Monografias | Magia y Religión: Tipos de sacramento animalMagia y Religión: Tipos de sacramento animalResumen: Escrito en el que resumo dos clases de sacramentos animales que se han celebrado en muchos pueblos desde los tiempos neolíticos hasta mediados del siglo XIX, sacramentos que llamamos de tipo egipcio, y aino.
Escrito en el que resumo dos clases de sacramentos animales que se han
celebrado en muchos pueblos desde los tiempos neolíticos hasta mediados del
siglo XIX, sacramentos que llamamos de tipo egipcio, y aino.
Doy ejemplos de ambos, así como de procesiones con animales sagrados.
Como no transcribo nunca oraciones, conjuros o cantos, para redactar con
la mayor brevedad posible, me permito transcribir ahora el estribillo principal
de la procesión del reyezuelo, el día de Navidad, o San Esteban, en Leinster y
Connaught:
El reyezuelo, el reyezuelo, el rey de todos los pájaros,
fue cogido en las retamas el día de
San Esteban;
aunque pequeño, su familia es grande.
Le ruego, buena señora, que nos dé
un aguinaldo.
LXII. - Tipos de sacramento animal
El culto primitivo a los animales se adaptó a dos tipos
inversos:1)adorar a los animales, y por tanto no matarlos ni comerlos, o
comerlos porque se les reverenciaba; 2)adorarlos a causa de ser habitualmente
matados y comidos, o reverenciados porque se les comía. En ambos casos se
reverenciaba al animal en consideración al beneficio, positivo y negativo, que
se obtenía de él. En el primer tipo de culto los beneficios positivos eran la
protección, consejo y ayuda que el animal proporcionaba; y el negativo la
absteción del daño que el animal podía causar. En el segundo tipo de culto el
beneficio era la carne y piel del animal.
Correspondiendo a estos dos tipos de culto hay dos tipos de matar al
dios-animal:1)cuando sólo se sacrifica, y a veces come, al animal reverenciado
en ocasiones muy solemnes, y 2)cuando se le mata habitualmente, en cuanto símbolo
divino, por lo que la muerte va acompañada de excusas, sacrificios y
expiaciones. El primer tipo lo podemos llamar egipcio, y el segundo aino.
Las tribus pastoriles que vendían ganado a extraños evitaban el uso
irrespetuoso de sus huesos consagrando un ejemplar, al que rendían culto, comiéndolo
sacramentalmente en familia, y tratando sus huesos con la reverencia debida.
Esta costumbre estaba muy extendida en el Cáucaso, y es sacrificio del tipo
expiatorio o aino. Y era también el sacramento de los calmucos, que consagraban
al culto el carnero “celestial”, o “del espíritu”, que no podía ser
vendido, y sólo mataban ya viejo, para consagrar otro nuevo; comían su carne,
quemaban en un altar de césped el esqueleto, untado con sebo, y dejaban colgada
la piel con la cabeza y pezuñas.
Un ejemplo de sacrificio del tipo egipcio lo encontramos en los todas,
pueblo pastoril de India meridional, que vivía principalmente de la leche de
los búfalos. Por lo que era animal sagrado, nunca comían carne de búfalo
hembra, y de macho sólo una vez al año, únicamente los hombres, de un búfalo
lechal de un mes, que sacrificaban en el bosque, con maza hecha del sagrado árbol
Millingtonia, después de haber
encendido fuego sagrado frotando dos maderos. Los madis, Africa central, comían
cordero sacramentalmente también una vez al año, y la ceremonia es como
sigue:un muchacho tría el cordero elegido al circulo de piedras eregido como
templo, lo paseaba cuatro veces alrededor de los reunidos, que según iba
pasando le arrancaban a pellizcos pequeños vellones, que se colocaban entre el
pelo; después lo sacrificaba el sacerdote, asperjía cuatro veces a los
reunidos con su sangre, y ungía también con la sangre del cordero 1)a los niños
con un circulito en la parte baja del esternón, 2)a mujeres y niñas en el
pecho, y 3)a los hombres en cada hombro. Exhortaba después a la gente a ser
religiosa, y a continuación se marchaban, dejando una hoja en el templo; el cráneo
del cordero quedaba colgado en un árbol cercano, y la carne la comían los
pobres. Cuando alguna familia estaba afligida por enfermedad o desgracia, también
sacrificaba un cordero; o con ocasión de sepelios, y conmemoraciones felices.
La forma de comunión llevando al animal sagrado de casa en casa fue
ejemplificada en la costumbre de los gilyakos de pasear al oso por todo el
pueblo antes de matarle. Y era también la comunión de la tribu de la serpiente
en el Punjab, que rendía culto a la serpiente durante nueve días de
septiembre. O la de los mirasans, que hacían una serpiente de pasta a fines de
agosto, la pintaban de negro y rojo, la colocaban en un abanico de cestería, y
la paseaban por todo el pueblo, entre imprecaciones que no transcribo; pidiendo
un bollito de harina, o un poquito de mantequilla, y recibiendo algo de lo que
cada cual tenía. Una rupia y cuarto, o tela, donde vivía recién casada, a
punto de casarse, o donde acababa de nacer un hijo. Cuando habían visitado
todas las casas enterraban a la serpiente de pasta en rústica sepultura, rindiéndole
durante nueve días de septiembre culto las mujeres, que llevaban un tazón de
requesones, ofreciendo parte a la serpiente, rodilla en tierra, y tocando el
suelo con la frente; y dando el resto a los hijos. Donde había selva el rito y
culto era a serpientes vivas. Y la tribu de la serpiente la adoraba todas las mañanas
de luna nueva.
En muchos pueblos europeos el reyezuelo era el rey de los pájaros, de
los setos, etc. Y daba muy mala suerte matarlo. En Inglaterra, por ejemplo, se
rompía algún hueso, o tendría desgracia parecida quien matara un reyezuelo, o
destrozara su nido; algunos incluso creían que las vacas darían leche
ensangrentada. En Escocia llamaban al reyezuelo el “Ave de la Señora del
Cielo”, y en San Donan, Bretaña, los chicos padecían del “fuego de San
Lorenzo” (pústulas en cara y piernas) si tocaban nido de reyezuelo. En
Francia si alguien mataba un reyezuelo, o tocaba su nido, caía un rayo en su
casa, o se secaban sus dedos.
Pero se sacrificaba un reyezuelo en Inglaterra y Francia, en la isla de
Man la mañana de Navidad. El 24 de diciembre se vagaba por las calles hasta
medianoche, se cazaba un reyezuelo tras la Misa de Nochebuena, lo mataban y
ataban en el extremo de una vara larga con las alas extendidas, y lo paseaban en
procesión con cánticos
que no transcribo. Tras visitar todas las casas y recibir dinero u
obsequios, tendían al reyezuelo en unas andas, y lo llevaban en procesión al
cementerio, donde lo enterraban en una fosa, cantándole responsos. Después
bailaban, y festejaban ya Navidad.
En Irlanda se cazaron reyezuelos hasta el siglo XIX el día de Navidad,
lo paseaban en procesión, colgado de una pata en el centro de dos aros cruzados
en ángulo recto, el día siguiente, día de San Esteban, y recibían también
aguinaldo con canciones que no transcribo.
En Carcasonne, Francia, el primer domingo de diciembre la mocedad buscaba
reyezuelos por el campo, y el primero que cazaba uno era el rey. Regresaban a la
ciudad trayendo el rey al reyezuelo en un palo. Al atardecer del 31 de diciembre
marchaban por la ciudad a la luz de antorchas, redoble de tambores y toques de pífanos.
Paraban en cada puerta, y uno escribía con tiza Vive
le roi!, y la cifra del año que iba a comenzar. El 12 de enero marchaba de
nuevo el rey en procesión con gran pompa, llevando corona, manto real y cetro;
frente a él llevaban al reyezuelo sujeto a la punta de una vara, adornada con
hojas de olivo, roble y algunas veces muérdago; tras oir misa mayor en la
iglesia parroquial de San Vicente, rodeado por sus oficiales y guardias, el
rey visitaba al obispo, alcalde, magistrados y principales habitantes,
recogiendo dinero para el banquete real, que se celebraba al anochecer y
terminaba con baile.
El 31 de diciembre, hogmanay en
Escocia, un hombre con piel de vaca iba de casa en casa, acompañado de los
mozos, armados todos con listones de madera, con un trocito de piel atado en el
extremo, en ceremonial que llamaban calluinn.
El de la piel de vaca corría dando tres vueltas alrededor de cada casa según
el curso aparente del sol, teniendo a la casa a su derecha, y los mozos le
perseguían pegando con las tiras de piel en la de vaca, con lo que hacían un
ruido parecido al redoble de un tambor. Golpeaban también las paredes de la
casa, y recibidos en ellas deseaba bendiciones para cuanto pertenecía a ella.
Después cada cual chamuscaba en el hogar un trocito de la piel atada al listón,
y lo daba a oler a personas y animales. Y con esta operación se pretendía
librar a cada casa de enfermedades, desgracias y brujerías durante el año que
empezaba. Idéntica ceremonia se celebraba en las islas Hébridas hasta bien
entrado el siglo XIX. Publicación enviada por Rafael Gonzalo Jiménez Contactar mailto:rgjimenez@eresmas.com Código ISPN de la Publicación EpyVuyApkFFajjrdtU Publicado Monday 6 de October de 2003 Ultimas Publicaciones en ilustrados.com
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