Monografias | Magia y Religión: No tocar tierra, ni ver sol

Magia y Religión: No tocar tierra, ni ver sol

Resumen: Escrito que resume los dos principales tabúes que se imponían a los reyes, en épocas que solían ser también sacerdotes, por lo que se les llamaba reyes sacerdotes, pero que han perdurado hasta principios del siglo XX, incluso en Japón.
Dicen que no tocar tierra es porque consideraban la santidad como especie de explosivo que podría estallar en contacto con el suelo, pero los japoneses creían que la Tierra, un planeta, no era digna de sostener al Mikado, ni el Sol, una estrella, merecedor de iluminar su sagrada cabeza.

Publicación enviada por Rafael Gonzalo Jiménez


 

Escrito que resume los dos principales tabúes que se imponían a los reyes, en épocas que solían ser también sacerdotes, por lo que se les llamaba reyes sacerdotes, pero que han perdurado hasta principios del siglo XX, incluso en Japón. 

Dicen que no tocar tierra es porque consideraban la santidad como especie de explosivo que podría estallar en contacto con el suelo, pero los japoneses creían que la Tierra, un planeta, no era digna de sostener al Mikado, ni el Sol, una estrella, merecedor de iluminar su sagrada cabeza. 

La causa es, pues, que los inventados dioses son superiores a planetas y estrellas, al univero, y que sus reyes son dioses, aunque se les mata para que ni siquiera lleguen a viejos, ni enfermen. Lo sagrado es, por tanto, creer que de los reyes sacerdotes depende el bienestar colectivo. 

Magia y religión

LXIX. - No tocar tierra, ni ver sol


Hasta que inventaron los reyes temporeros, reyes sacrificados, tras reinado de un día, ser rey era condena de muerte, pues había que matársele en pleno uso de sus facultades físicas, para que un sucesor más joven siguiera asegurando el bienestar colectivo. 

Pero había otros dos tabús no muy cómodos para la realeza, y uno de ellos más ingrato aún para sus servidores:no pisar tierra, ni ver sol. 

El pontífice máximo de los zapotecas, en México, profanaba su santidad si tocaba suelo con los pies, y por eso Moctezuma, emperador de México, siempre era transportado a hombros de nobles, y si tenía que saltar al suelo se le tendía tapicería, para que caminara sobre ella. Si el Mikado japonés tocaba tierra, incluso podía despojársele del cargo; fuera de palacio, también a hombros; dentro, sobre esterillas. Los reyes de Tahití sólo podían tocar suelo dentro de sus propiedades hereditarias, pues el terreno que tocaban se convertía en sagrado; siempre porteados, y en los relevos no podían tocar el suelo. Si el rey de Dosuma tocaba tierra, ceremonia expiatoria. El rey de Persia andaba en palacio sobre alfombras que nadie podía pisar; y fuera, a carroza o en caballo. Tampoco el de Siam ponía pie en tierra, siendo trasladado en trono de oro. Ni los reyes de Uganda, si sus padres, podían caminar a pie fuera de sus espaciosos recintos; si salían, porteados por el clan del búfalo. Tampoco tocaba suelo la casa real de los dakuba o bushongo, en el Congo meridional; debían sentarse sobre una piel, una silla, o esclavos a cuatro patas; si viajaban, en andas. Los sacerdotes ibo, Nigeria meridional, no podían ver cadáver, y si se encontraban alguno tenían que taparse los ojos; asímismo tenían que abstenerse de huevos, aves, carnero, perro, antílope o algún tabú más; no podían tocar máscara, ni entrar enmascarados en su casa; si un perro entraba, lo mataba o arrojaba fuera; no podía sentarse en tierra desnuda, ni comer alimento caído al suelo; menos arrojársele tierra. Los reyes hindúes tenían que pisar piel de tigre, comer en plato de oro, calzar zapatos de piel de jabalí, y tampoco pisar suelo con pie desnudo. 

Mientras las sacerdotisas kayanas o bahuas, Borneo central, ejecutaban ciertos ritos no podían andar tampoco sobre el suelo, y caminaban sobre tablas. Los indios de Norteamérica no podían sentarse en suelo desnudo cuando estaban en expediciones guerreras, y el jefe de los cazadores en Laos no podía tocar tierra con el pie, e incluso al saltar del elefante tenían que tenderle alfombra de hojas. 

Y segunda norma de la persona divina era no ver sol, al menos para los Mikado del Japón y los pontífices zapotecas de México. Los indios de Nueva Granada, Colombia, guardaban encerrados desde niños a los predestinados a ser gobernantes o caudillos, fueran hombres o mujeres, a veces hasta siete años:pues si veían al sol perdían su derecho al caudillaje; sólo podían comer alimentos reglamentados, y sus guardianes, en ciertas épocas del año, entraban en su retiro y los azotaban violentamente. El heredero al trono de Bogotá, hijo de la hermana del rey, vivía en completo retiro en un templo donde no podía ver el sol, comer con sal, ni hablar con mujer; rodeado de guardianes que observaban todos sus actos, y si infrigía una sola regla perdía su derecho al trono. Igualmente el heredero del reino de Sogamoso tenía que guardar abstinencia durante siete años en un templo, en la obscuridad, sin ver sol ni luz. Y el príncipe que llegaba a Inca del Perú tenía que abstenerse de ver, durante un mes, la luz del sol.

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Publicación enviada por Rafael Gonzalo Jiménez
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Código ISPN de la Publicación EpyVulkuAlOxrAZLMj
Publicado Monday 6 de October de 2003

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