Monografias | Detección temprana y prevención del VIH Sida en la mujer embarazada y de la transmisión vertical Una realidad para afrontar desde la atención ginecológica y obstétrica de la mujer de hoyDetección temprana y prevención del VIH Sida en la mujer embarazada y de la transmisión vertical Una realidad para afrontar desde la atención ginecológica y obstétrica de la mujer de hoyResumen: Una realidad para afrontar desde la atención ginecológica y obstétrica de la mujer de hoy. Un hecho a nivel nacional e internacional es el incremento significativo de VIH SIDA en la mujer y por tanto de la transmisión vertical. Existen una serie de factores biológicos y psicosociales que han hecho vulnerable a la mujer para adquirir el VIH SIDA. Entre los factores psicosociales no cabe duda que las diferencias de género y la educación sexista es uno de los factores que mayor incidencia tienen en la exposición de la salud sexual de la mujer. Una meta importante a lograr es que las mujeres en edades fértiles no adquieran el VIH y no se embaracen sin haberlo planeado. En su defecto será posible prevenir la transmisión vertical si las mujeres tuvieran acceso a la aplicación de pruebas para VIH y a los tratamientos anti VIH, en caso de ser positivas para VIH. RESUMEN
Un hecho
a nivel nacional e internacional es el incremento significativo de VIH SIDA en
la mujer y por tanto de la transmisión vertical. Existen una serie de factores
biológicos y psicosociales que han hecho vulnerable a la mujer para adquirir el
VIH SIDA. Entre los factores psicosociales no cabe duda que las diferencias de género
y la educación sexista es uno de los factores que mayor incidencia tienen en la
exposición de la salud sexual de la mujer. Una meta importante a lograr es que
las mujeres en edades fértiles no adquieran el VIH y no se embaracen sin
haberlo planeado. En su defecto será posible prevenir la transmisión vertical
si las mujeres tuvieran acceso a la aplicación de pruebas para VIH y a los
tratamientos anti VIH, en caso de ser positivas para VIH. Los estudios muestran
que los tratamientos anti VIH para la mujer embarazada y el bebé son muy
efectivos en la reducción de la transmisión vertical, esto acompañado de
parto por cesárea y sustitución de leche materna por otra alimentación. Esto
ahorraría vidas y dinero. Sin embargo poco es lo que se hace. Se propone que
toda mujer embarazada o que piense embarazarse sea motivada por su ginecobstetra
para hacerse la prueba VIH SIDA, esto permitiría una detección temprana y por
tanto un tratamiento oportuno para evitar la transmisión vertical. Aunque
oficialmente esto se supone parte del protocolo de atención, aún no es una
realidad, el cuerpo médico no lo ha incorporado en su "protocolo cultural
y profesional". Se requiere un mayor esfuerzo para lograr la aplicación
voluntaria de la prueba para VIH en la población de mujeres embarazadas y
garantizar el adecuado tratamiento a las mujeres que sean identificadas como
convivientes con el VIH.
Introducción
Dos
tendencias claramente previstas en el patrón de transmisión del VIH SIDA para
la década del 2000 que están afectando significativamente la población
femenina son: en primer lugar, el incremento de la proporción mujer-hombre en
la población afectada por el VIH SIDA, y en segundo lugar, el aumento de la
transmisión del VIH madre-hijo (transmisión vertical).
La
incidencia de VIH SIDA en la población femenina ha ido en aumento desde 1989
para el caso de Colombia. A finales de la década de los ochenta la proporción
de infección hombre–mujer era 10:1. Entre 1990 y 1997, la relación hombre:
mujer fluctuó entre 7:1 y 5:1, disminuyendo a 3.7:1 en el año de 1998. A nivel
nacional, las tasas de incidencia por sexo para 1998, muestran para el VIH una
relación mujer : hombre de 0.94:3.09 y para SIDA de 0.39:1.95 (MINSALUD y
ONUSIDA, 1999). Estudios recientes descritos en el reporte mundial de ONUSIDA
indican que las mujeres ocupan el 44% del número de personas convivientes en
todo el mundo. (ONUSIDA, 2001). Como consecuencia del incremento de VIH SIDA en
la población femenina con edad fértil se ha incrementado por tanto la infección
vertical de la madre al hijo y como consecuencia de ello ha aumentado la
incidencia del VIH SIDA en la población infantil.
Se
estima que más de 2 mil infantes se infectan con VIH cada día en todo el mundo
(ONUSIDA, 2001). En el 2001 5 millones de personas se infectaron con el VIH,
800.000 fueron niños (16%). Algunos estudios anotan que alrededor del 85% de
infantes y niños VIH+ han adquirido la infección intrauterinamente, por
transmisión vertical ya sea en la fase temprana del embarazo o en el periodo
prenatal (López y Levy, 1997). Como lo anota el MINSALUD y ONUSIDA Colombia
(1999) la vulnerabilidad del grupo infantil se relaciona, entre otros aspectos,
con los siguientes factores: el incremento en la tasa de infección por VIH en
mujeres en edad reproductiva, la carencia de programas de tamizaje para VIH en
mujeres gestantes y la oferta y acceso de intervenciones terapéuticas a las
mujeres embarazadas VIH +. Estos datos explican la razón por la cual la
transmisión vertical se ha convertido en objeto primordial en la prevención
del VIH SIDA.
Según
UNAIDS (1998) para 1997 en los países en vía de desarrollo, como el nuestro,
entre un 25 y 35% de los hijos de mujeres VIH+ nacieron con VIH. Se calcula que,
la probabilidad para que una mujer, que no haya recibido tratamiento alguno,
transmita el VIH a su hijo, oscila entre el 16 al 40%, estos porcentajes varían
de una región a otra y se incrementan por su puesto en los países
subdesarrollados.
Desde el
punto de vista biológico se ha identificado que la probabilidad de infección
de una madre infectada con VIH a su hijo está en función de varios factores clínicos:
1.
Presencia o no de sintomatología clínica en la mujer VIH +.
2.
La tasa de linfocito en CD4+.
3.
Presencia / ausencia de viremia importante en la madre.
La
transmisión vertical o prenatal del VIH puede ocurrir durante el embarazo, el
parto o por medio de la leche materna en el amamantamiento. Esta transmisión es
prevenible si se detecta a tiempo la presencia del VIH en la madre, si la madre
y el/la bebé son sometidos oportunamente a tratamiento con drogas anti VIH y si
se suspende el amamantamiento, siempre y cuando se garantice el acceso a
sustitutos de la leche materna para el /la bebé.
Sin
embargo, este es un gran problema para las comunidades pobres, que conforman una
gran mayoría en los países subdesarrollados como el nuestro. Una buena parte
de las mujeres embarazadas escasamente tienen acceso a los servicios de salud en
su gestación, no tienen acceso a la prueba para VIH SIDA, al suministro de
drogas antiretrovirales y no tienen como solventar tampoco los costos de una
sustitución de la leche materna por otras fórmulas de alimentación.
Diferentes
estudios han demostrado una disminución significativa de la transmisión
vertical del VIH SIDA al suministrar antiretrovirales (Ej: AZT) combinado con
tratamiento para la enfermedad a la madre y al bebé, asociado con parto por cesárea
y sustitución de leche materna. Incluso se ha demostrado que tratamientos
abreviados, y por tanto menos complicados y más económicos, son eficaces para
reducir la transmisión vertical del VIH (Wade Birkhead y Warren, 1998; CDC,
1998; Shaffer et al, 1999). En Reino Unido y en USA se reportan reducción de
transmisión vertical de 20% a un 5% y de un 25.5% a 8.3% respectivamente, esto
como consecuencia de la introducción de tratamientos anti VIH (Nicoll y
Peckerman, 1999; PAN et al, 2000)
Si se
logra que la comunidad en general e incluso la comunidad médica manejen esta
información seguramente se logrará una disminución sustantiva en la transmisión
vertical del VIH SIDA. Porque incluso en poblaciones con posibilidad económica
se deja de ofrecer las alternativas anteriormente identificadas por
desconocimiento de los profesionales de la salud y de los/las usuarios del
sistema de salud.
Existen
factores biológicos y psicosociales que hacen vulnerable a la mujer para
adquirir el VIH SIDA. Biológicamente se estima que la posibilidad de transmisión
del Hombre a la mujer es 8 veces mayor que de la mujer al hombre. El área
genital expuesta en la mujer es mayor que en el hombre, el semen es el líquido
corporal de mayor concentración de VIH, el epitelio vaginal es más vulnerable
a las infecciones que el del pene y en él epitelio vaginal el VIH puede tener
mayor tiempo de vida que en el pene en razón a la posibilidad de asepsia
postcoital.
La
transmisión vertical del VIH SIDA se ha incrementado también debido a la
interacción de diversos factores de índole social y comportamental que están
íntimamente relacionados con las prácticas de salud sexual de la población y
la presencia o ausencia de políticas efectivas de prevención y salud sexual,
especialmente para con la población femenina.
Las
comunidades empobrecidas se exponen más en la medida que no hay presencia
suficiente del estado, existe poco o nulo beneficio de las políticas públicas
de salud, la población femenina no es objeto de procesos sistemáticos de
prevención en VIH SIDA y salud sexual, el limitado acceso a servicios para
prueba de VIH SIDA, tratamiento con antiretrovirales (Ej: AZT) y a un buen
sistema de atención materno infantil.
No hay
duda que los factores que más exponen la salud sexual de la mujer son los
psicosociales, especialmente los relacionados con la perspectiva de género. La
evolución de la epidemia y la incidencia de conductas de riesgo para VIH SIDA
están mediadas por los roles de género, es decir por las expectativas
socioculturales (por tanto arbitrarias) que se tienen respecto a como pensar,
sentir y actuar en función del sexo. Nuestra cultura ha condicionado
socialmente a hombres y mujeres para que vivan la sexualidad en forma opuesta e
inequitativa. La diferencia de los sexos se ha usado socialmente como pretexto
para justificar la desigualdad en la sexualidad entre hombres y mujeres. Estas
diferencias de género han afectado la salud sexual de ambos sexos, pero en
forma particular la de las mujeres.
La mujer
ha sido educada con una serie de creencias, actitudes, estereotipos, valores y
prejuicios relacionados con los roles de género que le predisponen individual y
colectivamente a tener comportamientos y estilos de vida que exponen su salud
sexual, especialmente para VIH SIDA y embarazos no planeados. Tal como lo
plantea Mabel Bianco (1998) la actitud pasiva que en general se espera de la
mujer impide la expresión abierta de sus deseos y necesidades sexuales, así
como el ejercicio del poder y la decisión de cómo, cuándo y con quien tener
relaciones sexuales, lo cual crea una situación de subordinación que dificulta
la prevención del VIH/SIDA y la negación del sexo seguro. Muy probablemente
una buena parte de las mujeres que están adquiriendo el VIH/SIDA son casadas,
monógamas, con pareja estable y no refieren más de 1 ó 2 parejas sexuales en
su vida.
Los
hombres se inician coitalmente a edades más tempranas y en mayor proporción
que las mujeres, los hombres inician coitalmente en menor proporción con el
noviazgo que las mujeres, los hombres tienen un promedio mayor de parejas
coitales que las mujeres, las mujeres por lo general tienen relaciones coitales
con una pareja regular (noviazgo o matrimonio), las mujeres se relacionan con
hombres mayores que por supuesto han tenido más parejas y contactos coitales,
los hombres tienen un promedio mayor de parejas coitales ocasionales que las
mujeres y usan "poco o medianamente" el condón, generalmente lo hacen
cuando hay necesidad de prevenir el embarazo. Las mujeres no consideran que
deban protegerse para VIH SIDA con su pareja regular (noviazgo o matrimonio)
porque tiene poca percepción de riesgo, suponen que por ser "una relación
estable" y por aquello del "amor" entonces no se exponen para VIH
SIDA, siendo que realmente si lo están. Esto los hace vulnerables a adquirir el
VIH SIDA y es un factor que requiere concientización urgente tanto en mujeres
como en hombres.
No cabe
duda que la prevención de la transmisión vertical de VIH SIDA tiene una gran
relación con las posibilidades para regular la fecundidad, ejercer la
planificación familiar y la perspectiva de género. Tal como lo plantean los
derechos sexuales y reproductivos la mujer tiene derecho a una sexualidad
placentera independientemente de la reproducción, a usar contraceptivos, tiene
derecho a una maternidad libre por propia elección y tiene derecho a servicios
de salud de calidad que faciliten el cuidado integral de la gestación, el
parto, el post parto y la crianza (Londoño, 1996)
Los códigos
sexistas regulan gran parte de la poca, nula o ineficiente protección en la
fecundidad de la mujer. Una gran parte de nuestras mujeres se embarazan sin
planearlo, muchas mujeres aún no tienen acceso ni control a formas efectivas de
regulación de la fecundidad.
Esto es
el reflejo de una inequidad de género. Las mujeres aún siguen siendo criadas
para ser madres y cuidadoras exclusivas de la familia. Los hombres aún no
tienen suficiente conciencia de la importancia de la regulación de la
fecundidad y de la planificación familiar, especialmente de la forma como está
afectaría y beneficiaría la salud general y sexual de la mujer, el bienestar
de la familia y las ganancias sociales que esta tendría.
Hay una
urgente necesidad de desarrollar procesos de promoción de salud sexual, con,
desde y para las mujeres. Se hace necesario promover y posesionar en la población
femenina conceptos como los siguientes: "La salud sexual es un
derecho", "La mujer tiene derechos sexuales y reproductivos",
"Proteger la salud sexual es un derecho", "Negarse a conductas
sexuales de riesgo es un derecho", "Cómo mujer tengo derecho
autoafirmarme", "Como mujer puedo mejorar mi vida sexual",
"Juntas podemos mejorar y controlar nuestra salud sexual", "Es
importante cambiar", "Cambiar no será fácil, pero será positivo
para nuestra salud sexual y la de nuestra familia", "Es posible
cambiar las condiciones que oprimen nuestra salud sexual", "Para que
los hombres cambien será necesario que las mujeres cambiemos",
"Exponemos nuestra salud sexual si lo permitimos". (Romero, 2001)
Una meta
clave en la prevención de la transmisión vertical del VIH SIDA es lograr que
las mujeres en edades fértiles no adquieran el VIH y no se embaracen sin
haberlo planeado; en su defecto si se adquiere el VIH, entonces queda la
alternativa de prevenir un embarazo, pero si se embarazan siendo VIH+ la opción
será incrementar el acceso a tratamientos con antiretrovirales para reducir las
posibilidades de transmisión vertical.
Un
objetivo clave de prevención con las mujeres que se embarazan, conozcan o no su
estado de seropositividad para VIH SIDA, será la regularización de la prueba
de VIH como parte de la atención médica en el embarazo, ya que en caso de
detectarse seropositividad para VIH, habría muchas posibilidades de prevenir la
transmisión vertical.
La
atención gineco-obstétrica juega un papel importantísimo en la detección,
prevención y atención de la transmisión vertical del VIH SIDA. En la práctica
es insuficiente lo que se hace, mucho sería lo que podría hacerse desde el
sistema de salud en este sentido.
En los
sondeos realizados en el 1er Congreso Costeño de Ginecología y Obstetricia
(Santa Marta, 2002) y el XXIII Congreso Colombiano de Obstetricia y Ginecología
(Cartagena 2002) se encontró que el 72% y 60.3%, de los y las profesionales
encuestadas no incluían la prueba para VIH SIDA en la mujer embarazada,
aduciendo argumentos como los siguientes: "Es costosa", "Hay que
pedir consentimiento", "No hay donde hacerla con facilidad",
"No hace parte del protocolo de atención aún", "Dependiendo de
la mujer la aplicaría", etc. (Romero, 2001 y 2002) La comunidad médica
general y especializada aún no tiene conciencia de la importancia que tiene
incluir dentro del protocolo de atención la consejería para motivar la
aplicación voluntaria de la prueba para VIH SIDA y el ofrecimiento de las
atenciones subsecuentes a la mujer embarazada portadora del VIH.
Aunque
la prevención y detección temprana de VIH SIDA en las mujeres embarazadas
salvaría vidas y ahorraría dinero, el sistema de salud no reacciona aún ante
está realidad de la mujer y la niñez. Si tan sólo se lograra que las mujeres
que piensan embarazarse o están en embarazo fuesen motivadas para aplicarse la
prueba de VIH SIDA muy seguramente se lograría una reducción significativa en
la transmisión vertical del VIH SIDA y en la incidencia del VIH SIDA en la
población femenina, tal como lo han demostrado los estudios en otros países.
La
consejería para la prueba voluntaria de VIH en mujeres embarazadas es un
componente clave para reducir la transmisión vertical (Cautoux y Sambie, 1999).
Un estudio norteamericano mostró que una buena parte de las mujeres en embarazo
no se aplican la prueba porque "no ha recibido la recomendación del médico
gineco-obstetra" y "porque no consideran haber estado en riesgo para
VIH/SIDA". Los estudios también indican que cuando las usuarias perciben
la importancia de la prueba para VIH/SIDA en el médico ginecólogo y son
motivadas en consejería para prueba voluntaria se incrementan el porcentaje de
pruebas para VIH en las usuarias embarazadas hasta un 92.8% (Royce et al 1997).
Un programa de entrenamiento en VIH y consejería con mujeres embarazadas a un
grupo e enfermeras mostró efectividad en la aplicación voluntaria de la prueba
para VIH en el 96% en contra de un 48% de mujeres que recibieron asistencia con
enfermeras no entrenadas (García y Grimes, 2000). Esto destaca el valioso papel
que juega la intervención gineco-obstétrica en este sentido.
Una
comprensión de parte de los y las especialistas de la Ginecología y la
Obstetricia respecto a los factores psicosociales relacionados con la problemática
en VIH SIDA, especialmente con la transmisión vertical y el VIH SIDA en las
mujeres, será de mucho apoyo para reestructurar la intervención médica
ginecológica y obstetra en atención, prevención o promoción de la salud
sexual y reproductiva (Especialmente en la prevención de la transmisión
vertical del VIH SIDA).
Hay que
hacer más esfuerzos para lograr que la promoción de la prueba voluntaria para
VIH sea parte de las políticas y protocolos de atención gineco-obstétrica a
todas las mujeres embarazadas y en quienes tienen proyectado embarazarse. El
Colegio Americano de Obstetricia y Ginecología ha promovido una campaña para
que sus 40.000 afiliados incluyan la prueba para VIH/SIDA como parte de atención
a la mujer embarazada. Incluso la American Academy of Pediatrics y la American
Collage of Obstetricians and Ginecologist han señalado una responsabilidad
medica y legal para el médico que no haga por evitar que un recién nacido
adquiera el VIH (Stagg, 2000).
En
Colombia y en América Latina hace falta que las sociedades de Ginecología y
Obstetricia también lo hagan. Quien mejor que estas sociedades para promover
una actitud y una práctica médica a favor de la inclusión de la prueba de VIH
SIDA en la atención de toda mujer embarazada o que pretende embarazarse. El
estado también le corresponde hacer lo suyo frente a este reto.
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LEONARDO
ROMERO S.
Normalista
Escuela Normal de Barranquilla, Colombia
Psicólogo
egresado de la Universidad del Norte.
Codirector
del CAC, Centro de Asesoría y Consultoría.
Tallerista
y Ponente en diferentes eventos nacionales e internacionales.
Miembro
Titular de la Sociedad Colombiana de Sexología.
Miembro de la WAS, Word Association for Sexology.
Autor
del libro "Elementos de Sexualidad y Educación Sexual".
Docente
invitado en diferentes Universidades de Colombia, México y Ecuador.
Secretario
de la Sociedad Colombiana de Sexología (2001-2003)
Secretario
de la FLASSES, Federación Latinoamericana de Sociedades de Sexología y Educación
Sexual (2002-2006)
Autor:
CAC,
Leonardo Romero S.
Publicación enviada por CAC, Leonardo Romero S. Contactar mailto:cac1@tutopia.com Código ISPN de la Publicación EpyFlEAAFyBmjXmzxJ Publicado Wednesday 17 de September de 2003 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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