Monografias | Paralelismo entre el derecho penal y la literatura - Obra seleccionada: "El Proceso" de Franz KafkaParalelismo entre el derecho penal y la literatura - Obra seleccionada: "El Proceso" de Franz KafkaResumen: Reseña del autor. Contexto histórico. Reseña de la obra kafkiana. Franz Kafka (1883-1924) nace en la ciudad checa de Praga capital del reino de Bohemia el 3 de julio de 1883, en el seno de una familia de clase media alta. Tenía tres hermanas menores -Elli, Valli y Otla- y habían muerto otros dos hermanos mayores en sus primeros años de vida. Su madre, Julie Lowy, provenía de una familia urbana de elevada e ilustrada alcurnia practicante de la religión judía; Hermann Kafka, su padre (una figura tosca y autoritaria que marcaría fuertemente la personalidad y posterior desarrollo emocional del autor) era un comerciante rural también de origen semita que había conseguido una gran fortuna como tendero en la capital eslava. Franz Kafka (1883-1924) nace en la ciudad checa de Praga capital del reino de
Bohemia el 3 de julio de 1883, en el seno de una familia de clase media alta.
Tenía tres hermanas menores -Elli, Valli y Otla- y habían muerto otros dos
hermanos mayores en sus primeros años de vida. Su madre, Julie Lowy, provenía
de una familia urbana de elevada e ilustrada alcurnia practicante de la religión
judía; Hermann Kafka, su padre (una figura tosca y autoritaria que marcaría
fuertemente la personalidad y posterior desarrollo emocional del autor) era un
comerciante rural también de origen semita que había conseguido una gran
fortuna como tendero en la capital eslava. La familia de Kafka procedía de diversas estamentos sociales
aunque fueran idénticas en el aspecto religioso. Ambas profesaban la religión
judía siendo la parte materna mucho más ilustrada y pudiente que la paterna.
Herman Kafka era un hombre criado en un ambiente rural, rudo y práctico que
partiendo de la miseria consiguió una gran fortuna gracias a sus negocios, los
cuales pudo emprender con la ayuda monetaria de su suegro, que poseía un
importante negocio de cerveza. Para escalar posiciones dentro de la sociedad
checa, Herman Kafka se mostró dispuesto a que su familia tuviera una educación
primordialmente alemana. Él procedía de un ambiente eslavo de habla checa, en
cambio su mujer, había crecido en un hogar cuya lengua principal era el alemán,
el idioma principal del Imperio austro-húngaro. Este imperio era amenazado
constantemente por parte del emergente nacionalismo checo, un nacionalismo en el
que Kafka no se encontró inmerso debido a que su lengua primordial era el alemán
(aunque hablaba a la perfección el checo) pero paradójicamente tampoco
era bien acogido por parte de los alemanes, debido a su condición de judío.
Esta posición desarraigada sería muy importante para el desarrollo
psicoemocional de su obra. Después de acabar los estudios de enseñanza media en
colegios alemanes, Kafka, ante la insistencia de su padre comienza en 1901 los
estudios de Derecho y Germanística en la Universidad Alemana de Praga. En la
Universidad entablará amistad con uno de los personajes fundamentales de su
vida, Max Brod, el cual sería el responsable de la divulgación de la vida y
obra del escritor checo. En éste primer periodo universitario será cuando
inicie su carrera literaria escribiendo "Descripción de una lucha".
Gran aficionado a la literatura desde joven, sus escritores más admirados serán
Goethe, Hugo Von Hofmannsthal, Tolstoi, Nietzsche, Dickens, Strindberg, Gustave
Flaubert y el filósofo existencialista Kierkegaard. En 1906 consigue terminar sus estudios de leyes, se graduó
de abogado en la Universidad Alemana de Praga e inmediatamente comenzó a
ejercer el derecho penal en el estudio de abogados de su tío Richard Lowys, y más
tarde ejerció en las altas Cortes Criminales (Strafgericht) en Praga, por lo
tanto conocía los recovecos de la "Justicia". Un año después logra
un trabajo en una empresa dedicada a los seguros. No contento con su empleo,
Kafka consigue entrar en un organismo público, trabajo en el cual estará hasta
su muerte. Gracias a esta colocación y a pesar de que este nuevo empleo no
satisface sus inquietudes, Franz consigue tener mucho más tiempo libre que
dedicará a profundizar en sus raíces judías, en sus ideales socialistas y
anarquistas, a la pintura y sobre todo, a la escritura, afición no bien vista
por su padre, un hombre práctico carente de sensibilidad artística. Kafka, alegre y afable con sus compañeros también mantenía
una personalidad ansiosa, desplazada y huraña (muy influenciada por la imagen
arbitraria de su progenitor) que exorcizaba en su tiempo libre mediante su
talento y perceptividad literaria y la creación de unas situaciones sombrías,
angustiosas y opresivas. Su quebradiza salud (contrae tuberculosis) hace que
pase largos períodos de convalecencia que aprovechará para ir modelando sus
nuevos proyectos literarios. Siempre que pudiera aprovechaba para viajar por
gran parte de Europa (en ocasiones por razones de trabajo y otras por motivos de
salud) muchas veces en compañía de su amigo Max Brod. Franz Kafka profundizaba en la religión judía (aspecto que
su padre no había desarrollado abandonando muchos ritos de la religión
sionista) y en la lengua y el teatro yiddish, entablando una buena amistad con
el director escénico Jizchak Lowy. En el año 1913, en la capital alemana de Berlín, conoce a
una joven, Felice Bauer, con la que iniciará un romance con claro destino
matrimonial. Su firme propósito de casamiento queda roto al año siguiente, año
en que se inicia la Primera Guerra Mundial. Poco después seguiría el compromiso con la muchacha alemana
aunque tras muchas promesas de matrimonio nunca llegarían a casarse. Por esa época
había publicado "El fogonero" (primer capítulo de "América")
además de varios relatos y su nombre ya era respetado entre un limitado círculo
de escritores (recibió el Premio Fontane por "El fogonero"). Se
emprendería su etapa más prolífica en cuanto a sus escritos, publicaría
obras tan significativas como "La metamorfosis" (1915), "La
condena" (1916) o "En la colonia penitenciaria" (1919)
además de ir escribiendo sus otros trabajos más conocidos. La
tuberculosis volvió a azotar a Kafka en 1917, iniciando otro tiempo de reposo
que lo desplazaría a casa de su hermana más afín en Zürau. En 1918 conoce a
otra mujer llamada Julie Wohryzek con la que comparte su vida. Dos años después
su corazón pertenecerá a Milena Jesenska (su traductora del alemán al checo)
abandonando a Julie por Milena con quien comenzará a cartearse y con quien
continuará relaciones hasta 1922. Su vida amorosa no puede ser completa debido a que la
tuberculosis hace mella cada vez con más énfasis en su salud. Aunque
disfrutaba de ciertas posibilidades económicas, sólo unos meses antes de morir
alcanza una unión estable y serena con una mujer, Dora Dymant, una judía y
socialista, sin llegar a casarse funda un hogar propio. Ésta fue una de las más
constantes obsesiones de Kafka. Tras un recorrido en busca de una cura
definitiva se establece en Berlín con Dora Dymant. La curación no llega y
Franz Kafka fallece el 3 de junio de 1924 en Klosterneuburg, cerca de Viena, de
una tuberculosis de laringe en el sanatorio de Kierling (Austria) al lado de
Dora y del médico Robert Kloptock. Tenía 40 años. Sus tres hermanas menores
serían tristes protagonistas de los horribles campos de concentración nazis en
plena 2ª Guerra Mundial, morirían unos años después en ellos. Su compañero Max Brod sería designado albacea de los bienes
de Kafka. El escritor le rogó en fase terminal que destruyera todas sus obras
no publicadas (entre ellas "Carta al padre", "América",
"El proceso" y "El castillo"). Afortunadamente, Brod no
cumplió los deseos de Franz Kafka y los escritos vieron la luz, revisados por
el propio Max Brod, junto a los publicados en vida por Kafka, compusieron una
obra global de profunda influencia en el desarrollo de la literatura y el
pensamiento moderno. La vida de Kafka es fruto de su inseguridad personal, de un
carácter que mezclaba las empresas casi heroicas (de tales hay que calificar en
ocasiones sus descensos al infierno, en lo humano y lo literario) con una
tendencia al escepticismo y a la defección. Ello le impidió arraigarse en
parte alguna. La constante paradoja kafkiana le llevó a practicar la escritura
con un sentido del deber que, además de hacerle indagar con ella precisamente
aquello que más le atormentaba, no cedió ante los sacrificios, escribía de
noche, robando gran parte del tiempo del sueño, agudizando su delicado estado
nervioso. La ciudad de Praga de principios de siglo XIX era un
hervidero constante de conflictos entre la población mayoritaria eslava y la
minoría de origen germano, con especial incidencia en el aspecto lingüístico
y ordenamiento social. Praga era la capital del reino de Bohemia, una parte del
Imperio Austro-Húngaro dirigido por el emperador Francisco José I, que mantenía
una conflagración persistente desde el siglo XIV entre los pobladores de
diferente origen, debido principalmente a la distinta situación económica y
estatutaria que mantenían los alemanes y los checos. Cuando estos últimos
fueron medrando en posiciones pecuniarias logrando convertirse en la mayoritaria
clase media praguense también en paralelo creció el descontento con la
orientación política establecida en el país. En 1897, el primer ministro
Badeni instaura el bilingüismo oficial, lo que produce una airada protesta por
parte de los nacionalistas alemanes que paralizan el Consejo del Imperio
Austro-Húngaro y deciden unirse a Alemania con la firma y redacción del
Programa Nacionalista de Pentecostés en 1899. Poco después, para sofocar estos
graves disturbios, Badeni anula el decreto de bilingüismo. En 1907 y con la
libertad de voto concedido por la aprobación del sufragio universal, el
Reichsrat se puebla de representantes eslavos que al no conseguir mayoría
suficiente (265 eslavos y 233 alemanes) hacen que el país prácticamente se
establezca en una posición ingobernable debido a la imposibilidad de llegar a
acuerdos políticos válidos. Esta ingobernabilidad y el progresivo
enfrentamiento entre las diferentes facciones de la población provocan la
disolución final del parlamento en 1914. El asesinato en 1914 en Sarajevo del heredero al trono
austro-húngaro Francisco Fernando y de su esposa a causa de un atentado
terrorista realizado por un joven estudiante serbio-bosnio, integrante de una
organización denominada "Unidad y muerte", desata la Gran Guerra, la
Primera Guerra Mundial desencadenada por las acusaciones de Austria a Serbia de
responsabilidad de los hechos y de obstrucción a la investigación de la policía
austriaca. En medio del gran conflicto bélico, otro foco de protestas
se produce en la Europa del Este, más concretamente en Rusia. En 1917 se
proclama la Revolución bolchevique liderada por Lenin que terminará con la caída
y asesinato del zar Nicolás II y la instauración de un régimen comunista. En
Alemania, un año después, Guillermo II abdica entrando en el poder el grupo
espartaquista liderado por Rosa Luxemburg y Karl Liebnetch, que pronto serían
expulsados del gobierno y reprimidos con dureza por parte del nuevo dirigente
Ebert. Tras las derrotas sufridas por sus ejércitos, Alemania firma
en 1918 el Armisticio de Compiogne al que pronto se suma Austria. Posteriormente
aceptarán lo convenido en el Tratado de Versailles que supondrá esenciales pérdidas
económicas y territoriales para los países derrotados. Estas sanciones
provocarán que el Imperio Austro-Húngaro termine desapareciendo. En 1918 se
proclama a Checoslovaquia como país independiente y a Masaryk como primer
presidente del gobierno. Mientras tanto, Franz Kafka, que aunque siempre simpatizó
con los ideales socialistas no participó con énfasis en los avatares que
estaban sucediendo a su alrededor, escribía y escribía evadiéndose de una
comunidad por la que no sentía demasiado apego muriendo a causa de la
tuberculosis el 3 de junio de 1924, antes de la llegada al gobierno alemán de
un hombre con un tremendo odio y resentimiento hacia la estirpe judía, Adolph
Hitler. Aparte de las múltiples influencias que las circunstancias
de su biografía aquí sucintamente expuestas ejercieron sobre su obra, hay que
referirse a su entorno social e histórico, aquella Praga en la que vivió,
encrucijada de culturas y lenguas en el seno del Imperio Austrohúngaro. Su
pertenencia a una comunidad muy característica, la judía checa de habla
alemana, su relación con los aparatos burocráticos, etcétera. No obstante, si
bien todos estos factores tuvieron su importancia, lo radicalmente determinante
de la obra kafkiana es su aventura individual, la consignación de sus
vicisitudes y de la lucha por conquistar un espacio propio. Realizando esta
lucha a través de la literatura, a la que siempre deseó entregarse
prioritariamente y con la que en vida sólo obtuvo resultados modestos en cuanto
a su proyección (aunque lo poco que publicó mereció el respeto de sus
contemporáneos), alumbró uno de los mundos narrativos más perfilados,
misteriosos y seductores de este siglo. Entre 1910 y 1923, Kafka escribió 12
cuadernos: en ellos registró impresiones sobre sus amigos y sobre el sexo;
reflexiones sobre su vida y la literatura; anotó frases casi incomprensibles
junto a relatos completos. Kafka fue un escritor que denunció constantemente en
sus escritos a una política de procedimientos totalitaristas y que dotaba a
cada acción de burocracia tortuosa que era como un veneno para sus ideas. Los temas usuales en la obra de Kafka como la angustia vital,
la soledad, el absurdo, el aislamiento de la colectividad, el propio sentido de
la vida y el problema por el devenir del individuo ejercerán notable influencia
en posteriores pensadores y escritores de corte existencialista como Jean Paul
Sartre. Atormentadamente perfectas, sus alegorías manifiestan la
asfixiante burocracia y la fría crueldad con que el poder aplasta la vida del
hombre contemporáneo. Sus Diarios, los cuentos (como La muralla china) y las
cartas a su prometida, Felice Bauer, contienen asimismo el testimonio de un
modelo insustituible de sensibilidad contemporánea. El visionario y precursor del existencialismo literario Franz
Kafka, adelantándose a los graves y angustiosos problemas provocados por una
sociedad moderna dominada y dirigida por unos pocos, distanciadora del individuo
que impiden su desarrollo en libertad, fue continuado por autores como Samuel
Beckett, Simone de Beauvoir, Miguel de Unamuno, Eugene Ionesco, Albert Camus o
el mismo Jean Paul Sartre. Al tiempo que estabilizaba su vida en lo laboral, Kafka
trabajaría denodadamente en sus narraciones. Entre 1912 y 1914 escribiría América
(novela sobre un emigrante, acaso el que él quiso y no logró ser) y El
proceso. El castillo habría de esperar a 1922. De 1913 a 1916 tienen lugar sus
primeras publicaciones: Contemplación, El fogonero, La metamorfosis, La
condena. En 1919 publicaría En la colonia penitenciaria y Un médico rural, y
en 1924 Un artista del hambre. El grueso de su obra aparecería póstumamente. Coincidiendo con la consecución de la ansiada casa propia,
en Berlín, al fin lejos de su aborrecida Praga, Kafka escribe La madriguera (o
La construcción, Der Bau en alemán), relato en el que se nos muestra a una
criatura temerosa de un enemigo externo (acaso una alusión a su ya grave
enfermedad) pero que recorre con delectación las múltiples galerías de que
consta su morada, en cuyas intersecciones acumula comida y todo lo necesario Aunque nervioso y vulnerable, Kafka era al mismo tiempo capaz
de una frialdad pasmosa. Basta con leer descripciones tan exentas de piedad como
la de la máquina de En la colonia penitenciaria, o con anotar las numerosas
situaciones atroces reflejadas en un lenguaje diáfano que no se inmuta ante lo
relatado. Y sin embargo, a menudo el lector se ve sorprendido por escenas en las
que una ternura inusitada y hasta ininteligible brota entre personajes
aparentemente hostiles entre sí. Si existía algo dentro del clima de la
narrativa de Kafka eso era angustia. Eso transmitía el escritor, seguramente
por su propia vida que, en Praga del año 1900, no le transmitía a su juventud
otra cosa que persecución y opresión. La alegoría es el género predilecto de Kafka. Debido a su
origen judaico y a su conocimiento de las escrituras hebreas, asimiló este género
de uso frecuente en la Biblia y el Talmud. Sus alegorías son equívocas,
elusivas y de dudosos significado. El Proceso es una gran novela, que nadie que la haya leído
podrá olvidar, debido a que cada vez que deba realizar una gestión burocrática
se encontrará una y otra vez ante comportamientos que, inevitablemente,
reproducen todo lo que ocurre en la novela. Elija la Administración que desee y
verá. Trate de hacer una gestión, por simple que sea y espere pacientemente.
Si se me permite la sugerencia, pruebe con la Administración de una Universidad
cualquiera (tienen justa fama de ser las peores). En El Proceso, Kafka describe la situación límite: un
hombre es acusado sin que se le comunique el por qué y ello desencadena toda
una maquinaria aterradora que acaba por obviar el hecho en sí y sumergirse en
su propia dinámica, que acaba por absorber al pobre infeliz Señor K. Lo más
espectacular de la novela es que el autor se limita a exponer lo que le va
ocurriendo al protagonista pero no abunda en exponer cómo se siente y la
angustia que experimenta. Y, sin embargo, ésta está siempre presente, se
siente cerca. Además de una evidente prueba de la calidad del libro, esto no
hace sino demostrar que todos hemos pasado por situaciones que, aunque menos
dramáticas, son idénticas en cuanto a su naturaleza. En esta novela Kafka construye un laberinto procesal para
encerrar a un hombre. Josef K., que es un mero empleado, se encuentra una mañana
dos extraños personajes en su habitación. Estos le indican que ha sido acusado
ante la corte pero se niegan a imputarle ningún cargo. Sólo le ordenan que
tiene que presentarse a declarar. La novela es la historia de un hombre que es
acusado y condenado por un crimen del cual él nunca se entera. Josef K. asiste
a su juicio, es acusado y se defiende vehementemente; pero nunca sabemos de qué
es de lo que se lo acusa. Josef K. no es encarcelado, pero él, impulsado por
una fuerza extraña acude cumplidamente a todos los interrogatorios. Su vida se
convierte en un mar de preocupaciones: al comienzo de la novela él rechaza en
forma categórica toda probabilidad de culpa, ya que se sabe inocente, y en el
final, él está convencido de que sí es culpable de algo. Para concluir toda
esta pesadilla, dos individuos, igualmente extraños a todos los otros
personajes de la novela se llevan a Josef K. a un suburbio y allí lo apuñalan. En esta obra llama poderosamente la atención el aparato
judicial que crea Kafka. Hay una contraposición con las estructuras a las que
hoy día estamos acostumbrados. El entramado jurisdiccional que oprimió hasta
la muerte a Josef K. es todo lo contrario a lo que nuestra Constitución nos
garantiza. ¿Acaso no podría suceder, como efectivamente sucede, que, aun
estando protegido por las garantías judiciales típicas de un Estado de
Derecho, un ciudadano cualquiera pueda caer en una persecución, en la que a
veces se convierte la Justicia, sobre su inocencia?. ¿Cuántos errores
judiciales se han demostrado? ¿Cuántas desviaciones de poder han puesto de
manifiesto las fallas de la Justicia? Kafka muestra en El Proceso una
estructura jurisdiccional con grandes semejanzas a cualquier estructura
judicial, un acusado, un abogado, un tribunal. Pero, lo que va a caracterizar
esta estructura judicial son las profundas diferencias que podrían establecerse
entre el aparato judicial kafkiano y las instituciones propias de un Estado de
Derecho. Esta novela comienza así: " Es probable que alguien
haya calumniado a Josef K., pues, sin haber hecho nada malo, fue detenido una mañana".
Desde el principio sabemos que K. es inocente. El problema no radica en la
detención en sí, sino en probar que el detenido es culpable, y, mientras
tanto, es menester dotar a éste de todas las garantías que la Carta Magna de
un Estado ha de establecer (y las leyes procesales desarrollar). El artículo 18
de nuestra Constitución establece que: "Ningún habitante de la Nación puede ser penado sin
juicio previo fundado en ley anterior al hecho del proceso, ni juzgado por
comisiones especiales, o sacado de los jueces designados por la ley antes del
hecho de la causa. Nadie puede ser obligado a declarar contra sí mismo; ni
arrestado sino en virtud de orden estricta de autoridad competente. Es
inviolable la defensa en juicio de la persona y de los derechos. El domicilio es
inviolable, como también la correspondencia epistolar y los papeles privados; y
una ley determinará en qué casos y con qué justificativos podrá procederse a
su allanamiento y ocupación. Quedan abolidos para siempre la pena de muerte por
causa políticas, toda especie de tormento y los azotes. Las cárceles de la
Nación serán sanas y limpias, para seguridad y no para castigo de los reos
detenidos en ellas, y toda medida que a pretexto de precaución conduzca a
mortificarlos más allá de lo que aquélla exija, hará responsable al juez que
la autorice". Este artículo plasma las garantías necesarias para el
seguro desarrollo de los procesos. Se encuentra implícito el principio de
presunción de inocencia, derivado del Principio de Legalidad: nadie puede ser
penado sin juicio previo fundado en ley anterior al hecho del proceso, ni
juzgado por comisiones especiales, o sacado de los jueces designados por la ley
antes del hecho de la causa. Asimismo, la Convención Americana Sobre Derechos
Humanos ( Pacto de San José de Costa Rica, Suscrito el 22/11/69 –Ley 23.054),
la cual es parte del cuerpo constitucional, en su artículo 7 "Derecho a la
libertad personal" establece que nadie puede ser sometido a detención o
encarcelamiento arbitrario (inc.3°), y que toda persona detenida o retenida
debe ser informada de las razones de su detención y notificada, sin demora, del
cargo o cargos formulados contra ella (inc. 4°), asimismo, debe ser llevada
ante un juez o un funcionario autorizado para ejercer funciones judiciales sin
demora (inc. 5°). El artículo 18 de la Constitución hace referencia al
Principio de Debido Proceso, al indicar los recaudos que se deben tomar para
producir una condena, es decir, promover el juicio del imputado. El artículo 7
de la Convención Americana, alude al mismo principio invocando la inmediatez
del juicio, garantizando el derecho de recurrir al juez competente para que éste
determine la legalidad de su arresto o detención (inc. 6°) Desde la bochornosa detención de Josef K., el autor deja en claro el carácter
arbitrario de la situación. Pero la detención no sólo es arbitraria sino que
también resulta ridícula. "-No tiene derecho a salir, está detenido. -Así
parece –dijo K. y añadió enseguida-. ¿Pero por qué? –No estamos
autorizados para decírselo. El procedimiento ya está en marcha..." Las
garantías a las que aludíamos comienzan a brillar por su ausencia, el derecho
del detenido a ser informado de la acusación formulada contra él queda
desconocido desde las primeras páginas del libro. La organización a la que
queda sometido K. es un sistema paralelo al que rige judicialmente el estado en
el cual K. se encuentra: "K. vivía en un Estado constitucional en el que
reinaba la paz en todas partes y se respetaban las leyes" . Ello no es
motivo para que K. sea tratado diferente a un auténtico procesado. En el proceso penal la culpabilidad es la que tiene que ser demostrada, no la
inocencia, que se presume iuris tantum. Del procedimiento al que se encuentra
sometido K. es imposible salir indemne. La culpabilidad está preestablecida
para K., la protección al acusado es inexistente y la contradicción a la
Constitución Nacional total Una pena no puede imponerse más que a consecuencia
de un proceso debidamente celebrado: nulla poena sine iudicio. Este principio
queda prefijado en el artículo 18 de nuestra Constitución y las normas
procesales que lo desarrollan y es, precisamente, la carencia de la que adolece
el proceso de K.: la indefensión del acusado es total y lo coloca en una
situación de impotencia absurda imposible de superar. Josef K. desconoce de qué
se lo acusa, cuál es la instancia a la que ha de dirigirse, qué tipo de
tribunal lo va a juzgar, qué pasos debe dar en aras de su eventual defensa.
Parece como si todos supiesen más sobre el proceso que el propio acusado. Esa
ignorancia produce impotencia y ésta es tal que provoca una sensación de
angustia que acarrea un sentimiento de culpa que acaba convenciendo a K. de su
culpabilidad: K. comienza a comportarse como si fuera verdaderamente culpable.
Además, el tribunal no reconoce ninguna forma de defensa y que tal extremo
viene a convertirse en otra violación al artículo referido. El proceso avanza de una manera casi furtiva. La publicidad parece que se
ofrece a todos menos al interesado (que permanece imperturbable ante una sucesión
de acontecimientos que, cada vez más, se le van volviendo en contra). El carácter
público del proceso es una garantía básica (al igual que el derecho a tener
un proceso sin dilaciones indebidas, también vulnerado en el procedimiento
kafkiano) para ofrecer un mínimo de seguridad jurídica al procesado. Llama la
atención el tipo de decisión que eventualmente puede adoptar el tribunal que
oprime a K. La resolución más lógica para con el acusado es la sentencia
condenatoria pero, ahora bien, puede conseguirse (y el instrumento es la
influencia sobre los miembros del tribunal) otro tipo de decisiones más
favorables para el acusado: "-Se me olvidaba preguntarle qué clase de
absolución prefiere usted. Hay tres posibilidades: la absolución real, la
aparente y la prórroga indefinida. La absolución real es evidentemente la
mejor, sólo que no hay nadie que pueda ejercer la menor influencia para lograr
una absolución de ese tipo" . En este pasaje, el pintor Titorelli elabora
pesadamente sobre los tipos de fallos y las posibilidades que tiene el inculpado
de alcanzar cada uno de ellos. Es de resaltar, desde el plano jurídico, lo que
viene a significar la denominada "absolución aparente" (según el
pintor las autoridades judiciales "carecen de la potestad para absolver
definitivamente al acusado") que rompe totalmente con el elemental
principio procesal de la cosa juzgada. "Puesto que el proceso penal no tiene como una finalidad teórica, sino
eminentemente práctica (sometimiento del delincuente al cumplimiento de la
pena) y que esta finalidad se obtiene mediante el juicio por el cual el juez,
previo proceso, declara el derecho del Estado a realizar el sometimiento penal
(derecho de ejecución penal), es preciso que dicho juicio sea definitivo, y
entable la declaración consecuente (de otro modo, la prolongación indefinida
de la discusión, dentro del mismo o de otros procesos con el mismo objeto, haría
ilusorio el derecho de ejecución penal que surge de la sentencia de condena, de
lo que la indefensión social sería consecuencia necesaria) como asimismo
conveniente, desde el punto de vista social, que tampoco puede reverse la
situación del procesado absuelto (si éste pudiera ser sometido a nuevos
procesos por el mismo hecho, su libertad quedaría indefinidamente amenazada,
con menoscabo de su personalidad) [...] "En sentido preciso, cosa juzgada (res iudicata) es el objeto procesal
sobre el que se ha dado resolución de carácter definitivo [...] pero, en su
acepción jurídica más corriente, la denominación de cosa juzgada corresponde
a los efectos preclusivo y ejecutivo que produce la resolución del juez, con
relación al objeto procesal" . Cuando una causa es enjuiciada, la sentencia adquiere valor de cosa juzgada,
uno de cuyos efectos primordiales es la imposibilidad de volver a juzgar esos
mismos hechos respecto de la misma persona a la que se haya acusado. En la
novela, el tribunal se reserva la potestad de invocar de nuevo el proceso en el
momento que estime oportuno. Pero Kafka no nos muestra un aparato judicial opresivo y terrorífico, más
bien viene a caricaturizar un sistema judicial determinado. El autor hace una crítica
a las estructuras judiciales en particular, pero también a cualquier institución
pública. Edición digital 837 Barranquilla, domingo 4 de Febrero de 2001 El mensaje de Franz Kafka en El Proceso Por JAIME MUVDI Cuando leíamos el Proceso de Kafka, nos imaginábamos que no existía país
alguno donde se cometieran tantas injusticias como los escalofriantes relatos de
este novelista, y pensábamos que lo narrado era una farsa. Pero con el correr
de los años nos convencemos que este autor está describiendo lo que palpó en
el ejercicio de su profesión de abogado. Franz Kafka se graduó de abogado en la Universidad Alemana de Praga e
inmediatamente comenzó a ejercer el derecho penal en el bufete de abogados de
su tío Richard Lowys, y más tarde ejerció en las altas Cortes Criminales
(Strafgericht) en Praga, por lo tanto conocía los recovecos de la
"Justicia". La obra El Proceso la conocemos gracias a su albacea Max Brod el amigo
testamentario, quien desatendió la prohibición de Kafka y publicó tras su
muerte sus novelas inéditas, con ellas ha revelado al mundo uno de los más
grandes novelistas de nuestra época y desde luego el más profundamente
original. La realidad de este mundo lo llevó a atacar con crudeza la veracidad en que
hoy vivimos. Su obra el Proceso se desenvuelve todo en una atmósfera de
pesadilla. Con la versión cinematográfica en 1.963, dirigida por Orson Welles
y al mismo tiempo actuando como el "abogado defensor" repercutió la
novela: a menos de un mes de estrenado el filme se agotaron todas las ediciones
en Castellano. Así "el proceso" no debería llegar nunca hasta la máxima
instancia, en cierto sentido era absolutamente interminable, esto es,
continuable at infinitum. Ante la ley hay un guardián. Un campesino se presenta frente a este guardián
, y solicita que le permita entrar en la Ley. Pero el guardián contesta que por
ahora no puede dejarlo entrar. El hombre reflexiona y pregunta si mas tarde lo
dejarán entrar. -Tal vez -dice el centinela- pero no por ahora. La puerta que da a la Ley está abierta , como de costumbre;
cuando el guardián se hace a un lado, el hombre se inclina para espiar. El
guardián lo ve, se sonríe y le dice: -Si tu deseo es tan grande haz la prueba de entrar a pesar de
mi prohibición. Pero recuerda que soy poderoso. Y sólo soy el último de los
guardianes. Entre salón y salón también hay guardianes, cada uno mas poderoso
que el otro. Ya el tercer guardián es tan terrible que no puedo mirarlo
siquiera. El campesino no había previsto estas dificultades; la Ley
debería ser siempre accesible para todos, piensa, pero al fijarse en el guardián,
con su abrigo de pieles, su nariz grande y aguileña, su barba negra de tártaro,
rala y negra, decide que le conviene mas esperar. El guardián le da un escabel
y le permite sentarse a un costado de la puerta. Allí espera días y años.
Intenta infinitas veces entrar y fatiga al guardián con sus súplicas. Con
frecuencia el guardián conversa brevemente con él, le hace preguntas sobre su
país y sobre muchas otras cosas; pero son preguntas indiferentes, como las de
los grandes señores, y, finalmente siempre le repite que no puede dejarlo
entrar. El hombre, que se ha provisto de muchas cosas para el viaje, sacrifica
todo, por valioso que sea para sobornar al guardián. Este acepta todo, en
efecto, pero le dice: -Lo acepto para que no creas que has omitido ningún
esfuerzo. durante esos largos años, el hombre observa casi
continuamente al guardián: se olvida de los otros y le parece que este es el único
obstáculo que lo separa de la Ley. Maldice su mala suerte, durante los primeros
años audazmente y en voz alta; mas tarde, a medida que envejece, sólo murmura
para si . Retorna a la infancia, y como en su cuidadosa y larga contemplación
del guardián ha llegado a conocer hasta las pulgas de su cuello de piel, también
suplica a las pulgas que lo ayuden y convenzan al guardián. Finalmente, su
vista se debilita, y ya no sabe si realmente hay menos luz, o si sólo lo engañan
sus ojos. Pero en medio de la oscuridad distingue un resplandor, que surge
inextinguible de la puerta de la Ley. Ya le queda poco tiempo de vida. Antes de
morir, todas las experiencias de esos largos años se confunden en su mente en
una sola pregunta, que hasta ahora no ha formulado. Hace señas al guardián
para que se acerque, ya que el rigor de la muerte comienza a endurecer su
cuerpo. El guardián se ve obligado a agacharse mucho para hablar con él,
porque la disparidad de estaturas entre ambos ha aumentado bastante con el
tiempo, para desmedro del campesino. -¿Qué quieres saber ahora?-pregunta el guardián-. Eres
insaciable. -Todos se esfuerzan por llegar a la Ley-dice el hombre-;¿Cómo
es posible entonces que durante tantos años nadie más que yo pretendiera
entrar? El guardián comprende que el hombre está por morir, y para
que sus desfallecientes sentidos perciban sus palabras, le dice junto al oído
con voz atronadora: UN PROCESO KAFKIANO Ni siquiera al célebre autor checo Franz Kafka se le habría ocurrido en su
no menos famosa obra "El Proceso", incorporar al drama del absurdo las
características y connotaciones del desafuero del Senador Pinochet. 7 de Mayo de 2000 PRESUNCIÓN DE INOCENCIA Por Carlos Sánchez Almeida ARTICULO 11. 1. "Toda persona acusada de delito tiene
derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad,
conforme a la ley y en juicio público en el que se le hayan asegurado todas las
garantías necesarias para su defensa." Declaración Universal de Derechos
Humanos, 1948. "Alguien debía haber calumniado a Josef K., porque sin haber hecho nada
malo, fue detenido una mañana." Franz Kafka, "El proceso". Sólo aquellos que han visitado una cárcel saben realmente en qué consiste
la libertad. Demasiado a menudo me encuentro con abogados que jamás se han
entrevistado con un cliente en prisión: debería ser un requisito obligatorio
para ejercer. Como el carnet de conducir: 30 horas de cárcel antes de dejarles
presentar la primera querella. La coherencia es la virginidad del abogado: se pierde la primera vez que uno
se acerca a un tribunal. Pensemos, por ejemplo, en el ilustre compañero que
escribió que nunca debían darse datos personales de Internet sin mediar la
autorización de un juez. Donde dije digo, digo Diego, debió pensar, al
entregar los datos de su adversario al primer agente que los solicitó sin orden
judicial. En las Facultades de Derecho y los Colegios de Abogados se enseña a los
letrados el principio fundamental de nuestro proceso: in dubio pro reo. Se puede
reconocer a los que nunca lo aprendieron por la forma en que saludan, con una
mano tan lánguida como su mirada. No me los imagino mirando a los ojos a un
procesado para el que piden prisión. Así es la especie humana: vegetariana si
tuviese que sacrificar su propia res. Todo nuestro sistema de represión penal está diseñado para destruir al
acusado: un holocausto al que se prestan entregados los voceros del cuarto
poder. Aunque sobreviva al acoso mediático y al calvario del proceso, el
banquillo arruina para siempre la reputación del acusado, por mucho que su
inocencia se proclame solemnemente en la sentencia. Calumnia, que algo queda,
dice el refrán. Como en todo, hay excepciones a la regla: perseguir injustamente a un
paranoico tiene peligrosos efectos secundarios. A un paranoico no le basta con
demostrar su inocencia, ni tampoco pregonar a los cuatro vientos la
incompetencia de los acusadores. Un paranoico sólo descansa cuando consigue que
su rival pierda su bien más preciado: la dignidad. No hay peor sentencia que la que uno se impone a sí mismo: su ejecución
puede durar toda una vida. Deberían enseñarlo en las Facultades de Derecho: si
un día les da por acusar injustamente a un hacker, asegúrense de que nunca jamás
se pueda volver a levantar. "PENSAR EN LO QUE SINTIÓ OSCAR WILDE CUANDO LO
CONDENARON": GARDEAZABAL Primera entrevista desde la prisión que concede el escritor
perseguido. El escritor Gustavo Álvarez Gardeazábal, condenado por la
Corte Suprema de Justicia de su país a 6 años y 6 meses de prisión por haber
vendido en 1992 una escultura a quien con los años resultó ser el testaferro
de un narcotraficante, respondió desde la cárcel un mini-cuestionario al periódico
El Espectador. Lo republicamos. --- Cómo le pareció la condena que en su contra profirió la Corte Suprema? R/ La capacidad de opinar no la tenemos los condenados --- No cree que seis meses y seis años es una condena muy alta para un
cheque de solo 7 millones? R/ Creo que es mejor pensar en lo que sintió Oscar Wilde cuando lo
condenaron --- Cómo le parece el hecho de que su proceso se haya iniciado con base en
un escrito anónimo? R/ Que la realidad siempre es mucho mas impactante que la ficción que
inventamos los novelistas. --- La sala penal de la Corte dijo que usted, para engañar a la justicia,
utilizó como partícipes en el negocio de la estatuilla a personas que ya
estaban muertas. Qué opina de eso? R/ Cada vez me siento mas como si fuera la reencarnación de Antonio Nariño --- Explíquenos, por favor, cómo fue el negocio de la estatuilla? R/ Ese tema solo volveré a contar en mis memorias --- Qué opina de que escultor de su estatuilla, Reciel Vulkovinski Dha, el
principal testigo en su contra, haya terminado convertido en un farsante? R/ Tengo entendido que el impronunciable señor ese goza de libertad y yo
estoy preso --- Cómo es el cuento de otro cheque por 5 millones de pesos, por el que
también lo procesaron a usted? R/ Léase EL PROCESO de Franz Kafka y lo entenderá --- Cree que su proceso penal fue orquestado por persecuciones políticas ? R/ Háganle esa pregunta al candidato presidencial Horacio Serpa o a la
Embajada Americana --- Qué va a hacer mientras recupera su libertad? R/ Escribir y continuar montando la biblioteca de la escuela de policía de
Tuluá donde estoy recluido para que sea la mejor de su género --- Ha sentido el apoyo de la gente de Tuluá y del Valle? R/ Si no hubiese sido por ese afecto y el de tantas personas en el mundo, ya
me habría suicidado. Entrevista concedida al Espectador de Bogota, publicada el 14 de diciembre,
en la pagina 6 A por Libardo Cardona Constitución de la Nación Argentina, A-Z editora S.A.,
Buenos Aires, 1995. – Kafka, Franz, El Proceso, Errepar S.A., Buenos Aires, 2000.
– Oderigo, Mario A., Derecho Procesal Penal, Ediciones Depalma,
Buenos Aires, 1973.- Buscador de Internet: www.google.com María Candelaria Cicardo Publicación enviada por María Candelaria Cicardo Contactar mailto:hotbutterfly68@yahoo.com Código ISPN de la Publicación EpyAuklkZZHKtPBZOj Publicado Friday 21 de November de 2003 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
ilustrados.com nace con el fin difundir el conocimiento publicando trabajos de investigación, monografias, tesis, presentaciones powerpoint y afines. Publicar trabajos en ilustrados.com ha alcanzado prestigio y reconocimiento internacional siendo cada vez más el número de académicos, empresas, investigadores, científicos que consultan las publicaciones de nuestro portal. | |||||||||