Monografias | Magia y Religión: Interpretación de los festivales ígnicos

Magia y Religión: Interpretación de los festivales ígnicos

Resumen: Escrito en el que resumo los dos principales simbolismos de los festivales de fuego europeos, y de otras regiones: primero como ceremonias mágicas para fortalecer al sol, y después como rito purificador de males, encarnados en brujas o vampiros.
El segundo objetivo demuestra ya, claramente, influencia del cristianismo, que incluso introdujo el ceremonial del leño de Navidad para contrarrestar el culto al sol el 25 de diciembre, en que se celebraba el nacimiento del Sol Invicto (Mitra). Pues ya sabemos que, en parte, Cristo es Mitra. El resto gnosticismo,
leyendas populares, estoicismo y la biografía de San Pablo.

Publicación enviada por Rafael Gonzalo Jiménez


 

Escrito en el que resumo los dos principales simbolismos de los festivales de fuego europeos, y de otras regiones: primero como ceremonias mágicas para fortalecer al sol, y después como rito purificador de males, encarnados en brujas o vampiros. 

El segundo objetivo demuestra ya, claramente, influencia del cristianismo, que incluso introdujo el ceremonial del leño de Navidad para contrarrestar el culto al sol el 25 de diciembre, en que se celebraba el nacimiento del Sol Invicto (Mitra). Pues ya sabemos que, en parte, Cristo es Mitra. El resto gnosticismo, 
leyendas populares, estoicismo y la biografía de San Pablo. 

Magia y religión

LXXIV. - Interpretación de los festivales ígnicos

Originalmente estas ceremonias fueron hechizos mágicos para que luciera el sol, aunque la celebración solsticial de Navidad fue instituida por la Iglesia para reemplazar los viejos festivales a Mitra, que renacía el 25 de diciembre en cuanto día más corto del año. 

Echar a rodar una rueda cuesta abajo, o lanzar discos ardiendo, era imitar la carrera del sol en el cielo, así como hacer girar un barril de alquitrán ardiendo alrededor de un palo largo; y que llamaran "fuego del cielo" a las hogueras del solsticio de verano era clara alusión al sol. También que obtuvieran fuego frotando dos trozos de madera, o mediante la rotación de una rueda. En Obermedlinge, Suabia, el "fuego del cielo" lo encendían el 15 de junio, día de San Vito, prendiéndolo en una rueda de carro untada de brea, y cubierta de paja, que sujetaban en el extremo de un palo de cuatro metros de alto, y cuyo extremo se encajaba en el cubo de la rueda; hacían este fuego en la cúspide de un monte, y cuando la llamas crecían la gente pronunciaba fórmulas con los brazos y la mirada elevada hacia el cielo. 

La supuesta influencia que ejercían estos fuegos sobre el clima y la vegetación apoyan también la tesis de que eran encantamientos solares, puesto que se les atribuía efectos parecidos a los de la luz solar:hacer cesar la lluvia, aclarar días de neblina, preservar los frutos, o asegurar buenas cosechas. En Suecia inferían la temperatura de la estación subsiguiente según la dirección de las llamas de las hogueras del 1º de mayo:si flameaban hacia el sur, calor; si hacia el norte, frío. En las montañas Eifel el humo que derivaba hacia los campos de mieses auguraba abundante cosecha, actuando el calor de las llamas a semejanza de la luz y calor solar. También en Africa del Sur, en abril, los matabeles encendían grandes hogueras a barlovento, para que su humo ayudase a madurar las cosechas; los zulúes quemaban medicina en hogueras colocadas en la dirección del viento respecto a la huerta, para fumigar así las cosechas. Y los campesinos europeos creían que el grano crecía tanto mejor cuanto más visibles eran los resplandores de las hogueras, así como dejando en los campos los tizones cogidos de las hogueras, sembrando el lino en la dirección que tomaban las llamas, esparciendo por los campos las cenizas de las hogueras, o incorporando al arado un trozo de leño pascual; también creyendo que el lino o cáñamo crecía tanto como había sido la altura de las llamas, o a la que saltaban sobre ellas. En Konz, orillas del Mosela, si la rueda ardiendo llegaba al río sin apagarse, sería abundante la cosecha; por lo que los aldeanos imponían un gravamen a los propietarios de las cosechas por tirar la rueda, y recibían una carreta de vino blanco, en pago por la solanera que habían conseguido para las uvas. De igual modo, en el valle de Glamorgan, llegar la rueda encendida era signo de buena cosecha, lo que sigue suponiendo conexión mental entre el fuego de la rueda y el sol. 

Vimos que la mentalidad popular extendía el poder fertilizante de las hogueras a los animales, por lo que conducían entre las llamas del solsticio de verano al ganado estéril (Irlanda), dejaban en los abrevaderos trozos del leño pascual para que concibieran las vacas (Francia), creían que obtendrían tantos pollos, terneras, corderos o chivos como chispas salían al golpear el leño pascual (Serbia), dejaban ceniza de las hogueras en los nidales de las gallinas para que pusieran huevos (Francia), o mezclaban esa ceniza en la bebida del ganado para que medrase (Alemania). En Marruecos obtenían hijos si las parejas infértiles saltaban las hogueras del solsticio estival; las muchachas irlandesas se casaban y eran madres de muchos hijos si saltaban tres veces esas hogueras; en Flandes las saltaban para tener partos fáciles; en Francia se casaba también quien bailaba alrededor de nueve hogueras, y en Bohemia bastaba mirarlas; en Lechrain, tras saltar una pareja de jóvenes el fuego solsticial sin chamuscarse, la joven no era madre en un año; en Suiza y Francia el encendido del leño Pascual de Navidad iba acompañado de oraciones para que las mujeres tuvieran hijos, las cabras chivos y las ovejas corderos; y encender estas hogueras la última persona casada era también para que recibiera poder fertilizante, así como saltarlas los amantes cogidos de la mano, o bailar a la luz de las antorchas las parejas casadas ese año. Incluso el libertinaje de los estonios en esas fechas se explica por lazos misteriosos que ligaban sus vidas a los movimientos del sol. 

Las antorchas eran, pues, también símbolo de la luz solar, y por eso también prevenían el añublo (liquen, hongo o alga que ennegrece). Con ellas encendidas recorrían tierras de labor y huertos en Normandía para quemar líquines, ahuyentar topos y ratones, o exhortizar sabandijas. Y en Bohemia el grano crecía tan alto como subían por el aire los escobones ardiendo. Por lo que en Corea también los eunucos de palacio lanzaban al aire antorchas encendidas, antes del festival de Año Nuevo, para asegurar buenas cosechas. 

Pero con el tiempo estos ritos fueron sólo purificadores, y por eso el mal contra el que los dirigen ahora es la hechicería, para ahuyentar a las brujas, consideradas causas de desgracias y calamidades: enfermedades, robar la leche de las vacas, etc. El enemigo de los pueblos eslavos era el vampiro, y por eso se protegían de ellos con los fuegos de auxilio. 

Finalmente estas hogueras protegían del granizo, truenos, rayos, incendios y tormentas, así como del cólico y males de ojo, a menudo también causadas por brujas; o de los dolores de riñones cuando segaban, que en Alemania llamaban "agujetas de brujas". 

Y sería ahora para derribar brujas para lo que se lanzaban al aire proyectiles de fuego, ya que los labriegos eslavos imprecaban a las brujas mientras disparaban a las nubes; o arrojaban aceite bendito, hojas de laurel o ajenjo a un pote con carbón vegetal encendido, y colocaban sillas con el asiento hacia abajo, para que al caer las brujas se rompieran las piernas con las patas de la silla; cuando no colocaban guadañas, bieldos, horcones y otras armas, para que se cortasen.

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Publicado Monday 6 de October de 2003

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