Monografias | Magia y Religión: Interpretación de las efigies y animales quemados

Magia y Religión: Interpretación de las efigies y animales quemados

Resumen: Continuación del anterior, este escrito repite que durante los siglos en que se quemaron seres humanos, animales o efigies en las hogueras que hemos estudiado, antes del cristianismo, fue siempre en cuanto representantes del espíritu de la vegetación; después del cristianismo (las personas sólo en las hogueras de la Inquisición) como purificación o liberación de demonios, hechiceros o brujas, pues se creía que las brujas se transformaban en serpientes o zorras (Alemania y Gales), o gatos y liebres (Francia).

Publicación enviada por Rafael Gonzalo Jiménez


 

Continuación del anterior, este escrito repite que durante los siglos en que se quemaron seres humanos, animales o efigies en las hogueras que hemos estudiado, antes del cristianismo, fue siempre en cuanto representantes del espíritu de la vegetación; después del cristianismo (las personas sólo en las hogueras de la Inquisición) como purificación o liberación de demonios, hechiceros o brujas, pues se creía que las brujas se transformaban en serpientes o zorras (Alemania y Gales), o gatos y liebres (Francia). 

Pero en realidad incluso en su larga etapa cristiana prevaleció el concepto primitivo, como demuestra esta copla que cantaban en Wolfeck, Austria, el 24 de junio, solsticio de verano:

Arboles del bosque quiero; 
no quiero leche agria, 
sino cerveza y vino
para que el hombre del bosque
esté alegre y divertido. 

Magia y religión

LXXV. - Interpretación de las efigies y animales quemados


Con toda probabilidad, con seguridad si quieren, al principio se sacrificaron, también en Europa, personas humanas a dioses de la vegetación. Pero históricamente sólo conocemos los sacrificios celtas, concretamente los de las Galias, por testimonio del explorador griego Posidonios, que visitó las Galias unos cincuenta años antes de que llegara a ellas César. Por él sabemos que reservaban los criminales condenados para sacrificarlos a los dioses en el gran festival que tenía lugar cada cinco años. Cuantas más víctimas de éstas hubiera, mayor era la fertilidad del país; por lo que si no había bastantes criminales, sacrificaban también cautivos de guerra. 

Las víctimas eran sacrificadas por los druidas o sacerdotes, unas a flechazos, otras empaladas, y las más quemadas vivas dentro de colosales imágenes de cestería, o de madera y yerbas. Con el tiempo sacrificaron animales junto a estos criminales, y después sólo animales. Pero tenían también festivales anuales, con menos imágenes y víctimas, y de éstos descienden los festivales ígnicos que hemos estudiado. 

En Donai, y hasta el s. XIX, se celebraba una procesión anual el domingo más próximo el 7 de julio, con una colosal figura ocho a diez metros de alta, hecha de cestería y llamada "el gigante", caracterizado de guerrero, con lanza, espada, yelmo y escudo; tras él marchaban su esposa y sus tres hijos, construidos también de mimbres, a menor escala. 

El 24 de junio, solsticio estival, se celebraba en Dunkerque el festival de Folies, con gigante de cestería de hasta quince metros de alto, vestido con manto azul con galones dorados. Le llamaban Papá Reuss, por derivación del alemán Reise, gigante. Y tras él desfilaba su hija, casi de igual tamaño. 

La mayoría de los pueblos de Bravante y Flandes tuvieron gigantes de cestería parecidos, y en Amberes era tan grande que no había puerta de la ciudad lo bastante alta para que saliera por ella. 

En Inglaterra los gigantes fueron rasgo permanente de los festivales del solsticio de verano, al menos en Londres, Chester, Coventry, 
Burford y Salisbury, donde aún se encontró uno el año 1844. 

En todos estos casos los gigantes sólo fueron diversión de procesión, pero algunas veces los quemaban en las hogueras estivales, sobre todo en Francia. En París, por ejemplo, en la Rue aux Ours quemaban uno el 3 de julio, vestido de soldado, cantando el Salve Regina; y sus tizones se repartían entre los espectadores, en costumbre abolida en 1743. En Brie, Isla de Francia, quemaban también un gigante de cestería, de seis metros de alto, la víspera del solsticio estival. 

En Luchon, Pirineos, la víspera del solsticio erigían una columna hueca de unos veinte metros de alta, adornada con follaje verde. A las ocho de la tarde salía hacia ella un procesión, mientras en las colinas de los alrededores encendían hogueras; metían en el interior de la columna todas las serpientes que habían podido reunir, por lo que al quemarla trepaban hasta el extremo superior, hasta que al final morían abrasadas. 

En las hogueras del solsticio de estío de la plaza de la Grève, también en París, quemaban una cesta, barril o saco lleno de gatos, o a veces una zorra, que se colgaba en un mástil en medio del fuego. El pueblo recogía después los tizones y cenizas como signo de buena suerte, y el espectáculo era presidido con frecuencia por los reyes, habiendo sido el último Luis XIV, el año 1648. 

En Metz quemaban también gatos en las hogueras de San Juan. Y en Gap, Alpes Altos. En Rusia quemaban un gallo blanco. En Meissen y Turingia la cabeza de un caballo. En los Vosgos, gatos el Martes de Carnaval. En Alsacia, gatos también en la hoguera de Pascua de Resurrección. En las Ardenas, gatos el primer domingo de Cuaresma. Y en todas estas hogueras se obligaba a saltar a los rebaños sobre el fuego, para preservarlos de enfermedades y brujerías, pues los gatos representaban demonios o brujas. También las serpientes. 

Podemos, por tanto, afirmar que las efigies o animales que se quemaban en las hogueras del solsticio de verano están relacionadas con el simbolismo religioso que tenían; espíritus de la vegetación antes del cristianismo, y purificación de demonios, hechiceros y brujas después. Aunque perdurando el antiguo concepto, y por eso era la última casada la que atravesaba el fuego mientras se quemaba el muñeco de paja el Martes de Carnaval; o, más significativo aún, por eso se siguieron quemando árboles, en las hogueras vernales y estivales. En Rusia sólo pasaban por el fuego de la hoguera estival a la figura de paja llamada Kupalo, pero al día siguiente la tiraban al río:pasarla por el fuego era hechizo solar, y ahogarla hechizo pluvial.

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Publicado Monday 6 de October de 2003

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