Monografias | Magia y Religión: El mito de Osiris

Magia y Religión: El mito de Osiris

Resumen: Aunque algo extenso, este escrito resume el mito de Osiris, dios de muerte y resurrección egipcio, también de la muerte y los difuntos, que es el equivalente de Adonis en Siria, y de Atis en Frigia; por supuesto, de Cristo.
Los parecidos entre estos cuatro dioses son tantos, que hay que considerar a Osiris el primero en haber sido inventado. Aunque el catolicismo, invento romano, sólo tuviera en cuenta a Mitra y Atis, más la teología gnóstica, la ética estoica, y la biografía de San Pablo.

Publicación enviada por Rafael Gonzalo Jiménez


 

Aunque algo extenso, este escrito resume el mito de Osiris, dios de muerte y resurrección egipcio, también de la muerte y los difuntos, que es el equivalente de Adonis en Siria, y de Atis en Frigia; por supuesto, de Cristo. 

Los parecidos entre estos cuatro dioses son tantos, que hay que considerar a Osiris el primero en haber sido inventado. Aunque el catolicismo, invento romano, sólo tuviera en cuenta a Mitra y Atis, más la teología gnóstica, la ética estoica, y la biografía de San Pablo. 

Magia y religión

XLIV. - El mito de Osiris

Según la tradición Osiris fue un rey egipcio que sufrió muerte violenta, pero resucitó, por lo que fue adorado como divinidad. Según la religión fue dios de muerte y resurrección, como Osiris en Siria y Atis en Frigia, anualmente lamentada su muerte con duelos y festejada su resurrección con aleluyas. 

Hijo de Geb, la Tierra, y Nut, el Cielo, Ra, el Sol, decretó que su esposa Nut no pudiera parir a la criatura, por haberle sido infiel con Get. Pero Nut era también la amante de Thot, la Luna, y consiguió aumentar el año egipcio, que era de 360 días, en otros cinco; por lo que Osiris nació el día primero de estos cinco. Por supuesto, anunciado su nacimiento con voces que proclamaron, por todo el universo, que había nacido el Señor de Todo; voces que oyó también Pamyles, en el templo de Tebas, ordenándosele que anunciara el nacimiento de Osiris el Benéfico. Que no fue hijo único, ya que en el segundo de esos cinco días Nut dio a luz a Horus el Mayor; en el tercero a Set; en el cuatro a Isis y en el quinto a Neftis; todos dioses, concebidos y paridos en un solo día. Con el tiempo Set desposó a su hermana Neftis, y Osiris a su hermana Isis. 

Gobernando Osiris como rey terrenal, y de ahí proviene la tradición que he citado antes, promulgó muchas leyes, enseñó el culto a los dioses, descubrió el trigo y la cebada, introdujo el cultivo de otros cereales, recolectó frutos, emparró vides y pisó uvas. Y no contento con enseñar todo esto a los egipcios, dejó el gobierno de Egipto en manos de Isis, y viajó por todo el mundo difundiendo los beneficios de la agricultura y de la civilización; donde no pudo plantar vides, elaboró cerveza; y colmado de infinitas riquezas regresó a Egipto, donde fue adorado como dios. 

Mas su hermano Set, con otros 72 dioses, construyó un cofre lujoso con las medidas exactas de Osiris; y cuando se divertían bebiendo, dijo que donaría el cofre a quien encajase, exactamente, en él. Como fue Osiris, clavaron el cofre cuando estaba dentro, lo soldaron con plomo derritido y lo arrojaron al Nilo, el 17 del mes Athyr. 

Cuando Isis se enteró, se cortó un mechón del cabello, se vistió de luto, y erró afligida por todas partes, buscando a su hermano y esposo. 

La acompañaron siete escorpiones, que asustaron a una mujer, en el delta del Nilo, una tarde que, fatigada, llamó a su puerta para descansar en su casa:la mujer cerró de golpe la puerta, pero un escorpión se deslizó por debajo, y picó y mato al hijo; al que resucitó Isis, compadecida. 

Poco después Isis dio a luz a Horus el Joven, que había concebido mientras revoloteaba en forma de halcón. La diosa Buto le ocultó, pero murió de picadira de escorpión, que resucitó también Isis, tras que Thot le enseñara el conjuro para extraer el veneno, habiendo sido enviado Thot por Ra, que es a quien Isis pidió ayuda. 

El cofre conteniendo el cuerpo de Osiris llegó flotando a Biblos, costa de Siria, antigua Fenicia, y se encrustó en un árbol erica. El rey del país mandó cortar este árbol, para que le sirviera de columna en su palacio, pero entonces Isis viajó a Biblos, trenzó y perfumó los cabellos de las sirvientas del rey, y cuando la reina vio a sus sirvientas, introdujo a Isis en el palacio, nombrándola nodriza de su hijo. Isis dio a mamar al niño su dedo en vez de su pecho, y por la noche incendió cuanto en el niño era mortal, mientras revoloteaba alrededor de la columna que contenía el cofre de Osiris. Ante los gritos de la reina al ver a su hijo entre llamas, Isis se reveló, salvó al niño y pidió, como recompensa, la columna. Se la dieron, sacó el cofre y lo abrazó de tal forma que el menor de los príncipes murió de susto. Envolvió el tronco del árbol en un lienzo fino, lo ungió, y lo regaló a los reyes, que lo convirtieron en columna de un templo que erigieron en honor de Isis. Quien se embarcó con el cofre, acompañado del príncipe mayor de estos reyes. Cuando se creyó sola abrió el arcón, besó a su difunto esposo y hermano Osiris, y lloró; el príncipe se acercó entonces por detrás, vio lo que estaba sucediendo, y murió al no poder soportar la mirada airada de Isis. Otros dicen que cayó al mar y se ahogó, y que es el Maneros al que cantan los egipcios en sus banquetes. 

Cuando Isis dejó el cofre para ir a ver a su hijo Horus, en Buto, Set lo encontró, reconoció a Osiris, y lo descuartizó en catorce pedazos, que esparció por distintos sitios. Por lo que Isis, en barca de papiros, buscó todos esos pedazos en la laguna; y cuando, desde entonces, los egipcios navegan en chalupas de papiros, no temen a los cocodrilos, porque respetan esa clase de embarcaciones. 

Como Isis sepultaba los trozos de Osiris donde los encontraba, por eso hay tantas tumbas de Osiris; aunque otros dicen que enterraba una imagen en cada ciudad, fingiendo que era su cuerpo, para que fuera adorado en muchos sitios, y Set no supiera cuál era la tumba verdadera. Pero el pene de Osiris ya había sido devorado por los peces, e Isis modeló una imagen de él, que es la que usan los egipcios en sus funerales. 

Es así como Osiris está enterrado en más de catorce templos, en los que se venera incluso a sus bueyes sagrados Apis y Mnevis, que descubrieron las gramíneas, y por tanto los beneficios de la agricultura. 

Aunque las reliquias católicas son muchísimo más ubícuas y curiosas (capullos del Niño Jesús; suspiros de ángeles y del Espíritu Santo, además de los conocidos cálices de la Cena, trozos de la Cruz, Sábana Santa, etc), una inscripción del templo de Denderah dice que el corazón de Osiris está en Athribis, su columna vertebral en Busiris, el cuello en Letópolis, su cabeza en Menfis y Abydos, y muchas piernas en lugares distintos. Pero recuerden que San Dionisio también tiene enterradas más de siete cabezas en templos distintos. Y Teodorico vendío tantos clavos de la Cruz, coronas de espinas, herraduras del asno de San José y otras reliquias a un mismo sacristán de catedral, que todas las religiones son pródigas en hacerse adorar sus reliquias. 

Además de lo dicho, cuando Isis encontró el cadáver de Osiris, tanto ella como su hermana Neftis se sentaron junto a él, y rompieron en lamentos, que son los que originaron las lamentaciones egipcias por los muertos. Hay que recordar que lo mismo que con Adonis y Atis, pues los tres son divinidades que simbolizan la muerte y resurrección de la naturaleza, manifestada en las cuatro estaciones del año. 

Y dicen que las lamentaciones de Isis por la muerte de su esposo y hermano Osiris son las que motivaron también que Ra, el sol, enviara a la Tierra a Anubis, dios con cabeza de chacal, que es el que reunió todos los pedazos de Osiris, los envolvió en venda de lino, y ejecutó los ritos egipcios para con los difuntos. Después Isis abanicó la fría arcilla con sus alas, Osiris resucitó, y desde entonces gobernó como rey de los muertos; donde goza de los títulos de Señor del Mundo Subterráneo, Señor de la Eternidad y Rey de los Muertos. Allí también, en el gran salón de las Dos Verdades, asistido por 42 asesores, preside como juez el juicio por las almas de los difuntos, que confiesan ante él sus pecados; son después pesados en la balanza de la justicia, recibiendo la vida eterna como premio de sus virtudes, o la condenación eterna por sus pecados. 

En la resurrección de Osiris vieron los egipcios la promesa de su vida eterna, como la ven los cristianos en la de Cristo, y la vieron los sirios en la de Adonis, y frigios y romanos en la de Atis. Lo malo es que no sólo no han resucitado ninguno de esos dioses, sino que ni siquiera han nacido (existido).

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Publicación enviada por Rafael Gonzalo Jiménez
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Publicado Sunday 5 de October de 2003

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