Monografias | Sector agropecuario argentino - Su importancia en la economía nacional y su relación con el sector financieroSector agropecuario argentino - Su importancia en la economía nacional y su relación con el sector financieroResumen: Visión general del sector agropecuario. Planteo de la problemática estructural - situación actual. El sector agrícola es el productor básico de alimentos e insumos para la industria y la exportación. La actividad agrícola ha perdido peso económico a lo largo de la historia. Hoy en día no representa más que el 10% del Producto Bruto mundial, porcentaje similar a su representación en el PB argentino. Sin embargo se dedica a las actividades agropecuarias el 50% de la población mundial, siendo muy variable la proporción existente entre los países desarrollados y los subdesarrollados, ya que en éstos últimos el 90% de los trabajadores se dedican a esta actividad. Índice Introducción
general Visión
general del sector agropecuario Planteo
de la problemática estructural - situación actual PRIMERA
PARTE - INTRODUCCIÓN GENERAL El
sector agrícola es el productor básico de alimentos e insumos para la
industria y la exportación. La actividad agrícola ha perdido peso económico a
lo largo de la historia. Hoy en día no representa más que el 10% del Producto
Bruto mundial, porcentaje similar a su representación en el PB argentino. Sin
embargo se dedica a las actividades agropecuarias el 50% de la población
mundial, siendo muy variable la proporción existente entre los países
desarrollados y los subdesarrollados, ya que en éstos últimos el 90% de los
trabajadores se dedican a esta actividad. Con
el propósito de obtener un mejor desempeño de este sector es necesario
fomentar la investigación, tecnificación, el acceso al crédito, la asistencia
técnica, la comercialización y la asesoría técnica y financiera a pequeños
y medianos productores. En
este trabajo se considera que el crédito es uno de los principales instrumentos
para el desarrollo de todo este proceso y de la actividad. Pero para que el crédito
sea efectivo es necesario que esté acompañado de políticas económicas,
impositivas y financieras apropiadas. Se
pretendió hacer un aporte sobre la situación del sector agropecuario vinculado
a la falta de inversión y tecnología, como consecuencia del bajo acceso al crédito,
y dejar planteada la necesidad de crear nuevas herramientas que permitan el
acceso al crédito hacia los pequeños y medianos productores a fin de estimular
el crecimiento de las economía en desarrollo y buscar consolidar la industria
agropecuaria local para hacerla competitiva a nivel internacional, cuidando
primordialmente los intereses nacionales, en un esfuerzo conjunto entre el
sector privado y el público. También
se podrá observar que se mencionaron algunas experiencias y casos de Latinoamérica
e inclusive de países desarrollados, porque Argentina no es la excepción en
esta problemática. La
primera parte del trabajo se corresponde a esta introducción. En la segunda se
presenta una visión general del sector: características, instrumental,
indicadores, tecnología, y una breve reseña histórica. En la tercera parte
presentaremos la situación actual de acceso al crédito por parte del productor
agropecuario en donde también se expondrán algunas opiniones de profesionales
del sector financiero y de algunas asociaciones del agro para conocer sus
visiones sobre el tema. En esta sección también se presentará una serie de
alternativas diferentes y actuales con las que se ha pretendido cubrir parte de
la demanda de crédito no satisfecha. Y en la cuarta sección se expondrán
algunas conclusiones a partir del análisis de los datos y de la información
expuesta y consolidada en este trabajo. También se dejarán planteados algunos
interrogantes sobre el futuro de la actividad y sus consecuencias. SEGUNDA PARTE - VISION GENERAL DEL SECTOR AGROPECUARIO 1)
Importancia económica del sector agropecuario La
agropecuaria ha sido la primer actividad económica de la humanidad. Toda la
economía griega y romana, y la mayor parte de la economía feudal se basó en
la producción agropecuaria. Su destino era principalmente el autoconsumo y sólo
en pequeñas proporciones, se comercializaba. La
actividad agropecuaria estuvo en la base de la mayoría de las economías hoy
desarrolladas y en función de ella se desplegaron el resto de las actividades.
La importancia del sector está dada por su doble función de proveer bienes
finales fundamentales y buena parte de los insumos básicos de la actividad
industrial. Su
trascendencia tiende a declinar con el proceso de desarrollo económico. La
diversificación de la actividad productiva, el reemplazo de productos naturales
por artificiales y el manejo de los países industrializados, han generado esta
tendencia. Sin embargo, aún hoy una economía es más fuerte e independiente
cuando posee un poderoso sector agropecuario. Sino, cómo se explicaría que países
del primer mundo como Estados Unidos o los países europeos apliquen medidas
proteccionistas y elevados y perversos sistemas de subsidios a los productores
agropecuarios para mantener los niveles de producción, con lo controvertido que
se ha puesto este tema desde hace algunos años ? 2)
Características técnico-económicas del sector agropecuario El sector agropecuario tiene características técnico-económicas
diferenciales. La primera característica específica del sector es que la
localización de su actividad está determinada básicamente por la ecología.
Esto significa que la actividad del sector no se puede alienar ni deslocalizar.
Durante mucho tiempo este determinismo del medio fue indiscutible, pero con el
desarrollo tecnológico esta situación quedó modificada parcialmente. Otra
característica del sector está vinculada con los factores climáticos, que
crean una situación de inseguridad con respecto al desarrollo de la actividad. Un
tercer aspecto a destacar se refiere a que la actividad agropecuaria precisa
superficie para poder desarrollarse. No basta con tener las condiciones ecológicas,
sino que para que el sector agropecuario sea poderoso se necesita extensión
territorial. Pero este determinismo también resulta parcialmente modificado a
partir de la tecnología, ya que con su uso se puede extender la frontera
agropecuaria o permitir un uso más intensivo de la superficie disponible.
Otro
aspecto técnico-económico es que en general la demanda de productos del sector
crece lentamente . Además de tener una baja elasticidad precio-ingreso. Asimismo
los productos del sector tienen una tendencia al deterioro de sus precios
relativos internacionales y/o internos: a)
por la situación de predominio o monopolio que en el mercado mundial
poseen los países industrializados; b)
por la atomización de los productores agropecuarios frente a los
demandantes industriales oligopólicos, o por manejos de la política económica; c)
por el extraordinario avance tecnológico de los países desarrollados y
su política de subsidios que transformó en exportadores a muchos que antes
importaban. Por
último debe mencionarse que de las características técnico-económicas del
sector agropecuario surge un patrón de asentamiento poblacional. Un país con
cualidades agroecológicas, donde predominan las actividades de explotación
extensiva, el asentamiento poblacional será muy diferente de otro sin estas
características. 3)
Instrumental intersectorial El
indicador más importante para medir el peso del sector agropecuario en una
economía es la participación que posee en el PBI. Es una constante del proceso
de desarrollo económico la declinación de la participación del sector en el
PBI. La diversificación de la actividad implica una mayor transformación de
los productos y un desarrollo de las actividades terciarias a tasas de
crecimiento superiores a las del sector en cuestión. En este sentido, la
participación del sector agropecuario en el PBI total es un indicador
aproximado del “grado” de desarrollo económico alcanzado. Sin embargo se
deberá tener en cuenta las características específicas de cada país y la
productividad del sector.
A
través del análisis de una serie como la presentada se puede reconstruir buena
parte de la historia sectorial. Un
segundo indicador importante sobre la posición relativa del sector en el
conjunto de la economía es la participación en la ocupación o en la población
económicamente activa. Esta proporción tiende también a descender en el
proceso de desarrollo económico, aunque con una dinámica inferior a la del
descenso de la participación en el PBI.
Un
tercer indicador importante se refiere a la participación del sector
agropecuario en el comercio exterior. Esta participación también depende del
desarrollo relativo de la estructura. Normalmente una estructura atrasada
exporta casi con exclusividad productos primarios (principalmente
agropecuarios), sin ningún grado de elaboración, importando bienes finales
industrializados. En la medida en que se avanza en el proceso de desarrollo se
va produciendo una transformación en la estructura de comercio exterior. En las
exportaciones disminuye la participación de las primarias sin elaborar y
aumenta la participación de las manufacturas, tanto de origen agropecuario como
de origen industrial. En las importaciones disminuyen los productos terminados
de consumo y aumentan las máquinas y los equipos, los insumos básicos, etc.
Sin
embargo estas cifras no implican en
su totalidad una baja dinámica del sector agropecuario. También incluyen una
modificación sustancial en el destino de la producción. Estas estadísticas,
para el caso concreto de nuestro país revelan que mientras en 1930 el 50%
(promedio) de la producción tenía como destino el mercado externo, en la
actualidad más del 80% de la producción queda en nuestras fronteras (datos
estadísticos de CEPAL e INDEC). 4)
Tecnología: su importancia en el sector agropecuario La
tecnología utilizada en el sector agropecuario es una variable independiente
fundamental, y de importancia creciente en la determinación del nivel de la
oferta. La falta de ella o su bajo uso afecta de dos maneras: a)
directamente al no permitir la concreción de rendimientos más elevados b)
indirectamente al afectar de manera negativa la rentabilidad de las
explotaciones y la oferta futura. A
esta conclusión se ha llegado a través de innumerables estudios econométricos
realizados. La
importancia de la tecnología y del cambio tecnológico es creciente en la
medida en que se agotan las tierras agrarias disponibles. Al ser la tierra un
factor de oferta relativamente inelástica, el crecimiento de la oferta se
vincula con las formas en que se combinen los componentes tecnológicos. En
un período de gran dinamismo de la producción agropecuaria mundial (sobre todo
en Europa y Estados Unidos) de acuerdo a los datos estadísticos, los índices
de tecnología para nuestro país se presentaron prácticamente estancados para
algunas producciones (ej: trigo). De
todo lo mencionado surge la importancia de la tecnología como componente
importante de la estructura económica del sector. Y aparece como fundamental en
el período contemporáneo para nosotros por haberse agotado la posibilidad de
desarrollo del sector sobre la base de la simple expansión de la frontera
agropecuaria. El
hecho de definir que un país tiene una tecnología baja de acuerdo con sus
potenciales y necesidades nos está diciendo que algo no funciona bien. Que
existen barreras que dificultan el cambio tecnológico. Se
considera que una de esas barreras es la imposibilidad de acceso al crédito por
parte de los pequeños y medianos productores agropecuarios. Es posible que esa
tecnología venga de la mano de grandes productores hacia la intensificación
del capital, pero ello puede tener importantes corolarios sobre algunos factores
de la producción (mano de obra sin trabajo por introducción de nuevas tecnologías),
y sobre algunas prácticas culturales. 5)
Evolución de los indicadores estructurales del sector agropecuario La
evolución del sector agropecuario argentino suele dividirse en dos grandes
etapas estructurales: de 1980 a 1930, y del 1930 a la actualidad. En
el primero predominó el denominado “modelo agroexportador”. Durante ese período
el sector se desarrolló a tasas cercanas al 4% anual, expandiendo la frontera
agropecuaria e incorporando factores de producción: trabajo y capital. A
partir de 1930 se empezó a hacer muy lenta la expansión de la frontera
agropecuaria, lo que unido a la disminución de la demanda externa, provocó una
baja en la dinámica del sector (ver participación en el PBI, la PEA y la
participación de productos agropecuarios en el mercado mundial en cuadros
anteriores). Las
ampliaciones de la frontera agropecuaria y del producto, que se produjeron en
pequeña escala, se hicieron con una reducción sustancial de la PEA del sector.
Hubo por lo tanto reemplazo del factor trabajo por factores tierra y capital
(fundamentalmente de grandes empresas). 6)
Esquema explicativo de la baja dinámica En algunos trabajos econométricos en donde se ha pretendido
explicar el comportamiento de la oferta agropecuaria se mencionan algunas
variables explicativas, entre las que aparece el factor que estamos considerando
como uno de los más importantes: el crédito Ellos
son (de acuerdo al orden de importancia que se les dio en los trabajos): a)
los precios (vinculados a la tecnología) b)
la tecnología (vinculada al crédito) c)
el crédito d)
el clima (vinculado a la tecnología) e)
el capital (vinculado al crédito) f)
el cambio institucional (otro factor importante mencionado en este
trabajo, pero no desarrollado) g)
la insuficiencia o carencia de medidas promocionales, que sí tuvieron
otros sectores industriales (vinculado al apoyo institucional) h)
las cargas fiscales que pesaron sobre el sector, tanto respecto de los
tributos, como de las cargas sociales y aranceles (vinculado a los cambios
institucionales) i)
La información (vinculada al crédito y a la tecnología) Como
se puede observar aparecen las variables que de acuerdo a la investigación,
surgen como las más importantes para el desarrollo del sector: la tecnología,
que es en muchos casos imposible instrumentarla sin acceso al crédito.
Sin embargo estas variables deben ir acompañadas de políticas apropiadas
del gobierno para estimular o por lo menos, facilitar el desarrollo y
continuidad del sector. TERCERA
PARTE PLANTEO
DE LA PROBLEMÁTICA ESTRUCTURAL - SITUACIÓN ACTUAL 1) Introducción La
experiencia en materia de políticas de financiamiento agrícola en Argentina ha
demostrado que se requiere un esfuerzo conjunto tanto del Estado como del sector
privado para lograr que el crédito llegue a todos los productores, inclusive a
los pequeños y a los medianos que son los que más dificultades tienen para el
acceso al crédito y que en definitiva son la base de todo el sector. La
exclusión de grupos productivos al crédito es una de las características del
sistema financiero que limita el crecimiento en los países en desarrollo. Para
lograr una ampliación de la cobertura del crédito agrícola, es necesario
implementar mecanismos que reduzcan la diferencia de rentabilidad para el
intermediario, entre el financiamiento a pequeños productores y aquel dirigido
a la explotación agropecuaria mediana y grande. El gobierno debe promover
iniciativas socialmente eficientes en las que tengan alta participación los
agentes intermediarios en el mercado, con el ánimo de que el pequeño productor
tenga acceso al crédito por parte de las entidades financieras formales. Teniendo
en cuenta la condición estratégica del crédito para el desarrollo
agropecuario, es necesario contar con una propuesta clara de financiación para
este sector. Se
considera que los subsidios no serían una solución para el problema, ya que
cuando se accede al crédito con tasa de interés de mercado se fomenta un uso más
eficiente de los recursos. Un aspecto importante del acceso del productor
agropecuario al sistema financiero formal es su acercamiento y la familiarización
con estas instituciones, lo que podría generar una mayor canalización de
ahorro hacia éstas. En otras palabras, la participación de la banca privada
comercial en el desarrollo agropecuario a través de esquemas de financiamiento
se presentaría como una alternativa adicional de movilización del ahorro. Se
debe tener presente que el sector rural no sólo demanda crédito, sino también
ahorro y seguros, lo cual representa una alternativa interesante para los
bancos. Hay
quienes consideran errada la visión de que el pequeño productor tiene una baja
o limitada capacidad de ahorro por la estacionalidad de las cosechas y los
problemas climatológicos (entendiendo el ahorro de acuerdo a la definición
macroeconómica, que es el ingreso que no se consume en el presente) . Lo que se
debe considerar es simplemente la existencia de un desfase de los ingresos de
los pequeños productores por razones estacionales y no una falta de capacidad
de ahorro. Cuando a los productores se les provee de servicios financieros
adecuados, es decir rentables pero considerando el desfase estacional de sus
ingresos, ellos pueden responder con mayores volúmenes de ahorro. La
mayoría de los agricultores desea tomar créditos sólo estacionalmente; si
encuentra el ofrecimiento de crédito a tasas subsidiadas, lo demandarán aún
sin necesitarlo. El crédito a tasas de mercado permite obtener una demanda más
real de crédito, además el destino que se le da es más productivo, por cuanto
desaparece el incentivo perverso de las tasas subsidiadas, que no exige esfuerzo
de inversión con fines productivos y alienta el uso de los recursos hacia otros
fines. Esta
situación describe la necesidad de contar con un instrumento adecuado para
permitir el acceso crediticio a los pequeños/medianos productores
agropecuarios, pero a la vez permitirles operar con instituciones que además
les ofrezcan alternativas rentables. Uno
de los esquemas podría consistir en un programa de incentivos que el gobierno
podría otorgar a la banca privada comercial, con una finalidad de cubrir los
sobrecostos operativos y administrativos en que incurriría al ampliar su
cobertura crediticia y el riesgo. No
se trataría de un subsidio, sino de un incentivo que no genera distorsiones
porque lo que busca es un uso eficiente de recursos. Se trata de financiar al
productor agropecuario con tasas de interés de mercado, pero flexibilizando las
condiciones de los préstamos, cubriendo el riesgo con garantías, seguros, e
instrumentos del mercado de capitales. Sin
embargo para el desarrollo de alternativas se requeriría un trabajo de
investigación, análisis y desarrollo mucho más extenso. 2)
Situación actual Los
resultados del Censo Agropecuario 2002 que el INDEC publicó recientemente
registran algunas tendencias desfavorables como la desaparición de casi una
cuarta parte de los productores agropecuarios, mientras que ha aumentado
fuertemente la producción agregada del sector. Concretamente de acuerdo a las
mediciones el número de explotaciones agropecuarias en el país se redujo de
421.221 en 1988 a 317.816 en la actualidad. Según las estimaciones de la SAGPyA
más del 60% de esa pérdida corresponde a productores minifundistas. Otro
rasgo destacado es el incremento del tamaño de las explotaciones que se produjo
durante ese período, y el consecuente aumento de la concentración en la
propiedad de la tierra. Desde
1988 la Argentina prácticamente duplicó su cosecha de granos, pero de los
datos mencionados surge que todo este proceso se ha logrado gracias a
importantes avances tecnológicos que han realizado las grandes empresas del
sector, en detrimento de los pequeños y medianos productores que no cuentan con
las mismas herramientas. En
la actualidad las grandes empresas poseen amplias posibilidades de inversión en
maquinarias, sistemas de riego, fertilizantes, biotecnología, etc. Todos estos
elementos generan brechas muy importantes entre grandes y pequeños/medianos
productores. Las grandes empresas cuentan con un factor fundamental para poder
invertir que es el acceso al crédito. Mientras que a los pequeños y medianos
productores históricamente se les ha dificultado el acceso al crédito por la
imposibilidad de cumplir con las condiciones generales que los bancos requieren
y las garantías que suelen solicitar para cubrir las operaciones crediticias.
Además de los elevados costos financieros que deben pagar en el caso en el que
accedan. Los
pequeños productores han tenido un acceso limitado al crédito debido a la
falta de garantías que presentan; a sus bajos ingresos; a la estacionalidad de
los cultivos, lo que genera que la cosecha se venda a precios bajos y a los
riesgos propios de la actividad agrícola tales como el clima. Adicionalmente
desde el punto de vista del sector financiero, la adjudicación de un crédito
pequeño resulta comparativamente costosa teniendo en cuenta que los costos
operativos resultan similares cuando se adjudica un crédito de gran valor, por
lo tanto los costos de transacciones elevados le quitan el atractivo tanto al crédito
como al ahorro del pequeño productor del sector rural. Observando
la realidad más globalmente podemos identificar otros problemas que influyen
negativamente sobre el productor agropecuario a nivel general en la Argentina.
Pero también nótese que muchos de estos puntos podrían mejorarse con
inversiones provenientes de la asistencia crediticia que en conjunto podrían
cubrir la banca nacional y privada. En
el marco de un seminario organizado por la “Fundación Producir Conservando”
se presentó un estudio sobre el potencial de la producción agrícola
argentina. Aquí sintetizaremos algunas de las limitaciones que encuentra la
producción para alcanzar ese potencial: -
inseguridad jurídica
respecto de la validez y continuidad en el tiempo de las fórmulas
contractuales. -
Inseguridad y
desconfianza sobre el valor y estabilidad de la moneda -
Incertidumbre
acerca del sistema impositivo -
Falta de
estructura de almacenaje, transportes y procesamiento industrial en algunos
productos -
Funcionamiento
deficiente en los mercados de futuros -
Elevada evasión
fiscal y escaso control de la misma -
Falta de
desarrollo de instrumentos capaces de agregar valor y generar una más favorable
comercialización de la producción, tales como certificados de origen,
trazabilidad, etc. -
Falta de
desarrollo de instrumentos de promoción de las exportaciones, con un Estado
facilitador de la apertura de nuevos mercados. A
estos factores de manejo endógeno, se suman los factores exógenos, de los
cuales el proteccionismo practicado por los países centrales es el fundamental. Todas
estas circunstancias, sumadas a la imposibilidad de acceso al crédito bancario
genera que los agricultores, en muchos casos, recurran a prestamistas informales
que suministran créditos con tasas de interés más altas, lo cual lleva a
presumir que no siempre la actividad agropecuaria está relacionada con una baja
rentabilidad, más si se tiene en cuenta que el pequeño agricultor ahorra los
gastos de mano de obra por ser una actividad de carácter familiar. En general
el crédito informal es más flexible y se obtiene más rápidamente, por lo
tanto es muy valioso para los agricultores por el manejo de su liquidez. Es común
que entre un 70% y un 80% de los pequeños agricultores de un país en
desarrollo no tenga acceso al crédito. 3)
Mediciones del sector financiero respecto del sector agropecuario En
cuanto a los créditos otorgados, tanto los créditos a pequeños, medianos y
grandes agricultores del país han mantenido su nivel en un promedio del 10% del
total de la cartera de créditos totales.
Las
cifras relativas al porcentaje de deuda vencida del sector del agro durante los
últimos diez años tiene un promedio del 28%. Aquí extractamos los últimos
cinco años de información disponible. en
millones de pesos 1995 1996 1997 1998 1999 Cartera agropecuaria 6.480 5.814 6.432 6.648 6.387 Cartera restante 50.795 54.316 63.400 67.941 72.455 Cartera total 57.276 60.131 69.833 74.589 78.842 Agrop/Total 11,31% 9,67% 9,21% 8,91% 8,10% Morosidad agropecuaria 29,9% 26,2% 24,1% 19,9% 25,0% La
financiación al sector agropecuario por parte de las instituciones privadas,
nacionales y provinciales se ha modificado en la última década.
En
la Argentina en 1987, los bancos públicos (nacionales y provinciales) asistían
crediticiamente en un 76% al agro, mientras que el resto se repartía entre los
bancos privados y otros. En 1999, entre los bancos nacionales y provinciales se
reparten el 61% y el resto lo cubren los bancos privados. La
colocación de créditos del sector financiero privado para el agro, está
concentrada en los grandes productores. Los bancos provinciales cubren básicamente
al pequeño/mediano productor agropecuario (PMPA), y en la evolución podemos
observar que la cantidad de créditos para este sector ha sufrido una importante
caída, representada por una disminución del 15%.
Esta
disminución del 15% reflejaría el desplazamiento de recursos producido desde
el pequeño/mediano productor agropecuario (PMPA), hacia el gran productor
agropecuario. Los
bancos privados no cambiaron sus modalidades de otorgamiento de créditos a
favor del PMPA, por lo que las variaciones observadas no nos estaría indicando
que los bancos privados comenzaron a darle crédito a dicho sector y que los
bancos públicos cedieron esa cartera, sino que esta variación se debería a
que las entidades financieras privadas comenzaron a otorgar más créditos a los
grandes productores (nuevos y ya existentes) y que una parte de los PMPA que tenía
acceso al crédito en 1987, en la actualidad ya no lo tienen. Uno de los motivos
de la falta de financiación actual podría ser la pérdida de las propiedades,
único modo conocido de acceso al crédito (a través de una hipoteca). Esto
además se confirmaría con la nueva modalidad que se verifica en la actividad
agropecuaria, en donde hay un elevada suba de arrendatarios y de mucha mano de
obra agropecuaria dedicada a otras actividades no afines.
El
contenido de esta sección corresponde a una síntesis de opiniones de Gerentes
y Directivos de bancos y de asociaciones del sector agro que brindan
asesoramiento y financiamiento al sector agropecuario. Estos son algunas de los
puntos comentados. Las heridas que el año pasado se abrieron por el fin de la
convertibilidad fueron dramáticas para los productores agropecuarios y los
bancos. Mientras los primeros se quedaron sin financiamiento, entre otros
problemas, los segundos sufrieron la pesificación de sus préstamos concedidos
en dólares y trastornos como la falta de liquidez. Pero
la crisis también sirvió de marco para reflexionar sobre cómo hacer mejor
algunas cosas. Una de ellas es acerca de las condiciones en las cuales debe ser
evaluado y analizado el riesgo crediticio por más que aún el financiamiento no
se reanudó. En
este sentido, en los bancos se afianzó la idea de que el valor patrimonial de
las empresas agropecuarias no es el elemento decisivo para considerar en los
proyectos que presentan los productores. Desde
las entidades financieras dicen que la garantía física es un componente
adicional que tiene que ser estudiado juntamente con otros aspectos igualmente
importantes. El
factor clave es tratar de observar la viabilidad futura del plan del empresario
y cuál es el flujo de fondos vinculado a las actividades propias de su
explotación. No se trata de nuevas reglas. Es más, en los bancos sostienen que
siempre se buscó la viabilidad. De
todas modos el concepto que ahora interesa destacar es que el posible repago del
crédito no debe salir de las garantías reales que el cliente pueda presentar.
Por el contrario existe el convencimiento de que la devolución del dinero
prestado tiene que venir de las sustentabilidad y del manejo financiero que
surja del proyecto. Así
la “lupa” de los bancos parece detenerse en la capacidad del productor para
generar riqueza. Y esto es así porque además de no querer financiar proyectos
sin base sólida, en las entidades saben que su negocio no es quedarse con los
campos. “Es
necesario marchar hacia un cambio en los criterios de evaluación del riesgo
crediticio. El valor de la garantía es un elemento importante, pero no
suficiente; es indispensable analizar la viabilidad económica del proyecto a
financiar” dice Julio Martín, asesor del Directorio del Banco Nación en
temas agropecuarios y consultor privado. Para
el especialista, las entidades bancarias tendrán que poner a prueba indicadores
que permitan hacer un diagnóstico en el tiempo sobre la capacidad de repago del
proyecto. En
ese sentido Martín se inclina por aquellas evaluaciones que ayuden a tener una
visión amplia del emprendimiento que aparece como sujeto de crédito. “”Los
análisis de prefactibilidad y factibilidad económica, comercial y técnica de
los proyectos constituyen elementos fundamentales para considerar”, remarca. “Además
la estructura de costos y el flujo de fondos serán pilares principales en la
evaluación. Las variaciones climáticas de la zona en cuestión, las tasaciones
a valores técnicos de los bienes, y por supuesto, la estructura patrimonial
comprometida completarán una serie de datos a tener en cuenta en este proceso
evaluatorio”, agrega el asesor del Banco Nación. Como
se puede observar los criterios también apuntan a profesionalizar el proceso de
análisis de la misma entidad bancaria, que ahora debería estar más preparada
para atender la situación particular de los empresarios agropecuarios. Lamentablemente
no se pudo obtener información del Banco Provincia. Los directivos de la
entidad no respondieron los llamados realizados. Pablo
Bullrich, Gerente de Negocios Agropecuarios del Banco Río, coincide en que el
patrimonio no es el principal parámetro para estudiar antes de otorgar un crédito. “Además
de la capacidad de repago también consideramos el nivel de endeudamiento de la
empresa y el índice de cobertura que relaciona la generación operativa de
fondos con el servicio de deuda anual que se paga”, explica. Igualmente el
ejecutivo señala que se deben analizar otros aspectos como la antigüedad en el
negocio, el nivel de gerenciamiento, la capacidad comercial y técnica y hasta
la pertenencia a asociaciones como Aapresid y los grupos CREA. El
proceso de búsqueda de información se complementa con una visita al campo para
observar cómo trabaja el productor. Se trata de visualizar aquello que no
aparece en un papel donde se peticiona el crédito. “Entonces,
lo ideal sería considerar el proyecto, porque el patrimonio no es suficiente
como indicador de la capacidad de devolución. Lo importante es el flujo
financiero que maneja el productor” argumenta Ernesto Ambrosetti, economista
en jefe de la Sociedad Rural Argentina (SRA). Según
Ambrosetti, los bancos deberían centrarse en el análisis de todas las
actividades propias de la empresa del productor, y a partir de ahí incluir
aspectos como la cobertura del precio, el riesgo climático y hasta la
estacionalidad de los ingresos. “En
los Estados Unidos se sigue más de cerca la viabilidad del proyecto. Acá ese
concepto todavía no está bien desarrollado”, indica el experto de la Rural. Alfredo
Rodes, miembro del Consejo Directivo de la Confederación de Asociaciones
Rurales de Buenos Aires y La Pampa (Carbap), también está de acuerdo en que
los bancos deben mirar a las empresas según sus expectativas futuras y a la
capacidad de generar riquezas. “Hubo
un sistema bancario que no mantuvo una buena conjunción con la producción,
porque sólo privilegió lo financiero con altas tasas. Por eso todo el crédito
tiene que quedar sustentado sobre el flujo de fondos” describe. Mientras tanto
Gastón Bourdieu, Gerente de negocios Agropecuarios del Banco Galicia, sostiene
que es un error de concepto creer que los créditos se evalúan exclusivamente
desde lo patrimonial. “Qué hubiera pasado si los bancos sólo se detenían a
considerar la garantías ?”, pregunta, al mismo tiempo que afirma: “en
nuestro caso lo primero siempre fue considerar la viabilidad del proyecto”. Él
opina que la garantía es un accesorio más por estudiar y se inclina por dejar
en claro que el repago del crédito debe salir del mismo flujo de fondos de la
empresa. “Nuestro negocio no es quedarnos con los campos; sí que se pueda
cobrar el crédito. Por eso es bueno saber para qué se pide y por qué se le
concede, porque es un insumo más.” Otro
de los problemas que enfrenta la banca privada en materia de financiamiento agrícola
es la falta de información. Para las instituciones privadas el conocimiento del
pequeño agricultor como cliente resulta difícil debido a que este no posee
ninguna información contable o financiera histórica, o cualquier otro sistema
convencional de información que revele su calidad como cliente. Esta información
sólo es preparada cuando solicitan un crédito al sistema financiero. Esta
falta de información representa para el sector financiero bancario un alto
riesgo. Con
respecto al riesgo de incumplimiento, los mismos representantes de las entidades
financieras sostienen que el pequeño productor no se caracteriza por ser un
deudor moroso, debido en parte a que le preocupa perder sus pocos activos, ante
lo cual hace lo imposible para poder cumplir con sus obligaciones. Por
consiguiente, el pequeño productor, desde la perspectiva del sistema
financiero, muestra mayor disciplina que otros deudores y por lo tanto
representaría un buen mercado para el sector financiero. Sin
embargo debe considerarse que esta baja morosidad puede ser producto de
diferentes procesos de reestructuraciones de deudas (refinanciaciones). Existe
la opinión que en algunos casos los productores no cancelan sus deudas debido a
presiones derivadas de otros acreedores y porque en muchos casos están
esperando un alivio de sus deudas por malas políticas del gobierno. La cultura
de no pago por parte de lo prestamistas han surgido precisamente como resultado
de estos procesos. La
banca privada considera que un tipo de instrumento mediante el cual se concede
un subsidio que cubre parte de los costos operativos, podría ser un mecanismo
interesante por cuanto se eliminaría una de las principales barreras para que
el productor agropecuario tenga acceso al crédito. Sin embargo este instrumento
por sí sólo no es suficiente. Se requiere facilitar este acceso mediante una
legislación adecuada, y que cubra los principales puntos críticos del sector. 5)
Aspectos legales sobre la constitución de garantías Dado el elevado riesgo crediticio que presenta el sector,
parecería imposible pensar en otorgar financiación sin algún tipo de garantía,
más allá del análisis técnico, económico y comercial que puedan hacerse
sobre las empresas agropecuarias. El
poder de una garantía actúa de la misma manera en Estados Unidos, Europa o
Latinoamérica. Si bien no debe funcionar como un requisito excluyente para un
análisis crediticio, una mejor garantía produce tasas de interés más bajas,
períodos de pago más largos y sumas de crédito mayores con relación al
ingreso y flujo de caja del prestatario. El problema que surge para las pymes
del sector agropecuario latinoamericanas es que su entorno legal no permite que
muchos bienes puedan servir de garantía de créditos de manera económicamente
eficiente. Este límite para obtener créditos con garantías de bienes aumenta
directamente los costos del crédito. Típicamente
el sector del agro cuenta con bienes inmuebles (campos y propiedades) y algunos
muebles (maquinarias, producción, etc). Sin
embargo los prestamistas no aceptan en general garantías sobre otro tipo de
bienes que no sean propiedades y los pequeños y medianos productores a veces no
son ni siquiera propietarios de las tierras que explotan, o si poseen
propiedades lo más probable es que ya se encuentren hipotecadas, por lo que
comienza el problema de la escasez de garantías para el acceso al crédito. A
ello se le suman otros factores importantes. Por ejemplo, la ley no prevé una
manera simple y barata para constituir una garantía real contra un bien del
prestatario. Y los altos costos de los profesionales (abogados, escribanos)
llegan a veces a limitar completamente el uso de muchas de las figuras de
financiamiento con garantía. Además
el marco legal no establece claramente una graduación del rango de prioridad de
los diferentes acreedores contra los bienes de un deudor. Los acreedores con
diferentes contratos de garantías, y los acreedores con embargos o privilegios
especiales por ley, muchas veces litigian por años respecto a su prioridad de
cobro. Esta incertidumbre legal hace que bienes con alto valor de compraventa en
el mercado, se conviertan en bienes casi sin valor como garantías para los
prestamistas. Finalmente,
la ejecución de bienes en garantía de créditos es lenta y cara. Solamente la
toma de posesión de bienes en muchos países demora de dos a tres años, cuando
se supone que un juicio ejecutivo
no debería demorar más de un año. Los
prestamistas conocen que estos plazos exceden el tiempo previsto. Una
vez recuperada la posesión, la venta del bien en garantía requiere aun de más
procesos judiciales complicados. Al
fin de cuenta, esta leyes procesales colocan a la mayoría del producido de la
venta del bien en garantía en manos de tasadores, martilleros, abogados y
auxiliares judiciales. Aun
figuras de garantía real híbridas en jurisdicciones de Código Civil, como el
leasing, el fideicomiso financiero y la venta con retención del título de
propiedad, no alcanzan a resolver el problema de ejecución. Si bien pueden
ahorrar el proceso de venta judicial, no pueden evitar los pasos previos de
posesión de bien para disponer de él. Para
aquellas pocas pymes del agro afortunadas, cuyos dueños son propietarios de
bienes inmuebles, el entorno legal latinoamericano ofrece aun mayores
complicaciones. En
la mayoría de los países las figuras legales para bienes inmuebles no van más
allá de la hipoteca, que de por sí es una figura cara. Los costos de
constitución pueden hacer prohibitivo el uso de ella. En
general, todas la leyes hipotecarias en América Latina exigen que el bien
inmueble se encuentre titulado por el gobierno, aun cuando los ocupantes/dueños
no pueden obtener una hipoteca sobre su propiedad. Serían más apropiadas otras
figuras de garantías reales que puedan gravar en garantía bienes inmuebles sin
título de propiedad, o inmuebles que van a recibir título en el futuro, o
derechos de uso o usufructo. Sin embargo el marco legal no ha desarrollado estas
características más modernas sobre garantías reales. Todos
estas figuras descriptas arriba serían totalmente aceptables como garantía
para los prestamistas del sector financiero formal en Estados Unidos. Las
limitaciones que tienen los países de Latinoamérica al respecto es que
mientras las figuras de garantías normadas en la legislación parecerían
permitir todo esto, la operación económica de estas leyes no lo hace. No
importa que una ley de prenda permita que un productor agrícola pueda gravar
una prenda sobre un tractor si al mismo tiempo la ley establece un proceso de
prenda bajo el cual no se permite que el acreedor pueda recuperar el valor del
bien en caso de incumplimiento. En
la Argentina existe una larga lista de modificaciones de leyes (recientes) que
han pretendido proteger a tal punto al deudor que terminan por ser inútiles las
gestiones de los acreedores cuando pretenden recuperar los préstamos en mora en
instancias judiciales (cambio en la Ley de Concursos y quiebras, dilatación de
ejecuciones hipotecarias, etc). En
definitiva, los créditos adecuados para las pymes del agro requieren fondos del
sector privado. Los fondos del sector privado requieren de un entorno legal
moderno y confiable para las relaciones entre acreedores y deudores. Pero cuando
llega el momento de sancionar leyes, sólo el gobierno puede actuar. En
los últimos años ha surgido un interés renovado en los programas de garantías
como un mecanismo para ampliar el acceso a la financiación formal para las
pymes, (entre las que incluímos al pequeño y mediano productor agropecuario).
Casi no hay conferencia o reunión sobre las pymes, en cualquier país en
desarrollo, en la que no se escuche una letanía de quejas de los representantes
de la pequeña empresa o funcionarios públicos condenando la renuencia de la
mayoría de los bancos comerciales a otorgar préstamos a este sector. Es
más que evidente que el sector de las pymes es hoy ya considerado en toda las
economías nacionales e internacionales como un estrato económico esencial y un
parámetro de desarrollo del sistema económico actual. Una de sus fuerzas
principales es el sostenimiento y la generación del empleo. Aun
se sigue debatiendo si el colateral (garantía) o
la ausencia de una forma adecuada del mismo es el obstáculo que impide
el acceso al financiamiento bancario. Algunos
argumentos dicen que la baja rentabilidad que se deriva de los altos costos de
transacción son la principal causa de la escasez de créditos bancarios. No
cabe duda, sin embargo, que el temor a la siniestralidad y la insuficiencia de
garantías tradicionales en los préstamos a las pymes aparecen como elementos
importantes de las decisiones de los bancos de no otorgar créditos al sector. Existe
en la Argentina una limitada oferta de créditos destinados al agro. Tanto los
bancos oficiales como los privados han realizado algunos intentos para tratar de
cubrir los requerimientos del sector a partir de diversos tipos de garantías,
pero hasta ahora se han generado alternativas que por sus elevados costos
terminan por excluir (nuevamente) al pequeño y mediano productor agropecuario. No
existen en la actualidad a nivel nacional o provincial mecanismos de promoción
masivos que asesoren sobre otras alternativas vigentes. A
continuación mencionaremos algunos instrumentos que surgen como un reemplazo de
la forma tradicional de crédito, con los que se ha pretendido cubrir algunas
demandas, pero que aun deben mejorar mucho en cuanto a los costos y al
asesoramiento sobre las modalidades de uso y conveniencia de ellos. a)
Seguro agropecuario En
los últimos 10 años el número de Cooperativas y Mutuales en Seguros se redujo
de 55 a 35 y la proporción respecto al total de entidades aseguradoras disminuyó
del 22% al 14%. Las Sociedades Anónimas concentran más de las tres cuartas
partes de la producción total y las Cooperativas y Mutuales algo más del 20%. La
serie de la evolución de la Producción Trimestral desde 1987 tiene una clara
tendencia ascendente, con cifras record de producción en seguros de vida,
granizo, riesgos de trabajo y otros riesgos patrimoniales. Los demás ramos, sin
constituir valores máximos de las series, obtienen guarismos importantes que
permiten mantener con solidez el crecimiento del mercado. Los
seguros específicos para el sector agropecuario comprenden básicamente los de
granizo y los seguros multirriesgo, en los cuales se cubre además las
contingencias de inundación, lluvias en exceso e extemporáneas, vientos
fuertes, heladas y nevadas. De
este modo se puede proteger al productor ante eventuales siniestros que
provoquen la pérdida total o parcial de su producción y por ende de sus
ingresos. Este
tipo de garantía no está siendo muy usada porque no hay mecanismos de promoción
que informen sobre las características generales de los seguros agrícolas.
Tampoco existían estudios necesarios para valorizar el riesgo dependiendo de
cada cultivo, región o cada fenómeno climático. Finalmente
la sensación que tiene el sector es que el costo de esta herramienta es
elevado, considerando además que a la prima se le deben agregar impuestos y
gastos varios. b)
Fideicomisos El
fideicomiso permite aislar bienes, flujos de fondos, negocios, derechos, etc. En
un patrimonio independiente y separado con diferentes finalidades. Se
perfecciona a través de un contrato. Según
la Ley 24.441 habrá fideicomiso cuando una persona (fiduciante) transmita la
“propiedad fiduciaria” de bienes determinados a otra (fiduciario), que se
obliga a ejercerla en beneficio de quien se designe en el contrato
(beneficiario) y a transmitirlo al cumplimiento de un plazo o condición al
fiduciante o al beneficiario. El
aspecto distintivo del fideicomiso es la “propiedad fiduciaria” que es un
caso de propiedad imperfecta, pues está limitada en el tiempo y en su uso (sólo
para los fines establecidos). El
fiduciario, quien maneja los bienes, podrá ser cualquier persona o empresa en
el caso de fideicomisos privados. Deberá actuar con la prudencia y diligencia
del buen hombre de negocios sobre la base de la confianza depositada en él, en
defensa de los bienes fideicomitidos y los objetivos del fideicomiso. Los
bienes fideicomitidos, constituirán un patrimonio separado, quedando exentos de
la acción de los acreedores del fiduciario y del fiduciante. Las obligaciones
contraídas en la ejecución del fideicomiso sólo serán satisfechas con los
bienes fideicomitidos y si resultaran insuficientes para atender las
obligaciones del fideicomiso, se procederá a su liquidación, la cual estará a
cargo del fiduciario, quien deberá liquidar los bienes del fideicomiso, y el
producido deberá distribuirlo conforme al orden de privilegios establecido. La
quiebra del fiduciario no implica la del fideicomiso. Si se diera ese caso, la
intervención del juez permitiría nombrar un nuevo fiduciario y transmitirle
los bienes fideicomitidos. Si la quiebra es del fiduciante tampoco implica la
del fideicomiso. Si éste transmitió una casa, en el registro de la propiedad
esa casa figura como patrimonio fiduciario, aunque se aclara que la propiedad es
fiduciaria. La
ley diferencia claramente el fideicomiso financiero del ordinario. El financiero
tiene la capacidad de emitir títulos valores y su fiduciario debe ser una
entidad financiera o una persona jurídica autorizada por la Comisión Nacional
de Valores. Puede tener ofeta pública de sus títulos valores por lo que pueden
tener una cotización y un precio en el mercado financiero de forma tal que el público
pueda acceder a ellos. El fideicomiso ordinario es un contrato que puede
celebrarse entre particulares, sin la necesidad de intervención o autorización
de ningún tipo. Otro
uso que se hace del fideicomiso es el Fideicomiso de Garantía, por el cual los
bienes fideicomitidos sirven de garantía para una operación crediticia. Por
ejemplo, un deudor en vez de hacer una hipoteca al sacar un crédito, cede la
propiedad y en caso de que el deudor incurra en mora el fiduciario deberá
liquidar el bien en el mercado y el producido afectarlo al pago de la deuda y el
remanente al deudor. Si todo ocurre normalmente (o sea, el deudor no incurre en
mora), cuando se termina de honrar las obligaciones contraídas, se recupera el
pleno dominio sobre el bien. En el primer caso el fideicomiso actúa
sin recurrir a la justicia y ahorrándose los costos y tiempos asociados
al juicio ejecutivo, al remate y precio de venta del bien que este implica. Teniendo
en cuenta la cuasi ausencia de sistema financiero y la imposibilidad de las
empresas agro de conseguir financiamiento formal, se presenta como un mecanismo
alternativo para formalizar negocios. Sin embargo nos encontramos nuevamente con
la traba de los costos. Para
ver más concreta esta modalidad podemos mencionar a la Sociedad de bolsa del
Banco de la Nación Argentina (BNA) Nación Bursátil, quien lanzó muy
recientemente el primer fideicomiso de riesgo específico que se habilitó en el
país, destinado a facilitar el acceso a los mercados de capitales a pequeñas y
medianas empresas. El
objetivo anunciado es reconstruir el acceso al crédito de esos sectores y
ofrecer alternativas acordes con el marco jurídico postdefault, que minimicen
el riesgo inversor. La
sociedad bursátil también habilitó un programa de fideicomisos financieros
para fondear otros proyectos de inversión, y un servicio de asesoramiento
comercial para el agro, denominado Nación Cereales, a través de una Sociedad
de Garantías Recíprocas (SGR). c)
Sociedades de Garantías Recíprocas Son
sociedades constituidas con el objetivo principal de facilitar la gestión de créditos
que realicen los socios partícipes, brindándoles garantías y asesoramiento técnico,
económico y financiero. Los
sujetos de este instrumento podrán ser únicamente las personas físicas o jurídicas
que reúnan los requisitos para ser categorizadas como pequeñas y medianas
empresas, con necesidades de aval financiero o técnico para acceder al crédito
o participar en una licitación. Las
sociedades garantes son sociedades anónimas constituidas especialmente para
estos fines. Los socios protectores deben realizar aportes de capital social y
al fondo de riesgo. El
objeto es brindar garantías de mejor calidad que las que poseen las pymes para
posibilitar el acceso al crédito en condiciones favorables y brindar
asesoramiento integral. El
destino de los fondos del crédito garantizado es amplio: proyectos de inversión,
compra de activos fijos, etc. No obstante, algunas SGR no avalan operaciones de
descubierto ni refinanciación de pasivos. Hay
costos iniciales, de asociación y según la SRG un socio pyme deberá suscribir
acciones por valores mínimos de entre $ 1.000 y $ 2.000. A ello hay que
agregarle los costos de elaboración y evaluación de la carpeta de crédito.
Los costos financieros van entre un 2% y un 3% anual sobre el monto garantizado,
además de los intereses bancarios y comerciales que correspondan. Ventajas
para las pymes: -
Tienen acceso a
créditos, que sin el asesoramiento y la garantía de las SGR no podrían tener. -
El virtud de la
calidad de la garantía (preferida “A”) las tasas bancarias cobradas por
esta operatoria son cercanas a las que pueden lograr grandes empresas. -
Análisis del
acreedor más dinámico para atorgar crédito. -
La contragarantía
que la da pyme cubre entre el 50% y el 100% de la garantía otorgada por la SGR,
que sería menor a lo que suelen solicitar los bancos, que va del 140% al 200%. -
Mejora la
competitividad por la disminución del costo financiero y también, por el
asesoramiento profesional en áreas económicas y técnicas. Limitaciones
para las pymes: Debido a los costos iniciales y para que el costo
financiero sea conveniente, la utilización de este sistema de garantías es
recomendable sólo para pymes que tengas las siguientes características: -
Que el monto del
crédito a solicitar sea mayor a los $ 50.000 -
Que estimen
financiarse frecuentemente con esta opción -
Que cuenten con
una mínima estructura profesionalizada que permita preparar la correspondiente
carpeta de crédito. No
es recomendable para microemprendimiento, créditos de corto plazo o por uso
infrecuente o único. d)
Aceptaciones bancarias Se
trata de un mecanismo de financiación de corto y mediano plazo que estuvo
vigente hasta principios de los ’80. Tuvo gran difusión a partir de 1972-75
cuando se creó el mercado de aceptaciones bancarias con tasa de interés libre.
En aquellos tiempos era una alternativa para escaparle a la regulación de tasas
máximas para depósitos a plazo fijo fijadas por el BCRA. Luego este mecanismo
cayó en desuso ante las múltiples alternativas crediticias que aparecieron en
los años ’90. En
la actual situación económica y financiera del país, las empresas necesitadas
de financiamiento operativo no logran conseguirlo en los bancos ante la ausencia
total de créditos y los ahorristas con posibilidad de invertir su dinero en
busca de un rendimiento, no lo hacen en las entidades financieras por la fuerte
desconfianza hacia el sistema bancario, que aun perdura. Este escenario hace
posible el resurgimiento de las aceptaciones bancarias como alternativa para
financiar capital de trabajo a empresas. Origen
y funcionamiento: las aceptaciones bancarias se originan en operaciones de
comercio exterior que involucran venta a crédito. Surge la necesidad del
exportador de hacerse de efectivo antes del vencimiento del plazo o crédito que
ha concedido al importador. Cuando esto ocurre, una de las alternativas que
tienen el vendedor es negociar el título de crédito que documenta la venta con
su banco. De esta forma el banco acredita fondos al vendedor, ya sea con
recursos propios o que obtiene en el mercado secundario de aceptaciones
bancarias, recuperando la entidad el crédito al exportador con el pago del
importador, y en el caso de que los recursos provengan del mercado secundario,
la entidad financiera avala el pago del documento. En
el caso del financiamiento a empresas en base a operaciones en el mercado local,
el mecanismo comienza cuando una empresa tiene una necesidad concreta de fondos.
La demanda se materializa en la entidad bancaria, quien tratará de captar
ahorros de particulares que tienen disponibilidad de efectivo. Cuando el banco
logra juntar a los inversionistas, la empresa emitirá una letra de cambio a
favor de los mismos, que será amortizada en un plazo y en una tasa de interés
establecida. Los
bancos se limitan a intermediar entre los oferentes y demandantes de dinero, por
la certificación de las letra de cambio, por la evaluación de la capacidad de
repago de la empresa y por establecer la tasa de descuento a la que se hará la
transacción, cobrando una comisión por prestar dicho servicio. A diferencia de
las operaciones de exportación, en ésta última no existe aval por parte de la
entidad bancaria. Características: Plazos
de pago: 30, 60 y 90 días, hasta un máximo de un año. Interés:
las aceptaciones bancarias están íntimamente relacionadas a los proyectos de
las empresas, por tal motivo su rendimiento se basa en el descuento que se
aplique al momento de la negociación, no generan intereses y la ganancia se
basa en el diferencial entre el precio pagado por la compra de la aceptación y
el monto de la cancelación de la misma. Garantía:
el patrimonio de las empresas que las emiten. Como cualquier instrumento de
deuda, representan un compromiso por parte del emisor, en el que se obliga a
restituir un monto determinado en una fecha de vencimiento dada. El banco no
ofrece ninguna garantía bancaria por lo que es importante la evaluación de
riesgo que realiza la entidad financiera sobre el emisor. Las
aceptaciones bancarias pueden ser una de las alternativas de financiación de
capital de trabajo que podrán disponer las empresas en el corto plazo.
Seguramente el proceso se iniciará con las empresas de primera línea, ya que
es probable que los ahorristas prefieran invertir inicialmente en empresas con
mayor renombre comercial y trayectoria, por lo que por ahora no parece ser una
opción para el productor agropecuario mediano o pequeño. Para
la Argentina el desarrollo agropecuario y agroindustrial constituye uno de los
pilares que nos pueden posicionar con más fuerza frente al resto de las
naciones globalizadas y que puede constituir el disparador natural para el
desarrollo de la Argentina. Pero
la falta de un proyecto agropecuario conjunto entre los sectores privados y públicos
ha provocado innumerables consecuencias. En
la Revista Línea (dedicada a los problemas del agro), se puede leer: “Es
desde hace tiempo que sostenemos que el campo soporta una situación económica
y social intolerable y que, durante la última década, expulsó productores,
torturó psicológicamente a los integrantes de la familia rural, destruyó
empresas y vulneró la autoestima de infinidad de mujeres y hombres del campo,
quienes, endeudados y sin alternativas, fueron obligados a salir del circuito
productivo, en muchos casos aceptando con culpa su propio exilio” (..)”Así
llegamos a 1997, en que las ejecuciones por deudas alcanzaban niveles
alarmantes en el agro. Desde la Pampa, con el rosario en la mano y las estrofas
del Himno Nacional en sus labios, las integrantes del Movimiento Nacional de
Mujeres Agropecuarias en Lucha impedían los remates de los campos y de las
chacras. Y mientras que la desaparición de productores aumentaba en progresión
geométrica, aquellos predicadores del modelo decían que para revertir la
situación, ahora había que dedicarse a producir los denominados
"especialitis". Así fue como, siguiendo estas recomendaciones algunos
comenzaron a producir ranas, iguanas, camarones, ciervos y ñandúes,
alternativas que no contribuyeron a solucionar los problemas de rentabilidad de
la agricultura y de la ganadería” (..)”Es en este contexto de injusticia
manifiesta que el tejido social del interior se resquebraja, porque los
productores agropecuarios y los integrantes de las comunidades que dependen del
campo sufren el desarraigo, la desaparición de su cultura y de lo que saben
hacer. Expulsados de las explotaciones, ellos y sus dependientes, desde la
pobreza creciente en los suburbios de las grandes ciudades, resultan víctimas
de la degradación social y cultural del asistencialismo y el clientelismo político,
que les acerca planes trabajar para desactivar los piquetes de la desocupación
y la marginalidad, o colchones y comida a cambio de votos. Los
dichos aquí volcados tienen muchas connotaciones políticas que no nos interesa
comentar, pero rescatamos aquellos que hacen mención a la realidad del sector y
al enojo que ello provoca: la pérdida de tierras, el desempleo, la marginación.
Y en definitiva son todas consecuencias de una misma causa: falta de proyecto
agropecuario nacional que trascienda lo técnico y lo económico. El
tema abordado en este trabajo presenta varios aspectos o varias consecuencias
que van de lo macroecómico y social a lo microeconómico y financiero Si
bien surgió desde un enfoque financiero se ha podido comprobar que tiene
alcances mucho mayores y es por ello que es un tema de debate vigente a nivel
mundial. En
Los países del primer mundo se plantean si continuar o no con los subsidios, ya
que se han convertido en un sistema ineficiente. Mientras que en los países
latinoamericanos seguimos discutiendo sobre las responsabilidades por la falta
de crédito o por la falta de adecuadas políticas de gobierno. En
primer lugar se pueden observar importantes consecuencias a nivel demográfico
por el avance de la tecnología y la brecha de recursos entre pequeños/medianos
productores y grandes empresas del agro. Los
condicionantes naturales fueron superados por la disposición y uso de la
tecnología. Si bien estos avances permiten la expansión poblacional en
espacios otrora inhabitables, no siempre parecen ser tan ventajosos. Los
adelantos tecnológicos han modificado sensiblemente las características de
atracción de población de la agricultura que existieron en algún momento.
El
agotamiento de los suelos y la tecnología han provocado fenómenos de expulsión
de mano de obra. Pero sin contrapartida de la demanda de trabajadores en otras
áreas (urbanas, por ejemplo), se genera un alto grado de marginalidad porque
aparece el desempleo y las migraciones hacia las grandes ciudades, creando
cordones de villas de emergencia, dado que son poblaciones con limitados
recursos y limitada capacitación, por lo que no se adaptan fácilmente a la
demanda laboral de las grandes urbes. La
tecnología debe ir acompañada de políticas proteccionistas y de desarrollo
para quienes se han desempeñado desde siempre en la actividad agropecuaria. Para
adaptarse a nuevas tecnologías es necesario la capacitación, pero para ello
también se necesitan recursos. De lo contrario la tecnol | |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||