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Magia y Religión: Sarcasmo y folklore en Europa
Resumen: Escrito en el que resumo las fiestas y tradiciones europeas, entre los siglos XVI y XIX, con motivo del carnaval y pentecostés, así como otras, no menos importantes, que llamaban expulsión de la muerte y traída del verano, además de batallas entre el verano y el invierno.
Publicación enviada por Rafael Gonzalo Jiménez
Escrito en el que resumo las fiestas y tradiciones europeas, entre los siglos XVI y XIX, con motivo del carnaval y pentecostés, así como otras, no menos importantes, que llamaban expulsión de la muerte y traída del verano, además de batallas entre el verano y el invierno.
Me refiero también a Rusia, y termino con ritos análogos en la India.
Aunque el título hace alusión a que en todas estas fiestas ya no se asesina a nadie, excepto a uno por error, en realidad son burlescas sólo las fiestas de carnaval, y las restantes a lo sumo son folclóricas. Siendo aún muy mágicas las que traen el verano, que en realidad es la primavera, y las que expulsan a la muerte.
Magia y religión
XXXVIII. - Sarcasmo y folklore en Europa
Sabemos que magia y religión nacieron en el neolítico, cuando el hombre se admiraba, pero no comprendía los fenómenos de la naturaleza, muriendo todo en invierno, y renaciendo en primavera. Con fases cambiantes en el sol, y sobre todo en la luna. Magia fue en estos tiempos imitar a la naturaleza, para ayudarla a renacer. Religión creer que todo era un dios distinto, y que todo poseía espíritu. Si en las sociedades preneolíticas los dioses occisos eran animales, en las neolíticas fue el grano de siembra o la simiente de árbol, que morían en invierno y resucitaban en primavera; y después vino el culto al árbol, que ya hemos estudiado.
Como en Europa, a partir del s. XVI, fue poco a poco surgiendo lo que hoy llamamos cultura y ciencia, que es una explicación más racional de la naturaleza; y como por otra parte en el cristianismo lo único que resucita es Cristo, del XVI al XVIII surgieron una serie de ritos que ya no son crédulos, sino más bien sarcásticos, pero que se festejan a medio camino entre la creencia y la ciencia.
El Carnaval se festejaba ya desde la Edad Media, como desahogo enfrentado a la austera Cuaresma. Pero en estos siglos adquirió más bien un significado burlesco, y en Frosinone, por ejemplo, el martes de carnaval era la fiesta de la Radica, con un muñeco de yeso de tres metros de altura, y cara rubicunda y sonriente, sentado en una carroza:enormes botas, casco de hojalata, túnica de muchos colores, con la mano izquierda apoyada en el sillón, y saludando con la derecha. Rodeado de una multitud que portaba una raíz (radica), una hoja de áloe o pita, una col grande, o al menos un manojo de hierbas trenzadas. En la subprefectura la procesión era recibida oficialmente, y tras los homenajes de rigor el himno del Carnaval animaba a que todos los presentes se arrojaran lo que llevaban en la mano. Después continuaba la procesión, pero esta vez también con otra carreta con toneles de vino, y policías que lo servían. Por lo que ya bastante ébrios, la procesión terminaba quemando al Carnaval sobre un montón de leña, cuyo fuego se avivaba con las radicas que quedaban.
En los Abruzos cuatro enterradores con pipa en boca y botellas de vino llevaban un muñeco que simbolizaba al Carnaval, a cuyo frente marchaba su esposa, vestida de luto y deshecha en lágrimas. De vez en cuando la comitiva se detenía, la esposa perorando y los enterradores bebiendo vino. Hasta que quemaban también al Carnaval en la plaza, entre redobles de tambores y aullidos humanos.
En España aún se celebra el Entierro de la Sardina, pero hasta finales del s. XIX fue más típico el carnaval de Lérida, con tres días de jolgorio en honor de Su Gracia Pau Pi, llevado también en carroza, que de triunfal se convertía en fúnebre cuando Su Gracia moría. Tres días, pues, de carnaval con Su Gracia triunfante, y un día de luto con Su Gracia difunto, acompañado éste por estudiantes vestidos de sacerdotes y obispos, llevando grandes cirios encendidos y cantando responsos; más toda una multitud de máscaras enlutadas con crespones, e incluso jinetes con antorchas encendidas. Así caminaba la procesión por las principales calles, desde cuyos balcones era vista también con antifaces y disfraces, sin que faltaran marchas militares. Hasta que se llegaba a la plaza principal, se rezaba una oración burlesca a Su Gracia, se apagaban las luces, y unos cuantos vestidos de demonios se apoderaban del ya difunto Pau Pi, perseguidos por el gentío:naturalmente siempre se alcanzaba a los demonios, era rescatado el cadáver, y se enterraba en una fosa preparada al efecto.
En Provenza la efigie carnavalesca era Caramantrán, burlescamente ataviada, también en carroza, o porteada a hombros, acompañada de un gentío con trajes grotescos, y llevando todos calabazas con vino. Presidían la procesión jueces y abogados disfrazados, y un alto y flaco personaje caracterizado de Cuaresma. Los jóvenes seguían montados en rocines, y vestidos de luto. En la plaza principal de juzgaba a Caramantrán, al que se sentenciaba siempre a muerte, entre las lamentaciones de la gente. Tras un ritual que no describo, Caramandrán era despeñado, y el mar o un río recibía sus mortales restos.
En las Ardenas se quemaba al Carnaval el miércoles de Ceniza entre coplas, y se daba a la efigie parecido al marido que más fama hubiera tenido de adúltero ese año; y como la efigie era quemada delante de su puerta, entre alusiones del público al famoso adúltero, la cuaresma no era muy tranquila en esa familia.
En otros pueblos de las Ardenas Mardi Gras (Martes de Carnaval) era un joven vestido de heno y paja, llevado ante un tribunal de burlas y condenado a muerte, por lo que se le ejecutaba de espaldas a un muro disparándosele cartuchos de salva. Pero en Vrigne-aux-Bois un año la ejecución fue real, por error en una escopeta de ejecución, cargada con munición. Por lo que se suspendieron esas ejecuciones en las Ardenas.
En Normandía se enterraba al Martes de Carnaval el miércoles de Ceniza:una escuálida figura vestida de harapos, con sombrero viejo, abollado y encasquetado en cara sucia, con gran y redonda barriga llena de paja. Era paseado a hombros de algún fornido, acompañado de tamborileros y de un populacho insultante, hasta que era arrojado a un montón de paja, al que prendían fuego. En Saint-Lô la andrajosa figura iba seguida por un mozalbón hastial vestido de viuda, y la figura del Carnaval era tirada al río Vire.
En Tubinga el martes de carnaval se vestía con calzones viejos a un muñeco de paja llamado el Oso de Carnaval, al que se sujetaban en el cuello morcillas frescas o vejigas de sangre. Tras ser condenado se le decapitaba, y decapitado se le metía en un féretro, para ser enterrado en el cementerio el miércoles de ceniza.
En Transilvania el Carnaval era ahorcado, y solía ser un muñeco de paja envuelto en una sábana, en narria arrastrada por dos caballos alazanes, y otros dos blancos. A su lado iba un rueda de carro dando vueltas. Seguían dos jóvenes vestidos de viejos, con el resto de los mozos a caballo, adornados con guirnaldas. Encabezaban la procesión dos muchachas coronadas con ramas de abeto, transportadas en carreta o trineo. El Carnaval era condenado a muerte bajo un árbol, y tras intentar los viejos huir con el bausán (Carnaval) era capturado por las muchachas, y entregado al verdugo, que le colgaba del árbol.
En Lechrein cuatro hombres transportaban en unas angarillas o un féretro a un hombre vestido de mujer con ropas negras, llorado por otros hombres, igualmente vestidos de mujeres enlutadas. Al llegar al estercolero, le arrojaban de las angarillas, le mojaban con agua, y lo enterraban en el estiércol, cubriéndole con paja.
Entre los estonios el Carnaval era una figura de paja llamada metsik (espíritu del bosque), unos años vestido de una forma, y otros de otra, pero paseada siempre en lo alto de una pértiga entre gritos de alegría. Al final le colgaban de la copa más alta de un árbol.
En Suabia el Doctor Barba de Hierro intentaba sangrar a un enfermo, que caía como muerto al suelo, pero al que el Doctor le devolvía la vida insuflando su aliento por un tubo.
En las montañas del Hartz tendían a un hombre en una artesa de amasar pan, y le conducían entre responsos a la sepultura, pero en lugar del hombre enterraban una botella de aguardiente, que desenterraban al año siguiente, con más grados de alcohol; y esta botella simbolizaba ahora la resurrección del Carnaval.
Paralelo al carnaval se celebraba durante estos siglos en Europa la expulsión de la muerte, seguida de la traída del verano.
En Baviera el cuarto domingo de cuaresma la chiquillería hacía con paja una efigie de la Muerte, que paseaban con pompa burlesca, y terminaban quemándola, entre gritos, siempre a las afueras del pueblo. Parecido sucedía en Franconia, con efigie de la Muerte paseada de pueblo en pueblo, y recibida de distinta manera. En Erlangen eran las mozas las que anunciaban que iban a tirar al agua a la Muerte. En Nüremberg la Muerte era una gran muñeca cubierta con una mortaja, paseada por las jóvenes de 7 a 18 años. En Bohemia, hasta 1780, se creía que se producirían epidemias si no se celebraba la costumbre de "llevarse a la muerte". En Turingia eran los niños los que arrojaban a un estanque un muñeco hecho con ramas de abedul. En Dobschwitz echaban a la muerte el 1 de marzo, tirando al río una figura de paja vestida con ropa vieja. Y así en Sajonia, Silesia, Polonia, Bohemia, Moravia, Lusacia y otros muchos pueblos. Siempre entonándose versos que no transcribo, y creyéndose que echar a la muerte era protegerse de epidemias, por lo que estas festividades sí siguen siendo más mágicas que burlescas.
Seguidas siempre de la traída del verano, que solía ser un arbolito verde con muñecas colgando, decorado con cintas y llevado en procesión, pidiéndose obsequios y recitándose también versos. Aunque variaban las costumbres, como se traía el verano en los mismos lugares en los que se echaba a la muerte, no me detengo más; pero esta fiesta, aunque se llamara traer el verano, en realidad era simbolismo de la vegetación primaveral, por lo que también era más mágica que burlesca.
Por eso en muchos pueblos se festejaba una simbólica batalla entre el verano y el invierno. En Suecia, por ejemplo, dos grupos de gente moza simbolizaban un combate mortal, uno simbolizando al invierno (vestidos con pieles y tirando bolas de nieve), y otro al verano (cubiertos de hojas verdes, y tirando flores); siempre triunfaba el verano, y se celebraba el triunfo con un banquete. Con costumbres diferentes se celebraba esta simbólica batalla en las orillas del Rhin, en Baviera, en Austria,
e incluso entre los esquimales de América del Norte, aunque aquí vuelve a ser un rito mágico, para influir sobre el clima:los Patos eran los nacidos en verano, y las Chochas los nacidos en invierno; y combatían tirando de una soga de piel de foca, que cada bando agarraba por un lado.
En Rusia se celebraban ceremonias parecidas al entierro del Carnaval y la expulsión de la Muerte, pero con sus figuras míticas. Por eso en Pascua de Resurrección enterraban a Kostrubonko, deidad de la primavera. En la víspera de San Juan (solsticio estival) Marena (invierno o muerte) era un árbol decorado con cintas, y Kupalo una figura de paja vestida de mujer; al lado de ambos había siempre una mesa con viandas y aguardiente, y jóvenes y doncellas, en parejas, saltaban sobre el fuego, en ceremonia que se ha celebrado en toda Europa esa noche; al día siguiente despojaban a Marena y Kupalo de sus adornos, y los arrojaban al río. El 29 de junio, festividad de San Pedro, celebraban el funeral de Kostroma, Lada o Yarilo. Hoguera el 28 de junio, doncella disfrazada de una de las figuras dichas el 29, ceremonias de purificación y homenaje en el río, procesiones, juegos y danzas después, y en algunos lugares batallas simuladas entre los que defienden o atacan a la figura aludida, que al final se enterraba entre llantos y gemidos, pero que después se celebraba con juegos y bailes.
La Pascua de Pentecostés también se celebraba con mascaradas en toda Europa.
En Niederpöring, Baviera, Pfingstl iba cubierto con hojas y flores, capirote alto y puntiagudo en la cabeza, cubierto de flores de plantas acuáticas; mangas adornadas también con flores acuáticas, y el resto envuelto en hojas de aliso y avellano. Dos muchachos, con espadas desenvainadas, sosteniendo los brazos. Parando ante cada casa, para recibir regalos, aunque la gente solía tirar agua al muchacho vestido de hajarasca. En el puente del río se cortaba la cabeza al Pfingstl.
En Würmlingen, Suabia, una cuadrilla de chiquillos, con blusas y calzones blancos, fajas rojas en la cintura y espadas colgando de las fajas, iban al bosque a caballo, precedidos de trompetas. En el bosque envolvían con follaje de roble al jinete que llegaba el último, y cortaban un árbol mayo, de unos tres metros de alto, que engalanaban con pañuelos y cintas. La cabalgata retornaba entre música y cantos, y en la comitiva iba un Doctor Barba de Hierro, un militar con graduación de cabo y un verdugo. Ya en la aldea se pronunciaban discursos en verso. El verdugo anunciaba condena de muerte al disfrazado con hojas de roble, y se le cortaba una falsa cabeza. Había después carrera a caballo hasta el árbol mayo, y el que lo derribaba pasando al galope quedaba como dueño del árbol.
En Sajonia y Turingia se celebraba la Expulsión del Hombre Salvaje del Matorral, o la Captura del Hombre Salvaje en el Bosque. Un mozo envuelto con hojas y musgo, al que llamaban Hombre Salvaje. Oculto en el bosque, cuando lo encuentran le conducían cautivo, disparando sobre él cartuchos sin bala. Caía al suelo como muerto, y un compañero disfrazado de médico le sangraba y resucitaba. Atado en lo alto de una carreta, le conducían a la villa, y contaban cómo le habían capturado.
En Erzgebirge dos hombres se disfrazaban de salvajes, uno con matojos y musgos, y el otro con paja. Marchaban por las calles, y en la plaza del mercado eran capturados, tras carrera ritual. Se les daba muerte fingida, y mientras caían al suelo entre contursiones arrojaban chorros de sangre de vejigas que llevaban al efecto. Ya muertos fingidos, sus captores les llevaban en tablones a la cervecería, con los mineros agitando al aire sus herramientas como si hubieran cobrado piezas de caza.
En Schluckenau, Bohemia, cazaban a un muchacho vestido de Hombre Salvaje, y también acuchillaban una vejiga con sangre que llevaba, para que ya muerto un torrente de sangre enrojeciese el suelo. Al día siguiente tiraban al agua un muñeco de paja que simulaba al Hombre Salvaje.
En Semic, también Bohemia, jóvenes disfrazados, con cinturones de corteza de árbol y espadas de madera, paseaban a un rey vestido con ropajes de corteza de árbol, adornado con flores, corona de ramas con flores, pies envueltos en helechos, cara con antifaz y varita de acerolo como cetro. Pedían con él aguinaldo, y terminaban decapitándolo.
En Königgrätz se reunían las muchachas bajo un tilo, y los muchachos bajo otro, vestidos con sus mejores trajes, y adornados con cintas. Los mozos tejían una guirnalda para la reina, y las mozas otra para el rey. Iban después emparejados a la cervecería,
donde se coronaba a los reyes, entre jolgorio y música. Después se acusaba al rey de crímenes, como el de tratar mal al ganado, y en juicio era condenado, decapitándosele con espada de madera, y no sobre el cuello, sino sobre sombrero al efecto.
En Pilsen, Bohemia igualmente, falso rey con cortezas de árbol, adornado con flores y cintas, corona de papel dorado, montado en caballo adornado con flores, acompañado de juez y verdugo, con escolta de soldados a caballo, llegaban a la plaza, donde se había construido una choza de ramas verdes bajo los árboles mayos. Señoras y señoritas descabezaban una rana, y después la cabalgata proseguía hasta calle recta y ancha, en la que el rey huía a caballo. Le daban una delantera apropiada, y después le perseguían a caballo. Si no conseguían cogerle, quedaba de rey para el año siguiente, y sus compañeros pagaban las consumiciones en la cervecería al anochecer. Si le cogían, le golpeaban con varas de avellano, o con espadas de madera, hasta obligarle a desmontar. Tras consulta popular, era simbólicamente decapitado, pues sólo le derribaban la corona.
Aunque me he referido sólo a Europa, en Kanagra, India, las niñas celebraban la Ralî Ka Melâ, feria de Ralî, siendo Ralî una pequeña imagen de Siva o Pârvatî, de barro pintado. Dura desde el Chet (marzo-abril) hasta el Sankrânt de Baisâkh (abril). Durante diez mañanas de marzo las niñas llevan a un lugar determinado cestitas de hierba dûb y flores, y las arrojan en montón. El décimo día cortan en la selva dos ramas con tres ramificaciones cada una y las ponen, con las ramificaciones hacia abajo, sobre el montón de flores, a modo de trípodes. En los dos extremos de arriba colocan imágenes de arcilla, una representando a Siva, y otra a Pârvatî; entonces se dividen en dos bandos, representando uno a Siva, y otro a Pârvatî, y casan al dios y la diosa. A continuación comen cuanto le han dado los padres. El próximo Sankrânt van a la orilla del río, arrojan las imágenes, y lloran como si estuvieran celebrando un entierro. Los chicos las molestan, incluso intentando salvar las imágenes, pues objeto de esta fiesta dicen que es asegurarse buen marido.
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Publicado Sunday 5 de October de 2003
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