoco se beneficia de éste
principio toda vez que su derecho no lo ha adquirido sobre la base de otro
anteriormente inscrito. Precisamente, uno de los supuestos de la prescripción
adquisitiva de dominio es la falta de conexión (tracto sucesivo) entre el
derecho de peticionante y el último que aparece en el Registro. En
cuanto a la previa inscripción del derecho que se adquiere, surge la siguiente
inquietud: ¿en qué oportunidad debe haberse realizado la inscripción del
derecho del transferente: en el momento de la celebración del negocio jurídico
por cuyo efecto el tercero adquiere el derecho o, en el momento en que éste
inscribe aquel derecho? Consideramos
que el derecho del transferente debe estar inscrito en el acto de la celebración
del negocio jurídico del tercero que viene adquirir aquel derecho. El Art..
2014 del C.C. parece definir el asunto en tal sentido cuando dice: "... de
buena fe adquiere a título oneroso...". Lo propio, el Art. VIII del NRGRP
cuando señala: "... hubiere contratado..." Así, por ejemplo, si Juan
vende el inmueble a Pedro y, posteriormente, Pedro vende a Mario; para que Mario
se beneficie de la fe pública, será necesario que, en el momento de la
celebración del negocio jurídico por cuyo mérito adquiere el inmueble, el
derecho de propiedad de Pedro se encuentre inscrito en el Registro. 3.3.
INEXPRESIVIDAD REGISTRAL RESPECTO DE CAUSALES DE INEFICACIA DEL DERECHO
TRANSMITIDO. El
principio de fe pública registral no sólo requiere la previa inscripción del
derecho que le sirve de antecedente. Además, impone el desconocimiento de la
inexactitud registral de aquél derecho, esto es, la no-inscripción de las
causales que provoquen la invalidez o ineficacia de aquél derecho. Esto se
desprende del Art. 2014 del C.C. cuando señala: "por virtud de causa que
no consten en los registros públicos". Ya
se ha puntualizado que estas causales, que afectan al derecho previamente
inscrito y que no deben constar en el Registro, pueden ser de nulidad,
anulabilidad, rescisión o resolución del negocio jurídico no obstante que el
Art. 2014 del C.C., únicamente, hace referencia literal a los tres últimos. La
Exposición de Motivos del Código Civil ha planteado y resuelto el tema
precisando que "las causas que atenten contra el derecho del otorgante no
tendrán que ser sólo de nulidad (sea absoluta o relativa) sino que también
podrán ser causas rescisión o resolución". Por
otro lado, el Art. 2014 del C.C., al referirse a la inexpresividad de las
causales de nulidad, rescisión o resolución; utiliza la frase "que no
consten en los Registros Públicos": De aquí surge una inquietud: ¿Se
refiere únicamente al Registro de la Propiedad Inmueble o, incluye a los demás
Registros? Al respecto, la Exposición de Motivos del Código Civil responde que
"estas causas no tienen que aparecer del Registro de la Propiedad Inmueble,
sino que podrían aparecer de cualesquiera de los registros que directa o
indirectamente se encuentran legislado por el Código civil (personal, mandatos,
etc.)". En
el ejemplo planteado anteriormente, la compraventa 1 (derecho de propiedad de
Pedro) debe haber sido previamente inscrito en el Registro. Sin embargo, en el
Registro únicamente debe constar esa situación. No debe aparecer, por ejemplo,
una anotación de demanda de nulidad de la compraventa 1 por incapacidad del
vendedor, esto es, de Juan. Tampoco debe aparecer inscrita alguna limitación de
los derechos del vendedor (Juan) en el Registro Personal. 3.4.
ONEROSIDAD EN LA TRANSMISIÓN DEL DERECHO Otro
requisito indispensable para que el principio que tratamos despliegue su
eficacia protectora en favor del adquirente, sea que el negocio jurídico por el
cual adquirió el derecho; se hubiera celebrado a título oneroso, esto es, con
prestaciones recíprocas. El Art. 2014 del C.C. expresamente señala: "El
tercero que de buena fe adquiere a título oneroso algún derecho..." Además
de los típicos negocios jurídicos onerosos bilaterales como son la
compraventa, dación en pago, transacción, etc., quedan comprendidos aquellos
otros denominados no-negociales, como es el caso de las adquisiciones
inmobiliarias realizadas en remate público pues, también se trata de negocios
jurídicos bilaterales celebrados a título oneroso donde el Juez o Ejecutor
sustituye la voluntad del transferente. Queda
excluido de la protección registral que genera este principio aquellos que
hubieran adquirido su derecho a título gratuito, como es el caso de la donación,
anticipo de legítima y traslado de dominio inmobiliario por sucesión
hereditaria. En estos caso, los adquirentes "defenderán su derecho con la
protección registral que el derecho de su transferente ha obtenido del
registro". 3.5.
BUENA FE DEL ADQUIRENTE Señala
García García que la doctrina, al conceptualizar la buena fe registral, ha
destacado dos aspectos: uno negativo y otro positivo. Desde el punto de vista
negativo, ha sido definida como el desconocimiento (o no-conocimiento) de la
inexactitud registral. Desde el punto de vista positivo, como la creencia en
algo más que el desconocimiento de algo: que el transferente es titular del
derecho y que puede transmitirlo, que es dueño de la cosa y puede transmitir su
dominio, que la titularidad del transferente no adolece de vicio alguno (Vallet
de Goytisolo, Lacruz, Roca Sastre). García
García impugna el segundo criterio. Señala que el concepto de buena fe debe
centrarse en el problema del desconocimiento y no en el de la creencia, pues, no
interesa una especial creencia en el contenido del asiento, sino un
desconocimiento de situaciones jurídicas extrarregistrales. Dice: "Lo
importante es desconocer o conocer y no creer o dejar de creer. En el derecho
hipotecario lo que importa es el homo ignorans o el homo sapiens, y no el hombre
creyente. No estamos en religión sino en Derecho Hipotecario". Diez-Picazo
afirma que en la configuración general de la buena fe de los actos y negocios y
en las situaciones jurídicas en general, aparecen dos diferentes líneas de
razonamiento. Para una de ellas, la buena fe es un estado psicológico o psíquico,
consistente en un equivocado conocimiento de la realidad. Para la otra, la buena
fe es la actuación diligente o conducta socialmente aceptable. Afirmando su
punto de vista y con referencia al Art. 34 de la Ley hipotecaria española, señala
que la opinión general se inclina por entender que la buena fe del Art. 34 de
la ley acotada es la buena fe psicológica. En
este orden ideas, la buena fe que reclama el Art. 2014 del C.C. es la buena fe
psicológica, esto es, aquella que se traduce en el desconocimiento de la
inexactitud registral. Justamente, a ella se refiere el artículo acotado cuando
expone que: "... La buena fe del tercero se presume mientras no se pruebe
que conocía la inexactitud del registro" (la cursiva es nuestra). Por lo
demás, la Exposición Motivos del Código Civil ratifica este criterio de
interpretación. Señala que "la buena fe que se le exige a una persona a
efectos de constituirse en tercero registral, es la de ignorar la existencia de
inexactitud en lo publicado por el registro". En
consecuencia, nuestro sistema hace suyo el concepto de buena psicológica. El
adquirente de un derecho habrá obrado con buena fe si desconocía la
inexactitud registral. Por el contrario, habrá actuado con mala fe quien conocía
la inexactitud registral. Ahora
bien, el desconocimiento que exige el principio de fe pública registral, no
solo es objetivo en el sentido que en el Registro no deben constar las causales
de invalidez o ineficacia que afectan al derecho transmitido (de ello nos hemos
ocupado al referirnos a la inexpresividad registral respecto de causales de
ineficacia del derecho transmitido). También comprende el desconocimiento
subjetivo, esto es, que el adquirente, verdaderamente, no debe haber conocido
las causales de invalidez o ineficacia del derecho, como señala la Exposición
de Motivos del Código Civil, aún cuando no aparecían en el Registro. El
Art. 2014 del C.C. señala que "la buena fe se presume mientras no se
pruebe que conocía la inexactitud del registro". De aquí se desprende dos
cosas: por un lado, que la buena fe puede ser enervada toda vez que admite
prueba en contrario y, por otro, que procesalmente el adquirente no estará
obligado ha probar su buena fe pues, por efecto de aquella disposición, la
carga de la prueba corresponderá al demandante. El
concepto de buena fe provoca algunas interrogantes que requieren respuesta.
Entre tales cuestionamientos tenemos: Titularidad
de la buena fe. Aclarado el concepto de la buena
fe, queda una duda: ¿Quién debe haber obrado con buena fe: quién adquiere el
derecho, quién lo transmite, o ambos? Sobre el tema el Art. 2014 del C.C.
destaca nítidamente que es el adquirente quien debe haber obrado con buena fe.
Señala: "El tercero que de buena fe adquiere a título oneroso..."
"La buena fe del tercero se presume mientras..." (las cursivas son
nuestras). Por ende, la buena fe del adquirente perdurará, inclusive, si el
transmitente hubiera obrado de mala fe. La Exposición de Motivos del Código
Civil expone, precisamente, que el concepto de buena o mala fe es personalismo
por lo que resulta quizá ocioso afirmar que este requisito debe ser cumplido
por el adquirente y sólo por él. Y, que la circunstancia de que el
transferente del derecho tenga buena o mala fe es absolutamente irrelevante para
los efectos de impedir o permitir al adquirente constituirse en tercer
registral. Oportunidad
en que se debe tener la buena fe. Por otro lado, la doctrina se ha
planteado, también, el problema de la oportunidad en que el adquirente debe
tener buena fe. Respecto de éste asunto se ha fundado hasta tres teorías. La
primera señala que la buena fe debe tenerse en el momento de la inscripción (Gómez
Gómez, Sanz Fernández). La segunda, que la buena fe debe tenerse en el momento
de la tradición (Roca Sastre, Diez-Picazo). La tercera, que la buena fe debe
tenerse en el momento de la celebración del negocio jurídico (Lacruz, García
García, Diez-Picazo). Nuestro sistema registral se
adhiere a la tercera teoría pues, la Exposición de Motivos del Código Civil
expone que, incuestionablemente, la buena fe del adquirente debe existir en el
momento de la celebración del contrato mediante el cual adquiere el derecho del
cual se trate. Así, es claro que el Art. 2014
del C.C. alude al momento de la celebración del negocio como la oportunidad en
que se debe tener la buena fe, cuando afirma que: "El tercero que de buena
fe adquiere a título oneroso..." Lo propio se desprende del Art. VIII del
NRGRP en tanto señala: "... tercero registral que a título oneroso y de
buena fe hubiere contratado sobre la base de..." Juzgamos ilustrativa la explicación
que, sobre este criterio, expone García García. Sustenta la necesidad que la
buena fe deba tenerse en el momento de la celebración del negocio jurídico del
siguiente modo: "la buena fe, al ser un hecho intelectivo o de formación
del conocimiento, ha detenerse en el momento del otorgamiento del título, que
es el momento en que aparece formada la voluntad del adquirente. La adquisición
a non domino se produce, pues, a partir de la inscripción y en virtud del
elemento de la inscripción. Pero la buena fe, al igual que el problema de la
capacidad, de la existencia de la persona y de los vicios del negocio jurídico,
hay que referirlo al momento en que se declara la voluntad en el título. Es esa
la razón y no otra de que la buena fe haya que referirla al momento del
otorgamiento del título. No es, pues, porque la adquisición del derecho real
se produzca con anterioridad, pues al ser adquisición a non domino la adquisición
se produce a partir de la inscripción. No es tampoco, porque haya que referir
la buena fe al momento de la tradición, pues si el momento de la inscripción
no cuenta, tampoco ha de contar el momento de la tradición. Lo importante es el
momento en que se forma la voluntad del adquirente". Duración
de la buena fe. Otro asunto que la doctrina también
se ha planteado, es el referido a la perdurabilidad de la buena fe. Entre
nosotros, la Exposición de Motivos del Código Civil ha resuelto el asunto señalando
que debe permanecer hasta la inscripción del derecho en el Registro. Dice:
"la buena fe debe subsistir hasta el momento de la inscripción del derecho
del adquirente, por cuanto todos los requisitos para el funcionamiento del
principio de fe pública registral deben ser concurrentes en el tiempo, es
decir, debe hacer algún momento en el que todos ellos se produzcan y el único
momento posible de que esto ocurra es el de la inscripción". Lamentablemente, esta postura no es concordante con el
criterio propuesto en cuanto al momento que se debe tener buena fe. Conforme
anota García García, "una vez que exista buena fe en el momento del
otorgamiento del título, ya no importa que, con posterioridad se produzca mala
fe, o sea, conocimiento de la situación extraregistral por parte del
adquirente, pues su buena fe quedó cerrada y completa en el momento de la
declaración de su voluntad. Sería injusto y contrario al principio de
seguridad jurídica que, una vez que el adquirente ha cerrado el contrato se
desvirtuara ese título por el mero hecho de haber llegado a su conocimiento
situaciones extrarregistrales, con las que él no contó en el momento de
celebrar el contrato y otorgar el título". En esta línea de pensamiento, consideramos que la buena fe
únicamente debe existir en el acto de la celebración del negocio jurídico.
Tal vez, el asunto sea discutible en el caso de la hipoteca, sobretodo,
atendiendo al carácter constitutivo de su inscripción en el Registro. Sin
embargo, pretender extender la buena fe hasta el acto mismo de la inscripción,
es pretender que la buena fe sea necesaria en el acto de la adquisición del
derecho, postura que, en otra parte, recusa la propia Exposición de Motivos del
Código Civil. 3.6.
INSCRIPCIÓN DEL DERECHO A FAVOR DEL ADQUIRENTE. El
principio de fe pública registral despliega sus efectos a favor de del
adquirente, únicamente cuando éste ha inscrito su derecho. Tanto el Art. 2014
del C.C. como el Art. VIII del NRGRP no lo dicen; pero, es indiscutible su
necesidad toda vez que el adquirente del derecho sólo será tercero registral
cuando hubiera inscrito su derecho. 4.
BENEFICIARIO DE LA FE PUBLICA REGISTRAL: EL TERCERO REGISTRAL De
manera ilustrativa, señala Diéz-Picazo que desde el momento mismo de su
promulgación (1861), se ha insistido que la Ley Hipotecaria es una "ley de
terceros" y que el tercero es el personaje principal de toda esta historia.
Ciertamente, todo el sistema registral se ha desarrollado con el propósito
fundamental de proteger a un tercero. De hecho, no se trata de cualquier
tercero. Sino, de uno en especial: el tercero registral. El
tercero registral que, ciertamente, es el beneficiario del principio de fe pública
registral, participa de ciertas características. El
tercero registral debe ser extraño en la relación jurídica previamente
inscrita. El tercero registral es tercero
porque su cualidad principal es no haber participado relación jurídica
(inscrita) precedente, esto es, en la relación jurídica por cuyo mérito
adquirió su derecho quien, ahora, viene a transferirlo en favor del tercero
registral. El
tercero registral debe ser parte en otra relación jurídica. El tercero registral debe haber
intervenido en otra relación jurídica (también inscrita), distinta a la
relación jurídica previamente inscrita (perjudicada por causales que
determinan su invalidez o ineficacia: nulidad, anulabilidad, rescisión o
resolución). Debe
existir conexión lineal entre las dos relaciones jurídicas. Entre las relaciones jurídicas
antes referidas, esto es, la relación jurídica donde el tercero registral no
ha intervenido (relación jurídica afectada por causales de invalidez o
ineficacia) y la relación jurídica donde el tercero registral ha sido parte;
debe existir conexión lineal. La conexión lineal refleja el
supuesto normativo del principio de buena fe recogido en el Art. 2014 del C.C.
Y, ciertamente, supone la existencia e inscripción de dos relaciones jurídicas:
la del transmitente del derecho y la del adquirente (sucesor del derecho:
tercero registral). Veámoslo en un ejemplo: Compraventa 1 (inscrita pero, inválida):
- "A vende a B". - B inscribe su derecho. Compraventa 2 (inscrita y válida):
- "B vende a C". - C inscribe su derecho. Gráficamente estas relaciones
jurídicas pueden ser representadas del siguiente modo: Entre las relaciones jurídicas
representadas en el gráfico (compraventa 1 y compraventa 2), que son dos (podrían
ser más pero, siempre ordenados lineal y rigurosamente en el Registro); existe
conexión por las siguientes razones: por un lado, ambas tienen como objeto un
mismo inmueble y, por otro, en las dos ha intervenido un mismo sujeto (B, en el
ejemplo). La conexión que los vincula se denomina lineal porque la primera
relación jurídica inscrita ("A vende a B") es el presupuesto lógico
para la inscripción de la segunda ("B vende a C"). O, dicho de otro
modo, porque la primera relación jurídica inscrita ("A vende a B")
hace viable la inscripción de la segunda relación jurídica ("B vende a
C") Por el principio de fe publica
registral las eventuales causales de invalidez o ineficacia (nulidad,
anulabilidad, rescisión o resolución) que afecten a la primera relación jurídica
("A vende a B"), no perjudicarán a la segunda relación jurídica
("B vende a C"). El Art. 2014 del C.C. expone el principio de fe
publica registral en tal sentido. Señala que el tercero (C, en el ejemplo) que
de buena fe adquiere a titulo oneroso (compraventa) algún derecho de persona
que en el registro aparece con facultades para otorgarlo (B, en el ejemplo),
mantiene su adquisición aunque después se anule, rescinda o resuelva por
virtud de causas que no consten en los registros públicos. La
relación jurídica inscrita del tercero registral debe ser amenazada por
otra, igualmente inscrita. Esto significa que el derecho
inscrito del tercero registral debe encontrarse amenazada por las causales de
ineficacia que afectan a la relación jurídica inscrita precedente, de la cual
deriva. El principio de fe publica registral, impide que dicha amenaza se haga
efectiva. El
tercero registral debe ser un titular registral. Conforme se ha puntualizado al
tratar del principio de oponibilidad de lo inscrito, el tercero registral es
"registral" en la medida que su derecho se encuentra inscrito en el
Registro. El
tercero registral debe haber adquirido su derecho de buena fe. El tercero registral, conforme se ha expuesto, no debe haber
conocido las causales de invalidez o ineficacia que afectaba a la relación jurídica
por la cual adquirió su derecho el antecesor. Autor: Edilberto
Cabrera Ydme. Publicación enviada por Edilberto Cabrera Ydme Contactar mailto:ecabrera_tacna@sunarp.gob.pe Código ISPN de la Publicación EpyAukZkuuxNMuMdzH Publicado Friday 21 de November de 2003 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
ilustrados.com nace con el fin difundir el conocimiento publicando trabajos de investigación, monografias, tesis, presentaciones powerpoint y afines. Publicar trabajos en ilustrados.com ha alcanzado prestigio y reconocimiento internacional siendo cada vez más el número de académicos, empresas, investigadores, científicos que consultan las publicaciones de nuestro portal. | |||||||||